El zócalo de la Ciudad de México: escenas de culto al héroe en la época porfiriana

The zocalo of Mexico City: scenes of the cult of the hero in the porfirian era

Alejandro Mercado Villalobos
Universidad de Guanajuato, México

El zócalo de la Ciudad de México: escenas de culto al héroe en la época porfiriana

El Artista, núm. 19, 2022

Universidad de Guanajuato

Recepción: 08 Abril 2022

Aprobación: 20 Octubre 2022

Resumen: El objetivo con este trabajo es examinar, a partir de las prácticas musicales, la construcción del culto al héroe en un espacio emblemático de la Ciudad de México: el zócalo, esto en la época de esplendor del porfiriato (1876-1911). Se toma como eje de análisis las actuaciones de la banda de música de Artillería durante la dirección artística del capitán Ricardo Pacheco. Se parte de la idea de que la música fungió como elemento integrador de la sociedad, toda vez que favoreció la exaltación de los valores nacionales y el culto al héroe, no solo al ya fallecido sino al personaje vivo, en el caso de este trabajo, encarnado en la figura de Porfirio Díaz. Y esto ocurrió en el espacio público, que aparecía idóneo para aglomerar a las masas de todos los estratos sociales, en un tiempo donde la necesidad por (re) constituir la nación se hacía evidente de cara a la consolidación del Estado.

Palabras clave: espacio público, música, héroe, memoria colectiva, bandas militares.

Abstract: The interest of this article is the exam of the construction of the hero worship in Mexico City during the porfiriato. The center of analysis it´s the music actuations of the artillery music wind band with the director Capitan Ricardo Pacheco. The main point it´s that the music was an integrator element of society, sometime favored the national values and the hero worship. The space selected for the study it´s the zocalo of Mexico City because in this point the Mexican society built the Mexican values around Porfirio Diaz.

Keywords: public space, music, hero, collective memory, military wind band.

Introducción

En este trabajo me propongo examinar la forma en que el zócalo de la ciudad de México se constituyó como el espacio —la escena­— más importante del ser nacional durante el porfiriato. En dicho lugar se invistió a Porfirio Díaz como la imagen del héroe viviente, del futuro y la esperanza de una nación en construcción que emergía a la modernidad en el interés de emular a las potencias con mayor avance político, tecnológico y cultural del siglo XIX. El zócalo fue escenario de las vivencias indiscutiblemente más importantes del México publicitado por medios oficiales, desde las celebraciones cívicas, como los aniversarios del inicio del movimiento de Independencia, hasta la remembranza de la histórica batalla del 2 de abril, incluyendo además eventos grandiosos, como serenatas y audiciones, homenajes, como el que se hizo a Jaime Nunó en septiembre de1901, y eventos varios, todos, con un elemento central, la exaltación al culto a Porfirio Díaz y los logros de su gobierno.

El estudio se pretende en uso de la hermenéutica como método de examen de las fuentes, sobre todo periodísticas, que permiten una extraordinaria ventana al período propuesto, y que hacen evidente ese interés de Díaz y su allegados, sin olvidar los denominados clubes de amigos y asociaciones civiles, por fomentar los valores de respeto y amor a la patria, teniendo la imagen de los héroes como eje en la construcción de dichos valores, siendo la música, como se verá, la vía y vínculo entre la sociedad y el imaginario colectivo construido. Al respecto, me propongo trabajar el tema teniendo como marco de referencia las actuaciones musicales que la banda de artillería tuvo en los momentos de celebración. Este particular conjunto no fue el único en este proceso de exaltación del héroe, ni en el período ni en el espacio dispuesto para el análisis, pero lo cierto es que la música de artillería figura entre las preferidas del presidente Díaz, siendo su máximo auge en los años de dirección del capitán Ricardo Pacheco, esto a partir de la década de 1890 y prácticamente el resto del período. Hay noticias interesantes de Pacheco y la música en cuestión desde 1894. El 16 de septiembre de ese año, justamente, en El Relámpago, periódico de variedades, se anunciaba “La gran serenata de anteayer”, llevada a cabo en la Plaza de la Constitución, con la participación de la música de artillería, la del 8vo. Regimiento y la del batallón de ingenieros. En aquella ocasión ejecutaron música europea, como era la costumbre en el México porfiriano, pero también se tocó los Aires nacionales, del ínclito compositor, músico y director Miguel Ríos Toledano, pieza compuesta por canciones que reflejaban la identidad musical de varias regiones del país, y que, para nuestro interés, ilustran la intención de mostrar lo propio, en evidente alegoría al naciente sentido nacionalista.[1]

Al final, se busca demostrar que el concepto de espacio —la escena musical— se vincula con la identidad y el sentido de pertenencia, y que ello fue de la mano de las prácticas artísticas, en especial de las bandas militares, que para entonces se habían convertido en el grupo musical por excelencia del pueblo de México, al menos en los espacios abiertos, siendo, como se verá, el zócalo de la Ciudad de México, el sitio emblemático de reunión social de la capital, y espejo de lo que se vería, salvando las distancias, en las distintas regiones del país.

El espacio como ente significativo

Estudios recientes sobre la música en México, demuestran cómo la sociedad decimonónica se volcó a los espacios públicos, haciéndolos suyos en un ansioso proceso de apropiación, luego de décadas de luchas internas e invasiones extranjeras.[2] Así, la paz conseguida a partir de la República Restaurada (1867-1876), y particularmente durante el ya referido porfiriato (1876-1911), favoreció la recuperación de plazas, jardines, paseos, calles y demás parajes, haciendo del espacio urbano o pueblerino un sitio público donde la sociedad en su conjunto habría de recuperar su ser social, (re) identificándose entre sí como parte de un Estado nacional al cual se pertenecía, y en el cual la música figuró como un elemento de asociación e identificación, no por nada, por ejemplo, se sabe que la música europea, sobre todo la ópera, era considerada como una excelente vía para civilizar al individuo, y hacerlo partícipe del modelo de nación que se pretendía construir.[3]

De hecho, el espacio público, aunque ocupado por las amplias esferas sociales en cuanto evento musical-cultural se organizó en su perímetro, fue controlado por las elites políticas y culturales, como una manera de verter en la sociedad aquellos elementos que convenían al proyecto oficial, mismo que, importa señalar, tenía en el modelo cultural europeo su ejemplo a seguir.

En el espacio, como reflexionó acertadamente Maurice Halbwachs, se construye una memoria colectiva en vista de que es, justamente, en el espacio social y público donde se generan experiencias en grupo, se socializan problemas pero también se generan vivencias positivas, algunas de estas alegres en el marco de un festejo. Al respecto, lo que aparece en el espacio, las cosas inermes, tales como los edificios, las esculturas, el ornamento de una plaza, etcétera, incluyendo en esto la conjunción de elementos específicos, desde una bandera como emblema del grupo en cuestión, y hasta la imagen de la formación militar de un contingente, o, en este caso, de la banda de música, evocan imágenes que, dice Halbwachs, constituyen el contexto en el cual la colectividad se identifica y construye su marco de referencia en torno a su lugar a donde pertenece o a donde le dicen o considera que pertenece. En este sentido, el grupo se apropia del espacio, lo transforma para su beneficio e intereses y, más aún, termina, sostiene el sociólogo, “encerrado en el espacio que él mismo ha construido”,[4] lo que permite afirmar que el invididuo vive su ser social en un espacio ad hoc que la colectividad ha asumido como propio, y en el cual lo que se vive se inserta en la memoria que todo el grupo comparte: “...toda memoria colectiva se desarrolla dentro de un marco espacial”, y siendo así: “...el espacio [se convierte] en una realidad perdurable”.[5] Las imágenes, entonces, que se generan en el entonrno físico determinado y que emergen de esa vivencia colectiva, se convierten en un lenguaje que es interpretado, siendo dicho lenguaje, hay que decirlo también, inducido por el grupo en el poder o por sectores determinados.

Así, tenemos que en el zócalo se organizaron los eventos más importantes del gobierno de México, y fueron suficientemente dignos para que el propio Porfirio Díaz los presidiera. Como se verá enseguida, nunca pasó desapercibido el honomástico de Benito Juárez, procer con quien Díaz había tenido conflictos por el poder, pero que fue reconocido por su aporte a la construcción del Estado mediante su conocida reforma liberal, ni tampoco las celebraciones que hasta entonces eran referentes de la construcción de la patria, siendo la más importante los festejos por el inicio de la lucha insurgente que encabezó Miguel Hidalgo, aunque otros pretextos fueron propicios para reunirse y festejar, como el 27 de septiembre, por el aniversario de la consumación de la independencia, o el 5 de mayo, en alusión a la batalla ocurrida en las inmediaciones de la ciudad de Puebla, en 1862, aunque para el régimen porfiriano fue mayormente significativo el 2 de abril, ya que se recordaba la batalla final, encabezada por el entonces joven general Porfirio Díaz en 1867, que permitió la expulsión definitiva de los franceses del territorio nacional, y el inicio del término del otrora imperio de Maximiliano.

Ricardo Pacheco y la banda de artillería

­­­­Ricardo Pacheco nació en Tulancingo, Hidalgo, en 1864 y, según datos recogidos por el musicólogo Gabriel Payerón, falleció junto con Francisco Villa en 1923, en el atentado perpetrado en contra del héroe revolucionario en el poblado de Parral, Chihuahua.[6] Según se consigna en el expediente militar de Pachecho,[7] en 1886 aparece como teniente de caballería, y desde entonces, figura como director de la música del 7º Regimiento, de hecho, según se consigna en La Patria, el 7 de marzo de ese año habría ofrecido una audición en la alameda, presentando obras de Suppé, Verdi . Strauss, una danza y un pasodoble, repertorio acorde al modelo cultural impuesto y que será examinado con mayor amplitud enseguida.[8]

Capitán Ricardo Pacheco
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Capitán Ricardo Pacheco
Fuente: El Independiente, México, 21 de enero de 1914.

La prensa capitalina al respecto de la actividad musical de Pacheco y la banda del 7º Regimiento es amplia, teniendo presentaciones desde principios de 1886, siendo particular aquellas ofrecidas, justamente, en la alameda y el zócalo. Ya desde entonces aquella música hacía presencia en la escena capitalina, luciendose en serenatas principalmente, y no obstante, su mayor presencia musical y social la obtendría Pacheco desde septiembre de 1893, cuando se le comisionó, previa autorización del presidente Díaz, para dirigir la banda del 3er. Batallón de Artillería. Desde ese momento y el resto del período porfiriano, ya siendo capitán primero por distición del cargo de director musical, Pacheco habría de encargarse de coordinar y favorecer el desarrollo de la afamada música, de componer piezas alusivas al nacionalismo musical mexicano en construcción, de realizar arreglos musicales acordes a su papel como dirigente de una de las músicas representativas del régimen porfiriano, y de participar en los eventos musicales de mayor presencia, proyección y abolengo político y social del régimen.

Diciendo esto, importa señalar que la banda de artillería es un ejemplo del desarrollo de una agrupación que creció y consolidó al amparo del presidente Díaz, ya que él mismo, según consta en el expediente militar del capitán Pacheco, autorizó su nombramiento de dirección y otros aspectos del propio desarrollo de la música, entre estos la participación en conciertos al interior del país y, sobre todo, de los viajes a los Estados Unidos, a donde la música de artillería fue comisionada para tener presencia musical en las entoncs denominadas exposiciones internacionales, aquellas donde los países participantes mostraban sus adelantos tecnológicos y científicos, así como su desarrollo cultural.[9]

La música de artillería es, pues, sin duda, una agrupación cuya vida musical nos permité vislumbrar esa escena artística extraordinaria, dada en dos espacios centrales de la vida política, económica, social y cultural de México, cuya relevancia está, citando a Halbwachs, en que ahí, justamente, en el nicho de “La ciudad y sus rocas”, es que se gestó el culto al héroe. Veamos.

La Banda de Artillería de México
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La Banda de Artillería de México
Fuente:El Mundo Ilustrado, México, 5 de junio de 1904

El culto al héroe en la representación musical

Si algo se destaca en la prensa oficial y la semi oficial, e incluso en la prensa independiente, es la amplia variedad de festejos, organizados a partir del puntual seguimiento de un calendario que incluía, como se ha referido antes, las fechas significativas en ese panteón de héroes y acontecimientos construidos y avalados como de alta relevancia nacional, por supuesto, desde el Estado. Por lo anterior, es evidente la selección e impulso con evidente intencionalidad, de aquellas fechas que aparecían apropiadas para cultivar no solo el sentimiento nacionalista, sino el apego al régimen. Es por esto que se denota en las páginas de la prensa sobre todo, notas amplísimas sobre aniversario del inicio de la lucha insurgente, que generalmente se publicaban en dos momentos: con antelación a los festejos en forma de anuncio para garantizar la participación social, y luego, en una fecha inmediata posterior, a manera de resumen se daba cuenta de los pornemores del evento en cuestión, donde se narraba el resultado de las veladas con lujo de detalle. Es significativo el fomento al culto al héroe vivo cuando era el propio Porfirio Díaz quien presidía una celebración determinada. En este caso, los espacios periodísticos dedicaban los titulares al engrandecimiento del personaje, destacando en ello un lenguaje que aparece sumamente aleccionador de los intereses del régimen, donde se incluían, por ejemplo, alusiones a la paz conseguida por Díaz, a la bonanza económica del país y en ello el desarrollo en áreas significativas como la agricultura, la producción de bienes, la manufactura o el amplio avance en el tendido del ferrocarril, un elemento que se tomaba en cuenta para medir, de alguna manera, la evolución del país.

En este tenor, en la prensa nacional es usual encontrar innumerables notas sobre festejos especiales dedicados a Porfirio Díaz, tanto en homenajes a su trayectoria militar como eventos organizados por los denominados Clubes de amigos de Porfirio Díaz, cuyo objetivo era la excaltación de su figura como héroe vivo. En estos conciertos, audiciones y serenatas en su honor, destacan eventos musicales enmarcados en su investidura como presidente, algunos dedicados a su esposa, Carmen Romero, y el reconocimiento de su régimen al inolvidable Benito Juárez. Hay, en todo esto, una variedad significativa de actuaciones musicales inspiradas en su figura y el régimen político por él encarnado, teniendo como escenario principal el zocalo, mismo que, aunque no fue el único sitio en la ciudad donde se cultivó el nacionalismo y apego al régimen, significó el espacio por excelencia, donde el conjunto de la sociedad vivió su Ser nacional por medio de la música de los himnos y las marchas, ejecutada por la banda militar, en este caso, por la dirigida por el capitán Ricardo Pacheco.

¡La patria es primero!

Desde que José María Morelos reconociera el 16 de septiembre como el día “...en el que se abrieron los labios de la Nación para reclamar los derechos y se empuñó la espada para ser oida”,[10] la fecha se quedó como la más importante del calendario cívico mexicano, construyéndose, a lo largo del siglo XIX, un significativo amor patrio al inicio de la lucha insurgente, de tal suerte que, con la llegada de Díaz a la presidencia de la república, lo que hubo que hacer fue alimentar la tradición, ahora con una variante que inteligentemente se vinculó con el oaxaqueño, y fue que, como había nacido un 15 de septiembre de 1830, el festejo de la patria habría de iniciar ese día justamente, siendo un argumento más para fortalecer el sentido de pertenencia a la nación y vincularlo con la figura del procer, mismo que en ese momento fungía como presidente de la república.

Hay variados ejemplos de las grandiosas conmemoraciones cívicas, principalmente en el zocalo, espacio que fue escena principal del culto a la imagen de Porfirio Díaz, sobre todo en la relación construida entre éste, asentado en el emblemático Palacio Nacional, y el público, que se apostaba a su vez en la histórica plaza.

Para los festejos de septiembre de 1899, el programa incluía el adorno de las principales calles del centro de la ciudad de México, con arcos triunfales y carros alegóricos, dispuestos para las actividades programadas y difundidas en prensa para la ocasión referida. En este caso, desde el 14 se dispuso una audición musical mañanera, a cargo de las “mejores bandas de la guarnición”, luego, por la tarde, una felicitación colectiva en honor al homenajeado presidente y, para cerrar, una serenata por la noche ese mismo día. Ahora bien, acorde a la intención por vanagoliar al héroe vivo, entre las actividades programadas para el 15 se incluía un recorrido por calles principales, con Díaz a la cabeza de un amplio contingente, compuesto con personalidades de su gobierno e importantes empresarios e invitados especiales, donde se encontraban extranjeros distinguidos. Finalmente, los festejos de aquél año teminarían con el desfile militar y una serenata musical, siendo el capitán Ricardo Pacheco a quien se comisionó la organización de toda la parte musical.[11]

Ejemplos como el anterior visten la prensa de la capital, donde se destaca la firme inttención del régimen por vanagloriar al presidente aprovechando la fecha más significativa del calendario cívico, haciendose consumbre la publicación, cada mes de septiembre, del amplio programa de festejos, dando siempre preponderancia a la figura de Díaz, que aparecía, sin embargo, rodeado de la representación de diversos sectores de la sociedad, desde empresarios locales y extranjeros, representantes del sector político y artístico, y dando su lugar, de alguna manera, a la sociedad en general, para lo cual era la organización, siempre grandiosa, del evento público y musical en el zocalo. Así, para el 16 de septiembre de 1900 se nunció una “gran serenata” en la que participaron dos bandas de música, entre estas, por supuesto, la de artillería, mismas que ejecutaron un amplio programa musical frente al Palacio Nacional teniendo como principal público al primer ciudadano de la patria.[12]

En ambos casos, que coinciden con lo usualmente citado en los periódicos capitalinos, se observa un común denominador, y es el aprovechamiento de la fiesta nacional para homenajear a Porfirio Díaz, llegandose a titular los encabezados en prensa como “Las fiestas en honor del Sr. General Díaz”.[13] Y un detalle por destacar es que no solo se apovechó la conmemoración del inicio de la independencia para homenajear a Díaz y su régimen, ya que otras fechas del calendario patriótico fueron sumamente publicitadas, caso especial es el 2 de abril.

El 2 de abril de 1867 Porfirio Díaz había sido protagonista en el triunfo definitivo de las fuerzas militares mexicanas, que en las cercanías de Puebla derrotaron a lo que quedaba del ejército invasor, dando por terminado el efímero imperio de Maximiliano. De esta manera, siendo una fecha significativa para la nación, el régimen porfiriano aprovechó la fecha para reafirmar, como se hacía cada festejo de septiembre, el sentido de pertenencia y el amor patrio, toda vez que el pueblo reconocía en Díaz a su máximo héroe.

Ejemplos de este culto hay varios. Para los festejos de abril de 1897 se programo una “Gran serenata” donde habrían de participar las bandas, de artillería, la del 8º Regimiento y la de zapadores. En total, según la nota publicada en La Patria previo al festejo,[14] y el mismo día del evento por El Municipio Libre,[15] estarían en escena trescientos músicos, que ejecutarían un programa de música europea: una obertura, tres fantasías y dos valses, un par de marchas en alegoría del patriotismo nacional y, para finalizar, el obligado Himno Nacional Mexicano.[16] Lo destacable del ejemplo es la magnitud del evento, pues el solo imaginar la escucha de trescientos músicos ejecutando al unísono, ejemplifica la intencionalidad del régimen, como ya se ha dicho, por engrandecer el papel de Porfirio Díaz al frente de la nación. De hecho, fue común que en cada oportunidad se le dedicaran composiciones en su honor, o que se presentaran arreglos musicales que de forma especial se preparaban inspirados en su figura, como cuando, en abril de 1900 Abundio Martínez le dedicó el vals Arpa de oro, en una audición especial llevada a cabo en la Plaza de la Constitución por 75 músicos al mando del capitán Ricardo Pacheco, quien a su vez, y siguiendo el mismo tono de homenaje, presentó el arreglo que hizo de la pieza Gioconda.[17]

Ejemplos como los citados se publicitaban ampliamente en los medios impresos de la época, incluyendo carteles de gran formato, que se ubicaban en los puntos visibles de la ciudad, por supuesto, previo a cada celebración, ya que el interés era que el público abarrotara el zócalo, y que fuera testigo de ese culto al héroe. Al final, lo que importaba era cultivar un espíritu social donde las imágenes de la patria estuvieran asociadas a quien ostentaba el poder, haciendo imprescindible a dicho personaje en la vida política, social y cultural.

El círculo de amigos de Porfirio Díaz

El oaxaqueño se reeligio apoyado por grupos organizados en todo el país. Formados por personajes influyentes de la sociedad mexicana de la política, la economía y la cultura, estos grupos trabajaron arduamente para favorecer la permanencia de Díaz, bajo el argumento principal de que el país solo podía funcionar bien con éste a la cabeza. Justamente, un medio idóneo para cultivar dicha idea fueron las actividades culturales y artísticas.

Durante los años de oro del porfiriato, en la ciudad de México destacó y por mucho el denominado Círculo de amigos del señor general Porfirio Díaz. En la prensa capitalina se dedican sendos espacios a relatar las actividades del grupo, destacándose, para lo que nos ocupa, la organización de eventos musicales, todos denominados como “grandiosos”.

El grupo se involucraba en los festejos de la patria, de septiembre, por lo cual es común ver notas como la que se publicó en El Siglo Diez y Nueve en agosto de 1895, donde se publicaba el programa de lo que habría de ser la conmemoración del inicio de la independencia, siendo los amigos de Díaz quien se presentaba como ente organizadora.[18] En este caso, asumimos al capitán Ricardo Pacheco, director de la banda de artillería, como uno de los integrantes del grupo, ya que en cada oportunidad analizada en el período en cuestión, él siempre preside la dirección musical, dedicando a su vez, composiciones alusivas al momento, y en honor al presidente, o arreglos especiales de piezas reconocidas del repertorio europeo. Lo mismo ocurrió en los festejos patrios de 1900, donde Pacheco reunió a 90 músicos para homenajear a Porfiro Díaz, participando la banda de artillería, la de ingenieros zapadores y la del Estado Mayor.[19] Esta monumentalidad musical evidente en cada celebración es prueba inequívoca, insisto, en el alud porfiriano por mostrar los beneficios del régimen y del intento por exhibir un México grandioso, moderno, pacífico y que estaba en vías de figurar como una nación acorde a las más avanzadas de la época.

En esta revisión del México festivo y la construcción del culto al héroe, resulta interesante mostrar cómo en el porfiriato se daba el proceso de consolidación a lo que hoy tenemos como tradición cívica del bien conocido “grito de independencia”. En el programa que el círculo de amigos de Porfirio Díaz presentó para septiembre de 1905, como era costumbre la parte musical correría a cargo de la música de artillería y otras bandas militares, con Pacheco al frente. La música se programó para una suntuosa serenata a ejecutarse por la tarde del día 15, y en punto de las once de la noche, Porfirio Díaz “...empuñando el pabellón vitoreará a la Independencia desde el balcón central de Palacion Nacional, y hará sonar la histórica campana”.[20]

De esta manera, tenemos la alegoría cívica que prevalece en el México contemporáneo, siendo un elemento común el que sea el jefe el Ejecutivo el encargado de presidir los “vitores” a la patria. Por tanto, la impronta del porfiriato ha sido perenne, como lo ha sido la costumbre de homenajear a personajes ilustres, como Benito Juárez por ejemplo, que fue el único individuo, de todo el panteón de héroes, en ser recordado, pero sin ponerse por encima de Díaz. Ejemplo de esto es la reseña que publico The Mexican Herald el 19 de julio de 1900, en la que se ilustra la forma en que el benemérito era evocado en la época de Díaz. En la acusiosa nota al respecto, se refiere que cada año, en la fecha del fallecimiento del prócer, se hacía remembranza de su vida como el “gran liberal” que había sido, de su importancia en la consolidación del México moderno y en la influencia de su pensamiento en la vida política nacional. En aquella ocasión se organizó una procesión en la que participaron personajes destacados de la sociedad porfiriana, misma que culminó con un acto en la Iglesia de San Fernando. Por supuesto, fue el propio Porfirio Díaz que presidió el acto, hondeando la bandera de México al tiempo que era cortejado por miembros de la familia de Juárez, entre estos varias de sus hijas. La nota destaca que en todo momento, el presidente y los familiares del destacado abogado oaxaqueño fueron franquedos por las notas musicales de la banda de artillería, que para entonces era la preferida del régimen.[21]

Eventos especiales

Además de las cotidianas audiciones y serenatas, que se hicieron comunes durante el porfiriato, algunos eventos destacan por la especial difusión dada en prensa y en otros medios, como los ya señalados carteles, algunos de ellos de casi un metro de longitud, que se “pegaban” en las esquinas más concurridas de la ciudad a fin de garantizar una amplia publicidad. Estos eventos, que bien podemos determinar como “especiales”, a veces se dedicaban a un personaje en particular, se organizaban por alguna fecha significativa, o se llevaban a cabo con el objetivo de conferir al Estado una posición estratégica de relaciones con grupos o con delegaciones extranjeras, dándose una publicidad tal que destacan entre las notas periodísticas de tono festivo. Uno de ellos fue el homenaje que en 1901 se hizo al ínclito compositor Jaimé Nunó.

Jaime Nunó y la Banda de Artillería
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Jaime Nunó y la Banda de Artillería
Fuente: http://mediateca.inah.gob.mx/repositorio/islandora/object/fotografia%3A222122

Siendo ya un anciano, el conocido músico visitó la Ciudad de México y el Estado le confirió el reconocimiento por ser quien había musicalizado el Himno Nacional Mexicano (HMN) en el ya lejano 1854. La organización de la visita estuvo a la altura de las acostumbradas celebraciones a Porfirio Díaz. Además de algunas muestras de cariño por medio de diversas actividades, donde se involucró a un coro de niños, y la entonación del HNM por doscientas personas, la banda de artillería, con Pacheco al frente, se encargó de dar una velada musical catalogada por la prensa como “extraordinaria”.[22] Es interesante cómo, en este caso, el presidente Díaz daba oportunidad a que en el sitio que lo consagraba como el héroe nacional, se hicieran homenajes a otros personajes, en tanto que no tuvieran algún peso político, de hecho, al único que podía hacerse presente en un festejo en el zócalo era a Benito Juárez, y ello porque estaba muerto, y no significaba una figura más imoprtante que don Porfirio. Lo que quiero destacar del homenaje a Jaime Nunó no es solamente la envargadura de la serenata musical en su honor, sino que su visita dejó huellas del hondo sentimiento nacionalista que albergaba la sociedad mexicana en su mayoría, misma que abarrotó el zócalo y los sitios donde Nunó pasó revista, como la Alameda Central, donde el compositor se tomó una fotografía con la música de artillería, testimonio gráfico importante para los estudiosos de las músicas mexicanas, no solo por la gallardía de los músicos sino por la conformación instrumental y el vestuario, evidentemente, militar.

La visita de Nunó es una evicencia más de la importancia del zócalo de la Ciudad de México, como centro fundamental, como Altépetl, donde ocurrían los sucesos significativos no de la ciudad sino de la nación. Prueba de esto es la réplica que se hacía de dichos eventos en la prensa del interior de la república. Y es que la figura de Díaz germinó de tal forma que incluso ahí se organizaron los llamados “besamanos”, que no eran otra cosas que eventos políticos en los cuales se avalaba las reelecciones del presidente, siendo tales oportunidades ocasión para difundir la idea de que el país estaba mejor bajo su dirección.

Bajo el título de “Protesta Besa Manos”, la nota publicada a principios de diciembre en La Voz de México, daba cuenta del acto de protesta que había rendido Porfirio Díaz como presidente de México, esto para el período 1897 a 1900. Hecho el juramento, las músicas de artillería, de zapadores y la del 8º regimiento, dieron un concierto en el zócalo, para algarabía de los miles de mexicanos ahí reunidos, con un programa que incluía música europea y algunas piezas populares.[23] En esta ocasión Díaz no presidió el evento desde el balcón de Palacio Nacional, al menos la nota no hace referencia alguna, no obstante, el hecho importante es que el motivo de festejo era, justamente, la permanencia del ya consolidado héroe nacional.

Ejemplos como el referido son comunes en la prensa, sobre todo la oficial y semi-oficial, y aunque en ocasiones el presidente no aparecía en el balcón de palacio en cierto festejo, bastaba con que la prensa y la publicidad dispuesta en lugares públicos, dijese que el motivo era honrarle para que la gente se apostara en el zócalo, ya fuese en una serenata en su honor, como la ocurrida a mediados de abril de 1900, donde participaron las músicas de artillería y zapadores, dirigidas por el capitán Pacheco,[24] o simplemente organizando una “gran serenata”, como la que se llevó a cabo en agosto de 1902 en la Plaza de la Constitución, siendo propicia la ocasión para que la música militar ejecutase la marcha Ecos de México, del compositor jalisciense José Clemente Aguirre.[25]

A manera de cierre

En el trabajo se ha dado evidencia breve pero suficiente, a partir de una selección de noticias de prensa mexicana, de la importancia de Porfirio Díaz en la construcción del Estado nacional y del nacionalismo mexicano. Las pruebas hacen patente el interés del régimen por constituir a la sociedad en torno a elementos que permitieran nodos de identidad común, elementos que remitieran a valores colectivos de los cuales la sociedad pudiera echar mano para auto identificarse, para revalorarse y encontarse como pertenencientes a la nación de héroes, esos mismos que habían dado su vida por la patria. Resulta curioso e interesante, y a todas luces inteligente por parte de su gobierno, la forma en que Díaz favoreció el culto a su imagen, teniendo como eje y centro al zócalo de la Ciudad de México. Ya citábamos a Halbwachs y ya relación que hace entre el individuo y su entorno, y la importancia de los elementos físicos, naturales o no, que le relacionan con aquello que le es necesario, fundamental. Pues bien, ha quedado patente que mediante eventos “grandiosos” el régimen y sus amigos generaron un vínculo entre la modernidad y el liderazgo de Díaz, por tanto, la sociedad debió catalogar la permanencia del presidente con el futuro de México.

Alejandro Mercado Villalobos

Músico. Doctor en Historia por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Estudioso de las músicas mexicanas. Ha publicado cinco libros y una veintena de artículos sobre la temática expuesta. Al 2022, ostenta el Perfil Deseable de la SEP-PRODEP, y el nombramiento como Investigador Nacional, nivel I, del CONACyT. En 2016 ganó el Concurso Nacional de Investigación del Forum Cultural Guanajuato, trabajo del que derivó el libro: Música y fiesta en Guanajuato. Notas sobre la vida cotidiana en dos ciudades porfirianas. Actualmente, es editor de la revista El Artista.

Referencias

Galeana, Patricia (prólogo) y Miguel Ángel Fernández Delgado (selección, introducción y notas) (2013), Los sentimientos de la Nación de José María Morelos, México, Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, P. 118.

Halbwachs, Maurice (1990), Espacio y memoria colectiva, Estudios sobre las Culturas Contemporáneas, México, Universidad de Colima, vol. III, núm. 9, pp, 11-40.

Hammeken, Luis de Pablo (2018). La república de la música. Ópera, política y sociedad en el México del siglo XIX, México, Bonilla Artiga Editores.

Medrano Ruiz, Sonia (2021), Las orquestas típicas en México. De la invención a la consolidación de una tradición, México, Instituto Zacatecano de Cultura “Ramón López Velarde”.

Miranda, Ricardo y Aurelio Tello (coordinadores) (2013), La música en los siglos XIX y XX, Tomo IV, México, CONACULTA. Enrique Florescano y Bárbara Santana Rocha (coordinadores) (2016), La fiesta mexicana, Tomo I, México, Secretaría de Cultura.

Pareyón, Gabriel (2006), Diccionario enciclopédico de música en México, tomo 1, México, Universidad Panamericana.

areyón, Gabriel (2007), Diccionario enciclopédico de música en México, tomo 2, México, Universidad Panamericana.

Notas

[1] El Relámpago, México, 16 de septiembre de 1894.
[2] Véase: Ricardo Miranda y Aurelio Tello (coordinadores) (2013), La música en los siglos XIX y XX, Tomo IV, México, CONACULTA. Enrique Florescano y Bárbara Santana Rocha (coordinadores) (2016), La fiesta mexicana, Tomo I, México, Secretaría de Cultura.
[3] Cfr. Luis de Pablo Hammeken (2018). La república de la música. Ópera, política y sociedad en el México del siglo XIX, México, Bonilla Artiga Editores.
[4] Maurice Halbwachs (1990), Espacio y memoria colectiva, Estudios sobre las Culturas Contemporáneas, México, Universidad de Colima, vol. III, núm. 9, pp, 11-40.
[5] Ibid., p. 23.
[6] Gabriel Pareyón (2007), Diccionario enciclopédico de música en México, tomo 2, México, Universidad Panamericana, p. 793.
[7] Archivo Histórico de la Secretaría de la Defensa Nacional (AHSDN), Cancelados, XI-III-715967.
[8] La patria, México, 7 de marzo de 1886.
[9] La banda de artillería hizo al menos seis presentaciones en los Estados Unidos. A saber: Atlanta (1895); Texas (1896); Omaha, Nebraska (1898); Nueva Orleans (1899); Búfalo (1901); St. Louis Missouri (1904). Sobre el tema de las exposiciones internacionales, recomiendo la lectura del libro de la doctora Sonia Medrano Ruiz (2021), Las orquestas típicas en México. De la invención a la consolidación de una tradición, México, Instituto Zacatecano de Cultura “Ramón López Velarde”, véase las páginas 80-84.
[10] Patricia Galeana (prólogo) y Miguel Ángel Fernández Delgado (selección, introducción y notas) (2013), Los sentimientos de la Nación de José María Morelos, México, Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, P. 118.
[11] El Popular, México, 7 de septiembre de 1899.
[12] La Voz de México, México, 16 de septiembre de 1900.
[13] El Tiempo, México, 14 de septiembre de 1901.
[14] La Patria, México, 31 de marzo de 1897.
[15] El Municipio Libre, México, 2 de abril de 1897.
[16] En septiembre de 1895, en el mismo sitio se había organizado una “serenata monstruo” en honor al presidente Díaz. En aquella ocasión participaron 264 músicos de las bandas: 2º y 8º regimiento, artillería y las del 13º, 14º y 21º batallón, con la participación especial de la música de ingenieros, que dirigía el entonces joven y promesa de la composición musical, Velino Preza. El Siglo Diez y Nueve, México, 14 de septiembre de 1895.
[17] El Tiempo, México, 18 de abril de 1899.
[18] El Siglo Diez y Nueve, México, 14 de agosto de 1895.
[19] Los detalles del evento pueden verse en: El Popular, México, 17 de septiembre de 1900. El Tiempo, México, 18 de septiembre de 1900.
[20] La Patria, México, 12 de septiembre de 1905.
[21] The Mexican Herald, México, 19 de julio de 1900.
[22] The Mexican Herald, México, 18 de septiembre de 1901.
[23] La Voz de México, México, 2 de diciembre de 1896.
[24] El Tiempo, México, 18 de abril de 1900.
[25 l Imparcial, México, 29 de agosto de 1902. Sobre el célebre compositor, recomiendo la reseña que sobre su vida musical publicó Gabriel Pareyón (2006), Diccionario enciclopédico de música en México, tomo 1, México, Universidad Panamericana, pp. 31-33.
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