ARTÍCULOS
Apuntes metaoperacionales A2
Metaoperational notes A2
Apuntes metaoperacionales A2
marcoELE. Revista de Didáctica Español Lengua Extranjera, núm. 35, 2022
MarcoELE

Recepción: 04 Julio 2022
Aprobación: 15 Julio 2022
Resumen: El siguiente trabajo es una continuación del propuesto anteriormente (2021a, https://marcoele.com/apuntes-metaoperacionales), donde proporcionábamos una serie de apuntes de clase preparados para diferentes cursos de grado universitario y situados en un nivel A1 del MCER. Aquí igualmente aplicamos el método de análisis enunciativo metaoperacional a otros operadores gramaticales y léxicos, ubicados prevalentemente en el nivel subsiguiente, A2. Introducimos además un nuevo concepto, el de construcción de la relación gramatical. Este puede permitir, en nuestra opinión, simplificar la exposición teórica del modelo y así pasar a una aplicación didáctica práctica suya más viable.
Palabras clave: enunciación, gramática metaoperacional, teoría de fases, rema y tema, lingüística didáctica.
Abstract: The following work is a continuation of the one previously proposed in Laurencio (2021a, https://marcoele.com/apuntes-metaoperacionales), where we provided a series of class notes developed for different university undergraduate courses, at a CEFR A1 level. Here we apply the method of metaoperational enunciative analysis to other grammatical and lexical operators as well, set at an A2 level. We also introduce a new concept of construction of the grammatical relationship. It may allow, in our opinion, to simplify the theoretical exposition of our model and thus move on to a more feasible practical didactic application of it.
Keywords: enunciation, metaoperational grammar, theory of phases, rheme and theme, didactic linguistics.
1. INTRODUCCIÓN
Constituyendo este trabajo una prosecución del que ya presentáramos en Laurencio (2021a), valen por tanto aquí las mismas consideraciones ya hechas preliminarmente allí, para las cuales remitimos a él. En cualquier caso, la consultación de estos apuntes prevé una consultación previa de aquellos, en cuanto retomamos algunos conceptos expuestos allí sin discutirlos ulteriormente, como pongamos el de variables contextuales.
Si allí presentábamos el modelo teórico enunciativo metaoperacional, con el que intentamos analizar los fenómenos lingüísticos, centrándonos en varios operadores ubicados en un nivel A1 del Marco Común Europeo de Referencia, aquí nos adentramos en un nivel A2. No dejamos, sin embargo, de tomar o retomar en consideración algunos operadores de A1, llegando incluso a tocar en algunos casos un nivel B1. Los motivos son varios. Uno es completar parcialmente el trabajo anterior (Laurencio 2021a), con el que este se articula. Otro es tratar estos contenidos desde la óptica más específica que adoptaremos aquí, la de la construcción de la relación gramatical. No por último, proporcionar una oposición eficaz entre operadores lingüísticos que nos permita apreciar mejor su funcionamiento. Por otra parte, sobre la necesidad eventual de subvertir en ocasiones el orden de suministración de contenidos gramaticales, remitimos igualmente a lo ya planteado en el trabajo que antecede (Laurencio 2021a: 2).
Muchas de las ideas aquí presentes, a excepción de la de construcción de la relación gramatical, se hallan expuestas con mayor detalle en diferentes obras propias, a las cuales remitimos para eventuales profundizaciones. Cosa que justifica por otra parte la abultada presencia de entradas bibliográficas de trabajos de autoría personal. Toda referencia a trabajos de otros autores, de ámbito no metaoperacional, que han inspirado algunas de las ideas con las que aquí trabajamos, podrán hallarse en estas entradas.
De modo similar al trabajo anterior, organizamos el contenido por medio de fichas de operadores. Si bien algunos operadores aparecen a primera vista “solos”, en el desarrollo de cada tema siempre se realiza una comparación con otros operadores que se encuentren con ellos en relación de par mínimo. Esta relación puede ser cambiante. Así, en ocasiones el imperfecto podrá ponerse en oposición al indefinido, pero en otras, con el presente. En el caso de cada operador, remitimos asimismo al tratamiento que se le da en el Plan Curricular del Instituto Cervantes (2006) y en tres manuales de ELE, Aula Internacional (Corpas et al.2013, 2015, 2018), Aula Internacional Plus (Corpas et al.2019, 2020, 2021) y Bitácora (Sans et al. 2011, 2016, 2017). Los ejemplos utilizados, tomados de obras televisivas y cinematográficas, intentan ser lo más ilustrativos posibles del fenómeno explicado. Intentamos a su vez que no contengan expresiones o fenómenos gramaticales que se salgan de alcance para el nivel previsto para tal fenómeno. Esto, sin embargo, no siempre ha sido posible. No está de más recordar, sin embargo, que cabe igual tratarlos como meros exponentes sin detenerse en un análisis pormenorizado suyo (cf. Instituto Cervantes 2006 A: 74-75).
Añadimos un último apartado, Cuestiones comunicativas, donde nos detenemos en un primer esbozo de descripción de inadecuaciones pragmáticas de oraciones que resultan correctas en cuanto tales mas no en cuanto enunciados. O sea, si bien pueden considerarse oraciones correctas, resultan enunciados mal formados (cf. Culioli 1999: 129). Es necesario siempre tener en mente que la enseñanza de una lengua debe permitir producir un enunciado que se adecúe a la situación comunicativa, o sea donde la intención que se intenta comunicar no produzca inadecuaciones pragmáticas (cf. Miquel 2018: 9). En fin, respecto a tal consideración, nos parece útil integrar en la didáctica de lenguas las implicaciones de ciertos modos “alternativos” de decir las cosas evitando etiquetarlos como errores, aun si bajo cierta óptica puedan resultar tales. Esto, de cara al objetivo final de los apuntes, de elaborar a partir de los análisis propuestos secuencias y explotaciones didácticas que intenten recrear un modelo de interacción comunicativa que llevar al aula.
2. RASGOS FASUALES
Ya en la entrega anterior (Laurencio 2021a: 4-5) reportamos una serie de características que presentan los distintos elementos lingüísticos según la fase en la que operen o vengan a posicionarse. Complementamos aquella lista con otras propiedades de estos operadores que hemos podido discernir en nuestra propia investigación. Así, a lo largo de esta entrega, intentaremos abordar el análisis de cada operador concentrándonos precisamente en tales propiedades. Son sustancialmente tres, íntimamente relacionadas: construcción de la relación gramatical, posición del foco, identificación del valor ilocutivo.
2.1. CARACTERÍSTICAS DE LA FASE I
- la relación gramatical se construye en concomitancia con el acto enunciativo;
- como el dato se emplaza en el discurso respecto a sí mismo, el foco informativo se encuentra sobre esta pieza o elemento en fase I;
- el valor ilocutivo interpretable o inferible se concentra sobre el propio dato o elemento en fase I, o gira en torno a él.
2.2. CARACTERÍSTICAS DE LA FASE II
- la relación gramatical aparece ya construida o se da como tal, puede también tratarse de una relación preconstruida;
- como el dato se maneja para apuntar a otros datos, el foco informativo se encuentra fuera de esta pieza o elemento en fase II:
- el valor ilocutivo interpretable o inferible, por ende, se encuentra fuera del elemento o del conjunto en fase II.
3. CONCEPTOS CLAVE
3.1. RELACIÓN GRAMATICAL
Imaginemos un juego: que intentamos adivinar qué lleva alguien en su bolso. Una condición es que no tengamos una relación previa con la persona, pues no debemos conocer detalles sobre su vida o sus hábitos. Puestos entonces a adivinar, podemos enunciar Llevas el móvil pero también Llevas un móvil. En cambio, con alguna otra cosa, como por ejemplo perfume, podríamos enunciar Llevas un perfume o también Llevas perfume, pero no Llevas el perfume.
En principio, según un orden de aparición contextual, dado por un orden lógico y cronológico de emplazamiento de los datos en el discurso (véase § 5.6 Encadenamiento de las operaciones de emplazamiento, en Laurencio 2021a: 8), habría que partir de un móvil para luego, una vez asumido el dato en el discurso, manejarlo en operaciones ulteriores como el móvil. O sea, que enunciando de entrada el móvil estamos violando tal orden o encadenamiento. A este punto, una de las preguntas posibles que surgen es por qué no puede violarse con perfume.
Presentando una información configurada como el móvil, estamos echando mano de una relación gramatical, de tipo nominal, preconstruida. O sea, en algún momento anterior, a lo largo de los últimos años desde la invención del celular, se ha ido negociando el hecho que ahora resulta adquirido: el que en nuestra cultura actual sea normal, y se podría decir que hasta obligatorio, llevar uno. Esto permite que no tengamos que construir esa relación nominal cada vez que hablemos de tal objeto. La relación ya está servida ahí para disponer de ella siempre y cuando convenga. Con perfume, en cambio, no presuponemos que todos llevemos uno, por lo que la relación es necesario construirla, hacerla disponible, si decidimos hablar de ella.
3.2. FOCO ENUNCIATIVO Y VALOR ILOCUTIVO
Siguiendo con el caso visto en el acápite anterior (§ 3.1), al ser o representar un móvil una pieza instanciada en relación consigo misma, normalmente el foco se pone en tal pieza. Lo que importa, enunciativamente hablando, es establecerla. La intención comunicativa mayor está en informar tal pieza y no otra, o inquirir por ella, dentro de un paradigma libre de diversos objetos enunciables como formantes parte del contenido del bolso que se intenta adivinar. Con el móvil, en cambio, si bien en ciertos contextos, como precisamente este del adivinar contenidos, puede constituir una estrategia de mera información o establecimiento de un dato, lo normal es que sirva para poner el foco fuera del conjunto nominal en sí, de manera que se puedan hacer pasar otras informaciones en referencia a tal sintagma bloqueado.
Esto es lo que se puede apreciar en las siguientes dos muestras. En (1), ante la imposibilidad de brindar una relación nominal preestablecida para aclarar lo que lleva medio oculto por una sábana, el enunciador no puede sino construir la relación [llevar + disfraz]. El artículo indeterminado será el medio que le sirva a tal efecto, produciendo {(llevo) un disfraz}, con elipsis del verbo. En (2), en cambio, al enunciar {(llevo) la capa de hipnotizador}, quien enuncia hace referencia a una prenda que lleva puesta, por lo que da como adquirida discursivamente la relación nominal a partir de ello, pero no solo. Precedentemente, han hecho una apuesta, a que Carlos logrará hipnotizar a las chicas, lidereadas aquí por Maika. Por tal razón, la pieza capa de hipnotizador se recupera a partir de tal presupuesto, y se bloquea la referencia a ella para hacer pasar otros datos, como por ejemplo que Carlos es un verdadero hipnotizador, visto que lleva una capa y todo. De modo parecido, pero no exactamente igual, pasa con cromos y con gusanos, piezas negociadas anteriormente como trofeos del que gane la apuesta. Aquí se hace tan solo referencia, por medio de {los cromos} y de {los gusanos}, a esa relación ya construida en un momento discursivo anterior.
(1) Mercedes: [le abre a puerta a Carlos, que entra corriendo con al hombro algo envuelto en una sábana] –Oye oye oye, ¿qué es eso? ¿Qué llevas ahí?
Carlos: –Un disfraz. (Cuéntame, 93, 00:48:24)
(2) Maika: –¿Qué llevas ahí?
Carlos: –La capa de hipnotizador. ¿Habéis traído los cromos?
Maika: –Sí, ¿y tú, los gusanos? (Cuéntame, 42, 00:58:56)
3.3. OBJETO PERFILADO
Un objeto perfilado es una pieza configurada como informativamente autónoma del todo, por lo que no depende en ningún modo de otra para ser interpretada a cabalidad. Por otra parte, un objeto parcial, dependiente o subordinado, requeriría de otro objeto para que la frontera se cierre, de modo que la información pueda ser interpretada cabalmente (Laurencio 2019a: 281-282). Una pieza perfilada, en fin, contiene instrucción no solo sobre la información en sí, como sucede con el morfema de presente simple del indicativo, sino además sobre el completamiento o realización completada del evento designado.
Morfemas verbales que presentan tales características en español serían el de pretérito indefinido y el de participio. Es por ello que tales morfemas provocan la interpretación de hecho acaecido, el cual se interpreta a su vez automáticamente como ubicado en el pasado, lo cual no quita que pueda colocarse también en el futuro (para la llamada interpretación anticipativa del indefinido, véase RAE, ASALE 2009: 1738; véase también Laurencio 2017: 70). Solo a una interpretación presente parecen en todo caso resistirse. Téngase en cuenta, por otra parte, que un morfema como el de presente permite cualquier interpretación temporal, al manejar un evento verbal que puede ubicarse lo mismo en el presente que en el pasado o en el futuro. A este último comportamiento no escapan tampoco tiempos verbales como los llamados futuro sintético y futuro analítico, que en un final de cuentas contienen en su estructura un morfema de presente, y como tal actúan (cf. Laurencio, en preparación).
4. FICHAS DE OPERADORES
4.1. UN / -S
Nivel A1.1, un (cf. Instituto Cervantes 2006 A: 114; Corpas et al. 2013: 41; Corpas et al. 2019: 37; Sans et al. 2011: 37; Sans et al. 2016: 134).
Nivel A1.1, -s (cf. Instituto Cervantes 2006 A: 111; Corpas et al. 2013: 29, 41; Corpas et al. 2019: 37; Sans et al. 2011: 37-38, 50).
Determinábamos en la entrega anterior (Laurencio 2021a: 9) que por medio del artículo indeterminado se individualiza un referente, es decir se hace referir una noción a un individuo. Esto permite operaciones como el establecimiento de un referente discontinuo (o también presentado como tal), la caracterización del referente o individuo, y asimismo su singularización o cuantificación al singular. O sea, la operación de individualización se desarrollaría básicamente en dos vertientes o tipos de operaciones: la de caracterización, en la cual un tiende a formar un conjunto con el complemento del nombre, y la de cuantificación, en la cual un incide sobre el nombre mismo. En esta última operación, (1), un entra en relación de par mínimo con el operador -s, (2), el cual permite la pluralización o cuantificación al plural. Ambos operadores posibilitan así construir una relación nominal de cuantificación. Además de la de individualización que ejecuta por su parte un.
(1) Carlos: –Que sí, Karina, que… que ya, que se ve una luz, ¿pero luego qué más? (Cuéntame, 130, 00:02:10)
(2) Director de escena: –Fuera luce.. Arriba telón. (Cuéntame, 235, 00:11:47)
En esta relación de par mínimo, el operador de pluralización puede adquirir algunos rasgos de fase II respecto al operador de singularización. El principio lógico es el que sigue: la cuantificación de más unidades se debe basar en la identificación de al menos una unidad. Esta identificación de al menos una unidad actuaría como una fase I con respecto a la referenciación, ulterior, de fase II, de varias unidades. O sea, mientras que el operador un permite construir una relación nominal de individualización y/o de cuantificación y el operador -s una de cuantificación, este último puede trabajar además con una relación de cuantificación ya construida precedentemente (cf. Laurencio 2021b: 503-504). Así, gracias a esta perspectiva, se pueden entender algunos usos del operador de plural, con el cual no se apunta a la pluralidad del dato en sí, sino a inferencias varias más allá en relación a este. En la muestra a continuación, (3), la enunciadora implementa una estrategia de rechazo de una puesta en relación nominal, que no admite, precisamente mediante el recurso a esta pluralización anafórica.
(3) Herminia: –Mira, mira. Van en sostén.
Mercedes: –Que no es un sostén, es un bikini.
Herminia: –Se llamará como se llamen, pero para mí son sostenes y bragas. Cualquier día van con el pecho al aire. (Cuéntame, 3, 00:13:12)
Veíamos igualmente en Laurencio (2021a: 9-10) casos en los que se utiliza el artículo cero porque lo que interesa es concentrarse en la noción. Un caso tal sería la expresión de pertenencia a una clase, función comunicativa en la que se construye una relación verbonominal para aportar o inquirir datos personales como la profesión, (4). Veíamos, además, que al aparecer un adjetivo cualificando al sustantivo suele aparecer asimismo un artículo, como en (4’). Esto debido a que para la negociación de la caracterización de un nombre es necesario individualizarlo, operación de la que se encargaría el artículo.
(4) Fernando: –Es que mi padre también es Ø abogado. (Aquí, 4/1, 00:38:49)
(4’) padre de Fernando: –Fernando, es una abogada estupenda, no se le entiende absolutamente nada, hhh. (Aquí, 4/1, 00:39:55)
Esto no significa que una secuencia como ser + artículo indeterminado + nombre de profesión, sin adjetivo, o sea un paradigma de enunciado como Es un profesor, sea imposible en español (cf. Garachana 2018: 108-109). El artículo indeterminado permite individualizar, o sea seleccionar un individuo para indicar algo sobre él. En el caso de este operador, básicamente para indicar o bien una cuantificación o bien una caracterización del individuo (cf. Laurencio 2021b: 501). Esta operación se hace necesaria en varios lances o funciones. Una, por ejemplo, cuando necesitamos identificar a un individuo, utilizando para ello un dato cualquiera, como puede ser la profesión, (5). En tal caso, no se está informando exactamente de la profesión del individuo, para lo cual debería enunciarse Es cantante, con artículo cero, sino que sobre la base de tal dato se procede a su identificación. Otra función posible es cuando se apuntan a datos más allá que derivan de la noción manejada, como en (6). En este caso, de modo parecido, no se informa la profesión, que Diana sea atleta, sino que se apunta a otros datos, implícitos o explícitos, que derivan de su ser atleta, como aquí, el que no necesite ayuda para llegar a su cuarto a pesar de ir en muletas con un pie enyesado.
(5) Fernando: –Eh, esto es la cocina.
Madre de Fernando: –Ahhh, muy moderno. Así todo junto. [señalando a un cuadro en la pared] ¿Y eso?
Fernando: –Es un cantante, mamá.
Madre de Fernando: –Ah, claro, Camilo Sesto. (Aquí, 4/1, 00:33:43)
(6) Antonio: –De verdad, qué caída más tonta.
Diana: –Sí. ¡Buenas noches!
Mercedes: –¿Puedes o no? ¿Te ayudo?
Antonio: –Sí puede, mujer, si es una atleta. Despacito, hija. Eso es. Muy bien. (Cuéntame, 402, 00:05:01)
Un modelo teórico debería explicar lo que pasa, no con una explicación uso por uso, sino idealmente con una explicación que abarque todos los usos, recreando lo que sucede en cada uno. Para el caso del artículo indeterminado, debería explicar por qué puede aparecer en enunciados como Es un profesor, a pesar de las intuiciones de muchos hablantes sobre que no es así, o por qué debe aparecer en enunciados como Es un profesor estricto, o por qué aparece con ciertos adjetivos con denotación negativa, Es un tonto, etc. Por lo pronto, tomar en cuenta esta realidad de la lengua nos permitirá más adelante analizar las consecuencias enunciativas, y por ende de alcance pragmático (véase § 5), que puede tener el enunciar algo como Es un profesor, oración que si bien constituye un enunciado mal formado en la función comunicativa de expresar la profesión, es uno bien formado en la implementación de otras funciones.
4.2. GUSTARLE
Nivel A1.1 / A1.2, gustarle (cf. Instituto Cervantes 2006 A: 113, 115, 122, 138, 141; Corpas et al. 2013: 65; Corpas et al. 2019: 79; Sans et al. 2016: 85-86, 170; Sans et al. 2017: 177).
Por medio de este operador verbal se implementan operaciones de puesta en relación de distinto signo a la vez. El elemento del que decimos que nos gusta se coloca, en contextos de establecimiento o restablecimiento de tal dato, hacia la derecha de la cadena discursiva, o sea tras el verbo. Tal dislocación a la derecha constituye una posición remática que permite, precisamente, establecerlo o restablecerlo, o sea construir la relación. Este elemento se presenta sin embargo, a su vez, como fruto de una operación de selección previa, entre ítems de un paradigma dado. Proviene en sí, por tanto, de una relación ya construida, de lo que resulta huella el uso del artículo determinado.
Este elemento funge además de sujeto de la oración, lo que da mayor relieve a la mentada dislocación. O tal vez haya que explicarse esta dislocación como un recurso disponible para rematizar un dato que por otro lado aparece ya preconstituido. Si se compara con el inglés like, se verá que aquello de lo que se dice que nos gusta se configura como complemento de objeto directo. Tal complemento, al menos en principio, o sea en contextos de establecimiento del dato, aparece igualmente en posición remática tras el verbo (cf. Laurencio 2014: 38). En otro orden de ideas, al fungir de sujeto este elemento en español, el operador gustarle conjugado concuerda con él en persona y número, como se puede apreciar a continuación en (2) respecto a (1).
(1) Felipe: –¿Te gusta la bici?
Belén: –Sí, sí sí, en-en todas sus vertientes, la… la de paseo, la-la estática… (Aquí, 28/3, 00:41:43)
(2) Mauri: –¿Y por qué no quieres venir, si se puede saber?
Fernando: –Porque no me gustan las bodas, Mauri. (Aquí, 30/3, 00:21:57)
4.3. MUCHO / TANTO, MUY / TAN
Nivel A1.1, mucho / muy (cf. Instituto Cervantes 2006 A: 118, 127; Corpas et al. 2013: 41; Corpas et al. 2019: 51; Sans et al. 2016: 99).
Nivel A2.1, tanto / tan (cf. Instituto Cervantes 2006 A: 119, 145-146; Corpas et al. 2015: 41; Corpas et al. 2020: 61; Sans et al. 2011: 166; Sans et al. 2016: 136).
Por medio del complemento adnominal cuantificador mucho el enunciador construye una relación, entre este atributo y un nombre, con objeto de cuantificar a este último. Al ser un elemento que adscribe una información al nombre, viene a concordar con este, en género y número, (1), (2), (3), y (4), lo cual constituye huella de la selección que hace de tal nombre.
(1) Belén: –Bueno, yo me voy, eh, mucha suerte. (Aquí, 10/2, 00:35:25)
(2) Isabel: –Bueno, muchas gracias, eh. (Aquí, 4/3, 00:21:04)
(3) Alicia: –¿Qué tal en la oficina, mucho ambiente? (Aquí, 11/1, 00:35:29)
(4) Emilio: –Pero si es que son muchos problemas y mucho estrés. (Aquí, 13/2, 00:49:46)
Algo parecido sucede con el complemento adverbial cuantificador mucho, en la medida que permite al enunciador construir una relación, de cuantificación, esta vez con un verbo. Al comportarse como un adverbio, siendo su función el decir algo del verbo, o sea complementar a este, no varía en consonancia con él, (5). Variaciones que puede aceptar son por ejemplo las de gradación, (6).
(5) Lucía: –Un beso, mi amor, te quiero mucho. (Aquí, 12/1, 00:28:28)
(6) Roberto: –Yo quiero muchísimo a Lucía. (Aquí, 15/1, 00:09:54)
Por otra parte, tenemos a muy, elemento cuantificador que establece una relación de tipo adadjetival, o sea de adscripción de un dato, aquí una cuantificación, a un adjetivo, (7).
(7) Vicenta: –Tu hermana es muy posesiva, ¿eh? (Aquí, 2/3, 00:57:34)
Otro tipo de relación que establece o construye es de tipo adadverbial, en cuanto entra a complementar un adverbio, (8), a decir algo de él, en su caso a cuantificarlo.
(8) Fernando: –Bueno, pues… pues perfecto, muy bien. (Aquí, 6/1, 00:24:41)
En caso de elipsis del adjetivo o del adverbio complementado por el operador muy, existe una diferencia entre las hablas generales europea y americana. En aquella aparece la variante mucho (9), mientras que en esta, muy, (10). Esta última muestra tiene procedencia argentina.
(9) Vicenta: –Yo yo… yo estoy muy descontenta, mucho. (Aquí, 11/2, 00:40:16)
(10) Lupe: –Es algo muy importante, muy. (Go!, 1/1, 00:31:22)
Con el operador tanto, por otra parte, se instancia una relación ya construida precedentemente con mucho, explícita o implícitamente. Es en ese sentido que podemos decir que la relación se presupone (cf. Matte Bon 1998: 69). En la muestra (11) a continuación, la pieza instanciada de {cien euros} se hace equivaler mentalmente a mucho dinero, tras lo cual la enunciadora bloquea la referencia a esta pieza con tanto. En la retoma de una relación ya construida hay una presencia marcadamente mayor del enunciador, de lo que se deriva o desprende el carácter valorativo subjetivo que en su uso se percibe (cf. Matte Bon 1998: 72).
(11) Josemi: –Pues con cien euros me apaño, ja.
Nieves: –¿Y tú, para qué necesitas tanto dinero? (Aquí, 4/3, 00:03:35)
Si bien podría considerarse que en principio el operador tan retoma la operación de cuantificación realizada por muy, esté presente o no este último operador en la cadena discursiva, habría que tener en cuenta que buena parte de las veces retoma una proposición entera, o sea una relación compleja ya construida donde está presente, explícita o implícitamente, una cuantificación, o también una gradación. Una proposición o también una situación representada o representable por una proposición. Es algo que podría parafrasearse con un No es tan así como ha sido enunciado previamente, o también, en caso de retoma situacional, No es tan así como aparece, o como parece ser.
De tal modo, puede apreciarse en (12) que tan parece tener más bien alcance sobre la proposición anterior, mientras que en (13), podría tener alcance sobre la proposición o también tan solo sobre la cuantificación. En (14), algo de lo mismo, solo que se parte de una cuantificación cero. En (15), por otra parte, la retoma ejecutada por tan es estrictamente proposicional, con un relieve discursivo y no cuantificacional: No somos así como dices tú, encargándose aquí de la cuantificación más bien el sufijo de superlativo -ísimo.
(12) Antonio: –Eres muy buena.
Mercedes: –Bueno, no tan buena, ¿eh? (Cuéntame, 384, 00:32:24)
(13) Mercedes: –Ya, pero es que Sagrillas está muy lejos.
Carlos: –No está tan lejos. (Cuéntame, 320, 00:37:11)
(14) Antonio: –No es . fácil, Desi, no es tan fácil. (Cuéntame, 44, 00:41:40)
(15) Inés: –Va… Estás guapísimo, cariño.
Oriol: –Tú me ves guapísimo porque eres mi madre, igual que yo te veo guapísima a ti.
Inés: –Bueno, ¿y qué?
Oriol: –Que a lo mejor no somos tan guapísimos. (Cuéntame, 347, 00:40:48)
Por último, estas propiedades operativas de tan y tanto son las que les permiten aparecer en sintagmas donde se establece una comparación, resultando precisamente el término comparado la relación construida de la que se parte. En la muestra que sigue (16), se habla de Argentina, y del estado de pobreza increíblemente sobrevenido habiendo sido un país muy rico anteriormente.
(16) Pura: –Es increíble, un país tan rico como ese. (Cuéntame, 38, 00:52:14)
4.4. ALGUIEN / ALGUNO, NADIE / NINGUNO
Niveles A1.2 y B1.1, alguien, nadie (cf. Instituto Cervantes 2006 A: 313; Instituto Cervantes 2006 B: 60-61; Corpas et al. 2018: 41; Corpas et al. 2021: 18;Sans et al. 2017: 34, 166).
Niveles A1.2 y B1.1, alguno, ninguno (cf. Instituto Cervantes 2006 B: 60-61; Corpas et al. 2013: 101; Corpas et al. 2018: 41; Corpas et al. 2019: 121; Sans et al. 2011: 86, 109; Sans et al. 2017: 34, 166).
Nos centraremos aquí en el contraste entre los operadores alguien, que conlleva una indicación a personas, y alguno / alguna en referencia solo a personas. De la misma manera, nos detendremos en sus correspondientes negativos nadie y ninguno / ninguna. Con alguien y nadie creamos una relación de designación, entre un objeto lingüístico –aquí una persona– y el operador léxico en sí, mientras que con alguno y ninguno manejamos análogas relaciones pero ya construidas (cf. Instituto Cervantes 2006 B: 60-61; véase también Solís García, Matte Bon 2020: 122).
En esta primera muestra, (1), es palpable la incapacidad del enunciador para establecer la existencia de personas en el lugar mencionado o la eventual cantidad de personas presentes. Esta realidad lo condiciona a deber inquirir desde cero por tal dato, para lo cual necesitará construir la relación por medio del pronombre alguien.
(1) Fabio: –¿Qué hace la puerta de la lavandería abierta? [entra en la lavandería] ¡Hola! ¿Hay alguien ahí? (Vis, 1/1, 00:27:18)
A partir del establecimiento de un grupo dado, o sea a partir de la construcción de la relación entre el grupo y su designación lingüística, elementos de tal grupo se pueden recoger para hablar de ellos, con el pronombre alguno. Un modo de establecer tal grupo es una primera mención suya, la cual puede hacerse mediante un sintagma nominal que signifique o indique grupo de personas, como todo el mundo, o con pronombres como muchos / muchas, (2), todos / todas, alguien, nadie, u otros.
(2) Goya: –Muchas quieren ser mis… mis amigas. Mi cari se pone un poco celosa, porque… bueno, alguna ha querido acercarse un poco, ¿sabes? (Vis, 3/3, 00:38:48)
La retoma de una relación gramatical ya construida puede realizarse a partir del contexto situacional, o sea a partir de un grupo de personas presente en la situación. Concomitantemente, es posible hacer mención posterior de este referente, como aquí, (3), de vosotros, mediante la estructura alguno de + pronombre personal.
(3) Antonio: –¿Y alguno de vosotros conoce un libro que se llama “Camino” o “En el camino” o algo así? (Cuéntame, 43, 00:22:04)
Es necesario recordar que un sistema lingüístico no es un conjunto de reglas sino de principios, que el enunciador puede aplicar de una manera pero también de otra (sobre distinción entre regla y principio, véase Laurencio 2019a: 28-29). El que un grupo de individuos, sobre el que se pregunta por uno de sus integrantes, esté presente en la situación, como en (3), no obliga al enunciador a que este dé por presupuesta la referencia a uno posible de ellos recurriendo al operador alguno. En la siguiente escena, (4), el enunciador bien habría podido enunciar {alguno} o aun {alguno de vosotros} en lugar de {alguien}. Si no lo hace es por una estrategia precisa. Solo sabemos o vemos que decide mantenerse en una fase I de construcción de la relación con el recurso a {alguien}. Mas a partir de ello podemos colegir una puesta en acto de una estrategia de no especificar, de no señalar, de no hacer pensar que tiene a uno de sus compañeros en mente. Se obtiene así un efecto de indeterminación del referente, instrumental por ejemplo a una línea de tacto o diplomacia. Otra interpretación posible, entre cuantas puedan ser relevantes en el contexto dado, es la total ignorancia del enunciador sobre la posibilidad de que alguno de ellos conozca a la persona aludida con {la nueva}.
(4) Ramón: –¿Pero alguien conoce a la nueva? (Cuéntame, 262, 00:31:48)
Con nadie y con ninguno tendríamos algo de lo mismo pero en clave negativa. Con nadie, en (5), se introduce o coloca en la cadena discursiva un grupo que no ha sido presentado o que igual el coenunciador no conoce, por lo que no es posible “seleccionar” o dar por construida la relación respecto a ninguno de sus integrantes. En (6), por otra parte, el enunciador recoge con ninguna una serie de individuos que ha estado entrevistando en busca de una compañera de piso. Basado tan solo en tal situación, o sea sin necesidad de que medie mención de las integrantes del grupo, puede referirse a cada una de ellas mediante el seleccionador ninguno.
(5) Mauri: –¿Músico, qué tocas?
Néstor: –Nada, no sé una nota, ni yo ni nadie del grupo, pero imagínate, de alguna forma había que salir de Cuba. (Aquí, 3/3, 00:28:12)
(6) Camarero: –Aquí tiene la cuenta.
Mauri: –¿Treinta y siete euros por dos cafés?
Camarero: –No no, dieciocho cafés, dos infusiones, cuatro cañas y tres zumos de naranja, naturales.
Mauri: –Ah, ¿que no ha pagado ninguna? (Aquí, 3/2, 00:18:26)
4.5. MÍO / MI
Nivel A1.1 / A1.2, mi (cf. Instituto Cervantes 2006 A: 117, 261; Corpas et al. 2013: 65; Corpas et al. 2019: 79; Sans et al. 2011: 64, 167).
Nivel A1.2 / A2.1 / A2.2, mío (cf. Instituto Cervantes 2006 A: 117; Corpas et al. 2013: 65; Corpas et al. 2020: 47, 61; Sans et al. 2011: 64).
Por medio del operador mío se construye una relación entre un objeto nominal y el sujeto de la enunciación. El enunciador coloca así en su discurso una relación que no presupone o no puede presuponer que el coenunciador comparta. Como sucede en (1), donde el enunciador aporta una información, el hecho de que la persona de quien habla sea amigo suyo, o sea determina tal dato en relación consigo. El foco está precisamente en tal relación, que es lo que interesa al enunciador informar, como medio de aclarar la fuente de un conocimiento por la que se le ha preguntado.
(1) María: –¿Tú cómo sabes eso?
Jorge: –El doctor Losada es . amigo mío. (Cuéntame, 390, 00:43:51)
Con el empleo del operador un se individualizaría el referente, como en (2), con los consiguientes valores ilocutivos así como efectos de sentido obtenibles (véase § 4.1 más arriba; véase también § 5.1 en Laurencio 2021a: 9-10). De hecho, aquí la enunciadora está más centrada en la identificación del individuo –por medio de la noción amigo pero bien habría podido ser por medio de otra– que en informar que tal persona tenga exactamente esa relación con ella.
En la misma muestra (2), se puede apreciar la alternancia con el operador mi. Este trabaja con una relación ya construida, dada por construida o incluso preconstruida. O sea, una relación que se ubica en la fase II de la producción del enunciado (cf. Solís García, Matte Bon 2020: 33). En la escena, aun si el coenunciador, Emilio, no comparte la información de que Antonio sea hijo de Rocío, es decir no cuenta con ese dato, Rocío puede imponer tal relación como ya hecha. Para ello, puede basarse en varios segmentos informativos presentes o discernibles en la situación comunicativa, segmentos constructores de la relación, como el hecho de que Emilio sabe que ella está casada, o la misma presencia, delante de ellos, del niño que ella ha traído.
(2) Rocío: [a Emilio] Mira, te voy a presentar a mi hijo. [a Antonio] Antonio, este es un amigo mío, y se llama Emilio. (Aquí, 7/2, 00:11:23)
La no atención a la actuación del principio de presuposición en el caso del operador mi español es una razón por la cual aprendientes de ELE, cuyas lenguas maternas presentan una operatividad diversa en sus pronombres posesivos, producen incoherencias discursivas como en (3), con el empleo de {mi amigo}. En este texto, amén de otros problemas lingüísticos de distinto tipo, la estudiante introduce con el empleo de mi una referencia con referente vacío, lo cual viene a crear la mentada incoherencia discursiva y por ende una dificultad interpretativa.
(3) Porque hé ido a la biblioteca. Allí hé escrito los libros nuevos en mi lista y luego... yo hé encontrado a mi amigo de la Universidad. [sic] (estudiante nivel A2.2, Rep. Checa)
4.6. PARA / DE
Nivel A1.1, A2.1, para (cf. Instituto Cervantes 2006 A: 137, 217, 219; Corpas et al. 2013: 29; Corpas et al. 2015: 41; Corpas et al. 2019: 37; Sans et al. 2011: 33, 63, 171; Sans et al. 2016: 26, 139; Sans et al. 2017: 174).
Nivel A1.2, A2.1, de (cf. Instituto Cervantes 2006 A: 134, 314, 325; Corpas et al. 2015: 41; Corpas et al. 2020: 60; Sans et al. 2011: 61; Sans et al. 2016: 26, 139; Sans et al. 2017: 172).
Esta pareja puede poner de manifiesto de manera especialmente clara el proceso de fabricación del enunciado que intentamos aquí describir mediante el concepto de construcción de la relación gramatical (§ 3.1). Con la preposición de nos referimos a relaciones gramaticales entre un elemento A y uno B ya prefabricadas en el ámbito de nuestra cultura o de nuestra experiencia personal. Limitándonos aquí a la secuencia nombre + prep + nombre, ejemplos pueden ser mesa de madera, botella de vino, caja de cartón. En cambio, en caso de tener que construir tal relación deberemos recurrir a para. Esto puede suceder por variados motivos, por ejemplo al no aceptar tal relación por parecernos rara o inusual, caso en el cual necesitaremos establecerla o restablecerla. O también, pongamos, cuando queremos enunciar la finalidad de algo, caso en el cual los dos elementos no aparecen como ya dados o presupuestos sino que tenemos que construirlos para el coenunciador.
Una interpretación como la de material en mesa de madera, o de contenido en botella de vino, no es una información que proporcione la preposición de en sí, sino el semantismo del elemento B en relación con el A y siempre que el contexto lo permita. Una forma sencilla de verlo es que hay casos donde debe interpretarse finalidad con de, función adjudicada tradicionalmente a para, como en los sintagmas nominales zapatillas de deporte o vino de mesa. De hecho, no se trata sino de efectos de sentido, y como tales, cambiantes de sintagma a sintagma y de enunciado a enunciado. Estos se obtienen, como ya indicado, a partir de la contribución del semantismo propio de cada dominio nocional involucrado y con un ojo a lo interpretable en un contexto dado.
Una de las preguntas que deberíamos hacernos implica plantearnos las cosas al revés: por qué con la noción de material suele aparecer de y no es posible una conmutación con para, mientras que con la noción, pongamos, de contenido, ambos usos preposicionales son posibles. La respuesta la encontramos en la operatividad propia de cada preposición. En el caso específico de los materiales, al designar conceptos íntimamente ligados con los dominios nocionales de acogida, requieren del operador de para articularse con estos, puesto que de indica una relación prefabricada, ya lista para el uso. En cambio, en un caso como el de los contenidos o aun otros, o sea en casos de nociones ya no ligadas del todo necesariamente con el dominio de acogida, son posibles ambas modulaciones, con de y con para, en los términos expuestos más arriba, sobre relación preconstruida y relación por construir.
Así, un sintagma nominal como botella de vino, donde en principio podríamos interpretar contenido si la botella estuviera llena, mas finalidad si la misma estuviese vacía (una pequeña muestra de que el contexto incide en la interpretación), puede “desmontarse” en determinadas circunstancias enunciativas, con lo que conseguiríamos por otra parte nuevos efectos de sentido. Tal desmonte puede ocurrir cuando tenemos, como en el ejemplo (1) a continuación, contenedores fabricados para vino que no resultan una botella prototípica a tales fines, huella de lo cual queda asimismo en el uso de dominios como diseñar o novedoso. Por tal razón, el enunciador no puede garantizar una ligazón estrecha entre botella y vino (cf. Matte Bon 2016: 310-311), y así brindarla al coenunciador, este cuanto menos se extrañaría. Debe así el enunciador construir la relación entre elemento botella y el elemento vino, con lo que el foco se pone sobre el elemento B, que es el que subliminalmente se negocia: [vino / no vino]. Con tal proceder, claramente, tal relación quedaría así lista, ya construida, para una eventual retoma en un momento sucesivo. Retoma que podría ocurrir con botella de vino sin despertar ninguna extrañeza o discrepancia, pero también con botella para vino, si por ejemplo el coenunciador no acabara de aceptar, por cualquier razón posible, tal vinculación.
(1) Alfonso Soro: –Hombre, pues sí, aquí tenemos a… hemos diseñado una botella ahora para vino…
San Morales: –¿Ah sí?
Alfonso Soro: –Muy novedosa… (Aquí la Tierra, 29/08/19, 00:14:25)
En un caso como (2), sin embargo, la relación aparece preconstruida, soldada, con la preposición de (cf. Adamczewski 1991: 68, 71-73). El foco se encuentra por tanto en el conjunto como un todo único, botellas de vino, del cual se determina su cuantificación.
(2) Fernando: –Esperanza, reconozca que tiene usted un problema con el alcohol.
Esperanza: –Ah no, no, no no no, el que tiene el problema es tu novio, que tiene en el armario guardadas más de veinte botellas de vino. (Aquí, 5/4, 01:17:50)
4.7. LO
Nivel A2.3, lo (cf. Instituto Cervantes 2006 A: 121-122; Corpas et al. 2015: 77; Corpas et al. 2020: 103; Sans et al. 2016: 30, 138).
El llamado pronombre átono de objeto directo de 3ra persona articula relaciones gramaticales ya construidas precedentemente en el espacio discursivo o en el situacional. Es palpable en él su escasa o nula informatividad o interpretabilidad en autonomía. Como todo operador anafórico, depende de su referente o relación ya construida para resultar interpretable. Y como en todo operador anafórico, el recuperar o retomar una pieza sirve para establecer alguna información respecto a esta.
Como huella de su valor referencial, concuerda en número y género con el referente del que bloquea la selección, por lo que tenemos lo y la, masculino y femenino singular, y los y las, masculino y femenino plural, respectivamente. En principio, se retoma una pieza que ha aparecido precedentemente en el discurso, como en (1) o en (2), donde tras la aparición de los sintagmas nominales el vestido o secadora, las enunciadoras los asumen en la cadena discursiva mediante el pronombre lo o la. El objeto es decir algo de esas piezas, pero sin negociarlas en sí, o problematizarlas de algún modo, lo cual sucedería en caso de que se repitieran estas piezas como tales en el discurso.
(1) Paquita: –Nada, pues la tendré que volver a llamar, tiene aquí el vestido.
Magüi: –¿Se lo llevo? (Paquita, 1/1, 00:06:52)
(2) Concha: –Tú tienes secadora, que la veo yo desde aquí. (Aquí, 2/1, 00:01:23)
El operador lo también permite recuperar piezas cuyo nombre no se identifica en el acto enunciativo. Tenemos así en (3) una situación donde la enunciadora coge en sus manos una prenda de ropa de la tendedera y la tira mientras enuncia {esto te lo tiro}. El pronombre lo no concuerda aquí con el posible género que tenga el nombre en sí de la prenda de ropa en cuestión porque se evita la identificación previa que daría lugar a tal distinción. La relación con el referente, la prenda de ropa, se construye en el momento deíctico de cogerla en mano e indicarla por medio de esto (cf. Laurencio 2021a: 15), con lo que queda lista para su reutilización lingüística con el recurso posterior al pronombre átono. De ahí la consideración de neutro que también merece. A tener en cuenta que es posible también un análisis donde se estipule que el pronombre lo “recoge” aquí su género o carácter neutro a partir del demostrativo neutro esto, al que reduplica.
(3) Concha: –Pues mira, esto te lo tiro. (Aquí, 2/1, 00:01:32)
En línea con este carácter “neutro” de seleccionar referentes de género no identificado, la forma de complemento directo lo presenta asimismo la capacidad de retomar no solo referentes extralingüísticos sino también referentes exquisitamente lingüísticos, como lo puede ser una proposición. Referentes que claramente no están marcados de ningún modo en cuanto a género o número. Es lo que sucede en (4), donde por medio de lo se retoma la proposición {yo tengo dos votos}, para decirles sobre ella a los coenunciadores que no olviden tenerla en cuenta. En (5), por otra parte, con el lo en {ya lo veo} se recupera una proposición, la de {es un conejo}, que, si bien antecede en el orden de la construcción del enunciado, aparece después en la cadena discursiva, en lo que se da en llamar catáfora (sobre eliminación de la linealidad del discurso, véase Laurencio 2019a: 43-44). Luego, en un momento posterior, aparece un segundo lo, en {de dónde lo has sacado}, cuyo referente, sin embargo, es el objeto extralingüístico conejo.
(4) Juan: –Bueno, a ver, votos en contra.
Concha: –Yo tengo dos votos, lo recuerdo. (Aquí, 2/1, 00:38:29)
(5) Desiderio: –Pero… ¿qué llevas ahí?
Pepón: –Un conejo para María.
Desiderio: –Ya ya, ya lo veo que es un conejo, pero… ¿y de dónde lo has sacado? (Cuéntame, 242, 01:00:25)
En algunas hablas, sobre todo del español europeo, así como en algunos registros, en el español europeo pero también en el americano, se encuentra difundido el uso de le en vez de lo con persona de sexo masculino como referente. En el caso de España, si bien la amplia difusión de le casi puede decirse que lo ha convertido en una norma de esta macrohabla, (6), igualmente resiste en muchas hablas la forma lo, (6’). En América, por otra parte, se conserva ampliamente el uso de lo en tal designación (cf. Laurencio 2015: 234), de lo que presentamos esta muestra de habla cubana, (6’’).
(6) Antonio: –¿Conoces a Manolón? Todo el mundo le conoce. (Cuéntame, 384, 00:58:41)
(6’) Velasco: –¡Aquí hay una cartera!
Cabo Ginés: –Trae a ver. [lee] Antonio Alcántara Barbadillo. Coño, Antonio Alcántara.
Velasco: –¿Lo conoce, cabo? (Cuéntame, 290, 00:28:52)
(6’’) Oficial: –¿Usted fue el que se fajó con Mantilla?
Tabo: –¿Ustedes lo conocen? (Propia, 1, 00:14:38)
4.8. QUE / ES QUE / PORQUE
Niveles A1.1 y A2.1, porque (cf. Instituto Cervantes 2006 A: 143, 258, 268; Corpas et al. 2013: 29; Corpas et al. 2019: 37; Sans et al. 2016: 21, 28, 63, 171).
Nivel A2.2 / B1.1, es que (cf. Instituto Cervantes 2006 B: 287, 309, 268; Corpas et al. 2015: 53; Corpas et al. 2020: 75; Sans et al. 2016: 109-110).
El operador que realiza una puesta en vínculo o, simplemente, vinculación, entre una relación predicativa y un determinado contenido, discursivo o situacional, que le precede en la estructuración del enunciado. Es un tipo de relación gramatical que podemos considerar compleja o expandida, en cuanto involucra diversos conjuntos de elementos.
Al situar una predicación respecto a un dato anterior, este tipo de vinculación permite ejecutar un comentario sobre tal dato. Tal comentario puede consistir en una precisión o en una argumentación de la que se evidencia que gira alrededor del contenido proposicional anterior, como en (1). Sin el uso del operador, la relación podría no captarse por parte del coenunciador.
(1) Andrés: –Y tú haz el favor de sonreír un poco, que están los vecinos esperándonos. (Aquí, 1/2, 00:12:40)
Cuando el conjunto encabezado por que se articula por medio del operador ser, se pone en equivalencia lo comentado en sí y el objeto del comentario. De ahí derivarían efectos de sentido interpretables con el uso de este operador doble, es que, resumibles como explicación que se da por algo. Contextualmente, tal explicación puede ser interpretada como una aclaración (2), una excusa (3), una defensa (4), un poner de relieve (5), una argumentación (6), un pretexto (7), una justificación (8), una motivación, una corrección, entre otras posibilidades de valor ilocutivo.
(2) Bea: –Mauri, ¿estás bien?
Mauri: –Sí, es que he perdido momentáneamente las ganas de vivir, pero se me pasa enseguida. (Aquí, 12/3, 00:00:46)
(3) Paloma: –Ay pero bebe, mujer, bebe.
Lucía: –Paloma, si es que me tengo que ir, eh, que es que me está esperando mi novio. (Aquí, 1/1, 00:32:14)
(4) Juan: –Natalia, ¿quieres dejar el móvil mientras estás comiendo?
Natalia: –Si es que no estoy comiendo, papá. (Aquí, 1/1, 00:12:23)
(5) Paloma: –Bueno ¿qué? ¿Te gusta mi piso? Es que yo creo que tiene unos metros más que el tuyo. (Aquí, 1/1, 00:31:45)
(6) Paloma: –¿Por qué no lees por la noche? Si es que ya no lees.
Juan: –Va a ser eso. (Aquí, 13/1, 00:01:06)
(7) Antonio: –Vamos a comer, hijo.
Carlos: –Pero si es que todavía es muy pronto, hasta las dos y media no está la comida.
Antonio: –Bueno, diez minutos más y pa casa que, si no, tu madre se enfada. (Cuéntame, 3, 00:10:47)
(8) Inés: –¿Tomorrow, mañana, no? No sé, es que tampoco puedo salir todos los días. (Cuéntame, 9, 00:34:30)
Con el operador porque, en cambio, la atención se concentra o parece concentrarse más en el elemento que le sigue (cf. Solís García, Matte Bon 2020: 270). Es una relación que se construye en relación con un elemento antecedente, con el cual el operador que ejecuta una vinculación. Debido a la operatividad propia de la preposición por (cf. Matte Bon 2010: 264-265; véase también Laurencio 2021a: 13), un efecto de sentido interpretable comúnmente con su uso es la expresión de una relación causa-efecto, como en (9), o de una motivación (cf. Instituto Cervantes 2006 A: 143).
(9) Juan: –¿Pero qué estrés, s-si has estado meses sin ir al colegio?
Josemi: –Ya, hombre, pero con estrés, porque estaba en medio de un vacío escolar muy grande. (Aquí, 31/3, 00:07:01)
4.9. ESTAR + GERUNDIO
Nivel A2.2, estar + gerundio (cf. ; ; Corpas et al. 2020: 75, 249; Sans et al. 2016: 74).
Por medio del operador estar + gerundiohablamos de una situación. O sea, hacemos referencia a una situación dada para decir, hacer pasar o hacer inferir algo sobre ella al coenunciador. Importante a tener en cuenta en la actuación de estar + gerundio es que el evento designado en sí por el verbo las más de las veces no tiene lugar en el mismo momento que se enuncia con este operador (cf. Matte Bon 1998: 7071). La acción puede encontrarse interrumpida, constituir un set de acciones que se verifican a lo largo del tiempo, ubicarse en el futuro o incluso en el pasado, entre otras posibilidades interpretativas. La acción puede además ser puntual. Es decir, no es una prerrogativa de esta estructura la de indicar una acción en curso o continuada, por lo que etiquetas como las de progresivo, continuativo o imperfectivo para describir su funcionamiento resultan injustificadas.
Veamos, si no, en las siguientes muestras, que el evento verbal designado por el verbo en gerundio es imposible que esté ocurriendo en el momento del habla. En (1), de la acción de coger dinero podemos seguramente decir que ha ocurrido en el pasado, que no está ocurriendo en el mismo momento en que se dice esto, y que probablemente pueda volver a ocurrir en el futuro. Esto último, sin embargo, sería una implicatura, pues no lo podemos dar por cierto. El operador estar + gerundio se encuentra en alternancia además con el presente simple del indicativo {quitas}, que expresaría un modo de acción más o menos equivalente al de {está cogiendo} aquí, o sea una serie de eventos de sustracción de dinero que se han producido en el pasado.
(1) Isabel: –Eh… Natalia, por favor, siéntate, que tenemos que hablar.
Natalia: –Ey, que yo no he hecho nada, ¿eh? El dinero que te falta te lo está cogiendo José Miguel.
Isabel: –Jjj.
Josemi: –¿Pero qué dices? Si tú le quitas mucho más que yo. (Aquí, 29/3, 00:26:06)
En (2), en cambio, la acción no ha ocurrido todavía ni está ocurriendo en el momento de la enunciación. Por actuación del principio de relevancia, no nos queda que interpretar que sucederá en el futuro, si es que ha de suceder. Desde el punto de vista aspectual, podemos apreciar, por otra parte, que la acción de sacar debe interpretarse como puntual. En la muestra (3) que le sigue, igualmente la acción no está ocurriendo durante el acto enunciativo en curso. Hay, sin embargo, presentes en la cadena discursiva elementos que permiten la debida interpretación futura de la predicación, como la locución preposicional de valor temporal prospectivo dentro de cincuenta años.
(2) Eladio: –¿Cómo que no le pasa nada? Venga, ya la estás sacando de aquí, fuera. (Cuéntame, 330, 00:33:09)
(3) Vicenta: –¿Por qué no tomamos las mandarinas de la suerte? Seguro que dentro de cincuenta años está todo el mundo haciendo lo mismo. (Aquí, 17/1, 00:15:59)
Para analizar la operatividad básica de estar + gerundio, puede convenir descomponer por un momento la estructura. El gerundio efectuaría una retoma de un contenido verbal para manejarlo ulteriormente en el discurso. Luego, en el caso de esta estructura, tal contenido verbal se hace referir, por medio de estar, a una situación dada (cf. Laurencio 2019a: 116-124). El objeto, como ya indicado más arriba, sería el de decir, hacer pasar o hacer inferir algo sobre tal situación. Tenemos, por tanto, con el operador estar + gerundio, una relación predicativa ya construida anteriormente, en el discurso o en la situación, o aun en otros tipos de contextos o variables contextuales.
Así, en la siguiente muestra, (4), tenemos con {te está diciendo que no} un caso de retoma anafórica discursiva, en cuanto a partir de la instanciación preliminar de dos proposiciones negativas, {no no, gracias, no} y {no no, de verdad que no}, así como de una relación predicativa abierta, {digo}, la enunciadora pasa a dar como asumidas tales piezas en el discurso. Por medio de una puesta en equivalencia de la predicación bloqueada {te está diciendo que no} con la predicación libre o abierta {te digo que no}, o también con las dos proposiciones negativas aludidas, la enunciadora fabrica una tautología con la que intenta ofrecer una interpretación correcta de las palabras de Fernando (Adamczewski 1978: 83; véase también Laurencio 2019a: 166).
(4) Juan: –Bueno, toma el dinero.
Fernando: –No no, gracias, no.
Juan: –Por favor, Fernando…
Fernando: –No no, de verdad que no.
Juan: –Te lo ruego, cógelo.
Fernando: –Que no, que te digo que no.
Paloma: –Juan, que… es que te está diciendo que no. (Aquí, 6/1, 00:44:48)
En (5) sucede algo muy similar, donde ante una determinada proposición de la coenunciadora, el enunciador ejecuta una solicitud de interpretación correcta de esa relación predicativa ya construida un momento antes. Tal solicitud es parafraseable del siguiente modo: ¿Eso que has dicho lo puedo o debo interpretar así como te digo ahora?
(5) Karina: –¡Pues que no aguanto más así ya! ¡No aguanto más!
Carlos: –¿Y me vas a dejar, es eso? ¿Me estás diciendo que me vas a dejar? (Cuéntame, 346, 00:10:14)
En la muestra (6), en cambio, la predicación retomada por medio del operador estar + gerundio se recupera a partir de la situación. Se bloquea aquí una referencia a un intento de llamar por teléfono que ocurría antes de que llegara el personaje de Valbuena, jefe de seguridad de la prisión, e interrumpiera tal intento. De modo parecido al ejemplo anterior, (3), la enunciadora ofrece una interpretación correcta sobre la acción en sí de llamar que estaba ejecutando antes de ser interrumpida, estrategia que le sirve para indicar lo inocente o incensurable de tal acción. Si efectuamos un análisis aspectual y cronológico de los eventos verbales, veremos que la acción puntual de interrumpir la llamada indicada por {haces} resulta posterior al evento verbal de llamar referido por {estoy llamando}, lo cual viene a demostrar que para el momento de la enunciación esta última acción ya había concluido (Laurencio 2019b: 268, 275; véase también Laurencio 2019a: 197-200). No puede, por tanto, interpretarse como una acción en curso y, sin embargo, el recurso al operador se hace necesario, pues difícilmente se podría en este contexto discursivo específico enunciar, por ejemplo, con un presente simple del indicativo {llamo}.
(6) Valbuena: [interrumpe la llamada que intentaba hacer Estefanía]
Estefanía: –¿Qué coño haces? Estoy llamando. (Vis, 1/2, 00:44:20)
4.10. INDEFINIDO
Niveles A2.2 / A2.3 y A2.4, indefinido (cf. Instituto Cervantes 2006 A: 130-131; Corpas et al. 2015: 29, 65, 89; Corpas et al. 2020: 33, 89; Sans et al. 2016: 50, 86, 145; Sans et al. 2017: 180-181).
El pretérito indefinido permite construir la relación entre el predicado y el sujeto como si se tratara de un objeto perfilado (Laurencio 2019a: 295). Se obtiene así la interpretación de tiempo pasado, o sea de un evento ya acaecido. Siendo una pieza del todo autónoma, lo que importa decir es eso y nada más (cf. Matte Bon 1992: 23). El foco está por tanto sobre el hecho representado por medio de este morfema.
Es lo que sucede precisamente en la relación de hechos históricos. El enunciador se concentra tan solo en el suceso, que conlleva además en este caso una fecha del calendario, (1).
(1) Victoria Prego: –Los anticonceptivos se legalizaronen 1977, gobernando ya Adolfo Suárez. (Cuéntame, 33, 00:50:09)
De modo similar ocurriría cuando ubicamos eventos, que el morfema de indefinido nos presenta como acaecidos o completados, en un punto del eje temporal. La interpretación por defecto es de pasado. Puede aparecer un marcador temporal, como en (2) (cf. Corpas et al. 2020: 33), pero no necesariamente, (3). Es preciso sentar esto pues en el caso de otras formas verbales, como el imperfecto (véase § 4.12), también suelen aparecer igualmente marcadores temporales, por lo que sería contraproducente marcar una diferencia entre ambos tiempos verbales utilizando este parámetro.
(2) Valentina: –Ayerestuve en el cine con Gonzalo. (Cuéntame, 31, 00:14:44)
(3) Pura: –Llamó tu hermano Miguel. (Cuéntame, 47, 00:39:21)
La mentada propiedad de objeto perfilado permite por otra parte poder explicar que formas verbales en indefinido puedan designar un evento futuro (§ 3.3). Es decir, un objeto delimitado, a interpretar como evento acabado, puede colocarse en un punto futuro del eje temporal. Nótese que si realmente este morfema indicara exclusivamente un tiempo extralingüístico pasado, estaríamos tentados a darle siempre tal interpretación, lo cual no es el caso por ejemplo de (4), pues las referidas reuniones aún no se han acabado para el momento de la enunciación. Tampoco en (5), pues para el momento del acto enunciativo el personaje de Chala aún no ha jugado la paloma por lo que aún no la ha podido eventualmente perder.
(4) Mercedes: –Además, si quieres a partir de ahora, se acabaron las reuniones por la noche. (Cuéntame, 10, 00:52:18)
(5) El Niño: –¿Qué tú te vas a jugar?
Chala: –Una paloma.
El Niño: –La perdiste.
Chala: –Juega. Vamos. (Conducta, 00:22:43)
Respecto a consideraciones aspectuales, es preciso asimismo reparar en que esta forma verbal, al igual que cualquier otra, permite diversas e incluso divergentes interpretaciones de modo de acción, por lo que no se puede concluir que codifique aspecto o un aspecto determinado (cf. Laurencio 2020: 118-120). Como botón de muestra, presentemos un caso de iteratividad, también interpretable como habitualidad, (6), y otro de continuidad, con una expresión cuantificadora acotada como toda la noche, (7). Casos así, dicho sea de paso, requieren en lenguas eslavas el recurso a la forma verbal de imperfectivo (cf. Laurencio 2019a: 308-309), lo que indica la necesidad de estar alertas al hacer equivalencias “automáticas” como las que podrían eventualmente hacerse entre imperfecto e imperfectivo. En el caso específico del indefinido que expresa una acción iterada, durativa, o compuesta de varios segmentos de realización del evento verbal, se trata de un uso al que no se le presta mucha atención y que bien podría o debería incluirse en el nivel A2.
(6) Carlos: –Mi madre, como siempre, me perdonó. (Cuéntame, 80, 01:06:30)
(7) Fátima: –Y… se quedó toda la noche. Me cantó hasta que me dormí. (Vis, 4/4, 00:33:08)
A veces, el hecho referido ocurre en el presente del acto enunciativo o ha acabado de ocurrir (cf. Laurencio 2021a). Entre las diversas implicaturas que se pueden obtener, a partir del carácter de perfilado, es que se intenta comunicar una decisión irrevocable, sobre la que no hay marcha atrás, como en (8). O que se trata de un suceso inevitable o fatal. También puede tratarse de una valoración de conjunto, la cual sin embargo no está ubicada en el pasado, aun si pueda hacer referencia, parcial o no, a él, por lo que no puede o debe interpretarse que tiene validez solo para un tiempo pasado, como en (9). Todo esto nos dice que leer el uso del indefinido, como de cualquier otro tiempo, en clave temporal, o exclusivamente en clave temporal, no nos permite comprender del todo su funcionamiento, o poder predecirlo. Para un análisis y producción más eficientes se hace necesario tener en cuenta el rol del enunciador como artífice y manipulador de lo que dice, no siendo la lengua un calco del mundo extralingüístico (cf. Matte Bon 1999: 123, 130).
(8) Cervan: [decide apagar el radio] –Mira, se terminó, se acabó. (Cuéntame, 1, 00:14:05)
(9) Miguel: –A mí también me encantó verte a ti, Esperanza. (Cuéntame, 157, 00:45:18)
4.11. PERFECTO
Niveles A1.2 / A2.1 y A2.2 / A2.3, perfecto (cf. Instituto Cervantes 2006 A: 131; Corpas et al. 2013: 113; Corpas et al. 2015: 65, 89; Corpas et al. 2019: 135, 226; Corpas et al. 2020: 89, 244; Sans et al. 2011: 134, 159, 170; Sans et al. 2016: 50, 145; Sans et al. 2017: 180)
El pretérito perfecto es un operador verbal que permite construir una relación entre un evento verbal perfilado, representado por el participio, y el tiempo presente de la enunciación, representado por el operador haber conjugado en presente indicativo. Su funcionamiento se puede parafrasear de la siguiente manera: el evento completado se encuentra actualmente en posesión del sujeto. La determinación de actualmente aquí es preciso entenderla como “en concomitancia con el acto enunciativo”.
Es por ello que con el perfecto se trata más bien de la situación en la que se encuentra el sujeto de la oración y no tanto del evento verbal en sí, como ocurría con el pretérito indefinido (cf. Matte Bon 1992: 112-115; Adamczewski, Gabilan 1996: 66-71). Con su uso es como si el enunciador mirara hacia el pasado e hiciera un balance en el momento del habla, para así apuntar a algo sobre la base de tal balance.
A partir de esta operatividad básica es que se obtendrían los distintos sentidos o efectos expresivos de este tiempo verbal en sus variados ámbitos de uso. Pasemos algunos en revista, como hablar de experiencias pasadas sin referirnos a cuándo han ocurrido (cf. Corpas et al. 2019: 135; Corpas et al. 2020: 89), o hablar de experiencias que relacionamos con el momento en el que hablamos o que guardan relación con el presente (cf. Corpas et al. 2020: 89).
Si el sujeto se declara en posesión de un evento pasado es porque le importa decir que este evento pasado ha producido o puede producir un efecto en el presente. Así, en (1), al construir el enunciador la relación [vivir + mucho] como He vivido mucho, no pone el foco sobre el hecho de [he vivido mucho] sino sobre algo fuera de esta predicación, que sería el “efecto en el presente” al que intenta indicar. Este efecto en el presente se debe interpretar según el contexto o también se puede explicitar, como aquí, donde la relación en perfecto apunta al enunciado siguiente {sé perfectamente…}, lo cual viene a constituir por otra parte un factor de coherencia textual. De tal modo, el enunciado que contiene el perfecto se configura como base o prueba de lo que se intenta hacer pasar con el enunciado sucesivo en presente de indicativo. Como si dijéramos: la experiencia obtenida me permite decir que actualmente puedo o sé hacer algo, o conozco o comprendo una determinada cosa.
(1) Miguel: –Porque he vivido mucho, Paqui, mucho… mucho, y sé perfectamente por lo que estás pasando ahora. (Cuéntame, 130, 00:35:20)
Como hemos mencionado más arriba, el efecto o relevancia en el presente puede no explicitarse, por lo que el coenunciador deberá hacer las debidas inferencias. Como en (2), donde la enunciadora con el recurso al perfecto construye una relación verbal para concentrarse no en ella, ni mucho menos en una temporalidad interpretable suya, que no la hay o es muy débil, sino para apuntar a una predicación más allá, aun si no está presente en la cadena discursiva. Con los supuestos de la situación en mano, se hace factible la inferencia de que se trata de un medio de convencer a la coenunciadora para que vaya a la excursión de jubilados a la que esta plantea no ir.
(2) Marisa: –Y dale, que no quiero ir yo a esa excursión de jubiletas.
Vicenta: –Oye, que te he comprado ya el tique, me ha costado seis euros. (Aquí, 2/1, 00:00:45)
Como estrategia comunicativa, el enunciador puede situarse dentro de una unidad de tiempo mayor y plantear la relación predicativa como parte de esta (cf. Matte Bon 1992: 114). Se trataría del uso del perfecto para hacer referencia a lo que puede conceptualizarse como acción pasada con relevancia continuada hasta el presente (cf. Instituto Cervantes 2006 A: 131), representable con la muestra en (3).
(3) Isabel: –Álex, ¿con cuántas chicas has salidoen este último año? (Aquí, 2/2, 00:36:06)
En diferentes macrohablas del español europeo, y en lo que resulta además una norma del habla en esta macrovariedad, se observa una extensión convencionalizada de esta posibilidad enunciativa. O sea, la posibilidad de calibrar el contexto empírico temporal a unidades mayores o menores –de modo que el evento verbal se configura, y por ende se siente, como en relación con el presente de la enunciación– se aplica convencionalmente a la unidad día (cf. Matte Bon 1992: 114). De tal modo, resulta normal, para la designación de un evento hodierno, el recurso al perfecto, (4), allí donde el español americano muestra una marcada preferencia por el pretérito indefinido, (4’). Esto vale, preciso tenerlo en cuenta, para primeros contextos, o sea para contextos de construcción in situ, en concomitancia con el acto enunciativo, de la relación gramatical (para el concepto de contextos estratificados y cómo condicionan la validez de un uso considerado incorrecto por la norma, véase Laurencio 2019a: 23, 25).
(4) Menchu: –Pues… es un mocho nuevo para la fregona, ¿sabes?, que me he fijadoesta mañana que lo tienes hecho una pena. ¿Te gusta? (Aquí, 30/3, 00:42:32)
(4’) Testigo: –Ay deja ver, ahhh… y entonces por la mañanavi una mulata, alta, bonita. Y hubo una clase de discusión pero fuerte fuerte… (Propia, 8, 00:24:25)
A primera vista, la elección se halla en dependencia del momento temporal designado, o sea del marcador de tiempo que se utilice. Y vemos en esto una evidente causa de la diferencia que se establece entre el español europeo y el americano respecto a la articulación, con una referencia temporal hodierna, del pretérito perfecto o del pretérito indefinido. Solo que la observación de que en el español europeo es igualmente posible la articulación de un marcador temporal hodierno con el pretérito indefinido, como en (4’’), nos debería llevar a reflexionar.
(4’’) Lidia: –Esta mañanafui a recogerla. Y vi a Carlos saliendo de su hotel. (Chicas, 3/2, 00:38:05)
Una vía por dónde conducir la reflexión sería el preguntarnos qué pasaría si en vez de {esta mañana fui} se enunciara aquí {esta mañana he ido}, es decir, si habría diferencias de sentido o de valor ilocutivo interpretables, o si presentan ambas formas la misma colocabilidad pudiendo mantener o debiendo cambiar los otros elementos gramaticales a su alrededor. No solo, también habría que plantearse qué diferencias semánticas o ilocutivas podría producir una articulación con el perfecto, con una referencia temporal hodierna, en un habla como la cubana de la muestra (4’), o sea si se empleara un {por la mañana he visto} en lugar del indefinido.
En nuestra opinión, en las distintas variantes, (4), (4’) y (4’’), se pone en marcha el mismo mecanismo, con una diferencia de alcance de la presuposición activada con un eventual perfecto en cada caso (para distinto índice de presuposición en diferentes lenguas y hablas, véase Laurencio 2019a: 303-313). La operatividad de base sería idéntica: lo mismo en Por la mañana vi una mulata de (4’) que en Esta mañana fui a recogerla de (4’’), las enunciadoras se centran en el dato verbal en sí. La pieza se construye como autónoma con lo que el foco se pone sobre ella, como hemos visto más arriba al tratar el pretérito indefinido (§ 4.10). Esto puede servir ilocutivamente para informar la pieza sin más, como sucede en el interrogatorio de (4’), o para exclusivamente hablar del hecho o de la ejecución de ir a recoger en (4’’). Luego, con un eventual Por la mañana he visto una mulata, en una macrohabla americana como la cubana, la enunciadora estaría apuntando, completamente fuera de esta relación predicativa, a inferencias relacionadas o relacionables con su propio presente enunciativo, como pudieran ser lo sorprendida que sigue estando por eso, lo raro que considera ese suceso, la imagen de la belleza de la muchacha, entre tantas otras posibles y del todo cambiantes según la situación y la intención comunicativa (cf. Laurencio 2015: 240-242). Con un eventual Esta mañana he ido a recogerla, por otra parte, en la macrohabla europea, el foco estaría igualmente puesto fuera de la relación predicativa en sí construida con el perfecto. Y estaría puesto en inferencias más allá de la propia predicación, como el aducir un evento que de alguna manera guarda relevancia con un estado actual de cosas, como por ejemplo el que la persona referida constituya el tema de conversación en curso (cf. Matte Bon 1992: 114).
Por último, al igual que sucede con el indefinido, el objeto perfilado constituido por el participio, al colocarse en el discurso, puede alcanzar una interpretación temporal futura, inminente o lejana según el caso, como con el perfecto en (5), o el participio mismo, en (6). En acción se pondría igualmente, para llegar a tal lectura, el mecanismo de relevancia (§ 4.10).
(5) Emilio: –Pero Fernando, que yo no he sido, que ha sido mi padre, que es un hombre sin conciencia.
Fernando: –Muy bien, Emilio, te has quedado solo. (Aquí, 1/4, 01:26:04)
(6) Nerea: –¿Te casas?
Carmen: –Me voy a casar.
Nerea: –Carmen…
Carmen: –¡Sí!
Valeria: –¡Tía… ven aquí!
Lola: –Dios mío, otra amiga casada. (Valeria, 7/2, 00:38:21)
4.12. IMPERFECTO
Niveles A2.3 y A2.4, imperfecto (cf. Instituto Cervantes 2006 A: 130; Corpas et al. 2015: 113, 125; Corpas et al. 2020: 131, 247; Sans et al. 2016: 78, 90, 146;Sans et al. 2017: 180-181).
El morfema verbal -aba / -ía u operador de imperfecto se caracteriza por manejar una relación ya construida o brindar una como si lo estuviera. Otra característica esencial de este operador es su fuerte parcialidad construccional, por lo que va a depender de otras piezas para su cabal interpretación. Esto es sencillo de constatar preguntando algo como ¿Qué tiempo hace por allá?, con el presente de indicativo. Para responder a esto, un interlocutor telefónico podrá responder directamente Hace muy buen tiempo, o eventualmente asomarse a la ventana y dar una respuesta. Si preguntáramos, en cambio, un ¿Qué tiempo hacía por allá?, con el imperfecto, ya nuestro interlocutor tendría dificultades para responder. Dificultades que puede intentar resolver con una pregunta reparatoria como ¿Cuándo? Imaginemos otro ejemplo, le decimos a un amigo que vamos a contarle lo que nos pasó ayer, y enunciamos Llovía y nada más. Con buena seguridad, el interlocutor espetará algo como ¿Y? o ¿Y qué pasó? Es precisamente esta naturaleza relacional del imperfecto, que requiere de ser colmado con otra pieza con la que este se debe poner en relación, a lo que nos referimos con “parcialidad construccional” (para este tratamiento lingüístico del principio de parte y todo, véase Laurencio 2019a: 284-290).
En combinación con el indefinido o con el perfecto, esta dependencia crea normalmente el efecto de sentido o interpretación de que la acción designada con el imperfecto dura más que la designada por los otros dos o que no se tiene en cuenta su finalización (cf. Sans et al. 2016: 146). Si esto es apreciable en una muestra como en (1), ya no lo es tanto en (2) o en (3), o aun en otros casos donde el imperfecto aparece usado en aparente autonomía, como en las restantes muestras, de (4) a (9) (para una discusión de los efectos de sentido en contraposición con el valor estipulable como central del imperfecto en relación con el indefinido, véase Laurencio 2020: 117-122).
(1) Mercedes: –¿Sabes algo de tu padre?
Toni: –Sí, le he visto cuando venía. (Cuéntame, 230, 00:52:01)
En (2), podemos apreciar que con el imperfecto {venías} se designa un evento verbal ya concluido para el momento de la enunciación mientras que con el indefinido {pensé} se habla de un evento que puede haber durado o no. En principio, al menos a nivel de oración, se daría asimismo una doble posibilidad interpretativa de la duración en el uso aquí del imperfecto, básicamente en dependencia de si percibimos que {venías} representa el acto de venir o ir acercándose, acción durativa, o el acto de llegar, acción finalizada puntual. En realidad, a partir de la situación y de lo relevantemente interpretable en ella, la lectura tempoaspectual a asignar en este enunciado es una de evento ya concluido. Y si un imperfecto puede vehicular una tal lectura completiva y puntual, amén de poder permitir una durativa en otra situación hipotetizable, tendríamos más de un motivo para concluir que un valor tempoaspectual no constituye la razón de ser de un tiempo verbal determinado, como el imperfecto o el indefinido aquí (cf. Laurencio 2019a: 90-91).
(2) Carlos: –Ah, hola. Ya pensé que no venías. (Cuéntame, 91, 00:56:21)
Ya más arriba, en la muestra (7) de § 4.8, aparece un caso en que un evento representado mediante el imperfecto reproduce uno representado con el perfecto. En la muestra siguiente, (3), tenemos algo similar, aunque más bien se trata de dos eventos en imperfecto, {estaban buscando} y {veían}, paralelos a uno en perfecto, {han estado}. Ambos eventos verbales, con perfecto y con imperfecto, se equivalen tempoaspectualmente. Se encuentran además acotados temporalmente, o sea, como puede apreciarse, el evento representado por el imperfecto, lo mismo que por el perfecto, resulta uno finalizado.
(3) Herminia: –Han estado aquí otra vez. Y como estaban buscando a Toni y no lo veían, pues fíjate, lo han puesto todo patas arriba. (Cuéntame, 72, 01:07:28)
El imperfecto puede trabajar con una proposición o con una serie de proposiciones anteriores. Recordemos que el principio o sentido de trabajar con una relación ya constituida es hacer pasar algo sobre tal relación. Es el caso del clásico ¿Cómo te llamabas? luego de haberle preguntado a alguien en un momento anterior ¿Cómo te llamas?, con lo que se hace pasar que se tiene en cuenta que ya hubo una primera vez, con los efectos de tacto o cortesía que puedan obtenerse con este manejo. Es lo que se puede apreciar en (4), donde con el imperfecto se apunta a algo que el coenunciador estaba diciendo, para invitarlo a repetir lo discurrido y retomar el hilo de la conversación. No se pregunta meramente por lo dicho, en cuyo caso habría bastado el uso del indefinido, con un eventual {qué me dijiste}.
(4) Ramón: –Mientras dure la huelga de la EMT, lo que hay que hacer es ponerse al lado de las paradas de autobús. La gente se cansa de esperar y coge un taxi. A Atocha, a Cibeles. ¿Me estás oyendo? ¡Miguel, que te estoy hablando!
Miguel: –Perdona, ¿qué me decías? (Cuéntame, 161, 00:10:09)
Como pieza parcial o parcializadora que viene a ser el verbo manejado con el morfema de imperfecto, se puede decir que gira alrededor de un centro de gravedad, o sea alrededor del otro evento verbal con el que se pone en relación. En los ejemplos anteriores y en el siguiente, (5), puede considerarse que tal centro de gravedad lo constituye un objeto perfilado, representado o por un perfecto (participio) o por un indefinido. En este caso en particular, (5), mediante el imperfecto se retoma un contenido verbal propuesto anteriormente con el indefinido. Si en la colocación autónoma {fue un mal consejo} se negocia el contenido en sí, en la colocación vinculada {era un mal consejo} ya tal contenido se halla fuera de foco y por ende fuera de negociación. Como el foco se encuentra fuera, se generan implicaturas sobre la posible intención tenida en mente por el enunciador. Entre ellas, se puede contar convencionalmente la descripción de las características o cualidades del objeto referido (cf. Sans et al. 2016: 146), para sobre la base de tal descripción hacer pasar otra cosa, o sea lo tenido en mente o valor ilocutivo. En este caso, se trataría de tranquilizar o no preocupar al coenunciador respecto al objeto tratado.
(5) Pascual: –¿Sigues pensando que fue un mal consejo el que te di?
Inés: –No, no era un mal consejo. Lo que pasa que a lo mejor no era el momento. (Cuéntame, 227, 00:22:17)
En otros casos, el centro de gravedad del imperfecto es el presente de indicativo. O sea, con el imperfecto se da por construida una relación con el presente. Dicho aun en otras palabras, el enunciador recupera o se coloca como si recuperara una relación ya construida o preconstruida a partir del presente o mediante el presente. En tales casos, una lectura o interpretación aspectual convencional que se obtiene es la de evento habitual o cíclico, o la indicación de usos o costumbres. Esta habitualidad, ciclicidad o iteratividad gana una interpretación temporal pasada precisamente en su oposición tácita a un tiempo presente, el cual por otra parte se supone igualmente con tales características aspectuales. De ello deriva la implicatura, como en (6), de que si la enunciadora antes iba al gimnasio ahora ya no lo hace.
(6) Lucía: –Yo antes iba al gimnasio, hasta que he descubierto que descargo aquí más adrenalina. (Aquí, 15/1, 00:07:43)
Una prueba de que en tales usos el imperfecto “gira” alrededor de un presente es el hecho de que a veces realizamos una “hipercorrección” contraponiendo este imperfecto a un presente. Así, un Era amigo mío lo reconducimos mentalmente a un Ya no es amigo, por lo que podemos reaccionar ante el coenunciador con un O sea, ¿ya no lo es?, a lo que este podría responder No no, pero si sigue siéndolo, de lo que se evidencia que no es más que una ilación, y que no es necesariamente cierta (cf. Laurencio 2019a: 97-98). El uso de exacto junto a la repetición o retoma ecoica del imperfecto {estaba} aquí, (7), es precisamente muestra de cómo un imperfecto, por naturaleza metalingüístico, se reconvierte a un imperfecto “extralingüístico”, o sea de cómo damos un valor temporal a algo que valor temporal en principio no tiene.
(7) Oriol: –Eh, ¿tú no estabas arrestado?
Melero: –Exacto, estaba. El coronel me ha levantado el arresto. (Cuéntame, 397, 00:44:15)
Como mencionábamos más arriba (§ 4.10), nada quita que en estos usos “independientes” del imperfecto utilicemos fechas o marcadores temporales, de lo que se deduce que no es esta una característica privativa del uso del indefinido (cf. Corpas et al. 2020: 33).
(8) Carlos: –Así era mi familia en 1968. (Cuéntame, 1, 00:06:34)
Un poco más arriba tocábamos de pasada un último uso o exponente nociofuncional que suele presentarse en el nivel A2, entre los demás hasta aquí examinados, el valor descriptivo que presentaría la forma verbal del imperfecto (cf. Instituto Cervantes 2006 A: 130). En este caso, la relación que maneja el imperfecto puede ser una construida a partir del presente, donde se desarrolla la implicatura de que la característica reportada para el pasado ya no es tal en el presente. O a partir de otro tiempo verbal, como el indefinido, donde ya no procede tal implicatura, pues el uso del imperfecto se limitaría a indicar una característica en relación con lo narrado y que se ubica en un ámbito temporal pasado. En la muestra a continuación, (9), al menos en principio y a falta de una mayor contextualización, ambas posibilidades pueden considerarse presentes. En realidad, en la situación comunicativa en cuestión, es apreciable que solo la segunda interpretación es relevante.
(9) Mercedes: –Sí que tenía un acento muy gracioso. (Cuéntame, 38, 00:06:27)
5. CUESTIONES COMUNICATIVAS
A continuación presentamos casos muy simples de determinados “fallos” que se pueden producir en la gestión comunicativa y cómo se pueden procesar. En realidad, más que fallos, son violaciones, comunes o incluso convencionalizadas en algunos casos, mientras que en otros, no. En todos, sin embargo, se producen implicaturas al resultar a su vez violaciones de una u otra máxima conversacional (cf. Grice 1975: 45).
Se trata de casos simples en cuanto nos mantenemos en el ámbito de un nivel básico A1.1. Si bien en la práctica didáctica podrían considerarse errores y como tal ser sometidos a crítica, hallamos más productivo sensibilizar al estudiante con lo que realmente son: violaciones o desvíos de determinadas pautas en la gestión de operadores o de operaciones, a partir de lo cual pueden obtenerse efectos pragmáticos que no eran los tenidos en mente por el estudiante. De ello se desprende además el que tales gestiones puedan derivar en conflictos comunicativos.
5.1. EMPLEO DE OPERADORES
Nivel A1.1, pauta (ser) artículo cero + nombre profesión para indicar la profesión (cf. Instituto Cervantes 2006 A: 115; Corpas et al. 2013: 17; Corpas et al. 2019: 23; Sans et al. 2011: 51).
Nivel A1.1, pauta (ser) de + nombre sitio para indicar el lugar de origen (cf. Instituto Cervantes 2006 A: 220, 319; Corpas et al. 2013: 17; Corpas et al. 2019: 23; Sans et al. 2011: 57).
En cada lengua existen pautas, usos convencionalizados, que normalmente se utilizan al preguntar o al responder. Situándonos en este ámbito, el de la convencionalización lingüística, podemos considerar que nos hallamos en una fase I en relación con el eje de la información. Ahora bien, si al preguntar o al responder nos salimos de tales pautas, podemos crear efectos de sentido suplementarios (cf. Matte Bon: 1999: 126-127). Nos estaríamos posicionando con ello en una fase II con relación al eje de la información, fase en la que apuntaríamos a otros datos en referencia al dato manejado. Téngase en cuenta, sin embargo, que tales violaciones de un uso lingüístico más o menos convencional suelen ser tachadas de incorrectas en la producción de un aprendiente de ELE, mientras que en boca de un nativo se trataría “tan solo” de una manipulación de los recursos lingüísticos.
Así, por ejemplo, si alguien pregunta por la profesión de un determinado personaje, y en lugar de responder Es Ø tenista, uso pautado, respondemos Es un tenista (véase también en § 4.1), podemos crear la impresión –pero es tan solo una posibilidad entre tantas otras–, que no nos interesa tanto responder a lo que se pregunta en sí, la profesión, sino que queremos ir más allá, pasando directamente a la identificación de la persona de la que se habla. Contextualmente esto podría tomarse, e igualmente es tan solo una posibilidad entre tantas otras, como un deseo de terminar ya con la identificación, lo que a su vez puede ser tomado como deseos de ganar a toda costa, si se tratara de una competición de reconocimiento de personajes, o incluso, en ciertos contextos, como una falta de cortesía, o una desatención.
Pongamos aun otro ejemplo. Si al responder por el lugar de origen, en vez de enunciar Japonés de Tokio, enunciamos solo De Tokio, esta pauta no respetada puede revelar una confianza bastante elevada entre los hablantes –debido a una relación preestablecida entre ellos–. Pero si tal relación no existiera, entonces podría tomarse por un abuso de confianza, o un desinterés en mantener la conversación con la otra persona, o cierta sequedad.
5.2. ORDEN DE APARICIÓN CONTEXTUAL
Nivel A1.1, pauta ser + artículo indeterminado / artículo cero + nombre para identificar o para describir / definir (cf. Instituto Cervantes 2006 A: 115, 136; Corpas et al. 2013: 41; Corpas et al. 2019: 51; Sans et al. 2011: 26).
Nivel A1.1, pauta (en + nombre sitio) haber + cuantificador / ø + nombre para indicar existencia (cf. Instituto Cervantes 2006 A: 113, 115, 117, 121, 140, 313; Corpas et al. 2013: 41; Corpas et al. 2019: 51; Sans et al. 2011: 86, 170).
Nivel A1.1, pauta el + nombre + estar en + nombre sitio para indicar ubicación (cf. Instituto Cervantes 2006 A: 113, 136, 317; Corpas et al. 2013: 41; Corpas et al. 2019: 51; Sans et al. 2011: 86, 170).
Nivel A1.1, pauta hablar + artículo cero + nombre idioma para indicar grado de conocimiento de una lengua (cf. Instituto Cervantes 2006 A: 113, 188, 194, 195, 199; Corpas et al. 2013: 29, 30; Corpas et al. 2019: 134, 214; Sans et al. 2011: 61).
Tratábamos en la entrega anterior el principio constructivo conversacional del encadenamiento de las operaciones de emplazamiento (Laurencio 2021a: 8). Según este principio, si hablamos pongamos de un lugar, primero deberíamos identificar el sitio, con ser, y luego eventualmente decir algo sobre él, informando por ejemplo dónde se encuentra, con estar. O podemos indicar cosas interesantes que ver en tal sitio, con haber, para luego referirnos a ellas indicando su ubicación precisa, con estar.
El orden de aparición contextual puede ser violado, y normalmente lo es en ciertas circunstancias. Por ejemplo, si tratamos sobre un lugar tan famoso que consideramos que nuestro interlocutor no puede sino conocerlo, podemos pasar directamente a hablar de él sin haber introducido su identificación o su existencia antes. O sea, podemos dar por construida la relación, sin haberla construido nosotros mismos en nuestro discurso. Así, a una pregunta como ¿Qué hay en París?, podemos directamente responder Está la torre Eiffel, en vez de respetar el orden de aparición contextual y enunciar algo como Hay una torre. Se llama Eiffel.
Como se desprende de lo visto hasta aquí y en el acápite anterior, algunas violaciones de una pauta, de una estructura o de un orden como aquí, no son comunes o no están convencionalizadas. En tales casos se pueden crear efectos de sentido suplementarios como los ya indicados. Así, a la pregunta de ¿Qué idioma se habla en Rusia?, si respondo El ruso, se puede interpretar que estoy intentando transmitir la obviedad del dato, y que por tanto, es superfluo preguntar, o sea puede sonar a crítica al coenunciador por haber preguntado una cosa tan obvia. También, en otro posible contexto, la misma respuesta de El ruso podría interpretarse como que es el único idioma que se habla en tal país. O sea, responder con un índice de presuposición alto equivale a enunciar que la respuesta es esa y no otra, bloqueando en principio la posibilidad de agregar una alternativa o entrar en más detalles, como por ejemplo en caso de que en el país por el que se pregunta se hablaran más idiomas. Este bloqueo igual se puede deshacer pero volviendo a una fase I de la construcción del enunciado (cf. Matte Bon 1997: 63-64; véase también Solís García, Matte Bon 2020: 46-56), o sea volviendo atrás en la construcción de la relación gramatical. Claramente, para limitarnos a transmitir la información por la que se pregunta, y poder así negociar el dato, deberíamos responder manteniéndonos en una fase I, respetando el orden de colocación de piezas en el discurso, algo como Ruso o En Rusia se habla ruso.
6.1. REFERENCIAS
Adamczewski, H. (1978). Be + ing dans la grammaire de l’anglais contemporain. Champion. https://rb.gy/vpl6k8
Adamczewski, H. (1991). Le français déchiffré, clé du langage et des langues. Armand Colin.
Adamczewski, H. / Gabilan, J.-P. (1996). Déchiffrer la grammaire anglaise. Didier.
Corpas, J. / García, E. / Garmendia, A. (2013). Aula Internacional 1. Nueva edición. Difusión.
Corpas, J. / Garmendia, A. / Soriano, C. (2015) [2013]. Aula Internacional 2. Nueva edición. Difusión.
Corpas, J. / Garmendia, A. / Soriano, C. (2018) [2014]. Aula Internacional 3. Nueva edición. Difusión.
Corpas, J. / García, E. / Garmendia, A. (2019). Aula Internacional Plus 1. Difusión
Corpas, J. / Garmendia, A. / Soriano, C. (2020). Aula Internacional Plus 2. Difusión.
Corpas, J. / Garmendia, A. / Soriano, C. (2021). Aula Internacional Plus 3. Difusión
Culioli, A. (1999). Pour une linguistique de l’énonciation; vol. II: "Formalisation et opérations de repérage". Ophrys
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