Resumen: Juan Álvarez Delgado, catedrático de la Universidad de La Laguna, fue uno de los principales investigadores sobre la problemática del origen del poblamiento de las islas Canarias. Sin embargo, la monografía principal que elaboró en su momento al respecto permaneció inédita. La publicación muy reciente de una edición de este texto nos permite realizar una aproximación a la cuestión de los primeros habitantes del archipiélago, así como analizar algunos aspectos de la contribución histórica de Álvarez Delgado.
Palabras clave:arqueologíaarqueología,textos clásicostextos clásicos,islas Canariasislas Canarias,primeros pobladoresprimeros pobladores,colonización antiguacolonización antigua.
Abstract: Juan Alvarez Delgado, professor at the University of La Laguna, was one of the principal researchers on the issue of the origin of the peopling of the Canary Islands. However, the main monograph about this subject elaborated by him remained unpublished. The very recent publication of an edition of this text allows us to carry out an approach to the question of the first inhabitants of the Canary Islands, and to analyze some aspects of the historical contribution of Alvarez Delgado.
Keywords: archeology, classical texts, Canary Islands, first inhabitants, ancient colonization.
Arqueología
Don Juan Álvarez Delgado y el problema del poblamiento antiguo de las Islas Canarias
Don Juan Álvarez Delgado and ancient problem of the settlment of the Canary Islands

Recepción: 12 Julio 2016
Aprobación: 28 Marzo 2017
Cómo citar este artículo/Citation: Gozalbes Cravioto, E. (2018). Don Juan Álvarez Delgado y el problema de poblamiento antiguo de las Islas Canarias. Anuario de Estudios Atlánticos, nº 64: 064-019. http://anuariosatlanticos.casadecolon.com/index.php/aea/article/view/10174
La cuestión del poblamiento más antiguo de las islas Canarias suscita una gran cantidad de incógnitas. Las principales de ellas han partido de la identificación de procedencia de los habitantes, de las formas concretas en las que dicho poblamiento se pudo realizar, así como en relación a la cronología más o menos precisa de ese fenómeno. Las diversas incógnitas han sido planteadas por los investigadores, en la medida en la que los que han tratado de la cuestión han intentado ofrecer respuestas más o menos coherentes al respecto. Con este fin y por un lado, se ha fundamentado el intento de ofrecer respuestas a partir de algunas referencias de las fuentes literarias de la antigüedad clásica, y por el otro desde el estudio del registro material arqueológico. En el primero de los casos ha tenido un innegable protagonismo el testimonio del enciclopedista latino Caio Plinio, autor de la segunda mitad del siglo I, así como de las numerosas y particularmente imprecisas referencias al “islario” atlántico que aparece en fuentes escritas y que son de interpretación fuertemente dudosa. En el segundo de los casos, ha destacado el análisis del registro material con un especial protagonismo en el estudio de los Guanches de la isla de Tenerife.
Sin duda, uno de los investigadores más caracterizados al respecto de estas cuestiones fue el profesor Juan Álvarez Delgado (1900-1987), quien fue catedrático primero de Bachillerato en Tenerife desde el año 1932, profesor de la Universidad de La Laguna desde 1940, y finalmente catedrático de Latín de esta misma Universidad desde 1947 hasta su jubilación académica producida en el año 1970. Conocíamos hasta el momento sus publicaciones al respecto de la cuestión que nos ocupa, en la medida en la que defendió una de las dos grandes interpretaciones que se han formulado acerca de la cuestión del origen del poblamiento humano en el archipiélago.
En un trabajo publicado hace algunos años en esta misma revista, señalábamos la relevancia de las interpretaciones expuestas por Álvarez Delgado, indicando entonces que defendió «su línea de análisis, aunque no siempre el discurso escrito estuvo lo suficientemente articulado o fue del todo completo»[1]. Y aludíamos en ese momento a su escrito sobre la antigua leyenda acerca del poblamiento de las islas a partir de los llamados “lenguas cortadas”, una publicación en la que además anunciaba un libro futuro que realmente nunca llegaría a publicar sobre «Descubrimiento y primer poblamiento de las Canarias». Según afirmaba entonces Álvarez Delgado, en esta obra defendería la tesis de la existencia de una primera colonización insular producida en años próximos al cambio de Era, en concreto a partir de la iniciativa del rey Juba II de Mauretania (Marruecos y Argelia), afirmando que después de ese momento quedaron las islas olvidadas hasta el siglo XIII[2]. Esta monografía anunciada por Álvarez Delgado unos diez años antes de su fallecimiento, sin embargo permaneció inédita, si bien en el momento actual el texto mecanografiado que se han conservado en el archivo familiar acaba de ser editada con un magnífico estudio previo y presentación por parte de Alfredo Mederos y Gabriel Escribano[3].
Es cierto que esta cuestión del poblamiento más primitivo de las islas Canarias había sido tratada desde simples aproximaciones en escritos incluso bastante antiguos. En el entorno del 1600 Juan Abreu y Galindo, en su Historia de la conquista de las siete islas de Gran Canaria ya defendió que los habitantes del archipiélago anteriores a la conquista española eran gentes que habían tenido un origen africano; a su juicio ese parentesco entre los guanches y los bereberes o indígenas del norte de África era muy evidente a partir de las analogías lingüísticas, así como del examen anatómico y fisiológico de unos y otros, lo cual se completaba igualmente con los múltiples elementos comunes en los usos, en las costumbres y en todo tipo de hábitos de vida[4]. Y en el siglo XVIII Viera Clavijo discutía todas las interpretaciones que se habían formulado hasta ese momento[5], considerando “vaga anécdota” la leyenda sobre el poblamiento africano (los “lenguas cortadas”) de Fuerteventura y Lanzarore, mostrando en general su desconcierto ante el origen de los habitantes que «es tan incierto y cubierto de tinieblas…»[6]. Así pues, la hipótesis más antigua, a partir de la relevancia de las semejanzas, planteaba el africanismo de los aborígenes, mientras por el contrario la visión ilustrada planteaba el criticismo de lo dudoso de toda respuesta.
Medio siglo más tarde, en edición original de su trabajo en 1835, el francés Sabin Berthelot en su obra emblemática Ethnografía y anales de la conquista de las islas Canarias, utilizaba las diversas referencias entresacadas de las fuentes clásicas en relación con la exploración de islas del Atlántico, pero concluyendo ya la tesis del poblamiento canario a partir de la colonización efectuada por el rey Juba II de Mauretania: «la relación de los enviados del rey Juba es el único documento algún tanto exacto que encontraremos acerca de las islas Afortunadas…. Bajo el imperio de Augusto el príncipe africano, que sabía apreciar la feliz situación de estas islas que había hecho explorar, no tardó sin duda alguna en esparcir sobre todo el archipiélago los nuevos gérmenes de esta colonización que había limitado primeramente a las Purpurinas»[7]. Naturalmente S. Berthelot se refería a las diversas referencias del ya citado Plinio, el enciclopedista latino, cuando trataba de forma detenida de la exploración de las islas de los Afortunados, así como también del establecimiento de las importantes industrias de producción de púrpura para tintes por parte de Juba II en islas atlánticas en Getulia. Este planteamiento de Berthelot marcaría la estela interpretativa que Álvarez Delgado seguiría muy posteriormente.
En el siglo XX en un principio fueron muchos los autores que intentaron escapar de definir una interpretación concreta al respecto del poblamiento más antiguo del archipiélago canario. En realidad se trataba de una cuestión que, sobre todo en la Península, incomodaba relativamente a los investigadores, y además se hallaba desplazada de sus principales campos de atención. Es cierto que el problema, analizado desde el campo de la Historia Antigua, reflejaba la fuerte incógnita acerca de los antiguos pobladores del archipiélago canario, en especial del misterio que suponía la ausencia de evidencias acerca de las prácticas náuticas desarrolladas por los pobladores de las islas en los momentos de la conquista española, así como de las propias diferencias lingüísticas entre los de unas islas y los de otras, a lo que se unían las dificultades para comparar los rasgos de su cultura (como la misma práctica de la momificación) con las de otros pueblos. A partir de todas estas constataciones e incógnitas se formuló la interpretación de que las islas Canarias se habrían poblado en realidad no con navegantes sino con unas gentes que en algún momento fueron transportadas en barcos de civilizaciones propias del mundo clásico[8].
Después de la Guerra Civil española en Tenerife se organizó la investigación de la antigüedad, sobre todo a partir de la puesta en marcha de la organización de la Comisaría General de Excavaciones arqueológicas: des esta forma el archipiélago se incluía en el conjunto del sistema de la arqueología española. En este contexto destacaron sin duda dos investigadores que llevaron a cabo sus actividades arqueológicas e históricas principales en la propia isla de Tenerife, marcando el punto de partida de los estudios realizados sobre el terreno que, por otra parte, mostraba una fuerte proliferación de vestigios. Nos referimos en concreto a Luis Diego Cuscoy, que era maestro nacional de profesión, un personaje más en relación con la arqueología que era realmente su afición, y Juan Álvarez Delgado, mucho más centrado en la filología clásica y, por tanto, en el conocimiento y en el uso de las fuentes literarias de la antigüedad clásica. El primero de ellos, sin duda influido por su relación personal con José Pérez de Barradas y sobre todo después con Martínez Santa-Olalla[9], mantuvo una posición interpretativa del “primitivismo” prehistórico de los Guanches, y tan sólo en unas fechas muy tardías explicitó una posición sugerente de unos africanos que habrían sido transportados por los marinos de civilizaciones clásicas[10]. Por el contrario, Álvarez Delgado mantendría desde los inicios esta misma posición y así lo defendió en muy diversas ocasiones.
A su vez la relación entre Álvarez Delgado y J. Martínez Santa-Olalla, que era el Comisario General de Excavaciones así como profesor de la Universidad Central de Madrid, procedía también de los lazos que éste último pretendía establecer no sólo con la arqueología canaria, sino también con el estudio de las fuentes clásicas. Se trata éste de un hecho poco conocido, pues prontamente fracasó en el mismo. Pero sabemos que en el año 1945 Álvarez Delgado estaba trabajando en la elaboración de un compendio titulado Canarium Fontes Antiqui que incluía por ejemplo una edición y traducción del texto conservado del famoso Periplo de Hannon[11]. El impulso de estos temas venía marcado precisamente por J. Martínez Santa-Olalla, que al igual que en Canarias intentaba coordinar este tipo de trabajos también en relación con África. Nos parece relevante el dedicar cierta atención a esta hasta ahora desconocida cuestión.
Desde el año 1922 en la Universidad de Barcelona se desarrollaba un proyecto, dirigido por P. Bosch Gimpera y A. Schulten, de publicación de las Fontes Hispaniae Antiquae. Hasta el inicio de la Guerra Civil se habían publicado dos volúmenes de esta serie, y en plena guerra (en el año 1937) se publicó el volumen tercero. Se trataba de una potente iniciativa investigadora de la recopilación de las fuentes clásicas, griegas y latinas, que trataban de la España antigua. Para Julio Martínez Santa-Olalla, camisa vieja de Falange y fuertemente implicado en el bando vencedor y en sus componentes ideológicos, el rechazo frente a lo que había significado el catalanista Bosch Gimpera en la arqueología e historia antigua constituía una auténtica obsesión[12]. En ese barrer o minusvalorar el alcance de las Fontes Hispaniae Antiquae, realizadas por un extranjero y por un “rojo” y “traidor a España”, se integraron algunas de sus actividades intelectuales luego no enteramente desarrolladas.
En el mismo año 1939 Martínez Santa-Olalla viajó a los protectorados español y francés de Marruecos y a la ciudad internacional de Tánger, en el curso de su interés por extender el control de la arqueología en el Norte de África[13]. En Tetuán, que era la capital del protectorado español, tomó contacto con el administrador de la misma, Tomás García Figueras, que se mostraba muy interesado en fomentar la arqueología y el estudio histórico de la zona bajo protección española. En el archivo del Museo Arqueológico de Tetuán hay documentos de esta actividad llevada a cabo por Martínez Santa-Olalla, que incluía un somero plan arqueológico en el protectorado, del que formaría parte el desarrollo de una campaña de excavaciones efectuada por el propio comisario general en el importante monumento sepulcral de Mezora, una construcción acerca de la que precisamente se consideraba en esos momentos la existencia de unas notables analogías con otros círculos de piedras canarios, tales como el de La Guancha en Gran Canaria[14].
Un documento complementario del mencionado archivo del Museo Arqueológico de Tetuán viene representado por una carta del propio J. Martínez Santa-Olalla dirigida a T. García Figueras. En la misma se recoge un proyecto sin duda ya tratado personalmente entre ambos personajes referido a la futura publicación de unas Fontes Mauritania Antiquae. El título de la misma se relaciona con el proyecto mencionado de Canarium Fontes Antiqui. Al respecto se indica que de la edición y traducción de las fuentes griegas sobre el África occidental se encargaría Carlos Alonso del Real, que era en ese momento el segundo de Martínez Santa-Olalla en la Comisaría de Excavaciones, y de los textos latinos se ocuparía Ramón Fernández Pousa. Tanto uno como el otro lograrían años más tarde el acceso a catedráticos de Universidad. Otras cartas de C. Alonso del Real en el archivo del Museo de Tetuán, remitidas a lo largo de 1940, tratan con García Figueras de diversos aspectos referidos al proyecto de las fuentes antiguas de Mauritania. En una de ellas, en el mes de marzo de 1940, se indica expresamente que una de las fuentes que debían editarse era precisamente el famoso Periplo de Hannon, acerca del que se indica de que debía ir acompañado de un croquis y de diversas notas explicativas. Este interés por el Periplo en el proyecto no llevado a cabo se relaciona con el interés por el mismo en el proyecto de fuentes clásicas sobre Canarias, tampoco luego materializado.
Así pues, el acercamiento de Juan Álvarez Delgado a las fuentes clásicas sobre el archipiélago canario estuvo inicialmente motivado por ese proyecto de recopilación de las mismas, a partir de su formación como filólogo clásico. En este sentido sin duda se integraron sus dos trabajos probablemente más significativos de esta época de los años cuarenta. En ellos destacamos especialmente los dedicados de una forma específica a la púrpura de la Getulia, naturalmente en relación con el texto de Plinio acerca de las islas de la púrpura, y también al extenso estudio acerca de la descripción de las islas Canarias en Plinio. Estos trabajos fueron la plasmación del proyecto de publicación de las fuentes clásicas sobre Canarias, pero da la impresión de que este proyecto de 1945 muy pronto quedó descartado por las razones que fueran y que se nos escapan. Este hecho conduciría sin duda a que este material, si bien muchísimos años más tarde, pasara de otra forma a la monografía del autor que ahora ha sido publicada por Mederos y Escribano, dirigida a otra cuestión central algo más específica: el problema del poblamiento antiguo del archipiélago.
Muy probablemente esta primera decepción de Juan Álvarez Delgado se vio acompañada de otro problema subsiguiente a los años 1947-1948, como fue el momento de su ruptura personal en la colaboración y relación con Luis Diego Cuscoy. En el estudio de esta cuestión, el estudio preliminar de Mederos y Escribano utiliza con bastante tino cuestiones diversas, desde la propia psicología de la época, así como la propia y diversa trayectoria de ambos personajes. En este sentido, entre diversas interpretaciones, aportan una que nos parece razonable en relación con un desgraciado sucedido y que arruinó su colaboración, e incluso su relación personal hasta entonces amistosa. Nos referimos a la publicación a nombre de Juan Álvarez Delgado, autor material de sólo 6 de las páginas, de un volumen arqueológico escrito en realidad por Luis Diego Cuscoy en su casi totalidad[15].
Este hecho ocasionaría el resentimiento y la amargura de Diego Cuscoy, cuestión que podemos considerar más o menos justificada. En este sentido, en alguna ocasión se ha destacado como en el ejemplar del mencionado volumen existente en el Museo de Tenerife, el nombre de J. Álvarez Delgado de la portada está tachado y puesto en línea inferior el de Luis Diego Cuscoy como autor[16], como reclamación de una paternidad de origen más cierta. La interpretación que realizan Mederos y Escribano sobre el hecho de la publicación nos parece bastante ajustada a la lógica de aquellos momentos, procedería de un inaceptable (desde luego lo es para nosotros) clasismo, el que probablemente Álvarez Delgado «no consideró equivalente el valor de su firma, Director del Instituto Nacional de Enseñanza Media de Santa Cruz de Tenerife, Profesor de Universidad y Doctor en Filología, con la de Diego Cuscoy, maestro y escritor» [17]. Sin duda el propio hecho de que esta apropiación y marginación se pudiera producir es también testimonio del estilo para nosotros peculiar de la época.
En cualquier caso, parece indudable que la ruptura con Diego Cuscoy afectó al propio ánimo de Juan Álvarez Delgado. En ese mismo año de 1947 logró la promoción universitaria y accedió a la cátedra de Filología Latina en la Universidad. Pero para tener en cuenta el muy verosímil impacto que en Álvarez Delgado tuvo aquel enfrentamiento con Diego Cuscoy, basta con revisar la lista de las publicaciones bajo su autoría. Naturalmente, todavía Álvarez Delgado redactaría muchos trabajos pues tenía 47 años de edad, sobre todo los publicados años más tarde sobre las inscripciones líbicas de Canarias, quizás la más señera de sus aportaciones, o bien también los diversos trabajos publicados en el propio Anuario de Estudios Atlánticos. Sin embargo, la intensidad de las publicaciones del investigador distaría mucho de recobrarse: la más fuerte proporción de las mismas se concentraron en los años 1946 y 1947, y después el listado de las mismas muestra que se espaciaron muchísimo más.
Mederos y Escribano han logrado el manejo de la documentación del archivo familiar de Álvarez Delgado, lo cual les ha permitido el acceso a dos textos inéditos que ahora publican, aunque ambos son de una longitud desigual. El primero de ellos, mucho más corto, se titula «Navegaciones antiguas al Oeste africano», fue elaborado en el año 1946. En este breve relato señalaba Álvarez Delgado que desde los inicios del primer milenio a. C. se produjeron desde la zona del estrecho de Gibraltar navegaciones hacia el Atlántico, que en algunas ocasiones derivaron en un acceso a las Canarias. Se trata de una breve aproximación a un tema como el de la navegación antigua en relación con las Canarias, ya tratado por autores como Serra Rafols[18] y que, por otra parte, se ha convertido en un tema relevante con posterioridad, como base interpretativa conexa con el problema del poblamiento de las islas Canarias[19]. Debemos destacar la intuición del propio Álvarez Delgado en relación con la importancia que para el acceso a las Canarias tuvo el estrecho de Gibraltar, derivado de que los pueblos navegantes tenían esa zona de paso como fundamental. Hoy como entonces el principal problema se encuentra en la penuria de las fuentes documentales tanto textuales como arqueológicas.
Pero el conjunto principal de la publicación de Mederos y Escribano está compuesto precisamente por la monografía titulada «Descubrimiento, colonización y primer poblamiento de las islas Canarias», un texto ya conclusivo de las investigaciones desarrolladas por Juan Álvarez Delgado durante tres décadas, que se indica como elaborado finalmente en el año 1974: aquí encontramos por tanto el libro anunciado en la publicación mencionada del autor sobre la leyenda de los “lenguas cortadas”. El opúsculo se propone como “contradictorio y polémico”, planteando explicaciones algo diferentes a las que por entonces se consideraban más corrientes. De hecho, Álvarez Delgado trataba específicamente de separar la problemática del poblamiento antiguo de toda una serie de aditamentos incorporados en interpretaciones de textos, bastante dudosos, en relación con el “islario” atlántico de escritores clásicos, o el mito utópico de La Atlántida de Platón y de sus habitantes con los supuestos y primitivos Atlantes, un planteamiento que a nuestro juicio era puramente pre-científico. De hecho, no fueron la realidad de la existencia de las islas la que ocasionó el mito de las islas de los Afortunados, fue la creencia en las islas de los Afortunados lo que ocasionó su relación con las Canarias por parte de los marinos gaditanos del siglo II a. C.[20].
También rechazaba el autor lo que consideraba «presunta arqueología neolítica en las Canarias», por tanto, con la impugnación de ese carácter prehistórico (en el tiempo) de la cultura aborigen (o indígena, o pre-hispánica, según se prefiera en la terminología usada por diversos autores), por tanto, opuesta a la posición defendida por arqueólogos de la prehistoria. También mostraba Álvarez Delgado su escepticismo ante la importancia real de las noticias sobre la «supuesta arribada a las islas de los fenicios, cartagineses, griegos y tartesios», y consideraba que hasta el siglo II a. C. hay una «ignorancia de las Canarias» que Álvarez Delgado intentaría explicar. En su opinión en realidad los «tres descubrimientos consignados literariamente» de las Canarias serían los de «los marinos de Sertorio, Estacio Seboso y Juba II». No nos vamos a extender en el comentario al respecto de las cuestiones referidas a las navegaciones atlánticas, si bien no debemos dejar pasar el hecho de que en la actualidad, casi unánimemente, los investigadores consideramos que Estacio Seboso fue un recopilador en buena parte falsario, en el contexto de otro personaje como Jenofonte de Lampsaco y su mención de las islas Gorgonas, un escritor del que algunos incluso insinúan que pudiera ser el autor del texto conocido del Periplo de Hannon[21].
Volviendo a la obra ahora publicada, la conclusión alcanzada por Álvarez Delgado sobre el poblamiento más antiguo de las Canarias es muy evidente: «los guanches efectivamente se parecen a un pueblo neolítico, aunque sólo habitan nuestras islas desde el siglo I a. C.». El autor se estaba refiriendo obviamente a un poblamiento que habría sido hecho a propósito por orden del rey Juba II de las Mauretaniae, motivado por la instalación en algunas de las islas de unas explotaciones de industria de la púrpura, por tanto de colorantes de altísimo valor[22]. Nos encontramos ante una valoración que deriva de una interpretación que ha tenido diversas alternancias a lo largo del tiempo: después de un periodo de extenso rechazo de la identificación de las islas Purpurarias con las Canarias, en un trabajo más reciente José María Blázquez, que había puesto en duda esa relación en algunos trabajos, se mostró partidario de la misma[23].
En este sentido, las evidencias de la importancia de la explotación de púrpura en el ámbito del África atlántica han aumentado sustancialmente en los últimos años[24]. El muy reciente descubrimiento arqueológico de la existencia de una antigua explotación de púrpura en la pequeña isla de Lobos en Fuerteventura, aunque la misma pudiera ser en realidad incluso inmediatamente anterior a la época de Juba a partir del registro material, también vuelve a poner sobre el tapete la posible extensión de la explotación de púrpura getúlica a las Canarias más orientales[25]. Y también el hecho de que el material arqueológico de Lobos, tanto en sus propias características claramente gaditanas, como en la cronología, marquen una evidente relación con el ámbito de lo que se ha denominado “Círculo del Estrecho”[26].
Pese a tener publicaciones anteriores sobre esta misma temática, sin embargo, en esta obra hay novedades en temas tratados, como no podía ser de otra forma en un intento de amplia síntesis de lo que eran sus posiciones interpretativas. El inicio del poblamiento canario se efectuaría con esos mauritanos trasladados por Juba II para poner en marcha la explotación de la púrpura, uno de los grandes productos suntuarios que se exportó al mundo romano. Justo es indicar que otras interpretaciones posteriores formuladas en diversos casos restarían alcance a este poblamiento y bien lo cuestionarían, o bien aportarían posibles complementos humanos. Así se ha defendido la llegada de individuos con anterioridad desde la zona de Tarfaya, una zona que habría estado muy afectada por el empeoramiento de condiciones climáticas. En otros casos, se considera una colonización efectuada por los cartagineses bien a propósito, bien como castigo respecto a grupos africanos allí establecidos. Y también, en esta misma línea, se ha aducido la posible deportación de moros o númidas realizada posteriormente por Roma como respuesta a la rebelión de alguna tribu africana. Se trata de una serie de propuestas de interpretación que sin duda pueden incidir en lo que buena parte de los investigadores consideran de forma creciente, a saber la llegada de individuos o grupos en momentos diferentes, lo que explicaría también las diferencias de cultura que se evidencian entre los pobladores de cada grupo de islas[27].
Pero volviendo a la obra de Juan Álvarez Delgado, desde el punto de vista historiográfico, una obra escrita como producto de su momento, no podemos menos que resaltar el epígrafe titulado “El poblamiento de Canarias como problema geopolítico”. Aquí el autor mostraba su innegable pasión en los títulos jurídicos de pertenencia de las islas Canarias a España, en contra de algunas reclamaciones de aquel momento en relación con la “africanidad” de las islas, sobre todo en la posición que en determinados círculos parecía mostrar un sector de la clase política marroquí. Recordemos también el surgir y desarrollo del movimiento de independencia de las Canarias, como otro componente polémico de aquel momento. Por esta razón, consciente sin duda de que su tesis sobre el poblamiento efectuado por Juba II, y su aportación de la leyenda de los “lenguas cortadas” podían, y de hecho lo eran, ser utilizadas en beneficio de una extra-españolidad de las Canarias, mostraba de forma decidida su posición de impugnación de dichas tomas de partido.
La curiosa impugnación de Juan Álvarez Delgado, sin duda, hoy día está absolutamente descontextualizada, pero se producía a partir del hecho de que Juba no fuera realmente rey de Mauretania (nombre de Marruecos y Argelia en la antigüedad) sino que su gobierno en esa tierra respondía «a un encargo expreso del César de Roma, Augusto […] actúa por tanto como mandatario del imperio romano, no como soberano mauritano». Las islas habrían sido descubiertas por los marinos gaditanos según el relato de la iniciativa de Sertorio, y ello «con arreglo a los usos del derecho internacional tenían la primacía de ocupación por el título de res nullius, rex primimi capientis, lo que no es de nadie es del primero que lo ocupa». Los ecos de argumentos en esos momentos en la ONU, en relación con el Sahara Occidental, son más que evidentes, incluso con la utilización de unos términos similares. Concluía Álvarez Delgado que «ningún estado africano ni musulmán ha tenido dominio efectivo sobre las Islas Canarias, salvo el corto espacio de la colonización por parte de Juba II, bajo el señorío primario de romanos […] ningún estado árabe y musulmán africano ha dominado jamás las Islas Canarias».
Estos breves datos y consideraciones que hemos recogido muestran sin duda la idoneidad de la labor realizada por Mederos y Escribano, en este caso el retomar los textos de Juan Álvarez Delgado para reflejar diversos datos, evidencias, discusiones y tratamiento de la evolución de las posiciones en relación con la arqueología guanche y el poblamiento antiguo del archipiélago canario, así como naturalmente en relación a la cuestión de las navegaciones atlánticas. En esta aportación, además, hemos efectuado una aproximación a los orígenes concreto del trabajo, centrado en la edición y traducción comentada de textos clásicos, fue sin duda muy distinto en su versión ya definitiva. Unos inicios del trabajo insertos sin duda en los condicionamientos políticos e investigadores de los años cuarenta y en la aportación con Martínez Santa-Olalla. De igual forma, hemos destacado a su vez los condicionamientos del desarrollo final del trabajo, expresados en el mismo en relación con algunos problemas políticos de las Canarias en los años setenta.
En lo que respecta al poblamiento antiguo y al problema de las navegaciones se trata de toda una serie de cuestiones que, con sus altibajos en las diversas interpretaciones formuladas, distan todavía en el momento actual de gozar de unas mínimas unanimidades por parte de los investigadores. La aportación de Álvarez Delgado, en absoluto definitiva, sin embargo sí resulta significativa en relación con esta amplia problemática. Todos los datos y argumentaciones que se han aportado muestran las dificultades de alcanzar una conclusión centrada en la existencia de un poblamiento único. Por el contrario, los datos apuntan mucho más a la existencia de sucesivos y diferentes aportes poblacionales, eso sí en un contexto más amplio de un notable aislamiento entre las propias islas.
Es cierto que, como muy bien apuntó Álvarez Delgado, con toda probabilidad la exploración de Juba II, y su bien marcado interés por las islas, constituyó un jalón importante en el proceso de poblamiento, pero la propia descripción de sus exploradores indicaba la presencia previa de habitantes en algunas de esas islas de los Afortunados[28], lo cual también aparentemente se confirma por algunos datos arqueológicos, en especial los recientes estudios de la isla de Lobos (en Fuerteventura). Continúa en pie la posibilidad de una cierta actividad poblacional efectuada por los cartagineses, que puede relacionarse teóricamente con alguna referencia de la antigüedad[29], desde luego en el acceso por interés económico (pesca y obtención de la púrpura) por parte de los marineros gaditanos, así como la posibilidad de que el aventurero Eudoxo hubiera podido ejecutar su proyecto[30]. Por lo demás, unos simples náufragos llegados en unos momentos muy diferentes, parece obvio que no serían capaces para acuñar una cultura, pero sí el incorporar elementos concretos y sucesivos a la misma.