Reseñas
Justicia Autónoma Zapatista Zona Selva Tzeltal
El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida socialpolítica y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia.
Carlos Marx
(Prólogo a la Contribución a la críticade la economía política)

¿Cómo se ha transformado la vida de las comunidades indígenas zapatistas a partir de su organización y alzamiento en armas el 1º de enero de 1994? ¿Cuáles son las implicaciones de esta transformación para la práctica y significado de la Justicia desde la autonomía? Para responder esta cuestiones, en este libro Paulina Fernández Christlieb articula testimonios, recoge las voces de bases de apoyo de las comunidades zapatistas para dar cuenta de episodios sobre la construcción de la autonomía. A partir del proceso de la Zona Selva Tzeltal muestra cómo se transformó la organización de las comunidades, cómo pasan de vivir prácticamente como peones acasillados –llamados “mozos” en las fincas de Chiapas–, a vivir en colectivo construyendo la autonomía. El cambio en las relaciones de producción hizo posible –y a la vez exigió su transformación–, la construcción de nuevas formas políticas y organizativas para el buen gobierno; construir pues la autonomía. Es decir, la recuperación de tierras abrió el camino y al mismo tiempo nuevos problemas para las comunidades rebeldes.
Soy biólogo, y es relativamente común en mi disciplina que cuando queremos estudiar un fenómeno comenzamos planteando un problema a una escala general ¿Cómo es el flujo de nutrientes dentro de las comunidades ecológicas? Y después de plantear esas grandes preguntas, en nuestros proyectos de investigación terminamos estudiando un caso particular de la misma, siguiendo el flujo de un mineral o tratando de cuantificar la acumulación de materia viva –biomasa– de un tipo particular de plantas en un pequeño manchón del bosque. El problema, casi siempre, es que en la vuelta de lo particular a lo general solemos ser muy reduccionistas y la pregunta o temas generales que se habían plateado al inicio de las investigaciones no vuelven a aparecer de manera coherente o bien se eleva a las unidades más pequeñas estudiadas a la condición de causas explicativas de todo.
Digo lo anterior solamente para señalar que no es el caso de este libro, el cual afortunadamente no es un libro académico, pero afortunadamente sí es un libro científico porque como tal nos permite asomarnos a una parte de la realidad.2 Este libro trata del proceso organizativo y de la construcción de otra forma de justicia en una zona específica, la Zona Selva Tzeltal, cuya Junta de Buen Gobierno trabaja en el Caracol de La Garrucha y dentro de la cual se recogen testimonios de autoridades de cuatro municipios autónomos, de alrededor de una docena de asambleas comunitarias de los pueblos y de reuniones con generales tanto con autoridades como los abuelitos de varios pueblos. En este libro encontramos tanto las particularidades, las prácticas y formas organizativas que son producto de condiciones y problemas locales con los grandes rasgos de la construcción zapatista de la rebeldía y la resistencia. Es decir, se transita de lo general a lo particular y de regreso con razonable éxito.
Aunque el título parezca ser muy específico y uno pueda imaginarse que hablará exclusivamente de lo que se llama “impartición de justicia”, la autora nos habla o más bien abre pauta para que los compañeros nos hablen del proceso organizativo del que forma parte, que hace posible y requiere, que plantea las condiciones de esa justicia autónoma. Es decir, Paulina logra abordar desde el caso de la Zona Selva Tzeltal un tema general y muy relevante: el de la magnitud y ámbitos de la transformación social llevada a cabo por los pueblos zapatistas. Logra, digamos leer lo que se proyecta en esta zona de la lucha zapatista en general, sin que ello impida percibir y hacer sentir las vivencias, problemas, pensamientos y emociones que transmiten las palabras de los compañeros entrevistados.
El significado, las dimensiones y la trascendencia de la transformación de la vida que se ha llevado a cabo en las comunidades zapatistas rebeldes del sureste mexicano quedan más claros a través de dos contrastes que Paulina utiliza para explicar su investigación; el temporal y el espacial. Cómo funcionaba la justicia y la vida antes de que las comunidades se organizaran como EZLN, comparada con cómo funciona la vida y la justicia hoy, en la autonomía. Cómo funciona el llamado aparato de justicia del mal gobierno fuera de las comunidades zapatistas comparado con cómo funcionan los pasos de la justicia en la autonomía.
Lo que cuentan los abuelitos
La primera parte del libro da el espacio para que los abuelitos de las comunidades cuenten en su propia voz cómo era la vida en las fincas, pinkas, donde los patrones, que eran uno con el mal gobierno explotaban, reprimían y cometían toda clase de abusos. Una estructura económica, una forma de explotación en la que hombres, mujeres, niños y ancianos vivían para trabajar para el patrón, en jornadas extenuantes y en condiciones inhumanas.
Así los abuelitos describen la época de los patrones:
[…] antes sí lo ordenaban, los caporales desde ese tiempo daba el castigo todo, nomás te castiga sin preguntar algo. Hiciste mal, te castiga con chicote. Pero cuando estábamos en ese tiempo no hay tranquilidad pero orita, no así estamos, ya hay justicia.
De la mano de esa explotación, de ese desprecio sistemático por los indígenas que eran tratados como animales, venía todo un sistema que garantizaba la injusticia, como finqueros que rentaban a sus trabajadores a los presidentes municipales en turno. Había demandas de justicia por parte de los trabajadores del campo ante el vil robo de sus ya miserables salarios, demandas a las que se respondía con cárcel o chicotazos, golpes o balas a discreción del finquero y de los policías, de los presidentes municipales y de los gobernadores, representantes del “estado de derecho” que eran en realidad uno con el sistema de explotación. Un sistema de explotación donde, a partir de los testimonios del libro, hasta mediados del siglo XX los “mozos” de las fincas no recibían siquiera un salario y donde, cuando nominalmente comenzó a existir les era robado en tiendas de raya, mediante engaños o usando el aparato jurídico, la fuerza vil.
Pero son los seres humanos los que hacen que las circunstancias cambien, aun cuando éstas planteen toda clase de elementos represivos que intentan evitar ese cambio. Paulina nos dice:
Es difícil imaginar que dadas las condiciones dominantes, en medio de tanto control, vigilancia y represión, pudiera nacer una organización, propia, independiente, combativa, de los trabajadores del campo, por los que preguntar se impone… ¿y cómo le hicieron entonces para formar una organización con la cual luchar por sus derechos como pueblos indígenas? Uno de los presentes se apresura a contestar: “organización…. Pena… libre… ajwaliletik… gobierno… mucho cuidado… ayotik… estamos libre… pero ya… situación 94… ¡pinche gobierno!
Llevó mucho tiempo…. Llevó tiempo…, para entender por qué hay esa necesidad. Entonces entendiendo por qué, porque está ocupando los ricos, pues, esa tierras, sino que no es de ellos, si son de los mismos gente pobre, sólo porque no sabe la gente pobre […]
Siempre vino alguien que de por sí nos enseñaban, nos platicaban por qué, porqué estamos así, por qué estamos jodidos, y a entender que de por sí hay que prepararse, hay que organizarse, así como estaba platicando que empezó a organizar la gente, entendiendo, preparando, porque un día tenemos que tumbarlo a estos rancheros. Así se empezó pues, porque si no, no hay cómo. […] Entendiendo todo, pues ya empieza organizarse bien, bien, hasta llegar.
Esta reconstrucción de la genealogía de la lucha zapatista en sus orígenes permite entender el largo y fructífero camino de las comunidades indígenas rebeldes del sureste mexicano y además el significado de la transformación que ya han generado. Ese proceso organizativo, cuidadoso, lento, invisible, llevó a la salida a la luz pública del EZLN con el alzamiento en armas de 1994. Es ese alzamiento el que a su vez hizo posible la expulsión definitiva de los finqueros de esta zona y la recuperación y organización del trabajo colectivo de la tierra. Los testimonios que presenta la autora son claros: la tierra es del colectivo, no propiedad privada; y la tierra, es la base de la construcción de otra cosa. Por eso, como se explica en el capítulo 4 es en el control de la tierra donde el mal gobierno ha centrado parte de sus ataques a a la organización zapatista. Así, la tierra recuperada y el trabajo colectivo de la misma aparecen como base de la autonomía
Como cosas que vienen juntas
A partir de la tierra recuperada los pueblos reconstruyen sus vidas y se dotan de una forma propia de gobierno. El proceso es largo y complicado, y en este sentido el libro nos da una visión general a las formas en las que se han organizado las comunidades para elegir a sus autoridades. Son autoridades que no cobran por estar en el puesto, a las que se llama la atención cuando alguna tarea falla, y a las que en última instancia se puede remover si no cumplen su trabajo. Sobre todo, autoridades que trabajan en colectivo: “El gobierno en territorio zapatista hace trabajos en colectivo”. Autoridades donde los trabajos son además rotativos.
¿Quiénes son las autoridades del buen gobierno zapatista encargadas de trabajar para impartir la justicia?: son autoridades elegidas democráticamente en asambleas comunitarias, que tienen que responder por su trabajo ante sus comunidades; que no trabajan solamente en una oficina, sino que tienen que “salir en comisión” a resolver los problemas en el lugar donde están. Son gente de las propias comunidades que continúa trabajando en torno a éstas, borrando así las distinciones dentro de la propia sociedad.
De la nueva relación con la tierra se desprenden muchas cosas. La tierra recuperada es entendida como propiedad de los pueblos, en colectivo, que se organizan de diferentes maneras para trabajarla. Y ese cambio en la organización social origina un concepto diferente de justicia, uno donde la fragmentación que promueve el capitalismo no tiene cabida. Así, cuando Paulina pregunta ¿qué entienden por justicia?, los compañeros del Municipio Autónomo San Manuel responden: “Cómo distribuir el producto de los trabajos colectivos. Ya que tenemos todo, como maíz, frijol, todo se reparte entre todos. Si algún compa está enfermo, no trabajó porque está enfermo, también le toca porque es justicia. La justicia que debemos trabajar todos, se lo respetamos al que enferma, le debe tocar lo mismo de los trabajos colectivos. Distribuir es repartir de los trabajos colectivos”.3
Despreciados por los finqueros y por el sistema capitalista como un todo, despreciados como pueblos indígenas incluyendo el desprecio por su lengua, los pueblos zapatistas fueron capaces de reconstruir el significado de la justicia a partir de su propia historia como pueblos y a partir de su propio proceso organizativo. La disputa por el control de la producción material es también la disputa por el control de la producción de los significados y las lenguas que el capital desprecia son justamente las que atisban y ensayan otra realidad posible, por construirse. Estas comunidades son campesinas, son indígenas, son rebeldes, pero como explicó hace unos meses el Subcomandante Insurgente Moisés, son ante todo, zapatistas, y eso lleva tiempo y trabajo.4
En estas comunidades y pueblos donde el trabajo colectivo está orientado a resolver las necesidades colectivas la justicia colectiva se basa en lograr acuerdos, no en el dinero. La justicia se busca sin distinción de filiación. Por eso, de manera significativa, los testimonios del texto dan cuenta de que los indígenas no zapatistas que padecen la injusticia del sistema y del mal gobierno son quienes más buscan la Justicia Autónoma Zapatista.
Mientras la justicia del gobierno “aunque sea muy sencillo el problema ya lo hace grandote”, la justicia autónoma se basa en buscar el acuerdo, sin tener que pagar nada. La tercera sección de este libro: “Los pasos de la justicia”, incluye varios ejemplos de problemas que los diferentes niveles de las autoridades autónomas, resuelven de manera sencilla, a través del acuerdo desde los problemas más sencillos hasta casos de delitos graves como asesinatos.
Los compañeros cuentan cómo han ido adecuando a la forma de trabajar para resolver muchos de estos casos. Por una parte, las autoridades autónomas buscan siempre trabajar en colectivo, no fraccionando o dejando que sea sólo uno quien realice las labores de las comisiones de Honor y Justicia. Y al mismo tiempo, con algo que es imposible en el sistema jurídico dominante en el capitalismo y sus trabas burocráticas: la justicia autónoma, lacual se basa en la escucha como eje para llegar a los acuerdos.
Es sorprendente y maravilloso cómo estos testimonios dan cuenta de que se avanza, se trabaja permanente y tendencialmente hacia la superación de la división de la sociedad en dos partes. Los castigos son cumplidos fundamentalmente porque las autoridades de justicia autónoma tienen una legitimidad y reconocimiento social porque surgen de los propios pueblos, porque son parte de estos pueblos. Y esto ocurre incluso por fuera de las comunidades zapatistas, cuando muchos problemas son llevados a las autoridades de justicia autónoma por personas que pertenecen a otras organizaciones incluso enfrentadas al EZLN, pero que se dan cuenta de que los cauces oficiales sólo implican gastar dinero y no resuelven los conflictos: la llamada “justicia” oficial, cuesta. El valor de cambio subordina al valor de uso.
La justicia Autónoma zapatista no es una mercancía, no se compra, no se vende. Una sociedad que no produce para la acumulación de los patrones genera un sistema de justicia donde el valor de uso está en el centro, por eso lo más importante son los acuerdos y por eso se pone al trabajo comunitario, para el colectivo, como principal “castigo” o “multa”, porque es a través de eso que los individuos se transforman.
Y al transformarse los individuos y las relaciones entre éstos, se transforma también la relación de la comunidad con:
En la recuperación de la tierra, sus planas y animales dejan de ser instrumentos para la acumulación privada y se convirtieron en sustento de la capacidad de los pueblos para decidir su destino. Y eso marca un cambio que este libro recoge. En cada pueblo, en cada municipio de la Zona Selva Tzeltal, aparecen acuerdos, reglamentos en los que de diferentes maneras se prohíbe la venta de maderas hacia fuera de las comunidades o se prohíbe la caza con fines de comercio, pero se permite el uso de madera o de piezas de caza para satisfacer las necesidades familiares de techo y alimento. Con prácticas que implican la siembra de árboles cada vez que se tala alguno y con acuerdos sobre partes del bosque o de la selva que deben ser protegidos como parte de la reproducción de la vida.
Hace unos años la autora y yo compartíamos banca en la escuelita zapatista, Paulina había terminado poco tiempo atrás el enorme trabajo de investigación que originó este libro y si mal no recuerdo estaba en proceso de redactar el libro. Ahí nos tocó escuchar juntos a un compañero y una compañera de la Junta de Buen Gobierno del Caracol Morelia explicar qué era para ellos la agroecología. Y los compañeros describían como en la época de las fincas la agroecología no existía para ellos, pues no se podían plantear el problema de “¿qué hacer con la tierra y qué sembrar?”, había que hacer lo que los finqueros dijeran. Después, cuando la tierra fue recuperada, nos decían, apareció el problema de pensar y practicar como trabajar de mejor manera la tierra, donde sembrar árboles, como cuidar el agua.
El problema sigue abierto, y en este libro podemos leer también que la decisión sobre la forma en que se trabaja la tierra es un ejercicio fundamental de la autonomía. Incluso las Juntas de Buen Gobierno solamente dan recomendaciones (por ejemplo: no usar agroquímicos o evitar las semillas transgénicas), pero son en última instancia las comunidades las que van definiendo esto y abriendo nuevas preguntas. Esta capacidad para generar condiciones que lleven a producir nuevo conocimiento nos habla de la construcción de la autonomía como un hecho floreciente en tanto que inacabado y permanente.
Como buena ventana a lo que pasa en las comunidades zapatistas, los testimonios de este volumen hablan también de las dificultades que presenta la construcción de la autonomía, de las dificultades y errores que se van presentando para tomar el control de la vida en colectivo. Los problemas para la participación más amplia y libre de las mujeres como autoridades a diferentes niveles, así como las contradicciones que plantea el producir en colectivo mientras se depende aún de los coyotes para vender loes excedentes son sólo dos de los temas que los compañeros tocan en el capítulo 4.
Y entonces, uno de los mensajes centrales con los que uno se queda al leer este libro, es un mensaje que los compañeros zapatistas han repetido de múltiples formas en sus diferentes intervenciones, en la escuelita, en el Festival, en el seminario del Pensamiento crítico: es posible construir otra cosa, luchando, organizándose.
Y sí, la tercera tesis que escribió Carlos Marx discutiendo la filosofía materialista de Ludwig Feuerbach aparece una y otra vez a lo largo del libro:
La teoría materialista de que los hombres son producto de las circunstancias y de la educación, olvida que son los hombres, precisamente, los que hacen que cambien las circunstancias y que el propio educador necesita ser educado. Conduce, pues, forzosamente, a distinguir en la sociedad dos partes, una de las cuales está por encima de ella. La coincidencia del cambio de las circunstancias con el de la actividad humana o cambio de los hombres mismos sólo puede concebirse y entenderse racionalmente como práctica revolucionaria.
La rebeldía y resistencia zapatistas son posibles porque las hacen seres humanos que, como fue necesario en los albores de nuestra especie se crecen en colectivo. Sólo que ahora es mejor porque la colectividad zapatista ha sabido aprender y escuchar, aprender de su propia historia y de otras historias de lucha, de los propios problemas que ha enfrentado y desde ese conocimiento teórico y práctico, los zapatistas han podido hacer coincidir el cambio en las circunstancias con los objetivos de su actividad.
La resistencia y rebeldía zapatistas son un ejercicio de práctica transformadora, que hacia quienes luchamos contra el capitalismo en otros espacios se nos presenta como un espejo y como un reto, el de ser capaces de organizarnos para luchar y transformar nuestras vidas. La tormenta actual con la que el capitalismo destruye hace más urgente este reto.
Mientras tanto, en las páginas de este libro podemos leer un ejemplo concreto de cómo la recuperación del control de la vida social a través de la recuperación colectiva de los medios de producción abre nuevos caminos, plantea nuevos problemas e impulsa a seguir luchando contra el capitalismo en cualquier lugar donde se presenten las cabezas de la hidra. Por eso es importante leer las voces de este libro, para alimentar la lucha. Y en pleno arranque de una crisis sin precedentes en la historia del capitalismo, alimentar la lucha se vuelve tarea urgente.
