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Notas sobre el alcance y lugar de lo imaginario como regulación teórica del análisis en el Seminario 1 de Lacan
Perspectivas en Psicología: Revista de Psicología y Ciencias Afines, vol. 13, núm. 2, pp. 45-48, 2016
Universidad Nacional de Mar del Plata



Resumen: En el Seminario 1, Los escritos técnicos de Freud (1953-1954), Lacan expone un esquema del análisis cuya figuración reproduce la estructura del esquema de los dos espejos, modelo que implica la relación imaginaria con el otro. Si bien a lo largo de todo el seminario resalta que la experiencia analítica se define en el plano simbólico, al mismo tiempo expone un esquema del análisis que supone de manera dominante el recorrido por las imágenes no integradas en la historia del sujeto. Aún cuando se puede reconocer cierta detención en lo imaginario en el modelo de análisis presentado en el Seminario 1, creemos posible interrogar las elaboraciones allí desarrolladas a fin de despejar si se reducen a un momento de la enseñanza de Lacan o, además, conservan interés sobre el lugar de lo imaginario en el análisis, sobre todo en algunos detalles clínicos de casos que le sirven para ilustrar la teoría.

Palabras clave: Esquema del Análisis – Imaginario – Seminario 1 – Casos Clínicos.

Abstract: In Seminar 1, Freud`s Technical writings (1953-1954), Lacan introduces an analysis that reproduces the two mirrors structure scheme, a model involving the imaginary relationship with the other. Though, throughout the seminar he emphasizes that the analytic experience is defined at the symbolic level, at the same time he shows an analysis scheme that mainly implies the range of the subject's non-integrated images in its history. As it is possible to recognize a kind of halt in the imaginary level, we can examine his theoretical contributions in order to see if they mean a particular time of his teaching or they remain showing the imaginary relevance in treatment, especially in some details of the case histories depicting the theory.

Keywords: Analysis Scheme - Imaginary - Seminar 1 - Case Histories.

Introducción

La dirección de la cura expuesta en el Seminario 1, Los escritos técnicos de Freud (1953-1954), compromete el registro imaginario de un modo que, en principio, resulta llamativo porque convive con la insistente reiteración de Lacan respecto a que un psicoanálisis se resuelve en lo simbólico.

Sobre el final de las clases de este seminario se expone un esquema del análisis cuya figuración reproduce la estructura del esquema de los dos espejos, modelo que implica la relación imaginaria con el otro y cuya aplicación al análisis supone sucesivas vueltas entre O y O´, oscilación que va de de lo que “(…) del yo, le es desconocido al sujeto a esa imagen en la cual reconoce sus cargas imaginarias.” (Lacan, 1953-1954/1998, p. 275)

De modo que si bien a lo largo de todo el seminario resalta que la experiencia analítica se define en el plano simbólico, al mismo tiempo expone un esquema del análisis que supone de manera dominante el recorrido por las imágenes no integradas en la historia del sujeto. En esa dirección se trata, al decir de Lacan, de la integración simbólica de la historia del sujeto, una historia que no tiene que ver con lo vivido sino con lo que se historiza en el análisis porque la historia es “síntesis presente del pasado.” (Ibid, p. 63)

Es de notar que el propio Lacan advierte en un texto posterior, Observación sobre el informe de Daniel Lagache: “Psicoanálisis y estructura de la personalidad” (1960/1987), que el modelo de análisis utilizado en el Seminario 1 corresponde a un momento en que le era necesario “(…) desbrozar lo imaginario como demasiado apreciado en la técnica”, para agregar “Ya no estamos en eso”. (Lacan, 1960/1987 p. 661) Porque desbrozar lo imaginario como demasiado apreciado en la técnica, también responde en ese momento a la necesidad de diferenciarse de algunas teorías pos freudianas que sostenían una concepción dual tanto para explicar el desarrollo el sujeto como para entender la relación transferencial; para Lacan, por el contrario, se trata de poner en lugar preeminente la palabra del paciente en tanto en ella se actualiza la estructura simbólica en cuyo seno se inscribe la subjetividad.

Además del intento por establecer diferenciaciones con algunos desarrollos posfreudianos, el propósito de Lacan con el esquema del análisis presentado en el Seminario 1 se dirige a situar cuestiones clínicas que plantea la función de lo imaginario. En algunos detalles clínicos de casos que le sirven para ilustrar el lugar y función de lo imaginario en el análisis, es posible seguir el derrotero de su elaboración teórica en ese momento de su enseñanza.

Antes, un breve recordatorio de la teoría sobre el registro imaginario contemporánea a esta propuesta de análisis, oficiará de soporte para entender la dirección de la cura expuesta en un esquema del análisis.

Presencia del registro imaginario circunstanciado en los primeros textos de Lacan.

Lacan propone cernir el registro imaginario tomando referencias de la etología para mostrar la particularidad de este dominio en el hombre.

El animal dispone para su comportamiento de un Umwelt uniforme, término éste, uniforme, que en su propia composición nos indica el carácter de ese Umwelt: es de una forma y de ella depende y en ella cabe la respuesta de los miembros de la especie animal ya que la relación con el mundo y con sus semejantes está cerrada a una determinación estable, prefigurada.

Nada de esto es posible en el hombre. En su caso, por la prematuración genérica del nacimiento, se requiere el acontecer de una operación que lo forme; a su vez, esta prematuración determina una relación primitiva con la imagen y es fuente del marco que estructura el universo del humano.

Es sabido que el texto temprano de Lacan sobre el estadio del espejo exponía en la experiencia del infans con la imagen del otro, la constitución del yo como una entidad ilusoria, fuente de desconocimiento y marco narcisista de la aprehensión de sí, de los objetos y del mundo.

La posterior propuesta de los esquemas ópticos (en sus versiones más o menos elaboradas) aportó mayor precisión conceptual, en parte debido a que en ellos tallaban los in distinguidos freudianos Yo ideal e Ideal del yo.

Con el recurso del esquema de los dos espejos se figura el carácter ilusorio del yo fundado en la especularidad, en la alienación a una imagen “(…) el otro que somos, está allí donde primero hemos visto a nuestro ego fuera nuestro, en la forma humana. Esta forma (…) no es en tanto está hecha para captar un comportamiento sexual, sino en tanto está fundamentalmente vinculada con la impotencia primitiva del ser humano.” (Lacan, 1953-1954/1998, p. 213)

La captura especular determinante de la constitución del Ur-Ich confiere la estructura de la relación con los objetos, entre ellos el propio yo cuyo carácter narcisista hace que el sujeto sea feudatario de su imagen y que imprima al mundo y a la relación con el otro su pasión por ser ahí donde sólo habita el desconocimiento, el engaño, el desdoblamiento de sí.

A la vez esa imagen cobra valor instituyente por el sostén de un deseo en el que el viviente se aliena. En este momento de su enseñanza Lacan habla de un deseo primitivo que se manifiesta en la relación con el otro.

El esquema del análisis

El modelo de análisis propuesto en el Seminario

1 está montado sobre la figuración de lugares y funciones que explicita el esquema óptico: la reflexión de una imagen real en virtud del espejo cóncavo, la reflexión de la imagen virtual por la interposición de un espejo plano que representa la función de lo simbólico y el espacio virtual en el que se refleja la imagen. La versión simplificada de los dos espejos (Figura 1) configura el modelo que se retoma en el esquema del análisis en el que sitúa, a ambos lados del espejo plano los puntos O y O´, agregando las circunvoluciones que se suceden entre ambos puntos (Figura 2). Entre A (lado del sujeto) y B (lado del analista) se suceden los movimientos que, en la primera fase del análisis, van de O a O´, “(…) lo que, del yo, le es desconocido al sujeto a esa imagen en la cual reconoce sus cargas imaginarias.” (Ibid, p. 275)

De tal modo que en el análisis se trata de recomponer el deseo alienado en el otro, del desmontaje de los objetos en que el deseo está imaginariamente comprometido, compromiso que detiene al yo en la tensión agresiva propia de la relación imaginaria. El camino del análisis es un camino de mediación de lo simbólico que permite acomodar el imaginario que, en el hombre, está sometido a variaciones, oscilaciones, en definitiva, a las condiciones propias de su constitución.

En una orientación diferente a las propuestas por la egopsychology en que se trata de fortalecer un yo débil, aquí se propone hacer pasar por el tamiz simbólico las imágenes en que el yo se alienó. El yo no es el dueño del circo sino uno más de los objetos de la libido, tal como expone Freud con su noción de narcisismo.

Lugar del resorte imaginario como regulación teórica del análisis

Uno de los casos de que se ocupa Lacan en el Seminario 1 es el de Hermann Nunberg; se trata de un paciente muy productivo en su análisis que, sin embargo, estaba detenido en su afirmación yoica de un relatar pormenorizado. Hasta que Nunberg advierte –y se lo comunica al paciente- que esa escena analítica reproducía una situación infantil del sujeto: todas las noches se complacía en detallados relatos a su madre. A partir de esta intervención el análisis da un vuelco. Para Nunberg esta situación clínica confirma su teoría sobre la transferencia en tanto sostenida en la reproducción de una relación primaria del paciente que se actualiza en el vínculo transferencial. Idea solidaria a los planteos de Balint sobre una relación interobjetal fundada en cierta complementariedad natural, también objeto del cuestionamiento de Lacan en este texto al afirmar:

La intersubjetividad está dada ante todo por la utilización del símbolo y esto desde el origen. Todo parte de la posibilidad de nombrar que es al mismo tiempo destrucción de la cosa y pasaje de la cosa al plano simbólico, gracias a lo cual se instala el registro propiamente humano. A partir de aquí, y de modo cada vez más complicado, se produce la encarnación de lo simbólico en lo vivido imaginario. (Ibid, p. 318)

La expresión encarnación de lo simbólico en lo vivido imaginario es una posible manera de ubicar- según la dinámica y estructura del esquema del análisis- el lugar que ocupa en la progresión del análisis del caso de Nunberg la imagen del niño obteniendo satisfacción en las confidencias a su madre, imagen no integrada, en el decir de Lacan. En la vuelta entre O y O´, la interpretación del analista descompleta esa imagen del yo que al sujeto le es desconocida, lugar de captura de un deseo en el que está alienado. No se trata, como pretende Nunberg, de la recuperación de un acontecimiento vivido, ni de la restitución en la relación transferencial de la emoción ligada al hecho, sino de un pasaje de la imagen a su captura por la palabra actual que suspende la soldadura narcisista del sujeto con el objeto de su deseo. La eficacia de la intervención de Nunberg no se reduce al hecho de aportar una significación sobre la relación libidinal con el objeto de deseo; lo que hace es revelar sobre lo imaginario de la situación una relación simbólica fundamental porque no hay una realidad a recuperar por la palabra actual en el análisis sino que, en esa palabra que sobrepasa al sujeto, se constituye esa realidad. “Siendo idéntica la modulación de tiempo, la palabra del analista tiene el mismo valor que la palabra antigua.” (Ibid, p. 352)

En el análisis, y durante algún tiempo, el analista debe ocupar el lugar de yo ideal, lo cual no implica que el analista deba poner su propio yo en el espacio de la imagen virtual, tal como señala Lacan en su comentario sobre el análisis de Dora ubicando allí el equívoco de Freud en la conocida intervención al decirle que ama al señor K. En su análisis Dora estaba comprometida en la oscilación entre O y O´ -entre el yo desconocido, su imagen narcisista y el objeto de un deseo ignorado. La intervención del analista, comandada por sus propios ideales y prejuicios, impide el desamarre por la palabra de la captura de ese deseo que con claridad muestra Dora en la escena de contemplación fascinada de la Madona. Tal como en el caso del paciente de religión islamica, el movimiento de báscula entre O y O´ supone que

(…) una vez realizado el número de vueltas necesarias para que aparezcan los objetos del sujeto, y para que su historia imaginaria sea completada, una vez nombrados y reintegrados los deseos sucesivos, tensionarios, suspendidos, angustiantes del sujeto, sin embargo, no todo está terminado. Lo que primero estuvo en O, y luego en O´, y después de nuevo en O, debe trasladarse ahora al sistema completado de los símbolos. Así lo exige la salida del análisis. (Ibid, p. 294)

Recordemos que se trata de un paciente que Lacan recibe luego de un análisis anterior del sujeto. El síntoma que presentaba, dificultades en la realización de ciertas actividades con la mano, se había abordado de manera conforme a la teoría, o sea, vinculando el síntoma con la masturbación infantil, sin que ello produjera los efectos esperados. Un adecuado avance de su análisis exigía, dice Lacan, que esa imagen pudiera encarnarse en lo simbólico de la historia de este sujeto, historia marcada por una circunstancia de su infancia en la que su padre había llevado a cabo actividades no lícitas, y que, de acuerdo a la ley coránica, reciben de castigo “cortar la mano”. En este caso, entonces, la relación simbólica fundamental está subvertida por lo imaginario. Resulta de interés destacar que en la transferencia, en la medida en que el analista ocupe el lugar de la imagen virtual con su propio yo, se produzca también una subversión de lo simbólico por lo imaginario, tal como señala Lacan a propósito de la intervención de Freud con Dora que lleva “(…) a algo así como una anulación, una perturbación de la function del ideal del yo.” (Ibid, p. 215)

Conclusión

El recorrido por los comentarios de Lacan sobre situaciones clínicas, expuestas en el Seminario 1, a la luz de su elaboración teórica sobre el lugar de lo imaginario en el análisis, nos permite ahora concluir en algunos puntos, a saber:

La desgarradura original que hace del hombre un ser inacabado precisa de un soporte simbólico y determina que la relación libidinal primitiva con la imagen confiera al yo una estructura quebrada y vacilante.

El imaginario truncado sobre el que opera el análisis responde a lo que fue inasimilable en el desarrollo simbólico de la historia.

Que Lacan diga “(…) gran parte de la experiencia analítica no es más que la exploración de los callejones sin salida de la experiencia imaginaria.” (Ibid., p. 324) se entiende a condición de precisar que el análisis no tiende a recuperar “lo vivido” sino a su enlace en las amarras de la palabra.

Porque desamarrar la palabra es liberar de las trampas del amor propio en que se complace el yo desconocido, de allí que el momento fecundo en el análisis tenga que ver con el descompletamiento de esa imagen, con la apertura a un espacio que confronta con el deseo.

Las sucesivas vueltas entre O y O´ que deben llegar a integrarse en lo que llama el sistema completado de los símbolos, nos parece que debe leerse junto a la otra afirmación de Lacan de acuerdo a la cual el progreso del análisis se produce en la medida en que el sujeto reconoce su deseo en un lugar que, mas allá de los límites sensibles, debe llevarlo “hasta una dimensión que supera ampliamente los límites individuales” (Ibid., p. 26), o sea, al lugar del Otro en que se constituyó.

Finalmente, aceptamos el desafío de comprender casi todo lo que ocurre en el análisis, en tanto, dice Lacan, el analista se encuentre en el lugar de la imagen virtual (Cfr. Ibid., p. 240). ¿Qué comprendemos? Que el analista tiene un lugar opaco como sujeto y que no es la imagen de sí la que debe ocupar. Como imagen ilusoria, como muerto o como objeto a, en todo caso no se está analista desde la propia subjetividad.

A modo de conclusión digamos que el esquema de análisis propuesto por Lacan, si bien dominado por lo imaginario, constituye no sólo un aspecto de la elaboración teórica en ese momento de su enseñanza, sino también una manera, que creemos vigente, de interpretar el compromiso imaginario en el análisis. Dimensión que es inseparable del registro simbólico, ya que si es necesario lo simbólico para que se constituya lo imaginario, por otra parte “En el juego de los significantes el sujeto entra como muerto pero es como vivo como va a jugar (…) utilizando un set de figuras imaginarias (…)” (Lacan, 1958/1987, p. 533)

Figuras


Figura 1
Esquema de los dos espejos


FIgura 2

Referencias

Lacan, J. (1953/1954) 1998. El Seminario. Libro 1. Los escritos técnicos de Freud (11° Reimpresión). Buenos Aires: Editorial Paidós.

Lacan, J. (1958) 1987. De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis. En Escritos 2. Argentina: Siglo XXI editores. 513-564

Lacan, J. (1960) 1987. Observación sobre el informe de Daniel Lagache: “Psicoanálisis y estructura de la personalidad”. En Escritos 2. Argentina: Siglo XXI editores. 627-664



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