Investigación

Entre calles y avenidas: trabajadores informales, atípicos y precarios en el noroeste de México

Between streets and avenues: informal, atypical and precarious workers in northwestern Mexico

Entre ruas e avenidas: trabalhadores informais, atípicos e precários no noroeste do México

Ernesto Sánchez Sánchez
Universidad Autónoma de Sinaloa, México., México

Entre calles y avenidas: trabajadores informales, atípicos y precarios en el noroeste de México

Ánfora, vol. 25, núm. 45, pp. 99-122, 2018

Universidad Autónoma de Manizales

Recepción: 05 Septiembre 2017

Aprobación: 08 Febrero 2018

Resumen: Objetivos: identificar las formas de organización laboral que se desarrollan en medio de una vulnerabilidad que conlleva a las condiciones de precarización de trabajadores informales de Culiacán, al noroeste de México. Metodología: a partir de la sociología del trabajo se analizaron los conceptos: informal, precariedad y trabajos atípico y, con base en las características que presentaron los trabajadores informales se estableció una correlación con la conceptualización utilizada. Por ello, se llevó a cabo una metodología de corte cualitativo en la cual se aplicaron 19 entrevistas semiestructuradas a trabajadores informales urbanos con visitas aleatorias de tres veces al mes durante seis meses consecutivos. Resultados: se evidenció que con el modelo neoliberal hay una expansión de mercados de trabajos informales con los cuales algunos trabajadores de tratan de compensar su condición de desempleo o subempleo, así como de bajos ingresos. En estas trayectorias laborales hay una continuación, con diversas intensidades, de las condiciones de precarización en el trabajador. A pesar de que no se tenía contemplado analizar, se encontró una importante coordinación entre los trabajadores con redes familiares que permiten la operatividad para trabajar en la informalidad. Conclusiones: la inserción laboral en trabajos informales y atípicos, como resultado del desempeño de la economía local que, a su vez, sufre efectos de la política económica, muestra cómo estos trabajos, aunque sea de manera mínima, atenúan sus condiciones vulnerables.

Palabras clave: Informalidad, Precarización laboral, Trabajo atípico.

Abstract: Objective: to identify the type of labor organization that takes place amid a vulnerable context thus leading to precarious conditions for informal workers in Culiacán, northwestern Mexico. Methodology: from the sociological perspective on labor this research analyzed the following concepts: informal, precarious and atypical jobs. Based on the characteristics of informal workers, a correlation was established taking into account the respective conceptualization. Therefore, a qualitative methodology was carried out and 19 semi-structured interviews were applied to urban informal workers with random visits three times a month for six months. Results: it was noted that due to the neoliberal model there is an expansion of informal job markets of some workers as to compensate their unemployment or underemployment conditions, as well as low income. In these work trajectories there is an increase, with different intensities, of precarious conditions for the workers. Although not part of the analysis, an important link was found between the workers with family networks that allow the operation to work such informality. Conclusions: the insertion of labor into informal and atypical jobs, as a result of the performance of the local economy that, in turn, has effects of economic policy, shows how these jobs slightly mitigate the vulnerable conditions.

Keywords: Informality, Precarious labor, Atypical job.

Resumo: Objetivos: identificar as formas de organização laboral que se desenvolvem em meio de uma vulnerabilidade que leva a uma situação precária dos trabalhadores informais em Culiacán, noroeste do México. Metodologia: os conceitos: informal, precariedade e trabalhos atípicos, foram analisados a partir da sociologia do trabalho, e com base nas características apresentadas pelos trabalhadores informais, estabeleceu-se uma correlação com a conceituação utilizada. Para o efeito, uma metodologia qualitativa foi realizada, na qual 19 entrevistas semiestruturadas com os trabalhadores informais urbanos com visitas aleatórias foram aplicadas três vezes por mês, durante seis meses consecutivos. Resultados: evidenciou-se que com o modelo neoliberal há uma expansão dos mercados de trabalho informais com os que alguns trabalhadores tentam compensar sua condição de desemprego ou subemprego, assim como sua baixa renda. Nestas carreiras de trabalho há uma continuação, com diferentes intensidades, das condições de precarização sobre o trabalhador. Embora não se tinha contemplado analisar, achou-se uma coordenação significativa entre os trabalhadores com redes familiares que permitem a operatividade para trabalhar no setor informal. Conclusões: a inserção laboral em empregos informais e atípicos como um resultado do desempenho da economia local, que, por sua vez, sofre efeitos da política econômica, mostra como esses trabalhos, mesmo minimamente conseguem atenuar as suas condições de vulnerabilidade.

Palavras-chave: Informalidade, Precarização laboral, Trabalho atípico.

Introducción

Las condiciones de trabajo en Latinoamérica son cada vez más complejas; y algo que ha caracterizado a la región es la forma como han emergido trabajos atípicos a la par de una informalidad creciente.

Indudablemente, México comparte, al igual que países de América Latina y de Asia, una estructura laboral que históricamente se caracteriza por su polaridad, heterogeneidad, asimetría y desigualdad, tal como señalan Pacheco, De la Garza y Reygadas (2011, p. 21); esto se acentúa con los resultados de los modelos económicos aplicados: hay una dimisión destructiva, decadencia de ramas tradicionales, pérdida de empleo, cierre de empresas, deterioro de organizaciones sindicales y pérdida de elementos regulatorios de las relaciones laborales.

Los cambios en el mundo del trabajo implicaron un deslizamiento de la fuerza de trabajo a nuevos espacios, de lo fabril a los servicios, por ejemplo. Por ello, como sostienen Pacheco et al. (2011) y Maza y Santoyo (2016), cuando se habla de atipicidad se observa la transición del predominio del paradigma tradicional clásico situado en lo fabril a una configuración más heterogénea y subjetiva, principalmente en los servicios. En este sector aparecen actores diversos en el proceso de trabajo y comercialización que sobrepasa el esquema empresa-trabajado: el cliente, por ejemplo, como determina parte de ese proceso; de igual manera, el ciudadano que transita, el pequeño productor, la unidad doméstica, la colonia, el barrio, el gobierno en su nivel municipal a través de servicios, seguridad y control peatonal y vehicular.

En la condición de atípico también se vislumbra cómo el trabajo va más allá de la relación entre actividades materiales y actividades mentales; en la contemporaneidad lo que se ha modificado es el incremento de elementos inmateriales en el trabajo, manipulación simbólica, diseño, de comercialización, de control, negociación, de solidaridad y ruptura. Esta inmaterialidad y simbolismo del trabajo rediseña o reconstruye la identidad laboral del trabajador, pero no desaparece lo laboral como eje articulador (Pacheco et al., 2011, p. 28).

En este contexto, con base en De la Garza (2011) se sustenta lo atípico en la informalidad en los trabajadores:

…como sujetos que se relacionan en la forma no clásica entre el capital y el trabajo, como son los movimientos de vendedores ambulantes por defender su lugar de trabajo, necesitando nuevas formas de entender las fuentes de identidad y la acción colectiva entre trabajadores situadas en relaciones no claras de asalaramiento o que trabajan en relación estrecha con clientes, usuarios que puede llevar a la constitución de identidades colectivas (p. 50).

Así pues, la noción de trabajos atípicos alude a diversas formas del trabajo que se diferencian de lo que se consideró típico o tradicional; es decir, un trabajo diferente al asalariado industrial, formal, en grandes empresas, espacialmente ubicado, con jornadas de trabajo, sindicalizado con contrato colectivo, prestaciones y acceso a seguridad social (Pacheco et al., 2011, p. 23). Si bien la conceptualización de trabajo atípico se asocia con lo precario se debe dejar claro que la precariedad remite hacia aspectos negativos de un empleo, por lo que estos no implican necesariamente esa situación.

Se considera lo atípico en función de siete dimensiones en las que se han producido las trasformaciones que muestran una heterogeneidad del trabajo: 1) rama de actividad, 2) la incidencia de clientes o consumidores y otros sujetos que indirectamente intervienen en el proceso de trabajo, 3) los aspectos materiales e inmateriales del trabajo, 4) la relevancia del conocimiento científico y tecnológico, 5) la especialidad del proceso de trabajo, 6) la flexibilidad productiva, 7) la diversificación de las formas de contratación (Pacheco et al. 2011, p. 24; Hualde, Guadarrama y López, 2014).

Estas dimensiones se acentuaron a partir de una nueva división del trabajo internacional, en la que aparecieron esquemas de organización, ocupación y control de la fuerza de trabajo. Entonces, los resultados de la aplicación del modelo neoliberal, como política económica, arroja un fracaso en garantizar las condiciones y demandas básicas de los trabajadores, no solo por la depreciación salarial directa, sino que la erosión del Estado de bienestar impactó más allá de lo laboral; ya que no sólo no se alentó la creación y crecimiento del empleo mejor remunerado, o desdibujó los espacios de negociación de colectivos de trabajadores, sino que se profundizó la inequidad distributiva y polarización social, así como el incremento en los índices de pobreza e inseguridad (Ibarra, 2005; De la Garza, 2010; Garavito, 2013; Ibarra, 2015).

Esta atipicidad del trabajo se desarrolló, principalmente, en el sector informal. Las instituciones mexicanas encontraron insertos a cerca de 15 millones de personas, sumándose a los cuentapropistas, autoempleo, ambulantes, micro negocios; nuevas categorías incorporadas como son los trabajadores domésticos remunerados, independientemente del género; trabajadores informales en empresas, que en algunos casos son negocios formales y trabajadores en el ámbito agropecuario. Estas actividades dibujaron un paisaje diverso ahora con mujeres, jóvenes y niños.

A este binomio informal-atípico se adhiere otra condición que es la de la precariedad del trabajador. En un texto clásico sobre el análisis de la precariedad Rodgers (1989) y después lo retoma Mora (2006)[1] en el caso latinoamericano se describen cuatro condiciones de la precariedad: 1) inestabilidad y vulnerabilidad en el empleo; 2) desprotección e incumplimiento de derechos y contratos laborales; 3) las deficiencias en la seguridad y prestaciones sociales y laborales y 4) los bajos salarios. Estos cuatro escenarios están claramente visibles en los trabajos informales de los trabajadores ambulantes; carecen de servicios médicos, derecho a pensiones, jubilaciones y prestaciones laborales.

Para García (2011) hay ejes centrales que deben ser considerados en los trabajos precarios: desempleo e inestabilidad en el empleo, la duración de la jornada, la inseguridad y, ante la inexistencia de contratos, falta de protección social, los bajos e inseguros ingresos, la vulnerabilidad en el trabajo, la exclusión laboral y la situación de los derechos laborales y contratación colectiva.

Ahora bien, para el caso de la región del noroeste de México teniendo como estudio la ciudad de Culiacán, el municipio más poblado y capital del Estado de Sinaloa se observa cómo los elementos de informalidad, precariedad y lo atípico se enmarcan en este espacio heterogéneo donde económicamente la industria como base de desarrollo no se consolida; esto, junto al sector agrícola y de servicios siguen operando como elementos dinamizadores, sumándose factores como la violencia y el narcotráfico que dibujan una polarización económica y social (Ibarra, 1995, 2015; López, 2003; Figueroa, Aragón y Arroyo; 2016).

Si bien los hallazgos muestran que el desarrollo regional de Sinaloa, se desenvuelve con crecimiento económico insuficiente, con desigualdades sociales y una acelerado y creciente dinamismo del crimen organizado que trastoca la economía estatal, valdría la pena enfocarse en los “mundos de trabajo” propios de los mercados laborales que de manera heterogénea y compleja, como lo es el comercio ambulante, muestran formas novedosas de inserción y organización laboral e interpretación de lo que es el trabajo.

Por ello, en este escenario, a partir de la sociología del trabajo se vincularon los elementos conceptuales con realidades laborales de los trabajadores informales. Esto permite analizar, parte de las trayectorias laborales y comprender sus condiciones en el principal tianguis (mercado urbano) del Estado de Sinaloa, Culiacán. Lo anterior no sólo muestra la vulnerabilidad continua del trabajador que contrasta con los supuestos beneficios del libre mercado, sino que, además, se hace presente la existencia cada vez más consolidada de una identidad no clásica del trabajador en labores atípicas, pero asalariadas. De igual forma, se muestra al trabajo como eje ordenador y articulador de relaciones sociales que, para el caso del noroeste y similarmente en otras regiones del México, se expanden y masifican condiciones de precarización y exclusión. Dos aspectos que también explicarían este panorama son la segmentación espacial del proceso de trabajo y la flexibilización (Pacheco et al., 2011, p. 41) y es aquí donde se imponen bajos salarios, pagos a destajo y con condiciones más injustas.

Debido a lo expuesto anteriormente, las interrogantes que giran en esta investigación son conocer cómo se desenvuelve el trabajador informal-atípico en esta parte del noroeste de México, cómo se organizan los trabajadores, cómo percibe este trabajador la informalidad y bajo qué nuevos esquemas de inserción y organización se gestan estos trabajos de la calle. Esto permite comprender, a partir del marco conceptual y empírico, las condiciones de exclusión y precarización y las formas atípicas de trabajo.

Metodología

Hipotéticamente se plantea, que las condiciones sociales y económicas como resultados de la política económica, han modificado las dinámicas de las relaciones laborales, sociales y familiares en algunos espacios urbanos desterritorializados y destemporalizados y además, conllevan al trabajador a insertarse y enclaustrarse en trabajos atípicos, informales y precarios, como los tianguis de vendedores ambulantes. Para comprobar lo anterior la estrategia metodológica utilizada fue mediante el enfoque cualitativo, en la que se recurrió a entrevistas personales y revisión documental.

El trabajo de campo se realizó durante los meses de mayo-junio y noviembre -diciembre de 2016; se aplicaron 19 entrevistas semiestructuradas, las cuales fueron destinadas a trabajadores informales que al momento estuvieran trabajando en el tianguis Los Huizaches. Con base en Gayosso (2009) se consideró que los entrevistados, cuyos nombres por confidencialidad fueron cambiados, deberían estar inmersos en tres dimensiones: atípico, informal y precario; es decir, que se caracterizaran por reflejar inestabilidad en el empleo: trabajadores eventuales, por honorarios, con contratos verbales; inseguro laboralmente al inexistir indemnización, sistema de pensiones, la protección de la salud, seguro de desempleo, bajo nivel de los ingresos percibidos y que no se encontraran dentro del trabajo industrial asalariado tradicional.

Metodológicamente, se centraron cuatro dimensiones para la guía de la entrevista semiestructurada: la dimensión temporal de los trabajadores entre 2012-2016; la organizacional en la que se entretejen redes familiares, comunitarias y otros sujetos que intervienen, directa e indirectamente; la dimensión económica se relacionó con los niveles de ingreso o condiciones de pago y seguridad social; y la dimensión social que retoma las condiciones de trabajo, vulnerabilidad, discriminación y prácticas de trabajo atípicas.

Ahora bien, con apoyo de la estrategia cualitativa para la selección y ubicación de las personas a partir de muestreo no aleatorio se delimitó la entrevista sólo a trabajadores pertenecientes al primer sector del tianguis ubicado en la calle Las Minas entre las Avenidas Álvaro Obregón y Participación Ciudadana; en cada una de las cinco cuadras se entrevistó a cinco trabajadores informales. Fue necesario la estrategia de bola de nieve. Se utilizó a dos informantes claves y se pidió contactar con otros trabajadores con características similares en cuanto a su condición de trabajo. Siempre se trató de entrevistar a trabajadores de ambos sexos y que realizaran actividades de venta o de servicios diferenciados para poder establecer una tendencia.

Recurrir a la narrativa del trabajador permitió conocer las historias en común, a partir de las trayectorias laborales y mostrar analíticamente, las situaciones de inserción en trabajos atípicos y sus condiciones de precariedad. Además, las historias comunes permiten encontrar problemas similares que unen o diferencian a los trabajadores informales precarios dentro de un mismo problema y muestran condiciones que engloban no sólo una perspectiva economicista, sino que cualitativamente aparecen elementos subjetivos como las perspectivas simbólicas de lo que es trabajar y la interpretación personal del trabajo, los lazos de familia, de amistad o laborales, la concepción de espacio y tiempo. Se establecieron como variables dependientes las condiciones de política económica, enmarcada dentro del proyecto neoliberal, por lo que las variables independientes son la precarización e informalidad de los trabajadores urbanos ubicados en mercados informales de la ciudad de Culiacán.

Asimismo, se recurrió a las trayectorias laborales que permiten ubicar las condiciones de los trabajadores, ya que se consideran a partir de la reunión de elementos de la acción social, racionales o no, que vinculan y permite, en términos metodológicos, vincular los niveles micro y macro en los procesos de (re) estructuración relacionada al mundo del trabajo. Es decir, con apoyo de Herrera (2005, p. 77), se retomó a la secuencia temporal y material de las diferentes fases de vida y las prácticas y los planes de vida correspondiente de los actores retomando sus planes y acciones individuales vinculadas al trabajo y empleo.

Por lo tanto, recuperar parte de las trayectorias laborales, a través de la narrativa biográfica, permite ver el efecto acumulado de las historias y el tiempo social personal en la cual se presentan rupturas, discontinuidades y continuidades de los itinerarios de los trabajadores a lo largo de su vida laboral (Coubès, 2001, p. 192; Herrera, 2005, p. 83). Si bien la muestra no es representativa en el nivel descriptivo, sí lo es a través de ubicar una tendencia en el nivel de las relaciones y condiciones laborales y socioeconómicas en la que el trabajador tiene un comportamiento racional en función de sus propias condiciones y factores estructurales, como la política económica implementada, que ha trastocado la biografía laboral de los sujetos de estudio.

Resultados

A partir de una revisión bibliográfica y conceptual sobre informalidad, trabajos atípicos y precariedad se situó el caso de los trabajadores urbanos-ambulantes en Culiacán, Sinaloa, ciudad de la región noroeste de México. Los datos estadísticos muestran el comportamiento de la economía sinaloense y explican el crecimiento masivo de la informalidad; a su vez, los testimonios recabados a trabajadores coinciden con lo planteado conceptualmente sobre los estudios del trabajo.

El desarrollo del sistema económico hace que el mundo del trabajo contemporáneo refleje inestabilidad, inseguridad y riesgo para los trabajadores, puesto que las condiciones laborales que definen al trabajador muestran condiciones de explotación, exclusión y precarización. Por eso, se comparte lo señalado por David Harvey (2007) al llamar a esta forma de operar del capital como acumulación por desposesión, es decir, el trabajador pierde autonomía, el poder de decisión de ubicarse laboralmente en lo que debería de hacer y es aquí donde se ubica el tipo de trayectorias laborales que construyen los trabajadores en las que pareciera haber, tal vez, una ruptura en su condición por los trabajos diferenciados que ha realizado en su vida; pero, hay una continuidad en la reproducción de desigualdades, desposesión y polarización.

En los hallazgos sobre el escenario laboral del trabajador ambulante se coincide con lo planteado por Antunes (2013), en que estos trabajos articulan a “nuevos proletarios”; gente que vive del trabajo, inserto en el sector terciario, flexibles, explotados, subcontratados y precarios. Esta condición no necesariamente conforma una nueva clase o “fracción de clase, sino que se conforman como elemento de la cuestión social y salarial” (Sotelo, 2015, p.185).

Al respecto, es importante evidenciar las dinámicas de la economía en Sinaloa, que permiten explicar el auge y crecimiento de la informalidad en esta parte de la región del noroeste de México.

Dinámica económica contemporánea en Sinaloa

La economía mexicana ha crecido de manera insuficiente y vulnerable desde 1995, registrando un promedio anual de 2.8%, lo que resulta insuficiente para insertar la fuerza de trabajo al mercado laboral y se agudizó con la crisis económica financiera internacional iniciada en 2007 y que provocó una caída del PIB de 6% en 2009 (Banco de México, 2014). En este sentido, los cambios impulsados en esta etapa del librecambio consolidaron la ya de por sí existente exclusión de la fuerza de trabajo del mercado laboral local, así como una pérdida de identidad y apego del trabajador a su espacio laboral, el cual se movió entre actividades informales y vulnerables desprovistas de estabilidad y seguridad social.

En este sentido, durante la primera década del siglo XXI emergieron condiciones de inestabilidad de la economía mexicana que trastocaron fuertemente a los trabajadores. A partir de los datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y las estimaciones del empleo informal del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) que este, el empleo informal, alcanzó en México a un 6% de la ocupación total, tanto en el último trimestre de 2011 como en el tercer trimestre de 2012 y que registró 59,1% en 2013[2] (OIT, 2014). Para el 2015 los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI arrojaron que todas las modalidades de empleo informal sumaron 28.7 millones de personas, para un aumento de 0.8% respecto a igual periodo de 2014 y representó 57.6% de la población ocupada (INEGI, 2016).

Para 2016, todas las formas de empleo informal agruparon a 29.1 millones de trabajadores, con un crecimiento de 1.5% respecto al periodo de 2015 y representó 57.4% de la población ocupada (INEGI, 2016). Para 2017 la ENOE arrojó que, en los primeros tres meses del 2017, todas las modalidades de empleo informal sumaron 29.7 millones de personas y representó 57.2% de la población ocupada. Prácticamente, seis de cada diez mexicanos (INEGI, 2017).

Ante ello, se puede afirmar que el comercio ambulante es uno de los sectores más dinámicos al interior del sector no estructurado de la economía mexicana; de manera eufemística se puede considerar como micronegocios, asociados o vinculados principalmente a los hogares. Además, por su condición de flexibles e inestables no existe un registro exacto y actualizado ante las autoridades o instituciones gubernamentales, puesto que se desarrollan muchas veces sin un local establecido o en pequeños locales o talleres y carecen de un contrato de trabajo y derechos a la seguridad social.

Desde finales de la década de los noventa, la economía sinaloense mostró signos de debilidad y lento crecimiento, ya que 17 municipios, de un total de 18, siguieron especializándose en la agricultura y se empezó a gestar un sector servicios que arroparía una fuerza de trabajo vulnerable. Así pues, se siguió conformando, hasta la primera década del siglo XXI, una economía en riesgo derivado de una creciente marginalidad productiva por la debilidad de los encadenamientos tecnológicos ante la ausencia de una manufactura que arrastre a los otros sectores (Ibarra, 1997, p.19; Ibarra, 2009; Soto, 2013; Nava, 2013). Esto conllevó a que los nuevos trabajadores tuvieran la necesidad de insertarse en el trabajo informal urbano.

Así pues, la modernización de la relaciones laborales sinaloenses recayó en la informalidad y el autoempleo; en el campo, el ejidatario apareció como un trabajador por cuenta propia, al igual que los comerciantes detallistas de barrio, comerciantes ambulantes y servicios personales de baja calidad (Ibarra, 1997, p. 51), pero esto no reflejó una cuestión de emprendimiento o productividad empresarial, sino una vulnerabilidad y desprotección y exclusión del trabajador.

Ya en el siglo XXI, el PIB sinaloense no se incrementó de manera óptima y estuvo por debajo de la media nacional. La tasa de crecimiento anual nacional, desde 1995 hasta 2004, fue de 2.75% y en Sinaloa sólo fue de 1.94; de 2004 a 2006 el Producto Interno Bruto (PIB), se redujo a 2.4%. Durante el tercer trimestre de 2012, el crecimiento de la informalidad entre la población ocupada de Sinaloa se elevó la cifra de ocupación informal por arriba de los 700 mil 675 trabajadores alcanzados durante 2010, registrada como la más alta; de igual forma, superó con 42 mil 870 empleados informales los 681 mil 460 trabajadores contabilizados durante el tercer trimestre del año pasado de 2011 (Rosas, 2016).

Para el primer trimestre de 2013, los ocupados en la informalidad sumaron 655,580 personas, lo que representó porcentualmente 53.38% del total de la población ocupada. Estos datos reflejan el escaso desarrollo regional para generar los empleos necesarios y de calidad. Asimismo, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STyPS) arrojó datos en la cual los trabajadores sinaloenses terminaron el 2014 con los salarios más bajos del país, con un rezago de 27% respecto al promedio nacional. Para el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), la generación de 19 mil 442 empleos formales en este mismo fue insuficiente para contener en el estado el incremento (de cerca de 19%) de pobreza, con cerca de un millón 200 mil habitantes (Rosas, 2015).

En 2016, con la desaparición de 19 mil 163 empleos formales, el Estado de Sinaloa reportó la caída laboral más grande de los últimos 20 años (Rosas, 2016). De esta cifra, la mitad está vinculada a trabajadores eventuales del sector primario, donde se observó una reducción de 10 mil trabajadores asegurados. Sumado a lo anterior los trabajos formales registraban en promedio un salario ante el Instituto Mexicano de Seguro Social (IMSS) de 229.33 pesos diarios, siendo el ingreso más bajo en el ámbito nacional para un empleado formal. Para el caso de Sinaloa, los datos de la STyPS muestran que una tasa de desocupación por arriba del promedio nacional; para jóvenes de 15 a 29 años es de 7.4%, asimismo, una tasa de informalidad de 53%, equivalente a 697 mil 917 sinaloenses (Rosas, 2016).

Cabe destacar que Sinaloa se caracteriza por una población en edad productiva y laboral. Los datos del INEGI para el 2015 arrojan que la población total de Sinaloa fue de 2 millones 994 mil personas; 1 millón 358 mil 096 personas constituían la PEA; el 95.89% se encontraban ocupadas y 55 mil 813 personas se encontraban desocupadas. Sin embargo, entre las personas que se encontraban ocupadas el 7.78% se encontraba sub-ocupada, el 65.28% contaba con trabajo asalariado y el 26.41% estaba ocupada en el sector informal (INEGI, 2016).

Este comportamiento económico, aunado a los graves problemas sociales de pobreza y violencia, ayuda a comprender cómo los mercados de trabajo, trastocados por las severas crisis del modelo neoliberal y la reorganización de la producción, implicaron y obligaron a los trabajadores excluidos, hacia nuevas formas de organización, de uso y de control de espacios. Con estas condiciones se conformaron mercados de trabajo en los que se conglomeraba un ejército industrial de reserva, que luego estaría compuesto por mujeres, jóvenes estudiantes, niños, personas adultas en la vejez, amas de casa, trabajadores subempleados y que no sólo suple o reemplaza a la fuerza de trabajo sino que determina, a partir de novedosas formas de organización, consumo, venta y negociación de servicios o productos, así como nuevas relaciones laborales familiares y clientelares propias del ambulantaje.

Cabe señalar que el comercio ambulante, así como las diversas actividades que realizan dentro de él es complejo por sus estructuras removibles, su forma de organización y comercialización entre los trabajadores y consumidores y, principalmente, por las nuevas formas identitarias que se crean. Este tipo de actividades no corresponden a un grupo homogéneo, clasista tradicional. Aquí se detectan diversos perfiles sociodemográficos de parte de los que intervienen, por lo que su característica esencial, más allá de su precarización y vulnerabilidad; es más bien un campo social heterogéneo por la composición de sus miembros, la diferenciación en el nivel de ingresos, nivel educativo, perfil sociodemográfico y trayectorias laborales (Silva, 2008).

Igualmente, las prácticas y las formas de trabajar mediante la oferta de mercancías (ropa nueva y usada, artesanías, alimentos, películas y música pirata o servicios, corte pelo, reparación de teléfonos celulares), así como su relación con el cliente, o con actores como policías, agentes de tránsito o personal que cobra en nombre del Ayuntamiento del Municipio[3], muestra formas de apropiación de la calle y la banqueta, como el lugar de trabajo.

Todo esto muestra, de manera holística, nuevas formas de relación entre el capital y trabajo, entre asalariados o no asalariados, entre autoridades y ciudadanos-trabajadores, teniendo como eje ordenador al trabajo, en este caso informal; es un sector paralelo al clásico establecido y que sirve de amortiguador ante trabajadores sub-empleados, desempleados o personas que solo buscan incrementar sus bajos ingresos familiares. Con base en lo anterior, a continuación, se presentan las condiciones laborales de trabajadores informales en Culiacán.

Informalidad y precarización: el trabajo en las calles de Culiacán[4]

Cuando se habla de trabajo atípico, informal y precario se hace alusión a nuevos sujetos, espacios y formas de trabajar, inclusión de familia, amigos y clientes en las relaciones laborales contemporáneas que de manera atípica se organizan y reflejan una carga simbólica en el trabajo.

Lo interesante es que en estas relaciones sociolaborales hay una parte de la reproducción que se considera fuera de la producción misma; se trata en parte del trabajo de reproducción en la familia, vecinos, compañeros de escuela o amigos para satisfacer necesidades de alojamiento, alimentación, cuidado de niños, que no adquieren una dinámica mercantil propia y entran relaciones personales, sentimentales, de solidaridad y compañerismo, o de violencia, despojo y confrontación.

Es decir, pareciera ser que lo que se ve en Polanyi (2003) es cada vez más notorio en una sociedad del trabajo, en este caso no industrial y de mercado, en la que trabajadores, asalariados y no asalariados o que conviven con ambas condiciones de manera cotidiana, están situados en una condición de pauperismo en sus trayectorias laborales y que los sitúa en una incertidumbre y riesgo social.

En este contexto, cuando se habla de trabajadores ambulantes urbanos se señala a trabajadores que utilizan los espacios públicos para trabajar en la calle, en la banqueta. Esto sucede no como un acto mecánico, sino que está interrelacionado con otros factores subjetivos que van desde las posibilidades de ganar más de lo que se obtiene en lo formal o de estrategia para incrementar el ingreso familiar. Lo característico en estas últimas décadas, no solo es el crecimiento exponencial, sino su práctica masiva organizada de manera no tradicional ante condiciones de exclusión, precarización y vulnerabilidad (Tilly, et al., 2014). Aquí es pertinente lo que señala Harvey (2013) en cuanto a que esto refleja un reclamo en el que se percibe un derecho a la ciudad; planteamiento reivindicativo de los nuevos movimientos urbanos. Pero sería arriesgado generalizar que, para los trabajadores informales y sus organizaciones, las luchas principales se concentran sólo en espacio público.

Ahora bien, para Ibarra (2015), desde la década de los sesenta la ciudad de Culiacán concentró el desarrollo regional de Sinaloa, con un sector industrial limitado menor comparado con otras entidades del norte del país, pero con un sector terciario más desarrollado, que se dinamizó durante el proceso de globalización, con un desarrollo agrícola de alta productividad, mejor infraestructura urbana y servicios públicos así como servicios financieros, a la par de un patrón de urbanización residencial, vecinal y comercial con una amplia clase de trabajadores urbanos empobrecidos que formó parte de este escenario.

En Culiacán, Sinaloa, existen alrededor de ochos tianguis no permanentes, ubicados en las colonias Felipe Ángeles, López Mateos, Laureles Pinos, Antonio Nacayama, Guadalupe Victoria, Lombardo Toledano, Aguaruto, Cinco de Febrero. En el más grande, el de los Huizaches, se reúnen los domingos, aproximadamente, entre 1500 a 2000 vendedores. Está ubicado en la salida sur de la ciudad de Culiacán en la colonia Huizaches. Este tianguis se creó en 1992 principalmente para vender ropa usada (o de segunda como también se le conoce). Con el tiempo, se diversificaron más artículos y servicios; ahora también se vende juguetes, calzado, verduras y alimentos, piratería, artículos, nuevos y usados, de limpieza, de herrería y jardinería, artículos eléctricos; televisiones, dvd, teléfonos, estéreos de automóviles, material de computación, principalmente semi-nuevos, servicios y artículos de peluquería y comida.

Ahora, establecer un pequeño puesto o espacio en la banqueta, de dos metros cuesta 30 pesos y se le paga al Ayuntamiento de la ciudad, garantizando así un lugar determinado por el mismo Ayuntamiento, así como seguridad, tránsito y limpieza en las calles. El horario del tianguis es de 5:30 a. m. hasta las 3 p. m.

Así pues, parte de las trayectorias laborales de los trabajadores muestran no sólo el trabajo que realizan y su condición laboral, sino también el estado de precarización y vulnerabilidad:

“Estudié hasta la secundaria, trabajo limpiando casas y los domingos vendo en los Huizaches. Vendo zapatos y a veces chácharas de cocina, otras veces ropa, pues uno tiene que buscar otra fuente de dinero, soy de un rancho y allí ayudaba a mi mamá en la casa, y a veces trabajábamos en campo, limpiando terrenos, he querido estudiar para corte de pelo, pero también dicen que se gana poco, mis hermanos están en Guadalajara y otro en Tijuana y pues dicen que me vaya para allá, pero sería cuestión de encontrar otro tipo de trabajo pero no creo encontrar. Por limpiar una casa a la semana son casi 800 pesos, y cuando junto ropa o algo para vender saco 250 pesos otras veces hasta 500, pero no es seguro, varía lo que saco de ganancia. He tenido varios trabajos; en el mercado Garmendia atendiendo un puesto de verduras, en la limpieza. Mi esposo es plomero y a veces también viene a vender conmigo, pero le busca en otros lados, ya no sólo de plomero. Aquí tratamos de vender lo más posible que se pueda, aunque bajemos los precios, de los clientes dependemos, si ellos llegan hasta el mediodía pues hay que esperarlos, aunque haya llegado a las 6 de la mañana, hay que hacerles buena cara, no enojarse, pá que vuelva, negociamos el precio, pero luego ellos se imponen” (María).

Cynthia desde 2008 vende ropa usada y artículos deportivos; llega a las 8 o 9 am, sus primas le apartan su lugar o ella a veces les aparta:

“Estudié hasta la secundaria, trabajo limpiando casas y los domingos vendo en los Huizaches. Vendo zapatos y a veces chácharas de cocina, otras veces ropa, pues uno tiene que buscar otra fuente de dinero, soy de un rancho y allí ayudaba a mi mamá en la casa, y a veces trabajábamos en campo, limpiando terrenos, he querido estudiar para corte de pelo, pero también dicen que se gana poco, mis hermanos están en Guadalajara y otro en Tijuana y pues dicen que me vaya para allá, pero sería cuestión de encontrar otro tipo de trabajo pero no creo encontrar. Por limpiar una casa a la semana son casi 800 pesos, y cuando junto ropa o algo para vender saco 250 pesos otras veces hasta 500, pero no es seguro, varía lo que saco de ganancia. He tenido varios trabajos; en el mercado Garmendia atendiendo un puesto de verduras, en la limpieza. Mi esposo es plomero y a veces también viene a vender conmigo, pero le busca en otros lados, ya no sólo de plomero. Aquí tratamos de vender lo más posible que se pueda, aunque bajemos los precios, de los clientes dependemos, si ellos llegan hasta el mediodía pues hay que esperarlos, aunque haya llegado a las 6 de la mañana, hay que hacerles buena cara, no enojarse, pá que vuelva, negociamos el precio, pero luego ellos se imponen” (María).

Cynthia desde 2008 vende ropa usada y artículos deportivos; llega a las 8 o 9 am, sus primas le apartan su lugar o ella a veces les aparta:

“Aquí la familia es la que apoya, o a veces unos vecinos que nos conocemos y pues tratamos de ayudarnos. Empecé, vendiendo fruta y verduras con una de mis tías, estuve como medio año, pero en la semana trabajaba en una lonchería de la Universidad y pues los domingos los usaba para descansar. Estudié hasta la preparatoria, mi papá estaba en Estados Unidos y luego se regresó y pues las cosas en la casa ya no estuvieron fáciles, siempre han querido que siga estudiando, pero la verdad está difícil, tengo dos niños y soy madre soltera. Entre semana trabajo en una tienda de accesorios para mujer, y los domingos vengo dos o cuatro horas, a veces hasta mil pesos me ganó, aquí no hay nada seguro social, sindicato, ni indemnización, en la tienda si me dan seguro social y uno es lo que busca, pera ya de antemano sabe uno que en esos trabajos no hay futuro” (Cynthia).

En tanto que Carlos expresa que

“Este tipo de trabajo es como de suerte, a veces te va bien y otras te regresas cansado y con poco dinero, yo tengo casi cinco años viniendo, he trabajado vendido cosas para el hogar vendiendo de puerta en puerta, he trabajado en un expendio de cerveza, de pintor de casas, la he hecho de muchas cosas. De que hay trabajo hay trabajo pero muy mal pagado, aparte todos te quieren explotar, quieren que la hagas de todo y por la misma paga, me han invitado para irme a trabajar a Estados Unidos pero no tengo dinero y eso cuesta. Aquí lo que hago es vender herramienta, tengo como un año y medio, he vendido verdura y artículos eléctricos, en la semana la hago de repartidor de pizzas y ensaladas. El ingreso varía, no solo por los clientes, sino porque a veces te traen para vender, ósea no es tu mercancía, sino que es de otro y pues le das una parte. Sólo así uno se puede más o menos alimentar y ayudar a los pagos de la casa, teniendo varios trabajos, la vida está muy cara. En la casa todos somos trabajadores, mi hermana trabaja en un almacén y a veces vienen a vender con mi mamá, mi papá es electricista, pero también luego no hay trabajo y pues le busca en otro trabajo” (Carlos).

“Este tipo de trabajo es como de suerte, a veces te va bien y otras te regresas cansado y con poco dinero, yo tengo casi cinco años viniendo, he trabajado vendido cosas para el hogar vendiendo de puerta en puerta, he trabajado en un expendio de cerveza, de pintor de casas, la he hecho de muchas cosas. De que hay trabajo hay trabajo pero muy mal pagado, aparte todos te quieren explotar, quieren que la hagas de todo y por la misma paga, me han invitado para irme a trabajar a Estados Unidos pero no tengo dinero y eso cuesta. Aquí lo que hago es vender herramienta, tengo como un año y medio, he vendido verdura y artículos eléctricos, en la semana la hago de repartidor de pizzas y ensaladas. El ingreso varía, no solo por los clientes, sino porque a veces te traen para vender, ósea no es tu mercancía, sino que es de otro y pues le das una parte. Sólo así uno se puede más o menos alimentar y ayudar a los pagos de la casa, teniendo varios trabajos, la vida está muy cara. En la casa todos somos trabajadores, mi hermana trabaja en un almacén y a veces vienen a vender con mi mamá, mi papá es electricista, pero también luego no hay trabajo y pues le busca en otro trabajo” (Carlos).

La forma de recurrir a las redes sociales familiares y vecinales es esencial para la coordinación y operación del tianguis. A propósito, Alberto dice que

“Aquí se ha metido el Partido Revolucionario Institucional (PRI), y otros partidos pero no jalamos con ellos, solo nos buscan cuando hay elecciones, aquí nos reunimos entre semana, como varios vendemos en otros tianguis pues nos conocemos y organizamos juntas para ver cómo le hacemos para trabajar mejor, por sectores: los que venden comida, los que venden fierros, los que venden ropa y otros que traen piratería, los del Ayuntamiento son buenos para cobrar, pero tienen un cochinero en la calles, bien sucias y hay mucho asaltante y hay que cuidarse de ellos. Nosotros planeamos la instalación de los puestos, ahorita estamos viendo cómo aprovechar lugares de la Calle Obregón o de otras calles para que sea como un estacionamiento, no somos un sindicato, ni nada por el estilo pero tratamos de ayudarnos y sin el Ayuntamiento funcionamos mejor” (Alberto).

Otro vendedor narra:

“Si tú quieres vender por ley te cae el Ayuntamiento para sus 30 o 40 pesos, hay otros que ya están más establecidos o que quieren que les rentemos una carpa o tubos con lona, pues eso se los facilitamos. Entre semana muchos trabajan en la calle, en la esquina, allí no se paga, pero hay que estar correteando los autos para que te compren. Se han tratado de hacer organizaciones de vendedores, hay hasta una página de Facebook, pero algunos solo vienen un domingo y pasan semanas para que vuelven, otros si vienen más seguido y nos ponemos de acuerdo para no tratar que se haga un relajo, nos ponemos de acuerdo en la forma en donde establece un puesto” (Vendedor ambulante).

El testimonio de otra trabajadora atípica dice

“Aquí nosotros nos organizamos por nosotros mismo, yo con unos vecinos nos juntamos y venimos a vender, ellos tienen conocidos que nos apartan lugares, a veces compramos ropa a otros puestos para revender, pero la compramos al precio justo, no se vale perjudicar a los compañeros. El problema es con los clientes que se batalla y no quieren comprar y pues uno está casi rogándole para que compren” (Trabajadora atípica).

Igualmente para Blanca, una comerciante que lleva años vendiendo en diferentes tianguis de la ciudad, sabe que las formas de organización en estos trabajos atípicos corresponden por iniciativas de los propios trabajadores;

“Mire a lo mejor no somos una organización pero tratamos de protegernos, eso está comprobado tanto en el tianguis de la Guadalupe Victoria (al sur de la ciudad) como el de Aguaruto (oeste de la ciudad), así se hace, el gobierno no hace nada por mejorar las condiciones de la calle, de inseguridad, todo está sucio, los camioneros se meten por donde quiera…. hay veces que llegamos y no hay ni luz, entonces nos ponemos de acuerdo para ver como jalamos luz, también cuando todavía no se cierran las calles pues hay que hacerla de tránsitos en la circulación de los coches o los autobuses, lo mismo con la seguridad, de todo tipo o que gente nos quiera cobrar o meter en política” (Blanca).

Aquí también se observa cómo, a partir de la concepción del trabajo ampliado (De la Garza, 2010), las formas en cómo se identifican y se relacionan los trabajadores implica a otros sujetos no clásicos dentro de la propia relación laboral, como el que recurre al trabajo en la calle, con sus demandas, formas y organización en espacios heterogéneos y vinculados entre sí como la calle y el hogar, el vecindario como taller y lugar de trabajo. De acuerdo con De la Garza (2011, p. 63) vivir del trabajo, y en este caso atípico y precario, supone que se participa en una forma de vida en la que hay una socialización y que esto tiene importancia, no sólo por el ingreso que se percibe, sino porque se conjugan sentimientos, valores, nociones de vida diversos respecto del mundo del trabajo, de amor, de odio, de indiferencia, realización profesional o de alineación, pero su eficiencia muchas veces cae en lo comunitario, en la acción colectiva.

Con la narrativa del trabajador informal se evidencia también cómo el trabajo atípico-informal refleja su condición de precario e inestable, ya no subordinado a un solo patrón y empresa –en donde se establecían relaciones jerárquicas claras– con contrato por tiempo incierto, sin seguridad social desprotegido, riesgoso y a veces el cliente está integrado en la producción y comercialización, el perfil del trabajador se asocia al de estudiante, pensionado, ama de casa y subempleado. Los tiempos son diacrónicos y los espacios de trabajo son cambiantes, además el tiempo dedicado se asocia a la vida cotidiana y al uso de tiempo libre se vincula indirectamente con el trabajo.

Con los testimonios de trabajadores informales tiangueros o vendedores en Culiacán se observa la ruptura continuidad en los proyectos biográficos laborales. Se comparte, entonces, el concepto de Macip (2009, p.13) en cuanto al trabajo e individuo, y que no sólo atañe a su vida como trabajador enmarcado sólo en un espacio laboral, sino que se configuran como sujetos neoliberales que tienen como características el desplazamiento continuo entre diversos segmentos de los mercados de trabajo; esto, como resultado de los ciclos económicos de ascensos y descenso en la demanda laboral de la fuerza de trabajo asalariada, que requieren una mayor flexibilidad de fuerza de trabajo por lo que se insertan en segmento informales.

Los entrevistados revelan algo propio de la precarización; el riesgo que corren de vender o no su producto o su servicio, el no tener un ingreso seguro y vulnerable, a pesar de que algunos por otro tipo de empleos tienen seguridad social, algunos otros no, como el caso de los estudiantes; la polivalencia de las actividades que realizan y que no necesariamente rompe su trayectoria laboral, sino que ésta continúa bajo la precarización, experimentando, una y otra vez diversas actividades laborales. De igual forma, como lo señalaba la OIT (2002) estos trabajos son reflejo de la inestabilidad y de ingresos muy bajos e irregulares, aunque algunos trabajadores se ayuden en gran medida de políticas o programas públicos que sirven como paliativo para conllevar su condición de precarización; pero sigue siendo insuficiente.

Otro de los testimonios narra lo siguiente:

“Si no vendo pues le tengo que buscar en la semana a ver qué consigo; a veces tengo que malbaratar las cosas que traigo, a final de cuentas a veces los clientes nos ponen de rodillas; Manuel: tengo como un año de vender aquí, también soy músico y a veces nadie quiere contratarte, y pues hay que buscarle a varias cosas en la semana, a veces cuando no tengo que vender me contratan para vender otras cosas pero no es mi puesto, solo saco un porcentaje; Lydia; soy estudiante de preparatoria, vengo con mis hermanas a vender para ayudarme en la escuela, entre la semana busco ropa, juguetes, tenis, zapatos. Arturo: estudio la preparatoria, vengo con mi papá a vender artículos de limpieza, él ya es persona grande, está un rato y se va y aquí me quedo… a veces solo vende 200 pesos, depende de la clientela. Raquel: vendo verdura con otras dos primas, también en otros lugares vendemos, sólo ocupas saber convencer y aguantar el calor. Janet: tengo años viniendo a vender ropa y zapatos para mujer, luego no se vende nada o quieren que casi le regales la mercancía, en el otro trabajo (trabajadora de limpieza) si me dan seguro social, pero gano muy poco; Rodrigo: he sido albañil, jardinero y plomero, tengo como cuatro años viniendo, pago por instalarme, a nadie más le rindo cuentas, es un trabajo que uno cumple un horario y pues hay que mañanear y aguantar el calor…no tengo seguro social, mucho menos algo que tenga que ver con pensiones, conozco otros vendedores que tiene otros “jales” (trabajos)” (Laura, vendedora ambulante).

Para estos trabajadores los lugares de ocupación se desenvuelven en pleno espacio público como la calle, la banqueta, la acera, la esquina; si bien hay una supuesta regulación en el establecimiento por autoridades municipales se percibe en los trabajadores inseguridad, así como una competencia desregulada y dinámica y negociación directa con el cliente comprador.

Esto último lleva a la configuración de los grupos de trabajadores, reducidos en términos de relaciones con patrones, policías, inspectores clientes o empleadores, pero concentrados en el mismo espacio y esto impone nuevas formas de organización más parecidas a la organización comunitaria que a la sindical (Tilly, et al., 2014, p. 172). Así pues, están desde hace tiempo, en un contexto de nuevas formas de trabajo, en la cual a la par de realizar una actividad laboral se sigue conviviendo con la inestabilidad, jornadas de trabajo flexibles y vulnerables, trabajos sin derechos laborales.

Finalmente, con estos testimonios se observa el grado de vulnerabilidad de estos trabajadores ambulantes, que si bien no representan una totalidad comparten como muchos las formas de la informalidad como válvula de escape que permite sobresalir ante las condiciones económicas adversas. Asimismo, llama la atención las relaciones familiares en las que no solo se comparte formas de precarización e informalidad, con el cónyuge, hermanas y otros familiares o miembros de la colonia, sino, además, el apoyo y soporte que dan en las actividades.

Conclusiones

Durante la última década, se evidencia un lento desarrollo de la economía sinaloense. Con base en la información de la STPS y de la ENOE, a la par de los graves problemas de inseguridad derivado del narcotráfico, las formas de inserción laboral de algunos trabajadores urbanos están situadas en el sector informal, y en el caso de los trabajadores de la calle, se inscriben en lo atípico y precario.

Más allá de esto, la precariedad del trabajador de la calle muestra cómo el trabajador se inscribe en un nuevo régimen de organización del trabajo que aglutina a otros trabajadores con perfiles sociodemográficos diversos: mujeres, jóvenes, adultos mayores, así como redes sociales y familiares que auspician, ante la inseguridad social. Asimismo, se consolida el postulado teórico y conceptual de que la condición de precariedad muestra el sentimiento de pérdida de seguridad, de riesgo e incertidumbre en el mundo de trabajo que tradicionalmente, aunque sea mínimamente, garantizaba cierta estabilidad y permanencia.

Se presenta así algo de lo que Bauman (2000) señala de los nuevos pobres y sus condiciones de consumidor expulsado y que están en condiciones de engrosar una estructura similar al ejército de reserva; sin embargo, no se concuerda con que se presente una disolución de lazos, sino que se presentan nuevas formas de autogestión de los trabajadores.

Para el caso culiacanense, como algunos testimonios lo señalan, no es el desempleo el principal problema, sino la insuficiente creación de empleos con remuneraciones suficientes y otras condiciones de trabajo decentes o aceptables. Los empleos informales en los que se insertan estos trabajadores muestran, más allá de reinterpretar lo asalariado, las formas atípicas o no tradicionales de concebir cómo es el trabajo: trabajo temporal o parcial, a destajo, con horarios flexibles y cambiantes, en la calle o fuera del domicilio, algunas veces ilegal y riesgosos.

Con esto también se señala el fenómeno multidimensional de la informalidad y precariedad, no solo por los sujetos que intervienen, sino por su nivel de aceptación como estrategia laboral en la que algunos estudios como el de Hualde, Guadarrama y López, (2016) han ubicado, también, a los nuevos pobres: grupos conformados por mujeres, jóvenes y adultos mayores que se conforman de diversos perfiles sociodemográficos. Estos se apropian y conviven en nuevos espacios, como es la calle, en donde negocian y (auto) gestionan dentro de una estructura jerárquica no tradicional de patrón-trabajador. Más bien, se relacionan con sujetos, algunos no-trabajadores, como el cliente, el policía, el agente de tránsito, el vecino, el familiar y son parte de nuevas formas de integración, convivencia y supervivencia.

Al recurrir a las narrativas de trabajadores informales en el principal tianguis informal en Culiacán, se evidencian las formas en las que estos trabajadores realizan sus actividades que les permiten sobrevivir; sus diversas formas de inserción y la continuidad en sus trayectorias de trabajo, algunas de tipo formal o informal, que ejercen cotidianamente.

Así, con base en la conceptualización por diversos autores sobre los mundos del trabajo se concluye que la dinámica laboral de estos sujetos se enmarcada en condiciones de precarización y explotación. Sus orígenes se encuentran en las condiciones estructurales en las que las crisis económicas recurrentes trastocan las relaciones laborales, sociales y comunitarias.

En este tianguis se observa la dinámica heterogénea de los trabajos atípicos informales, con sujetos neoliberales que modifican constantemente sus formas de laborar, pero que siguen dentro de la categoría de lo precario. La forma de trabajar implica la venta de ropa, herramientas o comida u otros servicios. Asimismo, el perfil sociodemográfico del informal es diverso; mujeres jóvenes o de la tercera edad, amas de casas, estudiantes, igualmente hombres de diferentes edades, y que realizan actividades entre semana como músicos, plomeros, limpieza de casas, albañilería, algunos de manera formal pero que muestran una condición de explotación.

Finalmente, lo que se ve en el comercio ambulante informal es un campo social en donde confluyen relaciones sociales, familiares y laborales propias de la pobreza urbana que se mueve entre la precariedad y el riesgo laboral. Ante esto se crean estrategias de inserción integración en trabajos atípicos en la que se intercambian los diferentes tipos de capital económico, cultural, social y simbólico que son elementos característicos de las transformaciones en el mundo del trabajo.

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Notas

[1] Para Mora Salas (2010) la precarización laboral debe estar sustentado en indicadores necesarios como un ingreso por debajo del mínimo fijado por la legislación laboral, jornada laboral excesiva y polivalente, estabilidad del empleo y acceso a la seguridad social.
[2] Para el INEGI, el empleo informal también lo conforman el trabajo no protegido en la actividad agropecuaria, el servicio doméstico remunerado de los hogares, así como los trabajadores subordinados que, aunque pueden trabajar para empresas formales, lo hacen bajo modalidades que evitan la seguridad social y los derechos laborales.
[3] En el trabajo de campo no se detectó una relación partidista o politizada como existe en algunas otras ciudades mexicanas, como la Ciudad de México, Puebla y Guadalajara en la que hay una relación clientelar y corporativa con partidos políticos dominantes.
[4] Parte de los testimonios obtenidos fueron incluidos para el proyecto de investigación PROFAPI 2014/205 Empleo informal, flexible y precario en tres municipios urbanos de Sinaloa. Consultar Sánchez S. E. y Soto B. J. Y. Trabajo y exclusión en Sinaloa: informalidad y exclusión urbana en Soto B. J. Y. y Verdugo L.M:(coord.) (2016). Redes sociales y espacio público en Sinaloa, Juan Pablos-UAS, México (en prensa).
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