Articulos
Recepción: 14/02/14
Aprobación: 29/04/15
Resumen: Siguiendo el camino del pensar foucaultiano y las herencias que el mismo tiene en América Latina, se trata de ensayar un acercamiento crítico a las prácticas de resistencia y autogobierno de la Unión de Trabajadores Desocupados de Gral. Mosconi. Se parte del análisis de relaciones y dispositivos del poder desde una consideración heterárquica y estratégica del mismo, es decir no jerárquica y no dialéctica. El objetivo es analizar las prácticas y procesos singulares de resistencia de la UTD Mosconi, en tanto impugna el orden que se le dispone en un abierto tejido relacional y movedizo. Estas prácticas y lógicas de poder, saber y ser operan como resistencias a ser conducidos de cierto modo. Ante todo, la experiencia de UTD resulta local y movediza, con extensos efectos de irradiación a nivel local, regional y nacional, en tanto, lo que está en cuestión es el poder y los modos de ejercerlo. Por lo cual resistencia no es sinónimo de revolución, cuyo carácter vertical pretende aniquilar el poder desde el origen. Lo antedicho se realiza desde una perspectiva genealógica y etnográfica de análisis, en diálogo crítico con las diferentes corrientes, que en las ciencias sociales trabajan la cuestión.
Palabras clave: Resistencia, Autogobierno, Gobierno, Trabajadores Desocupados, Crítica.
Abstract: Following the path of Foucault’s thinking and its legacy in Latin America, this paper proposes a critical approach to the practices of resistance and self-government of the Union of Unemployed Workers of General Mosconi, Salta. It starts from the analysis of power relations and mechanisms from a heterarchical and strategic perspective, ie. a non-hierarchical and non-dialectical one. The objective of the work is to analyze the unique practices and processes of resistance of the UTD Mosconi, while challenging the order imposed in an open, shifting and relational web. These power practices and logics, knowing and being, operate as resistances in a certain way. First of all, UTD's experience is local and changing, spreading extensively at local, regional and national levels, while what is at issue is the power and ways of exercising it. Therefore, resistance is not synonymous with revolution, whose vertical character seeks to annihilate power from the origin. The above is done from a genealogical and ethnographic perspective of analysis, in a critical dialogue with the different social science trends researching in the subject.
Keywords: Resistance, Self-government, Government, Unemployed, Critical.
1. A modo de Introducción
El presente artículo pretende analizar cómo, singularmente[2], entre “aciertos y astucias” se configura y re-configura la Unión de Trabajadores Desocupados de Gral. Mosconi (UTD), en la provincia de Salta. Desde un enfoque crítico, se parte del supuesto de que UTD resiste entre y frente a las racionalidades políticas y los programas de gobierno[3] dispuestos en torno de las poblaciones pobres[4] desocupadas, ante todo, desde 1997 hasta la actualidad (2013).
Para realizar dicho trabajo se recuperan algunas herramientas teórico-metodológicas provenientes del ensamblaje foucaultiano. Ante todo, el modo de concebir el poder desde una perspectiva heterárquica, según la traducción de Castro Gómez al respecto: “…Las heterarquías son estructuras complejas en las cuales no existe un nivel básico que gobierna sobre los demás, sino todos los niveles ejercen algún grado de influencia mutua (…) atendiendo a coyunturas históricas específicas”[5]. Esto permite vincular los diferentes niveles, en torno de los cuales se configuran y ponen en juego las relaciones de poder. A partir de lo cual las prácticas[6] de gobierno, autogobierno y resistencia son pensadas desde un enfoque no dialéctico, sino “heterogéneo y estratégico”, esto es de: “la conexión de lo heterogéneo y no (…) la homogeneización de lo contradictorio”[7].
Acorde a lo antedicho, las relaciones de poder y resistencia se entrecruzan, yuxtaponen, multiplican, según Foucault:
Si no hubiera resistencia no habría relaciones de poder. Todo sería una cuestión de obediencia. Desde el instante en el que el individuo está en situación de no hacer lo que quiere, debe utilizar relaciones de poder. La resistencia se da en primer lugar y continua siendo superior todas las fuerzas del proceso, bajo su efecto obliga a cambiar las relaciones de poder. Considero por tanto que el término “resistencia” es la palabra más importante, la palabra clave de esta dinámica[8].
Así como el poder es el punto terminal de una multiplicidad de relaciones de fuerza, las resistencias son múltiples en la medida en que se producen en esa multiplicidad de relaciones de poder[9]. Estas prácticas se codifican en dispositivos[10], que cobran formas singulares en el trazo de los movimientos sociales en América Latina.
Considerando que la UTD Mosconi está siendo entre y frente a las prácticas de gobierno dirigidas a las poblaciones “pobres/excluidas” ante todo, esta perspectiva analítica en torno de la gubernamentalidad permite analizar la relación entre gobernados y gobernados, partiendo del principio ontológico de la libertad. En tanto, el ejercicio del poder al modo de gobierno supone y se realiza como un “juego estratégico entre libertades”: “No he querido decir, por tanto, que estamos siempre entrampados, antes bien, al contrario, que como siempre libres”[11]. Así las relaciones entre poder y resistencia implican la posibilidad del “no a ser gobernados de ciertos modos”, así como la “aceptabilidad” de diferentes programáticas de gobierno, y/o la transacción creativa.
Así, siguiendo a Giraldo Díaz[12] la resistencia también se vincula con la vida, con la creación en la medida en que el ingreso de la vida en la historia supuso constituirla como plataforma de las luchas políticas y económicas, proceso que se desarrollo con el surgimiento y expansión del capitalismo. Para Giraldo Díaz, Foucault entiende la resistencia como: “…un proceso de creación y transformación permanente; la resistencia no es una sustancia y no es anterior al poder, es coextensiva al poder, tan móvil, tan activa y tal productiva como él, existe como despliegue de fuerza, como lucha…”[13]
En tal sentido, parafraseando a Foucault, se trata de poner en juego “fuerzas creadoras” para: “…crear modos de vida…”[14] . Lo cual conlleva al problema de la “identidad”, que: “…no es más que un juego.”[15], la identidad no es una cláusula, no impone límites, sino que insta la fuerza creadora de la renovación y recreación constantes.
Por tanto, no se trata de develar una identidad “piquetera”, sino de analizar las prácticas que permiten ejercicios cotidianos de diferenciación y afirmación, en el estar siendo[16]. En tal sentido, es posible comprender las transformaciones - locales y cotidianas- por parte de la UTD, ya que “…la resistencia no es únicamente una negación: es un proceso de creación; crear y recrear, transformar la situación, participar en el proceso, eso es resistir”[17].
También, para realizar lo propuesto se recuperan algunos tramos del pensar de De Certeau, tal es el caso de la noción de astucia[18], la cual remite a la “metis” griega, comprendida como ardid: “…sabiduría práctica del sujeto, (…) Se aproxima a las tácticas cotidianas por medio de sus mañas, sus destrezas y sus estratagemas, y por el abanico de conductas que abarca, desde las habilidades prácticas, hasta la astucia”[19].
Puntualmente, en el caso planteado se considera que las tácticas de la UTD Mosconi, en tanto prácticas cotidianas y “arte del débil” (De Certeau, 2000), se ponen en juego con diferentes lógicas a las dispuestas aunque, en la construcción de campos transaccionales[20], se utilicen iguales herramientas e incluso se respeten ciertas reglas. Sin embargo los diagramas de poder/gobierno cobran formas diversas en el tejido múltiple y abierto de las resistencias. Ante todo, porque en el juego, parafraseando al Sub Comandante Marcos, “de re-existir”, la UTD no lucha “por el poder”.
En tal sentido se construye la “autonomía” de la UTD, que se materializa en diferentes prácticas de autogobierno, en tanto la autonomía es posible en las tramas relacionales que la UTD va tejiendo y que, a su vez, van constituyendo a la UTD como una organización en movimiento, no necesariamente “contrahegemónica o dependiente”. En tanto, dichas tramas de relación se construyen en torno del principio ontológico de la libertad, mientras que, siguiendo a Castoriadis la autonomía es una “apertura y una ruptura”: “…significa alterar el "sistema" de conocimiento y de organización ya existente, significa pues constituir su propio mundo según otras leyes y, por lo tanto, significa crear un nuevo eidos (forma) ontológico, otro sí-mismo diferente en otro mundo”[21]. Esto supone un ejercicio de “autotransformación, así como de autogobierno y autogestión”, según el autor, que se construyen y cobran formas diversas sin recibir órdenes y normas desde el exterior - partidos, sindicatos, Estados, etc-; a partir de lo cual se pone en juego un diagrama “heterónomo” de organización, en sentido amplio, que se sostiene y posibilita en el ejercicio de la libertad constitutiva de las prácticas cotidianas, locales y, ante todo, finitas de las organización y de cada uno de sus integrantes.
Por último, también son recuperados algunos tramos del camino del pensar de Rodolfo Kusch[22], ante todo la noción de “acierto”, la cual se formula desde un supuesto de no dar por supuesto un fundamento cierto, a partir de lo cual se trata, ante y entre la interpelación de las realidades y sentidos que configuran y constituyen sujetos y verdades, de proponerse, lúdicamente, el salto y las resoluciones a los problemas cotidianos mediante prácticas astutas.
El presente artículo supone un abordaje metodológico cualitativo, de perfil etnográfico y genealógico[23]. Lo antedicho se realiza en el trazo de una “ontología del presente”, a partir de la cual la intención es analizar formas de poder y resistencia, que aún hoy en día se constituyen re-configurándose, siendo posible: “... establecer la singularidad de nuestro presente; indagar porqué hemos llegado a ser lo que somos y no otra cosa”[24],
En torno del enfoque genealógico es posible señalar que:
Al desustancializar y desfuncionalizar las relaciones de poder, se puede aprehender su genealogía: es decir, su manera de formarse, conectarse, desarrollarse, multipicarse, transformarse a partir de algo muy distinto de sí mismo (…) de procesos que son en absoluto relaciones de poder[25].
En correlación a una genealogía de las prácticas, se propone un ejercicio etnográfico[26] de investigación centrado en el estudio de caso, a partir de la realización de entrevistas en profundidad, entrevistas abiertas, grupos focales, talleres, registros fotográficos y gráficos, entre otros.
Se trata de reconstruir los mecanismos y las lógicas puestas en juego en el proceso de subjetivación, des-sujeción, re-subjetivación y objetivación instalados en torno de las prácticas de gobierno, autogobierno y resistencia, considerando que se modifican constantemente en su relación mutua y, por lo tanto, modifican el campo de experimentación. Pues, para poder investigar la constitución subjetiva y objetiva histórica, se parte de las prácticas concretas, a través de las cuales el sujeto se constituye dentro de un campo de conocimiento[27].
1-a. Errape: Encuentros y desencuentros
Acorde a lo antedicho, entonces, el presente artículo pretende no seguir pensando la resistencia bajo los vectores de la conciencia de clase, la ideología, el sujeto histórico y las prácticas revolucionarias, pues la complejidad y heterogeneidad de la analítica del poder se traslada a las resistencias. Lo que interesa analizar, siguiendo a Giavedoni[28] es, no una definición de resistencia, sino las configuraciones de poder de las sociedades contemporáneas en términos de desubjetivación-resubjetivación, así como de “decir no” a ciertos modos de ser gobernados y de re-configurar los espacios y territorios de vida.
En tal sentido, el presente artículo se teje en un dialogo crítico con las diferentes perspectivas de investigación, que desde las ciencias sociales han trabajado la cuestión “piquetera” desde los enfoques de la acción colectiva[29], los ciclos de acción[30], repertorios de acción, así como de la protesta social[31].
En Argentina, el repertorio de investigaciones en las ciencias sociales, en torno del proceso de lucha de las organizaciones de trabajadores desocupados y el fenómeno “piquetero” definió, ante todo a este último, como un indicador de la transformación de los repertorios de acción colectiva. Según el sociólogo argentino Schuster la acción colectiva contiene desde el pago de impuestos a la huelga, desde la construcción de una cooperativa barrial a una revolución, desde la organización de un acto escolar a la edificación de movimientos sociales. En síntesis: “cualquier acción que requiere la participación cooperativa de al menos dos individuos para su realización”[32]. Sin embargo, luego de la crisis de fines de los 90´ e inicios del 2000, algunas líneas de investigación postmarxistas, sin dejar de analizar los proceso de lucha como acciones colectivas, realizan análisis del movimiento de trabajadores desocupados a partir de una reconfiguración de la clase trabajadora, en tanto proletariado pobre, plebeyo o popular. Ante todo, se considera que estos enfoques aportaron un valioso conocimiento sobre los mecanismos del sistema político para procesar demandas, así como sobre los cambios en los sentidos y repertorios de acción colectiva.
Acorde a lo planteado en el presente artículo, si bien se reconoce la riqueza y el nutriente otorgado por los trayectos de investigación antedichos, a partir de lo cual se recuperan ante todo los diferentes trabajos realizados en torno de las perspectivas antropológicas[33] y sus vinculaciones con las prácticas cotidianas, las tramas de relaciones múltiples, las prácticas de resistencia. Así como, se retoma lo propuesto por el trabajo sociológico de Wahren[34], considerando, ante todo que dicha propuesta de investigación diversifica la analítica de la acción colectiva desde un enfoque de territorialidad. También, el trabajo genealógico sugerido y realizado por Benclowicz[35], permite un acercamiento al movimiento piquetero norteño desde una práctica crítica de reconstrucción histórico-analítica, que amplía los horizontes de la acción colectiva, en tal sentido.
Puntualmente, la toma de distancia crítica remite a ciertas decisiones teórico/epistemológicas entre las derivas de la investigación, ante todo respecto de la noción de “acción”, así como de los modos de concebir el poder. A partir de lo cual, se sugiere que dichos enfoques no ponen en cuestión lo que Foucault[36] señala, en sus críticas- a los marxismos -como “la funcionalidad económica del poder”. Ante todo, porque se realizan en torno de una representación “jerárquica del mismo”, con herencias del estructuralismo y el marxismo. En tanto, se parte del supuesto de el poder se posee, se acumula, se impone y se usa, se construye desde arriba hacia abajo o a la inversa. Poder este, que en manos de quienes luchan, protestan y se revelan posibilitaría, en la corta y/o larga historia, transformaciones identitarios (de hábitos, culturales y políticas), de organización, de demandas; así como, en algunos casos la “emancipación” de los sujetos colectivos. Mientras que, desde la perspectiva heterárquica del poder se considera que los diferentes niveles y lógicas se entrecruzan y superponen- sin subsumirse real y definitivamente- de modos múltiples, heterogéneos y siembre abiertos.
En igual sintonía, los enfoques centrados en la acción colectiva no escapan a la perspectiva de la “acción”, con herencia weberiana y marxista, en torno del sujeto racional y libre, capaz de cobrar conciencia de su situación, condición y clase. En tal sentido, se instala la colectivización de la conciencia, que adviene “individual colectivo”, según procesos de cambios atravesados por conflictos específicos, por lo general de corte estructural condicionante. Mientras que, acorde a lo propuesto en el presente artículo se parte de un estudio, no centrado en el poder al nivel de la ideología y el sujeto “substante” sino de las prácticas[37]. El sujeto es resultado y efecto de prácticas, vinculares y ensambladas- de gobierno, de resistencia, de lucha-, no hay un sujeto preexistente que se ve constreñido por un poder que se abate sobre su autonomía y libertad, una esencia que debe pujar por emerger en medio de un mar de constreñimiento. Entonces, el poder no reprime, o no sólo reprime, sino que produce realidad y sujeto[38].
Por tanto, desde un análisis crítico y genealógico, en diálogo con las investigaciones (varias y variadas) ya enunciadas, se trata de tener en cuenta las tradiciones de lucha, las reconfiguraciones y modalidades históricas de organización y, no solo las diferentes formas de la protesta. Mientras se considera fundamental no dejar pasar los procesos de vida, organización y prácticas cotidianas, atravesadas de sentidos y sentires.
2. La Unión de Trabajadores de Desocupados de Gral. Mosconi: emergencia y tragedia
En las calles de la ciudad de General Enrique Mosconi-Salta[39], rica en gas y petróleo, ante y entre diagramas de poder/gobierno instalados en la Argentina de los 90´, entre cuyos efectos programáticos acaeció la “privatización de los Yacimientos Petrolíferos Fiscales” (YPF)[40], emerge[41] la Unión de Trabajadores Desocupados de Gral. Mosconi (UTD, de ahora en más).
A mediados de la década de los noventa, un conjunto de hombres y mujeres, en su mayoría desocupados, cortan las rutas mediante un acto simbólico, ocupan las rutas y parafraseando a De Certeau, “toman la palabra”. Así, acontece el acto de emergencia inicial, en el cual: “…tomar, no en búsqueda de tomar el poder, sino siempre de hacer posible el desarrollo de una libertad futura, el surgimiento de un porvenir inédito”[42]. De este modo, los trabajadores desocupados emergen y se instalan, trágicamente, en el entre de la vida y muerte, en dónde el “sujeto moribundo[43]” comienza a construir y dejar ser prácticas identitarias y autonómicas, que se van tornando gesto, mientras se hacen realidades.
2.a- YPF en Mosconi: el mundo del trabajo
La localidad de Gral. Mosconi, así como las localidades aledañas son una zona rica en yacimientos petrolíferos y gasíferos, lo cuales han estado ligados a la explotación realizada por YPF, desde su creación en 1922 y hasta su privatización y reestructuración (1992-93). YPF fue para los habitantes de Mosconi: “un modelo de civilización territorial”[44]. Pues, las actividades de YPF no fueron solo los de una empresa extractora de petróleo y gas, sino que incluyó una extensa red de servicios sociales, recreativos y residenciales para el personal permanente y calificado de la empresa. En esta distribución de espacios y tareas también se muestra el modelo jerárquico/diferencial de organización dispuesto por la empresa-fabrica[45]. Dicha configuración territorial y espacial que instaura los lugares de unos y otros, en el interior de la empresa y homogeneíza ciertos vínculos, también se reflejaba en la sociedad toda de Mosconi, mediante la separación entre “ypefeanos y no ypefeanos”.
YPF, mientras era una empresa estatal, según palabras de referentes de la UTD y demás habitantes de Mosconi: “…representó la organización trabajadora industrial”[46], “YPF fue la columna vertebral de la sociedad moscoina, a nivel laboral, social, cultural y de sentido”.[47]
La privatización de YPF trajo consecuencias devastadoras en la sociedad mosconense y zonal entera, entre las más relevantes se encuentra el despido del 90% de su planta de empleados[48]. Así, el cierre de YPF significó no sólo el cierre de una empresa, sino la “muerte” y la lucha comenzó a ser contra la muerte, no solo física, sino emocional: “Cuando YPF se privatiza se llevan todo, no solo los dólares, también el sentido de la vida”[49]. En este sentido trágico, el encuentro con la muerte pone de manifiesto, siguiendo a Kusch, que ya no se trata de una vida para siempre, mientras que: “...con la muerte algo nuevo comienza. Indudablemente vida y muerte pertenecen al mismo segmento, y ambas partes solo se distinguen por su colorido (…) Morir es germinar”[50]. La muerte, entonces, instó a “luchar por la vida”, a germinar comunal y colectivamente,
Ahora bien, desde mediados de los 80´ hasta que se iniciaron los “levantamientos” piqueteros” varias fueron las prácticas de lucha y resistencia ejercidas por parte de quienes, en ese momento eran trabajadores de YPF, muchos de ellos integrantes del Sindicato Único de Petroleros (SUPE)[51]. Luego, YPF comienza a pagar fuertes indemnizaciones a los empleados que aceptaron los retiros y, la empresa junto al SUPE, favorecían la creación de emprendimientos. La PYMES o cooperativas, como le llaman los ex/trabajadores de YPF, contaron con contratos transitorios entre 18 y 24 meses, podían utilizar las maquinarias de la empresa y continuaban prestando servicios, mediante contratos de obra o servicios, pero perdiendo su relación de dependencia con YPF. Sin embargo, en la renovación de los contratos con la empresa ya privatizada comenzó a ser una tarea imposible. A su vez, y esto ha sido muy señalado por los mismos ex/trabajadores de YPF, hoy integrantes de UTD:
en el momento posterior a la privatización, cuando con el dinero de las indemnizaciones se crearon las cooperativas, ya que seguían siendo gestionadas por influencias empresariales externas (…) no funcionaban en asamblea, todos ponían igual dinero al entrar y luego el sistema era jerárquico[52].
A esta situación se le sumaba la falta de otras alternativas, por lo cual muchos utilizaron la indemnización para realizar alguna actividad por su cuenta (kioscos, remisorias, etc.) o fue destinado al consumo y adquisición de bienes (compra de automóviles, casas), lo cual tampoco tuvo muchos frutos, ya que parte de los bienes fueron vendidos y no fue posible la reinversión, etc.
Así, a la desocupación repentina, le siguió la desesperación, angustia, ausencia de oportunidades, olvido, a partir de lo cual los ex/trabajadores YPF se tornaron trabajadores-desocupados y moribundos. Esta tragedia, no sólo se manifestó en el ocultamiento al cual fueron sometidos, encerrados en sus propias comunidades, también esta situación instó a la muerte, la cual se manifestó en suicidios, separaciones familiares, violencia doméstica y callejera y alcoholismo.
Por tanto, en este momento histórico no sólo se modifica el espacio social y político, sino la visión de mundo y el lugar de la propia vida. Cambiaron drástica y rápidamente los posicionamientos anteriores, las divisiones, los cortes y los criterios de diferenciación ya no son los mismos: “Los ex/ypefianos ya no son los otros ya son parte del nosotros o viceversa (…) Se borran algunas diferencias, pero sin embargo se marcan otra fuertemente”[53].
2.b- La emergencia de la UTD y el estar siendo piqueteros-trabajadores
En 1997, poco después del primer corte de ruta en Neuquén[54], los habitantes de Tartagal y Mosconi organizaron un corte de ruta, que junto con los de Jujuy desencadenó una crisis que se extendió a todo el interior del país. Las movilizaciones tienen como condiciones de posibilidad y emergencia la situación antes señalada. Pero, el emergente del conflicto, que termina en el corte de ruta en Tartagal y Mosconi[55] y, que hace al primer levantamiento organizado de diferentes sectores (concejales, maestros, trabajadores desocupados) se relaciona con lo sucedido en Neuquén y con la privatización, mas reciente, de la compañía de electricidad. Ello genera la movilización de un grupo de vecinos, para evitar los cortes de luz, a lo cual se suman diferentes sectores.
Se organizan varios apagones, y una huelga de hambre iniciada por un comunicador social (Marcelo Gerez) y una concejal de Mosconi perteneciente al Frepaso (Graciela Zriki)[56], que se levantan para iniciar el corte de ruta, el cual previsto para un día y horas, se extendió a siete largos días. Diversos sectores se fueron sumando hasta consolidar una “multisectorial” (docentes, medios de comunicación, empresarios y comerciantes locales, centros vecinales, sindicatos de desocupados, en su mayoría exypefeanos, representantes de comunidades indígenas, representantes de otros municipios, ex/trabajadores de YPF, en proceso de organización, etc.). Esto favoreció la continuidad y el sostenimiento del corte, en cuanto al apoyo material y de alimentos ante todo.
Ahora bien, en Mosconi, a diferencia de lo acontecido en Neuquén, el levantamiento no se manifestó solo en contra del gobierno nacional (Menem) y provincial (Romero), sino también de las empresas multinacionales asentadas en la zona.
Al mismo tiempo, ligado al intento de justificación del corte se re-actualizó el discurso de “reparación histórica”, que había sido puesto de manifiesto en los primeros levantamientos de 1936[57], a partir de lo cual convergieron diversos intereses. Entre algunas de las cuestiones que conllevan a la “reparación histórica”, José “Pepino” Fernández declaraba durante el corte: “Estamos parados sobre el petróleo, y en nuestras casas cocinamos con leña”[58]
Ante tal situación, el gobernador Juan Carlos Romero se negó al diálogo y sólo la presencia masiva en la ruta, incluyendo a varios dirigentes políticos y empresarios de la zona impidió que la manifestación fuese reprimida. Cuando, luego de este primer piquete[59], las prácticas gubernamentales y policiales de represión directa se transformaron en algo habitual, trayendo como consecuencia la muerte de compañeros en pie de lucha[60], gran números de heridos y de procesados judicialmente, algunos de ellos con ciento de causas abiertas.
Acorde a lo señalado se considera que, dichas prácticas de represión ejercidas por el gobierno provincial y la gendarmería, remiten a una práctica política de racismo neo-colonial contemporáneo, en la cual no se trata de “dejar morir”, sino de “hacer morir” en el ejercicio de un poder soberano y biopolítico a aquellas poblaciones “no deseadas”.
En este contexto, emerge y se instala la UTD Mosconi. La mayoría de los testimonios coinciden en que el proceso de autonomización de las organizaciones de desocupados comienza entre fines de 1999 y 2000, a partir del establecimiento de obtención, control y distribución de planes[61], a partir de lo cual fue posible adquirir relevancia y capacidad de maniobra, en el contexto de la política local. En el 2001, a nivel regional, la actividad piquetera comienza a centrarse, ante todo, en la UTD Mosconi.
Desde el enfoque crítico planteado, el piquete comprendido como “corte y ocupación de ruta”, no significa que los sujetos que ocupan la ruta y advienen “piqueteros” quisieran ocupar el lugar de otros y/o “tomar el poder”, se trata de: “…resistencias ante el juego y de rechazo del mismo juego (…) No se quiere participar en el juego tradicionalmente organizado e institucionalizado del Estado…”[62]
Según enunciaciones nativas, ante todo, el piquete es un espacio de “lucha, de defensa y de batalla”, es un espacio en el cual “se pone el cuerpo”: “…nos pusimos delante de los camiones, hicimos un escudo humano sin piedra, sin amenazarlo, sin nada y lo paramos”[63]; “…el piquete es una defensa, ahí nos defendemos de la muerte”[64].
Puesto que: “Hay que ser desocupado par ser piquetero, no hace falta ser atorrante ser matón, ser pistolero, si no que hay que saber pelear por un trabajo”[65](…) “…es una acto de rebeldía”[66].
En el piquete se pone el cuerpo en medio de la batalla, ahí no hay palabras, siguiendo a Foucault hay la lucha, en este caso es por la vida y contra la muerte de un modo creativo y productivo: “… nosotros cortamos la ruta para abrir caminos”, señala Pepino[67].
Por tanto, los “piquetes”, por un lado no reproducen los conocidos “piquetes de huelga”, ya que se trazan en una tradición local de luchas, que desde los años 30 vienen gestándose y transformando en la zona[68]; tampoco resultan prácticas económicas, en búsqueda de recursos y/ o frenos al paso de mercancías. Pues ahí, en ese lugar advenido suelo y “domicilio existencial”, parafraseando a Kusch, fue posible tantear el sentido, ya que en ese juego abismoso y acertoso los piquetes se transformaron, ritual y simbólicamente, en ese encuentro, que entre la vida y la muerte iban haciendo posible re-existencia creativa, en torno de lo cual poder “crear el mundo de vuelta”.
Así, en este acaecer de las prácticas de resistencia y lucha se pone en jaque la concepción del “desocupado” como ese moribundo, inservible, improductivo y fracasado, y se hayan transformados en trabajadores desocupados y piqueteros, sujetos en pie de lucha, productivos y creativos.
3-LA UTD: la cuestión del trabajo…
En este camino la UTD se instala luchando por el trabajo y en defensa de la vida, a partir de lo cual surge la cuestión de la dignidad, vinculada con la “cultura del trabajo”, acorde a una reconfiguración singular heredada de la cultura “aprendida” en YPF; así como con la cuestión del derecho. Por tanto, trabajar no es sólo un derecho adquirido a partir de programas de gobierno, que se disponen mediante la “contraprestación de un plan o salario”, según entramados enunciativos de Desarrollo Social y Humano. El trabajo en la UTD adviene siendo un modo de “ganarse el pan[69]”. Por tanto, el trabajo no sólo es digno porque es un derecho, si no que “trabajar es un derecho y eso dignifica[70]”, sea o no reconocido por y en los ámbitos jurídicos.: “Hemos hecho algo, como Cristo en su época, aunque sean frases locas, hacemos una predicación del trabajo”[71].
En este sentido y, más allá de las reminiscencias del trabajo asalariado por parte de los ex/trabajadores de YPF, en sus prácticas cotidianas en la UTD se transforman los planes sociales, según necesidades y situaciones territoriales concretas. Puesto que el “trabajo digno” es una manera novedosa de autogobierno a partir de la cual construir la relación laboral diferente de la relación laboral sostenida por del modo capitalista[72]. También, en esta reconfiguración laboral, en los últimos tiempos, la UTD se alza como una voz y espacio de lucha por el cuidado y la defensa de los recursos naturales, no sólo petróleo o gas, también madera, tierra y agua, elementos fundamentales para cualquier trabajo.
En tal sentido el orden dispuesto se re-vuelve, pues no se instala el derecho, mediante la disposición jurídica del pacto que insta intercambios, concesiones y acuerdos entre las partes. La UTD y quienes están siendo parte de este espacio vuelven, en las prácticas cotidianas a des-individualizarse como “sujetos de derechos” y a re-individualizarse, como sujetos trabajadores y desocupados con derechos
3.a-Las prácticas cotidianas, en el tiempo y el espacio de la UTD: des-sujeción y re-subjetivación
Las prácticas cotidianas de la UTD, en las cuales se entreteje, parafraseando a De Certeau (2000), algo de tacto, algo de gusto, algo de juicio y algo de instinto, se orientan de un modo comunitario, mientras se recrean en la pertenencia al ambiente. En tanto no se trata de “acatar” lo dispuesto, ni de la sola reivindicación de la conciencia: “Acá no se trata de una idea o de decir sos de “izquierda”. Acá se trata de sobrevivir”[73] , si no de luchar para vivir biológica, cultural y moralmente, en el estar siendo cotidiano.
Una de las prácticas más reconocidas e investigadas de UTD desde sus comienzos, es la transformación de los planes sociales (programas, proyectos…) en proyectos productivos colectivos, en tanto: “…se orientan a generar algún tipo de valor agregado o producto eventualmente comercializable”[74]. En la actualidad, la gestión de diferentes planes y programas también se ve atravesada y transformada a partir de la convicción de que los planes resultan puestos de trabajo digno, ganados en pie de lucha, y no simples paliativos a la crisis.
Al inicio los planes y subsidios se conseguían mediante los “cortes de ruta”, desde finales del 2000 los mismos se obtienen, ante todo, mediante actividades de “gestión” autónoma, por parte de UTD en un complejo tejido de transacciones[75]. Los referentes de UTD son los que se “mueven y buscan”, lo cual se reconoce como un desgaste. Esta modalidad de “autogestión autónoma”, interpela las prácticas “inclusivas” del gobierno actual, cuyos entramados discursivo se dirigen a “todos y todas” según programas de equidad y Desarrollo Humano[76], que parecen no llegar a ”tod@s”, en la positividad de la política diaria. Mientras que la UTD se construye entre las prácticas excluyentes y represivas del gobierno provincial. De hecho, la UTD no tiene vinculación alguna con el gobierno provincial ni local, y en el 2005 recibieron la última visita de técnicos experticios para evaluación del trabajo a nivel nacional, así como la visita de la Ministra de Desarrollo Social, en el 2009[77].
Estas tramas relacionales, que serán analizadas a posteriori, han ido configurando el autogobierno de la UTD y su perfil autonómico, a partir de lo cual ha sido posible generar cierta base de apoyo para que el proceso de generación de trabajo siga en pie: “…en realidad como que nosotros hemos dejado de depender de la dádiva del Estado, lo que nos dio, nos permitió formar una base relativamente económica, te dije no nos da ganancia pero nos permite darnos vuelta e ir empujando el carro”[78]
Para el año 2013 la UTD gestionaba, además de Seguros de Desempleo, cooperativas pertenecientes al Ministerio de Vivienda e Infraestructura de la Nación[79]. En las cooperativas, ante todo, se realizan tareas de construcción de casas barriales, con las ladrilleras propias, mientras se arreglan cordones cunetas, se corta el césped, realizan tareas de forestación local y fumigaciones contra el dengue. También, algunos trabajadores realizan diferentes tipos de actividades en escuelas, centros de salud locales, los cuales a veces ingresan a planta permanente y otras realizan tareas de contraprestación y extensión. De igual modo, resultan contratados, temporalmente, por las empresas petroleras. En tal sentido, la distribución de los planes no se realiza acorde a lo dispuesto por los “manuales”, si no que se reordenan, territorialmente, según el conocimiento de las necesidades vigentes y la gente que trabaja y pertenece a la organización: “Es más sentido común que otra cosa, aparte uno ya tuvo una práctica laboral (…) te das una leída a algunos de los puntos principales (…) son palabreríos que escriben los tipos ahí… ”[80]
Ahora bien, en este diagrama de poder/gobierno, la UTD no deja de ejercer la crítica a ciertos modos de ser gobernados, en tanto: “Hoy los planes son en negro, el Estado paga en negro (…) El trabajo no es un trabajo estable, es desestabilizante porque podes estar 3 meses, 6 meses bien y después te quedas sin nada”[81]. Estas afirmaciones permiten avistar las diferencias entre, por un lado las heterogéneas racionalidades políticas y prácticas de gobierno, que fabrican a los pobres desocupados para gobernarlos, según discursos específicos como los del “trabajo decente” y, por otro lado las percepciones, prácticas y realidades de estos sujetos advenidos “pobres”. Quienes, en sus prácticas cotidianas de lucha y resistencia transforman estas estrategias políticas de intervención, reapropiándolas y re-inventándose: “… haciendo política de Estado, del verdadero”[82].
3.b-Los proyectos productivos, las tareas, las oficinas: la metis cotidiana
El presente apartado, pretende recorrer, analítica y descriptivamente, los diferentes proyectos, espacios y actividades que tejen el espacio de trabajo de la UTD. Para luego referir a la modalidad de ejercicio de estas tareas y su organización concreta.
Entre otras actividades podemos nombrar las huertas comunitarias, en las cuales trabajan sobre todo mujeres (10 aproximadamente), están dispersas en diferentes lugares de la ciudad y abastecen a escuelas y comedores, así como a los propios integrantes de la agrupación. También las ladrilleras abastecen el trabajo de la obra pública y resuelven, en parte, la falta de material. Así, como actividades que, astutamente[83], realiza la organización en el cotidiano, como por ejemplo: la erradicación de 96 ranchos, la construcción de escuelas, el mantenimiento de baldíos, la fumigación contra el dengue, la forestación local, etc.
Entre las prácticas más contundentes, sobre todo por el número de gente implicada, se encuentran en los emprendimientos de los galpones, en los cuales se realizan los llamados “proyectos productivos”. La organización ha ido “tomando y ocupando”, a lo largo del tiempo y, según situaciones específicas, algunos galpones del antiguo ferrocarril. Si bien, los han querido echar, en el 2010 logran mediante comodato con el municipio quedarse en el espacio por ellos re-constituidos como propio. Allí, además de funcionar los proyectos, también se encargan de mantener el predio, cortar el césped, barrer, pintar, etc. En este mismo espacio, también están situadas oficinas y maquinarias de las empresas petroleras privadas, así como algunos elementos que pertenecían a YPF[84]. En este espacio, entonces, la UTD convive con los ingenieros y las maquinarias de dichas empresas, con las cuales también tienen diferentes tipos de articulación, sobre todo, en la lucha por incorporar a compañeros desocupados en trabajos calificados, lo cual expande el ámbito transaccional de la UTD respecto del Estado[85].
En los galpones se realizan diferentes proyectos/emprendimientos productivos, cada uno con un referente de área, autónomo en su funcionamiento y mayormente integrado por hombres y mujeres, que reciben algún tipo de plan, subsidio o salario. En la actualidad funcionan: 1) La carpintería, en la cual hacen muebles con maderas recuperadas de los desmontes realizados por las madereras y, sobre todo los sojeros. Estos muebles son entregados en las casas de la gente con “bajos recursos”, según enunciaciones nativas. 2) Reciclado de plásticos: tienen una maquina recicladora de botellas de plástico, y solo trabajan mujeres y jóvenes encargadas de seleccionar y prensar las botellas, para luego ser enviadas a reciclar. La misma gente de la organización se encarga de buscar las botellas, “…no esperamos que nadie nos traiga nada”[86]. 3) Taller de costura: integrado en su totalidad por mujeres. Poseen maquinas industriales, cosen los uniformes de trabajo, y se encargan de buscar precios de telas, hilos, así como de comprarlos. 4) Selección de Porotos: en este espacio también trabajan solo mujeres, las poroteras locales les entregan las bolsas de porotos que deben ser seleccionados, mediante un trabajo manual de limpieza. Es un trabajo terciarizado, luego de terminado las empresas se llevan las bolsas y les pagan un plus de $14 excedente utilizado para comprar herramientas, guantes, etc. 4) Vivero: realizan semilleros y tienen plantas autóctonas de la zona, con lo cual realizan tareas de forestación. También hay huertas con las que se autoabastecen. 5) Taller de soldadura: a cargo de un referente ex soldador de YPF, que está en UTD desde 1996 y le enseña a soldar a los “changos” varones. Practican soldadura de alta tensión, pero sobre todo elaboran juegos recreativos para parques y escuelas, refaccionan muebles escolares, etc. Poseen maquinarias propias, algunas compradas mediante diferentes tipos de financiamientos, como subsidios y a otras mediante gestiones con las empresas locales: “…Se los sacamos a las petroleras!”[87]
En el galpón grande, a unas cuadras del ferrocarril, se encuentra la oficina administrativa, en la cual se lleva toda la contabilidad y administración de la organización, desde sus inicios a cargo de Chiqui Peralta y jóvenes mujeres, que realizan tareas diversas. En este mismo predio hay un enorme galpón a cielo abierto para realizar actividades diversas, una habitación con cama y cocina, y una pequeña habitación que auspicia de recepción. Pues, muchas son las personas que visitan el galpón, ya sea por problemáticas locales, como para conocer a la organización (investigadores, voluntarios, cineastas, etc.).
En este sentido, es posible señalar que la experiencia singular de autogobierno de la UTD Mosconi apuntó a generar y posibilitar un re-encuentro con “el trabajo” (no asalariado). Eses substituto les abrió la posibilidad de volver a pensar-se como trabajadores, y por ende a reconocer-se dignos. Esto permite avistar la manera en que el trabajo está siendo y ha sido resignificado, así como la propiedad de los medios de producción, el mercado hacia el que se orienta la producción y las relaciones sociales de producción que se tejen y destejen en el cotidiano. El trabajo colectivo, las herramientas compartidas, la distribución de los excedentes, el cuestionamiento del uso de tecnologías contaminantes, las lucha por trabajos manuales han implicado cambios en las cadenas y redes laborales locales[88] y, también en la vida misma de los integrantes de la UTD y de la comunidad/región, lo cual conlleva a procesos concretos de re-subjetivación atravesados de cooperación y reconocimiento mutuo.
3.c-La Fundación de Trabajadores desocupados (FUNDATRAB): entre legalismos, salarios, liderazgos y saltos…
Ahora bien, en este tejido movedizo de prácticas de gobierno, autogobierno y resistencia de la UTD en torno del trabajo, una de las dificultades avistadas en la organización colectiva y cooperativa del mismo eran, siguiendo a Wahren, ciertos “esquemas de autoexplotación”[89], sobre todo por las condiciones laborales, como la falta de cobertura social y de seguros laborales. En el intento por salvar lo antedicho y como una “táctica astuta” se crea, en el 2006, la “Fundación de trabajadores desocupados” (en adelante FUNDATRAB)[90]. Para la instalación de la fundación se tramita la personería jurídica, como una táctica necesaria para lograr la finalidad propuesta que era inscribirse en el régimen de “empleadores” dispuesto por ANSES[91], ente del cual reciben los aportes dirigidos al pago de asignaciones familiares a los empleados de la Fundación.
FUNDATRAB comenzó con 14 empleados, luego pasó a 74 y hoy (2014) tiene 639 empleados y resulta uno de los pocos lugares que “toma” gente, en la zona. Así, entre el acierto y la astucia, la fundación ha sido instalada de un modo “clandestino”, “…aprendiendo de los grandes…las empresa contreras”[92], a quienes, en primer lugar se les pedía algún subsidio para los talleres, y luego se les solicitó el blanqueamiento de los empleados, a partir de lo cual comenzaron a notar que estas empresas rendían en ANSES, entidad ante la cual eran “empleadores”, un mínimo del monto a pagar el cual figuraba en el recibo de sueldo (en blanco), y otro era el monto en bruto (en negro) que recibían los contratados. De este modo, las empresas pagaban menos aportes. Ante esta situación, los dirigentes de UTD se dirigieron a Anses y, estratégicamente, gestionaron advenir empleadores, sin dependencias externas “entre” lo dispuesto y lo otro.
Ahora bien, esta experiencia también pone en jaque la relación clásica entre “capital y trabajo”, en tanto según palabras de su presidente, Pepino Fernández: “No somos una empresa nosotros, somos un grupo solidario (…) Anses , Afip y el Ministerio de trabajo nos persiguen, porque nosotros no capitalizamos, nosotros hacemos trabajo social y eso no genera capital”[93]; el trabajo social se traduce en trabajo para y con la comunidad (construcción de casas, limpieza, fumigaciones, forestación, etc.), y el pago a Anses se realiza mediante los ingresos generados por los otros proyectos, así como por el cobro de un monto mínimo a los empleados o socios[94].
Ahora bien, cabe apenas mencionar que, a medida que FUNDATRAB se fue consolidando, en los últimos años (2012-2014), se ha configurado como un espacio, que sin dejar de ser “un logro de la UTD”, así como de funcionar en las oficinas de los galpones y de organizar las tareas del modo en que la UTD lo ha hecho siempre, ha cobrado cierta autonomía. Ante todo, lo antedicho se avista en cómo la gestión y administración se ha centrada en la figura de uno de sus referentes históricos. Esto conlleva a re-pensar las relaciones de poder/gobierno en el trazo de la UTD, sobre todo en torno de la re-configuración de los liderazgos, que Wahren llama “personalismos participativos inorgánicos”[95], considerando que las diferentes figuras de referencia tienen asignados diferentes roles y funciones, que operan como aglutinadores de la organización, mientras se complementan recíprocamente[96]. Ahora bien, estos liderazgos, también considerados referentes históricos y en muchos caso naturalizados, van relegitimándose en momentos de visibilidad, como los cortes de ruta, y de gestión, como las negociaciones por puestos de trabajo, por recursos, etc. Ante todo, son valoradas ciertas actitudes y cualidades, como la presencia, el coraje, la entrega, la constancia, la “ejemplaridad”[97].
Ahora bien, la UTD también se encuentra atravesada de diferentes herencias patronales, algunas heredadas de YPF, otras de los modos serviles, feudales y de explotación, que han tejido las relaciones laborales en la provincia de Salta desde mediados del siglo XIX-XX[98]. En este enjambre relacional que teje el diagrama de la Fundación, comprendida como un “espacio que toma gente, que da empleo” y que es parte del “movimiento UTD”, la subjetividad del líder es re-configurada, entre ejemplaridad, entrega y astucia, así como instalándose como jefe y/o patrón de referencia, a quien se le debe respeto, escucha y consulta. Sin embargo, esto no quita, en la heterarquía del juego de poder/gobierno, que la discusión para con las decisiones tomadas por parte de estos referentes no existan, de hecho, en varios viajes de campo se pudieron observar fervientes discusiones respecto de la distribución de tareas en la fundación, del uso de las maquinarias, incluso hubo una situación en la cual la cuestión llego “a las manos”, cuando no hubo acuerdo verbal, respecto de una solicitud de trabajo y una modalidad para el ejercicio del mismo.
Estos vaivenes en la modalidad organizativa y referencial de la UTD remiten a los decires, muy conocidos por cierto, de su advenir como “una organización desorganizada”: “...nosotros siempre somos ilegales, desordenados, apartidarios…no tenemos una estructura”[99]. A partir de lo cual, funciona sin espacios deliberativos de decisión orgánica (asambleas, reunión de delegados, comisiones de trabajo), tampoco hay espacios en los cuales se realicen votaciones, elecciones de autoridad, etc), sino que se construyen mediante prácticas directas, bajo la forma “decisión/práctica” orientadas por los personalismos inorgánicos ya señalados, mientras que se recrean antiguas y diversas modalidades de sociabilidad y resistencia.
Sin embargo y disintiendo con Svampa (2008)[100], estas modalidades de codificación y organización, “en la marcha” de las prácticas y los haceres no implican un “nuevo paradigma de la política concebido desde abajo”, sino un haz movedizo, múltiple y siempre abierto de relaciones de poder, gobierno y verdad a partir de lo cual se ejercita la des-sujeción crítica y local/cotidiana de los trabajadores-desocupados. Pues, no hay un arriba y/o un abajo, un adentro y/o un afuera, sino una enjambre dinámico de relaciones de poder y resistencia, que entre medio y mientras tanto configuran y recrean espacialidades territoriales y subjetivas especificas, concretas y locales. La UTD no pretende “tomar el poder” de “los de arriba”, pues ha tejido una red de relaciones, no necesariamente horizontales, pero sí de entrecruzamientos dinámicos y fluidos, cooperativos y locales, entre lógicas y prácticas concretas. Pues, si bien se considera que las mayoría de sus prácticas son directas, sí se realizan según lógicas, que responden estratégicamente a objetivos comunes, como la lucha por el trabajo, el cuidado de los recursos naturales estratégicos, la dignidad de la vida perdida, el deseo del respiro diario.
3.d-Organización del trabajo: Tareas, actitudes, herencias y re-creaciones
En este diagrama de autogobierno local y laboral, otro punto a señalar es cómo se organiza la actividad laboral diaria. En primer lugar, existen referentes por aéreas: técnica, administrativa y operativa o gestiva, y a su vez encargados de sección. Los trabajos se realizan en su mayoría entre 4 y 6hs diarias (distribuidas acorde a los fuertes calores locales). Las condiciones laborales en los galpones resultan dentro de lo que se considera es digno, pues tienen baños, duchas y posibilidad de calentar agua para mate y te. Las herramientas utilizadas permanecen guardadas en un salón del galpón principal, se las retira y se las guarda, en igual lugar luego de cada jornada[101].
A su vez, la distribución de las actividades y las modalidades de trabajo, denotan cierta herencia del trabajo de la fabrica YPF, en torno de la disciplina y la docencia que, ante todo deben realizar los referentes, para con el cumplimiento del trabajo, así como para su distribución horaria.: “… una cierta disciplina donde vos vas imponiendo, le guste o no le guste a la gente, vos vas imponiendo con tu trabajo y también con la indicación y vas haciendo docencia”[102]. Así, entre la ejemplaridad y la docencia, entre las resonancias del trabajo fabril, antes y luego de ingresar a realizar las tareas correspondientes se “tarja”, en este caso se firma, en un cuaderno el ingreso y el retiro. Dicha tarea de “tarja” está a cargo de grupos de jóvenes mujeres para los proyectos derivados de los Miniseries de Trabajo e Infraestructura, mientras que en el caso d la Fundación dicho trabajo de tarja la realiza una de las encargadas (gente de confianza) de Pepino.
También, los trabajos suelen distribuirse según edades, genero, tipo de actividad, pero ante todo, según las “actitudes” de las personas, las ganas, el entusiasmo y la perseverancia: “Y el que no demostraba ganas bueno, no se le daba la baja, nada, sino que se iba a otros lugares, no le gustaba la parte de oficina, iba a la huerta, entonces así hacemos una redistribución con la gente de acuerdo con las actitudes”[103].
En este sentido, en recorridos de campo, así como de un trabajo de entrevistas grupales, se rescata cómo, según “los/as” trabajadores de la UTD las tareas se distribuyen según la necesidad, lo que se sabe hacer y con ello las actitudes, así como según las posibilidades, ya que, en más de un caso, ante todo las mujeres habían rotado en varios de los trabajos, debido a situaciones personales como: los horarios de escolaridad de sus hijos, trabajos extras como limpiar casas, cuidar niños, por estudio, porque se dieron cuenta que no les gustaba lo que habían elegido al principio o se les había designado, etc. Mientras que los hombres varones, en su mayoría nucleados en la carpintería, en el taller de soldadura de alta tensión y en el de reciclado de plásticos, se encuentran en esos espacios por herencias familiares. En su mayoría los que participan del taller de soldadura son hijos de ex/ypefyanos y encuentran en este trabajo una herencia de YPF y de lo que ello fue para sus padres[104], así pasa con la carpintería en donde la herencia del trabajo no remite a YPF, pero sí al aprendizaje familiar, ante todo por parte del encargado de dicho taller, así como se entrecruza con la lucha por los recursos naturales, considerando que gran parte de la madera se obtiene de los desmontes.
En el caso de los trabajadores por el “salario” de la fundación se distribuyen, ante todo, en actividades de desmalezamiento, albañilería, fumigación, mientras que las mujeres realizan algunas tareas administrativas, otras algunas labores en los talleres de los galpones y en los diferentes proyectos. También forman parte de la UTD comunidades indígenas:
Tenemos más de 150 empleados blanqueados en la Fundación, Guaraníes de Cherenta, Yacuy, Tranquitas, Municipio de Tartagal y las Sierra Mosconences, Trementinal, Madrejones, Yrigoyen, Cornejo, Embarcación. Trabajan en sus chacras y huertas o en las construcciones de ellos o de otras personas en Tartagal y Mosconi. Más de 30 Matacos y Tobas de Mosconi y del cruce en Mosconi. En igual proporción de salarios de Fundación y de planes[105].
Estas modalidades múltiples de organizar el trabajo, ponen de manifiesto, entre otras cuestiones, la construcción abierta y movediza de la UTD en el espacio local y regional, territorializando las practicas y expandiendo las proyecciones laborales, ante todo.
4-Las prácticas de transacción, negociación, discusión y diálogo: El Estado verdadero y el Estado Gobernante
Las prácticas astutas y cotidianas, que tejen el entramado de la organización, también se realizan, como ha sido señalado, en vínculo con técnicas y mecanismos de intervención codificados en el Estado y dirigidos a las poblaciones “pobres desocupadas”. Dichas tramas relacionales, no sólo implican la negociación por gestión de planes, más bien construyen campos transaccionales[106] en torno de los cuales la resistencia no se ejerce en suma cero, sino que en la relación entre gobernados y gobernantes se construyen redes vinculares de aceptación, recepción, acatación, transformación, recreación, reconfiguración, así como de negación. En este juego transaccional, la UTD también pone en jaque el reconocimiento de su lucha y trabajo, entre otras cuestiones.
En este sentido, cabe referir a cómo se construyen y consideran, según nociones nativas los Estado-s[107], con los cuales se articula, ante los cuales se lucha, a los cuales se añora y transforma, en simultáneo.
Por un lado, se consideran que está el “Estado gobernante”, que es el elegido en votación democrática encargado de la administración pública y de las decisiones, en torno a la distribución de presupuestos, ordenamiento territorial, etc. Por otro lado, se encuentra el Estado verdadero, el que es menester recuperar y del cual todos somos parte: “Estado autónomo de todos nosotros, nos permite que esto sea así.”[108]
La remitencia, en la UTD, a la “recuperación del Estado” (con resonancias del Estado-Benefactor-social y desarrollista que era YPF) inmediatamente se la asocia con la “recuperación de la familia y de la vida”. A partir de lo cual, se puede pensar que esto apunta a la recreación de aquellos lazos sociales, que las prácticas de gobierno de perfil neoliberal destruyeron y/o recrearon bajo un perfil empresarial, acorde a la figura del sujeto pobre como “hombre económico”, ante todo, así como moribundos. Ahora bien, estas referencias de la UTD también remiten a un Estado que funcione como una especie de “ordenador social” de los beneficios de los ciudadanos, lo cual se traslada a la posibilidad de transformarse en el espacio de gobierno municipal/local. De ahí, la definición, también de la UTD, como un Estado municipal paralelo:
funcionamos como un municipio paralelo, para nosotros hay un Estado que gobierna, y otro Estado que somos todos, por eso tomamos decisiones, muchas veces sin consultar, vemos los problemas y buscamos la manera de resolverlos con lo que tenemos y podemos conseguir[109].
Si bien, estas categorizaciones nativas en torno del Estado, por un lado se ven atravesadas de la percepción local del “Estado paralelo”, que también significó YPF en la época de su esplendor económico y social. Por otro lado, remiten a las diversas modalidades a través de las cuales este Estado, que somos todos, se construye cuando se señala que la UTD: “es el Estado de los movimientos sociales”[110]. Procesos estos, en los cuales se ejercita un proceso de des-individualización, como sujetos pobres y desocupados de gobierno, ante todo mediante la reconfiguración, el desplazamiento, el re-ordenamiento y la impugnación de prácticas y espacios. A partir de lo cual, el grupo (la UTD) no responde a un lazo orgánico, que une individuos jerarquizados, sino a un constante generador de prácticas de re-configuración y re-subjetivación siendo.[111]
En este sentido, los integrantes de UTD consideran que el mejor sistema que puede aplicar el:
Estado que somos nosotros, es el Movimiento, ¿Cómo lo desarrolla? Con estrategias, cuando vos tenés un pueblo que ha atravesado la privatización se va muriendo, y al no generar un movimiento se sigue muriendo. Entonces, nosotros tenemos que generar ese movimiento, por ahí con protestas, por ahí con formas de trabajo, y eso es esta organización”[112]
Así, en este diagrama de poder/gobierno, entre otras cuestiones, la Unión de Trabajadores desocupados de Mosconi se ha mantenido al margen de los intentos de cooptación, por parte de los gobiernos locales, provinciales y nacionales, así como le ha puesto el cuerpo a los hechos de represión, ya sea mediante la desmovilización, la encarcelación[113] de sus referentes y hasta la muerte“…Salta es muy feudal, no puede ser que hoy en democracia te sientas perseguido, porque sos perseguido, en cualquier movimiento que realizas te meten preso, o te persiguen a la familia.”[114]
Sin embargo, en este juego de transacciones, la organización sí mantiene vínculos directos y específicos, con algunos ministros del gobierno nacional, como la ministra de Desarrollo social Alicia Kirchner, el ministro de Trabajo Carlos Tomada y de obras públicas De Vido. Sobre todo, reconocen una ampliación al diálogo y la negociación con el gobierno nacional, desde la asunción de la presidencia por parte de Néstor Kirchner. Sin embargo, en el juego de fabricar-se y de ese modo des-hacer-se como sujetos gobernables, señalan: “Acá vos no les estas pidiendo nada, ni dadiva, ni nada, le estas pidiendo única y exclusivamente lo que a vos te corresponde”[115] . En tal sentido, la UTD no apuesta al juego que instala el gobierno de la pobreza ante todo, y con ello las prácticas políticas de la “inclusión”, los avatares de la desigualdad, de los derechos impuestos, el juego de la estadística, del gobierno de la seguridad y la asistencia, cuyos objetivos remiten a la racionalización económica y estabilización política, así lo resumen estas palabras: “…no queremos ser incluidos”[116].
Esto va de la mano con la singularidad autonómica de las prácticas de resistencia de UTD, en tanto se inscriben en el seno de una historia sólida, real y concreta, que es inmediata, que se acepta y se re-crea. Pues, lo que está en cuestión es el poder y los modos de ejercerlo, sobre los mismos sujetos y/o territorios, a partir de lo cual, en el caso planteado, se tejen otras redes y otros modos de ejercer dicho poder, astuta y tácticamente, por ejemplo “…se negocia o se dialoga con objetivos y con pruebas, vas hablar con pruebas con hechos demostrando y después vas con las propuestas y les decís “mira lo que se puede hacer”[117]. Así se afirma la autonomía de la UTD, en un haz movedizo de prácticas entre vínculos astutos, resistentes y cotidianos, entre la negociación, decisión, articulación, desarticulación y reconfiguración. Para esto, el lema que parece atravesar el estar siendo de la organización es el de: “Protestar con propuestas”.
5-A modo de conclusión…
Acorde a lo desandado, es posible referir a cómo las prácticas cotidianas y locales de resistencia y autogobierno de la UTD Mosconi resultan productivas y creativas, poiéticas y poéticas; lo cual se resume en las palabras de uno de los referentes de la UTD: “…nuestro poder es la creatividad, no la fuerza…”[118]. Ante todo, la producción creativa, que atraviesa y constituye las prácticas diarias de la UTD, se encuentran en el cómo están siendo reconstruídas las tramas laborales heredadas y obtenidas en un abanico de posibilidades, no muy favorables; en tal sentido se tejen redes vinculares con los Estado-s, los clubes, las iglesias, las empresas, entre otros espacios (instituidos o no), en un campo de transacción movedizo y siempre abierto. Mientras que, en este juego, los “desocupados” advienen trabajadores desocupados y, en instancias de lucha, piqueteros, resistiendo y re-existiendo en lucha por el trabajo y en defensa de la vida.
En tal sentido, emergen y se instalan procesos de invención siempre fluida, en la cual hay papeles que pueden modificarse, hay reglas que puedes transgredirse y/o hay constitución de espacios en torno de la transgresión y la clandestinidad, así como la transacción y la aceptabilidad. Esto es, en la puesta en juego de un haz de relaciones, que pasando de un punto al otro ejercitan un proceso que a su vez también pasa, se mueve se desarma y se rearma, de un modo inmediato a veces y provisorio otras. A partir de lo cual se impugna el orden que se les dispone y/o gobierna, en un espacio de simultaneidades heterogéneas y heterocrónicas, mientras también se impugnan a sí mismos, en el constante proceso de des-sujeción critica, entre discursos múltiples e identidades heterogéneas.
Por tanto, en el proceso de problematización de las relaciones establecidas, de una genealogía de las prácticas y de los procesos de subjetivación la UTD, como espacio singular y heterogéneo, éste no agota, en absoluto, las prácticas de libertad. En su localidad, territorialidad y cotidianeidad, la UTD abre espacios de libertad concreta y con ello de transformaciones posibles.
Notas