Resumen : A partir de febrero de 2014 se activó en Venezuela una violenta ola protestas de opositores al gobierno nacional, en algunos municipios del país. Estos ciudadanos activaron la plataforma Zello durante los meses subsiguientes (febrero, marzo, abril, mayo y junio) como espacio de comunicación, organización e identidad insurreccional. Apoyados en el marco los modelos de contextos (van Dijk, 2011), se partió de las coordenadas básicas de identidad presentes en un coloquio (Vigara Tauste, 1992) para resaltar los elementos estructurantes de las relaciones semio-discursivas construidas en sus interacciones conversacionales. Como resultado, se pudo constatar que los participantes desarrollaron precisos esquemas de comportamiento discursivo, fuertemente regulados por la autorrepresentación social, asumida entre ellos como una forma de identidad colectiva.
Palabras claves: tensión socialtensión social,coloquiocoloquio,enunciaciónenunciación,discurso políticodiscurso político,identidad socialidentidad social.
Abstract : Starting february 2014 violent protests against the Venezuelan government were activated by opposition groups. Adopting the Zello platform to facilitate contacts, organization and their insurrectional identity, rioters kept agitating and disturbing for five months until the end of june. We follow the model contexts (van Dijk, 2011), and basic coordinates of identity in a colloquium (Vigara Taussig, 1992) to analyse the elements of the semio-discursive relationship in their conversational interactions. As a result it was found that participants developed schemes strongly regulated by social self-representation as a form of collective identity.
Keywords: social tension, enunciation, political discourse, social identity..
Estudios
Modelos de contextos e identidades discursivas colectivas: uso de la plataforma Zello durante las revueltas insurreccionales en Venezuela del año 2014
Contextual models of collective identities discourse: using of Zello platform during 2014 Venezuelan insurrectional riots.
Recepción: 01 Junio 2015
Aprobación: 01 Julio 2015
Los estudios del discurso, desde hace más de cinco décadas, nos han proporcionado agudas herramientas teórico-prácticas para comprender los diversos y complejos procesos inmersos en las interacciones comunicativas. De allí que la investigación social también se haya visto fortalecida de estos aportes. ¿Por qué? Porque las interacciones discursivas (siendo un soporte simbólico primordial) son una fuente inobjetable sobre la que se basa, se construye, se perpetúa, se transforma y se reproduce la vida social. Entendemos, por tanto, que producir, intercambiar e interpretar discursos se convierte en un potente definidor y regulador1 de las relaciones intersubjetivas, ya que estas son "prácticas comunicativas constitutivas de las diversas realidades que transmiten" (Morales-López, 2011, en línea). Lo que nos interesa ahora, desde esta inquietud investigativa, es mostrar que muchas de esas prácticas pueden ser formas de construcción de identidades colectivas.
Nos basaremos, fundamentalmente, en los aportes de Entelman (2005). Este autor considera primordial entender que el conflicto debe ser interpretado como un tipo de relación social. Como relación social (basado en Max Weber) Entelman (2005: 46) concibe "todo comportamiento recíproco de dos o más individuos que orientan, comprenden y resuelven sus conductas teniendo en cuenta a los otros, con lo que dan sentido a sus actos". Dado este paso, se aventura a redondear una noción de conflicto: "un conflicto se presenta cuando ese tipo de relación social está orientada por objetivos o pretensiones incompatibles para todos o para algunos de los participantes en dicha relación". (Entelman, 2005: 49). Nosotros complementamos la noción de Entelman con la certeza de que un conflicto está activo cuando se hace presente el siguiente esquema1:

Para nosotros, la activación de prácticas sociales no orientadas hacia el consenso con las que se pueda zanjar la discrepancia es clave: los sujetos en pugna valoran esos intereses/metas como estructurantes (simbólica y materialmente) de su sistema relacional en el espacio público. Por eso no tienen disposición a negociar con sus oponentes. Es por eso por lo que en nuestra matriz analítica concebimos que las nociones de "tensión social" y de "conflicto" no son intercambiables. La tensión social la concebimos como una atmósfera, un lapso previo y la definimos, entonces, como un borde: es el momento relacional en el que los sujetos reconocen la incompatibilidad/ oposición de sus intereses y metas, pero todavía no han desencadenado ningún tipo de práctica social definitiva (como procedimiento accionar) para resolver la discrepanciaDe ahí que, perfectamente, sea aceptable que todo conflicto (social) proviene de una tensión (social), pero no toda tensión (social) desencadena en un conflicto (social). Esto es así debido a que el paso de una (la tensión) al otro (el conflicto) dependerá de qué se decida hacer para arbitrar la pugna. El análisis del conflicto como un tipo de relación nos resulta atrayente, debido a que las tensiones y los conflictos, como hechos sociales, tienen manifestaciones discursivas a través de las cuales se pueden solucionar o intensificar. De allí que hayamos propuesto la categoría de tensión social para estudiar manifestaciones semio-discursivas claves de la sociedad venezolana reciente.
Zello es, esencialmente, un software de comunicación. Ofrece un servicio calcado de los radios walkie-talkie, los cuales permitían hablar y cortar la comunicación mientras nuestro receptor estaba escuchándonos. La diferencia entre el principio de funcionamiento de Zello (como plataforma de comunicación digital) y los walkie-talkie, es que Zello admite la intervención, ya sea como emisores o como receptores, a cientos de participantes de modo simultáneo. Dado que es un software, puede ser descargado y activado en cualquier dispositivo electrónico habilitado para ello. Zello posibilita la creación de canales que funcionan como comunidades de intereses (grupos). A estos canales podemos entrar, unirnos, participar, opinar o únicamente escuchar, sin mayores compromisos. Además, dentro de estos mismos canales, la plataforma permite al establecimiento de controles de "seguridad". En resumen, Zello enlaza lo mejor de dos recursos de interacción comunicativa tradicionales, para potenciar nuevas necesidades entre los usuarios. La plataforma ofrece un tipo de intercambio discursivo caracterizado por ser conversacional, mediado, espontáneo, sincrónico y oral (Noblia, 2009).
Para este artículo, se compilaron grabaciones obtenidas, principalmente, por dos vías: por captura directa desde la plataforma Zello y por descarga desde la plataforma Youtube. Estas últimas fueron alojadas por usuarios diversos y anónimos2. El tiempo de duración de las grabaciones capturadas es variado: oscila entre uno y treinta minutos. Las grabaciones fueron transcritas y luego se les practicó un barrido para detectar las características más relevantes de su estructuración discursiva y se procedió a seleccionar los fragmentos discursivos para el análisis.
La enunciación es un acto por medio del cual un hablante se apropia de la lengua para convertirla en un magma significacional. En este acto, el mismo sujeto deja las huellas con las cuales hace posible tal transformación. Por otro lado, se entiende que un enunciado es la muestra verbal, única y singular, que produce un hablante en unas circunstancias determinadas. En él pueden identificarse dos niveles: el nivel enuncivo (lo enunciado), entendido como lo expresado explícitamente en el enunciado; y el nivel enunciativo (la enunciación), en el cual queda expresado una relación implícita de un yo que apela a un tú. Está claro que una de las formas en que la enunciación se evidencia de modo palmario es, sin duda, en los intercambios conversacionales o coloquiales. El coloquio (o la conversación) se concibe como "una praxis que presupone actualización oral en la copresencia e interacción de los interlocutores" (Vigara Tauste, 1992:344). En el caso que nos ocupará en adelante, la copresencia y la interacción entre los locutores está mediada por la plataforma digital que se usa para tal fin. Para nuestra investigación resulta crucial, además, asumir que al activar este mediador digital para la interacción comunicativa, los participantes activaron las coordenadas básicas de la identidad conversacional (Vigara Tauste, 1992): ¿Quiénes podemos hablar aquí?, ¿de qué vamos a hablar aquí?, ¿para qué hablamos aquí? y ¿en qué situación estamos hablando?

El esquema anterior muestra cómo se constituyeron las diferentes instancias del contrato comunicativo3 generado entre los participantes de la plataforma Zello. De este modo y dentro de todas estas convicciones e instancias, crearon su identidad. Esto es así dado que en todo enunciado emerge un "sujeto producido" a causa del acto de enunciación:
"No hay un sujeto productor, sino, por el contrario, un sujeto producido, nacido en el discurso. Sucede así que siguiendo la herencia benvenistiana podemos afirmar que la enunciación es un proceso productivo". (pues en él se produce la conversión del lenguaje en discurso) (González Hortigüela, 2009: 156)
En nuestro estudio no se atiende un aspecto propio de la modalidad oral como lo es la prosodia (el ritmo y la entonación). Por otra parte, la noción de contexto a la cual atenderemos la propuso recientemente van Dijk (2011). El contexto se especifica como las definiciones subjetivas que hacen los participantes de las dimensiones relevantes para la producción e interpretación de un discurso. Como se puede detectar, la clave de la nueva propuesta está en lo que van Dijk llama la atención sobre el hecho de que estas propiedades relevantes no son objetivas (como tradicionalmente se ha aceptado). Si esto fuera así (si fuesen objetivas), en las mismas situaciones comunicativas, sujetos con las mismas variables sociales (sexo, edad, nivel cultural) deberían producir, exactamente, el mismo discurso.
Sin embargo, esto es impensable. Por tanto, el estudioso concluye que los propios participantes comunicativos de la situación son los que eligen y deciden tal relevancia. Por eso no son objetivas, sino subjetivas. ¿Qué ventaja tiene esta visión? van Dijk (2011) lo argumenta diciendo que la ventaja teórica y empírica fundamental de este enfoque es que las definiciones subjetivas de la situación de los participantes son objetos cognitivos, es decir, representaciones mentales. En este sentido, implica reconocer y extraer, en los datos proporcionados por las evidencias discursivas, cuáles han sido esas dimensiones relevantes que cada sujeto ha escogido a partir de la elaboración de un esquema mental de la situación en que se encuentra inmerso. Así, por ejemplo, en los debates cara a cara entre opositores y oficialistas, estos últimos suelen aparecer (con una altísima frecuencia) con alguna prenda de vestir de color rojo. Este elemento se ofrece como un dato relevante para la situación comunicativa producto del esquema mental que se ha construido el sujeto político oficialista. No obstante, este dato es una dimensión relevante no por ser un objeto material objetivo, sino porque hace interpretar lo que dice el sujeto en cuestión adherido a un grupo, y según el receptor, se aceptará más o se aceptará menos sus argumentos. En nuestro estudio, por ejemplo, la vestimenta no supone una dimensión relevante dado que los usuarios no están enfrentados cara a cara, en persona, y su identidad se construye, exclusivamente, a partir de los productos discursivos que elaboran y ponen a circular. Lo importante es que durante el accionar en la plataforma, se pudieron detectar tres categorías, muy generales, que conformaron el esquema del modelo de contexto generado por productores y receptores de los mensajes, tales como: a) Escenario (tiempo/espacio): los municipios de Venezuela con mayores votantes opositores; b) Participantes: ciudadanos opositores. Unos dirigían y participaban en el canal, otros participaban emitiendo mensajes; otros, solo escuchaban los mensajes que circulaban en él; c) Conocimientos, creencia y objetivos: creencias firmes sobre la ilegitimidad del gobierno y su incapacidad para gobernar. La meta de tal organización era hacer circular la información necesaria para desarrollar y sostener las acciones insurreccionales en las calles.
Al contrario de lo que se suele difundir a través de algunos medios de comunicación o través de voceros que se autocalifican como especialistas, al justificar la conflictividad social actual4, nuestros países latinoamericanos han vivido (desde su fundación como naciones liberadas del Reino de España) en continuas tensiones, confrontaciones y profundas crisis sociales. Esto se debe, principalmente, a las consecuencias del modelo dependiente y neocolonial desde el cual se sustentó y sustenta nuestra conformación como Estados-naciones. Sin embargo, tal opción política no ha sido una decisión ni libre ni "natural", ni espontánea. Por el contrario, ha sido la alternativa y el amarre histórico impuesto sobre la cual no se ha podido incidir de modo significativo:
"Hemos argumentado que la realidad social en que vivimos y determina cuáles son nuestras opciones no ha sido la de los múltiples estados nacionales de los que somos ciudadanos sino algo mayor, que hemos llamado sistema-mundo. Hemos dicho que este sistema-mundo ha contado con muchas instituciones -estados y sistemas interestatales, compañías de producción, marcas, clases, grupos de identificación de todo tipo- y que estas instituciones forman una matriz que permite al sistema operar pero al mismo tiempo estimula tanto los conflictos como las contradicciones que calan en el sistema". (Wallerstein, 2006:10).
Sobre esta concepción desarrolla Immanuel Wallerstein la categoría de sistema-mundo. Un sistema-mundo se entiende como una esfera de acción humana que prevalece sobre otras y genera normas, fronteras, grupos y los valores que legitiman a estos grupos. Así, el sistema-mundo hegemónico (el capitalista), desde la revolución industrial, produce la transferencia de los recursos de los países "periféricos" (no desarrollados) hacia los países "centros" (desarrollados). Los países latinoamericanos (ubicados en la periferia) han mantenido una situación de dependencia y neocolonialidad permanente. Esta situación no ha variado significativamente desde que la mayoría alcanzó su independencia de la metrópolis española en el siglo XIX.
Creemos que la tensión social permanentemente experimentada en Venezuela, debido a la adhesión o rechazo al proyecto político liderado, primero, por Hugo Chávez y ahora por Nicolás Maduro, no puede sino entenderse dentro de la noción de conflicto. Un conflicto en el cual, según nuestra investigación permanente desde hace años, ha sido espoleado (insistimos) por la postura y el desempeño que se han tenido los medios masivos de comunicación. Esto es así dado que ellos se han hecho parte activa de él, estimulándolo desde las posturas ideológico-partidistas que privilegian. Sin embargo, existe una marcada y reciente tendencia en muchos investigadores venezolanos que se han dado a la tarea de promocionar la idea de que la tensión social, como fenómeno socio-político, se inicia con la llegada al poder de Hugo Chávez. He aquí una muestra de esta postura:
Desde 1958 hubo en Venezuela cuarenta años de relativa estabilidad política (Caballero, 2007; Méndez, 2000; y Diccionario multimedia de historia de Venezuela, 1998). No obstante, una fuerte devaluación de la moneda en 1983 desestabilizó las finanzas, al tiempo que se iniciaba un progresivo desencanto hacia los partidos políticos del estatus y sus dirigentes, en virtud de su ineficiente desempeño y por los notables casos de corrupción administrativa5 (Adrián, 2013).
Tal interpretación es profundamente tendenciosa y de escasa profundad análitica. Si bien es cierto que a partir de 1958 se realizaron procesos eleccionarios continuos, también lo es el hecho de que desde su misma instauración, el sistema político venezolano nació y se desarrolló inmerso en profundas iniquidades sociales y políticas. De allí que, desde nuestra evaluación, esa visión encierra un análisis miope, sobre todo al afirmar que Venezuela "vivió cuarenta años de relativa estabilidad política". El autor, evidentemente, confunde (y homologa) la realización de procesos eleccionarios continuos con estabilidad política. Y, peor aun, que sea solo a partir de la devaluación de la moneda, 1983, cuando se incia "un progresivo desencanto hacia los partidos políticos del estatus y sus dirigentes". Lo que es cierto es que en la etapa en la que domina el bipartidismo, representado por los partidos AD y Copei- (1958-1998), se configuró un cuadro de desigualdad social y de negación o ausencia de derechos. Esto se evidenció en dos áreas muy sensibles: la educación y la salud. Esta situación derivó hacia relaciones sociales de tensiones, como queda evidenciado con la ocurrencia de diversos sucesos: el levantamiento popular de Caracas-Guarena y otras ciudades el 27 de febrero de 1989, los levantamientos militares de febrero y noviembre de 1992, y el descalabro económico de principios de 1994, cuando se produce la quiebra de una docena de bancos y la fuga de capitales más grandes que padeció el país. Sin estos antecedentes recientes de la historia política venezolana, no puede explicarse la mudanza de las preferencias políticas que se produce desde 1998, cuando surge una nueva mayoría electoral.
A partir de diciembre de 1998, con la llegada al gobierno de Hugo Chávez, a través de elecciones libres y democráticas, se inició un conjunto de políticas públicas controversiales, muchas de ellas, sísmicas. Esto fue conformando, en las diferentes capas socio-económicas y en las agrupaciones político-partidistas, dentro y fuera del país, adeptos y detractores. Muchos de ellos, asumiendo posturas irreconciliables y extremas. Con todo estos desencuentros existentes hoy en Venezuela, entre lo poco en que sí existe consenso es que a partir de la llegada de Hugo Chávez a la presidencia se generó una intensa participación del ciudadano en el debate público nacional; ya porque él mismo fue un hablante muchas veces, extremo, ya porque los cambios propuestos generaron serios conflictos. En Venezuela se discute y se polemiza por casi todo. El ciudadano se siente con el derecho a hacer uso de la palabra para exponer públicamente debates, quejas, defensas, ofensas, controversias, discusiones, desacuerdos. El espacio público, ese que es común a todos, que es visible a todos y que está disponibles a todos (Paredes, Thayer, & Elizalde, 2012), se convierte en un verdadero ámbito de disputa. Este comportamiento social se genera en cualquier lugar: la escuela, la universidad, la plaza, el mercado, la calle, un callejón, en una fiesta familiar, en el lugar de trabajo, el banco, la cola para pagar en el supermercado, mientras sacas dinero de un cajero automático, en el taller mecánico mientras esperas un servicio; cualquier sitio o espacio es propicio y aprovechado para entablar, con cualquier interlocutor, una interacción comunicativa al respecto. De allí que la enunciación con contenido político sea un común acto de desempeño ciudadano habitual en nuestro país.
Entonces, dada esta permanente disposición discursiva del venezolano actual en lo concerniente a ventilar, discursivamente, en el espacio público, su adhesión o su oposición a las políticas públicas desarrolladas en los últimos 16 años, se ha provocado una permanente tensión social, muchas veces aderezada por los medios masivos como principales estimulantes de posturas a favor o en contra del gobierno
El 23 de enero de 2014, un grupo de actores sociales pertenecientes a un partido político minoritario (Voluntad Popular), opositores férreos al gobierno, presentaron una propuesta política pública: La Salida. La propuesta estuvo arropada en la activación de un derecho constitucional consagrado en el artículo 70, como lo es derecho de participación y protagonismo del pueblo a través de asambleas de ciudadanos. El día de la presentación de la propuesta, la activista María Corina Machado (2014) declaraba a los medios masivos: "Hoy, en Venezuela, vivimos en una dictadura, pero la democracia está más viva que nunca porque la democracia está en cada uno de nosotros, los venezolanos". Como se expone, sus palabras estaban enmarcadas en la postura binaria opositiva estructurante de las visiones ideológicas (van Dijk: 2006: Ellos (gobierno: ilegítimos-dictadura) / Nosotros (ciudadanos-demócratas).
Esta afirmación se convertirá en el lazo afectivo (argumentación desde el pathos) y relacional con el que se impulsaron todas las acciones posteriores. Son un marco para entender la exacerbación con que se asumió la participación en el espacio público político a partir de ese momento por parte de un sector de los opositores. Estas acciones públicas coronaron con la marcha estudiantil (promovida, fundamentalmente, desde universidades privadas) del 12 de febrero de 2014. En esa oportunidad, tanto Leopoldo López como María Corina Machado, tomaron la palabra para dirigirse a los asistentes. Vale la pena destacar algunos fragmentos de las participaciones de estos dos convocantes. Esto lo hacemos porque consideramos que ellas son una clara muestra de cómo este esquema mental se mantendrá de manera inamovible y configurará, posteriormente, las interacciones discursivas de los participantes en la plataforma aquí estudiada:

Como exponíamos arriba, la importancia de estas manifestaciones discursivas es que ellas se convierten en los componentes decisivos de la base común que posibilitará el esquema cognitivo (conocimientos, creencias y objetivos) para el modelo de contexto generado por los participantes en la plataforma. De allí que se confirma que todos los participantes estaban convencidos de vivir una guerra contra un "gobierno ilegítimo", un "gobierno dictatorial", un "gobierno que desata la violencia", "un gobierno que somete al terror y viola los derechos" y estas convicciones simbólicas se convertían en sus motores axiológicos, desde los que se justificaban para acometer cualquier acción contra el gobierno o contra sus seguidores.
Durante las manifestaciones violentas en Venezuela se activaron, a través de la plataforma Zello, varios canales entre los ciudadanos opositores más recalcitrantes. Uno de estos espacios, con mucha actividad entre sus participantes, fue el canal denominado "Venezuela libre". En el canal participaron, con igual vigor, mujeres y hombres. Hasta ahora no hemos detectado diferencias significativas en esta variable. Ambos géneros estuvieron en igualdad de condiciones, finalidades y exaltación.
El canal estuvo regulado por la obligatoriedad de registrarse si se deseaba participar en niveles de "seguridad" y de intervención (abierta o privada). En segundo momento, por la obligatoriedad de concordar con la finalidad ideológico6-partidista con que se desarrollaban los intervenciones. Esto era así hasta el punto de que quien no se acogiera a esta segunda regulación o quien disintiera mínimamente de ella, era abiertamente agredido verbalmente o expulsado y bloqueado del canal. Corroborémoslo con esta muestra:

También nos aporta elementos para el análisis el modo en que se producen las alternancias de los turnos de los participantes.
Detectamos, que en términos generales, las participaciones en el canal están reguladas por dos tipos de alternancias o turnos (Pomeranz, 1997) (Schenkein, 1978):
a) Alternancia o turno de participantes interactuantes (PI):
Estos participantes se definen por entrar al canal e interactuar, conversacionalmente, con otros. Esto es, se construye el esquema dialógico de tipo pregunta/respuesta o información dada/comentario-respuesta o emisor concreto/receptor concreto.
b) Alternancia o turno de participantes abiertos (PA): Estos participantes entran al canal, fundamentalmente, para poner a circular informaciones o para elaborar coordinaciones, relacionadas con el desarrollo de las acciones de violencia llevadas a cabo por los diferentes grupos en los diversos puntos del país. No necesariamente esperan una respuesta de sus receptores, aunque esta pueda darse. El esquema más bien responde a emisor concreto/receptor universal. Veamos un caso de cada uno de estas alternativas presentes en la plataforma.

Alternancia o turno de participantes interactuantes8. Muestra 2

Constatamos que en esta muestra, el propósito de la intervención de la participante identificada como "mujer 3" está dirigido a hacer circular información entre los miembros del canal; sin embargo, su intervención es generadora de otras participaciones. En este caso, es cierto que su intervención estimula otra, pero no necesariamente es así. La participante que le sigue ("mujer 4") pregunta sobre un aspecto tratado en el contenido de la intervención anterior, y no sobre el asunto central de la intervención. La participante identificada como "mujer 4" sí dirige su intervención hacia el asunto desarrollado por la participante inicial y esta procede a completar su información, dándole una respuesta a la intervención de la participante "mujer 2". Por tanto, entre estas tres participantes se desarrolla un diálogo incentivado por la participante inicial. Ocurre, finalmente, que la participante identificada como "mujer 3" es sacada del aire por alguno de los administradores del canal dado que considera que la información brindada, por su naturaleza, los pone en riesgo y compromete. Del mismo modo, la muestra evidencia otro esquema de las interacciones generadas: un participante que ingresa como (PA) puede convertirse en (PI), pero el proceso inverso no parece factible.

Por el contrario, en la muestra dos, el hablante hace transitar una información con la finalidad de que, aquellos receptores que cumplan con las necesidades allí expresadas, las tomen en consideración y las satisfagan. Se evidencia que no se espera contesta alguna, aunque pudiera haberla.
En el análisis seguido revela que esta plataforma se activa por una poderosa necesidad de coordinación presente entre sus participantes. Tal necesidad estuvo motivada por el hecho de compartir una esfera de expectativas políticas-partidistas necesitadas de conjugación. Pero, por sobre todo, por la necesidad de sentirse miembros y copartícipes de un grupo con los cuales se compartían creencias, valores y metas.
La plataforma se instituyó a través de un macrotema controlador y, fundamentalmente, tres microtemas interdependientes. El macrotema estuvo perfectamente alineado con los temas expresados y propuestos por los dos dirigentes opositores claves (María Corina Machado/Leopoldo López), durante sus intervenciones públicas del 23 de enero aquí reseñadas.
"La gente no intercambia palabras sino significados", sentencia Carrillo Guerrero (2011). Con esta afirmación no se pretende desconocer el hecho de que las personas usan palabras como mecanismo de comunicación. Nunca. Más bien la incitación está en llevarnos a entender que el valor teleológico de usar palabras es el de trasmitir significados y producir sentidos. Así, en toda interacción comunicativa, los participantes orientan sus intervenciones basados y apoyados en los temas de los significados que intercambian. Los temas son grandes marcos referenciales que encuadran los significados y los sentidos que se persiguen. En el caso de la conversación o el coloquio, la presencia, desarrollo o permanencia de un tema está condicionado por la disposición de los participantes, pero por sobre todo, por la espontaneidad, libertad y la fragilidad conectiva con que esa disposición se desarrolla. Todo participante siente la libertad de ir incluyendo nuevos asunto que tratar en la medida que siente que debe comunicarlos. Así, la noción de tema en la cual nos apoyamos no es la derivada del nivel informativo (tema-rema), sino del nivel semántico, en el sentido que le otorgó hace ya bastante tiempo van Dijk, en cuanto a la posibilidad de alusividad que podemos generar (van Dijk, 1988) esto es, tema = asunto del discurso. En la plataforma Zello, la configuración de "temas", quedó establecida a través del siguiente esquema semántico estructurante:

Queda evidenciada una clara identidad semántica entre lo enunciado por los dirigentes político-partidistas María Corina Machado y Leopoldo López y los que, posterior y vehementemente, acogieron los participantes en esta plataforma. Detectemos algunos fragmentos discursivos en los que se puede visibilizar el contenido semántico antes identificado:

En todas las muestras recogidas se detectan, en diversos modos de aparición y con diversos grados de frecuencia, que las participaciones se estructuran en torno a estos tres microtemas. Las evidencias léxicas (elecciones léxicas/campos léxicos) y texto-modales dan prueba de la coherencia con los microtemas y con las intenciones comunicativas presentes. Así es como el microtema que abarca la referencia a tumbar el gobierno suele estar saturada por enunciados enmarcados dentro de la modalidad de la obligatoriedad, mandato o el compromiso: "yo les repito hay que participar en la desobediencia civil" (G7), "te compras par de bolas, agarras una pistola y le entras a tiros a tiros coñoe' tu madre..." (G7), "es momento de agarrar calles todos en la noche" (G5), "En la avenida Los Leones están tocando cacerolas... claro, yo sé que con eso no logramos nada hay que salir a las calles" (G1), "dejen el miedo somos inteligentes acuérdense" (G1).
Los participantes no suelen ser (como en todo coloquio) muy estrictos con el control o con la permanencia de un microtema. Esto se debe al hecho de la cantidad de participantes que se produce de forma sincrónica a lo largo del día. Son continuas intervenciones que, garantizando o no, pretende exponer las preocupaciones, inquietudes, necesidades y hasta responsabilidades de los participantes. De todos modos, son los microtemas uno y dos los que prevalecen en las participaciones. Esto es así dado que son ellos los que justifican y fundamentan al tres.
En términos generales, Charaudeau (1992) definió los modos de organización del discurso como los principios de ordenación del material textual (puesta en escena del texto), los cuales estaban orientados por actitudes mentales o intenciones comunicativas. Así mismo, Adam (1992) propuso la noción de secuencia textual como un esquema organizativo al que se acoge un texto y que, por tanto, repercute en el modo en que, finalmente, se presenta. Sin embargo, es importante aclarar que entre modos y secuencias no debe establecerse una relación de homologación. En las intervenciones que se analizaron se detectaron, fundamentalmente, el uso de los tres modos de organización: para describir, exponer y argumentar. Sin embargo, existe una presencia de modos discursivos soportados en secuencias textuales tales como las descriptivas, explicativas, argumentativas:

En la muestra 4 estamos ante un caso de descripción de los eventos que acontecen en las calles en las que se desarrollan las protestas violentas. Los datos geográficos y los actores sociales involucrados aparecen de modo frecuente. En la muestra 5, el participante expone una reseña sobre un evento que acontece en el mismo momento que la reseña.
Es importante destacar que las participaciones y los productos conversacionales variaban la frecuencia y el ardor de los modos, según la intensidad en que se encontrara el conflicto. Esto hacía que, por ejemplo, en los momentos de mayor intensidad del conflicto, las participaciones tuvieran un carácter, esencialmente, instruccional (se proporcionaban explicaciones de cómo hacer cosas). Mientras que en los momentos en que el conflicto se dio (aunque no la tensión), las participaciones tenían un carácter de tipo especulativo u opinativo.
Esta plataforma dejó constancia de cómo los hablantes se organizan y crean comunidades (físicas o virtuales) a través de las cuales procuran ejercer sus derechos ciudadanos. En lo concerniente a "para qué se hablaba", los participantes y sus participaciones estuvieron siempre orientados hacia la función de dar información, dar opinión y, sobre todo, dar instrucciones para que se actuara en acciones violentas de calle.
Indudablemente que las elecciones discursivas de las intenciones comunicativas se hacen a través de los actos de habla. En el estudio, este aspecto se hace presente como crucial. Las participaciones discursivas estuvieron, en muchos casos, en el espacio liminal de la insurrección ante el gobierno legítimamente constituido. En otros, francamente, lo traspasaron. Esto conduce a pensar en comportamientos sociales jurídicamente sancionables o no. En el campo jurídico, solo se establecen dos tipos de conductas: las permitidas y las sancionadas. Ahora bien, en el campo de los comportamientos permitidos, el universo es ampliamente difuso y confuso y, muchas veces, permite esta "liminalización". En todo caso, un reto analítico clave estaría en determinar cuáles de estas intervenciones (sobre todo por los niveles de violencia verbal manifiesta de muchas de ellas) estarían habitando en cuál de los ámbitos. Lo que también es cierto es que los participantes, a través de las manifestaciones dejadas en sus intercambios discursivos, poseían niveles considerables de conciencia de que estaban acometiendo acciones que eran, unas, socialmente, y otras, jurídicamente, sancionables. Vemos:

Como puede observarse en la muestra 6, el hablante 10 (se encuentra localizado geográficamente en Venezuela) produce el acto de habla de advertencia a los hablantes 8 y 9, quienes se encuentran en EE.UU. La falta de autorregulación con la que se expresan denota su percepción de confianza por la lejanía. Sin embargo, la participante 10 interrumpe el intercambio para realizar la advertencia respectiva, consciente de la constante alerta en que la se mantienen debido a la posible violación de la norma social y jurídica.


Al igual que con la selección de ciertos esquemas textuales, los participantes hicieron prevalecer dos tipos actos de habla para comunicar sus propósitos: los directivos y los aseverativos. Esto está en coherencia con las modalidades más frecuentemente usadas y con los temas y subtemas planteados. Las participaciones en la plataforma se realizaron para dar instrucciones y generar argumentaciones del estado de cosas en que se encontraban las protestas en las calles, de modo que, los mismos participantes, tomaran posición, se alentaran, hicieran las acciones determinadas, llevaran a cabo actos precisos.
El material estudiado hasta ahora nos permite entregar algunas perspectivas sobre las pretensiones de los usuarios de la plataforma Zello, durante las protestas violentas iniciadas en febrero de 2014. Lo que se nos ha ido proveyendo en el análisis hasta los momentos, es el carácter, claramente, insurreccional que estos intercambios discusivos emanaban. Sus usuarios crearon una comunidad virtual, la cual les permitió la construcción de una organización social con miras a participar en un probable derrocamiento del gobierno legítimamente constituido. "Información" e "instrucciones" se convirtieron en los dos macro de actos de habla más recurrentes a lo largo de las participaciones y de las alternancias presentes y registradas. Los participantes utilizaban sus turnos de participación para dar información de cómo se encontraba el conflicto en las inmediaciones donde ellos se encontraban, pero también de cualquier otro sitio lejano a su ubicación geográfica. No obstante, también los turnos eran activados con el fin de argumentar sobre el porqué de la situación social experimentada. En realidad, el hecho de que la plataforma fuera creada como espacio virtual para la direccionalidad de actividades político-partidistas (ideológicas) (y, a nuestro modo de evaluar, insurreccionales) nos impulsa a creer que todas las participaciones estaban dirigidas a convencer y convencerse sobre el carácter justificado y, forzosamente necesario, de sus propósitos.
En ese sentido, los modelos de contexto que explican las participaciones de los sujetos en la plataforma estuvieron organizados bajo el esquema cognitivo de pensar que estaban frente a un gobierno ilegítimo y violador de los derechos humanos, por tanto, había que realizar todo el accionar insurreccional posible para su derrocamiento y estaban legitimados en esas decisiones. Este esquema se presentó con una fortaleza de identidad tal que cuando algún participante evaluó como relevante no tanto la ilegitimidad de Maduro sino los efectos sociales que estaban generando las acciones, sus participaciones se orientaron a solicitar el respeto por el otro o la tolerancia. Sin embargo, estas intervenciones eran rechazadas y, muchas veces, los usuarios que las exponían, expulsados definitivamente de la plataforma.
En definitiva, el uso de la plataforma Zello ofreció la oportunidad de corroborar que el campo de lucha político-ideológica ha asumido, seriamente, que las armas de índole simbólicas son decisivas en la construcción de la realidad que se propone instaurar.












