La Abeja en La Colmena

Recepción: 07 Septiembre 2016
Aprobación: 09 Noviembre 2016
Una habitación, en penumbras. Olor rancio a tabaco. Botellas de vino vacías, esparcidas por el suelo, algunas sobre una mesa, junto a platos sucios sin recoger y colillas apiladas. También ay libros y periódicos y suplementos dominicales sin abrir. Junto a las botellas, junto a las colillas. Al fondo, una cocina. A la izquierda, una puerta. Entre la puerta y la cocina, un pasillo que dobla, ciego, hacia la derecha, tras la cocina. En el centro de la sala, un sofá verde. Un hombre y una mujer, separados por un tablero de ajedrez. Han colocado el tablero sobre un cojín. La posición es inestable. Fuman. Beben de la misma botella. Ella es una mujer de unos cuarenta años. Él, un hombre ya entrado en los cincuenta.
Una botella rueda sin ruido, sobre la alfombra. Se detiene. Un pie la ha golpeado. La ha puesto en movimiento. La botella llega hasta la pata de una silla. Y se detiene. Ahora los pies están alzados. Unas bragas ondean en uno de los tobillos. Él le ha levantado las piernas y la penetra. El coito se interrumpe. Él cae al lado de ella, sobre el sofá. Se menea el sexo reblandecido. Lo maldice. Ella repliega las piernas. Se recuesta de lado. Él termina por callarse. Deja caer la cabeza. El tablero, en el suelo. Las piezas se han derramado sobre el sofá, sobre la alfombra. Torre, alfil, reina.
Eso no quiere decir nada.
Come.
¿Saldrás a por unas botellas?
Queda algo de pan.
Si caminas en línea recta caes siempre.
Come.
La línea recta. La tiranía de la línea recta.
¿Qué dices a eso?
Nada.
¡Qué vas a decir! “Un día como otro
cualquiera”. La botella. A ver si baja este revuelto de mierda. “Un día como
otro cualquiera, se volvió mudo”. ¿Te levantas?
Voy a por café.
La tiranía de la línea recta. Si sueñas, todo
gira. Y vuelves al comienzo. Y otra vez. Si sueñas. Pero al despertar, solo hay
líneas rectas. Tú no entiendes nada. No lo entenderás nunca.
Toma. No queda más.
“Un día me volví ciego, un día nos volveremos
sordos”.
¿Dónde has metido la reina blanca?
“Un día nacimos, un día moriremos, el mismo
día, el mismo instante”.
La mujer coloca las botellas vacías en el suelo, junto a la puerta. Regresa a la cocina. Abre algunas gavetas. Coge una bolsa de plástico. Regresa a la puerta. Mete las botellas en la bolsa. Sale.
El hombre está tumbado boca arriba sobre la alfombra, al pie del sofá. Viste una camiseta. No lleva calzoncillos. Fuma. Lee un libro.
No enciendas la luz.
Busco mis bragas.
Pero la noche, que no llega.
Estás borracho.
Estoy muerto.
¿Las has visto?
Te digo que no enciendas la luz.
No tengo apetito.
Esta noche, que no cae. El sueño... El sueño,
esa nada.
¿Otra partida?
Más valdría empezar de nuevo.
¿Negras?
Trae acá la botella.
El hombre está sentado en el sofá. La mujer está sentada a su lado, reclinada hacia delante. Tiene la cabeza apoyada sobre los brazos cruzados. Los brazos se apoyan sobre las rodillas. Tiene los ojos abiertos.
Entre el hombre y la mujer está el tablero de ajedrez. Algunas piezas se han caído sobre el tablero, sobre la alfombra.
La mujer dice, con un hilo de voz: Vamos a la cama.
El hombre no responde.
No se mueven.
Los Sauces, junio de 2016.
Notas de autor