Dossiê: Comparação internacional de modelos de empreendimentos de economia social e solidária

Revisando un emprendimiento asociativo de trabajo autogestionado desde su tecnología social1

Reviewing an associative enterprise of self-managed work on the basis of its social technology

Nicolás Gómez Núñez 2
Universidad Central, Chile

Revisando un emprendimiento asociativo de trabajo autogestionado desde su tecnología social1

Ciências Sociais Unisinos, vol. 52, núm. 3, pp. 309-320, 2016

Universidade do Vale do Rio dos Sinos

Recepción: 28/04/2016

Aprobación: 25/08/2016

Resumen: El artículo muestra los resultados de un estudio realizado entre 2013 y 2015 con 56 organizaciones económicas que implementan un emprendimiento asociativo de trabajo autogestionado en la comuna de Huechuraba de la Región Metropolitana de Santiago de Chile. A nivel conceptual, se utiliza la categoría de tecnología social para comprender las relaciones entre esas organizaciones, para lo cual se describen cinco comunidades efectivas que muestran la integración sociotécnica de su tecnología social, a partir de lo cual se puede comprender la creación de un sindicato que las representa ante el gobierno local. En las conclusiones se plantea que la categoría de tecnología social ayuda a valorar las variables que están presentes en las acciones colectivas que construyen la economía popular urbana, y que sus usos pueden ser factores relevantes para diseñar políticas públicas que busquen fomentar la economía asociativa y cooperativa.

Palabras clave: tecnología social, economía popular urbana, trabajo autogestionado.

Abstract: The article shows the results of a study carried out between 2013 and 2015 with 56 economic organizations that implement an associative enterprise of self-managed work in the commune of Huechuraba, Metropolitan Region of Santiago, Chile. At the conceptual level, the category of social technology is used to understand the relationships between these organizations, for which this article describes five actual communities that show the sociotechnical integration of their social technology, on the basis of which one can understand the creation of a labor union that represents them before the local government. The conclusion is that the category of social technology helps to assess the variables that are present in the collective actions that build the urban popular economy, and that their uses may be relevant factors in designing public policies that seek to foster the associative and cooperative economy.

Keywords: social technology, urban popular economy, self-managed work.

Introducción

Este artículo presenta los resultados de una investigación llevada a cabo desde 2013 hasta 2015 con 56 organizaciones económicas que realizan un emprendimiento asociativo de trabajo autogestionado en la calle Estados Unidos (EEUU) en la comuna de Huechuraba de la Región Metropolitana (RM) de Santiago de Chile. Según los estudios de Löwenthal y Nyssens (1997) y Gaiger (2006), en Latinoamérica habría otras organizaciones similares a las que aquí tratamos, porque el trabajo sería el motivo básico para crearlas y mantenerlas.

En Chile, la presencia de estas organizaciones en las políticas públicas no es similar a su manifiesta extensión en la economía real, es decir, cabe suponer que la vida económica colectiva que despliegan estas organizaciones ha pasado desapercibida o, en el mejor de los casos, se las ha considerado en categorías que las representan y que impiden comprender cómo son sus relaciones de producción y las culturas que definen sus identidades laborales. Por ejemplo, según los estudios encomendados por la División de Asociatividad y Economía Social del Ministerio de Economía, Fomento y Turismo, dicho sesgo se explicaría por:

[…] el bajo nivel de compromiso y apoyo hacia el sector, desde los Gobiernos, ha sido propiciado fuera del marco o “paragua” de la Economía Social, es decir, el apoyo recibido –en este “apartamiento” del sector por parte del Estado– ha sido de manera aleatoria, sin definiciones ni lineamientos estratégicos de largo plazo, sin mirada de País al respecto y con acciones aisladas e intermitentes y nunca bajo el concepto o idea al menos de la Economía Social […] no se generan mayores estudios e investigaciones al respecto, inclusive Organismos Públicos como el Instituto de Desarrollo Agropecuario o el Departamento de Cooperativas, no poseen bases de datos completas ni información de contacto de las entidades pertenecientes al sector (DAES, 2104a, p. 8).

Entonces, el Estado ha descuidado a las organizaciones de este sector al no dedicarle recursos humanos y económicos para conocer sus formas de gestión y gobierno, y cuando se han hecho esfuerzos en este sentido se aprecia que buena parte de lo que ellas hacen no se toma en consideración porque las nociones para mirarlas no las incluyen. Por ejemplo, cuando el Sector de la Pesca Artesanal fue revisado desde las nociones de economía social y cooperativa, se indicó lo siguiente: “A falta de una descripción y conceptualización en profundidad de lo que se entiende por Empresa de Economía Social” se asumirá como tal a “organizaciones que estén inscritas en el Registro de Organizaciones Artesanales (ROA) del Servicio Nacional de Pesca, sin perjuicio de lo anterior y teniendo conocimiento de que un número significativo de Cooperativas y Asociaciones Gremiales del sector no se encuentran inscritas en el ROA” (DAES, 2014b, p.18).

En nuestro estudio, esta apreciación es un dato confirmado porque el emprendimiento asociativo que realizan estas 56 organizaciones está inscrito con el nombre de “organizaciones comunitarias”. Gracias a lo cual se las puede asumir de la misma forma como se consideraría a una junta de vecinos, club de ancianos o grupo de jóvenes que cultiva el arte. Es decir, estas organizaciones no se ubican en el mismo sector que la micro, mediana y gran empresa en la comuna de Huechuraba. Pero este sesgo también se puede volver a repetir en las actividades académicas. Por ejemplo, el Proyecto Internacional Comparativo de Modelos de Empresa Social (ICSEM, s.f.), el cual se puso en marcha en 2012 y finalizará en 2017, posee criterios referidos al proyecto económico, la misión social y el gobierno participativo para seleccionar casos. Pero desde esos criterios no se logrará reconocer a las organizaciones que sí son modelos de empresas sociales debido a que están inscritas bajo otros nombres, como lo muestra nuestro estudio.

Este tipo de sesgos se explica porque, para muchas de las personas que al mismo tiempo son trabajadores y propietarios, no les es relevante declararse como promotores de una transformación del orden económico y no se preguntan por una “misión institucional” para declarar que existen. Entre las variables que hacen comprensible esta situación se encuentra la siguiente: estos trabajadores propietarios que han creado sus propias economías al margen de los manuales de gestión de empresas o sin saber que existen planes de negocios se encuentran desplegando una tradición cultural que fue iniciada por sus abuelos, madres y tíos cuando co-construyeron el medio social urbano que hoy los aloja. Este proceso fue una obra colectiva que arrebató una propiedad privada mediante una “toma” de terreno y así ellos pudieron dar cabida a su sociedad popular. Y como es de esperar, poco tiempo vital les debió haber quedado para ir a la escuela cuando transcurrían esos ajetreos y parece impensable que la universidad constituyera un horizonte de expectativas socialmente compartidas; lo probable es que sólo tuvieran a mano su convivencia y algunas esporádicas plazas laborales flexibles y precarias.

En este contexto nos parece pertinente la siguiente pregunta: ¿qué sabemos de estas organizaciones económicas que surgen por la necesidad de trabajar? A modo de introducción basta con señalar que el estudio de Lomnitz (2003) mostró que las relaciones patrón cliente desdibujaban la separación: Sector Informal y Sector Formal de la economía latinoamericana, porque develaban que la barriada urbana y marginal y la sociedad del centro, formal y moderna tenían vínculos sistemáticos. En el estudio de Hirschman se pueden encontrar otros antecedentes, especialmente cuando usó el concepto de “desarrollo popular” para caracterizar una “tendencia a la acción colectiva” de los latinoamericanos, es decir, él vio una mezcla entre organizaciones solidarias, intermedias y públicas que llevaban a cabo “secuencias de desarrollo invertido” (1984, p. 23-57). Por su parte, Max-Neef (1993) también constató que estas organizaciones hacían uso intensivo del factor trabajo y nos adelantó que ellas producían “recursos no convencionales” que permitían la “autodependencia” de la “participación comunitaria”. Entre esos recursos se encontraron los siguientes: comensalidad, reciprocidad, solidaridad, acumulación de valores (Razeto, 1984, 1986, 1990), identidad, reconocimiento (Hardy, 1985a, 1985b; Nyssens, 1998), conciencia social, cultura organizativa y capacidad de gestión, creatividad popular, capacidad de ayuda mutua (Max-Neef, 1993, p. 107-108).

A partir de este breve resumen, podemos entender que las cualidades de las organizaciones de la economía popular urbana irrumpen y tensionan las políticas económicas que son ideadas desde el Estado, especialmente porque en el sector público se las representa de manera acotada. En Chile, este reduccionismo se explica por la hegemonía de la perspectiva “empresarial-modernizante” (Coraggio, 1994, p. 161) que es eficiente dentro del modelo económico neoliberal. Es decir, desde ahí se recurre al individuo para que resuelva sus problemas de empleo y lo hace transformándolo en un emprendedor o microempresario que debe hacer frente a la desigual distribución de las oportunidades, las brechas salariales y los “sentimientos plurales de inestabilidad” de la “inconsistencia posicional” (Araujo y Martucelli, 2011, p. 128).

En nuestro estudio, aprendimos que las organizaciones de la economía popular urbana continúan desarrollándose con independencia de lo que se pueda pensar sobre ellas, debido a lo cual estas organizaciones permiten que sus trabajadores propietarios resuelvan su sentido subjetivo de inestabilidad porque sus intereses individuales empalman con los objetivos socialmente compartidos de su sociedad popular. Es decir, al igual como lo constataron las investigaciones de fines de la década del ochenta del siglo pasado, las organizaciones económicas populares son, nuevamente, los mecanismos de “integración y de coordinación social” y su mantenimiento depende de sus “niveles de integración interna y comunitaria” (Razeto et al., 1990, p. 63, 203).

Entonces es factible concluir que su trabajo autogestionado permite “vivencias gratificantes y estimulantes” (Gaiger, 2006, p. 533) que amplían la base para crear “circuitos de satisfacción de necesidades” (Forni, 1992, p. 14), mediante lo cual van progresivamente recomponiendo el vínculo social para hacer frente al ocaso de un horizonte común (Svampa, 2004). De esta manera estamos sosteniendo que el emprendimiento asociativo de trabajo autogestionado que hemos estudiado y del cual este artículo da cuenta es una forma endógena de la sociedad popular que comunitariza el medio social urbano sobre la base del trabajo que realizan los que siempre han sido trabajadores en “lo propio” como “cachureros” y “coleros”. Y ese proceso se sostiene en una “simbólica común, una ‘habitud’ a la realidad y una episteme” (Olmedo, 2006, p. 206). Por lo cual, ese mundo popular se expresa como: “auto-organización colectiva” (Svampa, 2004) y redes de intercambio recíproco (Lomnitz, 2008; Zibechi, 2008).

La tecnología social como supuesto de interpretación

En el presente capítulo, presentamos la forma conceptual con la cual tratamos a los protagonistas de nuestro estudio. Inicialmente proponemos que, cuando las personas se encuentran en un estado de la realidad donde hay inseguridad económica y simbólica (o emerge la inconsistencia posicional), esas personas son capaces de promover interacciones que favorecen el intercambio reciproco de bienes y servicios. Posteriormente, con el correr del tiempo, es posible que esas interacciones sean redes que facilitan las invenciones culturales. Cuando esto sucede, sostenemos que estamos frente a un proceso de integración basado en el trabajo y la reciprocidad que es inherente a una forma de tecnología social, la cual puede ser estudiada tomando en cuenta las siguientes cuatro características.

(i) El proceso de tecnología social cuenta con un saber hacer que está organizado por las combinaciones de las informaciones sobre los usos reales y potenciales de lo que las personas tiene a mano. Entre esos elementos disponibles están los “esquemas de tipificación” o “mapas cognoscitivos” que clasifican a los integrantes de la tecnología social (Lomnitz, 1978; Schütz, 1993; Dirven, 2001). Además, este saber hacer proporciona un sentido de pertenencia y una forma de apreciar lo que ahí se entiende por la realidad.

(ii) La tecnología social está situada en el tiempo histórico de una “comunidad efectiva” (Lomnitz, 1978, p. 40), así gobierna el tiempo en su economía y ofrece los hitos de arraigo del nosotros. En esos términos suceden los procesos de socialización en la ética de la conducta y en los criterios que se deben tomar en cuenta para conducirse en la co-construcción de las respuestas a los problemas o para satisfacer las necesidades comunitarias.

Sin embargo, ese estado del mundo de la vida que hemos llamado la comunidad efectiva de la tecnología social no clausura las deliberaciones que las personas, familias y organizaciones puedan hacer sobre los sentidos atribuidos a los artefactos, personas u organizaciones. Por ejemplo, parece altamente probable reconocer fronteras que diferencian tipos de individuos u organizaciones. Uno de esos tipos son con los cuales es factible comprometerse para fijar el devenir, reproducir la reciprocidad, entre ellas: la alternante e indirecta, la alternante y directa, la total (Mauss, 1979; Godelier, 1996; Bourdieu, 2007) y la relación patrón cliente (Lomnitz, 1978), y con los cuales se espera que se generen procesos de cohesión técnica.

(iii) La tecnología social se produce entre aquellos que simbólicamente se reconocen como personas u organizaciones responsables en el cumplimiento de los compromisos y ponen en marcha las soluciones a los problemas que los afectan. Por tanto, la comunidad efectiva es un proceso que prescinde del individuo voluntarioso y se sostiene y reproduce gracias a tres encuentros elementales, a saber: (a) Las reuniones donde se observan las condiciones de vida, (b) Los encuentros donde se reconocen las soluciones posibles dentro de un repertorio limitado por los códigos sociotécnicos del saber comunitario y (c) Los encuentros donde se lleva a cabo la solución al problema.

(iv) La tecnología social presenta relaciones reglamentadas entre posiciones de cargos, los cuales emergen gracias a la trayectoria que logra la comunidad efectiva en la solución a los problemas. En nuestro estudio aprendimos que esos cargos aparecían cuando hubo varios sistemas de interacciones enriquecidos que fomentaban cúmulos de informaciones que constituían posiciones en torno a: el experto en el saber usar la información técnica instrumental y el especializado en el saber representar a los integrantes del emprendimiento asociativo de trabajo autogestionado.

La organización simbólica del espacio local

La cola es el nombre que sus integrantes usan para nombrar a este emprendimiento asociativo de trabajo autogestionado; su origen se rememora hacia 1970 y nosotros la abordamos cuando la tercera generación la lleva a cabo y la cuarta está en su proceso de socialización. Esta cola es una de las 6 que se hacen en la comuna de Huechuraba y en ella trabajan 112 personas si estimamos que cada una de las 56 organizaciones tiene 2 personas.

Una parte de sus integrantes se dedican a comprar al por mayor en las organizaciones del Sector Formal para luego vender al detalle, mientras que la otra parte (los cachureros) aprendió a recorrer los barrios donde sus habitantes suelen dejar artefactos que perdieron valor de uso e intercambio, por ejemplo: ropa, TV, radios, baterías, refrigeradores, camas, artículos de cocina, bicicletas, libros, pinturas, martillos, clavos, CD de música y DVD. Al preguntarles cómo definen su cola, inmediatamente dicen que su objetivo es la venta, “hacer plata, pa’ tener para el día”. Pero también la entienden como un lugar de encuentro que mejora la calidad de vida cuando los vínculos cálidos de la red socioafectiva se expresan: “de repente uno viene achacado, viene mal pero aquí te suben el ánimo los amigos, la gente que va y viene”.

El día domingo la cola transcurre de la siguiente manera: desde las 7 u 8 de la mañana llegan las personas manejando sus triciclos, carros de supermercado o automóviles cargados con las cosas que ofrecerán. Al inicio cada cual observa si hay basuras en su espacio, el cual tiene 4 metros de largo por 2 de ancho; si encuentran que está sucio, limpiarán o de lo contrario pondrán una tela o un “plástico” que cubrirá el cemento de la calle y que alejará del suelo las cosas que ofrecerán. Luego los coleros sacan las cajas del medio de transporte y las vacían. A medida que esto sucede, las personas que “colocan” su puesto se saludan usando la palabra “vecino”. Cuando el puesto está listo, se traslada el triciclo a su parte de atrás. Este ejercicio cambia si el colero posee un automóvil, lo cual se observa en 5 casos de los 56 puestos, debido a que lo que se hará será: ver la limpieza de su lugar, si está limpio estacionarán el medio de transporte y luego iniciarán la primera rutina de la construcción del puesto.

La cola se conforma por tres sectores, a saber: el sector 1 es un pasillo donde transitan las personas que son los potenciales compradores. En su ajetreo los coleros reconocen un “arriba” que nombra la orientación hacia el norte del pasillo y un “abajo” que muestra la posición inversa. En el pasillo ocurren saludos y modales de cortesía que renuevan la amistad y es utilizado por los vendedores ambulantes de comida que ofrecen desayuno, lo mismo sucede a medio día con el almuerzo. Estas organizaciones le dan un tipo especial de crédito a los coleros, el “fiado”, que les permite aplazar el tiempo de pago por los alimentos que consumirán.

El sector 2 de la cola es donde están las cosas que se ofrecen y que permite que se realice el ambiente donde emerge su valor y precio. Sus relaciones de venta y compra entregan dignidad y funciones a los integrantes de la organización económica, y facilitan la interdependencia y recurrencia entre los puestos. El sector 3 se ubica entre el puesto y la muralla de las casas, ahí se educa en los contenidos legítimos de esta vida económica, se realiza la comensalidad, “hay que esperar y tener paciencia”, es la bodega y el taller (Figura 1).

El pasillo y los puestos.
Figura 1
El pasillo y los puestos.

Figure 1. The hallway and stands.

Cuadro 1
Los sectores y los coleros.
Sector 3Sector 2: PuestoSector 1 Pasillo “Arriba”Sector 2: PuestoSector 3
Claudio y Rosa (35 y 56 años)Bebidas, dulces y galletas.Repuestos celularesJosé (60 años)
Maritza e Hija (41 y 14 años)Fabricación de alimentos.Ropa de mujer y niñosRuth (46 años)
Francisco y Nanci (70 y 65 años)Fabricación y venta de herramientas.Ropa, productos de bellezaYiya (44 años)
Jenny y Roberto (ambos de 40 años)Produce chapitas, elabora impresos para tazones.Ropa usada y nueva.Paty 1 (46 años)
Lily (44 años)Ropa de adultos y niños, y productos de belleza.Ropa de ambos sexos de adultosNuera de Paty (22 años)
Noemi (60 años)Herramientas y ropaRopa de mujer joven.Paty 2 (46 años)
José, Lorena y Fernando (38, 36 y 4 años)Cachureos: juguetes, casetes, DVD, CD, relojes, teléfono para casa o fijo, parlantes, libros.Duchas, colgadores de ropa, discos de música, zapatos de construcciónAlejando, Maggi e Hijo (40, 40 y 10 años)
Raúl (60 años)Lentes ópticosVende zapatos y zapatillasHombre (70 años)
Don Lalo (60 años)Herramientas, linterna, soldaduraDVD de músicaHombre 7 Mujer (38 y 36 años)
Marina (63 años)Bolsas, ropa y en temporada de invierno paraguas.Cachurero: Insumos de construcción.Choro polilla y señora (54 y 50 años)
Carlos, su hija, Hijastra, 3 hijos de hijastra (42, 8, 23, 2,4,5 años)Cachureos, ropa, juguetes, cassettes, DVD, CD, relojes, parlantes, libros.Cachureos: ropa, juguetes, zapatosRucia (58 años)
David (50 años)Fabrica alimentos.Ropa, zapatos, blusasMujer (46 años)
Hombre (68 años)LibrosCachureos Ropa, juguetesRolen y señora (45 y 40 años)
Rosa (70 años)Ropa de mujerCuadros de maderaCarlos (50 años)
H. de Rosa (22 años)ChalecosArtículos de aseo casaMujer (40 años)
Sergio (53 años)Martillos, taladros, clavos, pernos.Blusa, pantalones, carteras3 mujeres (50, 48 y 40 años)
Armando y Sara (56 y 53 años)Cachureos, ropa, juguetes, casetes, DVD, CD.CachureoPulga (50 años)
Mujer X (70 años)Blusas, pantalones, camisasCachureroRaúl (60 años)
Mujer “A” (47 años)Ropa, pantalones, camisasCachureroRaúl (53 años)
Ana (39 años)Ropa, pantalones, camisas, botasZapatos de hombresZapatero (60 años)
Nancy (36 años)Trajes de baño, pantalones.Relojes, DVD, chalecosPeruanita (44 años)
Sordo, Señora e Hijo (60, 57 y 24 años)Cachureos, patas, chalecos de niños, buzos, celularesCachureos de libros, juguetes, ollas, DVDMario y Pareja (50 y 50 años)
Colero A (40 años)Colgadores, tambores de plásticoCachurero, espejos, juguetes, rueda de bicicleta.Marco, Maxi, Nina Fabián y Jazmín (49, 10, 38, 13 años y 4 meses)
Tito, Señora y Dylan (63, 55 y 4 años)Cachurero, Camisetas de football juego completo, parcas.Cachurero y su hija una cólera.Vecino del Arco y Flecha e hija (44 y 13 años)
Pelao e hijo (47 y 25 años)Lápices de construcción, zapatos de seguridad, botas de aguaColero vende calcetinesRaúl y Señora (50 y 48 años)
Hombre (GC) Mujer (58 y 55 años)Calzones, sostenes, pañuelos de papel, blusas, zapatos.Colero vende artículos de celulares y cables.José, Hija, Hermano de José (46, 15 y 50 años)
3 mujeres“Mote con huesillo”Pasillo “Abajo”Vendedora de juguetesSeñora de pelo blanco

Chart 1. The sectors and coleros.

Las comunidades efectivas de la cola

En este capítulo vamos a proponer una respuesta a la siguiente pregunta: ¿qué tipo de interacciones son las que mantienen a la cola? Nuestra respuesta tendrá dos momentos: en el primero describiremos una comunidad efectiva basada en las relaciones consanguíneas y de parentesco, y en el segundo revisaremos dos interacciones que cumplen la función de coordinación entre las comunidades efectivas de la cola.

Para iniciar la respuesta, vamos a recorrer los usos del parentesco que conocimos en el puesto de Marco, por el pasillo abajo de la cola. El antecedente inicial es que Marco dona una parte de su puesto, al igual como lo hacen otros coleros, para que se ubique el negocio de su hijo Maxi cuando él está en el períodos de vacaciones de su escuela, también dona un espacio para que se instale el negocio de su hermana Nina y el hijo de ella, Fabián.

Estas donaciones que Marco realiza contribuyen a que coexistan distintas organizaciones económicas en un mismo puesto, y todos sus integrantes llevan a cabo la comensalidad cuando Marco, Maxi, Nina y Fabián comparten alimentos, bebidas y conversaciones. Además, Marco y Nina, los adultos, entregan apoyo socioafectivo y recomiendan cambios de rutina hacia Maxi y Fabián, los niños-hijos de cada cual. Entre estos últimos solamente hay conversaciones y atienden la venta cuando Marco o Nina no lo pueden hacer. Marco, como propietario del puesto, a veces también realiza la donación de un espacio a uno de sus vecinos (Raúl el “calcetinero”) para que exponga los productos que ya no tienen cabida en su puesto.

A continuación, el segundo momento de la respuesta. Aquí nos concentraremos en la compra venta entre coleros y en el cambio de dinero por dinero. Partiremos diciendo que no es común que en la cola se sucedan relaciones de compra venta; deben pasar muchas horas del día antes que un colero venda una cosa. Incluso es habitual que existan días de malas ventas. En esos tiempos de “paciencia”, los coleros se dedican a estudiar las cosas que otros ofrecen; esa rutina está basada en mirar, preguntar y opinar. El que vende, al ser consultado, debe señalar un precio e indicar con claridad las condiciones en las cuales se encuentra la cosa. A continuación se produce una conversación entre personas que conocen lo que está en juego: precio, usos reales y posibles y el tiempo de duración.

En un registro de campo apuntábamos la siguiente interacción: “¡Regaló la chaqueta! Por el precio que colocó”, le dice un hombre a la señora de Mario. Ella responde: “Bueno, usted sabe cómo soy yo, al joven yo lo conocía y hay gente que no tiene cómo. Dios más me bendice”.

En ese encuentro, la señora de Mario fue develada en su ignorancia sobre el precio de una cosa y necesitó recurrir a una forma de salida a ese cuestionamiento. Pero también es factible suponer una segunda interpretación, a saber: las cosas que están a la venta puedan ayudar a una persona que es “conocida”, gracias a que el vendedor reduce su margen de beneficio y el comprador logra una “chaqueta” que no hubiera sido posible tener sin esa “atención”. Pero más allá de discernir quién tiene la posición apropiada, estaremos de acuerdo que los que trabajan en la cola se permiten disputas por la traducción del valor al precio de las cosas, y esta posibilidad es constante porque esa traducción es un encuentro público que incluye las interpretaciones de las personas que preguntan y responden. Y aquí es pertinente el uso de la categoría regateo.

Este tipo de compra venta entre coleros es aún más habitual porque ellos recurren a la cola para lograr artefactos que les permiten reparar sus casas, y su conocimiento les ayuda a saber dónde buscar y a quién preguntar. Incluso se pueden dar debates de un puesto a otro mientras los que tienen el problema van recibiendo las opiniones que recomiendan la compra y la forma de uso de lo comprado. En estos casos, se entregan “datos” sobre las “buenas cosas” que otros han observado y así resulta una síntesis de los análisis sobre el precio fijado según la calidad de lo ofrecido. Es por tal razón que el “dato” incluye estrategias de regateo.

A partir de esta situación pudimos reconocer a los coleros que más saben, los expertos. Ellos usan la misma rutina de observar, preguntar y opinar, también hacen consultas sobre el recorrido de la cosa y, al igual que todos los demás, averiguan las condiciones en las cuales se encuentra. Pero, y aquí su diferencia, ellos buscan probar la cosa y, si se trata de artefactos y no de vestuario, entonces imaginarán usos alternativos al conjunto o a cada una de sus partes. Además, estos coleros expertos logran recursos de argumentación exhibiendo apasionadamente lo que conocen sobre otras colas donde el poder adquisitivo de las personas que transitan por sus pasillos es más alto. De esta forma, ellos abarcan mercados mediante relatos que demuestran la clasificación basada en lo que ellos obtendrían por el mismo artefacto en disputa. En el extremo alto de ese orden simbólico están los persas de Teniente Cruz y Zapadores. Cuando esta reflexión se desarrolla, se observa que el artefacto que se busca comprar cambia de calidad, ahora es una “inversión” que puede ser vendida a mayor precio. Una de las expresiones regulares es la siguiente: “nunca se encariña con las cosas, es como tener una plata en el banco, guardada y cuando hay vacas flacas lo tira a la venta”.

A continuación vamos a recorrer la segunda interacción que cumple la función de coordinación de las comunidades efectivas de la cola, para lo cual Raúl el “calcetinero” será útil como caso demostrativo. Este colero compra al por mayor calcetines en las organizaciones económicas que están en el barrio Meiggs en la comuna de Estación Central, muy distante de la comuna donde está la cola; y vende esos calcetines al detalle. Los precios que él propone le ayudan a acceder a relaciones de venta compra que le proporcionan billetes de mil pesos (“luca”) y monedas. Por lo cual, siempre tiene una masa de dinero mayor que sus vecinos y ellos recurren a él para cambiar billetes grandes por otros de menor cuantía, gracias a lo cual los demás pueden concretar sus propias ventas al dar vuelto.

Estas interacciones amplían y diversifican las relaciones de Raúl con los otros puestos, le permiten conocer informaciones que le ayudan a evaluar a los demás y le facilitan que sus vecinos estén comprometidos con él. Por ejemplo, cuando Raúl analiza la gestión política de la cola lo hace con los vecinos que habitualmente le piden “cambio”, entre ellos: Marco, el que vendió el arco y flecha y José “negro”. Mientras que cuando Raúl recibe “datos” se transforma en un cliente al comprar lo que ofrece: Marco, el “Sordo”, Mario, José el “Payaso”, José “Bigote” y Armando.

En resumen. El cambio de dinero por dinero devela un circuito de intercambios que permite, por un lado, los recursos monetarios al detalle para lograr la venta y, por otro lado, gesta un acumulado histórico que actualiza las relaciones de cooperación entre los coleros. Esta variedad de la convivencia también es un buen ejemplo de los contenidos que se transfieren en su educación porque muestra que la distancia social reducida a su máxima posibilidad va gestando el sentido de pertenencia. Así, ese NOSOTROS es concebido como todos los que participan en el circuito de intercambio sin importar las distancias físicas de las vecindades o las que pueden surgir del parentesco.

Gracias a los ejemplos presentados fuimos reconociendo que las comunidades efectivas de los puestos tienen clausuras que impiden el acceso e interacciones de apertura que las coordinan con el obrar colectivo. Cuando llegamos a estas observaciones fuimos construyendo trece tipos ideales de comunidades efectivas, y para responder la pregunta que inicia este capítulo sólo vamos a describir cinco comunidades efectivas típicas, porque ellas muestran la coordinación de las interacciones que son los ejes de la integración sociotécnica, donde se articulan las demás que conforman la tecnología social que llamamos como “la cola”.

Tipo red de parentesco con coexistencia de organizaciones económicas en el puesto. Las relaciones de parentesco y consanguineidad favorecen la coexistencia de dos o más gestiones económicas en un puesto, lo cual está mediado por uno o más vínculos de reciprocidad (don y contra don). Estas relaciones se circunscriben y cierran diferenciándose de lo que sucede en otros puestos y en su interior se lleva a cabo un tipo especial de comensalidad porque se encuentra basada en compartir: alimentos, bebidas y conversaciones. También se entregan apoyos socioafectivos, se atiende la interacción de compra y venta, se conversa sobre el gobierno de la cola y se recomiendan cambios de rutina. Por otro lado, el análisis sobre la gestión política de la cola se realiza más allá de las relaciones de parentesco, especialmente por la visita de los dirigentes y los comentarios de los coleros que son vecinos. Sin embargo, los integrantes de esas conversaciones no son los mismos con los que se intercambian informaciones sociotécnicas o “datos”, se ponen en común las reflexiones sobre los beneficios económicos de una “cosa” o los costos del procedimiento para que se logre mejorar un “cachureo”. Estos diálogos sólo se realizan con los coleros reconocidos colectivamente como los “antiguos”, los que saben, los expertos y “los que viven de esto”.

Tipo coleros pareja: apertura y coordinación a través del hombre pareja. Los coleros pareja son un hombre y una mujer que conviven con o sin formalización civil o religiosa, se caracterizan porque contribuyen a una economía doméstica a través de los desempeños que realizan en una organización económica en el puesto, juntos revisan la gestión política de la cola, evalúan los beneficios de las ventas, acceden a informaciones sociotécnicas que ayudan a mejorar las condiciones de trabajo o la adaptación de los “cachureos”. Las mujeres se abocan a las gestiones del puesto, co-construyen la comensalidad al igual que sus hombres parejas; y no participan en relaciones diversas, a diferencia de sus hombres parejas. Por otro lado, a nivel de su apertura y coordinación, son los hombres los que trascienden la pareja y acceden a interacciones donde se analiza la gestión política de la cola, los usos reales y potenciales de los artefactos, por medio de lo cual acceden a cuotas de reconocimiento sobre su calidad de expertos dentro de la cola; conversan con otros hombres sobre la vida cotidiana y compran “cachureos” que luego serán vendidos a un mayor precio.

Tipo mujeres emparentadas. Este sistema de relaciones se caracteriza porque todas las posiciones son ocupadas por mujeres vinculadas por el parentesco o la consanguineidad. Estas relaciones se presentan como suficientes para: la donación de un espacio para que una integrante tenga un puesto, el cambio de dinero por dinero, la comensalidad basada en compartir alimentos y bebidas no alcohólicas, para el análisis sobre la gestión política de la cola y para organizarse en la solución de los problemas cotidianos. Por otro lado, la apertura y vinculación de este sistema de mujeres con otros opuestos de la cola sucede en y por relaciones mediadas, y un tipo de esas relaciones es posible porque un colero realiza una función de su desempeño como integrante de la directiva del sindicato. Así los integrantes de la directiva coordinan a esa comunidad de mujeres emparentadas con las actividades de la gestión política de la cola, pero no participan en relaciones que hagan posible que esa comunidad efectiva se incluya en relaciones con otros coleros.

Tipo coleros volantes con vínculos fuertes y acceso al sindicato. Esta posición en el sistema de relaciones se caracteriza porque la o el colero volante, llamado “visita” por la asamblea de coleros del sindicato, acepta la donación de un espacio para ubicar las cosas que trae para la venta y realiza la reciprocidad, o el contra-don, mediante el cuidado de la gestión económica y de los artefactos de otro colero. En estas relaciones de reciprocidad conversa sobre la gestión política de la cola. Por otro lado, este colero volante se relaciona con sus vecinos conversando sobre asuntos de la vida cotidiana y con ellos se organiza para resolver los problemas circunstanciales de la coexistencia en la cola. También entabla diálogos con los coleros que no son vecinos y/o son dirigentes de la directiva del sindicato, permitiéndole un reconocimiento que le garantiza una forma de membresía a la comunidad efectiva de la cola. Además, se vincula a otros coleros no emparentados a través de la donación de lo que ha traído para la venta, mientras que los que aceptan la donación la retribuyen con el reconocimiento.

Tipo colero con puesto y vinculado a través del ejercicio como dirigente de la cola. Esta posición en el sistema de relaciones se caracteriza porque hay uno o varios integrantes en su organización relacionados por el parentesco con los cuales comparte las funciones del puesto. En algunos casos, sus trabajadores parientes no tienen propiedad sobre el puesto y en otros casos es una pareja de coleros la que administra dos puestos compartiendo una sola economía. En ambas situaciones, los integrantes de la organización económica observan y reflexionan sobre los beneficios de las ventas y en torno a la gestión política de la cola. Esto permite que el colero dirigente realice las funciones de su cargo porque la atención comercial es cumplida por otro. Además, ahí se brindan apoyos socioafectivos y se realiza la comensalidad sobre la base de alimentos, lo que se fuma y las bebidas alcohólicas y/o no alcohólicas.

Tomando en cuenta a los coleros que asumieron la tercera directiva del sindicato, se puede subrayar que los dirigentes coordinan a los coleros con pocos vínculos fuertes con la gestión política de la cola. En estos términos, los dirigentes son los intermediarios entre esos integrantes y la asamblea de la cola. Por lo cual, su asistencia es especialmente fundamental para las comunidades efectivas cuya cohesión y clausura les impide que tengan una diversidad de interacciones de coordinación con las otras que las rodean. Esta función de coordinación es una fuente de reconocimiento y de prestigio de los coleros dirigentes, pero su realización no les ayuda a ser considerados como parte de los coleros expertos. Por tanto, el ejercicio de las funciones de sus cargos no les brinda autoridad técnica y sí les garantiza una reputación asociada a la gestión de los asuntos que son comunes a los integrantes del emprendimiento asociativo de trabajo autogestionado.

El sindicato

En este capítulo, vamos a describir uno de los productos del sistema enriquecido de relaciones de la cola, a saber: el sindicato. Antes hay que advertir que el uso de ese nombre no es el que habitualmente encontramos en las relaciones asalariadas, pero su origen está en esa fuente, cuando fue usado por los coleros que forjaron una parte de su identidad laboral en ese mercado de trabajo.

El sindicato emergió gracias a que los coleros lograron administrar las rutinas de interacciones que ya se venían dando en las comunidades efectivas de la cola, específicamente cuando ellos debían reunir una “cuota para hacer un fondo” cuando sabían que un vecino se encontraba en una “desgracia”; luego se fueron agregando las deliberaciones que todos tomaban para ceder el uso de un espacio vacío porque su propietario habitual no asistía ese domingo, también la certificación de la membresía a la cola y las relaciones que ellos tenían con los distintos gobiernos que administraban la municipalidad de Huechuraba. La gestión del sindicato se evalúa por el compromiso que logra despertar entre los coleros y según los beneficios que sus dirigentes obtienen cuando “conversan” con los funcionarios municipales. Además, el cumplimiento de estas funciones fija el límite de su cohesión para los dirigentes, es decir, dentro del sindicato está “la gente” por la cual se “responde”.

La trayectoria del sindicato tiene tres hitos. El primero fue un enfrentamiento con el gobierno local que quiso erradicar a los coleros. La situación fue entendida como la pérdida del derecho a trabajar “en lo propio”. Según los primeros integrantes del sindicato y de los coleros antiguos, ellos comenzaron a “protestar” frente a la municipalidad durante algunos días de la semana. Posteriormente “los de la Muni” propusieron un acuerdo donde se les entregaba en comodato la calle EEUU, mientras que los del sindicato debían “empadronarse”, “marcar los puestos” y “dejar limpio”. Cuando los 56 puestos empezaron a ocupar la calle se incluyó un nuevo participante que los rechazaba y “correteaba”; estos fueron los vecinos de esa calle. El primer presidente del sindicato recuerda de la siguiente forma ese período:

Partiendo que vinimos a la calle Estados Unidos pero hubo que organizarnos. Estar bien organizados es mejor para todos porque no todos iban a trabajar por trabajar, no, trabajaban todos por necesidad. Porque hace dos años atrás la necesidad se notaba mucho porque había gente que realmente no tenían ni para la olla, sacaban cositas de la casa y que tenía de más y ahí iban a venderlo; si la idea de nosotros era ayudar a la gente que más lo necesitaba y la gente ahí fue saliendo. Se fue agregando más gente, los puestos se marcaban y toda la gente se iba poniendo en su lugar y nadie ocupaba el lugar hasta las diez de la mañana; si alguien no llegaba a las diez de la mañana se ponía otra que andaba buscando un lugar, que también necesitaba trabajar, se colocaba ahí (Florencio, 55 años, cachurero y colero, presidente de la primera directiva del sindicato).

Una práctica que es significativa para nuestra descripción es la creación de un “fondo” entre los coleros, el cual fue asumido por el sindicato. Luego se distinguen dos tipos de “fondos”: el que se hace gracias al pago de una “cuota” para ser miembro del obrar colectivo y el que anteriormente señalábamos y que se le denomina “colecta”. A diferencia de lo que sucede con “la cuota”, en la “colecta” no existe una deliberación sobre las cantidades de dineros, por tanto, se trata de un “aporte”.

Ambos tipos de “fondos” tienen un “encargado”. En la “cuota”, el “encargado” cobra un derecho por el uso de espacio entregándoles en cada oportunidad un “vale” donde se consigna la fecha y el monto del pago. Por su parte, el “encargado” del “fondo” de “la colecta” debe portar los “documentos” que atestiguan la “necesidad” de pedir “una cooperación”. Como es de esperar, los coleros que son “encargados” transmiten la información sobre las personas que pagan y las que siempre cooperan. Así sus desempeños van actualizando el estado de la morosidad y de las contraprestaciones de reciprocidad, o dibujan los mapas cognoscitivos que ayudan a saber quién es quién en la convivencia del obrar colectivo. También son los “encargados” los que “guardan” el “fondo” para la realización de una actividad que beneficia a todos los coleros, o son los que lo adjudican en virtud de un “sufrimiento” en el caso de la “colecta”.

A continuación, presentamos una opinión de un colero sobre el para qué del “fondo”.

Entrevistador: ¿Y por qué ese fondo?

Entrevistado: Porque nosotros quisimos hacer eso. Porque nosotros no tenemos el apoyo de allá, de la muni. No tenemos apoyo de allá cómo va a ser, pucha, voy a llevar este documento de que este compadre se enfermó, no. ¡Pu! listo, se llevó plata. A mi viejo también se la pasaron. Para eso, cuando murió mi hermano. Entonces, cuando falleció mi hermano venían los otros chiquillos, esa misma plata y una corona, y así po’. Y así cada persona que le pase algo, esa platita va a estar sola ahí. Entonces para eso es el fondito que tenemos nosotros: de trescientos pesos todos los domingos, cien pesos, doscientos pesos, si te va mal, cien pesos.

Entrevistador: ¿Pero están colocando todas las semanas?

Entrevistado: Todos los domingos. Claro, de cien, doscientos pesos.

Entrevistador: Y cuando termina el momento de la feria, ¿Qué hacen con ese fondo?

Entrevistado: Lo mantiene uno solo. Una sola persona se encarga, una persona que no tome, que no esté en el vicio, ¿Me entiendes tú?, porque tú sabes que las monedas tientan, si tú estás en el vicio, como el vicio que está ahora, se mueren las monedas no más, con el trago se mueren las monedas no más po’, voy a sacar una alita y yo la recupero con los cachureos entonces no, tiene que ser una persona derecha que se haga cargo de esa plata (Marco, 43 años, cachurero y colero experto).

El segundo hito del sindicato fue una etapa de “buena acogida” por parte de la municipalidad de Huechuraba: “la alcaldesa nos orientó mucho más de lo que nosotros sabíamos”, se entregó la calle EEUU y los “apoyos” para llevar a cabo los “paseos a la playa”. Estas relaciones legitimaron al sindicato y a la cola como actores económicos en la política de la comuna. El tercer hito está conformado por las renovaciones de su directiva, incluyendo la disolución de la segunda directiva porque no hubo “quién nos auspicie”, “guie”, “se hagan cargo”, la “gente empezó a hablar que la plata no se veía”, se perdió el “baño” y no se cumplieron los objetivos que se propusieron.

Entre el primer y segundo hito de esta trayectoria, la directiva del sindicato realizó comensalidad generalizada y colectiva sobre la base de compartir alimentos entre “vecinos” y “compañeros”, gracias a lo cual pudieron satisfacer la “necesidad” de alimentación en la hora de almuerzo. Así crearon un “fondo para cocinar entre todos”, “se conseguían mesas, se conseguían platos y éramos todos felices y contentos”. El resultado fue: “todos nos uníamos, se conocía la gente, que mucha gente no se conocía y la cosa era pasarla bien”. De forma paralela fueron inscribiendo a la “gente”, demarcaron los puestos, realizaron reuniones y lograron recaudar dinero para entregar cajas con mercadería. Además se tomaron medidas para administrar el tiempo de uso de la calle EEUU y se fijaron protocolos de limpieza: “los aseadores somos nosotros mismos”. Ahí se definió la administración de un baño químico financiado por la municipalidad de Huechuraba.

Según David, el presidente de la segunda directiva, el sindicato llegó a tener extintores, basureros, baños y conos demarcadores pero se fueron perdiendo con el tiempo. Él y Carlos, este último tesorero en esa directiva, tienen una mala evaluación de la participación de “los socios” porque ellos no valoran los esfuerzos que los dirigentes hacen para lograr mejores condiciones y “modernizar” cada puesto. Según José, uno de los integrantes de la directiva que sucedió a la de David, la evaluación negativa se profundizó cuando los puestos debían cumplir con un largo de 4 metros y nadie tomaba en cuenta esa decisión, lo cual se hizo más rudo cuando se confrontaron los coleros antiguos con los que asumieron la tercera directiva. Los primeros sostenían su derecho a usar lo de siempre y los segundos administraban “los acuerdos” de los socios y los que se habían tomado con la municipalidad.

Entre la segunda y la tercera directiva del sindicato, se inició la búsqueda de candidatos para una elección, se abrió un nuevo libro de socios porque no se había hecho el traspaso de toda la información que se tenía desde la primera directiva. Así se inauguró un periodo donde convivieron dos libros de registros de socios. Posteriormente, se volvió a hacer un libro de registro, pero bajo la condición de que fueran personas que “realmente son”, la elaboración fue engorrosa porque hubo coleros que no pusieron todos los antecedentes que se solicitaban. Por ejemplo: habían escrito su nombre completo, pero no su número de cédula de identidad, así que Lily, Ruth o José debieron pasar uno o dos domingos con el registro de socios para que “la muni” lo aceptara.

En ese transcurso, Ruth elaboró un folleto donde se invitaba a celebrar la votación y se presentaban los nombres de los candidatos; ella usó papel, computadora y tinta de su “propia casa”. La votación se inició a las 10:30 horas, hubo tres coleras que actuaron como presidenta y secretarias de la mesa de votación; una de ellas fue la nieta de Pincheira e hija de Maritza. Cada colero anotó su nombre completo, el número de puesto, el de su cédula de identidad y estampó su firma. Después se le pasó el voto, realizó el escrutinio de forma secreta y depositó el voto doblado en una caja de un “cachureo” que estaba a mano. La votación se cerró a las 13:10 horas. El término de este período sucede con la elección de la tercera directiva, el 7 de septiembre de 2014.

La tercera directiva estuvo compuesta por tres mujeres y comenzó a tener reuniones una vez al mes. La primera reunión fue cambiada en dos oportunidades porque el funcionario de la municipalidad no confirmaba horarios convenientes para los socios. Así se llegó al lunes 13 de octubre de 2014. Ese día no hay feria y el horario ayudó para que asistieran los que trabajan en otras ocupaciones fuera de la comuna. Para realizar esa reunión se utilizó la plaza que está en la calle EEUU, llegó una “encargada territorial” de “la muni” y “la cuarta parte de todos los que somos”, los que correspondían a “los vecinos” de los puestos de las mujeres de la directiva, mientras que los más lejanos, “los de abajo”, fueron participando en las siguientes reuniones a medida que se hicieron regulares dentro de las labores de la cola.

En esta primera reunión los socios plantearon sus quejas porque una plaza no era el mejor lugar para que se llevara a cabo “la asamblea”, y solicitaron a la nueva directiva que consiguiera el préstamo de la sede de la Junta de Vecinos de la Villa Conchalí. Además, sometieron a votación los temas que cada uno traía y que fueron dibujando la “tabla” de la reunión. Uno de los primeros asuntos tratados fue definir el monto de “la cuota” que debían pagar y la forma en que se hace efectivo el pago y el cobro.

La tercera directiva comenzó a tener una relación sistemática con la funcionaria municipal encargada de “las organizaciones comunitarias”, donde fue inscrito el sindicato de la cola en la política pública local. Este trabajo fue llevado a cabo por la secretaria Lily y Alejandro como director, cada cual participando de forma independiente pero coordinada cuando requirieron tramitar “el libro de socios”, la personalidad jurídica, conseguir buses para el paseo del verano de 2014, la postulación a fondos públicos comunales para sus proyectos, lo cual supuso asistir a “reuniones de capacitación”, aclarar aspectos de la propuesta y presentarla en la fecha establecida. Así la directiva fue complejizándose a medida que su desempeño se hizo más rutinario, por ejemplo: debieron abrir una gestión de recursos económicos para comprar timbres, recibos y la pintura que les permitió marcar los puestos.

Las asambleas del sindicato

Las reuniones del sindicato conminan a tomarse en cuenta o “somos una familia y debemos protegernos unos a otros”. En ellas se realizan las siguientes actividades:

(a) En cada una de sus reuniones se revisa la libreta de ahorro de mano en mano para observar “el fondo” de recursos económicos que han reunido a través del pago de “cuota”.

(b) Se revisa la membresía mediante el “empadronarse”, administrar y “marcar” los puestos. Esta información se apunta en el “registro de socios”.

(c) En las asambleas se “quitan” y asignan puestos mediante una lista de coleros volantes o “invitados” que se ordenan según la prioridad de solicitud para que gocen de la calidad de “visitas”, por lo cual tendrán acceso a un espacio vacío y pagarán una cuota.

En las asambleas las relaciones familiares son una buena recomendación para lograr un puesto cuando aparece la oportunidad. Sin embargo, no son antecedentes suficientes debido a que el puesto no es heredable por la sangre, y cuando ocurre se debe a que el que lo ha recibido cumple los acuerdos colectivos: “trabajar el puesto” y avisar cuando no asiste. Una excepción a este procedimiento son los vecinos cuyas casas colindan con la cola, lo cual se da en 3 puestos, con los cuales se convino entregarles un espacio para la venta mientras ellos se encargan de guardar los basureros y brindar energía eléctrica para probar los artefactos que están a la venta.

La asignación de un puesto se realiza en una reunión pública frente al espacio vacío durante el día domingo. Con el tiempo se agregó que la “visita” no debía vender cosas similares a los puestos vecinos y si así fuera tenía que ser asignada en otro lugar. En todos los casos de asignación de puestos participa un integrante de la directiva y los reclamos provinieron de coleros que no asistieron a las reuniones. Esa falta de información alentó temores, pero fueron aplacados porque siempre los coleros dirigentes transmitieron las decisiones colectivas. Esta forma de asignar los puestos redujo y sancionó el intento de algunos para crecer en cantidad de metros en los puestos que habitualmente usaban. Y si bien en la cola no se observaron desencuentros con violencia, sí se tienen narraciones donde se recuerda que un colero ha increpado y amenazado a otro hasta “corretearlo” y dejarlo sin puesto. Con el sindicato, estas situaciones no pasan. Por ejemplo, Francisco recuerda que un día llegó un hombre que “no sabía convivir”, venía a “puro pelear” y “los chiquillos” lo apoyaron y el hombre se tuvo que retirar.

El día 22 de marzo de 2015 se produjo una reasignación de puestos; en algunos casos los puestos fueron confirmados, en otros los coleros dejaron de ser “visitas” y hubo puestos que desaparecieron porque sus habituales trabajadores no asistían y no fueron a las reuniones del sindicato. Desde ahí y durante dos meses, el clima de los comentarios fue crítico porque unos asumían que los habían perjudicado mientras que los beneficiados guardaban silencio. Con el paso del tiempo, las tensiones entre los coleros fueron bajando porque se acostumbraron a las nuevas posiciones. Se observó que siempre que hubo falta de información para ubicarse en los nuevos puestos se recurrió a las integrantes de la directiva, lo cual subrayó el reconocimiento y su autoridad para orientar la organización de la cola.

(d) En las asambleas del sindicato también se analiza la relación con la municipalidad, especialmente los beneficios logrados, el cumplimento de los acuerdos y las ofertas de capacitación y concursos para obtener recursos que ayudan a implementar “proyectos”. En estos términos, la municipalidad arriba a través de “funcionarios” y “documentos” que impulsan a los coleros a lograr consensos operativos sobre tres tópicos: los límites y la extensión de cada puesto, la legitimidad sobre el uso del puesto y la elección de su directiva.

La relación entre la tercera directiva del sindicato y la “encargada territorial” de la municipalidad permitió realizar talleres para los niños que estaban en los puestos. Esta iniciativa nunca antes se había hecho a pesar que siempre hubo niños coleros; en “el taller de medioambiente” participó el hijo de Alejandro, las niñas de Carlos “el negro” y una “monitora”, los cuales trabajaban en las dependencias de la municipalidad y en la plaza de la calle EEUU.

(e) También en las asambleas del sindicato se proponen, discuten y deliberan las actividades para los meses de diciembre y enero, Pascua, para el paseo a la playa y la “canasta familiar”.

(f) En las reuniones se recuerdan los “modales” de la convivencia en la cola, su aseo y ornato. Se discute el uso de los garabatos, el consumo de alcohol y otros asuntos que son escritos en un “libro de novedades”. Dentro de los problemas más recurrentes se encuentra la administración del baño químico y público que aportó la municipalidad y que fue gestionado por la primera directiva sobre “las necesidades de los niños y las mujeres”. Hay que recordar que la segunda directiva no renovó ese compromiso y la municipalidad no lo volvió a poner y fue nuevamente gestionado por la tercera directiva. Al principio de esta administración cada integrante tenía llaves del candado de la puerta del baño, pero su realización recaía en Ruth, José y Alejandro. Con el paso del tiempo, las llaves se extraviaron, las personas que las tenían no estaban y varias veces se rompieron los candados. Así el baño quedo abierto y disponible para todos.

Un segundo problema es que los usuarios arrojan géneros al interior del baño químico y el camión recolector de desechos no podía absorberlos. Entonces se le pedía a los que se hacían “responsables” que destaparan el conducto del baño. En estas prácticas participó José; él proponía que la directiva comprara papel higiénico, mientras los demás señalaron que esa era responsabilidad de cada cual.

La asamblea del sindicato.
Figura 2
La asamblea del sindicato.

Figure 2. The assembly of the labor union.

Conclusión

La cola es una organización económica comunitaria inherente a la economía popular urbana, y si bien se basa en familias que ponen a disposición su fuerza física, artefactos e informaciones, esos recursos son gobernados por la autogestión asociativa de la plaza laboral. Cuando esto sucede, quiere decir que hay comunidades efectivas; un buen indicador de ese hecho es la metodología que construyen para emprender acciones colectivas que resuelven los problemas individuales.

Además, según los resultados y aprendizajes de nuestro estudio, el mantenimiento de la cola por tres generaciones se debe a su ética. En esa tradición cultural, no se aprecia como lugar de consagración la separación entre un Sector Formal y otro Informal, sino que se valora el trabajo “en lo propio”. De ahí que compartamos con Salazar que los coleros constituyen una “mentalidad mercantil independiente” que se distancia de los valores de obediencia, disciplina y subordinación del trabajo asalariado (2000, p. 248). Incluso, al no depreciar su ubicación, han logrado saber adecuarse a las formas reglamentadas de las relaciones posibles con los del Sector Formal.

En términos específicos y operacionales, la reproducción de la cola se debe a que hay formas de llevar a cabo las cosas, o sea, la convivencia ha permitido reglas que definen las interacciones entre sus comunidades efectivas. Uno de esos ámbitos son los circuitos de reciprocidad que forjan su cohesión técnica. Por ejemplo, la colecta surge porque un “responsable” “muestra papeles” que acreditan la enfermedad que afecta a la persona que será beneficiada con los recursos monetarios que se logren gracias a los aportes voluntarios. Y cuando su sistema enriquecido de relaciones está en forma, esa rutina de búsqueda de asistencias es incorporada a una organización diferenciada que cumple las funciones de representar las decisiones colectivas de una asamblea. Basta decir, por tanto, que la colecta es otra tecnología social porque constituye una comunidad efectiva vinculada por la obligación de devolver los aportes voluntarios, la reciprocidad es directa y clausura las participaciones para los que no ingresan con sus aportes; “el que coopera debe recibir una devuelta de mano y el que no, no noma’”. También porque posee roles que declaran un saber hacer específico, tiene artefactos y los solicitantes saben a quién recurrir para que se ponga en marcha.

Así la cola constituye obligaciones, y esa condición explica la coordinación de sus comunidades efectivas. Desde aquí volvemos al asunto de nuestra introducción, o sea, al sesgo que tenemos para comprender la existencia de las formas económicas que, siendo reales y extensivas, no las hemos podido incluir en nuestra manera de elaborar conocimientos. Para reducir este error es necesario usar otros instrumentos heurísticos como, por ejemplo, la noción de tecnología social. En este sentido, el artículo que concluimos también muestra que estas organizaciones económicas son extremadamente creativas, y ese factor puede ser estudiado desde la idea de innovación social.

En este ámbito compartimos con Ferrarini (s.f.) que la innovación social está basada en los procesos que viven las personas involucradas, incluyendo las metodologías que les permiten aprender a resolver problemas de forma colectiva. A nivel de la política pública, la innovación social invita a pensar en una economía plural enraizada en lo social, donde el Estado debe tener un papel facilitador de la creatividad y gestión popular.

En los estudios, la categoría de innovación social ofrece una manera de introducirse en las organizaciones que hacen economía a nivel local y que habitualmente se las ubica dentro del Sector Informal o, como en nuestro caso, entre las “organizaciones comunitarias”. Nuevamente compartimos con Ferrarini que las estrategias metodológicas deben anticipar que la gestión de esas organizaciones es democracia participativa y deliberativa, y que presentan otras estructuras de recursos y de poder.

Un paso más adelante. Al usar nuevas categorías que valoran los procesos de las obras colectivas y los factores económicos no convencionales, podemos avanzar hacia el estudio de circuitos de intercambio que involucran a organizaciones de distinto carácter. En ese transcurso miramos, desde abajo hacia arriba, un desarrollo de las capacidades asociativas que producen bienes y servicios apropiables por sus integrantes, los cuales responden a las necesidades de los que ahí participan y son innovaciones sociales que logran formular respuestas apropiadas para su sociedad. Esto podría ser entendido como: “Desglobalizar o local permite o globalismo localizado, ou seja, a integração ou globalização de conhecimentos, tecnologias ou metodologias criadas em âmbito local” (Ferrarini, 2012, p. 236).

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Notas

1 Este artículo es un producto de la investigación nº PROV.: 11130329 del FONDECYT Iniciación en la Investigación 2013-2015.

Notas de autor

2 Universidad Central. Escuela de Sociología. Lord Cochrane 417, Santiago Centro, Santiago, Chile.
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