Resumen: El olivar de montaña media mediterránea es objeto de controversia por su delicada adaptación a los criterios de condicionalidad fijados por la Política Agraria Común. Sin embargo, es un cul- tivo de prolongada presencia en zonas como el piedemonte de la Sierra de las Nieves (provincia de Málaga, Andalucía, España). Partiendo de la pervivencia de la economía orgánica hasta la década de los cincuenta del siglo XX, se planteó la posibilidad de investigar si los procedimientos de cultivo aplicados en la fase orgá- nica podían ser válidos para la gestión del olivar de montaña adaptada al sistema de condicionalidad. Para ello se planificó una entrevista estructurada y estratificada entre campesinos de más de 75 años del área de estudio y se procedió a la cartografía y cuantificación de la superficie de olivar a partir de la fotografía aérea de 1956. Las conclusiones obtenidas revelan la continuidad de las prácticas correspondientes a la economía orgánica hasta principios de los años sesenta, cuando se incorporan procedimientos propios de la economía industrial, y la baja adaptación de las mismas a las medidas de condicionalidad.
Palabras clave:Olivar de montaña mediaOlivar de montaña media, economía orgánica economía orgánica, conservación de suelos conservación de suelos, condicionalidad condicionalidad.
Abstract: Olive groves in Mediterranean, mid-altitude mountains are subject to controversy because of their troublesome adaptation to the conditionality criteria set by the Common Agricultural Policy. However, these groves have persisted for a long period of time in places like the foothills of Sierra de las Nieves (Málaga, Andalusia, Spain). Considering that an organic economy persisted until the 1950s, we investigate whether traditional, organic cultivation methods are well suited to managing mountain olive groves in ways that are compatible with eco-conditionality. We conducted structured, stratified interviews with farmers older than 75 in the study are. On the basis of a photograph taken from the sky in 1956, we also produced a cartography and a quantification of olive areas. The conclusions reveal the persistence of organic methods up to the early 1960s, when industrial methods are incorporated, and argue that such organic methods would be poorly suited to conditionality criteria.
Keywords: Mountain olive groves, organic economy, soil preservation, conditionality.
Artículos
El olivar de montaña y la conservación del suelo en la transición de la economía orgánica a la industrial: el caso de Sierra de las Nieves (Málaga), 1940-1975
Mountain olive groves and soil preservation in the transition from an organicto an industrial economy: the case of Sierra de las Nieves (Málaga, Spain), 1940-1975

Recepción: 02 Septiembre 2016
Aprobación: 16 Marzo 2017
Centrando su aplicación en el olivar de montaña mediterráneo, la erosión hídrica es uno de los principales problemas ambientales por el carácter torrencial de las precipitaciones y la elevada pendiente de las zonas cultivadas, que unidas a una gestión inadecuada de las explotaciones, ocasiona la pérdida de estabilidad del agro- ecosistema. Los trabajos previos realizados en el área de estudio por Lima, Blanco y Gómez (2014; 2016), han diagnosticado el estado erosivo del suelo y los factores que influyen en el mismo, atendiendo a los diferentes sistemas de gestión actuales (con- vencional, ecológico con laboreo superficial y ecológico sin labor). Tras aplicar la metodología de análisis erosivo de Blanco y Aguilar (2015), los resultados mostraron como el sistema ecológico sin labor era el que presentaba menos superficie afectada por erosión (59 por ciento menos que en el resto de sistemas), consolidándose como el sistema más efectivo para controlar la erosión. Este control radicaba en el efecto combinado de la estructura del suelo y la cubierta vegetal superficial.
Interesa destacar, para los objetivos de este trabajo, la evolución que ha seguido la PAC a la hora de contemplar la cuestión ambiental. La PAC aplicada entre 1986 y 2005 (antes de la reforma de Fischler) contribuyó a la intensificación de la erosión hídrica (De Graaf y Eppink, 1999); mientras que, la reorientación hacia la condiciona- lidad ya indicada, tiene normas específicas respecto a este problema: la BCAM 4 (Cobertura mínima del suelo), la BCAM 5 (Gestión mínima de las tierras que refleje las condiciones específicas locales para limitar la erosión) y la BCAM 6 (Mantenimiento del nivel de materia orgánica en el suelo mediante prácticas adecuadas, incluida la prohibición de quemar los rastrojos, excepto por razones fitosanitarias).
La Estrategia Europea 2020 (European Comission, 2012) recoge entre sus pos- tulados “promover la innovación y la transferencia de conocimientos en toda la Unión, explotar al máximo las Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TIC)” (p.12) , “promover el reconocimiento del aprendizaje no formal e informal” (p. 14) y “el aprovechamiento de las contribuciones de las políticas de cohesión, agrícola, de des- arrollo rural y marítima para hacer frente al cambio climático, en particular a través de medidas de adaptación basadas en un uso más eficaz de los recursos” (p. 17). Con esta referencia, este estudio parte de la consideración del valor de la transferencia entre conocimiento formal e informal como parte de una investigación centrada en la aplicación de las TIC correspondientes a los Sistemas de Información Geográfica (SIG) al diseño de una herramienta de control y seguimiento que permitiera a los estados miembros establecer y adaptar, a escala de parcela, las normas de condicionalidad impuesta por la Política Agraria Comunitaria relacionadas con la protección del suelo y reserva de carbono.
En este contexto, partiendo de la pervivencia de las prácticas orgánicas en la montaña mediterránea española hasta los años cincuenta del siglo XX (Gómez, 2009) se planteó como hipótesis si la gestión agraria de la fase orgánica podría ser un ins- trumento apropiado para la aplicación de estas medidas en la gestión de la explota- ción olivarera partiendo de la posibilidad de acceder a su conocimiento mediante la información oral proporcionada por los agricultores que la practicaron. Por tanto, losobjetivos de esta investigación son: (1) determinar el proceso de cambio experimen- tado por el cultivo del olivar entre 1940 y 1972 en el ámbito espacial de la montaña mediterránea andaluza, bajo la hipótesis de que se trata de una evolución desde un contexto socioeconómico correspondiente a la economía orgánica (Wrigley, 1988) a uno vinculado a la economía industrial; y (2) considerar si los procedimientos de cul- tivo aplicados en la fase orgánica pueden ser de utilidad para la propuesta de formas de gestión del olivar de montaña adaptadas al sistema de condicionalidad.
El análisis geográfico del área de estudio antecede a la revisión bibliográfica correspondiente al proceso de cambio del manejo del olivar, ya que medio físico (mon- taña) y estructura socioeconómica (minifundismo) son factores explicativos de la variación espacial de los cambios agrarios en Andalucía en el período considerado (Ocaña, 1978; Parejo, 2009). El área de estudio se extiende por los municipios de Álora, Alozaina, Casarabonela, Monda, Guaro, Tolox y Yunquera. Todos ellos se incluyen en la comarca del Ministerio de Agricultura Valle del Guadalhorce (provincia de Málaga) y están emplazados en el piedemonte que conecta la Sierra de las Nieves con dicho valle. Estos coincidían con la comarca Leader Sierra de las Nieves (Grupo de Desarrollo Rural Sierra de las Nieves,2016), exceptuando sus extremos norte (El Burgo) y sur (Istán y Ojén), el primero por sus características térmicas (inviernos más fríos) y los segundos por el débil peso que la agricultura tiene actualmente en sus términos, con- tiguos a la Costa del Sol. Se descartó Yunquera por el débil significado del olivar en sus actividades agrarias. A la inversa, la existencia de la denominación de origen “Aloreña” para aceituna de verdeo, extendida en estos municipios, llevó a la inclusión de este otro término contiguo pero no enclavado en dicho piedemonte. El resultado de este proceso de delimitación figura en el mapa 1.

El olivar de montaña y la conservación del suelo en la transición de la economía orgánica a la industrial: el caso de Sierra de las Nieves (Málaga), 1940-1975
elaboración propia a partir de Servicio Integrado de Información del Agua (SIA). Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. Gobierno de España. Consultado en: http://servicios2.marm.es/sia/visuali- zacion/descargas/mapas.jspPese a su reducida extensión (49.300 hectáreas según el Instituto de Cartografía de Andalucía, 2003) se caracteriza por la diversidad litológica derivada de la yuxtapo- sición de diversas unidades, que pasamos a enunciar de norte a sur y de oeste a este son1. La Sierra de las Nieves, de litología caliza, con las mayores alturas del área de estudio (entre 1.200 y 2000 m) conforma su límite occidental. Entre sus abruptas lade- ras y su piedemonte esquistoso, se han desarrollado plataformas de travertinos, base de regadíos de origen andalusí y de localización del poblamiento concentrado. La ver- tiente norte de las sierras Blanca (marmórea) y Alpujata (peridotítica) se disponen en el suroeste y sur. Con cimas entre los 1.200 y 1.500 m comparten con la Sª de las Nieves un piedemonte esquistoso en el que se encajan los cursos que nacen en ellas y que desembocan en el río Guadalhorce, ya fuera del área de estudio. Este piedemonte enlaza con las colinas arcillosas del Flysch de Teba, bajo Guadalhorce y Colmenar que constituyen la mitad oriental y nordoriental de esta.
Estas tierras y sus núcleos de población se encuadraron tras la conquista cris- tiana (1487) en el concejo de Málaga. Los estudios de López de Coca (1977) como pos- teriormente el de Ruiz (1984) recogen la existencia de olivar disperso especialmente en la unidad del flysch en el contexto de la transición de la cultura nazarita a la cris- tiana entre los siglos XV y XVII, en consonancia con los resultados del seguimiento de larga escala temporal de Infante (2012).
Para mediados del siglo XVIII el Catastro de Ensenada revela que la mayor pro- porción de superficie cultivada con olivar en la provincia de Málaga se concentra en el área de estudio, prolongada en la unidad de piedemonte hacia otros municipios2. Estas proporciones oscilan entre el 25 por cien de Guaro y el 0,4 por cien de Monda, pasando por el 16,1 por cien de Alozaina, el 13,1 por cien de Álora y, con proporción más baja (3,9 por cien) Casarabonela. Esta fuente informa de la continuidad de su carácter disperso y complementario al cereal, con calidad baja del producto achacado al injerto reciente de acebuches (Gómez, 1989: 302). La evolución del olivar entre esta fecha y 1881 supone la continuidad de los mismos con la excepción de Guaro, que lo sustituye por la vid.
En cuanto a la pauta de localización del cultivo, la organización del terrazgo responde a la relación entre ubicación del núcleo de población principal (en este caso las cabeceras municipales) y posibilidades agronómicas del mismo (patrón litología- morfología-orientación umbría/solana-accesibilidad al regadío según Mignon, 1978, y Gómez, 1989, 2009).
La carencia de fuentes estadísticas agrarias a escala municipal en los primeros decenios del siglo XX impide un seguimiento de este orden hasta 1957 cuando la fotografía aérea pasa a proporcionar información alternativa (ver epígrafe metodología) y 1962 cuando se realiza el primer censo agrario por el Instituto Nacional de Estadística. Los estudios de Carvajal (1981) a partir de las fuentes estadísticas demo- gráficas y del Atlas etnográfico de la Sª de las Nieves (CEDER, 2005) permiten com- probar que el contexto socioeconómico del área de estudio entre 1940 y los primeros años de la década de los sesenta del pasado siglo se correspondía con el de la transición de la economía orgánica a la economía industrial. La Autarquía supuso la prolongación, forzada por la carencia tanto de alternativas económicas como de inputs tecnológicos, de formas de vida campesinas basadas en la abundan- cia de mano de obra familiar y en la minimización de los intercambios monetarios, con una baja capacidad de consumo fuera de la explotación. La combinación de los datos aportados por el Censo Agrario de 1962 con los estudios de Carvajal avala esta afirmación. Así, los datos sobre estructura de la explotación aportados por el Censo Agrario de 1962 (INE 1962) revelan el predominio de la pequeña explotación siendo el 85 por cien de las mismas inferiores a 10 ha reteniendo únicamente el 22 por cien de la superficie. Las mayores explotaciones (51 por cien de la superficie) correspon- den en su mayor parte a latifundios públicos de montaña (Gómez, 1987). La mediana explotación (entre 10 y 50 hectáreas) es el grupo más equilibrado, con el 21 por cien de la superficie y el 13 por cien de las explotaciones. Dado que el 93 por cien de la superficie total es llevada en régimen de propiedad según el Censo Agrario de 1972, podemos suponer que explotación y propiedad coincidían también diez años antes ya que los arrendamientos no eran frecuentes como práctica histórica. La abundancia de mano de obra ligada a esta explotación familiar se deduce de los resultados aportados por Carvajal que ponen de manifiesto la existencia de dinámi- cas demográficas de “reserva” y “abandono”, esto es, un crecimiento vegetativo laminado por la emigración, desde el segundo quinquenio de los cincuenta, por lo que, hasta ese momento, el fuerte crecimiento demográfico era retenido in situ. Esta dinámica se da sobre una estructura de poblamiento que, en 1950, se caracterizaba por su uniformidad, ya que el 56 por cien de los habitantes vivía en núcleos que tenían entre 3.000 y 6.000 habitantes, rompiendo Álora esta tónica con 15.000 en consonancia con su localización en la Hoya.
La revisión bibliográfica se ha orientado hacia la búsqueda de estudios que ayuda- ran a precisar los ítems de la entrevista, así como a la contextualización de sus resultados. Se han consultado, tanto textos dedicados a la evolución del sistema productivo olivar- aceite en el territorio andaluz, como otros centrados en la evolución de espacios de escala comarcal3. Ambos enfoques se complementan y además estos últimos permiten el segui- miento, a escalas reducidas y en casos concretos, del alcance del olivar, como elemento del terrazgo, y de su relación con la orientación de la explotación agraria en un lapso de tiempo que va desde los Repartimientos y Apeos hasta los años setenta. En el cuadro 1 se sintetizan parte de los resultados de esta revisión mediante una matriz espacio temporal que diferencia los distintos ámbitos geográficos de producción oleícola de Andalucía, rela- cionando las condiciones agronómicas con el tamaño de la propiedad.

Teniendo en cuenta la localización y características sociales del área de estudio, la hipótesis que se plantea es que el cultivo del olivar y la producción de aceite en la misma no habrían conocido las innovaciones de la fase 1900-1939, permaneciendo bajo prácticas propias de la economía orgánica hasta 1958. Por tanto, de las tres fases recogidas en el cuadro 1, este análisis se va a centrar en la segunda y en la tercera.
Así, en la fase 1939-1958 el contexto generado por la autarquía repercutió en diferentes dimensiones que convergieron en este reforzamiento de la estructura cam- pesina tradicional en general y en un bloqueo de la evolución del olivar y de la pro- ducción de aceite hacia la tecnificación iniciada en los primeros decenios del siglo XX. En lo que respecta a la sociedad campesina, se considera que la aplicación del enun- ciado de Wrigley amplía a otros factores los que explican los términos en que se pro- duce esta larga transición entre la economía orgánica y la industrial. Se trata de la inexistencia de focos urbanos de atracción de inmigración laboral lo que, unido al reforzamiento del sistema de valores del catolicismo, que se tradujo en una larga duración de la primera fase de transición demográfica (Carvajal, 1981), implicó un incremento de la mano de obra disponible, imposibilitada de emprender el éxodo rural, facilitando el recurso a la mano de obra no retribuida en el funcionamiento de la explotación familiar (Parejo, 2009) o a la retribuida en las grandes explotaciones por el descenso de los salarios (Garrido, 2004).
En lo que se refiere a la evolución de la función del olivar y de la producción de aceite, las distintas dimensiones de las políticas de la autarquía se saldaron en un complejo de factores favorables y desfavorables. Entre los desfavorables, Garrido (2004) y Zambrana (2006) coinciden en identificar el cierre de los intercambios exte- riores con los factores técnicos que causan este bloqueo, como la dificultad de difu- sión de los combustibles fósiles y de los abonos y fitosanitarios químicos y el retorno a procedimientos de molturación tradicionales previos a los introducidos a principios de siglo. Todo ello abocó a un descenso de la calidad del producto final (Garrido, 2004; Parejo, 2009). Entre los favorables, la regulación del mercado. La imposibilidad de importar convierte al sector oleícola en el principal oferente de aceites vegetales tanto para uso alimentario como industrial, entendiéndose así la protección directa al cul- tivo del olivo que supone el decreto de 1946 que prohibía el arranque de olivos con penalizaciones severas a los que lo incumplieran (Naredo, 1983). A ello hay que unir el mercado negro generado como alternativa al racionamiento y la imposición de pre- cios oficiales. Las consecuencias de estos factores fueron contradictorias ya que el incremento de la rentabilidad del cultivo (Garrido, 2004) con la consiguiente acumu- lación de capital proporcional al tamaño de la explotación o al volumen comerciali- zado, fue compatible con la caída de los rendimientos (Parejo, 2009) debido tanto a laEl olivar de montaña y la conservación del suelo en la transición de la economía orgánica a la industrial: el caso de Sierra de las Nieves (Málaga), 1940-1975ubicación de la expansión del olivar en tierras con débil valor agronómico como al alu- dido retroceso de los procedimientos de cultivo y molturación (Garrido, 2004). Sin embargo, para Naredo (1983: 191), “la expansión de este cultivo se ve propiciada por- que se ajusta cómodamente a las disponibilidades y los ritmos propios de la agricul- tura tradicional”.
Frente a esta lenta agonía de la economía orgánica, su abandono se caracteriza por la rapidez del proceso. Apenas diez años, entre 1958 y 1968, bastaron para barrer los factores enunciados, sustituidos por otros que convergen en la implantación de procedimientos tecnológicos. Barciela (1977), Naredo (1983), Clar (2008) e Infante (2012; 2013), entre otros, han abordado desde distintas perspectivas este cambio.
Así, se recuperaron o introdujeron componentes tecnológicos por lo que el abastecimiento de combustibles fósiles e inputs técnicos (abonos, fitosanitarios y mecanización) permitió la intensificación de la producción, la mecanización del labo- reo y la renovación de los sistemas de molturación, a veces ligados a estructuras coo- perativas (Parejo, 2009). Por su parte, la configuración o reforzamiento de cuencas de empleo urbanas nacionales lejanas (Barcelona, Valencia, Madrid) o próximas al área de estudio (Málaga-Costa del Sol) y el cambio en la política de emigración exterior, abrieron la posibilidad del éxodo rural (Parejo, 2009; Carvajal, 1981) en una dinámica demográfica que mantenía un fuerte crecimiento vegetativo. Ello supuso, pese a la continuidad del control sindical, un alza de los salarios (Garrido, 2004) y la pérdida de mano de obra no retribuida en la explotación familiar. Finalmente, la difusión de nue- vas pautas de consumo unidas a la sustitución de la población agraria por la urbana, repercutieron en la desaparición de la función de autoconsumo de la explotación familiar de pequeñas dimensiones.
En lo que respecta a las políticas agrarias con incidencia en el olivar fueron radicalmente opuestas a las anteriores. En la década de los Sesenta, la apertura exte- rior, aunque limitada, supuso una reducción del mercado interior del aceite de oliva derivada de la autorización de las importaciones de aceite de soja estadounidense (Garrido, 2004). También, en coherencia con esta medida, la orden ministerial de 1963 deroga el enunciado decreto de 1946, permitiendo el arranque de olivos. Sin embargo, en este decenio las innovaciones técnicas aludidas no solventaron la mala calidad del producto final, impidiendo la recuperación de las exportaciones. La consecuencia de ello fue que la década de los sesenta fue negativa para los olivicultores, perdiendo la rentabilidad de la etapa anterior. En este sentido, y como se indicaba, el Plan de Reconversión y Reestructuración del olivar de 1972 supone la opción por un modelo de cultivo del olivar y de su transformación opuesto al favorecido por la política autárquica: intensificación, disminución de gastos (mecanización) y relocalización ydensificación en las zonas que permitían la aplicación de estos principios son las prin- cipales consecuencias de su aplicación, emprendida por los jefes de explotación. Sus efectos quedan fuera de este estudio.
La metodología aplicada ha sido diseñada combinando la información oral con la cartográfica correspondiente a 1956, considerando que estas fuentes se comple- mentan para satisfacer el cumplimiento de los objetivos enunciados. Así, si la segunda permite cuantificar el alcance de la superficie de olivar así como conocer sus pautas de localización en relación con las características agronómicas del conjunto del terrazgo, la primera facilita el conocimiento tanto de las prácticas de laboreo aplica- das al olivar como del patrón de consumo y comercialización de sus esquilmos, pudiendo precisar la función del olivo en las economías familiares y locales. Finalmente, las estadísticas sobre estructura de la explotación de los censos agrarios de 1962 y 1972 permiten contrastar y complementar la aportada a este respecto por los informantes.
A partir de la revisión bibliográfica y del análisis del área de estudio se planificó la realización de entrevistas. Naredo (1983) ya había recurrido a este procedimiento. Para ello se consideró que los informantes más adecuados eran personas que hubieran sido agricultores en la postguerra ya que los activos en este sector en los decenios pre- vios a la misma rozarían el centenar de años y su número sería muy reducido. Este hecho establece el primer límite de los resultados en la etapa de la Autarquía, 1940, cifrando en 75 años la edad mínima como criterio de selección de los informantes. A continuación se optó por la entrevista “semi-estructurada” (Aguirre, 1995), en la que el investigador utiliza preguntas abiertas, dando oportunidad a recibir más matices en la respuesta, y permitiendo entrelazar los diferentes temas de interés. Esta opción tiene la ventaja de que facilita el conocimiento en profundidad de aspectos cualitati- vos (vivencias, opiniones, mentalidades) y el inconveniente de que no permite su tra- tamiento estadístico dificultando la extrapolación de su significado. Dado que elEl olivar de montaña y la conservación del suelo en la transición de la economía orgánica a la industrial: el caso de Sierra de las Nieves (Málaga), 1940-1975objetivo de este trabajo era conocer qué prácticas se llevaban a cabo y cuándo y por qué se modificaron, se estimó que era la opción más adecuada. Otro criterio de selec- ción de los informantes fue utilizar la categoría “jefes de explotación de más de 65 años” del Censo Agrario (Instituto Nacional de Estadística, 2009) para estratificar las entrevistas en función de la distribución de estos en el área de estudio. El cuadro 2 recoge el resultado de la aplicación de un muestreo estratificado según los siguientes criterios: (1) fijar en el 10 por cien del conjunto de dichos jefes de explotación (esto es, 60) el número total de entrevistas; y (2) distribuir este número según la aportación de cada municipio al conjunto de dichos jefes de explotación.

El diseño del cuestionario (reproducido en el cuadro 3) comienza con la infor- mación básica de clasificación relativa al municipio al que pertenece el entrevistado, su nombre, edad y oficio. Las restantes preguntas se redactaron teniendo en cuenta los resultados de la revisión bibliográfica aplicados a los objetivos del estudio.

Las preguntas 1 a 4 tienen una doble finalidad. Una es introducir al entrevis- tado en la temática que se va a tratar. Otra, proporcionar al entrevistador información sobre los cultivos existentes en el área de estudio después de la Guerra Civil, de cara a identificar los cultivos más eficaces, entendiendo por estos los más adaptados a las condiciones generales de la sociedad campesina de la autarquía. Se trata de conocer cuáles eran los cultivos más valorados o convenientes para el agricultor bien por dis- poner de mayor productividad o salida comercial (trueque). Por ello, la cuestión 3 informa sobre la eficacia monetaria, comercial o de autoabastecimiento de las explo- taciones.
Las preguntas 5 a 21 abordan los elementos referidos tanto al cultivo del olivar como a su transformación y comercialización.
La pregunta 5 es complementaria de la 2 y de la 15. En caso de que el entrevis- tado no citara al olivar en la pregunta 2, con esta (5) se le invitaba a que expusiera la importancia que para él tenía el olivar en aquella época. Más adelante con la 15 se pretende conocer si hubo expansión del olivo y bajo qué condicionantes.
Las cuestiones siguientes (6, 7 y 8) aluden a las características de las explota- ciones correspondientes a la extensión y régimen de tenencia (aparcería, arrenda- miento, peonadas, tornapeón); las variedades de olivar existentes (Manzanilla Aloreña, Hojiblanca, Arbequina, Picual) y su destino, y, finalmente, a la capacidad productiva de sus olivares.
Las número 9 y 10 informan sobre la fase de transformación (procedimientos técnicos) y comercialización de la aceituna y su evolución. De forma complementaria, la 11 versa sobre las aplicaciones del aceite, buscando precisar el cambio de la función de autoabastecimiento a la función de comercialización.
La pregunta 12 trata sobre los salarios remunerados por los distintos tipos de tareas aplicadas al olivar.
Las comprendidas entre la 13 y la 20 son fundamentales para el objetivo de este estudio, ya que permiten conocer las prácticas orgánicas y el momento y forma de su cambio hacia prácticas técnicas. En este sentido, se dio prioridad al conocimiento de los procedimientos de abonado, desherbado y labranza y mecanización. También tra- tan de precisar los agentes de cambio en dichos procedimientos. Se ha introducido una específica sobre la percepción de la erosión y los manejos destinados a evitarla dada la finalidad de la investigación en la que se inserta este estudio.
La pregunta 21 es de carácter socioeconómico general, buscando precisar la influencia que ejerció el éxodo rural en las prácticas agrarias.
Dado el carácter cualitativo indicado, los resultados se presentan estructurados en torno a los objetivos planteados, sintetizados y reproduciendo las frases más signi- ficativas. La sistematización de las respuestas está disponible para su consulta.
Ambos resultados se han obtenido a partir del “Mapa de usos y coberturas vegetales del suelo de Andalucía a escala 1:25.000 del año 1956. Nivel detalle (REDIAM)”. La amplia tipología de usos ofrecida para el área de estudio fue exportada a Microsoft Excel 2010, donde se procedió a su agrupación en 10 categorías. El resul- tado de esta agrupación se recogió tanto de forma cuantitativa (cuadro de distribu- ción de los usos del suelo por municipios) como cartográfica, volcando el archivo Excel a Sistemas de Información Cartográfica (SIG) (mapa de usos del suelo en 1957). Para el análisis de este último se han utilizado también los mapas geológicos y topográficos E. 1: 50.000 n.º 1037, 1038, 1051, 1052, 1065 y 1066 para precisar la relación entre usos y condiciones agronómicas.
Los resultados permiten matizar la fase correspondiente a la autarquía (1939- 1958) y comprobar la cronología de la tercera.
Respecto al período 1939-1958, la información obtenida constata la continui- dad hasta principios de los años cincuenta de tres elementos. Uno, el reconocimiento del arado de palo como casi único apero de labranza. El segundo, la función del olivo en el sistema de cultivo, ya que en estos años más duros de la postguerra la interven- ción del mercado tiene dos consecuencias fundamentales para el olivar: su papel com- plementario en un conjunto de cultivos destinados a satisfacer las necesidades alimenticias básicas de hombres y tracción animal (cereales y leguminosas) (cuadros 3 y 4) y la posibilidad de incrementar las ganancias obtenidas del mismo gracias a laEl olivar de montaña y la conservación del suelo en la transición de la economía orgánica a la industrial: el caso de Sierra de las Nieves (Málaga), 1940-1975ocultación a dicha intervención o estraperlo del aceite. El tercero la diversificación de los esquilmos del olivo son diversos ya que al aceite para alimentación humana se unen los subproductos derivados de la molturación. Este hecho se deriva de las defi- ciencias de estas que, unidas a la nula selección de la calidad de la materia prima (los entrevistados coinciden en destacar que se molturaban aceitunas en el borde de la putrefacción) causaba la baja calidad del aceite, que los informadores reconocen como muy ácido. En este sentido, la molturación se realizaba tanto en almazaras controladas por los mayores propietarios como en molinos, fijándose en ambos casos el pago en especie en coherencia con el contexto de autoabastecimiento campesino. Su producto se encuadraba en dos grandes líneas. Una es la comercialización, muy rentable favo- recida por el estraperlo y reservada solo a los mayores productores o a los años de mayores cosechas (Coín y La Línea son los centros de concentración del producto para su comercialización aún transportados en corambres por acémilas). Otra corresponde a los usos complementarios del aceite que permitían el aprovechamiento de los de peor calidad: jabón (“turbios” y “borras”), alumbrado (cuando los candiles aún son el único sistema de iluminación doméstica), combustible doméstico (“pastas”) y comple- mento del ganado (orujo mezclado con afrecho) completaban el ciclo productivo que cumple todas las características de la economía orgánica en que aún está inmersa la sociedad que lo produce.
Como indicábamos, las entrevistas permiten detectar un cambio a principios de los cincuenta, cuando los mayores propietarios introducen los primeros abonos quí- micos y aperos más complejos (gangas) junto con alguno de tracción mecánica (trac- tores), es también ahora cuando la aceituna de verdeo comercializada por “Los sevillanos” se incorpora a las salidas comerciales.
La información facilitada por los entrevistados no permite, sin embargo, cono- cer si hubo variaciones en los jornales (cuadro 4) antes de 1960.
En este caso, la aplicación del enunciado de Wrigley correspondiente a relación entre población y recursos tiene sentido extrapolando en términos salariales el supe- rávit de mano de obra derivado de la primera fase de la Transición demográfica y de la ausencia de emigración.
La comprobación de la cronología de la fase 1958-1975 es aportada también por diferentes elementos. Uno, que es en los años sesenta cuando las cooperativas de molturación actúan como difusoras de abonado químico y mecanización de las labo- res. Otro, que en estos años, el éxodo rural (de características muy dispares en cuanto a distancia de los destinos y duración del mismo) permite una modificación funda- mental: la redistribución de la propiedad de la tierra ya que el ahorro que proporciona es aplicado a la compra de unas tierras que los grandes propietarios no son capaces de mantener en toda su extensión ante la subida de los salarios. Los datos del Censo Agrario de 1972 (Instituto Nacional de Estadística, 1972) corroboran esta evolución al reflejar el incremento de las explotaciones más reducidas tanto en términos absolutos (pasan de 3.150 a 4.154) como relativos (llegan al 86 por cien del total en 1972). De esta forma, la emigración no redunda en una ampliación de la superficie por explota- ción sino en la difusión del acceso a la tierra. En este sentido, el olivar es la opción de cultivo que aplican a las nuevas propiedades, con la excepción de los agricultores del municipio de Álora, inmersos en el plan de regadíos del Guadalhorce del Instituto Nacional de Colonización. Se entiende esta opción en el contexto de descenso drásticode los precios del trigo, de sustitución de la tracción animal por la mecanización y de cambio de la dieta y disminución de la mano de obra familiar disponible respecto a la función de las leguminosas.
La participación del ganado en el estercolado y deshierbe reflejada por las res- puestas es compleja. Si bien todos reconocen el recurso al estiércol del ganado estante (transporte y aportación del estiércol procedente de la limpieza de los establos “saca de cuadras” correspondiente a gallina, cerdo, mula y vaca), la información sobre la vin- culación entre semoviente y olivar es contradictoria. Las respuestas dan cuenta de una compatibilidad entre ganado menor (cabras, ovejas y cerdos) y olivar basada en la prioridad al ciclo productivo del olivo, de forma que el estercolado era simultáneo al pastoreo para el deshierbe, así como el aprovechamiento del ramoneo posterior a la poda, pero en los duros veranos sin pasto era cuándo el ganado no podía entrar en el olivar. Así, en Álora reconocen que los injertos se hacían altos para que las cabras no llegaran a las bajeras y en Tolox que sus falderas estaban remangadas para que el ganado no le hiciera daño. Pero las respuestas también contienen numerosas alusio- nes a una incompatibilidad, casi hostilidad, entre olivar y ganadería4: “existían agricul- tores que no permitían la entrada de animales a sus olivares, prohibición que unos ganaderos respetaban y otros incumplían”; “el ganadero y el agricultor han mantenido una guerra constante, hasta el punto que los ganaderos estaban perseguidos por la Guardia Civil”; “el ganado aunque muy perseguido y castigado se introducía en el oli- var” pero “otros ganaderos, los que más cantidades de estiércol generaban, lo vendían”. Solo en Tolox sí reconocen los entrevistados la compatibilidad entre olivar y ganado, pero con una trashumancia diferenciada para ovejeros y cabreros que alejaba el ganado en verano a unas decenas de kilómetros de las tierras de cultivo.
Sin embargo, las respuestas sobre el deshierbe son contundentes. Hay coinci- dencia en la valoración muy negativa que los agricultores tienen de la relación entre vegetación herbácea espontánea y olivar por la competencia por los recursos (nutrien-4• Se ha recurrido al uso simultáneo de cursiva y comillas para diferenciar unas opiniones de otras.tes y agua) del suelo. Esta gestión es la respuesta del modelo orgánico a los bajos/nulos inputs de fertilización y a la optimización de los escasos recursos hídricos del clima mediterráneo. “La hierba se labraba porque para nosotros era mala para oli- var, es lo que teníamos metío en la cabeza”; “la hierba se comía la sustancia de la tie- rra; (Alozaina) “la hierba se comía el jugo de la tierra, es mala, arde cuando está seca… ” (Álora); “se labraba para que produjera más”; “la hierba se come la comida del árbol, se arranca y se deja que se seque en el suelo”; “porque quitando la hierba producía más”; “sino no echaba aceitunas”; “la hierba se comía el poquillo abono que se le echaba”; “era la mentalidad de la época” (Casarabonela); “los cuchillos5 eran labrados a mano (Guaro). Se labraba más que ahora y más profundo, porque la hierba se comía la sustancia de la tierra, era mala para el olivar”; “la hierba se comía la calor del árbol y se quedaba sin comida”; “las tierras estaban mejor asistidas, se labraba para que la hierba no se comiera el jugo de la tierra, y el suelo conservara el mayor tiempo posible su humedad a disposición del olivo” (Monda); “había gente que labraba tarde, y de abril ‘palante’ no se debe tocar la barbilla (raíces más finas muy superficiales que tiene el olivo) al olivar”. A estas razones basadas en la incidencia de la hierba en la cantidad y calidad de aceituna hay que unir las relacionadas con la dificultad que suponía para la recogida.
En este sentido, y finalizando este subepígrafe, las respuestas correspondientes a la relación entre prácticas agrarias y erosión, son muy indicativas de ese difícil equi- librio entre población y recursos que enuncia Wrigley. Solo en el contexto de una abundante mano de obra mal retribuida en jornales y/o ligada a la explotación familiar de subsistencia pueden entenderse las medidas que aplicaban: enterramiento del “regajo” (cárcava) con piedras que luego se tapaban con tierra, lo mismo con taramas y piedras; mantenimiento de los cauces limpios; construcción de diques y albarradas perpendiculares a los regajos; realización de “calzadillas” a los olivos que se quedaban colgados (Álora); realización de “camellones” (entre surcos y surco, se dejaba terreno sin romper con la función de contener la tierra suelta que salía del surco inmediata- mente superior) y sobre todo uso del arado para: trazar surcos que guiaran el drenaje de la finca a la cañada; en el caso de Tolox cada finca tenía su “sangradera” a las que se les hacían “atajadizos” para dispersar el agua y repartirla por la finca; labrar llane- ando a contra de las corrientes de agua “para sujetar la tierra y que beba más”. A este respecto se observa la discrepancia entre los que opinan que las labores profundas facilitaban la infiltración del agua “toda el agua que caía se la tragaba la tierra. La tierra bien labraba bebía más y no hacía regajos” (Casarabonela) y por tanto la pérdida de competencia de esta en el flujo superficial y los que manifiestan que “antes se for- maban más regajos que ahora” (Casarabonela) o que “donde más labraban más surcos se formaban” (Guaro).
En el cuadro 5 y en el mapa 2 se exponen los resultados de la fuente cartográfica, según términos municipales. Estos ponen de manifiesto una pauta de ubicación del oli- var caracterizada por la fragmentación, por la asociación a cultivos herbáceos y por la localización ajustadas a las condiciones agronómicas microtopográficas. Así, en los flysches de Colmenar (en el tercio norte del municipio de Álora) y Bajo Guadalhorce (en la franja oriental de los municipios de Álora, Casarabonela y Alozaina), la discontinuidad litológica en distancias muy cortas encuentra en la yuxtaposición de olivos, tierras de labor y herrizas una solución perfectamente adecuada a la distinta profundidad de los suelos especialmente en un contexto de nula mecanización. Las cifras correspondien- tes asignan a la “Asociación y mosaico de cultivos herbáceos y leñosos en secano y regadío” la primera categoría por porcentaje de tierra cultivada (29 por cien) seguida por los cultivos herbáceos (28 por cien) y por el olivar (25 por cien). En el caso de los materiales esquistosos la presencia del olivar en los mosaicos y asociaciones de culti- vos responde, para esta fecha, a la sustitución de la vid tras la crisis filoxérica, aunque antes de esta ya formaba parte, en menor medida, de la arboricultura de vertiente. Como factor común a flysches y colinas esquistosas, la dispersión de las parcelas entre distintos segmentos del terrazgo, herencia de la fórmula aplicada en los Repartimientos, acentúa esta dispersión del olivar ligada a su función de subsistencia, y no solo para necesidades alimentarias, corroborada por los resultados de las entre- vistas ya expuestos.
Por otra parte, una prueba de la idoneidad de la localización del olivar en los flysches es el testimonio de un entrevistado que comentaba la existencia de algunos acebuches centenarios por las hazas de labor, recogiendo así el hecho de que el ace- buche forma parte de la vegetación clímax del flysch en los pisos termomediterráneo y mesomediterráneo. A partir de este patrón se entiende que los municipios que cuen- tan con menor superficie de flysches en términos absolutos (Tolox, Guaro) sean lo que dediquen menor proporción de la superficie cultivada a la masa pura de olivar (11 por cien y 6 por cien respectivamente). A la inversa, la mayor proporción de esta en tér-minos relativos se da en los municipios con mayor extensión de flysch: Alozaina (56 por cien) y Monda (56,8 por cien) (gráfico 1).




En lo que respecta a la cronología del cambio, los resultados de las entrevistas corroboran la prolongada y discontinua transición entre la economía industrial y la economía orgánica en las áreas de montaña españolas (Gómez, 2009). Las prácticas de la economía orgánica que recogen estos resultados se sitúan al final de un largo proceso, en torno a 200 años, entre la Ilustración y el Desarrollismo, en el que la insu- ficiente difusión de las prácticas tecnológicas en los sectores productivos coexistieron con otros procesos (transición demográfica, cambios del marco legal, sistema de valo- res) característicos de la revolución burguesa.
La pauta de localización del olivar en 1956 y el destino de los esquilmos valida la diferencia entre espacios campiñeses y espacios de montaña media planteadas por Ocaña (1978) y Parejo (2009), no constatándose la existencia de un período de expan- sión del olivar y de tecnificación de la obtención del aceite en la fase 1900-1939 reco- gidos por Zambrana (1987; 2006) en otras zonas andaluzas y españolas. Así mismo, se comprueba el reforzamiento de la economía orgánica entre 1940 y 1950 en la que el olivar tiene una función secundaria y marcada por la multifuncionalidad de sus apro- vechamientos (Infante, 2013) y la localización y extensión supeditadas a la primacía de los cultivos herbáceos como base de la alimentación humana y animal (tracción).
También se verifica el planteamiento de Naredo (1983) que destaca la adaptación de los marcos tradicionales de plantación a las condiciones edáficas y climáticas a micro- escala. En lo que respecta a la comercialización, afectaba a una reducida proporción de la producción, excepto en el caso de los mayores propietarios. Son precisamente las actividades de estos las que introducen el matiz en la definición de la cronología ya que las entrevistas revelan que ya entre 1950 y 1960 hubo una introducción de mejo- ras técnicas (maquinaria pero de tracción animal y abonos químicos) por los mayores propietarios, probablemente en relación con la acumulación de capital propiciada por el factor intervención-estraperlo en el funcionamiento del mercado interior y adelan- tándose al Desarrollismo.
Posteriormente a esta avanzadilla hacia la economía industrial se corrobora la cronología del Desarrollismo en todas sus manifestaciones y consiguiente abandono de las prácticas propias de la economía orgánica. Verificamos la importancia del factor relación población/recursos a partir de la constatación del éxodo rural como elemento que modifica en profundidad la función de subsistencia y que lleva aparejada la posi- bilidad de acceso a la tierra de los no propietarios o de incremento de la superficie a los minifundistas. De esta forma, la emigración no redunda en una ampliación de la superficie por explotación sino en la difusión del acceso a la tierra, una evolución común a otras áreas de la provincia de Málaga (Ocaña y Gómez, 2008).
El hecho de que estos cambios en la estructura de la explotación se realicen a partir de la fragmentación de las mayores explotaciones lo vinculamos a las condicio- nes agronómicas del área de estudio, ya que la imposibilidad, sobre todo con la maqui- naria de los años Sesenta de mayor envergadura y por ello menos adecuada a las características topográficas del área de estudio, de mecanizar las mayores propieda- des, unido a la drástica disminución de la mano de obra disponible a bajos costes (Parejo, 2009), permitió este proceso de reforzamiento del minifundismo siendo la adquisición de tierras de olivar es la opción preferida por los emigrantes. Estos, a tra- vés de las cooperativas, un nuevo actor de esta etapa, introducen rápidamente el abo- nado y los productos fitosanitarios químicos, coherente con una percepción del herbaje como nociva para la productividad del olivo y del ganado como un elemento incompatible con el olivar.
Esta percepción centra la discusión y reflexiones respecto a la validez de las prácticas de laboreo de la fase 1939-1958 para una gestión acorde con la condiciona- lidad de la PAC. Los procedimientos de cultivo aplicados en estos estertores de la fase orgánica difícilmente pueden ser de utilidad para la propuesta de formas de gestión del olivar de montaña adaptadas al sistema de condicionalidad, ya que la percepción del deshierbe mediante roturación como fundamental para la productividad conduceEl olivar de montaña y la conservación del suelo en la transición de la economía orgánica a la industrial: el caso de Sierra de las Nieves (Málaga), 1940-1975a un empobrecimiento del suelo porque favorece la mineralización de la materia orgá- nica y los procesos erosivos (Calatrava et al., 2007). Por lo tanto, ambos procedimien- tos son incompatibles con las BCAM del sistema de condicionalidad dirigidas a una gestión ambiental adecuada. De la misma manera, en el área de estudio no se valida el cultivo de leguminosas y forrajeras en el suelo del olivar como “abono sideral” que Naredo (1983: 195) había constatado en su área de estudio de distintos puntos de la campiña del Guadalquivir, de forma que la erosión era un problema que solo se inten- taba paliar mediante el sistema de arado y, a posteriori, mediante el enterramiento de las cárcavas con piedra. Los resultados que ligan el ganado al estercolado del olivar son contradictorios, radicando esta contradicción entre las afirmaciones verbales (incompatibilidad ganado-olivar) y las prácticas descritas (introducción temporal del ganado en olivar). En conjunto, estas constataciones cuestionan la estabilidad a largo plazo de las prácticas preindustriales (Naredo, 1983) y, por el contrario, ratifican los planteamientos de Remmers (1993) poniendo de manifiesto la dificultad de identificar criterios de sostenibilidad, no ya en las prácticas agrarias de los entrevistados sino sobre todo en su sistema de valores agronómicos.
Respecto al primer objetivo, la combinación de la información oral y la carto- gráfica y su cuantificación ha permitido matizar la cronología aportada por la revisión bibliográfica, validando la hipótesis de que se trata de una evolución desde un con- texto socioeconómico correspondiente a la economía orgánica (Wrigley, 1988) a uno vinculado a la economía industrial e introduciendo como aportación un breve período, primeros años de la década de los cincuenta, de introducción de maquinaria y abono químico por los mayores propietarios.
Respecto al segundo objetivo, los resultados de las entrevistas revelan tanto la dificultad de identificar con criterios de sostenibilidad su sistema de valores agronó- micos como la contradicción entre estos valores (identificados por sus valoraciones verbales) y las prácticas agrarias llevadas a cabo y que ellos mismos describen. Así, la contundencia de las respuestas sobre la práctica del deshierbe y la valoración por los propios entrevistados de atribuirla a la mentalidad de la época nos lleva a incluirla entre las relacionadas con la economía orgánica y a desligarla, por tanto, de la difu- sión de los herbicidas químicos que no vendrían sino a facilitar una tarea consideradapor las prácticas tradicionales como indispensable. En este sentido, la dimensión negativa aportada por la economía industrial sería la de la toxicidad aportada al suelo por los herbicidas químicos pero no incidiría en un incremento de la erosión por des- protección del suelo ya que las labores del olivo en primavera estaban destinadas al deshierbe, bien con arado, bien a mano. Por el contrario, las contradicciones implícitas en las valoraciones del recurso al ganado abren la posibilidad de recuperar la asocia- ción con el ganado menor para deshierbe y estercolado pero con pastoreo controlado para no dañar el olivar y con complemento de alimentación en verano para suplir la falta de pasto en verano.
En conjunto, consideramos que esta investigación cumple una doble transfe- rencia en el marco de las propuestas por la Estrategia Europea 2020, del conocimiento informal al formal y de las humanidades a las Tecnologías de las Información Geográfica.
A los agricultores del flysch del bajo Valle del Guadalhorce y Sierra de las Nieves, que han abierto las puertas de sus casas y explotaciones agrícolas, compar- tiendo con nosotros sus inquietudes y enseñándonos conocimientos que no vienen en los libros.

El olivar de montaña y la conservación del suelo en la transición de la economía orgánica a la industrial: el caso de Sierra de las Nieves (Málaga), 1940-1975
elaboración propia a partir de Servicio Integrado de Información del Agua (SIA). Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. Gobierno de España. Consultado en: http://servicios2.marm.es/sia/visuali- zacion/descargas/mapas.jsp





