RECENCIONES BIBLIOGRAFICAS
| Lemebel Pedro. Mi amiga Gladys. 2016. Santiago. Seix Barral. 99pp. |
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La bibliografía existente en torno a la figura de Gladys Marín se vincula a una serie de textos generalmente informativos que tienen su centro en descripciones biográficas y principalmente referidas a su activo quehacer político. De este modo se ha cimentado en la colectividad el retrato de mujer intachable y radical, con un indudable liderazgo político que se consolidó como tal gracias a su incesante lucha por la justicia social; característica que se perfiló incluso mucho antes de ingresar a las Juventudes Comunistas.
En una arista opuesta y absolutamente emocional emerge Mi amiga Gladys, que constituye una recopilación póstuma de textos que el activista, escritor y artista visual Pedro Lemebel dedicó a su inseparable cómplice. El origen de este libro se suma a los diversos homenajes escritos que realizó motivado por la huella indeleble que diversas mujeres dejaron en su vida.
Alejado de la escritura académica y sin pretensión de realizar una mirada histórica, reúne diez crónicas y una entrevista radial que realizó a quien en ese tiempo era la Candidata del Partido Comunista a la Presidencia de Chile. Íntimo, autobiográfico, un poco diario de vida y novela breve, el texto fue posible gracias a un esfuerzo colectivo de búsqueda bibliográfica, obteniendo como producto una prosa de timbre sensible y nostálgico que confirma el logro del objetivo explicitado por el editor: "un fiel reflejo de lo que él quería para un texto tan especial como este." (p. 9).
Unas páginas introductorias de Carmen Soria narran la fuerte unión entre Gladys y Pedro, describiendo un vínculo que se manifestaba en una dimensión que tenía tanto de maternal como de cómplice; contextualización inicial perfecta para una historia que se da conocer transgrediendo la temporalidad cronológica.
El amor a la libertad es imparable, indaga en el origen de la admiración de parte del cronista; caracterizando a Gladys en una variedad de roles: la mujer sencilla de provincia que ingresó a la Escuela Normal de Profesores y aquella que logró torcerle la mano a su destino de dueña de casa. La describe también como la representante de las demandas de justicia, participando en marchas y manifestaciones en contra de la Dictadura de Augusto Pinochet; una Gladys perseguida, clandestina y simultáneamente con el corazón herido por la desaparición de su esposo Jorge.
Pese al tono predominantemente nostálgico, la inflexión se ve reemplazada en ocasiones por una voz severa que no está exenta de reproches. Esta queja se expresa con fuerza en Mi corazón es un libro abierto, donde cuestiona el comportamiento de Roberto Bolaño por rechazar la presencia de la líder en la Feria del Libro de 1999, hecho que derivó un distanciamiento definitivo: "Él se fue a España, y yo me quedé junto a Gladys en su continua lucha callejera." (p. 24).
Esta voz de recriminación se agudiza a medida que avanza la obra, pues en Inolvidable rareza revela los detalles de su polémica aparición en el estelar del animador chileno Pedro Carcuro. En él aprovechó la oportunidad para homenajear al aire a las mujeres torturadas en dictadura; destacó especialmente a Carmen Carcuro, hermana del conductor y víctima también de la violencia del régimen; ocasión en que el animador reaccionó desconcertado. Con todo lo anterior, es posible leer severos cuestionamientos a la televisión noventera, que todavía en democracia seguía colmada de personajes que ensalzaban la figura del dictador.
En esta recopilación el tiempo de la memoria no concuerda necesariamente con el orden de los acontecimientos, de este modo, a medida que se explora en los inicios de una relación que se fraguó durante años, el ritmo de las marchas y las protestas se ve amenazado por la enfermedad de Gladys, como se cuenta en las crónicas Donde estés y siempre, donde se revelan detalles acerca del inicio de su campaña presidencial y otros sucesos indicadores de su cercanía con el pueblo chileno.
A medida que avanza el texto, Lemebel desplaza al lector hacia las dimensiones más íntimas de la mujer, citando, por ejemplo, su empatía con la religiosidad popular, cultivando la tradición asistir a la Fiesta de la Virgen de Andacollo. La preferencia por estas actividades, construyen una imagen sencilla de la mujer que difícilmente desfruta de actividades que se atribuyen a otros grupos sociales. Es así como se demuestra en Con Gladys en la ópera, donde se revelan anécdotas de las andanzas de estos entrañables amigos en el teatro Municipal.
El texto finaliza con un temple de ánimo, que se mueve entre lo nostálgico y crítico, las reflexiones de Otro Once sin Gladys constituyen una crónica cargada de reproches a las conmemoraciones insípidas que se mezclan con la tragedia de Nueva York y con las voces que se han apagado sin saber qué pasó con los cuerpos de sus seres queridos.
Desde la aflicción profunda por la partida de su amiga, Gladys retorna desde la muerte al texto a través de las anécdotas escritas en La ramada de Gladys, donde reafirma su predilección por lo popular, expresando siempre un carácter fresco y cercano.
Concluye con la transcripción de una entrevista radial; una tertulia cargada de palabras de admiración mutua, que explora a través de preguntas y respuestas que transitan por ideologías y frivolidades. Se aprecian observaciones acerca de la militancia, reivindicación de derechos, el feminismo y las prácticas contradictorias de derecha e izquierda. La conversación termina con una canción de Luis Miguel, un final acorde para esta obra póstuma poseedora del temple anímico de las crónicas de Radio Tierra; con un timbre narrativo característico que bien podría verse acompañado de algún bolero triste en sonido AM.
"Hace un siglo que te fuiste y cada noche dejamos la puerta entreabierta por si quisieras regresar." (p.97), finaliza esta historia; un resumen perfecto de lo que constituye este texto: un retorno a través de la escritura de dos personajes que viven en la memoria histórica; permitiendo acceder a una perspectiva más emotiva, evidenciando que tras un ideal político y las demandas por una sociedad más justa yacen historias individuales que sin duda merecen ser contadas.
En una sociedad cada vez más incrédula frente a los héroes estereotipados, la narrativa de Pedro Lemebel emerge transgrediendo incluso el ideal revolucionario instalado en la colectividad. Su trabajo nos recuerda que la llegada de la democracia fue posible gracias a la ardua labor de múltiples sectores no necesariamente reconocidos por la oficialidad. En cuanto a esto, rescatamos su voz contestataria, interviniendo los discursos desde lo femenino y marginal, en un contexto mayoritariamente silencioso frente a los abusos y crímenes de la Dictadura.
La recopilación y publicación de este texto evidencia, por lo tanto, el interés en proponer diferentes mecanismos de acercamiento a los hechos históricos. Es la conquista de una cultura de la memoria que se está construyendo, y que no se ve realizada solo en monumentos de roca y placas memoriales; es la cultura que valora cada vez más el rescate testimonial y la memoria individual. En este aspecto, Lemebel se aparta del rigor historiográfico para hablarnos de un personaje histórico, brindándonos a los lectores una mirada mucho más rica que la de militante y revolucionaria. Este libro nos presenta a su "diosa punga", a la "rock star", a la Gladys tierna y de mirada insolente; una arista alternativa que explica el derrocamiento de la Dictadura Militar Chilena tras bambalinas.
Notas