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Paisajes ciudadanos de Bogotá. El territorio percibido a través de la experiencia cotidiana
City landscapes in Bogotá: space perceived through daily experience
Paisagens cidadãs de Bogotá. O território percebido por meio da experiência cotidiana
Dearq, núm. 24, pp. 68-77, 2019
Universidad de Los Andes

Investigación Temática


Recepción: 13 Octubre 2017

Aprobación: 18 Septiembre 2018

DOI: https://doi.org/10.18389/dearq24.2019.06

Resumen: Describir a Bogotá por medio de su paisaje permite construir una serie de imágenes que resaltan rasgos, hitos y particularidades de mayor reconocimiento e identidad. Sin embargo, existen mi- cropaisajes —ocultos o catalogados peyorativamente— que son subvalorados. El Observatorio del Paisaje (iniciativa de la Fundación Cerros de Bogotá) emprendió un debate sobre la valoración tradicional del paisaje de la ciudad y su región. Este grupo interdisciplinar promueve la reflexión sobre las formas contemporáneas de contemplar el territorio y la inclusión de metodologías que permitan conocer, de forma participativa, el paisaje bogotano e incorporarlas como insumos a las estrategias de planificación.

Palabras clave: observatorio, ciudadanía, paisaje visual, percepción social, paisaje bogotano, territorio, paisaje cotidiano.

Abstract: Describing Bogotá through its landscape allows us to construct a series of images that highlight features, landmarks, and distinctive elements that are highly recognizable and part of its iden- tity. However, there are also microlandscapes —either hidden or negatively stereotyped— that are undervalued. The Landscape Observatory (which is a Fundación Cerros de Bogotá initiative) started a debate about the traditional valuation of landscape in the city and its region. This inter- disciplinary group promotes thought on contemporary ways of contemplating the territory and the inclusion of methodologies to understand the landscape of Bogotá in a participative way. It then uses these as inputs for planning strategies.

Keywords: observatory, citizens, visual landscape, social perception, landscape of Bogotá, space, daily landscape.

Resumo: Descrever Bogotá por meio de sua paisagem permite construir uma série de imagens que ressaltam traços, acontecimentos e particularidades de maior reconhecimento e identidade. Contudo, existem micropaisagens —ocultas ou catalogadas pejorativamente— que são subvalorizadas. O Observatório da Paisagem (iniciativa da Fundação Cerros de Bogotá) empreendeu um debate sobre a valorização tradicional da paisagem da cidade e de sua região. Esse grupo interdisciplinar promove a reflexão sobre as formas contemporâneas de contemplar o território e a inclusão de metodologias que permitam conhecer, de forma participativa, a paisagem bogotana e incorporá-las como insumos para as estratégias de planejamento.

Palavras-chave: observatório, cidadania, paisagem visual, percepção social, paisagem bogotana, território, paisagem cotidiana.

Una iniciativa ciudadana

El Observatorio del Paisaje de Bogotá (OPB) surgió a partir de una iniciativa ciudadana de un grupo de colaboradores de la Fundación Cerros de Bogotá[1] que busca responder al interés colectivo de reconocer el paisaje como elemento vital en la estructura del territorio habitado, analizar la relevancia que ha tenido en Bogotá y resaltar la valoración de determinados lugares por parte de los ciudadanos. Los objetivos principales del OPB son promover la reflexión de la ciudadanía y las instituciones en relación con su entorno y visibilizar la conexión del observador con el paisaje. La valoración de los paisajes cotidianos es parte de la búsqueda del OPB, y con ella se promueve el arraigo cultural a partir del entendimiento de dinámicas que se representan en el territorio por medio de una realidad natural y social, compleja y diversa.

Las experiencias que se presentan a continuación surgieron de pesquisas realizadas por otros observatorios del paisaje, los cuales se han establecido como entidades que, con apoyo del Gobierno, realizan estudios y generan concientización sobre el paisaje. Estas organizaciones aparecen a partir de la firma del Convenio Europeo del Paisaje, en el 2000, en el que se estableció el paisaje como elemento fundamental de gestión, ordenación y protección, que implica derechos y deberes para todos. El caso del Observatorio del Paisaje de Cataluña, que funciona como ente asesor de la administración catalana, demuestra la relevancia de la inclusión del paisaje como elemento estructurante en la planificación. En Latinoamérica, la Iniciativa Latinoamericana del Paisaje busca generar convenios trasnacionales que repercutan en las políticas públicas para la valoración, la gestión y la protección del paisaje. En Bogotá, desde la Defensoría del Espacio Público, se generó el Observatorio del Espacio Público de Bogotá como una herramienta para el análisis de los datos de toda la información sobre espacio público, tanto del ámbito público como del privado. En este marco, la creación del OPB surgió también de la necesidad de reflexionar desde las experiencias emergentes internacionales con relación al paisaje. En ese sentido, iniciaron una serie de talleres y ejercicios sobre el concepto del paisaje y acerca de las percepciones ciudadanas, los cuales se presentan a continuación:

Mapeo perceptivo visual

En octubre de 2016 se inició la recolección y la producción de información (visual, gráfica, literaria, histórica, etc.) y se empezó a indagar cómo se podría ofrecer un aporte en las decisiones de la planeación de la ciudad[2] con herramientas y documentación construida desde la ciudadanía.


Figura 1
Perfil ciudadano elaborado por el Colectivo Bogotá Pinta Cerros, con el paisaje urbano de la cuenca del río Vicachá. Fotografía: Carlos Lince.

El primer mapeo perceptivo visual —definido como un ejercicio de registro del entorno personal y cotidiano, mediante imágenes instantáneas, a través de teléfonos móviles y texto— se realizó mediante una invitación pública en las redes sociales de la Fundación Cerros de Bogotá. La convocatoria buscaba relacionar la percepción del espacio urbano de la ciudad de Bogotá con los imaginarios del paisaje a partir de imágenes de los cerros orientales que respondieran a las siguientes preguntas: ¿desde dónde vemos los cerros? ¿Cómo vemos la ciudad desde los cerros? No había requisitos para participar; sin embargo, se solicitó que, junto con las imágenes, se enviara el lugar donde había sido tomada la foto, la fecha y la hora. Los archivos que llegaron fueron organizados a diario y ello originó veintiún álbumes fotográficos que permitieron “ver [lo] que ven”[3] los ciudadanos desde su espacio particular, cómo lo delimitan y, especialmente, cómo perciben visualmente los cerros para representarlos a través de una sola fotografía.[4]


Figura 2
Escultura en la ruta del agua del páramo Grande. Autora: Ana Puerto. Una ventana que enmarca la humedad y la niebla de la región montañosa de la cordillera Oriental

El material gráfico recibido arrojó nuevas preguntas y permitió volver a cuestionar las prioridades en el desarrollo urbano y la planificación de Bogotá, el reconocimiento de su geografía y sus cuencas hídricas, el trazado de las calles, la relación con los individuos, el perfil urbano, la escala de las edificaciones, los espacios públicos, la dinámica barrial y, sobre todo, evidenció una pobre incorporación de la noción de paisaje o de la estructura ecológica como respaldo a la ciudad.[5]

Con esta primera convocatoria se conocieron diferentes formas de percibir el paisaje; además, evidenció la existencia de diversas ciudades albergadas en la misma ciudad. Las imágenes que cada observador creó, desde varios puntos de vista (como la casa, la motocicleta, el último piso de la academia de ballet, el automóvil, la calle, etc.), permitieron compartir los instantes y las percepciones ciudadanas particulares. Este ejercicio dio como resultado el uso de la etiqueta #desdemiventana,[6] que se convirtió en la forma de referenciar desde y hacia dónde se mira, pues el punto de vista al encuadrar una imagen evidencia la intención del observador.[7] Por observador se entiende no solo a quien mira, sino aquel que experimenta, percibe, se configura a sí mismo e interpreta un territorio: la persona que ofrece su experiencia para la construcción social a partir de fragmentos, de relatos visuales e historias vividas.[8]

Evidentemente, el recurso tecnológico evidenció paisajes cotidianos de forma instantánea, brindó temporalidad al paisaje percibido y consignó de forma electrónica, por medio de un teléfono celular, una serie de imágenes del ciudadano común.

Para aquellos quienes participaron, el ejercicio implicó una mirada consciente del paisaje de los cerros orientales, que en muchas ocasiones se relega, debido a la abundancia de elementos que impiden su puesta en valor en el paisaje bogotano o porque no se le ha dado suficiente relevancia a su protección, gestión y planificación a tal elemento de identidad de la ciudad.

Taller Visión Bogotá

El siguiente paso se llevó a cabo en el marco del Taller Visión, en la Universidad de los Andes. Mientras que en la exposición se presentó el resultado del mapa visual perceptivo, denominado mapa ciudadano, en los talleres se invitó a los participantes a elaborar una matriz con conceptos particulares del paisaje, incorporando sus cualidades e, incluso, reconociendo las acciones relacionadas con el concepto que ellos mismos identificaron como paisaje.


Figura 3
Taller Visión Bogotá. Paisaje: Francia en los Andes desde mi ventana: mapeo ciudadano. Observatorio del Paisaje de Bogotá, Fundación Cerros de Bogotá. Fotografía: Diana Wiesner.

Detectar acciones como respirar, explorar, sentir, vivir, aprovechar, explotar, recordar, caminar, incluir y compartir fue parte del proceso. Los participantes eligieron verbos que definían su cotidianidad en relación con su entorno para luego dibujarlos y plasmar sus recorridos en el mapa de la ciudad de Bogotá. Este ejercicio tuvo como resultado compartir la percepción individual de lo que se reconoce como paisaje. Algunos de los textos surgidos del taller denotan la experiencia multisensorial vinculada al paisaje:

Para mí, paisaje es la percepción que tengo sobre mi entorno. Es, físicamente, lo que recibo visualmente de mi alrededor aunado con los sonidos, los olores, la temperatura, el viento, los sabores.

Podría resumir la parte física como el resultado de afinar mis sentidos poniéndolos en contacto con el exterior. Pero el paisaje es también un generador de emociones y de ideas para quien se pone en contacto con él. De otra manera podría decir que es TODO lo que me atraviesa y me impide conectarme con la línea de horizonte, todo lo que está afuera.[9]

En esta primera etapa del Observatorio, el resultado fue aprender de qué medios se sirve la ciudadanía para construir puntos de referencia locales a partir de la experiencia de habitar en la región que los vio nacer.

Paisajes ciudadanos

En cuanto a la indagación que el OPB viene haciendo, es indispensable reflexionar acerca del paisaje como concepto complejo y abstracto, que parte de cuestionamientos formulados por autores que expresan diversas miradas. ¿Es el paisaje un “extraordinario palimpsesto constituido por capas centenarias”?[10] ¿Su existencia es posible en cuanto hay quien lo mira, quien sabe darle significado, sacarlo del indiferente mundo de la naturaleza y elevarlo al de la cultura?[11] ¿Solo es paisaje aquel idealizado que refleja ciertos cánones estéticos? ¿Es posible oler, escuchar y sentir el paisaje? “El paisaje tiene la capacidad de comprometer críticamente los programas políticos y metafísicos que operan en una sociedad determinada?”.[12]


Figura 4
Taller Visión Bogotá. Paisaje: Francia en los Andes. Ciudadanos describiendo su recorrido cotidiano, de la casa al trabajo. Fotografía: Ana Puerto.


Figura 5
Rastros (obra colectiva). Taller de Reflejos del Paisa- je. Fotografías: Carlos Lince.


Figura 6
Paisaje cotidiano, semáforo florecido. “Campo- santo” en homenaje a las víctimas de accidentes en Bogotá. Fotografía: Diana Wiesner.

Tal vez, la ausencia de la vinculación conceptual de territorio con paisaje es la que permite que el último termine siendo el resultado azaroso de intereses particulares. Así, al paisaje lo han transformado diversos actores, públicos y privados, y lo han proyectado sin reconocer a fondo la búsqueda de consensos de los imaginarios o los deseos colectivos de la ciudadanía, desde la visión cotidiana del observador de a pie.[13] Se ha desdeñado, en consecuencia, la capacidad transformadora de las colectividades sobre el paisaje, apropiado constantemente, gracias a los símbolos que carga y los valores que aportan sus habitantes. De esta forma, se han creado paisajes que se catalogan peyorativamente, porque carecen de funcionalidad o de interés económico para la ciudad, sin evidenciar sus potenciales profundos: el charco (el humedal), el potrero (la sabana), el caño (ríos y quebradas); incluso se minimiza el valor de manifestaciones personales en las calles que buscan representar dolor o pérdidas, dejando de lado valores como los ocres y verdes del sol sobre los cerros, el andén sobre el que se camina y el árbol que se observa cada día.

Históricamente, el paisaje se ha estudiado desde diversas disciplinas y autores, basándose en su mayoría en el origen etimológico de la palabra, en el desarrollo mismo del lenguaje y de su significado[14] —desde las lenguas anglosajonas[15] hasta las romances—, intentando establecer un vínculo entre el contexto y el entorno cultural y social. Estos estudios son relevantes en la medida en que hay una relación entre las raíces lingüísticas y la localización geográfica, la cual influye en la interpretación, visión y representación del paisaje, que varía para cada cultura y cada momento de la historia. Según el geógrafo Joan Nogué, se puede entender el paisaje desde una variedad de tipologías, lo que origina una discusión que no concluye fácilmente, principalmente debido a que el paisaje es interiorizado y depende de la mirada de cada observador.[16] Por esto, surgen distintas acepciones sobre el concepto, en las que el paisaje se entiende como invisible, intangible y efímero; también, en su defecto, se entiende su visibilidad, tangibilidad y perdurabilidad[17] (Wiesner, 2016). El paisaje, según varios autores, es algo vivo que evoluciona como consecuencia de procesos naturales e intervenciones antrópicas o por el cese de estas. Por ello no se considera un fenómeno estático, susceptible de ser encerrado en una imagen momentánea, sino algo “en permanente evolución, lo que se define como metabolismo del paisaje”.[18]

¿Por qué hablar de paisaje desde el Observatorio bajo una mirada integradora de carácter híbrido? Porque hemos visto que la clasificación excesiva y especializada aplicada en las ciudades no solo ha querido negar la esencia misma de su dinámica, sus múltiples actores y observadores, sino porque el paisaje reúne tantas miradas como variables y componentes que lo hacen el concepto más rico y coherente del que se puede hablar al referirse a nuestro entorno. “En las últimas décadas, el concepto de paisaje fue transformándose y nutriéndose de los entrecruzamientos con la geografía urbana, la arquitectura, el urbanismo e incluso la meteorología, la biología y las ciencias en general”.[19]

Dado lo anterior, el paisaje, como concepto transversal, abarca una realidad en la que la esencia profunda del ser humano se hace evidente, las relaciones complejas del territorio se tejen, se generan percepciones y apropiaciones particulares; por lo tanto, la valoración de los paisajes apreciados por la comunidad debe tomar fuerza y elevarse a las decisiones de quienes hacen ciudad.

Territorios percibidos

Por otra parte, son tan disímiles y tan válidas las percepciones sobre el paisaje que muchas veces para los foráneos resulta más fácil identificar los elementos característicos de Bogotá; mientras que para algunos capitalinos puede ser un ejercicio complicado y distante.[20] Es interesante detenernos por un momento a pensar cuáles son esos componentes particulares de nuestro paisaje y ser más conscientes de este. Si bien encontrar la respuesta no resulta fácil, esto mismo lo convierte en una oportunidad para caracterizar participativamente el paisaje bogotano, lleno de elementos tangibles e intangibles.


Figura 7
El observador lleva el paisaje en sus ojos. Fotografía: Fernando Cruz.

La visión del paisaje es una construcción permanente, una mirada en continua transformación, que depende del estado de ánimo de cada receptor y amerita, en varios casos, una resignificación. Por ejemplo, el crecimiento y las dinámicas urbanas que ha tenido Bogotá han afectado directamente la percepción frente al paisaje de los cerros y frente a la ciudad misma; es pro- bable que esta sea una visión arraigada desde la época de la Colonia, ya que las raíces de la desvalorización del paisaje natural encuentran su origen en las directrices de fundación de las ciudades del siglo XVI, en las que el paisaje de bosque era considerado simplemente una fuente de materia prima para el consumo humano.[21] La construcción del paisaje, a partir de diversas miradas, es tan compleja como las experiencias particulares del ser humano.

En ese sentido, algunos integrantes del Observatorio han producido relatos en los cuales, justamente, se exponen las particularidades sobre la percepción de un paisaje a partir de una realidad individual:

La llegada de los mayos cubría el suelo. Construía un manto café y efímero que se movía al son del zumbido colectivo. El vuelo bajo de las golondrinas y el olor a césped húmedo trae la lluvia. Una tormenta fuerte que desdibuja los hitos geográficos y urbanos. Un paisaje solitario en el medio de la ciudad. La niebla pictórica que se cuela por los boquerones de las montañas resalta las particularidades de la cadena montañosa que conocemos como Cerros Orientales.[22]

¿Es factible integrar metodologías de valoración subjetiva de los micropaisajes para tenerlas en cuenta en la toma de decisiones? ¿Se puede, desde las miradas privadas, construir cualidades y potenciales generales? El Observatorio busca involucrar a los ciudadanos en la construcción de los imaginarios de una ciudad pluricultural, amable e integrada con su entorno, consciente de su territorio a partir de la exploración de metodologías que permitan incorporar y evidenciar esta relación. Las experiencias de mapeo participativo se han extendido en América Latina desde inicios del 2000,[23] con el fin de incorporar visiones de los actores en los procesos de ordenamiento territorial. Esta metodología permite entender percepciones aparentemente negativas de un paisaje, al dejar en evidencia relaciones que permanecen ocultas o cuya lectura desde lo visual no es posible. En este sentido, es importante destacar la relación entre el paisaje y la cartografía, ya que ambos dispositivos se valen de representaciones visuales generadas a partir de la experiencia y requieren la mirada para su construcción. “El mapa colectivo y el paisaje tendrían una misma base conceptual, en donde se incluye un sujeto colectivo que los construye, [y,] a su vez, los legitima”.[24] La cartografía ciudadana puede ser una de las múltiples estrategias en el marco de la investigación que adelanta el Observatorio; complejizarla y enriquecerla, de acuerdo con el contexto bogotano, puede ser un aporte al proceso de planificación.

Conclusión

Se puede concluir, a partir de los ejercicios realizados, que las cualidades del paisaje no son medidas para los procesos de planificación, pero resultan imprescindibles para la construcción de un paisaje equitativo. Involucrar y comprometer a otros, democratizando el mapa de la planificación, aumenta las posibilidades de poner en valor la percepción del territorio y experimentarlo de forma consciente.

A raíz de estas experiencias se pudo visualizar que, para entender e incorporar esta visión cualitativa del paisaje, por medio de metodologías que puedan aplicarse a mayor escala, es necesario generar catálogos del paisaje y caracterizar áreas de estudio, debido a la gran extensión que representa y a la cantidad de habitantes diversos que diariamente viven diferentes experiencias en la ciudad de Bogotá.

A la vez, es necesario continuar indagando en el marco teórico, a partir de la reflexión contemporánea que define la noción del paisaje y de las herramientas participativas para la valoración cualitativa, que puedan incorporarse en la toma de decisiones, a fin de construir permanentemente el paisaje bogotano, valorando la riqueza natural de la ciudad y reconociendo el lugar geográfico donde está ubicada, las interacciones sociales que transforman y dinamizan el paisaje y los imaginarios colectivos. Así mismo, resulta funda- mental el apoyo entre observatorios para aprender de sus experiencias, pues con el intercambio de iniciativas encaminadas a la preservación y gestión del paisaje se genera una red de apoyo para este tipo de iniciativas de origen ciudadano. También es necesario estimular la colaboración, al igual que disminuir las distancias entre la investigación, la práctica y las decisiones políticas, generando conocimiento entre investigadores, estudiantes, ciudadanos y tomadores de decisiones, de la mano de los profesionales del diseño y la planificación.

Por último, en el marco del cambio climático y de una dinámica urbana tan cambiante, es evidente la necesidad de involucrar en la conversación a la ciudadanía, de forma que se implementen metodologías incluyentes para construir, no solo una mayor cohesión social en torno a los procesos de planificación, sino también una identidad de paisaje de la sabana de Bogotá.

Bibliografía

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2. Albers, Joseph. Interacción del Color. Madrid: Alianza Editorial. Edición revisada y ampliada. 2010.

3. Arnheim, Rudolf. Arte y percepción visual. Madrid: Alianza Editorial.Nueva versión.2002

4. Calvachi, Byron. “El componente ecológico del paisaje del humedal de Córdoba”. Manuscrito inédito, 2013.

5. Cancer, Luis Antonio. La degradación y la protección del paisaje. Madrid: Cátedra, 1999. https://ddd.uab.cat/record/1283

6. Cullen, Gordon. El paisaje urbano: Tratado de estética urbanística. Barcelona: Blume, 1971. https://www.researchgate.net/publication/44339418_El_Paisaje_urbano_tratado_de_estetica_urbanistica_Gordon_Cullen

7. Díez Tetamanti, Juan Manuel et al. Cartografía social: investigación e intervención desde las ciencias sociales, métodos y experiencias de aplicación. Comodoro Rivadavia: Universidad de la Patagonia, 2012. http://beu.extension.unicen.edu.ar/xmlui/handle/123456789/30

8. Forero Barón, Fabián. “Los ‘camposantos’ en homenaje a las víctimas de accidentes en Bogotá”. El Tiempo, 27 de abril de 2012, http://m.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-11673181.

9. Galindo, María Cecilia et al. Expresión plástica: Proyecto Área de Arte 2003-2013. Bogotá: Fundación Gimnasio Moderno, 2014.

10. Galindo, María Cecilia. “Gimnasio Moderno 1914-1923: Arquitectura para la Escuela Nueva en Bogotá: desde el balcón hacia el horizonte”. Manuscrito no inédito. Bogotá: Repositorio Institucional, Universidad Nacional de Colombia, 2015.

11. Jacobs, Jane. “Orden visual, sus limitaciones y sus posibilidades”. En Muerte y vida de las grandes ciudades, 411-430. Madrid: Capitán Swing-Libros, 2011.

12. Lince, Carlos. “Paisajeo”, 2016. https://www.paisajeo.org/single-post/2017/05/28/EL-CONCEPTO-PAISAJE. https://www.paisajeo.org/single-post/2017/05/28/EL-CONCEPTO-PAISAJE

13. Lynch, Kevin. La imagen de la ciudad. Barcelona: Gustavo Gili, 2015.

14. Nates Cruz, Beatriz y Stéphanie Raymond. “Cartografía semiótica para la comprensión de territorios de conflicto”. Estudios Políticos, n.º 29 (2006): 99-120. http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=16429057005.

15. Nogué, Joan. La construcción social del paisaje. Madrid: Biblioteca Nueva, 2007. http://www.encrucijadas.org/index.php/ojs/article/viewFile/104/98

16. Ospina, Andrés. Bogotálogo: Uso, desuso y abusos del español hablado en Bogotá, tomo II. Bogotá: Alcaldía Mayor de Bogotá-Instituto Distrital de Cultura, 2011. https://issuu.com/patrimoniobogota/docs/bogotalogo-tomo1

17. Ricoeur, Paul. La memoria, la historia y el olvido. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2008.

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19. Salazar, D. y P. Zusman. “La valorización del paisaje de ciénaga por medio de la intervención artística en La Boquilla, Cartagena de Indias, Colombia”. Manuscrito inédito, Repositorio Institucional. Córdoba, Argentina: Universidad Católica de Córdoba, 2014.

20. Tuan, Yi-Fu. Topophilia: A Study of Enviromental Perception, Attitudes and Values. Nueva Jersey: Prentice Hall-Englewood Cliffs, 1974.

21. Wiesner, Diana. “Democratizing Sustainability Conversations”. En The Nature of Cities (blog), 29 de noviembre de 2015. https://www.thenatureofci-ties.com/2015/11/29/conversations-on-sustainability-must-be-democratized-towards-soul-resilience/.

22. Wiesner, Diana. “The Forgotten Rurality: Democratizing Sustainability Conversations”. En The Nature of Cities (blog), 12 de julio de 2016. https://www.thenatureofcities.com/2016/07/12/the-forgotten-rurality-the-case-for-participatory-management-in-bogota-and-its-surrounding-countryside/.

23. Wong, Wucius. Fundamentos del diseño. Barcelona:GGDiseño. 2008

24. Xue, A. “La avenida de los cerros, una ineludible consulta que no ha sido hecha”. Magazín Dominical de El Espectador, 1974, 6-7.

25. Zubelzú Mínguez, Sergio y Fernando Allende Álvarez. “El concepto del paisaje y sus elementos constituyentes: Requisitos para la adecuada gestión del recurso y adaptación de los instrumentos legales en España”. Cuadernos de Geografía. Revista Colombiana de Geografía 24, n.º 1 (2014): 29. https://doi.org/10.15446/rcdg.v24n1.41369.

26. Zuluaga Varón, Diana Carolina. El derecho al paisaje en Colombia: Consideraciones para la definición de su contenido, alcance y límites. Bogotá: Universidad Externado de Colombia, 2015.

Notas

1. Aun con un nombre ambicioso, el OPB puede considerarse una iniciativa de la sociedad civil que pretende constituirse en una organización que visibilice, desde diversas miradas, mediante actividades independientes y en convenio con diferentes instituciones, los temas de paisaje que durante años han sido relegados en la ciudad.
2. En la planeación de la ciudad solo se habla del paisaje en el Acuerdo 30 del 6 de junio de 1961, el cual “establece el procedimiento para la aprobación de los planos relacionados con las lotificaciones en el área del Distrito y reglamenta la habilidad de las mismas”. En el Acuerdo 7 de 1979 se menciona el paisaje urbano o rural del Distrito Especial de Bogotá. En el Acuerdo 6 de 1990 se hace referencia a la contaminación visual: la ubicación de barreras, vallas, avisos, cerramientos, construcciones, luces artificiales y, en general, obstáculos visuales en detrimento del entorno y del paisaje; más adelante se habla de elementos naturales del ambiente y del paisaje, así como de la preservación de los elementos visuales del paisaje. En el Decreto 190 de 1994 se mencionan el paisaje natural y el construido.
3. “Ver qué ven/ver qué vemos” hace referencia a un ejercicio pedagógico en la enseñanza del arte, en el que se conjuga el verbo para reflexionar sobre su sentido, para encontrar explicación a la acción de ver y su relación con aquello seleccionado para ser visto y quien lo observa.
4. Desde los años setenta, John Berger mencionó que “el hacedor de imágenes formaba parte también de lo registrado”. En las últimas décadas, el concepto ha trascendido y se ha potencializado de tal forma que el registro de las experiencias ha traído consigo el nacimiento de las redes sociales. La frenética compulsión de generar el registro de una mirada particular y de compartirla es el pan de cada día en la actualidad.
5. La estructura ecológica es un eje estructural de ordenamiento ambiental, en cuanto contiene un sistema espacial, estructural y funcionalmente interrelacionado que define un corredor ambiental de sustentación, de vital importancia para el mantenimiento del equilibrio ecosistémico del territorio. Definida como una porción del territorio que se selecciona y delimita para su protección y apropiación sostenible, pues contiene los principales elementos naturales y construidos que determinan la oferta ambiental del territorio, conforma un elemento estructurante a partir de cual se organizan los sistemas urbanos y rurales. Por sus características, es suelo de protección, atendiendo lo establecido en el artículo 35 de la Ley 388 de 1997 y parte del contenido estructural del Plan de Ordenamiento Territorial expresado en el literal 2.2 del artículo 12 de la misma ley.
6. Ventana: concepto que se usa para referirse al punto de vista del observador, como el encuadre o recorte que produce un marco al mirar hacia el otro lado del vidrio.
7. Los avances en lectura de imágenes se apoyan en investigaciones que siguen la línea dejada por Rudof Armhein, en su libro Arte y percepción visual (1969); en los Fundamentos del diseño bi y tridimensional (1979) de Wucius Wong; en la obra Interacción del color (1963), de Joseph Albers, textos que se han vuelto a editar y que sirvieron para desarrollar la investigación en pedagogía de la imagen en anteriores reflexiones y aplicaciones realizadas entre grupos de adolescentes universitarios y niños en edad escolar.
8. “En primer lugar ha de haber lugares, en tanto que localizaciones, que retengan la atención de la vista, por ejemplo, las interrupciones visuales en las calles. Los lugares muy visibles, suelen ser pocos y excepcionales; son solamente uno o dos entre las grandes cantidades de edificios y lugares que componen el escenario de una calle”. Jacobs, “Orden visual, sus limitaciones y sus posibilidades”, 327.
9. Respuesta ciudadana de Carlos Eliécer Restrepo Vargas al ejercicio de reconocimiento del lenguaje que describe el paisaje. Taller Visión Bogotá, Universidad de los Andes (2017).
10. Nogué, La construcción social del paisaje.
11. Eugenio Turri citado en ibid., 11-24.
12. Ábalos, Naturaleza y artificio.
13. Wiesner, “Democratizing Sustainability Conversations”.
14. De acuerdo con la Real Academia de la Lengua Española, paisaje es un término proveniente del francés paysage de pays, una referencia al territorio rural.
15. Kenneth R. Olwig (geógrafo paisajista especializado en el estudio del paisaje escandinavo y uno de los más sobresalientes en el estudio de esta materia, ya que aboga por una “sustancial” comprensión del término paisaje) nos confirma que etimológicamente la palabra en referencia denota una relación física y visual ligada a un área determinada de terreno (por lo general, una zona rural, considerada comúnmente “atractiva”, en términos estéticos) o también la relación con una representación pictórica de una zona del campo, específicamente dentro del género de la pintura del paisaje.
16. Se pueden emplear hechos históricos y verídicos para sustentar una u otra corriente de pensamiento; todo depende del enfoque y de los intereses de cada corriente ideológica. En resumen, todo depende de los ojos con los que se vea. Por eso, es indispensable hacer hincapié en el derecho inherente de contar con calidades de paisajes, tanto en la ciudad como en el campo, pues estos escenarios son, en orden de magnitudes poblacionales y asentamientos físico-espaciales, las formas asociativas donde residen la mayoría de los pobladores de nuestro país, por lógicas de prevalencia del interés común sobre el particular.
17. Invisibilidad-visibilidad; tangibilidad-intangibilidad; perdurable-efímero son conceptos para la comprensión y descripción de paisajes próximos. Wiesner, “The Forgotten Rurality”.
18. Calvachi, “El componente ecológico del paisaje”.
19. Rodríguez, “Paisajes de lo inestable. Editorial”.
20. Para ilustrar esta situación, es apropiada esta mención de Yi-Fu Tuan: “Belleza o fealdad tienden a sumergirse en el subconsciente a medida que aprendemos a vivir en el mundo, y a menudo el visitante es capaz de percibir en un ambiente méritos y defectos que han dejado de ser visibles para el residente”, en Topophilia. A Study of Enviromental Perception, 95.
21. Xue, “La avenida de los cerros”, 6 y 7.
22. Relato de Ana Puerto.
23. Nates Cruz y Raymond, “Cartografía semiótica para la comprensión de territorios de conflicto”; Díez Tetamanti et al., Cartografía social.
24. Salazar y Zusman, “La valorización del paisaje de ciénaga”, 54.


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