Aforismos

Al asesino, como a cualquier otro, lo educaron sus padres que lo idolatraban. Ninguno de los progenitores es totalmente responsable de las transformaciones de sus hijos.
El éxtasis convierte el instante en eternidad por algunos momentos.
“De ningún modo se podía vencer”: esta idea nos hace más tranquilos que la hipótesis de que “nuestra derrota no significa que no hubiéramos podido ganar”.
La verdad obtenida por los hackers no deja de ser verdad, a pesar de que fue blindada con estrictas medidas de seguridad.
En los ojos de cada fanático arden los fueguitos de la santa fe.
A diferencia del amor recíproco, el amor no compartido nos hace sufrir y, a la vez, agudiza la imaginación y ennoblece nuestras vivencias.
La amabilidad es una virtud, pero también una máscara de la hipocresía.
Para quienes quieren organizar el paraíso en la Tierra, no existe nada sagrado.
Un estafador si no puede engañar, se siente defraudado.
Más allá de la razón yace el reino de lo absurdo, donde hasta lo imposible se hace posible
Los hipócritas vergonzosos son los que inventan los eufemismos, ya que consideran que llamar a las cosas por sus nombres es “indecente”.
En el “más acá” Dios favorece a los ricos y poderosos, y en el “más allá” a los pobres y desgraciados.
Dios limita las posibilidades del milagro: de una mosca autoriza hacer sólo un elefante.
La vida nos enseña hacer muchas cosas por nuestra propia voluntad, pero frecuentemente bajo la amenaza del castigo.
La muerte es la decepción más cruel, pero, a la vez, es el fin de todas las decepciones.
En la época moderna el bien se evaluaba por encima de la belleza y la posmodernidad considera que la belleza supera la bondad.
El hombre es un centauro: posee una razón que no siempre es capaz de dirigir sus apetencias y emociones irracionales.
En la vida hay muchas alegrías, y una de ellas es la satisfacción al observar la desdicha ajena.

Notas de autor
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