Artículos
Infoesfera: socialidad técnica y prácticas mediáticas. Un enfoque desde Cuba *
Infoesfera: socialidade técnica e práticas de mídia. Uma abordagem cubana Infosphere
Technical Sociality and Media Practices. Cuban Approach
Infoesfera: socialidad técnica y prácticas mediáticas. Un enfoque desde Cuba *
Revista Iberoamericana de Ciencia, Tecnología y Sociedad - CTS, vol. 18, núm. 52, pp. 145-172, 2023
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET)
Recepción: 15 Marzo 2021
Aprobación: 15 Abril 2021
Resumen: Con el devenir histórico,reaparecen en países como Cuba procesos de movilización acompañados por las intervenciones directas de las masas en las distintas esferas del poder, la cultura y la economía. En términos generales, se puede argumentar que el resurgimiento del "fantasma de la revolución" –desde la perspectiva de diversos actores sociales independientes– pretende reivindicar las prácticas de participación política y cultural en los procesos de toma de decisiones. En este contexto, el término "cultura mediática" trae consigo la investigación de nuevos tipos de socialidad e interacción, procesos comunicativos y de apropiación, prácticas culturales y fenómenos mediáticos, que desde el uso de la tecnología digital se materializan en las más diversas esferas sociales. La búsqueda, la adquisición y el manejo de todo tipo de información mediante el uso de dispositivos técnicos y medios digitales influyen en el comportamiento de los usuarios, así como en su afán de entenderse a sí mismos como individuos interconectados para ejercer su rol ciudadano. El artículo propone, desde un enfoque praxeológico, un acercamiento a la socialidad técnica y las prácticas mediáticas en la infoesfera para analizar sus implicaciones sociales y políticas en el contexto cubano.
Palabras clave: tecnología digital, socialidad, prácticas, interacción, cultura.
Resumo: Com a evolução histórica, reaparecem processos de mobilização em países como Cuba, acompanhados por intervenções diretas das massas nas diferentes esferas do poder, da cultura e da economia. Em linhas gerais, pode-se argumentar que o ressurgimento do "espectro da revolução" - na perspectiva de diversos atores sociais independentes - busca reivindicar as práticas de participação política e cultural nos processos decisórios. Nesse contexto, o termo “cultura midiática” traz consigo a investigação de um novo tipo de socialidade, processos de interação, comunicação e apropriação, práticas culturais e fenômenos midiáticos, que, a partir do uso da tecnologia digital, se materializam nas mais diversas esferas sociais. A busca, aquisição e gestão de todo tipo de informação por meio do uso de dispositivos técnicos e mídias digitais influenciam o comportamento dos usuários, bem como seu desejo de se compreenderem como indivíduos interconectados para exercer seu papel de cidadão. O artigo propõe uma abordagem praxeológica à socialidade técnica e às práticas mediáticas na infosfera para analisar suas implicações sociais e políticas no contexto cubano.
Palavras-chave: tecnologia digital, socialidade, práticas, interação, cultura.
Abstract: With historical evolution, processes of mobilization reappear in countries like Cuba through the direct interventions of the masses in the different spheres of power, culture and economy. In general terms, it could be argued that the resurgence of the "ghost of the Cuban revolution" – from the perspective of various independent social actors – aims to vindicate the practices of political and cultural participation in decision-making processes. In this context, the term "media culture" brings forward the research of new types of sociality, interaction, appropiation, communicative processes, cultural practices and media phenomena, which the use of digital technology materializes in the most diverse social spheres. The search, acquisition and management of all kinds of information through the use of technical devices and digital media influence the behavior of users, as well as their desire to understand themselves as interconnected individuals exercising their citizenship. This article proposes a praxeological approach to technical sociality and media practices in the infosphere, in order to analyze their social and political implications in the Cuban context.
Keywords: digital technology, sociality, practices, interaction, culture.
Introducción
La influencia del uso de la tecnología digital en la cultura, así como las políticas para su implementación, se corresponden con nuevos fenómenos culturales y prácticas sociales, procesos económicos y políticos, que en el caso cubano describen y ejemplifican un campo de tensión entre la tradición y la modernidad (García Hernández, 2020). En este sentido, apuntaba el teórico de la comunicación Enrique GonzálezManet que el proceso de:
“(…) informatización de la sociedad supone el tránsito de la producción industrial a la economía de servicios, la conexión interactiva de todas las instituciones y organismos públicos y privados, y la elevación cualitativa y constante de la capacitación profesional. Se trata de un nuevo concepto social de mediano y largo plazo que comienza en algunos países altamente desarrollados, proceso al que acompañan contradicciones, desfases y rupturas debido a los efectos de las políticas de privatización y declinación de los servicios de carácter público. (…) La era de la informática no es únicamente la expresión de un dinámico desarrollo tecnológico, sino también un feroz campo de competencia y una articulada urdimbre de relaciones políticas, económicas, ideológicas y culturales” (García Luis, 1997, p. 7).
En el contexto del programa de Informatización de la Sociedad Cubana, 1 y de forma independiente, los usuarios interactúan con un cúmulo de posibilidades a través del uso de Internet que les permite desarrollar su participación cultural en diversas esferas de la vida social. En la base de sus acciones sociales, los usuarios crean un espacio social compartido en el que se generan interacciones, prácticas, patrones y comportamientos de consumo. De esta forma desarrollan otras relaciones de poder que generan conflictos en los canales de distribución de los contenidos digitales producidos por ellos mismos. Para las sociólogas Yisel Rivero Baxter y Liliam Barthelemy Panizo (2017) los usuarios cubanos – entendidos también como consumidores – se constituyen como diseñadores, desarrolladores y coproductores de una forma de política cultural. El investigador Hamlet López García (2017) señala que uno de los factores decisivos para la implementación de las nuevas prácticas mediáticas en Cuba es la creación de infraestructuras técnicas independientes que permiten otras maneras de consumo cultural y mediático, debido a que los actores sociales –o los denominados nativos digitales (Prensky, 2001; Negroponte, 1995)– ejercen un control sobre sus acciones en el espacio público (Vidal Valdez, 2017)
Mediante la transformación técnica de la sociedad cubana se van estableciendo otras formas de participación cultural y política que se dirigen contra la cultura tradicional de los medios de comunicación (Moras Puig, 2019; Moras Puig & Rivero Baxter, 2016). Con la expansión de las infraestructuras técnicas independientes, las generaciones más jóvenes introducen otras manifestaciones culturales generando nuevas prestaciones de servicios, otras formas de negocios y de consumo de bienes culturales (García Hernández, 2020; Concepción Llanes & Oller Alonso, 2019; Köhn, 2019; Concepción Llanes, 2015). Con su práctica cultural, los usuarios pretenden distanciarse del control ejercido por el Estado y de la vigilancia institucional. En su análisis periodístico sobre el uso de los medios digitales, Pedro de la Hoz define a los usuarios así:
“A primera vista pareciera una transgresión de ciertos mitos tempranamente preestablecidos en la concepción del periodismo digital, que apuntan a la prioridad de contenidos informativos, sobre todo capsulares, a partir de las supuestas características de las personas que acceden a estos medios que exigen brevedad y ligereza en los mensajes. Suele describirse al internauta como un individuo impaciente, ávido por recibir en la menor cantidad de tiempo posible información concentrada, discriminador de toda opción que demande un profundo ejercicio intelectual. Pero hay otros, y no pocos, internautas que buscan en la red alternativas para el verdadero enriquecimiento espiritual y la útil confrontación de ideas. Son los que saben hallar lo que necesitan, y cuando lo encuentran, marcan esos sitios entre sus favoritos, y llegado el caso, aunque dispongan de poco tiempo ante la máquina, guardan archivos y los hacen circular entre personas afines” (de la Hoz, 2014).
El artículo propone un acercamiento praxeológico a los términos de socialidad técnica y prácticas mediáticas en el contexto de la infoesfera. Para alcanzar este objetivo se toman como ejemplos el contexto sociocultural cubano y algunas de las iniciativas independientes desarrolladas por los usuarios como la red SNET, los portales de anuncios clasificados, el paquete semanal y las revistas digitales. Con estos fenómenos mediáticos se analizan otras maneras y formatos de la comunicación en Cuba. Este análisis praxeológico se enfoca en resaltar los aspectos comunicacionales de las prácticas sociales de los usuarios desde sus concreciones materiales, también a través del uso de formatos digitales para el intercambio –online y offline– de datos y la producción de contenido multimedia. Este acercamiento se orienta a un esclarecimiento de la relación entre las acciones de los usarios y cómo éstas afectan no solo a los individuos y grupos sociales, sino también modifican las condiciones materiales, los entornos sociales y las prácticas mediáticas.
El contexto sociocultural en el que tienen lugar las prácticas mediáticas en Cuba está caracterizado hoy por una profunda crisis económica que provoca desigualdades sociales. La situación actual se caracteriza además por los mecanismos tradicionales de supervivencia en la esfera de la economía doméstica. Las tendencias de desarrollo gubernamentales indican que el Estado cubano se despide paulatinamente de su economía centralizada al establecer otras relaciones comerciales dentro del sistema regional y global de economía de mercado, dominado por grandes corporaciones. Estas tendencias han modificado la expresión cultural y la manifestación política de la ciudadanía en términos de su participación activa en los procesos de toma de decisiones. Las reacciones de los ciudadanos a la adversidad y la escasez de recursos materiales, transforman el contexto y las prácticas sociales (Brenner et al., 2020). Además, se han establecido patrones de migración elitistas que generan un acceso desigual a las transferencias de dinero y a las ofertas del sector privado en Cuba (Hansing & Hoffmann, 2019). Los individuos y grupos sociales que llevan a cabo la transformación técnica de la sociedad son de naturaleza heterogénea y difieren con sus acciones en el espacio público en diversos aspectos como el campo profesional, posicionamiento político e ideológico, género, etnia y color de piel, trasfondo cultural, pertenencia a una clase social y posesión de riqueza. La organización gradual de la economía doméstica cubana ha creado privilegios y altos estándares de vida para una élite con un nivel considerable de adquisición de riquezas y un consumo diferenciado de bienes y servicios (Hansing & Hoffmann, 2020). Aquellos ciudadanos que no pueden competir en el sector privado, quedan excluidos de la producción, la distribución y del acceso a los bienes y servicios (García Hernández, 2020).
El uso de la tecnología digital ha provocado una revolución cultural en Cuba. El acceso a otros espacios de información se ha vuelto más relevante para los usuarios, mientras que el uso de dispositivos digitales y el consumo de contenidos multimedia aumentan exponencialmente. La dimensión cultural del cambio sociotécnico de la sociedad cubana debe entenderse aquí como un proceso complejo y asincrónico, que no solo afecta el comportamiento de los individuos y grupos sociales, sino transforma las condiciones sociales, los entornos materiales y las prácticas socioculturales de diferentes formas. Desde un enfoque praxeológico, el artículo analiza dos elementos constitutivos –una socialidad extendida técnicamente y las prácticas mediáticas de los usuarios– en la infoesfera. Así, se plantea la tesis que con sus prácticas mediáticas los usuarios cubanos establecen nuevas formas de participación política y cultural, a través de las cuales ejercen determinados derechos y asumen una responsabilidad en la red.
1. La infoesfera y sus estructuras relacionales
El término “infoesfera” se refiere a la totalidad de unidades informativas a partir de las cuales se generan interacciones, procesos culturales y relaciones mutuas en un espacio informacional. En ella se define un entorno mediático con propiedades técnicas en el que los usuarios interactúan con la información y los datos que manejan o que se ponen a su disposición por los consorcios de Internet. Las relaciones que los usuarios establecen en la infoesfera posibilitan nuevas formas de abordar la tecnología digital. Este espacio informacional indica un entorno en el que la percepción de la realidad depende cada vez más de técnicas culturales aprendidas, mientras que las experiencias de los usuarios se simbolizan mediante signos algorítmicos transmitidos a través de la interfaz de los dispositivos digitales (por ejemplo, el smartphone). La interfaz aquí se entiende como aquella superficie donde se traduce el funcionamiento técnico interno, los cálculos algorítmicos y las operaciones de los dispositivos, en procesos semánticos para el tratamiento, la presentación, visualización y materialización de datos (Hartmann, 2018). La concepción de la infoesfera no se limita a Internet, sino que se corresponde con un nuevo tipo de organización social o de sociedad, en la que sus aspectos políticos, económicos y culturales se caracterizan por una forma de comunicación mediada por dispositivos digitales (Floridi, 2015). El uso de la tecnología denota una estructura técnica de posibles espacios comunicacionales que se complementan con elementos básicos de la vida cotidiana, por ejemplo: los usuarios generan sistemas de información diferenciados donde imaginan otras maneras de tratar con la realidad procesando todo tipo de información
El filósofo italiano Luciano Floridi sostiene que “las TIC nos hacen interpretar el mundo en términos informativos y hacen del mundo que experimentamos un lugar informacional” (Floridi, 2015, p. 63). El contexto sociocultural de la transformación técnica en Cuba debe entenderse como ese lugar informacional donde el Estado, las empresas de telecomunicaciones, las instituciones y los usuarios ejercen sus prácticas mediáticas.
“La Infoesfera es un entorno que permite una comparación con el ciberespacio, pero se diferencia de él en tanto es sólo una de sus subáreas, ya que ella incluye el espacio de información offline y analógico. En sentido amplio, la infoesfera es un concepto que se puede utilizar como sinónimo de realidad, si entendemos esta última en términos de información” (Floridi, 2015, p. 64).
El proceso de apropiación, uso, adaptación y transferencia de la tecnología en la infoesfera conforma las relaciones sociales que los usuarios establecen con los medios digitales, ya que se supone que los usuarios desarrollan sus habilidades técnicas para su manejo productivo. Al interactuar con las unidades informativas –textos, imágenes, íconos, gadgets, aplicaciones–, ellos realizan tareas operativas en un contexto técnicamente modificado. Estas tareas tienen una función social, ya que, al describir prácticas focalizadas, conscientes y repetibles por otros usuarios, resultan en un cúmulo de experiencias a partir de las cuales se comparten significados culturales socialmente compartidos. Estos procesos técnicos requieren de la participación e interacción entre las instituciones y los actores sociales en el espacio público, donde, al mismo tiempo, se generan conflictos. En este punto, existen en Cuba dos posiciones con respecto al progreso técnico que se diferencian en su comprensión.
Por un lado, la soberanía tecnológica defendida por la dirección política del país se puede considerar como una concepción ideal del progreso técnico. La idea en el trasfondo es que el uso de la técnica, los nuevos medios y la aplicación de la tecnología deben contribuir a un desarrollo económico y social sostenible. En los espacios institucionales, los responsables políticos -es decir, aquellas personas con capacidad de decisión- se refieren al uso de Internet como una herramienta o instrumento idóneo que permite importantes avances en la implementación de diversos programas gubernamentales. Estos programas tienen como objetivo desarrollar las habilidades técnicas de los usuarios a través de su alfabetización mediática y la adquisición de competencias en diversas esferas de la economía, como, por ejemplo, en la automatización de la producción en el contexto industrial. Sin embargo, la dirección política depende, en el campo de las telecomunicaciones, en gran medida, de socios comerciales de países como China y Rusia. Por ejemplo, con la inversión de empresas chinas en 2015, se diseñaron y pusieron en marcha los puntos de acceso Wi-Fi públicos y se abasteció el mercado cubano con dispositivos como laptops, tablets y smartphones. 2 Con Rusia se han tomado acuerdos para el desarrollo de la tecnología militar y el uso de sistemas de geolocalización (tracking) .3
En las instituciones, la opinión predominante es que los medios digitales, al igual que los medios de comunicación de masas (como la televisión, la radio y medios impresos), deben cumplir una función ideológica: regirse por los principios de la Revolución Cubana. En consecuencia, hay que destacar en este punto una contradicción, pues en las instituciones se encuentran intelectuales, científicos y especialistas que se expresan de forma crítica frente al gobierno cubano. Muchas de estas personas poseen una profesión secundaria y trabajan activamente (de forma remunerada o no) en otros proyectos como sitios web, blogs, prensa independiente, en el sector privado, contribuyendo, de esta manera, a la expansión de redes no institucionales. Así, se puede argumentar que muchos de los empleados de las instituciones no se rigen por las directrices institucionales y, en todo caso, prefieren no ajustarse a las directivas.
Un ejemplo de proyectos institucionales que se ajustan a la directiva política son los sitios web Infomed del Ministerio de Salud Pública, Cubarte del Ministerio de Cultura y la enciclopedia colaborativa EcuRed. En estos proyectos digitales se reproducen las estructuras y prácticas de la política gubernamental en el contexto de la comunicación institucional, ya que se subordinan a la dirección política. El uso de los medios digitales que se realiza desde estos proyectos revela una forma de comunicación e interacción que pretende modificar la relación entre la política y la sociedad, así como entre la economía y la cultura. Uno de sus objetivos principales es llevar a cabo campañas de alfabetización mediática e informacional para instruir a los usuarios en el uso de la tecnología. 4 Una de las condiciones para el éxito de estos sitios web es el aumento de la rentabilidad de este nuevo modelo para la implementación de políticas institucionales en Cuba. Políticamente, el uso de la tecnología desempeña un rol decisivo debido a que la transformación técnica adquiere una dimensión cultural e ideológica profunda. Otro elemento importante aquí es que con estos proyectos se contribuye al surgimiento y desarrollo de un mercado de información cubano, mediante el cual el país goza de un reconocimiento internacional. 5
En contraposición, se puede argumentar que la realización de estos proyectos y su funcionamiento pleno dependen, en gran medida, de prácticas comunicativas e institucionales anticuadas y un equipamiento obsoleto, lo que obstaculiza la construcción de una infraestructura tecnológica innovadora. La información proporcionada en la Intranet de estos sitios está sometida al control institucional, mientras que los contenidos digitales -culturales y educativos- son, en su mayoría, politizados e ideologizados. 6 En resumen, la soberanía tecnológica a la que aspira la dirección política cubana, con la implementación de proyectos web y la expansión de la infraestructura de telecomunicaciones, es aparente en tanto se nutre de concepciones y cosmovisiones desactualizadas en lo referente al contenido que se ofrece en las redes institucionales. Estos proyectos utilizan software de base común para imponer sus intereses gubernamentales como si tuviesen una correspondencia con las demandas de la ciudadanía.
Por otro lado, los usuarios cubanos le atribuyen al Internet, y al uso de la tecnología en general, propiedades cualitativas que deben servir al mejoramiento de sus condiciones de vida. El Internet y los diversos servicios de información ofrecidos por el Estado se utilizan principalmente para la comunicación con la familia, conocidos y amigos fuera del país. Los usuarios acogen con satisfacción la posibilidad del acceso a Internet. Éste se utiliza, en esencia, para el mero consumo de información, sin expresar una opinión o asumir una postura crítica frente a los contenidos digitales que se consumen. Dentro de la sociedad cubana, esta posición tiene un papel ambivalente: los usuarios creen en el poder emancipador de los nuevos medios digitales y la tecnología, además entienden que éstos contribuyen a mejorar las condiciones materiales de su existencia. Sin embargo, la precariedad de las condiciones de vida -agravada con la crisis económica- no se reduce a la posesión de dispositivos técnicos o a la provisión de un acceso a Internet, ya que su objetivo principal no es resolver otros problemas fundamentales como la vivienda, la alimentación, la producción agrícola o el transporte público.
Desde 2006, bajo el gobierno de Raúl Castro, la economía cubana viene experimentando un cierto grado de liberalización con la puesta en vigor e introducción de reformas económicas y políticas; sin embargo, la aplicación efectiva de estas reformas se ha visto frenada por mecanismos burocráticos (Hoffmann, 2018). La gestión independiente de los medios digitales -como el paquete semanal, los portales de anuncios clasificados, entre otros- por parte de los usuarios pretende resolver problemas técnicos, cotidianos y referentes a la adquisición de productos e información de todo tipo. Los usuarios prefieren moverse hacia un espacio comunicacional e informacional, dígase Internet y sus servicios, donde no sospechen que existen reglas y condicionamientos que restrinjan su capacidad de decisión. Esto se refiere, sobre todo, a que no sospechen que existe la censura y la autocensura, así como puntos de vista politizados e ideologizados. De esta manera, pretenden ejercer una cierta ciudadanía digital donde se garantice su acceso pleno a Internet y asuman una responsabilidad social, desarrollando sus habilidades y competencias mediáticas mediante una comunicación digital basada en el uso de la tecnología. Básicamente, los usuarios cubanos tienen la idea de actuar de forma autónoma en un entorno digital internacional y global, posibilitado por el uso de Internet. A pesar de ello, no son conscientes de que solo pueden interactuar dentro de los límites de una acceso permitido y controlado por el Estado. El gobierno tolera las innovaciones independientes, siempre y cuando no se dirijan en contra de los principios de la Revolución.
Un ejemplo de esta forma de censura se hizo evidente en 2013, cuando muchos usuarios crearon en sus casas salas de cine en 3D que fueron cerradas por decretos gubernamentales, debido a que iban en contra de la política cultural, las directrices cinematográficas del ICAIC y no cumplían los requisitos esenciales para aportar elementos positivos al gusto estético de la población. 7 Sin embargo, desde 2019, se despenalizó la instalación de redes privadas de datos o redes inalámbricas de datos para personas naturales con la concesión de más de 3000 licencias para su funcionamiento. 8 Con la liberación del acceso a Internet mediante datos móviles a finales de 2018, ha aumentado exponencialmente el número de usuarios, así como las descargas de aplicaciones y el uso de las redes sociales. 9
La dirección política cubana comprende las posibilidades del progreso técnico, pero no renuncia a la regulación y el control de estas transformaciones. El Estado continúa pensándose a sí mismo como promotor de políticas sociales que garantizan el bienestar de todos los ciudadanos, lo que supone ejercer una forma de hegemonía sin oposición política y sin tener una idea concreta de las demandas de la población. En contraposición, la ciudadanía intenta, por diversos medios, encontrar soluciones inmediatas a los problemas cruciales de su existencia para mejorar las condiciones materiales de su cotidianidad, muchas veces sin una idea concisa sobre su futuro inmediato.
El proceso de transformación técnica en Cuba tiene una historia que comenzó en la década de la década de 1960 con el diseño de una política de información introducida en tres fases. La primera fase se llevó a cabo entre 1962 y 1976, con el fin de proporcionar una base científica y una infraestructura técnica para la planificación y promoción de programas gubernamentales de transferencia tecnológica. La segunda se realizó entre 1977 y 1989 con el objetivo de crear las condiciones técnicas para un modelo económico centralizado. La tercera fase, de 1990 hasta la primera década del siglo XXI, se concentró en la organización y reestructuración de los diversos factores económicos que se vieron influenciados por el colapso del Bloque del Este (Séror y Fach Arteaga, 2000). Uno de los aspectos esenciales para la implementación de esta política ha sido siempre el desarrollo de campañas de alfabetización informacional, cuyo propósito es extender las habilidades técnicas y competencias mediáticas de los usuarios. Estas campañas buscan estimular e introducir métodos para la planificación, la gestión, el control, el seguimiento y la actualización de las diversas iniciativas que conforman los programas institucionales, buscando alcanzar un desarrollo sostenible en todos los ámbitos de la vida social. Los actores sociales de esta transformación deben ser reconocidos primero en los marcos institucionales, pues ellos impulsan estrategias políticas para la implementación de sus proyectos técnicos, por ejemplo: Infomed, Cubarte y EcuRed. La peculiaridad de estas campañas es que el Estado se entiende a sí mismo como promotor de la transformación técnica.
Sin embargo, la participación activa de los usuarios cubanos no garantiza el éxito de estos programas gubernamentales en lo referente a la adquisición de habilidades técnicas para el manejo de la información. En los sitios web de las instituciones cubanas se oferta de forma gratuita una gran cantidad de informaciones y contenidos digitales que, en la mayoría de los casos, vulneran los derechos de autor y la propiedad intelectual. Estas informaciones, contenidos y obras de todo tipo (libros, música, películas, partituras, ensayos y trabajos científicos) se copian, escanean, reproducen y distribuyen sin el consentimiento de sus autores (Arcos Fernández-Britto, 2011). Aquí, un elemento decisivo para el consumo de esta información es el interés que muestren los usuarios hacia estos contenidos. En el contexto institucional se asume que los usuarios son quienes almacenan, procesan y transmiten la información y la emplean desde un punto de vista ético.
El trato con los medios digitales y el manejo de los dispositivos técnicos dentro de la población cubana describe una situación en la que el proceso de adquisición de habilidades técnicas y mediáticas se realiza, por lo general, de forma independiente y sin la influencia de las instituciones. Muchas de las transformaciones técnicas que hoy tienen lugar en Cuba se han desarrollado a través de la iniciativa individual y de grupos sociales. Éstas generan fenómenos y prácticas culturales que conducen a la formación de procesos políticos creadores de identidad con una alta responsabilidad social y colectiva. Los actores sociales de muchos de estos proyectos, con una presencia importante en los medios digitales, deben entenderse como movimientos intelectuales y políticos. Ellos también representan una especie de resistencia cultural desde su disidencia, pues construyen un “contrapúblico” con un efecto duradero en las concepciones de las generaciones más jóvenes, al posicionarse desde la oposición frente a la autoridad, la institucionalidad y a una tradición ideológica que para ellos está obsoleta. Para citar algunos ejemplos de los más conocidos: en el campo de las artes, se encuentran Tania Bruguera (performance) y El Sexto (graffiti), entre los llamados disidentes Gorki Águila (punk), Eliécer Ávila (movimiento político Somos +), el Proyecto Varela fundado por Oswaldo Payá y el Proyecto Cuba Posible.
El uso de la tecnología en el contexto cubano genera entornos sociales cambiantes con una influencia cultural y política de gran alcance. Considerando estos entornos, de acuerdo con la definición expuesta más arriba de la infoesfera, se puede argumentar que la transformación técnica sobre la base de una estructura relacionada con la información produce espacios heterogéneos de interacción donde se comparten significados culturales diversos. Es decir, en estos espacios se enfatiza: i) la connotación ideológica que adquiere el uso de la tecnología en los marcos institucionales, pues su aplicación está instrumentalizada; y ii) el uso de la tecnología se contextualiza en un espacio informacional que estimula a los usuarios a ejercer una tarea específica: consumir información. Si bien las instituciones apuntan a una nueva forma de interacción con los usuarios, esto no garantiza que la ciudadanía reciba el mensaje transmitido. Estos procesos plantean nuevos desafíos para la ciudadanía, tanto en términos de la forma en cómo se realiza la comunicación desde las instituciones como en lo referente a la organización de sus flujos de trabajo. El principal problema de la política institucional de información sigue siendo que no llega a los ciudadanos.
2. Entornos sociales: de la socialidad técnica a los espacios culturales compartidos
En los estudios sociales orientados al análisis de los procesos contemporáneos sobre globalización, ciudadanía, interculturalidad y transculturalidad, se hace énfasis en la definición de aquellos fenómenos comunicacionales que han preocupado a las ciencias sociales desde los años 1970 y 1980, con el advenimiento de la denominada sociedad de la información. En estos análisis se ha hecho evidente un enfoque praxeológico que se orienta en contra de los estudios homogeneizadores. Para el sociólogo Andreas Reckwitz (2003), en estas investigaciones predomina un modelo cultural que considera a la cultura como una esfera de normas y valores compartidos o como un sistema colectivo de símbolos que se asigna a un colectivo en su conjunto. Los análisis culturales praxeológicos de fenómenos como la globalización recurren a la micrológica del comportamiento individual y grupal en aquellas constelaciones sociales en las que elementos de diferentes culturas -desde las prácticas de consumo hasta el trabajo, la familia, la vecindad y los grupos sociales- entran en contacto entre sí. La cultura aquí sería algo cotidiano, entendida como códigos culturales en constante trabajo interpretativo que representan el conocimiento cotidiano, aunque su heterogeneidad no es claramente atribuible a todo un colectivo, ni siquiera a una sola persona o individuo.
Para los fines de este artículo, no se comprenden los procesos comunicativos desde un enfoque dialógico que busca entender la interacción social desde el entendimiento intersubjetivo (Habermas, 1987), sino más bien desde su interculturalidad. Según Wolfgang Welsch, las culturas no existen como unidades separables unas de otras, sino en el entrelazamiento y la integración de sus diversos elementos autóctonos con otros foráneos. Las estructuras que producen, reproducen y representan un cierto tipo de cultura son dinámicas, debido a que sufren cambios constantes con el devenir histórico. De esta manera, la cultura no solo se constituye dentro de los Estados nacionales, sino que se conforma desde aquellos colectivos culturales como grupos religiosos, políticos y sociales. Así, la identidad individual se compone inevitablemente de diferentes afiliaciones culturales (Welsch, 1997).
Un aspecto esencial de esta forma de interculturalidad es la praxis social que, entendida como teoría práctica, representa en el caso de la teoría cultural, una comprensión de los entornos sociales en su uniformidad y heterogeneidad a través de órdenes de conocimiento; formas colectivas de apropiación y comprensión de significados; y la fuerza imaginativa de sus participantes que se construyen en/desde el imaginario social y en las maneras de actuar en sociedad. En sentido transcultural, Arjun Appadurai (1996) proponía el uso del término “culturalismo” para denotar la movilización social, así como el desarrollo de procesos políticos de formación de identidad, en los que los medios de comunicación de masas y la fuerza imaginativa -entendida como habilidad creativa del ser humano- tienen una importancia decisiva en la vida cotidiana.
En contraposición a esta propuesta, Andreas Reckwitz resalta de forma crítica que: “Las teorías de la práctica son teorías de la cultura, pero no todas las teorías de la cultura son teorías de la práctica. La comprensión exacta de lo que constituye los dudosos sistemas de sentido y los órdenes de conocimiento y de cómo éstos actúan, distingue a los distintos enfoques culturalistas. Pues, en su posicionamiento de lo social, es decir, de los sistemas de sentido supra-subjetivos y de los órdenes de conocimiento de la cultura, la familia teórica praxeológica sigue su propio camino en relación con otras versiones del culturalismo moderno. Principalmente, en el campo de las teorías culturales se enfrentan idealmente las opciones del mentalismo, el textualismo y la teoría de las prácticas sociales: la primera opción conceptual disponible para ubicar a la “cultura” puede redefinirse como “mentalismo”. La cultura aquí es un fenómeno espiritual e ideal. El lugar de los sistemas simbólicos culturales es el espíritu humano, la estructura mental, el “dentro” de la mente, hablando metafóricamente “en la cabeza” de los que actúan, y la “unidad más pequeña” de lo social que se debe descubrir en el análisis cultural son los esquemas cognitivos y espirituales. Los órdenes de conocimiento que generan órdenes sociales aparecen aquí en primera línea con una función “cognitiva”, como sistemas de clasificación e imágenes del mundo, como sistemas en los que se proporcionan representaciones específicas del mundo” (2003, p. 288).
Desde este posicionamiento bastante crítico se hace necesario comprender los fenómenos culturales y los procesos políticos en la infoesfera desde su materialidad y en el contexto de su realización. En relación con el uso de la tecnología digital, se puede argumentar que los procesos en la infoesfera posibilitan una reconstrucción y el mantenimiento de los diversos entornos sociales con una lógica propia. Pues, el espacio en el que los usuarios ejercen su práctica mediática es también un lugar para “la observación y la orientación humana, que no puede describirse hoy sin tener en cuenta la actuación constitutiva de los medios digitales y las técnicas culturales, así como los procesos económicos, políticos y sociales que lo conforman” (Günzel, 2010, p. XI). Desde la etnografía digital se definen estos entornos; es decir, mundos sociales “como áreas de la vida social relativamente limitadas pero nunca homogéneas” (Pink et al., 2016, p. 102), en los que se enfatiza la diversidad sociocultural en el uso de los medios digitales y sociales.
Desde esta perspectiva, lo que se pretende resaltar aquí es que las prácticas mediáticas de los usuarios describen una dinámica social en la estructuración de la producción, la distribución, el consumo y la apropiación de contenido digital e información. Estas prácticas no “existen en la cabeza” de sus practicantes de forma autónoma como elementos predeterminados, sino que se realizan con una intención, se aprenden a través del conocimiento cotidiano y se traducen en otros contextos desde las experiencias de los usuarios. Así, se constituyen entornos sociales mediados por la tecnología digital en los que se desarrolla un nuevo tipo de socialidad (Dolata & Schrape, 2018; Pink et al., 2016). Con el uso de tecnologías cada vez más complejas, los usuarios intervienen cada vez más en otros campos de la infoesfera y participan en la negociación de significados culturales, políticos y sociales. Al utilizar diferentes formatos de medios, los internautas reaccionan a los efectos y desafíos de un espacio de información superior -como Internet y sus servicios- y se subordinan a las estrategias de mercadotecnia, prestaciones de servicios, perfiles publicitarios y el uso de aplicaciones que se les ofrecen.
En su análisis sobre los movimientos sociales, su relación con el uso de los medios digitales y su presencia en actividades online y offline –por ejemplo, el movimiento Occupy en los Estados Unidos, los Indignados en España o la Primavera Árabe–, los sociólogos Ulrich Dolata y Jan-Felix Schrape (2018) expresan que el rasgo más característico de estos movimientos es lo que denominan como una socialidad extendida técnicamente. Con este término, se refieren a la:
“(…) estrecha interacción entre motivos y relaciones sociales, procesos comunicativos y actividades con nuevas formas de su posibilidad, mediación y estructuración técnica. El uso de Internet y las redes sociales es un componente nuevo e importante, pero no el único, que predomina en los perfiles de actividad, en la acción y en el repertorio de estos movimientos. Las protestas, la ocupación de plazas, la comunicación face-to-face y los procedimientos para la construcción de estrategias in situ, así como el uso de los medios de comunicación tradicionales, no quedan obsoletos” (Dolata & Schrape, 2018, p. 59).
Por su parte, Felix Stalder (2016) en su obra Kultur der Digitalität ("Cultura de la digitalidad") plantea que hoy más personas participan en los procesos culturales, debido a que se incluyen en otras dimensiones de la existencia en los diversos campos de confrontación cultural. La acción social se integra en tecnologías complejas sin las cuales estos procesos culturales serían inimaginables y menos manejables. El número de proyectos culturales, obras, puntos y sistemas de referencia aumenta a un ritmo frenético, lo que ha generado una crisis creciente de las convenciones sociales establecidas y de las instituciones de la cultura que no están diseñadas para hacer frente a esta avalancha de reivindicaciones de significado. El punto de partida del análisis de Stalder es que Internet es un medio con formas específicas de intercambio. Tres de estos aspectos son particularmente importantes para la cultura de la digitalidad: i) referencialidad: el material de acceso público se utiliza para la producción de bienes culturales; ii) comunidad: los recursos de información están ampliamente disponibles y los significados se estabilizan mediante el intercambio y la comunicación dentro de campos de prácticas sociales definidas, no solo en un marco colectivo, sino individual; y iii) algoritmicidad: la toma de decisiones se automatiza y se reduce la sobrecarga de información.
Para este análisis, la interculturalidad se comprende como un proceso comunicativo complejo y de interacción social en el que individuos o grupos sociales con identidades culturales y políticas específicas comparten ideas, acciones y contextos comunes donde se pretende favorecer el diálogo, la concertación y la integración. En el contexto sociocultural cubano, estos elementos generan, en su mayoría, zonas de conflicto en las que no se respeta la diversidad de opiniones, los posicionamientos políticos, el acceso a otras fuentes de información o la escucha mutua. Un ejemplo positivo, es el nuevo Decreto Ley 373/2019, aprobado en 2019, después de un amplio debate público e institucional, para regular las actividades de artistas, directores y productores de cine independiente en Cuba. 10 Por el contrario, un ejemplo que muestra el fracaso del diálogo y la concertación son los acontecimientos actuales alrededor del denominado Movimiento San Isidro 11 y la “revolución de los aplausos” del 27 de noviembre de 2020, que se considera como un movimiento espontáneo de jóvenes artistas y otros establecidos, así como de intelectuales cubanos que, a raíz de la encarcelación y la persecución policial de miembros del Movimiento San Isidro, se agruparon frente al Ministerio de Cultura para exigir un diálogo con las autoridades competentes y abogar por la libertad de expresión y el cese de la censura, de la represión y del descrédito de los artistas independientes. 12 Estos procesos políticos y fenómenos culturales tienen una amplia difusión en los medios digitales y su repercusión social ha generado las más diversas opiniones y críticas tanto a favor como en contra.
La interculturalidad, en relación con el uso de los medios en Cuba, no se refiere solo a la interacción en un espacio geográfico, sino que abarca otras situaciones y contextos transfronterizos que dependen de factores muy heterogéneos. En este sentido, la perspectiva desde la que actúan los ciudadanos –entendidos como actores sociales– se comprende desde sus diversas cosmovisiones del mundo, los obstáculos que se le imponen a los procesos comunicativos, la carencia de políticas públicas para ejercer determinada actividad, las jerarquías sociales y las diferencias económicas. Así, por ejemplo, el surgimiento de muchos medios de prensa independientes (14ymedio, El Toque, Diario de Cuba, CiberCuba, La Joven Cuba, Periodismo de Barrio, El Estornudo y ADN Cuba, entre otros) propone una nueva forma de periodismo que se aleja de las directrices institucionales.
Estos medios digitales, además, deben entenderse como movimientos sociales, debido a que están conformados por grupos heterogéneos de intelectuales cubanos jóvenes que proponen la autonomía en el ejercicio de un periodismo crítico, audiovisual y de investigación, apoyados principalmente en el uso de las redes sociales, los blogs, la creación de proyectos de páginas web, entre otros formatos. A su vez, estos medios digitales se erigen como movimientos de protesta y resistencia cultural, quizás sin proponérselo, frente a las normas y políticas editoriales de los medios tradicionales cubanos. No obstante, muchas de las informaciones, los reportes de prensa y las crónicas periodísticas de estos medios independientes cargan el lastre de la desinformación, la manipulación y la tergiversación de las noticias sobre Cuba; y al hacerlo, toman la misma postura y adoptan la misma forma de trabajo de los medios de comunicación de masas tradicionales que pretenden criticar. El lenguaje crítico y agresivo, la parcialidad de los argumentos que se utilizan y la exaltación desmedida de los acontecimientos en Cuba, en muchos casos carentes de objetividad -por ejemplo, en medios digitales como CiberCuba o Diario de Cuba-, dificultan un diálogo oportuno, constructivo, respetuoso y, en todo caso, intercultural. Al estar anclados en servidores fuera de Cuba, muchos de estos medios reciben financiamiento de instituciones y consorcios de medios internacionales y, por esta razón, son acusados de ser medios dependientes del cibernegocio para promover la subversión y un cambio de régimen en Cuba.13
2.1. Innovaciones técnicas y prácticas mediáticas de los usuarios en Cuba
El uso productivo de la tecnología digital desde la práctica social de los usuarios influye en la producción y la expansión de infraestructuras técnicas para la distribución, el manejo y la recepción de todo tipo de información. En Cuba, el uso creciente de Internet, los teléfonos inteligentes (smartphones) y otros dispositivos digitales tiene una influencia marcada en la vida cotidiana, en la estructuración del ocio y el tiempo libre, en la vida laboral; se utilizan, sobre todo, para la comunicación con familiares, amigos y conocidos en la emigración. El uso de los medios digitales lleva implícita una connotación política que se evidencia en su relación con los medios de comunicación de masas tradicionales y en la política estatal de información. A través de sus iniciativas en el espacio público y privado, los usuarios cubanos han desarrollado redes como la Street Network (SNET), portales de anuncios clasificados como Revolico.com, una colección digital de todo tipo de información audiovisual como el Paquete Semanal, además de revistas digitales independientes. En el sector informal de la economía, estas prácticas mediáticas tienen un rol decisivo en la distribución de contenidos digitales, información y datos, en la compra y venta de bienes y productos, así como en la comercialización de los servicios más diversos. Hasta 2011, los distribuidores o proveedores de contenidos e información por cuenta propia corrían el peligro de ser sancionados o detenidos, pero una nueva normativa legal en el mismo año convirtió esta actividad en la categoría económica de vendedores–distribuidores de discos (Arcos Fernández-Britto, 2011).
La red Street Network es un ejemplo para la autogestión de información y contenido digital. Se trata de una red creada por jóvenes, surgida de forma ilegal e independiente, que conecta a miles de usuarios en diferentes provincias cubanas en una sola comunidad virtual. 14 Desde 2015, esta red conecta a más de 8000 computadoras que, con la ayuda de un switch y un cable de red, así como de un módem interno o externo, les permite a los usuarios unirse a una comunidad virtual desde sus hogares. En sus inicios, los cables de red se tendían de casa en casa, incluso utilizando el lineado de conducción eléctrica. Los promotores de esta red son administradores de redes en instituciones estatales, informáticos y fanáticos de la informática que la diseñan dentro de una comunidad abierta, a la cual se pueden conectar nuevos usuarios en el momento que lo deseen. La conexión a la SNET se basa en el cumplimiento de determinadas normas y requisitos. En 2019, esta red se institucionalizó y se adhirió a la red estatal de los Joven Club de Computación y Electrónica.15
El éxito de esta red alternativa reside en que los mismos usuarios son los encargados de producir y distribuir los contenidos que más se ajustan a sus necesidades y hábitos de consumo. De esta forma, la red ofrece un consumo diferenciado para las demandas específicas de un sector de la sociedad civil, es decir, para la comunidad de gamers y programadores. Una de las formas de interacción que esta red ofrece es el uso de la plataforma Battle.net para permitir a los usuarios, jugadores y participantes el acceso a juegos como Warcraft, Call of Duty, Dota 2, FIFA, WOW, Battlefield, Starcraft. Además, se brinda la posibilidad de utilizar consolas de juegos como Xnova y Travian. Los usuarios interesados en otras formas de socialización tienen a su disposición foros temáticos, redes sociales y FTP (File Transfer Protocol). La aplicación TeamSpeak se usa principalmente para las llamadas de video y los videochats. La organización de esta red en los espacios públicos, así como desde la comodidad del hogar, depende del lugar donde vivan sus promotores en los diferentes puntos de la ciudad. 16
Desde un punto de vista técnico, la red SNET no contiene un DNS (Domain Name System). Los usuarios acceden a la información y los contenidos a través de una dirección IP administrada por los programadores. La red se sustenta con el apoyo financiero de los administradores de redes, los informáticos y los programadores. Los usuarios contribuyen al desarrollo de esta infraestructura aportando medios técnicos o prestando un servicio, por ejemplo, dentro de una comunidad o distrito de la ciudad o poniendo a disposición de los demás sus computadoras personales para instalar los videojuegos o servir como Hotspot para el uso de las plataformas digitales. El costo de los equipos, de los switch y los cables de red se considera una especie de aporte financiero simbólico para mantener la SNET en funcionamiento con recursos propios.
Otro fenómeno cultural en el contexto del uso social de la tecnología es el desarrollo de portales de anuncios clasificados para la adquisición, distribución y organización de información y contenido. 17 La importancia de estas plataformas es que su funcionamiento ha generado nuevas formas de estrategia de mercadotecnia para todo tipo de bienes, productos y servicios en Cuba. Estas plataformas digitales son, además, percibidas por los usuarios como modelos comerciales exitosos e independiente: los sitios web Revolico.com, Porlalivre.com y Timbirichi.com, entre muchos otros. El desarrollo de estos portales es posible, por lo general, con el apoyo financiero de personas residentes en el exterior. Debido a la persecución policial, a la censura del contenido y el bloqueo de los servicios que se ofrecen desde esas plataformas en Cuba, muchas de esas plataformas se encuentran ancladas en servidores en el exterior para su seguridad. Estos portales son ventajosos para los usuarios, pues permiten una interacción directa entre proveedor/vendedor y cliente/consumidor, en tanto se comercializan de forma independiente bienes, productos o servicios a precios diferenciados, en comparación con el mercado estatal. Para acceder a la información y el contenido de los portales se necesita un acceso a Internet. Sin embargo, existen otras plataformas que funcionan sin una conexión a Internet y pueden utilizarse través de una dirección de correo electrónico, como, por ejemplo, el portal Cubangos. 18
La creación, el diseño y la funcionalidad de estos portales están estrechamente relacionados con la pertenencia a una comunidad de informáticos, programadores y usuarios individuales que se dedican a operar los servicios que se ofrecen y a mantener las funciones técnicas de estas redes. En el espacio público, estos portales han generado con su estructura heterogénea un sector informal en el que se comercializan todo tipo de mercancías: desde ropa, zapatos, casas, automóviles, joyas, computadoras, dispositivos digitales y electrónicos, hasta servicios como mensajería, SMS, informática, electrónica, llamadas telefónicas a través de Internet, limpieza, gastronomía, peluquería y diseño, entre otros. En muchos casos, la comercialización de determinados productos puede representar un negocio lucrativo.
El denominado Paquete Semanal es otro fenómeno cultura muy extendido y utilizado en el contexto social cubano. 19 Es una recopilación de aproximadamente un terabyte de información y contenido audiovisual como películas, telenovelas, series, programas deportivos o de participación, productos informáticos, que se vende, se distribuye o se intercambia semanalmente entre los usuarios y consumidores a través de medios portátiles como memorias USB o discos duros externos (Concepción Llanes & Oller Alonso, 2019). Básicamente, mediante el paquete se ofrece un servicio de transmisión de información y streaming offline (Köhn, 2019). La mayoría de los contenidos y productos culturales que se integran en el paquete proviene de otros países y culturas, aunque también incluye una selección de las ofertas televisivas producidas en Cuba. El paquete se distribuye mediante una persona que lo reparte entre los clientes o en las áreas residenciales de los usuarios, donde existe un hogar en cada barrio para su adquisición.
El consumo cultural a través del Paquete Semanal contiene una amplia selección de contenido. Las preferencias de los usuarios se articulan, mayoritariamente, desde el consumo de series de televisión de Estados Unidos, Colombia y España. Las ofertas televisivas del género crimen, mafia o películas de drogas son consumidas por la mayoría de los clientes. En segundo lugar, se encuentran las películas de aventuras y las comedias. Las series de televisión se seleccionan en función del género, el tema y la popularidad entre los espectadores. Después de las ofertas de cine, programas de entrevistas, concursos de participación y belleza, son las telenovelas los productos televisivos más consumidos. Estos productos culturales se consumen en la comodidad del hogar varias veces a la semana durante una o dos horas al día (Rivero Baxter & Barthelemy Panizo, 2017). Además, el consumo se alterna con las ofertas de la televisión estatal, debido a que los noticieros y programas informativos, las telenovelas cubanas e internacionales, así como la emisión de programas de entretenimiento tienen una audiencia fija en los horarios establecidos. Para los consumidores, las ofertas del paquete semanal contienen ventajas, ya que les atribuyen a sus productos conocimientos útiles para su cultura general. Esta oferta está orientada al entretenimiento, ya sea con productos culturales de buena o mala calidad, pues los consumidores pretenden alejarse de los requerimientos educativos y pedagógicos de la televisión estatal (Rivero Baxter & Barthelemy Panizo, 2017).
Como iniciativa independiente, el paquete es tolerado por las autoridades y las instituciones, en tanto los usuarios/consumidores no persigan fines políticos con sus contenidos y distribución. No obstante, controlarlo es una tarea casi imposible debido a las muy diversas formas en las que se adquiere (Concepción Llanes, 2015). El origen de esta forma de producción, organización y distribución de materiales audiovisuales, se encuentra en la invención de antenas satelitales para la recepción de canales de televisión internacionales, que dio como resultado que se descargaran gratuitamente contenidos audiovisuales foráneos y se distribuyeran en formatos U-matic, Betamax, VHS, CD y DVD. 20 Desde la década de los años 1970, estos formatos han conformado el consumo de contenidos televisivos dentro de la población cubana (Arcos Fernández-Britto, 2011). Desde entonces, los diversos formatos de video han permitido a los usuarios cubanos copiar, traducir, clasificar y distribuir ilegalmente películas (principalmente estadounidenses) y otros productos culturales en Cuba. A principios de la década de los años 1990, los denominados bancos de películas se hicieron populares entre los consumidores cubanos. El formato VHS les permitió a los consumidores disfrutar de una amplia gama de programas de televisión. Hoy en día, la disponibilidad de una conexión a Internet en el hogar (ilegal o no), o en una institución, permite la descarga de contenidos digitales que también forman parte de los productos que se distribuyen en el paquete.
El fenómeno mediático del Paquete Semanal ha influenciado la comercialización y distribución de productos culturales creados de forma independiente y sin control institucional. La creación y distribución de revistas digitales como Vistar, Venus, La Nave, Garbos, Pretexto, Esprint o Play Off se han hecho muy populares entre la juventud cubana. 21 A diferencia de la prensa estatal, estas revistas informan exclusivamente sobre el mundo del espectáculo en Cuba, el sector privado y las ofertas de nuevos servicios dentro de él. Para que las revistas sean más atractivas para la juventud, se implementan estrategias de mercadotecnia novedosas para Cuba y que difieren del formato de los medios de prensa estatales. Para ello, se utilizan elementos de la cultura urbana cubana como la moda, la música pop y el reguetón, además de otros novedosos relacionados con el diseño, el uso de la publicidad, ofertas diferenciadas de servicios y entrevistas con personalidades de la cultura. Estos aspectos se incluyen como estrategia para atraer a los consumidores más jóvenes y adecuar las ofertas a sus intereses y demandas. Debido a que estas revistas se distribuyen también en el Paquete Semanal, es muy difícil controlarlas; por eso son toleradas por las autoridades cubanas, en tanto no persigan intereses políticos.
La concepción y puesta en funcionamiento de estas revistas se realiza en Cuba desde iniciativas personales y sin apoyo institucional. Sus informes, reportes, entrevistas y noticias tratan de alejarse de los aspectos políticos de la vida cotidiana y sus implicaciones económicas y sociales. Así, pretenden enfocarse, desde el punto de vista del periodismo de farándula, solo en una mera representación de la cultura urbana cubana, indagando en sus aspectos culturales.
El motivo para la creación de estas revistas es atender una necesidad pública de información sobre los eventos culturales que se realizan, principalmente, en el sector privado. Para ejercer este tipo de periodismo independiente, es necesario en Cuba tener el apoyo de una institución que garantice su marco legal y someta sus contenidos a un control de calidad. Sin embargo, estas revistas se ofrecen al público sin la aprobación de una institución que regule sus productos culturales. Como proyectos personales, las revistas se promueven principalmente con el apoyo de patrocinadores en el extranjero, lo que garantiza su financiamiento. Un aspecto a destacar es cómo se utiliza la publicidad como estrategia para llevar al público contenido orientado al entretenimiento. Esto contrasta con la escasa publicidad de los medios e instituciones estatales en el espacio público. No obstante, esta forma de periodismo independiente tiene una connotación política porque representa una reorientación de los intereses, de las demandas y los deseos de un sector de la sociedad civil. La legislación de nuevas normas jurídicas, leyes o decretos para el ejercicio de otras formas no estatales de periodismo es un aspecto bastante discutido en los espacios institucionales cubanos y los medios independientes son censurados, sobre todo cuando estos no se someten a las regulaciones de los ministerios o las políticas editoriales de las instituciones. Como resultado, algunas de las revistas digitales mencionadas anteriormente han desaparecido por no ser rentables para sus patrocinadores; en cambio, otras han tenido éxito e incluso han iniciado otros proyectos más ambiciosos, como la puesta en funcionamiento de sitios web. El objetivo es llenar el vacío temático e informativo que dejan los medios oficiales en el panorama cultural cubano.
La descripción de estos fenómenos mediáticos en Cuba nos lleva a entender el contexto sociocultural en el que los usuarios desarrollan sus prácticas culturales, económicas y políticas, como aquel lugar para la realización de nuevas formas y formatos de la comunicación. La búsqueda y el diseño de espacios sociales compartidos es un requisito indispensable para el análisis de las concreciones materiales de las prácticas mediáticas, pues éstas se realizan a través de una cultura del uso. Los ejemplos antes expuestos, reflejan la dimensión cultural que alcanzan las diversas infraestructuras técnicas que, entendidas como procesos complejos y asincrónicos, afectan no solo a individuos y grupos sociales, sino modifican también las condiciones para su realización, los entornos materiales y las prácticas de sus participantes. Con el término dimensión cultural de las infraestructuras técnicas, se hace referencia a aquellos aspectos que constituyen la práctica social de los usuarios, por ejemplo en el caso del uso de la tecnología; aquí se incluye la posesión de artefactos, el uso de contenedores de información, el efecto de los proveedores cooperativos en la circulación de todo tipo de información y el uso de medios de almacenamiento digital y soportes analógicos para la transmisión de datos.
En términos de una socialidad extendida técnicamente, esta descripción y este análisis breve de algunos de los fenómenos mediáticos en Cuba debe vincularse con los procesos económicos, sociales y políticos que conforman la cultura contemporánea. Estas prácticas se entienden también desde los circuitos transnacionales y los flujos de información globales que permiten la circulación de ideas e imágenes, además de tener una influencia decisiva en la fuerza imaginativa de sus participantes (actores sociales) y en los Estados. Un nuevo tipo de socialidad no puede comprenderse al margen de la economía política que sustenta esta circulación. En este sentido, expresa la antropóloga Faye D. Ginsburg que:
“Los Estados en todas partes intentan controlar la mediación de sus propias representaciones y las de otros, mediante la regulación, la censura y el control de los medios de distribución. Sin embargo, dado que los medios están implicados en la construcción de modernidades alternativas y apropiaciones locales, también pueden descubrir las formas en que los flujos de medios transnacionales pueden descentrar naciones y producir subjetividades transnacionales, ya sea en regiones geolingüísticas o a través de largas distancias” (2002, p. 17).
Resaltar aquí la interacción de los usuarios en los espacios sociales compartidos que producen tiene como objetivo apuntar a la materialidad de la comunicación. De esta manera se hace énfasis en su comprensión como elemento físico vinculado a un contexto real, en el que se destaca la importancia de los medios y la forma de su mediación, en vez de insistir en la transmisión de algún tipo de información o en el entendimiento intersubjetivo entre los actores sociales. Con el uso de la tecnología digital se imponen nuevas relaciones sociales con una lógica propia que difiere de los modelos comunicativos tradicionales. El actuar de los usuarios está sumergido en el circuito donde circula la información y en el modo en que se registran, almacenan y transmiten los datos.
3. Prácticas mediáticas
A través de un enfoque praxeológico, este acercamiento a las prácticas mediáticas de los usuarios cubanos pretende explicar la relación básica, pero también compleja, entre sus rutinas para un uso productivo de la tecnología digital y el creciente rol de los medios en la vida cotidiana. Esta indagación se apoya, además, en un enfoque etnográfico para una investigación no solo centrada en el análisis de los medios (non media-centric approach) (Pink et al., 2016), sino en los efectos de sus mediaciones en la estructuración de diversos aspectos de la vida cultural. Esta aproximación no se limita a la investigación de las prácticas mediáticas, sino que pretende analizar su contextualización en una estructura social de relaciones culturales, económicas, políticas y de construcciones sociales. En su contexto, las prácticas mediáticas se determinan en un campo de tensión entre la rutina, la emergencia y la praxis social, donde se describen no solo procedimientos planificados, intencionados y espontáneos, sino también coordinados, a mediano y largo plazo, y estables en el tiempo. Los modos de hacer de los usuarios definen mecanismos fijos en el manejo de la tecnología digital (Dang-Anh et al., 2017). Desde una perspectiva etnográfica y antropológica (Pink et al., 2016; Miller et al., 2016; Hine, 2015; Miller, 2011; Horst & Miller, 2006; Miller & Slater, 2000), se analizan las prácticas mediáticas para evaluar el uso de la tecnología en el contexto de su recepción. Esto se hace teniendo en cuenta las propiedades físicas y sensoriales que determinan las materialidades de la comunicación en la difusión inter y “transcultural de los medios” (Ginsburg et al., 2002, p. 9).
Al analizar las prácticas mediáticas desde un punto de vista praxeológico, se argumenta que ellas mismas son cultura, en tanto los medios, los artefactos (dispositivos) y las prácticas de los usuarios no tienen un valor ni meramente material ni simplemente cultural o simbólico. Los dispositivos digitales, los artefactos y los procedimientos para su manejo productivo no se describen ni aparecen como meros objetos para la contemplación, ni como una fuerza física que se impone, sino que posibilitan una actividad intencional, un uso sensato y práctico, además de formar parte de la praxis social o constituirla en sí misma. A través del uso de los medios digitales, los usuarios se apropian y tratan los objetos con una comprensión y un know-how que no está determinado por los artefactos, sino por su práctica. La descripción anterior de los fenómenos mediáticos en Cuba es relevante para entender la práctica como una especie de encarnación de determinados aspectos sociales, procesos culturales y políticos, que se reconstruyen en el tiempo y el espacio de su realización.
“Cuando una persona adquiere una práctica, aprende a mover o activar su cuerpo de una manera determinada, regular y ‘hábil’ o, mejor dicho: a ‘ser’ cuerpo de una determinada forma, ya que el cuerpo, desde una perspectiva praxeológica, no representa un instrumento que puede ser controlado o dirigido por un centro ‘ubicado en el trasfondo’. Esto también incluye actividades del cuerpo que no son directamente ‘visibles’, como un cierto patrón emocional o formas de pensamiento, siempre y cuando éstas pertenezcan a la práctica social -en el caso extremo y dependiendo del tipo de práctica, esto también puede significar que los movimientos motores externos y perceptibles se reducen al mínimo” (Reckwitz, 2003, p. 290).
Es decir, para Reckwitz la práctica social enfatiza tanto la materialidad del cuerpo como el conocimiento incorporado y las condiciones de posibilidad para un manejo productivo de artefactos como componentes necesarios para el surgimiento y la repetición de actividades sociales individuales. No obstante, aquí deben incluirse aquellas que permiten la apropiación desde las prácticas de grupos sociales, pues lo social también se materializa en la acción coordinada, intencional y política de movimientos sociales. Las prácticas mediáticas posibilitan una apertura a modos de hacer innovadores que pueden conducir a una transformación social, en tanto se enfatiza el sentido práctico que los actores sociales le dan a sus acciones. Al posibilitar este cambio, las prácticas mediáticas se relacionan con el hecho de que no se producen de forma aislada en los entornos sociales, sino que dentro de ellos conforman estructuras complejas y acopladas que, en muchos casos, se desarrollan de manera parcial y contradictoria, debido a que son coordinadas o están separadas entre sí. La práctica se constituye, de esta forma:
“(…) en ciertos movimientos y actividades rutinarias del cuerpo. Esto aplica también para las actividades intelectuales más exigentes como la lectura, la escritura o el habla. Esta corporeidad de la acción y la práctica abarca dos aspectos, el de la ‘incorporación’ del conocimiento y la ‘performatividad’ de la acción: ‘internamente’, se presupone la capacidad de los actores para realizar una práctica como una secuencia de movimientos corporales que implica una ‘incorporación’ (Bourdieu) de conocimiento, una incorporación del know-how y una comprensión del sentido práctico” (Reckwitz, 2003, p. 290).
Esta relación dinámica entre la práctica como entidad (incorporación de conocimiento) y performatividad se manifiesta en el desarrollo de identidades propias de los actores sociales a través de la repetición de patrones y rasgos de comportamiento comunes. De esta manera, la práctica se modifica desde dentro, es decir, en el contexto de su realización. Esta materialización de lo social y lo cultural en los cuerpos y los artefactos se posiciona en la tradición de los estudios culturales occidentales, donde se establece una diferencia entre las categorías de mente y cuerpo, o de sujeto y objeto. Categorías que en la mayoría de las teorías de la práctica y en la filosofía se encuentran separadas. Para el objetivo de este artículo, se debe entender la materialidad de la práctica como aquellos aspectos que establecen y compensan los diversos componentes de lo social (relaciones, cotidianidad, movimientos sociales) y construyen la cultura contemporánea en un contexto inter y transcultural. Así, se debe argumentar que la técnica y la aplicación de la tecnología en la resolución de problemas concretos también son cultura (Debray, 2001). La técnica no se constituye como una entidad externa que viene a la ayuda del ser humano, sino que forma parte de un conjunto de experiencias y técnicas culturales aprendidas que se centran en la comprensión y descripción de la praxis y los procesos sociales en la producción cultural. Éstas tienen como fin generar operaciones básicas en el manejo de artefactos, así como en la producción y reproducción de abstracciones culturales. Las técnicas culturales describen la interconexión entre los procesos de construcción de identidad política y las operaciones técnicas que producen actores y artefactos culturales en su realización (Kaerlein, 2018).
Frente a la mera idea de la reproducción de operaciones rutinarias mediante la práctica como garante de un orden social estable, el sociólogo alemán Hilmar Schäfer (2016) enfatiza el concepto de repetición, en tanto éste tiene en cuenta los cambios y las diferencias graduales que se producen dentro de los entornos sociales. Una comprensión de la práctica como repetición dinamiza y modifica aspectos esenciales de la vida social, díganse las relaciones de poder, las transformaciones históricas y la diferenciación social. Para el sociólogo Theodore R. Schatzki (2016), los enfoques praxeológicos parten del supuesto de que los individuos y sus actividades, al igual que las estructuras e instituciones, deben entenderse como productos, elementos o aspectos resultantes de la práctica o como un conjunto de acuerdos prácticos. La relación entre las prácticas y estos acuerdos se puede analizar en términos de espesor, claridad y grado de cohesión, por lo que los órdenes sociales no se entienden como formaciones absolutamente cerradas, sino más bien como dinámicas estables.
Aunque las prácticas mediáticas descritas en este artículo llevan realizándose desde hace algunos años en Cuba, y el Internet ha posibilitado el acceso a los distintos servicios de información, éstas siguen formando parte de la praxis social de los usuarios. Ellas denotan, principalmente, estructuras complejas y dinámicas cambiantes que modifican el tiempo, el espacio y las experiencias de sus participantes. Los usuarios/ consumidores incluso se consideran, a través de sus prácticas, como desarrolladores, diseñadores y coproductores de política cultural, en la medida en que su consumo de bienes, servicios y productos transforma el entorno social e impone patrones de comportamiento, normas de uso, y regula los contenidos que se comercializan y distribuyen (López García, 2017; Rivero Baxter & Barthelemy Panizo, 2017). El uso de la tecnología en Cuba genera en los usuarios el deseo de ser moderno, de ajustarse a los flujos de comunicación regionales y globales, de estar actualizado en tanto se entiende el Internet como ese elemento tecnológico que enriquece sus vidas, mientras la información que consumen influye en sus hábitos y su comportamiento. De esta manera, se producen y reproducen identidades individuales y grupales que se nutren de elementos foráneos, incluso en detrimento de normas y valores sociales autóctonos. La cultura contemporánea cubana debe entenderse, además, desde la integración de sus actores sociales en otros contextos internacionales. Los colectivos culturales -como grupos y movimientos sociales, intelectuales y ciudadanos en la diáspora- conforman un nuevo tipo de identidad a partir de diversas afiliaciones culturales y políticas fuera de las fronteras nacionales, donde se sigue pensando Cuba como aquella nación posible con un gran potencial para su desarrollo.
Conclusiones
Con sus prácticas mediáticas, los usuarios cubanos establecen nuevas formas de participación política y cultural, a través de las cuales ejercen determinados derechos y asumen una responsabilidad en la red. Mediante los procesos descritos, es posible determinar que, en la infoesfera, los diversos actores sociales interactúan con unidades de información que tienen una influencia marcada en sus acciones, negociaciones de sentido, rutinas de uso, así como en sus hábitos y comportamientos de consumo. En el caso cubano, estos elementos establecen relaciones, interconexiones y dependencias en los ámbitos del acceso a contenidos e informaciones digitales, la asunción de derechos y responsabilidades en el entorno digital, el desarrollo de sus competencias mediáticas y técnicas culturales, la difusión de una comunicación mediada por el uso de la tecnología digital y la extensión de infraestructuras técnica, por ejemplo, para el comercio digital.
La definición del término “infoesfera” alcanza aquí una dimensión política, pues, a través de una socialidad extendida técnicamente, los usuarios desarrollan nuevos métodos para una interacción comunicativa que posibilita nuevos procesos técnicos y culturales. Los medios digitales se comprenden como una alternativa y un motor, al igual que como competidores directos frente a la cultura tradicional de los medios de comunicación masiva. Ellos permiten la apertura y el diseño de nuevos procesos comunicativos mediante la práctica. La medialidad de estos procesos políticos creadores de identidad y fenómenos culturales radica en el entrelazamiento constante de la tecnología digital y su uso con prácticas innovadoras para generar estructuras sociales y espacios culturales con cualidades cambiantes y heterogéneas, que se acompañan de nuevos significados a nivel individual y grupal.
Esta dimensión política está permeada de diferencias culturales, vinculadas a prácticas sociales y estructuras institucionales que influyen en el modo en que se desarrolla la producción cultural en la historia contemporánea cubana. La transformación social debe comprenderse mediante el surgimiento, la acción y las cosmovisiones de nuevos movimientos sociales, intelectuales y políticos. El uso de la tecnología digital tiene un impacto en la producción intelectual, en la recepción de otros códigos culturales, y en las definiciones individuales y colectivas de intereses y problemas. Estos códigos se integran en estructuras que van desde las instituciones sociales como la familia, el sistema educativo, el Estado y las asociaciones culturales, hasta las distintas formas de investigación periodísticas, las redes de productores culturales e intelectuales, los movimientos sociales, y la articulación de demandas e intereses de la ciudadanía que se agregan a afiliaciones partidistas, grupos de interés y organizaciones no gubernamentales.
La base social y cultural de estos procesos en Cuba consiste en mercados y organizaciones mediáticas involucradas en la construcción de comunidades online y offline a través de una identidad específica que permite la articulación de temas, controversias, conflictos, deseos y perspectivas de futuro. Esta forma de resistencia cultural posibilita otras maneras de descentralizar las relaciones de poder y, mediante la apropiación de normas emergentes de comportamiento, expresa la voluntad de un sector de la sociedad civil a ejercer su derecho a la libertad de expresión, circulación y reunión. El análisis del funcionamiento de las infraestructuras técnicas, descritas en el artículo, pretende aportar otros matices a los efectos del uso de la tecnología en la comunicación individual y grupal como una acción orientada a la práctica en sus diversos entornos sociales. Los usuarios cubanos cargan una responsabilidad política al entenderlos como actores sociales, ya que promueven una transformación sociotécnica y, con su interacción en los espacios públicos, dan un sentido práctico a sus acciones en los entornos digitales
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Notas