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Resignificación del patrimonio paleontológico presente en el río San Pedro (Cuenca del río Valdivia, Chile)

Re-signification of the paleontological heritage along the River San Pedro (The basin of the River Valdivia, Chile)

Jorge Campos-Medina *
Francisca Vergara-Pint **
Universidad de Los Lagos, Chile
Andrea Echeverría Parra ***
Universidad de Chile, Chile
Patricio Contreras Fuentes ****
Organización no gubernamental Posicionamiento Local, Chile
Ana María Abarzúa *****
Chile

Resignificación del patrimonio paleontológico presente en el río San Pedro (Cuenca del río Valdivia, Chile)

PASOS. Revista de Turismo y Patrimonio Cultural, vol. 16, núm. 3, pp. 655-670, 2018

Universidad de La Laguna

Recepción: 24 Mayo 2017

Aprobación: 05 Noviembre 2017

Resumen: El presente artículo explora, desde una perspectiva antropológica, los significados y usos atribuidos al patrimonio paleontológico presente en el río San Pedro (Región de Los Ríos, Chile), por parte de habitantes que se relacionan directa o indirectamente con éste. El objetivo de este acercamiento fue comprender la resignificación del patrimonio paleontológico en un territorio rural habitado, biodiverso y productivo. De esta manera, se da cuenta de la multiplicidad de significados atribuidos a los yacimientos fosilíferos, de acuerdo al contexto histórico particular que vivencia la población local, entendidos los fósiles como parte constitutiva del territorio. Finalmente, se sugiere establecer un diálogo entre el saber científico, el saber local y la gestión institucional, especialmente considerando la escasa la difusión científica de este patrimonio en una comunidad que anhela saber de él.

Palabras clave: Fósiles, Patrimonio paleontológico, Río San Pedro, Territorio, Comunidad.

Abstract: An anthropological perspective is used to explore the direct and/or indirect meanings and uses attributed to the paleontological heritage of River San Pedro by the locals (Región de los Ríos, Chile). The goal of this study was to understand how paleontological heritage is resignified in an inhabited, biodiverse and productive rural territory. The specific historical context of each population has a bearing on the significance attached to their fossil deposits, giving rise to multiple interpretations of the same but sharing the common consideration as basic elements of their culture and sense of place. It is suggested that communication between the scientists and the locals be established under the auspices of local and regional authorities in order to share professional and local heritage know-how to mutual benefit.

Keywords: Fossils, Paleontological heritage, San Pedro river, Territority, Community.

1. Introducción

La relación entre el patrimonio y la sociedad se ha configurado durante la última década en una temática de interés para científicos sociales en Chile. Lo concerniente al patrimonio–cultural, arqueológico y su relación con las comunidades, el patrimonio arquitectónico e histórico, y el patrimonio inmaterial de los pueblos–,constituye un tópico recurrente que se logra vislumbrar inclusive en las políticas públicas del Estado chileno, sobre el cual es posible identificar una variada gama de actores involucrados que van desde el mismo Estado, movimientos sociales, comunidades y científicos.

El patrimonio paleontológico es un campo de gran relevancia, sobre todo si se considera que muchos yacimientos fosilíferos forman parte de territorios habitados en la actualidad. Un ejemplo de ello es el sitio arqueo-paleontológico Pilauco (Pino, 2008), siendo posible la existencia de vínculos entre las poblaciones y los yacimientos, lo cual genera desde la antropología un interés dirigido a comprender este tipo de dinámica sociocultural.

La presente investigación1 se centra en un yacimiento fosilífero situado en la depresión intermedia de la Región de Los Ríos (Chile), específicamente en el río San Pedro en el sector de Malihue. Los depósitos se conocen como los Estratos de San Pedro, siendo mencionados por primera vez por Bruggen (1950) y luego por Illies (1970). En esta área se encuentra flora fosilizada cuya antigüedad aproximada es 23,5 millones de años (Elgueta et al., 2000). El objetivo de la investigación es explorar los significados y usos atribuidos al patrimonio paleontológico presente en el río San Pedro, por parte de habitantes que se relacionan directa o indirectamente con éste. Lo anterior se logra a través de una inmersión en la dimensión simbólica del fenómeno, es decir, implicando la descripción de los significados que tiene este patrimonio para quienes habitan los sectores cercanos a los yacimientos fosilíferos, como también describiendo e interpretando la relación entre patrimonio paleontológico y territorio, y analizando las relaciones que existen entre los imaginarios que circulan con relación a la construcción social del patrimonio paleontológico en particular.


2. Antecedentes teóricos

2.1. Patrimonio cultural

Siguiendo lo planteado por Prats (1998: 63), entenderemos por patrimonio cultural “todo aquello que socialmente se considera digno de conservación independientemente de su interés utilitario”, dejando también en claro que esta noción incluye el llamado patrimonio natural, en tanto “se trata de elementos y conjuntos naturales culturalmente seleccionados” (ídem, 1998). Por otro lado, es necesario señalar que el patrimonio constituye una “construcción social” y por tanto, no se trata de un fenómeno que se manifieste en todas las sociedades y períodos históricos, sino que se trata de una “invención” que sirve para determinados fines e intereses y que, en consecuencia, es históricamente variable (Prats 1997). En este sentido, Valcuende (2003: 96) señala que el patrimonio implica “seleccionar” elementos que se consideran como representativos de determinados intereses sociales, lo que significa “hablar de grupos sociales que pugnan por activar un proyecto sociopolítico –ya sea o no explícito- con el cual representar a todo el colectivo”.

Durante los últimos años ha sido posible presenciar el aumento de los llamados procesos de “patri- monialización”, que han sido definidos por Prats (2005) como una activación de elementos patrimoniales que va más allá de una mera “puesta en valor” (es decir, una suerte de valoración “pasiva”), sino que implica actuaciones y discursos en torno a un objeto, práctica o lugar, que dan origen a un espacio de disputa entre diversos agentes (poderes políticos, otros poderes fácticos y la sociedad). Esto es sumamente relevante, ya que en la actualidad no es posible entender el patrimonio exclusivamente con base en los conceptos con los que tradicionalmente ha sido vinculado como tradición, identidad y monumento. A ellos, se suman una serie de nuevas relaciones entre el patrimonio y ámbitos como el turismo, la mercantilización y las comunicaciones, fenómenos que solían considerarse como externos al campo de lo patrimonial, e incluso, opuestos a éste (García Canclini, 1999).

La discusión en torno al patrimonio ha trascendido las fronteras de lo político y lo académico, y ya no solamente alude a lo relativo a su conservación y protección, y al rol del Estado y de los especialistas en estas tareas. La discusión sobre el patrimonio cultural ha pasado a centrarse en los usos que las personas hacen de éste, y en las interacciones que se producen en este “espacio de disputa” entre el sector privado, el Estado y los movimientos sociales (García Canclini, 1999). En este sentido, García Canclini (1999) hace referencia a los modos en que estos agentes “hacen uso” del patrimonio. En el caso de los agentes privados, éstos se relacionan con el patrimonio cultural en razón de la acumulación de los capitales económicos que éste pueda proporcionarle. El Estado, por su parte, hace uso del patrimonio cultural fundamentalmente como un recurso de auto-legitimación y de construcción de la unidad nacional. El tercer agente, en el cual nos centraremos en esta investigación, lo constituyen los movimientos sociales o las comunidades. Estos recientemente han comenzado a incorporar el patrimonio a sus demandas, y han iniciado procesos de movilización que exigen a los gobiernos (nacionales y locales) la vinculación de las políticas patrimoniales con las necesidades presentes de la población, buscando generar las condiciones para que todos los grupos sociales puedan, de manera democrática, significar y participar del patrimonio (García Canclini, 1999).

2.2. Patrimonio paleontológico en Chile

La paleontología corresponde a la ciencia que estudia la vida en el pasado a través de, por ejemplo, organismos extintos que se han conservado en rocas u otros medios que los protegen de la degradación, por medio de determinados procesos geológicos. Los fósiles pueden encontrarse mineralizados o representar evidencias de actividades biológicas. A través del estudio del “registro fósil”, es posible comprender la naturaleza y la evolución de los organismos del pasado (Rubilar 2008, entre otros).

En Chile la protección de los fósiles desde la institucionalidad gubernamental se instauró en 1970 a través de la promulgación de Ley n°17.288 de Monumentos Nacionales, la cual vela por el resguardo, conservación y puesta en valor de todos los bienes protegidos definidos como monumentos nacionales por la legislación vigente en el territorio chileno. En el artículo n°1 de dicha ley se mencionan los diferentes elementos que son considerados monumentos nacionales:

“Son monumentos nacionales y quedan bajo la tuición y protección del Estado, los lugares, ruinas, construcciones u objetos de carácter histórico o artístico; los enterratorios o cementerios u otros restos de los aborígenes, las piezas u objetos antropo-arqueológicos, paleontológicos o de formación natural, que existan bajo o sobre la superficie del territorio nacional o en la plataforma submarina de sus aguas jurisdiccionales y cuya conservación interesa a la historia, al arte o a la ciencia (…). Su tuición y protección se ejercerá por medio del Consejo de Monumentos Nacionales, en la forma que determina la presente ley” (CMN, 2016: 13).

De esta manera cualquier hallazgo paleontológico queda automáticamente bajo la tuición del Estado, principal garante de su resguardo y protección a través de un organismo técnico2 denominado Consejo de Monumentos Nacionales (CMN en adelante). Dicha ley en el “Título V De los Monumentos Arqueológicos, de las Excavaciones e Investigaciones Científicas correspondientes” resguarda las piezas paleontológicas dentro del mismo título donde se enuncia lo correspondiente a piezas arqueológicas. También lo relacionado a la paleontología se enuncia en el artículo n° 31, el cual trata de los “Santuarios de la Naturaleza e Investigaciones Científicas”, donde se vela por resguardar los sitios terrestres o marinos que ofrezcan posibilidades especiales para investigaciones paleontológicas. En el año 2012, en Chile se aprueba el “Reglamento del Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental”, cuyo artículo nº 132 tiene relación con la regulación de los permisos para excavaciones de tipo arqueológicas, antropológicas y paleontológicas, velando así por la protección y conservación del “Patrimonio Cultural” de la categoría monumento arqueológico, donde se incluyen aquellos elementos con valor antropológico y “paleontológico”. De esta manera los hallazgos paleontológicos, además de poseer la categoría de monumentos nacionales por el solo ministerio de la ley, pasan a estar dentro de la categoría de Patrimonio Cultural de la Nación, aspecto fundamental para el abordaje teórico de la presente investigación.

En términos teóricos, Morales (1999) plantea la valoración del patrimonio paleontológico con base en tres criterios complementarios entre sí; criterios científicos (tipos de fósiles, edad, localidades tipo, diversidad de los fósiles, asociación con material arqueológico), criterios socio-culturales (situación geo- gráfica, extensión, didáctico, turístico, valor complementario, valor histórico), y criterios socio-económicos (valor urbanístico, valor minero, obras públicas). El criterio socio-cultural da cuenta de la diversidad de significaciones que las poblaciones pueden atribuir al patrimonio paleontológico, considerando que muchas veces los yacimientos paleontológicos se encuentran dentro de territorios habitados. Por ello es que el patrimonio paleontológico no sólo debe ser valorado por el criterio científico, comprendiendo que la sociedad – a pesar de sustentar su conocimiento acerca del pasado en la investigación paleontológica, y ejercer una demanda individual o colectiva por la divulgación de la producción científica acerca de este patrimonio en sus territorios –, puede simultáneamente interpretar y significar el patrimonio según sus intereses, los que pueden ser muy variados.

Un intento que da cuenta del acercamiento del patrimonio paleontológico a la sociedad es el planteamiento de la Paleontología social (González et al., 2011), cuyo objetivo es gestionar el potencial didáctico que tiene la paleontología para todos los niveles educativos (Castilla et al., 2006), como forma de comprender “la dimensión social” de la paleontología. De esta manera, González et al. (2011) señalan que:

“La paleontología social está sustentada en la propuesta de que las personas de una localidad comprenderán y valorarán mejor su origen cultural y tendrán una mayor noción de identidad si conocen y comprenden las complejas relaciones que se dan en el paisaje en una dimensión temporal amplia, por ejemplo, cómo era la vegetación, el clima, la fauna y cómo es la actual, y el rol de los seres humanos en el pasado (…)” (2011: 238).

En chile, paleontólogos han efectuado acercamientos a la temática del patrimonio paleontológico. Por ejemplo, Rubilar (2008) define al patrimonio paleontológico como un patrimonio natural no renovable, histórico (en el sentido que da cuenta de la historia de la vida en la Tierra) y científico-cultural, que en palabras del autor tiene relación con la idea de que “una comunidad de profesionales se dedica a su estudio, valoración, conservación y transmisión del conocimiento” (2008: 6). Otro de los discursos oficiales que existe con relación al patrimonio paleontológico es el discurso del Museo Nacional de Historia Natural (MNHN), el cual a través de una nota de prensa3 y por medio del curador del área de Paleontología de Invertebrados, define a la construcción del patrimonio paleontológico como el hecho de investigar y dar valor a los fósiles, considerando que este es rol del científico, contribuyendo a la construcción de identidad por medio de este tipo de patrimonio.

2.3. Territorialidad

Los yacimientos fosilíferos presentes en el río San Pedro, están situados en espacios biofísicos que se caracterizan por dos particularidades: por un lado, son espacios habitados por un alto porcentaje de población rural, lo que implica que los fósiles se encuentran situados en predios privados (PLADECO Los Lagos, 2013); por otro lado, los yacimientos además están situados en un “territorio del valle central de alto valor de conservación, que alberga parte importante de los ecosistemas de bosque nativo menos protegidos y más amenazados de la ecorregión valdiviana” (ibídem, 2013: 116). Estos espacios biofísicos se encuentran cargados de múltiples actividades humanas, de historia y de imaginarios (Ther, 2012).

De acuerdo a lo planteado por Rodríguez, Gissi y Medina (2015 338), el territorio, a pesar de tener por base la materialidad –el espacio, el entorno, lo físico, es meramente una cualificación asociada a la vida y a las acciones originadas en la reproducción biológica, social y cultural de las comunidades”. Esta cualificación es una construcción sociocultural del espacio, realizada por actores “que despliegan estrategias individuales/colectivas diversificadas sobre denominadores comunes (…) por lo que la territorialidad es un esfuerzo colectivo de ocupación, uso y control material, físico y simbólico (…), lo que constituye un producto histórico de los procesos sociales, políticos y de adaptación” (ídem, 2015). Por tanto, la territorialidad corresponde a la percepción que los sujetos tienen respecto de su entorno (Aceves, 1997). Percepción que resulta de la apropiación y valoración social que se hace de un espacio determinado, por lo cual “el territorio como concepto abarca entonces la dimensión del poder, en cuanto implica las prácticas de control y dominio sobre el espacio y una condición de circunscripción territorial que la expresa o simboliza” (García, 2006: 78).

De esta forma, comprendemos que “la relevancia del estudio del territorio como construcción social no reside exclusivamente en las formas materiales que lo conforman, sino también en los tipos de relaciones que se establecen entre observadores que conviven en el espacio con distintas lógicas y racionalidades, que lo dotan de sentido y, según esto, lo afectan y transforman” (Aliste, Díaz y Ther, 2015: 53). En esta investigación, la existencia de múltiples racionalidades y visiones de mundo desde donde se percibe el territorio y se hace propio, involucra a los yacimientos fosilíferos en tanto éstos se sitúan en espacios habitados, o cercanos a éstos, espacios que sostienen el accionar de sus propietarios y habitantes, así como también el accionar de determinadas instituciones y agentes con injerencia en el ámbito patrimonial, ambiental y del desarrollo, cuyas perspectivas respecto a los fósiles pueden converger o entrar en tensión.

2.4. Imaginarios Sociales

En tanto el concepto de patrimonio es permeado por las definiciones globales, producidas por los agentes de instituciones internacionales (e.g. UNESCO) y luego adoptadas por la legislación nacional u otros mecanismos articuladores, es una visión acerca de la realidad la que queda plasmada en dichas definiciones: el patrimonio como propiedad del Estado, necesario de ser protegido por medio del ejercicio de la Ley. De esta forma, un imaginario social, es decir una visión de mundo y una racionalidad acerca del patrimonio es aceptada y naturalizada entre los diversos sectores de la sociedad, mientras que otras visiones acerca de lo patrimonial pueden quedar subsumidas o bien son invisibilizadas. El concepto de imaginario social es entendido según lo postulado por Pintos (citado en Girola, 2012), quien señala la idea de que éstos se relacionan con las visiones de mundo, los que implican y generan mecanismos por los cuales un orden social llega a ser considerado por los individuos como algo natural, involucrando procesos simbólicos de legitimación social. Asimismo, trata sobre el estudio de las representaciones colectivas del mundo presentes en los discursos de los individuos en relación a lo que consideran como realidad, lo cual requiere que el investigador(a) se sumerja en el complejo mundo de lo simbólico y de las significaciones.

Es pertinente incorporar en el análisis de los imaginarios sociales el asunto del poder, dando cuenta de lo que M. Baeza ha señalado como imaginarios sociales dominantes e imaginarios sociales dominados, en referencia al monopolio o hegemonía que un imaginario puede alcanzar sobre otro(s). En palabras de Baeza y Silva (2009), “un imaginario social puede ser considerado como dominante sólo en la medida en que sus contenidos han sido naturalizados, por lo tanto, adoptados por el conjunto de la sociedad y transformados en habitus (…), y en mentalidad cuando dichos contenidos perduran por muy largo tiempo y devienen en estructuras mentales muy estáticas” (2009: 31). De esta forma, el campo simbólico existente en toda construcción e interacción social debe interpretarse como un espacio de lucha.

Ya que existen diversas formas de comprender la realidad y el mundo, surge también el interés por comprender los aspectos que constituyen dicha realidad a través de los discursos y prácticas de los sujetos, enfocando la lente especialmente en aquello que ha sido naturalizado. ¿Por qué proteger el patrimonio paleontológico? ¿Qué valores son potenciados en las definiciones oficiales, y cuáles son asignados por las poblaciones que tienen una relación directa o indirecta con éste? La realidad es construida en un escenario en el que están presentes diversos actores y grupos sociales, con sus respectivas múltiples visiones e imaginarios. Este aspecto permite que simultáneamente exista la posibilidad de que una construcción de la realidad se superponga a otras, por tanto es posible la interacción o bien la contradicción de visiones de mundo.

3. Antecedentes metodológicos

La investigación fue abordada desde un enfoque cualitativo y etnográfico (Guber, 2011), de acuerdo a una metodología cualitativa (Dávila, 1999), dado que la problemática de investigación centra la atención en discursos y prácticas sociales. Se escogió como estrategia metodológica el estudio de caso (Yin, 1989), el cual permite abordar las perspectivas que diversos actores sociales que habitan un mismo espacio geográfico tienen acerca del patrimonio paleontológico presente en el valle del río San Pedro. El alcance de la investigación es de tipo exploratorio, cuyos resultados buscan instalar un acercamiento hacia la actual resignificación del patrimonio paleontológico en el área de estudio, sin buscar generalizar los resultados obtenidos acerca de ella, ni ser entendidos como resultados absolutos y estáticos, puesto que la cultura en sí es dinámica, así como las realidades y prácticas sociales.

Los instrumentos de recolección de datos consistieron en 1) recolección de datos secundarios (Baeza, 2002) en relación al análisis de documentos diversos, 2) observación directa y observación participante en diferentes etapas de trabajo de campo, 3) entrevista semiestructurada y 4) entrevista etnográfica (Guber, 2011) por su potencial de ser aplicada en el marco de la observación participante. El tratamiento de los datos primarios recopilados fue realizado a través de la estrategia de análisis del discurso (Santander, 2011). A su vez, para el análisis de fuentes secundarias relacionadas con los valores y definiciones ‘oficiales’ del patrimonio por quienes las producen (instituciones y agentes) plasmadas a través de declaratorias y normativas legales, se empleó un análisis temático, el cual propone la captura de toda la variabilidad de posicionamientos posibles a propósito de un tema estudiado (Baeza, 2002). Para hilvanar los resultados de ambos análisis, se optó por la triangulación hermenéutica de los datos (Cisterna, 2005). El muestreo utilizado correspondió al tipo no probabilístico e intencionado, empleándose un muestreo por conveniencia (Sandoval, 2002). Se realizaron entrevistas a 5 habitantes de la comuna de Los Lagos quienes tienen conocimiento respecto a los yacimientos fosilíferos situados en las riberas del río San Pedro, entre ellos habitantes dedicados al turismo en torno al río San Pedro, un comerciante y un miembro de la Coordinadora de Defensa del río San Pedro. Esto en virtud de abordar en profundidad sus discursos, visiones y sentidos en torno al patrimonio paleontológico presente en el área de estudio.

4. Resultados y discusión

4.1. Sentidos locales: La flora fósil como interrelación entre los bosques del pasado, los bosques remanentes y el río San Pedro

Abordar los significados y usos que la población local le atribuye a los fósiles en el valle del río San Pedro, implica indagar en primera instancia en los aspectos territoriales de dicha dinámica, considerando la historia local que caracteriza a este territorio y a la memoria colectiva que se ha configurado. A partir de ello, podemos comprender los múltiples factores que influyen en la configuración de significados y valores, y los énfasis que los habitantes locales le brindan a cada uno de estos factores.

Las características físicas del territorio, abundante en ríos, lagos y bosques nativos, han posibi- litado la emergencia de diversos procesos político-económicos, y con ello la existencia de diversas transformaciones socioambientales y territoriales (Otero, 2006; Lara et al., 2012). Junto con los efectos materiales de dichas transformaciones, han sobrevenido otros efectos a nivel sociocultural. Por ejemplo, la transformación a nivel geomorfológico que ocasionó el terremoto de 1960 en la zona centro sur de Chile, afectó directamente a las dinámicas relacionales de las poblaciones locales, y a las relaciones humano-ambientales entre las poblaciones y su entorno natural (Moya y Vásquez, 2014; Vergara, 2017). La relación entre el bosque nativo y el río San Pedro, configurada durante el auge maderero del pasado siglo XX por las dinámicas laborales y relacionales de los habitantes, si bien ha sido transformada por los procesos de instalación de otros modelos económico-productivos, continúa en el presente. Dicha relación, que se anhela proteger, es significada por los habitantes de muy diversas formas, entre las que emerge actualmente el valor del patrimonio paleontológico presente en el territorio, un territorio que además se configura hoy como un sitio prioritario para la conservación de la biodiversidad de la Región de Los Ríos (PNUD-GEF, 2013).

“Recordemos la cantidad de fósiles que hay a orilla del río… y a lo largo de todo el río hay fósiles” (HABITANTE 1, 2015)


Los significados atribuidos por parte de los habitantes que residen en áreas cercanas a los yacimientos fosilíferos son diversos, ya que en ellos están implícitos diversos intereses y factores a su vez articulados con el contexto actual en el cual está inmerso el área de estudio. Los fósiles, cuyos estudios son escasos y poco difundidos entre la población, según los habitantes que tienen conocimiento al respecto, a primera vista corresponden a paleoflora, a hojas de árboles antiguos, y si bien desconocen el dato científico exacto asumen que se trata de hojas que han estado por miles o millones de años en los lugares donde han sido encontradas (Vergara, 2017). Para los habitantes, el fósil como hoja de un árbol antiguo significa que perteneció a bosque nativo antiguo, que antecede a la propia existencia de la especie humana, significa “que probablemente aquí se alimentó un dinosaurio con esta hoja o algo así” (Habitante 4, 2016). La flora fósil representa a su vez el pasado del propio paisaje habitado, por tanto, forma parte del paisaje pasado y actual, y “es que siempre va a ser así. O en algún momento fue, pero ahora está en forma fosilizada y uno recién lo está descubriendo” (Habitante 4, 2016). De esta manera, un factor territorial e identitario de la valoración de los fósiles añade un matiz a la valoración de la constante relación establecida entre los bosques nativos y el río San Pedro, y añade millones de años al paisaje habitado, lo que es tomado en cuenta a la hora de resignificar los yacimientos fosilíferos y su interrelación con los bosques remanentes ribereños y el río San Pedro.

La temática paleontológica emerge en los discursos, en gran medida, con relación a una problemática socio-ambiental que existe en el territorio: la instalación de una central hidroeléctrica en el río San Pedro (Colbún S.A., 2007; Jalabert, 2012; Coordinadora de Defensa por el Agua y la Vida, 2013; Contreras et al., 2016; Vergara, 2017). La transformación del entorno natural a causa de la instalación de dicha central, ha provocado entre la población de la comuna de Los Lagos y en varios otros sectores de la Región de Los Ríos un estado de alerta (desde el año 2007 momento en que la empresa presenta el proyecto a evaluación ambiental). Esta preocupación surge por eventuales cambios en el paisaje, particularmente en el área donde será emplazada la construcción, más allá de su área de influencia directa e indirecta. Emerge así un factor político de la valoración de los fósiles.

“De partida no va a afectar tan solo aquí, a nuestro predio, sino que a lo largo de todo el río San Pedro, y la comuna de Panguipulli y Los Lagos, Valdivia, todos van a ser afectados, pero de partida que construyan una represa sobre una falla geológica, ya estamos mal… Claro. No y con toda la destrucción que van a hacer ellos, no solo con los bosques nativos que hay en los contornos del río, recordemos que está el puma, el monito del monte, las especies protegidas, ellos van a destruir eso. Y más encima van a dejar los fósiles sepultados por siempre…” (Habitante 4, 2016).

Comprendemos que a los fósiles se les asignan significados particulares y de gran interés, son vistos y clasificados como un patrimonio no renovable, el que se vería directamente afectado ante cualquier situación que afecte el cauce del río San Pedro. Una de las razones por la cual se evidencia este interés es que la legislación y la normativa medioambiental chilena protegen este patrimonio y exigen una serie de requisitos a cumplir por parte de empresas que deseen construir en un sector con yacimientos fosilíferos, razón fundamental por la que los habitantes del valle del río San Pedro enarbolan un discurso crítico que pone en cuestionamiento la autoridad del CMN y su rol fiscalizador.

“El daño que van a hacer (…), entonces a ellos no les importa para nada eso. Y a lo que voy yo por qué por ejemplo Monumentos Nacionales, por qué no se pronuncia, es algo que ellos se supone están protegiendo. Dicen ‘oiga, hay un yacimiento ahí, usted no puede llevar eso, si quiere mírelo, sáquele fotos, pero no’. En otras palabras dice ‘deje eso ahí que nosotros vamos a permitir que (Empresa) destruya eso. Para no darlo a conocer a la población vamos a dejarlo inundado en agua, para que nadie vaya a ver eso’, entonces eso es un poco egoísta” (Habitante 1, 2015).

“Ahora, pensando en el tema del río, el río guarda mucho tema de fósiles, hay mucho… hay árboles petrificados, y hay tafoflora que son hojitas, improntas de hojas (…). Hemos llevado muestras, entregamos muestras en la Universidad Austral, las presentamos a Monumentos Nacionales, pero Monumentos Nacionales hoy en día cualquier cosa que tú le propongas no tienen plata” (Habitante 2, 2015).

La desconfianza que manifiestan los habitantes se justifica en que, a pesar de que los informes por parte de las instituciones y empresas se encuentran disponibles para la sociedad, no se ha generado una instancia en la cual se instruya a la población acerca de cómo obtener dichos informes, especialmente cuando se trata de poblaciones rurales.

“Muchas personas de Los Lagos saben de la existencia de los fósiles pero no es la mayoría. Generalmente los interesados por los temas se informan acerca de las actividades en torno a ellos (los fósiles). No existe una política comunal de educación, de vinculación directa con los fósiles o de masificación de sus contenidos en los distintos establecimientos educacionales de la comuna y el territorio” (Habitante 5, 2017).

Considerando que la posible construcción de una central hidroeléctrica en la zona es objeto de disputas para la poblaciones locales, a pesar de que la construcción no sea directamente sobre un yacimiento fosilífero, bajo la perspectiva de los habitantes éste sería afectado de igual manera debido a que existe una visión integradora del río San Pedro, como un garante del bienestar de todo lo que se relaciona con él, desde la fauna y flora, los seres humanos y las comunidades cercanas a éste, como también los fósiles que se hallan en sus riberas. Esta visión que le brinda un carácter interconectado a los elementos que configuran al territorio, y que podemos denominar como el factor ecológico de este patrimonio paleontológico, es lo que más se hace notar a través del discurso de los habitantes entrevistados y es ahí donde los fósiles, al ser parte del río y estar situados debajo de los bosques remanentes en algunos sectores, son puestos en valor con el fin de proteger los yacimientos, como el río mismo y su biodiversidad asociada.

“Los fósiles son los vestigios de tiempos pasados de nuestro territorio, obviamente se relacionan conel wazalafken y los bosques nativos, dado que como todo sistema vivo están conectados por la enormebiodiversidad existente en la zona, especialmente de flora que corresponde a la gran mayoría de hallazgosde fósiles” (Habitante 5, 2017).Otro de los significados que se

Otro de los significados que se puede identificar con relación a los yacimientos fosilíferos es el que le asignan habitantes que se encuentran directamente relacionados con el cauce del río. De esta manera los fósiles, para las actividades turísticas como el rafting, kayak y otros, constituyen un atractivo particular, poseyendo así dicha valoración un factor económico. A pesar de no ser el tema principal del turismo en el lugar, son un agregado que causa interés según los habitantes, razón por la cual quienes trabajan en torno al río San Pedro demuestran preocupación e interés por mostrarlos y explicar qué son a las personas que asisten a estas actividades.

“(…) Eso fue a partir del 2011 más menos, porque para ello postulé a un nuevo proyecto exclusivo para empresas de turismo y con ello visualicé comprarme un zodiac para navegar el río San Pedro, y ahí yo ya sabía que habían fósiles, dónde estaban y todo eso. Entonces para hacer más entretenido el viaje y que sea realmente grato y la gente se lleve una experiencia buena, empecé a mostrarle los fósiles y ellos se interesaron mucho, entonces los orillaba, veíamos los fósiles, sacaban foto, y todo eso para ellos es impresionante” (Habitante 4, 2016).

Lo anterior da cuenta de una situación en la cual se ve inmerso el patrimonio en los contextos actuales donde éste se ve influenciado por un factor económico, ya que al estar situados los fósiles en un área donde puedan ser visitados, se vuelven significativos tanto territorial como económicamente para quienes generan ingresos con actividades turísticas, razón de importancia no menor ya que esto puede potenciar el resguardo y mantenimiento de los yacimientos. El tema del turismo se ve estrechamente relacionado con el tema educativo (factor educativo), ya que son los mismos habitantes los que señalan la urgencia por poseer un conocimiento adecuado acerca de los fósiles para así potenciar su protección, y que se sigan manteniendo en su lugar sin ser alterados. Por esta razón es que los habitantes hacen hincapié en que los estudios que se han realizado retornen de una manera u otra a la comunidad para poder difundir la información, y de esa manera concientizar a la población en general, asegurando que cualquier plan que involucre a los yacimientos fosilíferos no los dañe y se sigan manteniendo para las generaciones venideras.

“El turismo y la educación son las principales actividades para la conservación, y también es provechoso para los territorios. Pero donde se debe profundizar es en lo educativo, principalmente de las personas más cercanas a los fósiles, dado que algunas personas no tienen idea de su existencia y viven a menos de 500 metros” (Habitante 5, 2017).

En síntesis, en el área de estudio se ha configurado un proceso social dinámico de atribución de significados, sustentado en una primera valoración de los fósiles desde la perspectiva científica, que da fundamento a la configuración de otros múltiples factores desde donde se les valora actualmente. No obstante, según los discursos de los habitantes, el factor científico, centrado completamente en su objeto de estudio, no se interrelaciona con los otros factores al no existir instancias de divulgación de la actividad científica en los territorios desde donde son encontrados los fósiles.


4.2. Fósiles y territorio: Hacia una visibilización de los sentidos locales

El análisis del discurso permite comprender que el proceso de significación de los fósiles por parte de los habitantes le añade una mayor profundidad temporal al territorio, la cual sin las improntas foliares que hoy se pueden observar en el lugar no podría generarse. La flora fósil es relacionada con los bosques nativos actuales que se encuentran en el área, representando la historia de estos bosques como propios del territorio, como también de especies que no existen actualmente. Considerando la existencia de una interrelación de elementos – geológicos, geográficos, ecológicos y socioculturales – dentro del territorio, en la cual se ven inmersos múltiples factores, según los habitantes los fósiles no son vistos como un aspecto aislado (de los bosques, de la fauna, de las comunidades, del río). Esta interrelación es la que para los habitantes entrevistados no es comprendida por los planes de gestión institucionales, ya que al separar los elementos que conforman al territorio no se puede proteger éste en su conjunto. A pesar de que los fósiles son por ley propiedad del Estado de Chile, para las personas que habitan los sectores colindantes a los yacimientos, éstos forman parte de sus territorios y esperan que sean debidamente protegidos, por lo que emerge en los discursos de los habitantes un reclamo: ante cualquier actividad que involucre a los fósiles la comunidad debe ser informada.

“Estos (fósiles) deben permanecer en el territorio y ser masificados en los distintos habitantes para lograr su conservación… Los fósiles son los vestigios de tiempos pasados de nuestro territorio” (Habitante 5, 2017).

“Es parte del territorio, la idea es cuidarlos y protegerlos para que no se conviertan en algo… Por ejemplo, que venga gente en forma indiscriminada a sacar y llevar a sus casas, eso no es para nada bueno” (Habitante 4, 2016).

El sentido de pertenencia al que aluden los habitantes al referirse a los yacimientos fosilíferos, serelaciona con el factor territorial de la valoración de los fósiles entre quienes habitan el espacio biofísicoen el que están situados los yacimientos. Dicho factor territorial se ve subordinado en aquellos contextosinvestigativos donde se hace uso de la extracción de los fósiles, lo que en los discursos es entendido como un rol extractivo de las universidades y de las empresas interesadas en los recursos naturales de la zona, lo que representa una amenaza para los yacimientos “por el canibalismo de las universidades y estudiosos, que principalmente guardan la mayoría de los fósiles y no retornan al territorio. Y también de forma muy importante con el mega-proyecto destructivo de la empresa” (Habitante 5, 2017). A lo anterior es pertinente agregar que, para algunos habitantes, los que poseen un contacto más directo con los yacimientos, los fósiles son fruto de inspiración para la interpretación del territorio. De esta manera la existencia de éstos permite imaginar cómo fue el territorio en el pasado y la diversidad de formas de vida que debió haber existido, quedando el registro en la piedra para poder verlo en el presente. Además, permiten entender e imaginar cómo se configura el territorio en la actualidad, considerando que a través de observación los habitantes pueden adentrarse en la geología del lugar, sin tener conocimientos previos, sólo con el observar su entorno.

“Pero es impresionante verlas. Yo sigo con la idea que es parecida a un arrayán, a la hojita del arrayán, bastante parecida…Claro, son como cordones. O sea sin ser un experto uno se da cuenta de eso, el mismo cordón que se ve allá, ese del medio, ese continúa y continúa y sigue. Y a veces uno pilla casi la misma pero más arriba, por ahí donde está el camino, cordones como ese. Pero como dicen va variando de edad, unos más antiguos que otros. Ese de arriba debería ser menos antiguo que el de por acá. Pero eso se nota, y uno cuando anda por ahí, yo por lo menos ahora siempre ando pendiente de eso, o donde veo ese tipo de roquita ya sé más menos dónde puede haber y cuál no tiene, o sea uno aprende solo. No es que le hayan dicho a uno este es así o asá. Pero a uno cuando le dicen algo sobre otra cosa va aprendiendo igual” (Habitante 3, 2016).

La cita anterior resalta la importancia que tienen los yacimientos fosilíferos, ya que permiten que la población interprete la posible estratigrafía de la zona como también la litología, generando así un aprendizaje autónomo a través de la observación directa y el conocimiento del territorio. A esto se suma el conocimiento específico sobre la flora actual y el reconocimiento de fósiles con apariencia similar.


Los habitantes entrevistados que tienen conocimiento acerca de los yacimientos fosilíferos, pese a criticar la gestión institucional involucrada con el manejo y uso de los fósiles que están presentes en su territorio, no se encuentran en una posición hermética. Por el contrario, resaltan la necesidad de acercar el conocimiento científico a la población local, y que la información obtenida en investigaciones no sólo sea presentada al CMN, por un aspecto muy particular y sobre todo esencial: entre los habitantes entrevistados existe la noción colectiva de que la comunidad es la que está en contacto directo con los yacimientos fosilíferos, razón por la cual son los principales responsables de su cuidado. Aunque las poblaciones locales no posean una infraestructura idónea para la correcta conservación de los fósiles, como los museos o universidades, se comprende que lo que se anhela poseer son los conocimientos que los fósiles pueden develar acerca del propio territorio. Es, primero que todo, la divulgación de la información como herramienta para lograr de forma colectiva y consciente la preservación del yacimiento fosilífero presente en el río San Pedro.

Considerando lo anterior, lo postulado por Aliste, Díaz y Ther (2015) tiene sentido en esta investigación, puesto que más allá de la configuración material del territorio, éste es dotado de sentido y significados por parte de los habitantes forjando así sentimientos de pertenencia e identidad a través de las diferentes interpretaciones que tienen los sujetos en torno al lugar que habitan, configurándose a su vez relaciones de poder, tal como explica García (2006), las que se ven reflejadas en la demanda de la población local y la gestión de las instituciones encargadas del patrimonio paleontológico.

4.3. El necesario retorno de la información a los territorios

A partir de lo anterior, podemos señalar que este tipo de patrimonio es un término en disputa entre el discurso oficial emanado por la legislación, la academia, una de las instituciones encargadas de velar por su preservación y la perspectiva de la población local. En primer lugar se encuentra la Ley nº 17.288 que considera a los fósiles como propiedad del estado de Chile por el solo ministerio de la ley. A esto se puede agregar lo postulado por Rubilar (2008), González et al. (2011) y el Museo Nacional de Historia Natural (2016) quienes dentro de la clasificación que realizan acerca del patrimonio paleontológico, le confieren la cualidad de ser un elemento forjador de identidad a través del quehacer científico.

Considerando en esta investigación el criterio socio-cultural del patrimonio (Morales, 1999), es que identificamos que con el concepto de paleontología social enunciado por González et al. (2011) se genera un reduccionismo conceptual donde el patrimonio paleontológico es delimitado para el ámbito pedagógico, ya que invita a los ciudadanos a conocer este patrimonio, incorporando la “ciencia” como vehículo de conocimiento. De esta manera se resalta la labor de las ciencias paleontológicas en la construcción de identidad, sin considerar los sentidos locales ni los significados que le asigna la población a los yacimientos fosilíferos, que pueden haberse configurado con anterioridad a los estudios paleontológicos4. De esta manera se posiciona el científico, en este caso el paleontólogo, en una relación asimétrica con la comunidad y la realidad local. Es decir, los aspectos socio-simbólicos relacionados con los fósiles, al no tener cabida dentro del método científico por ser culturalmente configurados (y por ello dinámicos), pasan a ser obviados en cuanto a la gestión del patrimonio paleontológico. Por su parte, lo planteado por Rubilar (2008), quien define al patrimonio paleontológico como “científico-cultural” entre otros criterios, permite visualizar que a pesar de que en la paleontología se está manejando y utilizando el concepto de patrimonio, se está reduciendo a la vez, ya que lo encasilla únicamente como parte de la ciencia, obviando e invisibilizando lo que la comunidad puede decir acerca de este patrimonio. Asimismo, existen instituciones que poseen discursos respecto al quehacer paleontológico, como el discurso enunciado por el MNHN, según el cual el patrimonio paleontológico involucra sólo el rol del científico en su manejo y estudio.

Por otra parte, a través de los datos recopilados en esta investigación, podemos dar cuenta de una diversidad de significados y visiones que existen en torno al patrimonio paleontológico, a partir del discurso de algunos habitantes del valle del río San Pedro. En el contexto de estudio, el campo simbólico en el que están inmersos los significados y valoraciones del patrimonio paleontológico deja entrever la superposición de la valoración que las definiciones oficiales y quienes la producen instauran acerca de este patrimonio, desde una perspectiva científica y también política. Dicha superposición se sitúa sobre otros tipos de valoración y significados que los grupos sociales pueden atribuirle, como aquéllos identificados en esta investigación. En este sentido, en algunos puntos dichos significados y visiones acerca del patrimonio paleontológico llegan a dialogar con el conocimiento construido por el quehacer científico, pero bajo el punto de vista de los actores locales, este último continúa imponiéndose sin dar cabida a aspectos simbólicos, paisajísticos, económico-productivos e identitarios que hoy en día son asignados a la flora fósil por parte de algunos habitantes. Lo anterior considerando lo dinámico que es la construcción social del patrimonio, sobre todo en territorios que evidencian disputas entre determinados sectores, por procesos como la potencial transformación del río San Pedro por la instalación de una central hidroeléctrica, donde lo patrimonial puede tomar diversos matices y ser sobre todo importante para las poblaciones locales, tanto como para quienes oficialmente se abocan a su estudio y protección.


5. Conclusiones

A pesar de que los fósiles en Chile se encuentran protegidos por la Ley nº 17.288 y pertenecen al Estado de Chile, las poblaciones locales adyacentes a los yacimientos fosilíferos atribuyen significados y valoraciones diversas, en este caso, a los fósiles correspondientes a improntas de hojas presentes en las riberas del río San Pedro. En esta zona geográfica los significados acerca de los fósiles actualmente se ven moldeados por diversos aspectos contextuales, tales como el auge turístico, la posible instalación de una central hidroeléctrica y el aspecto educacional. A esto se suma el sentido de pertenencia de los yacimientos fosilíferos por parte de los habitantes, lo que es configurado socioculturalmente por aspectos territoriales, razón por la cual quienes poseen conocimiento acerca de estos fósiles y que además habitan en lugares próximos a los yacimientos, anhelan una mayor injerencia en cuanto a las actividades que involucran al patrimonio paleontológico. Lo anterior se logrará, según señalan los habitantes, a través del diálogo adecuado y simétrico entre la comunidad y las instituciones encargadas de gestionar o estudiar los fósiles, generando así una colaboración fructífera entre las partes interesadas por el bien del propio patrimonio, y por la pertinencia territorial con la que requiere ser abordado.

Para concluir, invitamos a generar una reflexión respecto a la forma en que se está abordando la noción de patrimonio en las ciencias paleontológicas y la dimensión social de la paleontología, refiriéndonos particularmente al concepto de Paleontología Social, concepto que resulta amplio y que requiere de un abordaje científico-social apropiado. Nuestra reflexión hace referencia a dos aspectos que, consideramos, merecen una revisión: 1) Dicho concepto (paleontología social) toma en consideración sólo la perspectiva de los científicos quienes con su quehacer pueden impulsar a la población a tener una mayor noción de identidad, o una mayor comprensión de su origen cultural, sin tomar en cuenta los complejos procesos de construcción de identidad cultural por los cuales los grupos sociales e individuos se definen a sí mismos y se diferencian de la alteridad, proceso que además no es estático; 2) Dicho concepto en su aplicación obvia la historia local de los territorios en los cuales se sitúan los yacimientos fosilíferos y no se refiere a otras formas de comprender la realidad; por el contrario, enfatiza la valoración del método científico como forma de acercamiento a la realidad, no dando cabida a otras representaciones, imaginarios y significados de los fósiles que pueden contribuir a la protección de los yacimientos. Esta forma de desarrollar una dimensión social de la paleontología no contempla tales procesos sociales de construcción de identidad local y de territorialidades, que en el caso del valle del río San Pedro han conducido a un actual proceso de resignificación del patrimonio paleontológico que antecede a la educación patrimonial como estrategia de valoración del patrimonio por parte de la sociedad.

Finalmente, proponemos prestar atención a la necesidad de diálogo entre el saber científico, el saber local y la gestión institucional en el territorio de estudio. El abordaje de lo anterior puede ser desarrollado en futuras investigaciones como ésta, la primera que profundiza en los significados que los habitantes del valle del río San Pedro le atribuyen a este tipo de patrimonio presente en sus territorios. Y la primera que incorpora una perspectiva etnográfica en torno a la relación que se forja entre la comunidad local y el patrimonio paleontológico en el sur de Chile.

Agradecimientos

Los autores y autoras agradecen a las personas de las distintas localidades de Los Lagos y de Valdivia que fueron entrevistadas, a ONG POLOC y al Magíster en Paleontología de la Universidad Austral de Chile, y a Germán Montoya-Sanhueza por su valiosa colaboración.

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Notas

1. La presente investigación constituye un abordaje en mayor profundidad acerca de uno de los resultados obtenidos por la antropóloga Francisca Vergara, en el marco de su tesis de grado denominada “Bosques australes y Sustentabilidad: Una aproximación etnográfica a los significados del bosque nativo en el valle del río San Pedro, Región de Los Ríos” (2017).
2. Entre las atribuciones y deberes del CMN se encuentra el conceder los permisos o autorizaciones para excavaciones de carácter paleontológico en cualquier punto del territorio nacional.
3 “Construir patrimonio paleontológico: Un desafío vinculado a la investigación, la identidad y el sentido de pertenencia”, nota área de paleontología 25/05/2016. Recuperado de http://www.mnhn.cl/613/w3-article-59929.html
4. A esto se suma la invisibilización de los contextos culturales particulares de cada localidad, donde en casos como menciona Carrasco (2013) el patrimonio es algo que ni siquiera está en la palestra considerando que existe otras demandas y problemáticas más urgentes.

Notas de autor

* Antropólogo Sociocultural, Universidad de Concepción. Magister en Paleontología, Universidad Austral de Chile; E-mail:jorge.camposmedina@gmail.com
** Antropóloga Sociocultural, Universidad de Concepción. Estudiante de Magister en Ciencias Sociales, Universidad de Los Lagos; E-mail: franverggara@gmail.com
*** Antropóloga, Magister en Arte y Patrimonio, Universidad de Concepción; E-mail: andreaecheverriaparra@gmail.com
**** Geógrafo, Universidad de Chile. Socio de ONG POLOC; E-mail: patricio@poloc.org.
***** Doctorado en Ciencias Forestales, Académica Instituto Ciencias de la Tierra, Facultad de Ciencias, Universidad Austral de Chile; E-mail: anaabarzua@uach.cl
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