Reseñas
Afectos y lazo social

![]() | Lordon Frédéric. Frédéric Lordon, Los afectos de la política, ISBN: 978-84-16935-79-6, Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2017, 211 pp.. Zaragoza. Prensas de la Universidad de Zaragoza. 211 pppp.. 978-84-16935-79-6 |
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Recepción: 28 Enero 2019
Aprobación: 04 Marzo 2019
El pensamiento occidental se rehúsa a abandonar la bien arraigada idea de que la razón constituye la cualidad humana por excelencia. En el siglo XX, el suelo sobre el que descansaban los grandes paradigmas del conocimiento se resquebrajó ante la afirmación de nuestra vacuidad. Los viejos intentos humanistas que buscaban determinar la esencia de lo humano dieron a la razón un lugar secundario en pos de su aparente contraparte, los sentimientos. Toda esta polémica tuvo como telón de fondo la crisis de los fundamentos que cristalizó en la muy conocida muerte de Dios, tesis que obligó a replantear la montura conceptual sobre la cual discurre, aún hoy, el pensamiento occidental.
Una vez más, nos encontramos frente a la desgastada dicotomía, supuestamente antagónica, razón-pasión. Pese a todo lo escrito y dicho sobre estos dos polos que se mantienen como líneas paralelas que tienden al infinito para jamás tocarse, el siglo XX se encargó con argucia de restituir el valor de la pasión y demarcar los límites de la razón sin darse cuenta de que caía, irremediablemente, en el más recalcitrante proyecto kantiano. En el fondo, no se estaba llegando a una primacía de la pasión sobre la razón, sino a un reconocimiento de sus límites y a un intento de llevar todo hacia el seguro terreno de las ideas, en otras palabras, hacia una racionalización de los sentimientos.
Desde este momento coyuntural, Frédéric Lordon (1962), director de investigación del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS) en el Centro Europeo de Sociología y Ciencia Política de París, presenta Los afectos de la política. Economista de formación, Lordon se desenvuelve con admirable maestría en el terreno de la filosofía social. Sus libros expresan un ambicioso proyecto que propone como fundamento de las ciencias sociales un materialismo inspirado en Spinoza, pensador tácitamente recurrente, pero de disminuido reconocimiento por sus aportes a la reflexión filosófica. Por su parte, el autor que aquí nos ocupa se ha convertido en un referente obligado de la izquierda francesa. Y pese a ser una figura mediática de constantes apariciones en diversos medios de comunicación galos, poco se le conoce en el mundo anglófono, razón por la cual, nos aventuramos a suponer, en México ha pasado totalmente desapercibido.
Mediante un giro spinozista, Lordon se ocupa del caso concreto de la política para reflexionar sobre el modo en queésta incide en los afectos, pero especialmente, sobre el modo en que los afectos inciden en ella. El método del que se sirve es preciso: la primera parte del libro la dedica a repensar nociones neurálgicas del pensamiento de Spinoza, e inicia con una clara advertencia que busca repeler cualquier posible trastocamiento con otro tipo de discursos: afectos y emociones no son equivalentes. Desde su referente holandés, nuestro autor señala la trascendencia que conceptos como ‘conatus’, ‘ingenium’, ‘idea’, ‘imagen’, adquieren en el contexto político actual. Desde aquí denuncia y recrimina el talante ‘emocional’ del que se han impregnado las ciencias sociales en la actualidad.
La sentencia inaugural de esta obra es acertada: pensar la política desde la óptica de los afectos parece un sinsentido otrora denunciado. Sin embargo, Lordon no escatima esfuerzos para despejar toda posible confusión y nos dice que ‘afecto’, en un sentido spinozista que se distancia abismalmente de la ligera y meliflua concepción actual de los ‘sentimientos’, es el nombre dado a una modificación. “Nada existe de cuya naturaleza no se siga algún afecto”, esto es, todo es susceptible de ser modificado. Las preguntas que el economista y filósofo francés plantea y busca resolver aquí son: ¿cómo opera y de dónde viene dicha modificación? Pero más vale andarse con cuidado. Para afectar y ser afectado es condición necesaria que la relación sea entre dos modos iguales, es decir, un modo de pensamiento no puede modificar un modo de la extensión y viceversa. En otras palabras, nos enfrentamos a la heterogeneidad de antaño idea-cuerpo; por lo que, más allá de una “perturbación emocional de las facultades superiores”, los afectos son aquello por lo cual algo se pone en movimiento. Y es así que una idea, en su puro contenido ideal, no sería capaz de tener efecto sobre un cuerpo. Entonces las imágenes, como inscripciones corporales, posibilitan la ligazón entre ambos. Cuando se entrelazan, se dice que una idea, a su vez, es capaz de generar afecto.
Por su parte, el ámbito de lo social se hace presente de manera irrevocable, ya que a partir de él nuestras afecciones son reguladas y mediatizadas; el medio en el que se desenvuelve el ser humano determinará su deseo de actuar, afectar y ser afectado. El hombre, en tanto conatus, “expresa la potencia misma como impulso de actividad, proyección en el mundo de un poder de producir efectos” (35)[1] , y si el conatus es en sí mismo puro esfuerzo sin orientación, necesita que esta última le venga de su encuentro con lo exterior para determinarlo como deseo de hacer. En el hombre como homo passionalis: “no hay acción alguna sin que haya habido un deseo de actuar, y no se da semejante deseo mientras no se haya dado una afección previa que haya (re)determinado el conatus bajo la forma de este particular deseo” (36).
Pero, ¿qué sucede con la plurivocidad de los elementos pasionales?, ¿cómo es que una misma cosa puede generar efectos distintos, incluso dispares? Ello lo determina el ingenium, “conjunto de nuestras susceptibilidades afectivas” (41). El ingenium, constituido a partir de nuestros encuentros con el exterior, “es también la condensación de toda nuestra trayectoria sociobiográfica.” (42) Son estas improntas o huellas las que nos han marcado en nuestra forma de ser (afectados). Finalmente, Lordon nos dice que en el ingenium se encuentra la respuesta a nuestro intento de saber qué es lo que nos afecta y cómo.
La política no parece ser ajena a estos planteamientos, tan sólo hay que pensar el modo en que ésta se sirve de múltiples herramientas que la colocan como un negocio guiado por una suerte de ‘afectometría’, lo que significa estar siempre sondeando frente a qué idea un determinado grupo de personas se verá más o menos conmovido. Una vez el sondeo arroje sus resultados, será más fácil saber qué idea debe ‘sensibilizarse’ o ‘desensibilizarse’.
En este tenor, no hay mejor ejemplo que el propio libro de Lordon. El expediente que abre para ilustrar esta sensibilización y desensibilización de las ideas quizás afecte poco al lector fuera de la zona euro. Y no porque los casos que nuestro autor recupera sean nimios o de escasa relevancia a nivel social y mundial, sino simplemente porque queda demostrado que, si bien el lector ‘extranjero’ puede comprender la crisis europea actual, nuestra posibilidad de ser afectados depende de nuestro ingenium, de aquella síntesis sociobiográfica que somos. Pero lejos de ser ello un pormenor, se presta como una oportunidad, una invitación a pensarnos y reflexionar no sólo sobre el por qué ciertos acontecimientos nos marcan y afectan tan profundamente, sino por qué otros, pese a su cercanía, pasan completamente desapercibidos ante nosotros. De ese grupo de sucesos, cuya ligazón idea-imagenafecto se desdibuja, es aún más preocupante pensar en los que, siéndonos cercanos, no somos capaces de registrar ni de generar una inscripción en el cuerpo, o bien, de revivir una impronta.
Los afectos de la política es uno de los tres títulos que conforman el proyecto de Lordon, siendo así La sociedad de los afectos y Capitalisme, désir et servitude las dos obras restantes que dirigen su análisis político y social. Hoy en día, gracias al serio compromiso de las Prensas de la Universidad de Zaragoza y al arduo trabajo de los traductores Juan Manuel Aragüés Estragués y Julien Canavera, el lector de lengua castellana tiene la posibilidad de adentrarse en el complejo campo de la política, la filosofía y la economía de la mano de un autor íntegro, cuya obra refleja años de elaboración. Finalmente, Los afectos de la política denuncia la necesidad acuciante de la filosofía de sostener un verdadero diálogo con otras áreas del conocimiento.