Artículos
El “retorno al campo” desde la mirada local. Redescubriendo los atractivos patrimoniales pampeano‑bonaerenses (Argentina)
“Return to the countryside” from a local perspective. Rediscovering heritage attractions of Buenos Aires Pampas (Argentina)
El “retorno al campo” desde la mirada local. Redescubriendo los atractivos patrimoniales pampeano‑bonaerenses (Argentina)
PASOS. Revista de Turismo y Patrimonio Cultural, vol. 17, núm. 4, pp. 779-793, 2019
Universidad de La Laguna

Recepción: 30 Abril 2018
Aprobación: 05 Noviembre 2018
Resumen: En el marco de las nuevas ruralidades, elementos vinculados a esas geografías son valorizados ‑patrimonial y turísticamente‑ y (re)introducidos al mercado desde el Estado y el sector privado como principales activadores. No obstante, la agencia de las comunidades locales está promoviendo la configuración y negociación de nuevos espacios y modalidades de gestión participativa que posibilitan su inclusión en dichos procesos. En este artículo proponemos discutir estas temáticas mediante dos casos de la provincia de Buenos Aires (Argentina): Exaltación de la Cruz y San Andrés de Giles. A partir de la valorización turístico‑‑patrimonial del “campo” pampeano bonaerense, analizamos cómo emergen procesos de revitalización que resignifican el sentido del lugar.
Palabras clave: Patrimonio, Turismo, Ruralidad, Comunidades locales, Provincia de Buenos Aires.
Abstract: In the context of new ruralities, elements related with those geographies are valorized and (re) introduced in the market as heritage and tourist products, from public as well as private sector as the main actors involved. Nevertheless, the agency of local communities is promoting the construction and negotiation of new participatory spaces and management modalities, allowing local residents to position themselves as active actors of those processes. In this article we are interested in discuss these issues by two cases of study located in Buenos Aires province (Argentina): Exaltación de la Cruz and San Andrés de Giles. Through tourist and heritage valorization of the Buenos Aires pampa countryside, we analyze in both districts how revitalization processes emerge, redefining sense of place.
Keywords: Heritage, Tourism, Rurality, Local communities, Province of Buenos Aires.
1. Introducción
Entre las décadas de 1970‑90, aproximadamente, los espacios rurales de diversos países ‑tanto de Europa como América Latina‑ vienen siendo afectados por una variedad de procesos de cambios (materiales y simbólicos) que inciden en su constitución (Castro y Zusman, 2016, del Romero Renau, 2018; Kay, 2009; Neal y Agyeman, 2006). Entre las transformaciones se pueden nombrar: la expansión del agronegocio y la restructuración agraria; los conflictos ambientales; la defensa de la agricultura familiar; la promoción de modalidades de comercio justo y solidarios; las demandas de una soberanía alimentaria; la proliferación de emprendimientos ocio‑recreativos turísticos y patrimoniales. Estos últimos promueven una valoración positiva de estos ámbitos, dejando atrás idearios asociados con el atraso (Pérez, 2001). Por el contrario, se destacan aquellos que colocan a lo rural como un lugar en el cual estar en “contacto con la naturaleza”, como “reservorio de lo nacional”, desde una mirada nostálgica y romántica (Nates Cruz y Raymond, 2007; Nogué, 1988; Roigé y Frigolé, 2011). De esta forma, el “campo” se plantea como un nuevo lugar de consumo bajo construcciones idealizadas que invisibilizan sujetos y simplifican procesos sociales y económicos que han tenido lugar en esas geografías (Cloke y Little, 1997). Estos procesos de valorización y mercantilización de versiones idealizadas sobre lo rural han sido orientados bajo diferentes modalidades turísticas tanto desde el sector privado como estatal. En el caso de Argentina se ha pasado de denominar turismo rural haciendo referencia a la visita de estancias para ampliar su definición, ofreciendo una variedad de propuestas. En este marco, se incluyen otros establecimientos productivos con un interés orientado hacia lo educativo como las granjas o la inclusión de pequeñas localidades como los pueblos y parajes. Así, programas nacionales como el recientemente formulado por la Secretaria de Turismo y la Comisión Nacional de Monumentos, Lugares y Bienes Históricos, “Pueblos Auténticos” (2017) (o el programa provincial “Lugares Mágicos” (2016) en la provincia de Salta), buscan –mediante la activación patrimonial‑ fomentar el arraigo, fortalecer las identidades locales y promover el desarrollo local.
Estas propuestas que se originan desde las políticas públicas por actores estatales, que suelen tener mayor incidencia en la implementación de proyectos turísticos, se inspiran en modelos propuestos por otros organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), LA Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), y son reformulados para adecuarse a los contextos locales de cada país (Velázquez Inoue, 2018). No obstante, también se han conformado organismos no gubernamentales y Asociaciones Civiles con el propósito de contribuir en la revitalización de los pueblos. En Argentina podemos mencionar ejemplos como, la ONG Responde, Pueblos que Laten, Proyecto pulpería. En este marco, cabe señalar la conformación de estrategias locales como la creación de cooperativas y otros tipos de emprendimientos comunitarios en las cuales el turismo se encuentra presente (Alonso et al., 2013, Fernández, 2017; Píriz et al., 2001; Ratier, 2009). La valorización turística‑patrimonial tiende a ser promovida por diversos actores que se posicionan como “voces autorizadas” y van articulando redes escalares desde el ámbito local, municipal, provincial, nacional y hasta global (Castro y Zusman, 2007), siendo los actores estatales los que adquieren un rol protagónico en la toma de decisión sobre qué elementos ‑vinculados con la ruralidad‑ son significativos como para preservar, y a su vez mercantilizar (Zusman y Pérez Winter, 2018); pensando no tanto en las necesidades/intereses de las comunidades locales, sino en las expectativas y gustos de los consumidores externos como los turistas/visitantes (kirshenblatt‑Gimblett, 1998; Perkins, 2006; Prats, 2004).
Estos procesos de valoración de la ruralidad ‑mediante la activación1 patrimonial y turística‑ están cambiando la relación y el vínculo que los pobladores mantienen con sus lugares de residencia. Es en este marco, que las propias comunidades están movilizándose para logar colocar su voz y posición dentro de estos procesos. Así, como señala Nogué (2016), más que un “retorno” al campo, comienza a observarse un “redescubrir” del propio lugar, surgiendo nuevas formas de gestión participativas dentro de las estructuras burocráticas de los organismos públicos. En este nuevo contexto nos interesa indagar qué cambios, tensiones y disputas (materiales y simbólicas) estos procesos de valorización patrimonial y turística se generan entre las comunidades locales y los actores estatales y qué respuestas o acciones emergen para resolverlas.
Teniendo todo esto en consideración proponemos discutir los temas planteados mediante dos casos de la provincia de Buenos Aires (Argentina), los partidos de Exaltación de la Cruz y San Andrés de Giles. A partir de ellos discutimos cómo la valorización de las áreas rurales ‑que han tenido lugar en la pampa bonaerense‑ está comenzando a promover procesos de revitalización, desde la patrimonialización y turistificación, impulsado tanto desde los estados municipales de carácter participativo como desde iniciativas que emergen en la propia comunidad.
1.1. Metodología y fuentes
Las informaciones presentadas en este artículo fueron construidas a partir del trabajo de campo efectuado en los municipios de Exaltación de la Cruz y San Andrés de Giles entre los años 2012‑2018, en el marco de investigaciones doctoral y posdoctoral. En ellos se realizaron: entrevistas semi‑estructuradas a residentes y funcionarios públicos locales; observación con y sin participación en eventos como fiestas patronales y otras actividades culturales‑patrimoniales y turísticas; consulta de publicaciones locales y archivos municipales: Archivo del Museo del Periodismo Bonaerense en la ciudad de Capilla del Señor y la Biblioteca Popular “Alberdi” de San Andrés de Giles; como así también el archivo de la actual Comisión Nacional de Monumentos, Lugares y Bienes Históricos (CNMLBH), localizado en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Asimismo, se analizaron normativas vinculadas a la regulación turística y patrimonial de cada distrito; además de material gráfico, como archivos fotográficos, diarios locales, folletería y banners turísticos.
A continuación presentamos el contexto en el cual se enmarcan los casos seleccionados. Luego introducimos los resultados de nuestra investigación y discutimos los casos a la luz de las problemáticas planteadas. Por último, exponemos las reflexiones finales.
2. La activación turístico-patrimonial de la pampa bonaerense
En el área de la pampa bonaerense han ocurrido diversos cambios productivos, desde la década de 1990 (Barsky, 2005, Castro y Zusman, 2016; Teubal, 2008). Entre ellos nos interesa destacar la multiplicación de emprendimientos turísticos no solo privados (ej. Estancias y granjas abiertas al público, clubes de polo y golf), sino también aquellos orientados desde proyectos estatales (nacionales, provinciales y municipales). A escala nacional se han implementado proyectos de turismo bajo la modalidad rural, muchos de ellos promovidos mediante el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). En el año 2009 el INTA coordinaba 83 experiencias asociativas ‑emprendimientos propuestos por diversos productores que se complementan‑, la mayoría ejecutadas en la provincia de Buenos Aires (Roman y Ciccolella, 2009). Para el año 2014 la cifra ascendía a unos 113 proyectos; no solo orientados a revitalizar las economías de los pequeños productores, sino también de los habitantes de pueblos rurales (Guastavino et al., 2015), a partir de actividades/productos/lugares asociados a “la identidad local”. Asimismo, se creó la Red de Turismo Rural del área centro‑sur de la provincia de Buenos Aires, nucleando 99 experiencias que ofrecen diversos servicios y actividades (MINAGRO, 2016). Desde la Subsecretaría de Turismo bonaerense se han propuesto una variedad de estrategias para impulsar el turismo hacia el interior del territorio como una herramienta de desarrollo local (Pérez Winter, 2017a). Por lo tanto, existen iniciativas dirigidas, en primer lugar, a grupos de pequeños productores que tienden a promover la activación de elementos histórico‑culturales y naturales y alimentos locales como estrategia para promover la dinamización de las economías regionales.
A su vez, encontramos programas que buscan revitalizar los pueblos rurales como lugares turísticos, Como el Programa Pueblos Turísticos (2008) diseñado por la Subsecretaría de Turismo de la provincia de Buenos Aires. Entre sus propósitos: “[se]… busca poner en valor todos aquellos recursos patrimoniales y/o extrapatrimoniales existentes en las pequeñas localidades” (SECTUR, 2012: 22). Gran parte de la oferta turística promovida por la Subsecretaría de Turismo bonaerense destaca la figura del gaucho y la diversidad del paisaje pampeano como su escenario (Pérez Winter, 2018). En este marco, se van sumando los municipios que componen el territorio de la provincia de Buenos Aires aportando diversos elementos que acompañan las propuestas planteadas por la Subsecretaría (Morosi, 2008; Navarro y Schlüter, 2010, Pérez Winter y Zusman, 2014, Pinassi y Schenkel, 2017). Sin embargo, existen iniciativas patrimoniales y turísticas que ponen en valor otros aspectos y otras lecturas sobre lo rural impulsadas desde la propia comunidad que busca participar dentro de estos procesos, como se expone a continuación.
3. Exaltación de la Cruz
El partido de Exaltación de la Cruz se ubica en el norte de la provincia de Buenos Aires a unos 80 km de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires –de ahora en adelante CABA‑ (Figura 1), limitando con los municipios de Luján, San Andrés de Giles, San Antonio de Areco, Zárate, Campana y Pilar, mediante las rutas nacionales 8, 9 y 6 y las provinciales 193 y 192. Cuenta con 29.805 habitantes, de los cuales 9.244 residen en la ciudad cabecera, Capilla del Señor (INDEC, 20103). Actualmente se pueden identificar otros dos centros urbanos importantes: Cardales y Parada Robles, además de otros parajes y barrios cerrados.

Durante la década de 1990, la implementación ‑desde el gobierno nacional‑ de políticas neoliberales afectó significativamente la región. Ello promovió una reestructuración de la producción agropecuaria, deviniendo en una crisis económica: cierre de las líneas de ferrocarriles, expansión del modelo sojero, desempleo, despoblamiento (Craviotti, 2007; González Maraschio, 2017; Ratier, 2009; Teubal, 2008). En este marco socio‑económico la CNMBLH declaró como “Bien de Interés Histórico Nacional” al centro histórico de Capilla del Señor (Decreto Nacional N° 1648/1994). A partir de este reconocimiento, el municipio impulsó una serie de acciones y medidas de preservación, como la creación de la Comisión de Preservación Patrimonial –dependiente de la Dirección de Cultura‑ con el fin de mantener la fisonomía del área patrimonializada e idearios asociados a la urbanidad, la educación, la cultura y el progreso. Asimismo, los aspectos históricos y materiales que le valieron la declaratoria nacional fueron activados turísticamente, configurando a Capilla del Señor como el destino turístico del partido (Pérez Winter, 2017b, 2018).
A partir del 2001, dando cuenta de la proliferación de emprendimientos privados asociados al ocio (estancias, casas de campo, clubes de golf y polo) y el aumento del flujo de visitantes, la Dirección de Turismo de Exaltación de la Cruz comenzó a extender el turismo hacia el interior del partido. Así, toda actividad cultural y/o deportiva, celebraciones locales, entre otras, fueron resignificados e incorporadas a la agenda turística del municipio. En este marco, eventos y proyectos que estaban siendo auto‑‑gestionados por residentes de diversas localidades el partido ‑antes desestimadas‑ cobraron interés para el municipio. Este proceso llevó a cambiar de estrategia de la Dirección de Turismo, no presentar como único “producto” a su ciudad cabecera, sino a todo el distrito como lugar de consumo turístico, poniendo en valor su “ruralidad” antes marginalizada. Así, mediante el slogan: “Exaltación de la Cruz, muy cerca tuyo4…”, buscaron destacar la escasa distancia y accesibilidad del municipio ‑estrategia altamente implementada por la Subsecretaría de Turismo bonaerense‑ respecto de centros urbanos como Campana, Zárate y ‑especialmente‑ CABA, de donde provienen la mayoría de los turistas (Pérez Winter, 2017b).
3.1. La activación de otros patrimonios-atractivos
Cardales y Parada Robles son localidades de Exaltación de la Cruz que, en comparación a Capilla del Señor que data de mediados del siglo XVIII, son de recientes configuración ‑primera mitad del siglo XX‑. En ellas existe un grupo de residentes activos que desde hace unos años comenzaron a organizar y gestionar una serie de actividades culturales que han llamado la atención de visitantes no locales.
“…antes existía solo el 14 de septiembre, nuestra fiesta del pueblo de Capilla del Señor (…) Pero después Cardales dijo ‘pero nosotros también tuvimos que haber nacido, tenemos que tener una fecha de cumpleaños’. Investigaron y la encontraron y, ahora, ellos también tienen su fiesta del pueblo, su fiesta de cumpleaños. Y lo mismo Parada Robles. (…) La fogata de San Juan [en Cardales] (…) quemaron un muñequito y fue un montón de gente y ahora es impresionante” (Residente de Capilla del Señor, 2012).
“…lo que tiene [Parada] Robles, la comunidad es toda de afuera. Les encanta participar en eventos culturales. (…)…hacen una cantata navideña y todo el pueblo va vestido de cómo era en ese entonces. Hicieron el 25 de mayo un cabildo gigante, hicieron la reproducción de la Batalla de la Cañada. Les gusta hacer ese tipo de cosas donde toda la comunidad participa. A nosotros ni a palos nos vestís” (Residente de Capilla del Señor, 2013).
La Fogata de San Juan –que anteriormente se organizaba en Capilla del Señor‑ comenzó a festejarse en 1994 en Cardales. Ella se tornó una actividad multitudinaria a la que se le fueron incorporando otras atracciones como puestos gastronómicos, venta de artesanías y la organización de talleres recreativos para chicos, culminando con la esperada quema del muñeco elaborado para la ocasión. En 2017 se celebró la edición número 24 (Figura 2).Asimismo, reproducciones realizadas ‑por los miembros del centro cultural de Parada Robles‑ de la Batalla de la Cañada5, resultan eventos culturales locales autogestionados ‑con apoyo municipal‑ que terminan siendo resignificados como atractivos turísticos por la Dirección de Turismo. Actualmente, estos eventos forma parte de la agenda de actividades promocionada también por la Subsecretaría de Turismo bonaerense en la Guía de “Fiestas Populares” (SECTUR, 2018), mostrando la relevancia que han adquirido.

Son los residentes de “afuera” o que tienen pocas generaciones habitando esas localidades del distrito, los que presentan –según los capillenses entrevistados‑ una alta participación en la organización de actividades que ponen en valor eventos de la historia local. Ello es un reflejo de como este sector está generando sus propias formas de construcción de sentidos de pertenencia (Massey, 1995). Además de configurar sus propias lecturas, a partir de recuperar prácticas y narrativas históricas activadas mediante actividades culturales y recreativas. Estos procesos turístico‑patrimoniales promovidos desde las comunidades locales junto a la valorización de las áreas rurales como espacios de ocio y consumo que se registran a nivel provincial y municipal, comenzaron a incidir en la actuación de la Comisión de Preservación Patrimonial de Capilla del Señor.
Es importante señalar que Cardales y Parada Robles, a diferencia de Capilla del Señor, se encuentran localizadas sobre rutas –provincial la primera y nacional la segunda‑ de mucho movimiento. Asimismo, Cardales se encuentra en un punto estratégico de conexión con otras vías que permiten el transporte de productos en la región del Mercado Común del Sur (MERCOSUR). Es en esa área del distrito donde proliferó la instalación de barrios cerrados y parques industriales y en donde se percibe con mayor intensidad las transformaciones productivas mencionadas anteriormente (Craviotti, 2007). Estos procesos señalados también han llevado a sectores de las comunidades de esas localidades ‑relegadas por las políticas patrimoniales y turísticas municipales‑ a promover sus propias activaciones e intervenciones en pos de la protección de aquellos elementos que reconocen, no solo como su patrimonio local, sino también como potenciales atractivos turísticos. Uno de los primeros casos de activación patrimonial en Cardales llevada adelante por una vecina, fue lo que impulsó a que comenzara a institucionalizarse –a través de la actuación de la Comisión de Preservación Patrimonial‑ la protección patrimonial fuera de la ciudad de Capilla del Señor.
“... fue un caso atípico porque esa señora [de Cardales] nos vino a consultar. (…)… decidimos ir a asesorarla por el entusiasmo de ella y porque realmente sabía la historia del lugar y quería conservarlo y nos pareció la verdad meritorio que una propietaria tuviera ese empuje. Y aparte es la calle principal de Cardales. Cardales siempre reclama que no tiene historia y era uno de los edificios más antiguos de la localidad. (…)… la asesoramos, ella logró conservarla, incluso hizo dos locales y la idea es un poco crear también ahí una Comisión” (Miembros de la Comisión, 2011).
Este hecho –junto a los efectos del avance del periurbano‑ ha generado un cambio en los criterios de patrimonialización de la Comisión de Preservación de Patrimonio de Capilla del Señor que hasta el momento se planteaban inflexibles (Pérez Winter, 2018).
“…Cardales bueno, tiene que sufrir ese embate inmobiliario que está en la actualidad (…), nosotros también en lo que apuntamos es, (…) sino existe el patrimonio, [promover] una mejor calidad de vida. Entonces por ahí en Cardales lo que vos ves es el desorden en el caos y realmente hay gente que por ahí, quiere encauzar eso” (Miembros de la Comisión, 2011).
Asimismo, la valorización turística del “campo” fue otro factor que llevó a la Comisión de Preservación de Patrimonio replantear su actuación y comenzar a ponderar elementos rurales antes desestimados por ella.
“… tendríamos que ampliar [nuestra actuación] por ejemplo con el área rural. O sea que es algo que está pendiente con las viejas pulperías que quedan fuera del radio. (…) Bueno, eso también tendría que estar protegido. (…)… es una idea que habría que trabajarla conjuntamente con turismo para que, de alguna manera, se vayan incorporando todos esos lugares dentro del patrimonio y se haga una ordenanza que los proteja” (Miembro de la Comisión, 2013).
Estas ideas de pensar el patrimonio como un elemento que permita vehiculizar y consolidar versiones identitarias o como recurso económico que posibilite mejorar la calidad de vida no son recientes. Autores como Henri Lefebvre ([1969] 1978) ya han señalado que el espacio es socialmente construido y que debe existir una real participación de sus residentes para favorecer un acceso equitativo a la ciudad. Asimismo, documentos promovidos por organismos internacionales (Declaración de Amsterdam, 1975), como por profesionales involucrados en el tema, han planteado la relevancia del patrimonio como revitalizador de localidades, destacando su potencialidad económica al servicio de las comunidades locales (Hardoy, 1989). Estos procesos de activaciones turísticas y patrimoniales surgidas desde sectores de las comunidades locales también han favorecido el desarrollo de políticas participativas. Estamos haciendo referencia a un caso particular, la implementación de uno de los primeros observatorios de paisaje en la provincia de Buenos Aires. Su establecimiento está mostrando una apertura en términos de gestión al pensar en propuestas participativas e integradoras sobre el territorio y los elementos y sujetos que lo componen.
Así, en 2013 el municipio de Exaltación de la Cruz presentó y formalizó un Observatorio del Paisaje (Figura 3) con el propósito de: “… garantizar la protección, gestión y ordenamiento del paisaje de Exaltación de la Cruz a fin de preservar sus valores naturales, patrimoniales, culturales, sociales y económicos en el marco de un desarrollo sostenible (…) tendrá funciones de catalogación, sensibilización de la sociedad asesoramiento al Municipio y educación en materia de paisaje” (Ordenanza 42/2013). El observatorio toma como modelo al instalado en Cataluña (http://www.catpaisatge.net/) y cuenta con el apoyo del nodo Buenos Aires de la Red Argentina del Paisaje. Se compone de una comisión asesora integrada por un equipo interdisciplinario de profesionales que colaboran con la planificación de las acciones a realizar; y una comisión promotora, formada por autoridades y residentes de Exaltación de la Cruz interesados en participar en la planificación y regulación de las “unidades de paisajes” identificadas en el partido. Entre ellos, se encuentran funcionarios del área de cultural, patrimonio y turismo. Asimismo, a partir de las actividades y talleres que a través de ella se realizan anualmente en las escuelas y otros ámbitos, se incentiva a las comunidades –de las áreas urbanas y rurales del distrito‑, a poner en valor ‑o “descubrir”‑ aquellos elementos cotidianos con otra mirada; pero a la vez, produce un espacio en el que residen de las áreas más anegadas puedan elevar propuestas y demandas sobre carencias y problemáticas.

Este proceso de puesta en valor ‑el “descubrir”‑ orientado desde el Observatorio tiene características similares a las que se identificaron en el momento en que se promovió la patrimonialización nacional del centro histórico de Capilla del Señor por los expertos de la CNMLBH durante la década de 1990. Varios residentes de la ciudad entrevistados expresaron este sentimiento de “descubrimiento” de sus propios patrimonios a partir de la mirada experta y foránea de la CNMLBH (Pérez Winter, 2018). Sin embargo, en el caso del Observatorio esa mirada estaría constituida por la experticia de especialistas foráneos y de los saberes e intereses de las comunidades locales que buscan impulsar nuevas activaciones y reconocimientos.
3.2. El “retorno” al campo exaltacrucense
En Exaltación de la Cruz, durante la década de 1990 ‑en plena reestructuración económica de los ámbitos rurales del país‑, la declaratoria del centro histórico de Capilla del Señor como patrimonio nacional inició un proceso de institucionalización del patrimonio en la ciudad. Este proceso estuvo encaminado bajo valores sarmientinos que se legitimaron en dicho reconocimiento. Es decir, la selección de hechos y personajes que recuperan una versión de pasado local ‑entre mediados y fines del siglo XIX‑ que coloca a Capilla del Señor como un ámbito asociado al progreso, la urbanidad, la educación y la cultura. Estos aspectos, a su vez, se presentan como la base fundante y representativos del distrito. Y si bien en la declaratoria (Decreto Nacional 1648/1994) se mencionaba el entorno de Capilla del Señor, configurado por elementos vinculados a la ruralidad de la campaña bonaerense –como las casuarinas, antiguas pulperías y la producción agraria‑, estos fueron relegados desde las iniciativas patrimoniales y turísticas municipales hasta recientemente (Pérez Winter, 2018).
Las actuales transformaciones socio‑productivas del campo, que dieron lugar a la crisis nacional del 2001, decantaron posteriormente en activaciones patrimoniales y turísticas llevadas adelante por las propias comunidades. Así, la agencia de residentes de Cardales y Parada Robles logró confrontar y poner en tensión los criterios de valorización patrimonial y turística estipulados por la Comisión de Preservación Patrimonial y la Dirección de Turismo municipal. En este marco, emergieron nuevos procesos de “(auto)descubrimiento” (Nogué, 2016) hacia el propio campo desde las políticas públicas locales. Sea por un interés económico, político, social o cultural, los organismos del estado municipal comenzaron a mirar hacia el interior del partido, activando aquellos elementos vinculados con su pasado y presente rural ‑en transformación‑ generando los primeros espacios de gestión participativa mediantes nuevas lecturas sobre la valorización de lo local.
4. San Andrés de Giles
El partido de San Andrés de Giles se ubica hacia el norte de la provincia de Buenos Aires (Figura 1), a unos 105 km –aproximadamente‑ de CABA. Cuenta con 23.027 habitantes (INDEC, 2010). Está compuesto por su ciudad cabecera homónima y varios pueblos y parajes, en su mayoría conformados a partir de la extensión de las vías ferroviarias (entre fines del siglo XIX y principios del XX) que atraviesan el partido. Entre ellos podemos mencionar: Azcuénaga, Villa Ruíz, Cucullú, San Alberto, Espora, Franklin, Villa Espil, siendo un total de 15 asentamientos. El distrito es de fácil acceso, mediante la ruta nacional 7 y la provincial 41. Linda con los municipios de Exaltación de la Cruz, San Antonio de Areco, Suipacha, Luján, Mercedes y Carmen de Areco.
Los primeros reconocimientos formales de patrimonio local en el municipio de San Andrés de Giles se observan desde la década de 1980 (Ordenanza 73/1988, 19919/88). En este sentido se puede nombrar la declaración como “lugar significativo” a la estancia la Merced (Ordenanza 49/1988); o el almacén de ramos generales “la casa Terrén”, ubicado en Azcuénaga (Decreto Municipal 154; Ordenanza 20/1993); o el “boliche de Tejo”, localizado en Cucullú (Decreto Municipal 747/2001; Ordenanza 688/2001). Algunas de estas patrimonializaciones han sido impulsadas no solo por expertos sino también por asociaciones locales, como el Centro de Estudios Históricos de la Biblioteca Popular Alberdi, buscando preservar estos lugares por sus valores estéticos e históricos. Recientemente, se han elaborados nuevas normativas y la conformación de una comisión de preservación patrimonial (Ordenanza 1245/2007, Decreto Municipal 940/2012).
En San Andrés de Giles ‑a diferencia de Exaltación de la Cruz‑ existe una inclusión temprana de elementos asociados a la ruralidad del distrito, que desde la década del 2000 constituyen el recurso turístico primordial. La escasa diferencia en distancia que existe entre ambos partidos respecto a CABA –San Andrés de Giles se encuentra más alejado‑ puede ser un factor que incidió a la hora de percibirse y pensar las políticas y activaciones patrimoniales y turísticas. En el caso de Exaltación de la Cruz, hubo una intención del municipio por promover un perfil residencial incentivando los proyectos inmobiliarios, aprovechando los emprendimientos de la zona de Pilar6 (Craviotti, 2007, Thuillier, 2005). Mientras que en San Andrés de Giles se ha preservado en mayor medida las producciones agrarias (porcina, oleaginosas), a pesar de ciertos cambios como la instalación de segunda residencias, incorporación de nuevas tecnologías productivas, composiciones demográficas, entre otros (González Maraschio, 2017; Humacata, 2014; Hendel, 2009). Asimismo, la construcción del acceso Oeste en 1998, ha contribuido en facilitar la llegada al municipio. Y en este marco de transformaciones mencionadas, en San Andrés de Giles también se han establecido emprendimientos dentro del rubro del turismo rural. Desde el ámbito privado el recurso “campo” ha sido aprovechado, como señala González Maraschio (2010), por desarrolladores turísticos e inmobiliarios por la continuidad de un paisaje rural y agropecuario. Otras iniciativas privadas también han sido promovidas a partir de la creación de la Fiesta del Chancho con Pelo, aprovechando la relevancia de la producción porcina en el municipio. Este evento se mantuvo entre los años 2000‑2006 y alcanzó alta difusión y trascendencia a nivel país. Para el año 2002 ya poseía carácter Nacional y fue declarada de “Interés Municipal” (Ordenanza 175/2002). Sin embargo, una disputa por el registro de la marca “Fiesta de Chancho con Pelo” ha dificultado la continuidad de la celebración.
Desde el ámbito estatal, en medio de la crisis económica que atravesaba el país, el municipio creó la Oficina de Turismo (2000) y en el 2002 promovió la conformación de una Comisión Asesora con el interés de nuclear diversos organismos vecinales y prestadores de servicios turísticos (Ordenanza 200/2002). En este marco, se ensayaron las primeras experiencias de pensar el turismo rural, no desde la promoción de las estancias para un turista de alto poder adquisitivo, sino en considerar las pequeñas localidades, como los pueblos y parajes, que atraiga a familias y parejas de diferentes grupos etarios. Una de las primeras experiencias realizadas en los pueblos del municipio ‑que contó con el apoyo de, en aquel momento, la Subsecretaría de Turismo de Nación mediante el programa Raíces7‑ fue, en el año 2001. Se eligió el pueblo de Azcuénaga8 para organizar el “Primer Encuentro de Pueblos Rurales”. El propósito fue presentar al turismo como una práctica socio‑económica que permitiría favorecer el desarrollo local rural que estaba en plena crisis.
Así, la Oficina de Turismo buscó consolidar el desarrollo turístico en los pueblos y parajes del muni‑ cipio y para mediados de la década del 2000 ya tenía su slogan turístico: “San Andrés de Giles, ciudad, pueblos y parajes”. Asimismo, en el 2006, antes que el área de turismo del estado provincial creara la Dirección de Festejos Populares y configure las celebraciones como atractivos significativos con cuales orientar el turismo hacia el interior del territorio (Pérez Winter, 2018), la Oficina de Turismo de San Andrés de Giles propuso singularizar los pueblos y parajes a partir de las fiestas locales y “sacarlas a la calle”. Es decir, que se organicen a cielo abierto, y no en un recinto cerrado como en un club social, para permitir la participación de los turistas/visitantes.
“… esa fiesta surgió por necesidad y por pedido de dos vecinos [de Villa Ruíz] que dijeron Camino Real (…). Nos juntamos y empezamos a laburar e investigar (…) Otro eje temático de un pueblito, Heavy, donde no pasa nada hoy en día, apareció un señor que compró un cielo oscuro. Entonces el eje temático de ellos era “Heavy a cielo abierto”. (…) Después Villa Espil “Un pueblo rural para los niños”” (Asesor de turismo del municipio, residente de San Andrés de Giles, 2017).
“Desde 1908 que se hacía la fiesta [patronal del pueblo] siempre fue el primer domingo de octubre. (…) Cuando se hacía el primero de octubre, era difícil [convocar a los turistas]. Creo que combino. Primero protestamos pero creo después nos dimos cuenta que [el cambio de fecha] fue mejor para la recaudación [risas]” (Residente de Azcuénaga, 2018).
Estos ‑nuevos y tradicionales‑ festejos fueron reconfigurados por las comunidades locales del distrito y el estado municipal mediante talleres y reuniones para ofrecerse como atractivos turísticos. Estas celebraciones no solo fueron incorporadas al calendario oficial de San Andrés de Giles, sino que posteriormente adquirieron estatus provincial al ser incluidas en el Registro de Festejos Populares de la Subsecretaría de Turismo bonaerense, como la fiesta fundacional de Azcuénaga en abril, la Fiesta “Un Pueblo Rural Para los Niños” de Villa Espil realizada en agosto o la ahora Fiesta Provincial “El Camino Real” en Villa Ruíz celebrada en noviembre (SECTUR, 2018).
Las celebraciones activadas como atractivos turísticos fueron recontextualizadas y resignificadas. Así, para los funcionarios municipales y provinciales los festejos se constituyen como prácticas con alto potencial turístico al ser ofrecidos como atractivos de fin de semana. Mientras que para las comunidades locales de San Andrés de Giles, como señala Ratier para otros casos (2009: 101), se presentan como una forma de resistencia de los pueblos rurales hacia la idea de que están desapareciendo, a partir de expresar en ellas características que los particularizan y que reafirman su existencia.
Siguiendo esta línea de participación, en 2007, mediante un trabajo realizado en Azcuénaga, alumnos y docentes impulsaron la declaración de “Lugar Significativo” a varias edificaciones del pueblo (Ordenanza 1223/2007) que hoy se conforman como parte de los atractivos turísticos.
Esta búsqueda del municipio por desarrollar el turismo en los pueblos y parajes ha llevado a implementar la modalidad comunitaria y otras formas de fomentar políticas participativas diferentes a las que se dieron en Exaltación de la Cruz.
4.1. La Asociación Pueblos y Parajes, la consolidación de una gestión participativa
La crisis económica que afectó el campo argentino a fines de la década de 1990 se hizo sentir en San Andrés de Giles.
“Acá la gente del campo muchos tomaban créditos en los bancos, no podían pagarlos. Y terminaron (…) vendiendo su campo, su chacra, su quinta y (…) viviendo en una casita en la ciudad, gastándose los ahorros (…). Y en ese momento una persona que tenía una parcela justamente al lado de Azcuénaga, once hectáreas (…) [quería] hacer el barrio cerrado o country. (…) me convoca a mí como arquitecto (…) y le propongo (…) no separar el pueblo viejo de lo nuevo. (…) Y yo de turismo, nada, no tenía ni idea, ni lo pensaba. Entonces de ahí empecé a ver el tema patrimonio, de la riqueza que tiene el pueblo y de ver cómo de ese proyecto urbanístico como involucrarlo y ponerlo en valor todo el pueblo” (Asesor de turismo del municipio, residente de San Andrés de Giles, 2017).
Este es el relato fundamente que impulsa el trabajo conjunto entre las comunidades rurales de San Andrés de Giles y la municipalidad en un proceso caracterizado por tensiones, continuidad e irrupciones. Los talleres y ensayos efectuados con el propósito de desarrollar el turismo como estrategia de revitalización de estas localidades, fue orientando y configurando un turismo rural de tipo comunitario. Como ya se mencionó, Azcuénaga fue el lugar en donde se realizaron las primeras experiencias. Desde el 2001 la Fiesta Patronal se configuró como atractivo y en el 2005 se crearon los primeros locales gastronómicos (Humacata, 2012). A partir de esta experiencia piloto, luego se sumarían los casos de Villa Ruíz y Cucullú. Del trabajo conjunto entre representantes de residentes de los diferentes pueblos y parajes y el municipio surgió la creación de la Asociación Civil Pueblos y Parajes de San Andrés de Giles9, iniciativa que fue declarada de “Interés Legislativo Provincial” (Expediente D1631112, 2011). Desde su creación en 2008, se promovieron una serie de actividades y activaciones turísticas y patrimoniales en los pueblos y parajes del partido como una estrategia de revitalización, otorgándole cierta autonomía de gestión a los residentes rurales. Según el Estatuto (Acta Constitutiva 28/2008), sus objetivos son: impulsar acciones que contribuyan a proteger los elementos que identifican como patrimonio, “afirmar la identidad lugareña”, fomentar redes de solidaridad y cooperación, etc. Es allí donde los pobladores logran consolidarse como actores en la toma de decisiones sobre el desarrollo turístico en sus localidades y en la activación patrimonial. De hecho, los miembros de la Asociación comenzaron a ser invitados y visitados por organismos estatales de Argentina y otros países latinoamericanos para conocer este tipo de experiencias para ser exportas como modelo.
“Nos visitaron ecuatorianos de la Universidad no sé cuánto, funcionarios mexicanos. Gente que nos llamaba de la facultad para hablar de nosotros para contarles lo que estábamos haciendo y el destino era la escuela” (Asesor de turismo del municipio, residente de Azcuénaga, 2018).
La conformación de la Asociación contribuyó a que la Subsecretaría de Turismo de la provincia de Buenos Aires incluyera tempranamente a Azcuénaga y Villa Ruíz dentro del programa ‑de modalidad comunitaria‑ “Pueblos Turísticos” en el año 2008, momento de su creación. Ello implicó contar con recursos, capacitación, infraestructura, y sobre todo visibilización mediante la promoción‑ que la Subsecretaría destina en la gestión del Programa.
Asimismo, la Asociación ‑con apoyo del municipio‑ también promovió eventos, no solo turísticos, sino de discusión con pobladores de otros municipios y profesionales vinculados al patrimonio de relevancia nacional, como el “Primer encuentro regional El Patio Pueblos”, declarado de “Interés Municipal” (Ordenanza 1403/2009). En el año 2016 se organizó la Primera Jornada de Patrimonio y Turismo (Figura 4), la cual tuvo su continuidad en el año 2017.

Sin embargo, el trabajo participativo y comunitario no siempre es suficiente para llevar adelante emprendimientos en conjunto con el sector privado, como se planteó en Tuyutí, otra localidad de San Andrés de Giles. La iniciativa proponía organizar una actividad área de aventura por parte de una empresa que en comodato utilizaría la escuela como establecimiento, con el compromiso de restaurarla. Posteriormente, la escuela volvería a ser usada por la comunidad como centro cultural.
“…quisieron arreglarla [la escuela] para dejar para la comunidad. Yo me llené de entusiasmo. Y bueno la reunión se hizo con el Consejo Escolar, con la gente, autoridades y chocamos con un gran inconveniente (…) las personas físicas. (…). La burocracia nos ahogó el proyecto” (Residente de Tuyutí, 2018).
Otro ejemplo ‑en proceso‑, se relaciona con la reactivación de las vías ferroviarias con la posibilidad de ofrecer un servicio turístico que conecte localidades que habían quedado aisladas tras su cierre.
“También formo parte de la Asociación Ferrocarril Belgrano Carga. Después de quince años de luchar con esa asociación vi cruzar el tren que nos otorgaron (…) son dos vagones lo vi cruzar por Tuyutí de vuelta. No saben las lágrimas que tuve porque me emocioné (…). Y eso está y pasa por Tuyutí. Y ya estamos pensando con la gente de otros parajes como Espora de hacer una secuencia con ese tren y convertirlo en un tren turístico de fin de semana y a desarrollar emprendimientos gastronómicos en las estaciones” (Residente de Tuyutí, 2018).
Si bien la Asociación en estos últimos años ha dejado de tener la participación que la caracterizó en el momento de su conformación, actualmente se están movilizando entre algunos representantes de los pueblos y parajes para lograr su reactivación.
4.2. San Andrés de Giles “pueblos y parajes”
El desarrollo turístico en San Andrés de Giles buscó promover elementos asociados a la ruralidad desde sus inicios. Para ello, se favoreció la creación de la Asociación Civil Pueblos y Parajes, la cual se presentó como un espacio de gestión participativa otorgando cierta autonomía a las comunidades rurales del interior del distrito en el proceso de activación patrimonial y turística de sus lugares de residencia. En este marco, el patrimonio se tornó un recurso relevante para el desarrollo de la práctica turística, en especial la configuración de las fiestas locales como principales atractivos de esas pequeñas localidades.
Asimismo, como señala González Maraschio (2010), en comparación a lo que ocurre en otros partidos del área, la accesibilidad no es el principal criterio para configurar los destinos turísticos de San Andrés de Giles. Ya que, no todos los pueblos y parajes que se promocionan se localizan en las áreas de mejor acceso. Aunque algunos de ellos logran mayor visibilidad y recursos para configurarse como destinos, como los que fueron incluidos al programa Pueblos Turísticos. Por otra parte, algunos de los proyectos turísticos y patrimoniales poseen una carga emocional muy grande para las comunidades locales, como la reactivación del tren, porque de alguna manera rememoran pasados que ‑desde el presente‑ se configuran como la “edad de oro” (Lowenthal, 1998) de esos los pueblos. Así, el turismo ‑ aunque simplifica sujetos, procesos y geografías‑ le otorga a estos lugares ‑que parecen “detenidos en el tiempo”‑un nuevo movimiento, ritmo y cotidianeidad.
Por último, así como en Exaltación de la Cruz la participación de las comunidades locales cuestionó y desafió los criterios patrimoniales y turísticos implementados por los funcionarios del municipio, permitiendo un cambio en la gestión y valorización de la ruralidad; en San Andrés de Giles el proceso de desarrollo turístico incidió en la apertura de lo que las políticas públicas naciones y provinciales concebían como turismo rural (= estancias). De esta forma, los pueblos, lo comunitario, se incorporaron como puntos clave para el desarrollo de esa modalidad en el país.
5. Del “retorno” al “redescubrimiento” del campo
Los pueblos de la provincia de Buenos Aires, como en otras regiones del país, emergieron como reflejo de diferentes procesos socio‑productivos (Hardoy et al. 1988). Las dinámicas de esos procesos, orientados por la implementación de políticas neoliberales durante la década de 1970‑90, dejaron a muchos de esos poblados aislados y en decadencia económica. Es por ello que los estados municipales, provincial y nacional buscaron estrategias para sobre llevar la crisis económica ocurrida a fines de la década de 1990. El turismo en las áreas rurales, en algunos casos bajo la modalidad comunitaria, comenzó a gestarse gradualmente como una alternativa promovida por las políticas públicas (Román y Ciccolella, 2009). San Andrés de Giles fue uno de los primeros municipios de la provincia bonaerense en promover el turismo en pequeñas localidades.
Asimismo, en las áreas rurales de la pampa‑bonaerense están proliferando los procesos de activación patrimonial y turística del paisaje, elementos y prácticas asociados a esos ámbitos, desde los Estados provinciales y nacionales. En estos procesos se observa la participación de las propias comunidades que buscan poner en valor y visibilizar sus versiones identitarias, su propias lecturas del pasado, y además, tomar posición a la hora de gestionar sus propios recursos locales (Alonso et al., 2013, Píriz et al., 2001; Ratier, 2009). Es decir, están emergiendo procesos de revitalización (Ukaegbu et al., 2017), no solo orientados por las políticas y programas oficiales –que terminan formulando acciones en pos del turista‑; sino mediante alternativas que van construyendo los residentes para satisfacer sus necesidades e intereses comunes. Y ello implica también un proceso disputas y negociaciones sobre qué y cómo activar, a la que vez que generan una redefinición de los vínculos con el lugar en ese nuevo “descubrimiento” de lo rural (Nogué, 2016; Massey, 1994, 1995). Como señala Massey (1995), los lugares en realidad son una construcción híbrida de elementos locales y globales que se encuentran en constante redefinición y resignificación, a la vez que está compuesto de relaciones entre diversos actores y conexiones espacio‑temporales que ya se han establecido y que se van modelando, produciendo algo nuevo.
Por lo tanto, los espacios de gestión participativa contribuyen a que las comunidades se integren como actores activos en los procesos socio‑económicos de sus localidades. Este tipo de propuesta de valorización de “lo propio” es lo que Nogué (2016) ha identificado como una característica que sugiere un cambio de paradigma en la definición de las nuevas ruralidades. Ya que son los pobladores ‑y nos los turistas/visitantes o las “voces autorizadas de la gestión”‑ quienes procuran construir un “reencuentro con” o un “redescubrimiento del lugar” que habitan.
6. Consideraciones finales
Los espacios rurales ‑europeos como latinoamericanos‑ están en continua redefinición. Aunque en el marco global existen características que atraviesan la configuración de esos ámbitos –que tienden a su homogeneización‑, emergen particularidades en cada país y localidad que se analice. Dentro de la valorización positiva de esas geografías, el desarrollo turístico y la patrimonialización aparecen cada vez con mayor frecuencia y relevancia dentro de las iniciativas estatales y privadas. En este marco, es interesante indagar los procesos de revitalización turística y patrimonial que están teniendo lugar en las áreas rurales porque estos están tensionando y creando ‑en las propias comunidades‑ la posibilidad de repensar la relación y la pertenencia entre ellos con sus lugares de residencia, como así también repensarse a ellos mismos como actores locales. En particular, porque generalmente se observa que los programas promocionados por las políticas públicas tienden a cristalizar los lugares y sus prácticas en función de las expectativas de los turistas, congelando un espacio‑tiempo (Massey, 1995). Mientras que aquellas propuestas emergidas desde el contexto local intentan presentar iniciativas acordes a sus intereses y necesidades, dando lugar a exponer y reflexionar sobre los distintos procesos por los que tuvieron que atravesar hasta la implementación del turismo. Así, está práctica también se presenta como una oportunidad para difundir otras historias.
El desarrollo turístico organizado con la participación activa de las comunidades locales permite que se realicen planteos sobre la comprensión del espacio‑tiempo e indagar en las complejidades que caracterizan las redefiniciones del sentido de pertenencia en la que diversos actores construyen y tensionan diferentes sentidos (Massey, 1994). En el caso del turismo rural, entre los viejos y nuevos residentes y los turistas. Así, para algunos de ellos, los pueblos rurales y turísticos se presentan como lugares de refugio de los problemas que se le atribuyen a los contextos urbanos y generar un reencuentro con la historia, la tradición (Castro, 2017). Mientras que para otros representan sus raíces e historias familiares. En este sentido, los pueblos rurales se colocan como nuevos espacios de consumo (turístico) en los que se condesan múltiples identidades y sentidos que serán activados por los diferentes sectores que componen una comunidad heterogénea y por los visitantes y turistas. De esta forma, los procesos de revitalización evidencian la necesidad de pluralizar la ruralidad que está en continua redefinición
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