Resumen: Esta disertación versa sobre cómo una estética social genera una práctica vocal/ritual a partir del diálogo con un código musical. Es un estudio de caso en la comunidad de Santa Cruz Xoxocotlán, Oaxaca, donde existe el cargo de “apostolado”, responsable de entonar alabanzas en el ciclo ritual anual. Este ejemplo da cuenta de cómo las sociedades indígenas y mestizas en Oaxaca generan nuevos códigos musicales/rituales comprometidos con procesos de larga duración. Sus orígenes se remontan a los siglos de la evangelización en Latinoamérica, producto de la interiorización de la modernidad en su fase capitalista a partir de un ethos barroco (concepto teórico esbozado por Bolívar Echeverría que ayuda a entender este fenómeno). Este ethos se revela en una estética socialmente construida a partir de un diálogo dialéctico con una técnica vocal específica.
Palabras clave:alabanzasalabanzas, Oaxaca Oaxaca, etnomusicología etnomusicología, estética social estética social, ethos barroco ethos barroco.
Abstract: This dissertation deals with how a social aesthetic generates a vocal/ritual practice by way of a dialogue with a musical code. It is a case study carried out in the Santa Cruz Xoxocotlán community of Oaxaca State, where there is a position designated as the “Apostolate,” the person responsible for singing the praises in the annual ritual cycle. This example demonstrates how the indigenous and mixed-race societies of Oaxaca generate new, musical/ritual codes through a longterm process. Its origins date back to the centuries throughout which the evangelization process in Latin America took place, and is a product of the internalization of modernity in its capitalistic phase by way of a Baroque ethos (a theoretical concept outlined by Bolívar Echeverría, which helps in the understanding of this phenomenon). This ethos is revealed in a socially constructed aesthetic, based on a dialectic dialogue and using a specific vocal technique.
Keywords: Praises, Oaxaca, ethnomusicology, social aesthetic, Baroque ethos.
Estética social y ethos barroco. El Apostolado de Santa Cruz Xoxocotlán
La aguda reflexión hecha el siglo pasado por el sociólogo Walter Benjamin [2003] sobre la técnica es el punto de partida de las propias hechas por Bolívar Echeverría. Una de las más importantes, argumentada a lo largo de toda su obra, es entendida en este texto de la siguiente manera: la técnica lúdica o segunda técnica1 como posibilitadora de la emancipación, en la dimensión semiótica de la vida social, de la historia de la escasez. En su promesa de manumitir a la civilización de la violencia ritualizada en el proceso de consolidación de la modernidad, esta técnica fue traicionada por lo que le dio su fundamento: la libertad de dar forma al mundo.
La modernidad,2 entendida como modelo civilizatorio, contiene en su esencia una cualidad totalizante regida al menos por cinco rasgos característicos: humanismo, progresismo, urbanicismo, individualismo y economicismo ,3 los cuales subsumen a otras modalidades civilizatorias que, según esta modernidad, han sido superadas por ella misma. El carácter inacabado de la modernidad no permite su consolidación total, pues coexiste con estructuraciones tradicionales de la vida social y diferentes actitudes en la interiorización de ella. A estas actitudes Bolívar Echeverría las denomina ethe, una de las cuales será la que dé fundamento a este texto: el ethos barroco . Esta noción presta su nombre al arte barroco, que en palabras de este autor: Como él —que acepta lo insuperable del principio formal del pasado, que al emplearlo sobre la sustancia nueva para expresar su novedad, intenta despertar la vitalidad del gesto petrificado en él (la fuente de su incuestionabilidad) y que al hacerlo termina por poner en lugar de esa vitalidad la suya propia—, ella también resulta de una estrategia de afirmación de corporeidad concreta del valor de uso que termina en una reconstrucción de la misma en un segundo nivel [Echeverría 1994: 24-25].
Descrita de esta manera, esta interiorización es pensada como el producto de una historia específica y su imbricada mezcla cultural: los siglos XVII y XVIII iberoamericanos. Este ethos4 reconoce la contradicción que existe entre el valor de uso y el valor de cambio en las sociedades modernas contemporáneas, y su fundamento se encuentra en la capacidad de producir/ consumir significaciones donde se manifiesta plenamente el valor de uso subsumiendo al valor de cambio.
Durante el largo proceso de acumulación originaria5 los grupos sociales en las diversas latitudes, y en su especificidad latinoamericana, generaron estrategias para resistir el embate del despojo de muy diversas formas. Esta historia no la reconstruiremos aquí, sino sólo un ejemplo de un caso específico en una comunidad oaxaqueña de esta vieja práctica que es heredera directa de dichas estrategias de resistencia y que en la modernidad realmente existente ,6 modernidad capitalista, Echeverría denomina ethos barroco .
Nos enfocaremos en una práctica vocal7 que es ejemplo de este ethos que interioriza la modernidad en su fase capitalista, reconociendo la contradicción entre los valores y que se ase del mundo de la vida; modelo arquetípico de “aceptación de la vida hasta en la muerte”.8
Esta disertación es resultado de un trabajo de campo realizado en la comunidad de Santa Cruz Xoxocotlán durante dos años, donde se participó en el ciclo ritual anual. Aprehendiendo un ethos (barroco) antagónico del que acepta la modernidad en su fase capitalista como forma única e insuperable ( realista ).9
Santa Cruz Xoxocotlán es un municipio de los valles centrales de Oaxaca que ha sido poblado desde la época prehispánica hasta el siglo XXI por una gama heterogénea de grupos sociales.
Respecto de las diferentes etapas de poblamiento prehispánico en los valles de Oaxaca existe una vasta discusión, sea la civilización olmeca la primera pobladora de estas tierras, seguida de la zapoteca, mixteca y mexica, la historia prehispánica es siempre un rompecabezas complejo que se presta muchas veces a la especulación. Lo cierto es que los pueblos prehispánicos tuvieron una vida social compartida. Esto permite pensar en un sistema socio-cultural intrincado y común que en la actualidad podemos constatar en la vida de los pueblos indígenas y mestizos latinoamericanos.
Durante el periodo colonial Xoxocotlán perteneció a las tierras del Marquesado del Valle, y estaba sujeto a la Villa de Santiago Cuilapan.10 Al igual que la Ciudad de México, la Ciudad de Antequera mantuvo en su periferia una vida campesina donde se concentraron los antiguos pobladores hasta tiempos muy recientes.11 Esta historia habla del continuum que compromete a esta sociedad con un proceso de muy larga duración .12 Es en esta vida campesina donde se argumenta la continuidad, en la dimensión cultural de la vida social, del antiguo ordenamiento del cosmos (prehispánico) instaurado en un nuevo orden (colonial); proceso siempre dialéctico de autorreflexión y re-fundación de la socialidad.
Esta historia supedita la conformación de las prácticas culturales particulares de esta comunidad, comprometidas con modelos civilizatorios muy antiguos que en la actualidad siguen vigentes; su existencia es el ejemplo más claro de esta supeditación.
El conjunto de los habitantes del municipio de Santa Cruz Xoxocotlán es muy heterogéneo. El crecimiento demográfico de los últimos años, que cada día se agudiza, convirtió a este municipio en una población de inmigrantes, de ahí que los límites políticos de esta comunidad —y sus pobladores— no correspondan con los límites culturales/históricos de este proceso de larga duración al que me he referido.
En el centro histórico de esta comunidad se lleva a cabo un ritual anual regido por un calendario agrícola que toma forma a partir de la liturgia católica. Es posible sugerir que la vida social inserta en dicha práctica ritual esté delimitada por un sector definido de la población del municipio, que corresponde a aquella que ha vivido durante varias generaciones en el centro y periferias históricas de Xoxocotlán, apegada a una vida comunitaria. Esto no excluye que nuevos pobladores se integren a esta dinámica social.
Esta comunidad, como muchas indígenas y mestizas en Latinoamérica, evidencia en el ritual un antiguo ordenamiento de su vida política y religiosa por medio de un sistema de cargos.13
El Apostolado es un cargo dentro de un sistema que ordena la vida religiosa de esta sociedad. En varios rituales del ciclo anual algunos cargos políticos tienen la obligación de participar del culto, esto nos permite sugerir, junto con evidencias etnográficas,14 que el sistema de cargos ordenaba la vida política en el pasado. El Apostolado está obligado a dar forma a gran parte del ciclo ritual anual, y es reconocido en esta sociedad por un rasgo diacrítico: el canto.15 El estilo de “entonar”16 es central en la conformación del Apostolado, pues lo marca de manera exclusiva, ante otras figuras sociales, por esta especialización.
El ciclo anual está fundado en la reactualización de la mitología cristiana que abarca los momentos festivos que rememoran la vida de Cristo (de acuerdo con la liturgia canónica católica) y sucesos bíblicos cristianos, y las celebraciones de los Santos y de las fiestas locales. No en todas las conmemoraciones rituales del ciclo interviene el Apostolado, por lo cual nos centraremos en aquellas donde esta figura social tiene presencia. Estos momentos rituales son los siguientes:

Otros dos momentos rituales no calendarizados son aquellos marcados por el acontecimiento de un fallecimiento:

El pueblo de Santa Cruz Xoxocotlán —definido por los límites históricos/ culturales que lo han dotado de forma— se encuentra inmerso en el modelo civilizatorio totalizante de la modernidad. Por ello la socialidad de esta comunidad media en varios niveles con las imposiciones económicas y culturales del gobierno oaxaqueño y del gobierno de Santa Cruz Xoxocotlán,17 por ejemplo, la disputa por los espacios durante la festividad de los Fieles Difuntos. En los últimos dos años hemos presenciado cómo políticas del municipio de Xoxocotlán promueven esta festividad como parte de un comercio turístico estatal —conjeturamos que este fenómeno se agudizó a partir del cambio en la forma de gobierno. En esa festividad hay una gran afluencia de visitantes nacionales e internacionales, pero destaca el turismo norteamericano que es el más copioso. Estas políticas son vistas por un sector de la población local como perniciosas, oponiéndose a la “comercialización” de las tradiciones, como aseguran varios actores sociales.
La Iglesia católica impacta también en la conformación de las celebraciones rituales, lo cual evidencia un constante diálogo —generalmente discordante— entre la comunidad y los padres (históricos) de la iglesia de Santa Elena de la Cruz Xoxocotlán. Las consecuencias van de la aceptación hasta el rechazo irreconciliable, desde modificaciones de tiempos y contenidos de los actos rituales durante la Semana Santa hasta la prohibición de la práctica vocal del Apostolado, como ocurrió durante un periodo histórico que abarcó alrededor de quince años (circa. 1950-1970).18
Además del Apostolado este sistema de cargos está conformado por un Comité de festejos, 12 Hermandades, Soldados romanos, un Maestro de Capilla, Rezadores, Coheteros y Huehuetes. También existen cargos femeninos como las Cocineras, Chocolateras y Espumeras, algunos cargos cayeron en desuso como los Roseros y las Tepacheras. Estos son algunos de los cargos que hemos identificado hasta hoy, no excluye que existan otros contemporáneos o históricos. Las 12 Hermandades son las continuadoras de las antiguas Mayordomías que existieron en Santa Cruz Xoxocotlán, asimismo, estas Mayordomías son las continuadoras de una institución más antigua de origen europeo que las dota de forma, empero —de acuerdo con un paradigma de pensamiento sobre la discusión del sistema de cargos que Andrés Medina [1995] denomina como mesoamericanista — con un contenido fundado en la vida comunitaria indígena: la Cofradía.
El Apostolado es un cargo con una conformación intrincada, se compone de una serie de actores sociales que cumplen funciones diversas dentro del rito anual. Este cargo está integrado por el Cuadro anual de Apóstoles, exapóstoles o “Señores”19 y el Maestro de los Apóstoles (con el consenso de sus miembros es designado como quien los adiestrará en el canto y en los actos rituales). De forma muy cercana al Apostolado, aunque con cargos independientes, existen los Rezadores y la figura del Maestro de Capilla, que comparten muchos actos rituales con aquél.
Existe una designación anual de un grupo de jóvenes, llamada “Encuadramiento”, que tiene lugar durante la semana previa al cuarto Viernes de Cuaresma, precedida de una preparación y selección (“ensayos”), la cual comienza después del primer Viernes de Cuaresma, que conformarán al Cuadro anual de Apóstoles. Esta designación los compromete a participar en todos los rituales obligatorios para el Apostolado, performando a los doce apóstoles de Cristo y a los cargos del cabildo municipal antiguo, desde el “Juramento”20 hasta el Día del Tránsito de la Virgen María.
Hay Señores que han estado comprometidos con este cargo durante décadas, y un grupo de exapóstoles que se responsabilizan por tiempos más reducidos o su participación es intermitente. Este compromiso, combinado con la antigüedad, les otorga un estatus jerárquico. El Rezador es un cargo muy relacionado al Apostolado, pues interviene en todos los momentos rituales donde el Apostolado participa, sin embargo, no tiene la función de entonar.
El cargo de Maestro de Capilla (del alemán Kapellmeister ) fue muy común durante el Renacimiento y Barroco europeo. Éste designaba al músico encargado de dirigir toda la vida musical en catedrales, iglesias y parroquias. Actualmente este cargo sigue vigente en Xoxocotlán, aunque re-significado/ funcionalizado, pues quien lo ostenta no es responsable de la vida musical de la parroquia, sino que sólo organiza ciertos momentos rituales que le atañen al Apostolado y otras funciones fuera de éste. Dicha re-significación/ funcionalización muestra las diferentes decantaciones históricas que conviven en el presente de los pueblos y que, sin duda, provienen de una historia en común pero que en este caso adquieren matices muy particulares.
La comunidad de Xoxocotlán reconoce al Apostolado por ciertas obligaciones específicas que tiene con aquélla. Existen obligaciones que le atañen al Apostolado como cargo y otras que son exclusivas del Cuadro anual de Apóstoles:

Los Alabados y las Levantadas de Cruz21 son obligatorios para el Cuadro anual de Apóstoles durante el Juramento y hasta el final de la Semana Santa. El Juramento es un momento ritual que tiene lugar días antes del cuarto Viernes de Cuaresma (por lo general, jueves), donde se acepta una penitencia y se jura ante el Santísimo.22 En suma, es un pacto que compromete a los Apóstoles a un comportamiento ritual ante la sociedad y ante a Dios. Luego de este periodo de tiempo obligatorio, los miembros de la comunidad se dirigen al Gobernador23 del Cuadro actual, pues éste tiene la obligación, hasta el nombramiento de su sucesor, de convocar a los Señores para el cumplimiento de esas dos responsabilidades.
El Apostolado está organizado de forma jerárquica. Este ordenamiento tiene un pasado íntimamente ligado a los cargos político-religiosos de las sociedades virreinales en América Latina (hoy en muchos pueblos estos cargos siguen vigentes en diversas actividades sociales, rituales y políticas; sistema de cargos ) y, al mismo tiempo, conlleva una relación directa con la mitología cristiana que representa a los 12 apóstoles de Cristo. Cada Apóstol se identifica con un objeto sagrado de la Pasión, el cual cargará durante la procesión de pasiones en Viernes Santo. Este hecho recuerda las funciones de las antiguas Mayordomías y Cofradías, organizadas en torno a distintas advocaciones de Cristo o de la Virgen, del patrón(a) del pueblo, de algún santo, de una reliquia o de un momento específico de la Pasión de Cristo.
Estos cargos rituales tienen el siguiente ordenamiento jerárquico:
Gobernador/ San Pedro/ Título
Alcalde/ San Andrés/ Corona de espinas
Regidor 1º/ Santiago Mayor/ La Verónica
Regidor 2º/ San Juan/ Las gotas
Regidor 3º/ San Felipe/ Clavos
Regidor 4º/ San Bartolomé/ Martillos
Fiscal 1º/ San Mateo/ 1º Escalera
Fiscal 2º/ Santo Tomás/ 2º Escalera
Mayor 1º/ Santiago el menor/ La Cruz
Mayor 2º/ San Judas Tadeo/ El rostro
Mayor 3º/ San Simón/ Santo entierro
Mayor 4º/ San Matías/ El gallo
Este orden jerárquico está determinado por varios niveles. El más importante es el relacionado al dominio y capacidad de entonar el repertorio de “alabanzas”, pues todos los cargos tienen asignados una función musical específica, cada una de las cuales será abordada más adelante.
Recordemos que el Apostolado es un cargo reconocido por la comunidad de Santa Cruz Xoxocotlán por un rasgo diacrítico: el canto. Para entenderlo, cabría señalar algunos aspectos generales de esta expresión musical. Dicha práctica es entendida en este texto como música. El término que utiliza el Apostolado para referirse al conjunto de cantos (repertorio) es el de alabanzas. Dicha concepción está más relacionada con las fórmulas melódicas que se usan en la Iglesia católica —y otras religiones— para destacar textos durante la liturgia, como los salmos y los responsorios. Esto se puede argumentar porque emplean términos idénticos para referirse tanto a las melodías de las alabanzas como a las fórmulas melódicas para dichos textos. V.gr. entonar y “tono”.
Esta expresión musical es una práctica exclusivamente vocal de tipo responsorial. Se ordena mediante un grupo de solistas que son acompañados por un coro (“bajo”) simultáneo, que sigue de manera heterofónica24 a la melodía principal sin ornamentos (“derecho”), mientras que la melodía se vale de adornos que le son exclusivos (“vueltas” y “quiebres”). Dependiendo de la alabanza el pulso puede ser semilibre, determinado por la lírica y el estilo de cada músico, o isócrono25 con menor frecuencia.
Las alturas no son absolutas. Un solista puede entonar una alabanza a cierta altura (tonalidad), mientras que el siguiente puede o no hacerlo a la misma altura. Los términos que utilizan para referirse a las alturas son: “delgado” (agudo) y “grueso” (grave). Esta particularidad genera un fenómeno sonoro que construye una estética social y, al mismo tiempo, otro de comunalidad/solidaridad (este punto lo abordaré en la siguiente sección).
La lírica está dividida en la mayoría de las alabanzas por cuartetas. Cada verso (“trovo”) de la cuarteta tiene una línea melódica específica (tono). Generalmente las alabanzas están compuestas por dos tonos que se alternan en los versos de la cuarteta.26 Por ejemplo:

Una práctica común en los cantos es el cambio de algunas vocales al pronunciarse. Generalmente se escucha cómo la letra “i” pasa a ser “e”, mientras que la “u” se convierte en “o”. Por ejemplo, al pronunciar Jesús éste suena Jesos , o al pronunciar Virgen pasa a ser Vergen . Otro fenómeno similar es agregar las vocales “ae” o solamente “e” antes de algunas vocales “a”. Por ejemplo, a la palabra alabado se le agrega de esta forma: aealabaeado . En las alabanzas que son melismáticas27 es donde se presentan de forma más marcada estos fenómenos.
Para entender mejor esta expresión se debe distinguir entre dos aspectos que conforman la unidad de la alabanza, de acuerdo con el propio discurso de los actores sociales: el lírico (trovos) y el musical —estructura musical— (tonos). El repertorio no es exclusivo de la comunidad xoxocoteca; respecto al aspecto lírico existen variantes regionales e históricas.28 Algunas melodías —entendidas como conjunto de variantes— tienen vigencia social en otras sociedades oaxaqueñas contemporáneas.29 Se conocen variantes que comparten la lírica pero no la melodía, es el caso de algunos ejemplos del Apostolado.
De este conjunto de alabanzas se desprende la hipótesis de la existencia de decantaciones históricas en el repertorio que nos indican diferentes momentos de incorporación del material musical. Es interesante la aparición de pulsos isócronos acompañados por melodías marcadamente tonales,30 frente a pulsos semilibres con melodías melismáticas que utilizan la modalidad31 del canto llano.
Estos aspectos generales permitirán argumentar cómo dicha práctica musical encarna un ethos barroco , a partir de la dominación de un código musical, una técnica vocal específica y otras técnicas o prácticas rituales en la construcción de una estética social.
¿Cómo una estética socialmente construida, en diálogo con un código musical, es una interiorización de la modernidad capitalista a partir de un ethos barroco ?
Es posible plantear que la concreción material del código musical de esta práctica crea una estética socialmente construida, que se revela en juicios, por parte de los actores, sobre ésta y en una técnica vocal específica. La construcción comunal de dicha estética está mediada por una censura preventiva ;32 un juicio de los actores sobre el código de la práctica misma, siempre de forma dialéctica.
Esta estética social está determinada por ciertas características musicales. A continuación expongo algunas que me permitirán seguir con el análisis:
Melodías determinadas (tonos). Los actores sociales hacen juicios todo el tiempo sobre el “sacar bien” y “sacar mal” los tonos.
La línea melódica del coro (bajo) heterofónica y sin adornos (derecho), frente a las líneas melódicas adornadas (vueltas y quiebres) de los solistas. Estos adornos solamente son aceptados en algunos tiempos específicos del tono.
El fenómeno de superposición de voces que existe al final de un trovo e inicio de otro, denominados “entradas” y “salidas”. Es un pequeño glissando descendente al final de la línea melódica de un solista, mientras sucede un glissando ascendente al inicio de la siguiente línea melódica del siguiente solista.
Una especie de adorno staccato muy similar al quiebre (se logra a partir de emitir una columna de aire por la boca) al iniciar la línea melódica de los solistas. No todos los Apóstoles lo hacen, lo determina la antigüedad y experiencia de cada uno de los actores sociales. Sin embargo, existe un juicio estético de la comunidad de maestros viejos al respecto.
Alturas no absolutas que producen una lógica grupal comunal. Sucede porque idealmente los solistas deben entonar a una altura y a una intensidad similar (tonalidad y volumen). Existen momentos rituales en los cuales se canta durante tiempo prolongado,33 y donde el Gobernador del Cuadro establece la altura e intensidad de los cantos. Esta decisión generalmente está en función de que el Cuadro resista el tiempo prolongado de canto.34
Otra práctica igualmente solidaria-comunal consiste en “salir” cuando otro “quiebra” o comete un error. Si durante el canto algún solista se equivoca en la línea melódica o se le rompe la voz, otro puede o debe (depende del momento ritual) auxiliarlo “arrebatándole” la melodía.
Estas características muestran cómo un tipo de canto, enseñado para la reiteración del modelo de explotación colonial, es resemantizado con la finalidad de adornar –barrocamente– la fiesta. De manera ritualizada la técnica vocal –que construye una estética social–, junto con otras técnicas rituales, pone en escena la vida de la comunidad y su historia. De esta forma, la interiorización de la modernidad es lograda mediante una estrategia de autoafirmación de la socialidad, a través del canto. Esta estrategia hace parte de una más grande que, en el exceso barroco de la propia ritualidad de Xoxocotlán, muestra el ejercicio de la libertad de dar forma al mundo.
Estos códigos musicales son parte de una estética más amplia que entabla un diálogo dialéctico con una técnica vocal/ritual. Todas ellas construyen una estética social, un ethos barroco , que resiste celosamente a la modificación del propio código a partir de la re-actualización de ésta y en ella misma, la cual está condenada a su propia historia, de un ordenamiento comunal anclado en un pasado antiquísimo, reactualizado en el nuevo canto enseñado por los misioneros, deviniendo en lo que es hoy y, finalmente, proyectándose en lo que quiere ser en el futuro.
La estética social y la técnica vocal/ritual se modifican la una a la otra dialécticamente. La una se encuentra al servicio de la otra siempre y en todo tiempo. Diálogo logrado a partir del rumor35 que pone en contacto al sujeto productor-comunicador y al sujeto consumidor-interpretador a partir del canto ( contacto físico ). Este código musical está condenado a la historia de sí mismo;36 siempre resignificándose y, al mismo tiempo, conservando elementos del código en el que tuvo su génesis.
Sirva esta digresión para argumentar que esa forma específica de canto es una manera de interiorizar la modernidad capitalista —incorpora materiales musicales en todos sus niveles para la implementación del nuevo modelo económico a partir de la evangelización— reconociendo las contradicciones que se re-producen en ésta a partir de un ethos barroco —la libertad de agencia ante esa interiorización, de poner en crisis el código para generar algo nuevo , un código particular condenado a su historia, pero que se reafirma libre en la concreción de él mismo. Forma de resistencia ante el despojo de la dimensión semiótica de la vida, de asirse al “mundo de la vida hasta en la muerte”.
Esta interiorización se logra a partir de un campo instrumental/canto que revela un ordenamiento de la vida fundado en una idea muy característica de la vida social indígena: la comunalidad. Durante el proceso de preparación de los momentos rituales ( fiesta ) se van creando las relaciones y los lazos sociales. La naturaleza de ensayar, aprenderse un repertorio, participar de la fiesta y el ritual, de la misma dinámica del canto, genera forzosamente una comunidad.
¿Por qué una práctica ritual —la cual entra en contradicción con la autovalorización del valor— se reproduce celosamente en medio de una zona metropolitana abiertamente capitalista? ¿Cómo lidia ésta ante la contradicción que existe entre los valores en la modernidad realmente existente?
La respuesta a la primera pregunta apunta a la capacidad de agencia que tienen las sociedades a partir de los compromisos de sus individualidades. En esta comunidad, al igual que en otras ordenadas de forma similar, el acuerdo de lo que es importante o no es relevante reproducir se logra a raíz de un consenso-plebiscito, de una censura preventiva . Santa Cruz Xoxocotlán es un poblado con acceso a los más modernos medios de comunicación y, quizá por esto o a pesar de ello, la actualización de sus códigos musicales/rituales se modifican lentamente, reticentes a la transformación, apelando siempre a un pasado vinculante con los “ancestros”.
En cuanto a la segunda pregunta, siempre lidia a manera de sacrificio, pues la actualización del ciclo ritual implica trabajo y tiempo, y éstos en la modernidad capitalista son medidos en dinero. El sacrificio que hace la comunidad que participa en este ciclo ritual le da fundamento a esta vida social, y sin éste no podría existir. No importa cuánto trabajo y tiempo se necesite, la fiesta siempre se debe llevar a cabo para mantener el orden del cosmos.
Sirva este ejemplo de cómo la libertad como condición exclusiva de lo humano no permite la concreción del proyecto moderno, inacabado por compromisos civilizatorios con mucha antigüedad que no permiten la superación de la antigua técnica. Esta expresión religiosa/musical es una adaptación, anclada en un modelo civilizatorio muy longevo, del proceso católico (“universal” según la gloria del imperio romano) emprendido por el imperio hispánico de los siglos pasados. Proceso que determina la práctica misma dotándola de una muy particular, en la cual se evidencia un ordenamiento del cosmos íntimamente ligado a un modelo civilizatorio antiguo. Esta manera de actualización del código generó otro que forzosamente se transformó en su especificidad: de canto llano para el rito católico/ evangélico de un pasado medieval a uno propio e irrepetible. Ejercicio plenamente humano de la politicidad: de la libertad de dar forma al mundo.



Alabado: rito de
velación que se realiza en casa de los familiares del difunto.
Alabanza: pieza musical
con texto y función ritual específica.
Bajo: coro que
acompaña la melodía de forma heterofónica.
Coro: estribillo o
repetición de los dos últimos versos de la primera cuarteta en algunas
alabanzas.
Derecho: término para
designar un canto sin adornos.
Encuadramiento: momento
ritual donde se designa al Cuadro anual de Apóstoles.
Ensayos: momentos de
entrenamiento vocal y ritual durante la Cuaresma.
Entonar: término que
designa cantar una línea melódica o trovo.
Entrada: fenómeno de
superposición de voces a partir de un glissando ascendente al
inicio de un verso y final de otro. Característica estilística.
Juramento: ritual que
compromete a los Apóstoles a un comportamiento ritual ante la sociedad.
Levantada de
cruz: ritual
que se lleva a cabo nueve días después del Alabado ante un altar donde se
elabora un tapete de arena, cal y otros materiales.
Melodía: término que
designa a una de las seis voces solistas (número de voz).
Quebrar: equivocar de
alguna forma al cantar una línea melódica (por cansancio vocal y/o rompimiento
de voz).
Quiebre: término que
designa un tipo de adorno con staccato .
Sacar: sinónimo de
entonar.
Salida: fenómeno de
superposición de voces a partir de un glissando descendente
al final de un verso e inicio de otro. Característica estilística.
Salir: relevar o
ayudar, arrebatar el canto cuando un Apóstol se equivoca (quiebra).
Señor: término para referirse unos a los otros dentro del Apostolado.
Tono: línea
melódica específica para cada verso de las alabanzas.
Trovo: verso.
Vuelta: término que
designa un tipo de adorno melismático/ legato .






