Resumen:
Desde su primer número, la revista Amauta circuló en los centros mineros del Centro del Perú. José Carlos Mariátegui –Director de la revista– obtuvo relación directa con los trabajadores mineros respaldándose por éste medio comunicativo; defendía las aspiraciones sociales y derechos laborales de los trabajadores mineros frente a los atropellos cometidos por la empresa transnacional Cerro de Pasco Copper Corporation. La revista Amauta influenció en un nuevo tipo de periodismo que sería el modelo a seguir en la prensa obrera de Morococha entre 1926 a 1930.
Palabras clave: Prensa de doctrina e Información Prensa de doctrina e Información, Periodismo obrero Periodismo obrero, Autoeducación Autoeducación, Marxismo Marxismo.
Abstract: Since its first issue, Amauta magazine circulated in the mining concentration of the Center of Peru. José Carlos Mariátegui -Director of the magazine- achieved a direct relationship with the mining workers backed by this communicative medium; He defended the social aspirations and labor rights of the mining workers against the abuses committed by the transnational company Cerro de Pasco Copper Corporation. The magazine Amauta influenced on a new type of journalism that would be the model to follow in the working press of Morococha between 1926 to 1930.
Keywords: Doctrine and Information Press, Labor journalism, Self-education, Marxism.
Impacto de Amauta en la prensa minera de Morococha (1926-1930)
Impact of Amauta In the Morococha Mining Press (1926-1930)
Recepción: 13 Enero 2016
Aprobación: 05 Abril 2017
En la nota editorial del primer número de la revista Amauta —setiembre 1926— José Carlos Mariátegui testimonió: «Yo vine de Europa con el propósito de fundar una revista mi esfuerzo se ha articulado con el de otros intelectuales y artistas que piensan y sienten parecidamente a mí es la voz de un movimiento y de una generación». Ampliando dicho mensaje, Martínez de la Torre señaló que Mariátegui «no sólo trajo de Europa la decisión de fundar una revista. También, un partido: el partido de clase del proletariado peruano. Dentro de su plan, la revista debía servir de antesala, de medio orientador a su propósito». Destaca que para dicho fin Mariátegui necesitó despertar la conciencia política entre la clase obrera del Perú, «Quería hacer de ellos una fuerza (laboral) consciente de su fuerza (política)»1.
La elección del nombre de la revista lo sitúa dentro de una postura autoctonista, muy a pesar de la acusación de europeísta. Mariátegui en la nota editorial del número 1 de la revista Amauta, escribe: «El título ( ) traduce ( ) nuestro homenaje al incaísmo ( ) la palabra Amauta adquiere con esta revista una nueva acepción». Luis Alberto Sánchez recalca que Mariátegui: « defendía la cuestión de autoctonía, ya enamorado del vocablo amauta»2. Visión autoctonista que integró a personalidades tan dispares que participarían en la revista de vanguardia, dentro de una concertación de voluntades para llevar a cabo el proyecto político de «crear un Perú nuevo dentro de un mundo nuevo». Mariátegui logró unir el conjunto de personalidades dentro de un órgano de expresión invitándolos a participar en un nuevo tipo de periodismo: una herramienta comunicativa para educar y crear un circuito de cultura popular entre sus lectores diferenciando dos criterios sobre prensa escrita: de doctrina e información.
Mariátegui señaló que la revista Amauta, «se orienta cada vez hacía el tipo de revista de doctrina»3: le correspondía educar y difundir la doctrina marxista entre sus lectores, señalaba que «una revista de doctrina, no está en el mismo caso de una revista de información». Fundó el quincenario Labor en noviembre de 1928 indicando que «tiende al tipo de periódico de información», cuya línea editorial expresaba una crónica de ideas, vulgarización informativa sobre cultura, cuestiones internacionales, organización y formación de un nuevo tipo de sindicalismo obrero, el problema agrario –el latifundismo–, temas de educación, cultura entre otros muchos.

El compromiso político asumido por Mariátegui le ocasionó prisión y clausura temporal de Amauta, a pocos meses de salir en circulación. Ricardo Martínez de la Torre describe dicho «accidente de trabajo»:
En los primeros días de junio de ese año apareció el N° 9 de Amauta”, dedicado a la acción contra el imperialismo. Como todos los artículos estaban dentro de una línea de enjuiciamiento de la penetración yanqui en nuestro país, y en el resto de América, la Embajada de los Estados Unidos presionó al Gobierno de Leguía para que suspendiera la revista y persiguiese a sus redactores y colaboradores4.
La intervención policial durante una reunión de la Federación Obrera Gráfica fue anunciada por el gobierno de Augusto B. Leguía como un «complot comunista». Los participantes en dicha reunión —obreros, intelectuales y estudiantes— fueron confinados en la isla penal El Frontón, para luego sufrir exilio, aludiéndolos como «comunistas criollos». Debido a su precario estado de salud, José Carlos Mariátegui fue recluido en el Hospital Militar San Bartolomé. El Ministerio de Gobierno proporcionó a los diarios de la capital cartas de exiliados peruanos para justificar el atropello cometido. El diario La Prensa5 sindicó a Mariátegui de ser «uno de los más activos dirigentes del comunismo en Lima»6, acusación que fue respondida públicamente por el agraviado en una carta enviada al mismo diario, tal como refiere Martínez de la Torre:
1°Acepto íntegramente la responsabilidad de mis ideas, expresadas claramente en mis artículos de las revistas nacionales o extranjeras en que colaboro o de la revista Amauta”, fundada por mí en setiembre último, con fines categóricamente declarados en su presentación; pero rechazo en modo alguno las acusaciones que me atribuyen participación en un plan o complot folletinesco de subversión.
2° Remito a mis acusadores a mis propios escritos, públicos o privados, de ninguno de los cuales resulta que yo, marxista convicto y confeso, -y como tal, lejano de utopismos en la teoría y en la práctica- me entretenga en confabulaciones absurdas, como aquella que la policía pretende haber sorprendido y que tampoco aparece probada por ninguno de los documentos publicados7.
La clausura temporal de la revista Amauta no lo alejó de sus lectores; la solidaridad internacional y el respaldo a su Director por intelectuales de Europa y América, desmoronó la trama del gobierno de Leguía. Al salir nuevamente en circulación la revista, Mariátegui en la nota editorial «Segundo acto»8, estableció que Amauta «cribará a los hombres de la vanguardia —militantes y simpatizantes— hasta separar la paja del grano. Producirá o precipitará un fenómeno de polarización y concentración entre los trabajadores»9. Declaración de principios cuyo principal objetivo fue «esclarecer y conocer los problemas peruanos desde puntos de vista la doctrinarios y científicos», misión en la que emplearía todos sus esfuerzos hasta culminar con su temprano deceso.
Morococha considerada una «ciudad minera» ha sido trasladada a 5 kilómetros respecto a su ubicación original. Actualmente la empresa Chinalco (república popular China) viene realizando el tajo abierto «Toromocho» para extraer mineral en alta concentración, proyecto que destruye todo el conjunto monumental histórico. Desde la época colonial ya se extraía mineral de plata en forma de «piñas» y se le procesaba mediante técnicas ancestrales andinas: concentración en pozas y fundición mediante el uso de huayra (horno). Durante la República -1860-, se constituyó la «Hacienda Mineral Tucto» propiedad de Carlos Pflucker. Procesaba principalmente cobre y plata utilizando aún técnicas antiguas. Antonio Raimondi describe las condiciones insalubres del trabajo en las minas y brinda una completa descripción del distrito. Desde 1902 las concesiones mineras en Cerro de Pasco y luego las de Morococha fueron compradas por un «sindicato» de accionistas norteamericanos10, para luego en 1915 constituirse en Cerro de Pasco Copper Corporation. Morococha fue reconocida como distrito de la provincia de Yauli mediante ley 683 del 26 de octubre de 1907.
Al retornar al Perú —como dijimos anteriormente— Mariátegui ejecutaba un premeditado plan para fundar y consolidar el Partido Socialista que representase a sectores populares, entre ellos: obreros textiles, mineros del Centro y campesinos. La penetración y consolidación del capital norteamericano en áreas productivas vitales como minería, petróleo, textiles y agroindustria generó la concentración de una enorme masa laboral e hizo emerger un nuevo tipo de clase obrera, la cual paulatinamente fue apartándose de influencias del anarco-sindicalismo y acogiendo el sindicalismo revolucionario de orientación marxista.
El Acta de Fundación y Programa del Partido Socialista señalaba como tarea inmediata: «la organización y educación del proletariado es con la del proletariado agrícola una de las cuestiones que se plantean», compromiso que requería todo el esfuerzo y dedicación para atraer, organizar y dirigir mediante un partido político.
La captación y organización de trabajadores mineros pasaba por establecer vínculos sólidos para difundir ideas revolucionarias entre ellos. Mariátegu señaló que tanto La Oroya como Morococha «constituyen puntos donde ventajosamente puede operar la propaganda clasista»11. Estos centros mineros representaban importancia estratégica en la economía mundial de los metales, dado que Cerro de Pasco Copper Corporation influenciaba en el mercado mundial del cobre y la plata.
La revista Amauta desde su primer número ya circulaba en Morococha. Esto se debió a la amistad que Mariátegui mantuvo con miembros de la colonia italiana afincados en Jauja y Morococha, entre ellos se encontraba Carlo Pezzutti, quien regentaba una librería en Morococha. Esto le permitió relacionarse con trabajadores e intelectuales en Morococha, Jauja, Cerro de Pasco y Huancayo. En la necesidad de consolidar nuevos vínculos orgánicos con dichos trabajadores, Mariátegui envió a las minas al dirigente textil Julio Portocarrero12, después continuarían con dicha labor Antonio Navarro Madrid, Julio y Jorge del Prado. El testimonio que brinda Portocarrero recogido por Derpich e Israel13 confirmó que viajó a Morococha bajo órdenes de Mariátegui. Las incidencias en el cumplimiento de dicha tarea organizativa puede leerse en sus memorias. Escribe:
Este trabajo de organización de la central de los trabajadores era nuestra principal preocupación. Y estaba en esta labor, cuando Mariátegui me dijo que debía de viajar al campamento minero de Morococha.
Realice el viaje, con el propósito de verme con Gamaniel Blanco y Adrián Sovero, y conversar sobre la constitución del sindicato allá en Morococha. Ellos dos estaban vinculados con Mariátegui por carta y se encargaban de distribuir Amauta y Labor en la zona. Blanco era maestro de la escuela de Morococha, y Adrián Sovero trabajaba en la mina. En esos momentos era necesario abandonar la antigua idea acerca de cómo debía estar constituida la organización sindical. No podía ser a la manera antigua, según la cual se organizaba el sindicato y ahí se quedaba. Debía aspirarse a la formación de la Federación de Trabajadores Mineros. Para ello tenía que extenderse la labor hacia La Oroya, hacía Cerro de Pasco, para poder formar, con los sindicatos de esos lugares, la Federación de Trabajadores Mineros del Perú (Las negritas son nuestras)14.
Gamaniel Blanco y Adrián C. Sovero fundaron la Sociedad Pro-cultura nacional, en la misión de educar y elevar la conciencia política de los trabajadores mineros, proveyéndolos de cultura revolucionaria para la defensa de sus derechos e intereses. Esta organización cultural obrera nombró a Mariátegui como su secretario general honorario y representante en Lima15. Funcionó como un centro cultural obrero que auspiciaba el autodidactismo entre sus participantes.

La importancia de la revista Amauta y Labor se acrecentó entre la población minera tras divulgarse las noticias de la inundación de la laguna Morococha en la galería «María Elvira» y la muerte de 32 trabajadores. Se evidenciaba la responsabilidad de Geo B. Dillimgham, superintendente de Morococha, por exigir la perforación de una chimenea de ventilación que salía directamente al lecho de la laguna, ocurriendo la inundación en la galería «María Elvira» y socavones adyacentes.
Coordinadamente, tanto en Amauta N° 19 como en Labor n° 4 se difunde en primera plana: «Cómo se produjo la catástrofe de Morococha». Noticia acompañada con denuncias y aclaraciones respecto a versiones confusas que propalaron los diarios en Lima —la capital de Perú— y la región del centro del Perú. Abelardo Solís denuncia que:
Todas las informaciones, no obstante, se han limitado a describir la magnitud de la catástrofe y a consignar diversas versiones sobre la forma en que se produjo el derrumbe e inundación de las minas de la Cerro de Pasco Copper Corporation. Pero nadie habrá leído una sola información en la que se exprese concretamente la causa principal del accidente y su carácter culposo. Parece que el miedo o cualquier otro sentimiento o convencionalismo ha impedido a los periodistas el señalar a los culpables de esa catástrofe y de informar detalladamente sobre la culpabilidad que ha habido en la realización de ese accidente minero16.
Tratamiento de la noticia que generó dudas sobre la credibilidad en muchos diarios y del tipo de periodismo que ejercían los diarios de mayor circulación en la capital17.
Mariátegui en Amauta N° 19 de deja establecida las responsabilidades de los directivos norteamericanos, confronta la necesidad de informar «frente a toda la prepotencia de esta empresa. Habituada a tratar con insolente desprecio los derechos de sus trabajadores indígenas »18. Abelardo Solís en el N° 22 establece las responsabilidades penales de la empresa norteamericana y enfatiza que: «el capital extranjero que explota las riquezas mineras del país, paga al Perú en salarios y tributos una suma muy modesta, en proporción a sus utilidades»19. Sobre dicha catástrofe, hay sospechas que no fue un «accidente por negligencia», sino que se trató de un «acto calculado» con el fin de descargar la laguna, eliminando el problema de filtración e inundación de sus aguas para abaratar los costos de producción. Después de la «catástrofe» se acrecentó la ganancia económica de la compañía norteamericana, muy a pesar de la pérdida de vidas. Dicha bonanza económica súbitamente se detuvo por el crack económico de octubre de 1929.
Si bien la valentía del Director de Amauta por difundir esta noticia y dejar en evidencia el absoluto servilismo del gobierno leguiísta ante el capital yanqui —muy a pesar que meses antes ya había sufrido clausura temporal— elevó su prestigio e importancia entre la población, como prensa independiente que informó con mucha objetividad las desastrosas condiciones laborales que sufrían los mineros ante el capital foráneo.
Los esfuerzos de Mariátegui por organizar a los mineros de Morococha se evidencio durante la huelga del 10 de octubre de 1929. Se estableció un Comité Obrero de Reclamos que presentó un pliego de peticiones al Superintendente de Morococha, Alexander McHardy, siguiendo los procedimientos y normas legales imperantes en 192920. La huelga estuvo motivada tras la decisión del superintendente de reducir el salario de los lamperos de mina y el despido arbitrario de 50 trabajadores, a los cuales, la empresa norteamericana se negó a reconocerles el pasaje de regreso a sus pueblos de origen, en el valle del Mantaro.

Foto de Ricardo Martínez de la Torre. Al centro sentado: JC Mariátegui. De izquierda a derecha: Ricardo Martínez de la Torre, Jorge del Prado Chávez, Gamaniel Blanco, Alejandro Loli, Abel Vento, Ramón D. Azcurra y Adrián C. Sovero.
La paralización laboral inmediatamente afectó económicamente a la compañía norteamericana. El gobierno de Leguía envió un destacamento de cien policías para resguardar las instalaciones mineras ante la acusación del Prefecto de Junín que dicha huelga «incitaba a la población a una rebelión». Se buscó provocar algún incidente para justificar una brutal represión en contra de los líderes obreros y quebrar la huelga que dirigían. La disciplina obrera y la experiencia de sus líderes evito el fracaso de la paralización. El Gerente General de la compañía norteamericana, ante la firmeza de la huelga, debió reconocer que debían respetarse los procedimientos legales laborales que regían en Perú, aceptando negociar de mala gana el pliego petitorio planteado en la ciudad de Lima.
Esta huelga tuvo el asesoramiento directo de Mariátegui tal como se aprecia en la carta que dirigió a Moisés Arroyo Posadas:
Excelente y oportuno el volante solicitando la solidaridad de los mineros de Cerro de Pasco, La Oroya, etc., para sus compañeros de Morococha. Ha estado en Lima el Comité de Morococha, pero no ha conseguido el éxito que esperaba en sus gestiones. La empresa se niega a conceder el aumento. Y el gobierno por supuesto la ampara.- Lo que interesa, ante esto, es que los obreros aprovechen la experiencia de su movimiento, consoliden y desarrollen su organización, obtengan la formación en La Oroya, Cerro de Pasco y demás centros mineros del departamento de secciones del sindicato, etc. No deben caer, por ningún motivo, en la trampa de una provocación. A cualquier reacción desatinada, seguiría una represión violenta. (…)
Conviene que converse Ud. sobre esto con el compañero [Abelardo] Solís y que escriba a Morococha. Dígale a Solís que el acta de fundación de la Federación de Trabajadores del Centro, con sede en Morococha, dejaba pendiente la constitución de la organización especial de los mineros. En vista de esto, el Comité ha deliberado la constitución del sindicato de mineros y fundidores del centro. El sindicato de mineros y fundidores del centro será, además, el punto de partida de la Federación de Mineros del Perú21.
En el transcurso de la huelga los delegados mineros se trasladaron a Lima para gestionar el reconocimiento oficial como Comité Central de Reclamos ante el Ministerio de Fomento22, también visitaron a Mariátegui, tal como se muestra en la imagen adjunta. Destaca la camaradería entre Mariátegui y Gamaniel Blanco. A ambos los unía la misma trayectoria como autodidactas y como periodistas. Mientras Mariátegui trabajó como cronista parlamentario, Blanco fue corresponsal y redactor del diario El minero de Cerro de Pasco. La evolución intelectual de Blanco se respaldó en el autodidacto Mariátegui, encontró un apoyo incondicional; Mariátegui le proporcionó con literatura para desarrollar sus experiencias como maestro y dirigente minero.
Culminado el conflicto laboral, el embajador norteamericano Alexander Moore y el Gerente General de la Cerro de Pasco Copper Co. Harold Kingsmill presionaron al gobierno de Leguía que encarcele a Mariátegui para cortar sus vínculos con los trabajadores mineros. Una gran redada policial se ejecutó el lunes 11 de noviembre de 1929, con la detención Mariátegui y su entorno intelectual, todos agrupados en la revista Amauta. El ministro de Gobierno, Benjamín Huamán de los Heros, lanzó nuevamente la acusación del «Complot comunista». El atropello fue narrado por el mismo Mariátegui en una carta dirigida a César A. Miró Quesada:
Mi casa es designada como el centro de la conspiración. Se me atribuye especial participación en la agitación de los mineros de Morococha, que en reciente huelga, que ha alarmado mucho a la empresa norteamericana, han obtenido el triunfo de varias de sus reivindicaciones, entre otras las de su derecho a sindicalizarse. El gobierno acaba de obligar a los obreros a renunciar al aumento que gestionaban y se teme que nosotros defendamos e incitemos a los obreros a la resistencia. ( )
El gobierno que acaba de imponer a los obreros de las minas de Morococha, después de una huelga, la renuncia al aumento que exigían, defiende probablemente los intereses de la gran compañía minera del Centro Cerro de Pasco Corporation. Se aprovecha del raid contra los organizadores obreros, para hostilizar a los artistas y escritores de vanguardia que me ayudan a mantener «Amauta»23.
En otra carta dirigida a Samuel Glusberg, fechada el 21 de noviembre de 1929, Mariátegui describe el incidente como escandaloso y sumamente arbitrario: «Tuve que hacer enormes esfuerzos para impedir que se llevarán mi biblioteca», rechaza la descripción patética y la queja, «detesto la actitud plañidera. No he especulado nunca sobre mis dramas». Pone al descubierto las intenciones represivas del gobierno Leguiísta. Escribe: «Se trata, también, de crear el vacío a mi alrededor aterrorizando a la gente que se me acerque. Se trata, como ya creo haberle dicho alguna vez, de sofocarme en silencio.- Mi propósito de salir del Perú con mi mujer y mis niños se afirma en estos hechos. No puedo permanecer aquí. No me quedaré sino el tiempo necesario para preparar mi viaje».
El directorio de la Cerro de Pasco Copper Corporation ante la crisis económica necesitó obtener máxima ganancia reduciendo derechos laborales. Necesitaban clausurar el Comité Obrero de Reclamos —naciente Federación Minera—, tal como constatamos en el informe del superintendente de Morococha, Alexander McHardy, que dirige a Harold Kingsmill, fechado el 24 de marzo de 1930, cinco meses después de la huelga de ocurrida en octubre de 1929. Éste le informa que:
En general, la situación aquí es más o menos tranquila al presente y los desórdenes que ocurren de vez en cuando son fomentados por el Comité [Obrero de Reclamos]. Estoy seguro que si los obreros fueran dejados solos, estarían completamente tranquilos. La mayoría de ellos parecen estar contentos desde que los jornales en Morococha son los más altos en la región, de cualquier otro campamento. Me parece que, a menos de que el Comité de Reclamos se halle oficialmente reconocido por el Ministerio de Fomento, debe ser suprimido, porque estoy seguro de que está haciendo más daño que bien a todos»24.
La gerencia de Cerro de Pasco percibió un peligro real para sus intereses económicos en el entorno de Mariátegui, esto explica la represión que sufriera. Mariátegui falleció a los 36 años, el 16 de abril de 1930. La revista que fundó siguió editándose hasta el número 32 (agosto-septiembre 1930).
En el distrito minero han tenido fugaz presencia revistas antes y después de la aparición de Amauta y Labor. Los impresos que circularon fueron:
Correo de Morococha (1916-1917) con 19 números, combinaba noticias locales y artículos literarios.
Luminarias (1924) con 8 números.
La voz de Morococha (junio 1925-septiembre 1929) dirigido por Antonio Pasquale. Representante político del leguiísmo en el distrito. La mayor parte del gasto de su edición fue pagada por Cerro de Pasco Copper Corporation. Su diseño periodístico imitaba a la estructura del diario La Prensa de Lima.
Claridad (1928) con 3 números.
Social (1929) con 3 números.
El periodismo obrero que acogió el formato de la revista Amauta se aprecia en la publicación Alborada, del cual sólo se imprimieron 4 números y circuló entre el 16 de junio y 28 de julio de 1929. Estuvo dirigido por Gamaniel Blanco y César Augusto Palacios, ambos maestros de los Centros Escolares Obreros, escuela que subvencionaban y regentaban los mismos trabajadores mineros y que desarrollaban una novedosa experiencia educativa de escuela proletaria25.
Alborada destacaba como revista cultural dirigido tanto a trabajadores mineros como a la población del distrito. Los artículos publicados refieren a literatura, autoeducación y derechos sindicales. Ésta fue órgano de expresión de la Sociedad de Pro-cultura Nacional, imitaba a la revista Amauta en cuanto a secciones y al tratamiento de tópicos culturales.
Entre septiembre y octubre de 1930 Gamaniel Blanco fundó y dirigió el quincenario Justicia. 5 meses antes había fallecido José Carlos Mariátegui y en agosto el comandante Luis Sánchez Cerro derrocó a Augusto B. Leguía. Justicia sirvió para consolidar la organización sindical entre los trabajadores mineros y la defensa de sus derechos frente a los abusos cometidos por la transnacional norteamericana. Su línea editorial estuvo orientada a la preparación del primer Plenum de la CGTP en Lima (octubre) y del I Congreso Minero en la ciudad de la Oroya (noviembre).

Gamaniel Blanco, maestro de escuela y periodista autodidacto, en agosto de 1930 publicó Apuntes monográficos de Morococha. En esta publicación se puede observar imitación del estilo periodístico y formato editorial de la revista Amauta.
En los Apuntes Monográficos de Morococha se integran un conjunto de reflexiones políticas y sociales, sobre todo en su sección Panorama intelectual, en el que destacan dos artículos de homenaje al Director de la revista Amauta: César Augusto Palacios: Nuestros valores continentales, José Carlos Mariátegui (p. 67) y Adolfo Villar: El hombre prócer de la historia (p. 83)26. Entre otros, encontramos artículos sobre reivindicación de los derechos de las mujeres y defensa del «indio». Quien revise Apuntes monográficos de Morococha pronto entrará en la convicción que su formato adopta y adapta el diseño periodístico de la revista Amauta.
El estudio histórico del periodismo obrero en el Perú aún no ha integrado este conjunto de hechos donde una revista de la capital ejerció una poderosa influencia en cultura e información para los obreros mineros, dejando como modelo periodístico un conjunto de estilos, formatos y posicionamiento crítico en cada artículo publicado.
La novedosa experiencia periodística de la revista Amauta difundida en los centros mineros fue abruptamente clausurada por el encarcelamiento de la mayoría de líderes sindicales mineros27 durante la realización del I congreso minero en La Oroya y los sucesos de Malpaso que dejó 17 fallecidos y el consiguiente Estado de Sitio impuesto en las minas por el Gobierno de Sánchez Cerro.
Nuestras conclusiones señalan lo siguiente:
La influencia política e ideológica que irradió José Carlos Mariátegui continuó preservándose entre los trabajadores mineros, su pensamiento siguió utilizándose como una guía para la acción.



Foto de Ricardo Martínez de la Torre. Al centro sentado: JC Mariátegui. De izquierda a derecha: Ricardo Martínez de la Torre, Jorge del Prado Chávez, Gamaniel Blanco, Alejandro Loli, Abel Vento, Ramón D. Azcurra y Adrián C. Sovero.
