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¿Cómo se mueve la gente cuando aparentemente no se mueve? Investigaciones sobre especialistas y neófitos del quehacer etnográfico
Héctor Adrián Reyes García
Héctor Adrián Reyes García
¿Cómo se mueve la gente cuando aparentemente no se mueve? Investigaciones sobre especialistas y neófitos del quehacer etnográfico
Cuicuilco, vol. 23, núm. 66, pp. 291-298, 2016
Instituto Nacional de Antropología e Historia
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¿Cómo se mueve la gente cuando aparentemente no se mueve? Investigaciones sobre especialistas y neófitos del quehacer etnográfico

Héctor Adrián Reyes García
Universidad Autónoma de la Ciudad de México, México
Cuicuilco, vol. 23, núm. 66, pp. 291-298, 2016
Instituto Nacional de Antropología e Historia
López Monjardin Adriana, Coronado Malagón Marcela. Comunidades en movimiento. 2014. México. Conaculta/ INAH / ENAH/Ediciones Navarra

La valorización de un libro detenta en la grandeza de su autor. No por ser un especialista de renombre, mucho menos por hilvanar una teoría que impacte y se apodere de una comunidad científica. Un libro es grande cuando transmite la esencia de su autor o autores, cuando se vislumbra que el conocimiento y la técnica son compartidos; que las “fronteras, diferencias y derechos” son difusos como si fuesen el reflejo de un mundo local. Esa es la importancia del libro Comunidades en movimiento , una compilación de investigaciones etnográficas de los espacios de hoy, sobre el México que vivenciamos en nuestros días.

¿Por qué el conocimiento y la técnica son compartidos? Porque es un trabajo elaborado por profesoras, estudiantes y egresados de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH). Desde mi punto de vista, un material de este tipo adquiere valor por su carácter múltiple. La mayoría de sus autores no son especialistas, sino jóvenes investigadores que emprenden el quehacer etnográfico. Una publicación que le da espacio a la juventud debe ser aplaudida. No por el contenido, mucho por el seguimiento e imposición de teorías, sino por la oportunidad que se les brinda para exponer sus trabajos. Se presenta al mercado un manuscrito que busca competir con lo que tanto en el presente como en el pasado escribieron muchos antropólogos de renombre que anualmente publican cantidades inimaginables.

La voz e interpretación del bagaje etnográfico que en las páginas de Comunidades en movimiento redactaron estudiantes y egresados son la efigie del libro. Reflejan los resultados de investigaciones que derivaron en amplios manuscritos para obtener el grado de licenciatura —hecho vivenciado por la mayoría de los autores—, maestría o doctorado. Sin embargo, ello no hubiera sido posible sin la tutela de las conocedoras de la academia, pues sus trabajos, el de sus maestras, también hacen acto de presencia; evidencia la vertiente teórica y la madurez que le imprimieron a la revisión, edición y asesoría de la obra.

Adriana López Monjardin y Marcela Coronado Malagón son aquellas profesoras. Ese dúo de mujeres que desarticularon la jerarquía académica para darle voz a los que llamarían jóvenes topiles . Los neófitos de propuestas que intentan adentrarse a los diálogos del consejo de ancianos; haciendo una retrospección de la microfísica del poder , de Michel Foucault.

El libro hace una suerte de exploración de comunidades, sujetos y territorios que corrompen la pacificidad para reproducir nuevas formas de organización social, pero de carácter movible. La hipótesis es contundente: la lucha por el poder hay que analizarla con una microfísica de la resistencia , en las comunidades no importan los ámbitos delimitados y estructurados, mucho menos una ideología sistémica que institucionaliza mecanismos que median conductas o modos de ser. Las comunidades resisten porque se mueven entre el comportamiento, la formación y el saber, reaccionan ante conflictos y alcanzan poder desde el momento en el que actúan como forjadoras de identidades múltiples. Dentro del campo de una acción colectiva que “aparentemente no se mueve”.

Se toma a los habitantes de comunidades indígenas para mostrar sus identidades difusas, los dibujan como los forjadores de redes regionales o globales que corrompen, incluso reaccionan, ante lo que aparentemente se dimensiona como estático y ordenado. El libro presenta formas de acción colectiva que reacciona a los agudos o ligeros movimientos que poseen las creencias, los saberes, las ideologías, las costumbres o los actores y agentes externos que se apoderan de la comunidad.

En las primeras páginas del libro se afirma que los artículos voltean “el argumento foucaultiano”, se corrompe la coherencia y se da pauta a la construcción de saberes, herramientas y métodos que involucran al etnógrafo y a sus sujetos de estudio. Francamente el texto es entretenido. Muchos de sus fragmentos —aunque hay excepciones— logran que el lector no deje de leerlos.

Con la lectura se logra interpretar textos, se sobreentiende que la investigación etnográfica detenta en el absurdo cuando se trabaja desde una misma localidad. Desde que se mira al territorio como un simple espacio de carácter cerrado e independiente. Esas ideas se corrompen para hablar, describir e insistir en la heterogeneidad de territorios o de identidades. Se etnografía la relación, conexión y vínculo de sujetos, actividades o problemas que enfrentan en la cotidianidad del quehacer humano. Más que la inversión de un argumento foucaultiano cada página recuerda el estilo y la retórica etnográfica. Las propuestas de George E. Marcuse, incluso, sobre la etnografía multisituada o aquellas reformulaciones sobre la autoridad etnográfica que en 1984 vislumbraran los integrantes del Seminario de Santa Fe y encontraron cabida en el célebre Writing Culture. The Poetics and Politics of Ethnography , editado por George E. Marcuse y James Clifford. Creo que Comunidades en movimiento halla tutela en esa perspectiva, aunque en ninguno de los artículos se mencionen tales propuestas. En ellos se marca un puente entre los movimientos sociales y los de las comunidades indígenas para dotar de herramientas al anclaje etnográfico.

La primigenia del libro, he sido reiterativo, se debe a prolongados debates entre profesoras, estudiantes y egresados de la ENAH que buscan quebrar los horizontes “tradicionales” para dar pauta a la reestructuración de propuestas que solventen el matiz de la antropología de nuestro tiempo. Comunidades en movimiento contiene 247 páginas, su edición se encuentra a cargo del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y la Editorial Navarra. La suma de sus páginas fragmenta el libro en 11 capítulos, una presentación y una amplia introducción en la cual se soslaya la matriz conceptual, incluso metodológica, que se impregna en el escrito.

La “Introducción” a cargo de Adriana López Monjardin y Marcela Coronado Malagón explica el porqué del título, insisten que en la actualidad no existen territorios sin movimientos. Al contrario, la transformación del mundo incita a aceptar, cuestionar y adaptar nuevas formas de organización individual y colectiva. De forma inmediata se promueve la reformulación de las tesis del poder foucaultiano para darle espacio a la microfísica de la resistencia , sustentada en las aristas que expulsan las comunidades estudiadas.

Por ejemplo, una comunidad resiste —afirman las editoras— porque no se libran de la violencia del régimen gubernamental, no quebrantan sino que rechazan y adaptan saberes y conocimientos del quehacer colectivo o por la importancia nuclear de las opiniones que externan los sujetos que se involucran en el grupo. Es decir, las páginas introductorias agrupan las “constantes empíricas” de cada uno de los estudios: “La amenaza, las historias del nosotros [y] las historias propias”.

“Nexos y espacios en las comunidades contemporáneas” hace un collage del tema que hoy y siempre ha girado en las comunidades indígenas: las disputas en torno al territorio y la defensa de la tierra. ¿Cuáles son los vínculos que forjan los habitantes de esos territorios ante la defensa de la tierra?

Es la incógnita que López Monjardin analiza en su estudio. El conocimiento sobre las problemáticas de diversas comunidades es evidente: Morelos, Oaxaca, Jalisco, Guerrero, Chiapas o Nezahualcóyotl marcan el núcleo de la investigación. Se retoman trabajos culminados, recopilación propia y reflexiones teóricas, se dejan los matices de una reforma agraria anclada por el Estado, para colocarse en la reacción del conflicto, entre la fragmentación y la desposesión. La autora vislumbra el tema en seis puntos: 1) resistencia ante defensa de la tierra; 2) despojo que promueve vías de desarrollo; 3) entramado socioambiental; 4) usos y desusos del agua; 5) participación femenina en el ámbito agrario, y 6) certificación de programas estatales que avalan límites ejidales.

La astucia del primer capítulo sirve de zona de confort para los subsiguientes. Al bloque temático intitulado “Las amenazas” se suma un trío de investigaciones que detonan en la reacción, el comportamiento o la resistencia de las comunidades ante los agentes que promueven la persuasión, la violencia o la manipulación de un terreno colectivo.

En el Istmo de Tehuantepec los ejidatarios zapotecos enfrentaron el despojo que fraguaron las empresas eólicas, sintetizan lo enunciado. Úrsula Hernández describe la situación que se vive en La Venta desde 1994, con la llegada de los parques eólicos. La autora muestra la imposición de parques por medio del engaño y la desinformación, rescata las voces de un pueblo que vive los embates de un “desarrollo” para y del sector privado. Se dice que el proyecto, según los empresarios, era experimental, buscaba “energía limpia” a través de tratos sucios, el pueblo reaccionó, pidió apoyo mutuo, pero la amenaza o la transgresión ejidal sigue latente.

“Carrizalillo del oro…” no es muy distante al caso zapoteco. La unión de una empresa canadiense (Goldcorp), y su dependencia mexicana Luismin, transgrede el ambiente guerrerense; Alejandra Balzaretti, la autora, sintetiza los datos de su tesis de licenciatura para hablar de un “horizonte de coerción” atravesado por Mezcala, Carrizalillo y Xochipala. En su estudio describe el daño ecológico y humano que la minería extranjera ha hecho del territorio, no sólo comunitario sino regional. Donde las nuevas tecnologías marcan la reacción de los ejidatarios afectados, éstos crean asociaciones para la defensa de la tierra o para el apoyo colectivo o personal, debido a la actitud fraudulenta de Goldcorp, que difundía en su página de internet los “beneficios”, para los afectados nunca vistos, que el horizonte territorial vivenciaba.

Un par de canchas de futbol diversifican el conflicto entre los habitantes de la comunidad Ampliación El Torito, en Naucalpan, y las autoridades municipales. Entre un abuso descriptivo, innecesario para los objetivos del libro, Alberto Moreno Ibarra redacta “El asistencialismo autoritario y la resistencia de los vecinos de El Torito, Naucalpan”, según mi lectura es el capítulo más aburrido del primer bloque temático. El autor busca radiografiar las vivencias diarias de los habitantes de aquella comunidad, algo innecesario para el sentido de su investigación.

Se dice que ese territorio nace en los años sesenta, pues fue relleno sanitario, ladrillera y deshuesadero, pero en los ochenta el regimiento municipal decidió quebrantarlo. Los afectados reaccionaron al hecho, transformaron el lugar con la construcción de canchas de futbol. Los lazos comunitarios hacen efecto, pero una vez más la política municipal, sin llegar a un acuerdo, destruyó las canchas —el centro comunitario— para asentar un instituto de asistencia social. La organización de los afectados fue inmediata: detuvieron la obra, las autoridades los reprimieron violentamente y llegaron al campo legal, para juntos recuperar lo que les pertenece. Para analizar este tema que en verdad es importante, me pregunto: ¿para qué decir lo que hacen a diario los habitantes de El Torito? ¿A caso le sirve al autor para el núcleo de su estudio?

“Las fronteras” es otra arista que dimensiona a Comunidades en movimiento . Sinceramente habría que aplaudir la habilidad etnográfica de Elizabeth Peña, desde mi punto de vista es el artículo más entretenido, me atrevería a decir, el que hace honor a la tesis que gira en todo el libro. El lector no puede parar, se transporta al sitio. La investigación explica el simulacro que los migrantes hñahñus escenifican para que los foráneos vivencien la experiencia de cruzar la frontera. En la comunidad El Alberto del Valle del Mezquital sus habitantes trabajan en colectivo para ofrecer una de sus mejores atracciones en el Parque Ecológico Eco-Alberto; cada poblador se suma al acto para adentrar a los interesados a las penurias que en el desierto viven los migrantes. El acto beneficia al pueblo económica y turísticamente, también es un espacio de crítica, pero simboliza la reacción de los oriundos ante lo que ellos viven y proyectan al pisar un terreno que implora la identidad del nosotros y del otro .

Precisamente la visión del nosotros , pero con corte etnohistórico, es lo que Marcela Coronado retrata en su escrito. Se nota la madurez intelectual del artículo, pero a mi juicio es un tanto “aburrido”, si lo comparamos con las investigaciones de los neófitos que le dan vida al libro. Como es costumbre, Coronado toma como eje de estudio el estado de Oaxaca, específicamente a los zapotecos de Ixtepec, en el Istmo de Tehuantepec; lo cual quebranta los textos que le anteceden, los meramente etnográficos, describe las diputas históricas que la comunidad de Ixtepec ha enfrentado de manera interna, ante la defensa del territorio. Pero el núcleo hipotético del libro se impregna en el artículo: la reacción y movilidad de los comuneros ante conflictos internos que en Ixtepec llevan a trastocar el sentido comunitario y hacer una distinción entre el nosotros y el otro. Un otro que no es distante, es uno de ellos, un comunero, pero en favor de lo que las políticas gubernamentales promueven en el territorio.

Santa María Yolotepec y su insistencia en la conservación de su sistema de normas cuensitudinarias nos lleva a una descripción de elección de autoridades municipales. Pero resalta estrategias y acuerdos entre los habitantes que subsisten y salen con algún pretexto, de la comunidad, he ahí la trascendencia de las ideas de David Ricardo Martínez. Es un texto que no se enfoca a aquellos análisis escuetos que van de la asamblea comunitaria a la búsqueda o conflictos por el poder (aunque hay extensas páginas en las que se corre el riesgo), sino a las formas de reacción o acción colectiva que tejen los oaxaqueños de Yolotepec ante el impacto migrante, la asignación de cargos de manera repetitiva o la educación de los jóvenes y, por consiguiente, la poca participación, pero insistente, en el cumplimiento de algún cargo.

A kilómetros de distancia, el proceso socioambiental resiste en la frontera territorial de Tlaxcala. En 2001, relata Maira Oliva Ríos, la gubernatura estatal decidió asentar una planta de residuos tóxicos en el municipio de El Carmen Tequexquitla; el proyecto atrajo a propios y extraños, pues el “progreso” extranjero llegaría por doquier. Al fin de cuentas un programa con beneficios ficticios que sólo dañaría el terreno y a sus habitantes. Al vivenciar el acto, los habitantes de El Carmen buscaron la forma de aniquilar el proyecto de origen suizo, que sólo beneficiaría a los empresarios y a la política estatal. La erosión del ambiente provocada por los residuos tóxicos movilizó a propios y extraños, se implementó una resistencia fronteriza difundida por originarios, universitarios, grupos ambientalistas y Greenpeace, que usó el referente tecnológico para protestar por el proyecto, la acción ante la defensa de la tierra y del medio ambiente, provoca la difuminación del proyecto a cargo de lo que se llamó Grupos Ambientalistas de Tlaxcala. Un caso de éxito, diría la autora, pero también de movilización o de búsqueda de acción por el ataque de una historia colectiva, pero propia de una comunidad que sí se mueve.

El último rincón del texto que nos atañe da espacio a tres “historias propias”, nacidas en Los Ángeles, Chiapas y Oaxaca. Casualmente se compaginan los temas que marcan al México de ayer y al de siempre: la participación activa de las mujeres, la adaptación del referéndum tradicional y la implementación educativa. Alejandra Aquino, Arturo Manuel González y Santana Navarro Olmedo son los autores de esos estudios. El primero de ellos se titula “La participación de las mujeres de Yalalag en las protestas migrantes de 2006 en Estados Unidos”, exactamente el 25 de marzo se efectuó una mega marcha en Los Ángeles, California, por la aprobación de una ley que afecta a los indocumentados. La movilidad pero ante toda la reacción de una comunidad migrante que traspasa la frontera mexicana para reformularla en el país vecino es el tema soslayado en el escrito. Con la descripción de la marcha por el repudio de las leyes antimigrantes se muestra a un grupo de mujeres yalaltecas que a toda costa defienden su estancia en la zona que les pertenece. El ejemplo de mayor redundancia nace en el rechazo a izar en la marcha la bandera mexicana y preferir la estadounidense, para manifestar y reafirmar su voz, su derecho al grito de Proud to be an American . Las mujeres refuerzan su identidad y se dedican en un espacio público a corromper estereotipos que denigran su identidad compartida: la estadounidense y la oaxaqueña-mexicana.

El trabajo de Arturo Manuel González es otro caso interesante. El proceso ritual proyectado en el carnaval sirve de escenario para otra comunidad en movimiento: el Municipio Autónomo Zapatista de San Pablo Polhó. Un espacio de reciente creación ante los conflictos paramilitares que vivieron los tzotziles por el apoyo al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), éstos decidieron asentarse en campamentos y formar un municipio autónomo en Chenalhó. Con ello, la reconstrucción identitaria fue evidente, se reelaboró una nueva historia y celebraciones como el carnaval del ahora municipio autónomo. La diferencia entre ambas comunidades nace en el carnaval, los de Polhó reformulan la escenificación incluyendo y eliminando lo que para ellos es grotesco (prohibición de alcohol o la de rituales carnavalescos que denigren la cotidianidad, como los asociados al acto sexual), pero aún presente en Chenalhó. El artículo simboliza la preservación de una celebración que combate por quitarse la sombra de lo que alguna vez fueron.

Finalmente, el libro cierra el trajinar de las comunidades en movimiento con la extracción de un capítulo de la tesis de maestría, que en 2010 presentara Santa Navarro Olmedo. Por ser la transcripción de un fragmento de una tesis hay partes escuetas que podrían solventarse con la explicación de una nota a pie de página, pero a pesar de ello, el texto enardece el objetivo colectivo. Santa Navarro analiza los convenientes e inconvenientes del Bachillerato Integral Comunitario (BIC) del municipio de Guelatao de Juárez, en Oaxaca. El proyecto educativo fue impuesto por las autoridades gubernamentales, así como como ha pasado con otros proyectos que sin pedir opinión al pueblo, se implementan por la relevancia que tiene el territorio que vio nacer a Benito Juárez.

La autora muestra la reacción del pueblo ante la manutención del bachillerato que nace con una perspectiva de la intelectualidad indígena: la comunalidad. Dicha propuesta impulsa el uso del poder, el trabajo, la fiesta y el territorio en colaboración comunitaria. El bachillerato se creó con ese modelo pero en el acto ha sido distorsionado y es el pueblo el que sufre los problemas, como el comportamiento del alumnado o los profesores venidos de otros poblados o el fracaso de proyectos que desprestigian lo que la comunalidad aseguraba. La reacción, incluso el hartazgo de los zapotecos de Guelatao, son las respuestas que Santa Olmedo halló en aquel espacio que en sus inicios promovió una comunidad ideal, muy distante a las acciones individuales y colectivas que yerguen en Guelatao.

He aquí la misión de mis comentarios. Espero que lo haya logrado. Ampliamente relaté la tesis general del libro y la de cada una de sus capítulos, sin excluir alguno. Considero, como lo insistí en un inicio, que este texto tiene mucho para trascender, pues es de los pocos materiales que abre la puerta al neófito que se engolosina con el trabajo de campo, con su bagaje informativo pero en el trabajo de gabinete no encuentra salida al mismo. Creo que quienes hemos pasado por esos momentos, entendemos la importancia que para los autores de una tesis de grado, artículo o libro representan sus investigaciones, quizá no importantes por las propuestas metodológicas o teórico-prácticas, sino por el valor que nace en quien las escribe.

Comunidades en movimiento hace honor a ello y qué mejor que partir de una microfísica de la resistencia que ejemplifique cómo los habitantes de las comunidades trascienden, reaccionan y accionan un saber individual o colectivo que defiende lo propio a pesar de los empeños del otro. Así, como en la vertiente académica donde el consejo de ancianos impide el paso a los jóvenes topiles que transitan en una comunidad que aparentemente no se mueve .

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