Resumen: El objetivo de este trabajo es realizar una valoración crítica del uso de la ciencia ciudadana para llevar a cabo un estudio sociodemográfico sobre la migración valenciana y su descendencia en Cataluña. Para ello se explicará cómo se pensó y elaboró el proyecto de Veus Valencianes, su puesta en marcha y el alcance que tuvo. Únicamente se analizarán los principales resultados obtenidos, ya que el objetivo principal es valorar el éxito final del método, así como los pros y contras de utilizar la ciencia ciudadana en este tipo de estudios de ciencias sociales, todavía muy minoritarios en el uso de esta metodología.
Palabras clave:Ciencia ciudadanaCiencia ciudadana,ciencias socialesciencias sociales,demografíademografía,migración valencianamigración valenciana,antepasadosantepasados.
Abstract: The aim of this work is to make a critical assessment of the use of Citizen Science to carry out a sociodemographic study on Valencian migration and its descendants in Catalonia. For this purpose, it will be explained how Veus Valencianes project was conceived and designed, and how was its implementation and scope. Only the main results will be analyzed, since the purpose of this work is to evaluate the final success of the method, as well as the pros and cons of using Citizen Science for this type of Social Sciences studies, still very minority in the use of this methodology.
Keywords: Citizen Science, Social Sciences, Demography, Valencian Migrants, Ancestors.
Migraciones de valencianos y sus descendientes en Cataluña. Un ejemplo de ciencia ciudadana
Migrations of valencians and their descendants in Catalonia. An example of citizen science
Recepción: 09/01/2017
Aprobación: 18/04/2017
La migración valenciana dirigida a Cataluña desde finales del siglo XIX hasta nuestros días ha sido un fenómeno demográfico y social de gran relevancia, tanto para la Comunidad Valenciana como para Cataluña. Sin embargo, su coincidencia con la migración andaluza durante la segunda oleada correspondiente a las décadas centrales del siglo XX, y con la migración internacional durante los primeros del nuevo milenio, han eclipsado su visibilidad y, en parte, el interés por las mismas. Eso pese a las valiosas aportaciones que han tratado la migración valenciana desde una perspectiva internacional como los trabajos de Tur (2014), Agulló (2011), Oso (2008) o Tabanera (2005) y los que lo han hecho en el conjunto de las migraciones internas en España y su ulterior distribución por orígenes en los principales lugares de recepción, como los de Rodríguez, Ayuda y Pinilla (2015), Oyón, Griful y Maldonado (2001), Vidal y Recaño (1996) y Arango (1976), por ejemplo. Junto con esa coincidencia, cuanto más retrocedemos en el tiempo, más difícil resulta obtener series estadísticas sobre los flujos producidos o sobre las características sociodemográficas y las condiciones del asentamiento de dichos migrantes, y aún más sobre los descendientes de los mismos. En este sentido, aparte de las fuentes censales, podríamos destacar la excepcionalidad que representó la Encuesta Sociodemográfica de 1991, de la que se explotaron datos referentes a las estrategias familiares de los inmigrados a Cataluña, entre ellos los de origen valenciano (Domingo, Treviño y Bueno, 2011). El trabajo cualitativo, forzosamente retrospectivo, es decir basado en la memoria de los migrantes supervivientes en la actualidad y de sus descendientes, aporta una vía de análisis nada despreciable, y no obstante tampoco suficiente.
Es en ese contexto en el que nos planteamos el estudio de los migrantes y de sus descendientes a partir de una novedosa metodología conocida como “Ciencia Ciudadana” (CC), basada en la colaboración de ciudadanos anónimos con científicos profesionales para llevar a cabo una investigación y así generar un saber científico. O tal como expuso en su Green Paper on Citizen Science la Comisión Europea (2013: 5-6): “Citizen Science refers to the general public engagement in scientific research activities when citizens actively contribute to science either with their intellectual effort or surrounding knowledge or with their tools and resources”.
Los proyectos de CC han despegado con fuerza en los últimos años, existiendo actualmente diferentes publicaciones periódicas dedicadas a su difusión como la Citizen Science y la Citizen Science Monthly, o agrupaciones como la Citizen Science Association o la European Citizen Science Association. Debido a este gran impulso, la Comisión Europea decidió publicar en 2013 el anteriormente mencionado Green Paper on Citizen Science, con el objetivo de diseñar y fomentar una política de colaboración entre los promotores de proyectos de ciencia ciudadana y las instituciones europeas. 1
Aunque el concepto de CC es relativamente reciente, los proyectos científicos que relacionan al público con la comunidad científica existen desde el siglo XIX. De hecho, uno de los más antiguos se remonta a principios de dicha centuria, cuando el científico inglés William Wheewell organizó a miles de personas a ambos lados del océano Atlántico para medir las mareas oceánicas, resultando este primitivo proyecto de CC todo un éxito (Finquelievich y Fischnaller, 2014). De manera que se podría decir que la CC no es algo tan innovador. Lo que si sería novedoso es el uso de las TIC y las enormes posibilidades que han abierto, como ya llevan reclamando desde hace años algunos autores como Capel (2010).
Sin embargo, es a partir de los años noventa –y más concretamente a partir del año 1999– cuando se produce un antes y un después en la CC con el lanzamiento del proyecto Seti@home destinado a buscar señales de vida extraterrestre en el espacio exterior con la ayuda de los ordenadores de miles de usuarios interconectados (Perelló, 2014) 2. Dicho proyecto, que fue todo un logro, inspiró decenas de trabajos e investigaciones colaborativas a partir del cambio de milenio. Baste recordar proyectos participativos como Wikipedia, surgida en el 2001, o Flickr, en el 2004, y que han generado un gran banco de datos e imágenes.
En España la CC ha tenido un fuerte auge en los últimos años, principalmente en ciudades como Zaragoza, Madrid o Barcelona. Pese a no contar con fuentes de financiación equiparables a las de países como el Reino Unido o Alemania, en marzo del 2016(a) se presentó el Observatorio de Ciencia Ciudadana en Madrid, uno de cuyos objetivos es “identificar los actores (de CC en España) (…), analizar el estado del impacto de cada práctica en la ciencia-sociedad, promover la adopción de las mejores prácticas, y sentar las bases para un seguimiento continuado en el tiempo de la CC en España”. En su página web hay registrados hay más de un centenar de proyectos o iniciativas relacionados con la CC, en un listado que se actualiza constantemente (2016b). En Barcelona, además, en una fecha anterior como el 2012 se creó una Oficina de Ciencia Ciudadana, uno de cuyos objetivos es reunir a los diversos grupos con proyectos radicados en Barcelona y su área metropolitana con el objetivo de coordinarlos y mantener informados a sus miembros sobre las actividades relacionadas (Oficina de Ciència Ciutadana de Barcelona, 2015). Ahora bien, la mayoría de los proyectos que recogen esas dos instituciones están enmarcados en disciplinas como las ciencias atmosféricas, medioambientales y de la salud, mientras que la participación de las ciencias sociales sigue siendo muy minoritaria. Es más, incluso en la Oficina de Ciencia Ciudadana de Barcelona, hasta la inclusión del proyecto que aquí se presenta, no se recogía ninguno del ámbito de las ciencias sociales. Este hecho, que podría parecer sorprendente, ha sido documentado recientemente por Ferran-Ferrer (2015), la cual, tras analizar una serie de páginas web o portales con proyectos de CC, estableció una proporción de 99 frente a 1 entre los proyectos relacionados con las ciencias e ingenierías y los de humanidades y ciencias sociales. 3
Por tanto, la originalidad de nuestra aproximación ha sido aplicar esta relativa novedosa metodología, que cuenta ya con un apreciable recorrido en las llamadas ciencias duras, a un estudio de ciencias sociales, donde aún es claramente minoritaria. De este modo, no solo nos propusimos implicar a los protagonistas directos o indirectos del fenómeno social que íbamos a estudiar –los migrantes valencianos en Cataluña y sus descendientes–, sino que nos interesaba testar esa metodología en los estudios de demografía y sociología de la población.
Dicho esto, el objetivo del presente artículo no es tanto el análisis de las migraciones de valencianos y de sus descendientes en Cataluña como una valoración crítica de la utilización de la llamada “Ciencia Ciudadana” en las ciencias sociales, tratando como caso de estudio las migraciones históricas y presentes de valencianos en Cataluña, así como de sus descendientes. Los resultados del mismo serán utilizados en función de la adecuación metodológica –limitaciones y aportaciones– para tener en cuenta tanto en el análisis exhaustivo ulterior del material resultante, en forma de sesgo, pero sobre todo, para la mejora de futuras aplicaciones de dicha metodología en el campo de las ciencias sociales. Para ello, en los próximos capítulos daremos un especial énfasis en primer lugar a mostrar cómo construimos el proyecto de CC Veus Valencianes, en segundo lugar a la valoración crítica propiamente dicha a partir de los resultados obtenidos, y en tercer lugar a los pros y contras del uso de la CC para un estudio sociodemográfico.
Veus Valencianes se concibió en junio de 2015 como un proyecto de CC dentro del ámbito de las ciencias sociales realizado por un grupo de investigadores del Grup d’Estudis Demogràfics i de les Migracions del Centre d’Estudis Demogràfics de la UAB. Dicho proyecto se inserta dentro de una investigación sociodemográfica mucho más amplia sobre la emigración valenciana en Cataluña y otras partes del mundo. Para llevar a cabo esta investigación, en forma de tesis doctoral, se han combinado aproximaciones cuantitativas y cualitativas. En la investigación cuantitativa se han estudiado las características sociodemográficas de la población valenciana que vive en Cataluña así como su origen y distribución territorial, y se ha realizado una aproximación a algunas características de los flujos protagonizados por los valencianos hacia el extranjero desde el inicio de la crisis, así como a su estructura sociodemográfica según los principales países de residencia. Respecto a la parte cualitativa, se han llevado a cabo 68 entrevistas a valencianos y descendientes, para así estudiar su discurso.
Las fuentes tradicionales, como el padrón, permiten saber que hay 61.657 valencianos registrados en Cataluña. Ahora bien, después de llevar a cabo las entrevistas en profundidad se constató que gran parte de los entrevistados no estaban empadronados en el lugar de residencia –o habían tardado en empadronarse– por diversos motivos, lo que también afecta a los contingentes de valencianos que residen actualmente. Igualmente, nos interesa conocer el destino de los descendientes de los más de 126 mil valencianos censados en 1930, cuando representaban el principal contingente de población migrante por delante de aragoneses (118 mil) y murcianos (81 mil) (Pujadas, 1982). El padrón o el censo nos permiten saber algunas características sociodemográficas básicas para el conjunto del colectivo y las entrevistas en profundidad las experiencias vitales de algunos de sus protagonistas o descendientes, mientras que la CC ofrece la posibilidad de adentrarnos en un camino intermedio entre el análisis cuantitativo y el cualitativo. Así, Veus Valencianes se pensó con el fin de abarcar más individuos de los que permiten las entrevistas en profundidad y obtener más información de la que proporciona el censo o el padrón.
Tal como se pensó y se diseñó, Veus Valencianes se categorizaría como un proyecto de CC de recolección de datos, donde las personas proporcionan la información para la investigación. La diferencia, en comparación con otros proyectos de CC de esa categoría, radica en que Veus Valencianes tenía una fecha de inicio y final relativamente cortas –unos 6 meses– y que los ciudadanos solo intervenían en una fase. Normalmente en los proyectos de CC de este ámbito los ciudadanos aportan constantemente referencias y procesan o analizan datos, además de existir en algunos de ellos un entrenamiento previo de los participantes (Purdam, 2014).
Para la ejecución del proyecto se diseñaron dos cuestionarios, uno dirigido a la población valenciana que vivía en Cataluña y otro dirigido a la población residente en Cataluña con algún antepasado de origen valenciano. En esos cuestionarios, aparte de preguntar por algunas características sociodemográficas básicas, se inquiría sobre cuestiones imposibles de abordar con fuentes tradicionales tales como la vinculación con el País Valenciano 4 y su valoración, el mantenimiento de propiedades o familiares en dicho territorio, la frecuencia de los viajes al País Valenciano y sus motivos, el grado de conocimiento del mismo o la pertenencia a algún tipo de asociación, por dar algún ejemplo.
El cuestionario dirigido a los nativos valencianos y residentes en Cataluña estaba compuesto por un total de 37 preguntas sociodemográficas referidas a la propia persona más una serie de 2 preguntas por hijo, en caso de que la persona que respondiese los tuviese. Esas preguntas se estructuraban en 5 grandes apartados temáticos, más una pregunta abierta final en la que la persona podía aportar cualquier información que considerase relevante o realizar comentarios sobre el propio proyecto y su estructura (Tabla 1).

Respecto a la encuesta dirigida a las personas con algún antepasado valenciano, las preguntas se agrupaban en dos bloques, en los que se preguntaba por varios aspectos sociodemográficos de los encuestados por una parte y de sus ancestros por otra (Tabla 2). En el primer bloque se optó por pedir poca información del antepasado para agilizar la encuesta y evitar, en la medida de lo posible, que no fuese cumplimentada en su totalidad. En total se formulaban 5 preguntas a responder para cada ascendiente, hasta el nivel de los bisabuelos, es decir como máximo la posibilidad de responder sobre 14 antepasados valencianos. El segundo bloque, más extenso, contenía 31 preguntas concernientes a la persona que contestaba el cuestionario y estaba dividido a su vez en 6 partes, con una estructura similar a la del cuestionario anterior.

En ambos cuestionarios las preguntas eran abiertas, como las referidas a la lengua que hablaba la persona o la profesión a la que se dedicaba o dedica, mientras que en otros casos eran cerradas, como las que trataban el nivel educativo, la relación con la actividad o el grado de valoración del País Valenciano. En algunas cuestiones también se daba la opción de complementar las respuestas cerradas con una casilla abierta.
Los dos cuestionarios se diseñaron en dos versiones, una en lengua castellana y otra en lengua valenciana, consideradas las dos como propias del territorio de la Comunitat Valenciana (Corts Valencianes, 2006). En relación con la denominación oficial del territorio se optó por usar el término País Valenciano en las encuestas, ya que aunque sea el término oficial Comunitat Valenciana el más extendido en ese territorio, es el término País Valenciano el que se ha usado históricamente (Fuster, 2009; Bono, 2014) y el más utilizado actualmente en Cataluña, lugar de residencia de los encuestados. Respecto a las preguntas en las que se pedía información sobre la lengua materna y hablada se consideró que para evitar posibles conflictos o debates, todavía muy presentes de manera transversal en el conjunto de la sociedad valenciana (Flor, 2010; Xambó, 2010), fuese el propio individuo el que usase el término que considerará más oportuno mediante una pregunta abierta, en vez de formular una cerrada en la que hubiese que haber definido dicha lengua bajo el término catalán, valenciano o catalán occidental. A pesar de esas precauciones, el desacuerdo sociolingüístico se ha hecho manifiesto como se desprende de las observaciones que han realizado algunos de los participantes en la pregunta abierta final en contra de uno u otro término.

La publicación online de los cuestionarios se realizó utilizando la herramienta de Google Google Forms (Figura I). Entre los múltiples programas de uso colaborativo y gratuito que facilita la compañía Google, esta aplicación permite configurar cuestionarios y publicarlos en internet. Se pueden agrupar preguntas en bloques temáticos, elegir el tipo de pregunta y las posibles respuestas, y otros aspectos técnicos o de diseño. Las respuestas son almacenadas y actualizadas automáticamente en los servidores de esa compañía, y pueden ser visualizadas y descargadas en un formato tipo hoja de cálculo que facilita su posterior tratamiento por programas estadísticos. Una vez elaborados los cuestionarios, y previa a su publicación abierta, se realizó una prueba piloto seleccionando a cinco personas que contestaron cada uno de los cuestionarios para obtener su opinión sobre la facilidad de uso, agilidad, tiempo de respuesta o cualquier otro comentario o sugerencia que quisieran realizar. Este proceso de feedback permitió depurar y obtener la versión definitiva del cuestionario y su posterior publicación online.
Para visualizar el proyecto y fomentar la participación, se creó una cuenta de Veus Valencianes en dos redes sociales, Twitter y Facebook, en las que se colgaban noticias relacionadas con la demografía, la cultura valenciana, el proyecto o el grupo de investigación. Asimismo, en la web del proyecto, además de los enlaces a las encuestas, se ubicó un mapa del País Valenciano donde, a medida que se iban respondiendo cuestionarios, se señalaban el número de personas que participaban por municipios de origen (Figura II). Igualmente, en otros apartados se describía en qué consistía el proyecto y se animaba a participar en el más allá del cuestionario, por ejemplo en las entrevistas en profundidad. 5

El envío de correos electrónicos a diferentes asociaciones, organizaciones o administraciones fue una de las actividades que ocuparon mayor tiempo. Debe tenerse en cuenta que el público potencial de las encuestas no eran solo valencianos afincados en Cataluña, si no toda aquella persona que tuviese algún antepasado valenciano que hubiese migrado a Cataluña, por lo que se escribieron correos electrónicos a más de un millar de instituciones y organismos entre los que se contaban institutos, universidades, grupos de investigación, asociaciones, ayuntamientos o centros cívicos y culturales, entre otros. Además, según el colectivo al que se dirigían, estos se personalizaban con algunos datos sobre la población valenciana del municipio o comarca a la que se escribía para atraer la atención del destinatario. Igualmente, cada cierto tiempo se enviaban mensajes recordatorios. Se ha demostrado que el envío de correos electrónicos recordatorios puede provocar una reacción contraria en los potenciales participantes, al considerarlos a veces estos como correo SPAM (Sánchez y Segovia, 2008), sin embargo, después de realizar campañas de difusión a diferentes colectivos nuestras respuestas aumentaban considerablemente. Asimismo, como método destinado a aumentar la participación, en los últimos meses también se elaboró un cartel del proyecto que se distribuyó en algunos centros cívicos de Barcelona, bibliotecas y asociaciones vecinales o socioculturales (Figura III), lo que posiblemente explica el ligero repunte de participación en los últimos meses (Gráfico 1).


Finalmente, es necesario reseñar que, antes de lanzar la versión definitiva del proyecto, el equipo de Veus Valencianes se presentó a la convocatoria del primer premio en proyectos de Ciencia Ciudadana convocado por la Xarxa Vives d’Universitats y el semanario El Temps, resultando ganador en la modalidad B (nuevos proyectos) por votación popular 6. Su concesión ayudó al conocimiento de Veus Valencianes, así como el video que se elaboró como requisito para optar al premio y que sin duda también ayudó a su difusión.7
La previsión inicial era alcanzar los mil cuestionarios en cada una de las dos encuestas con el objetivo de obtener datos representativos. Una vez depuradas y armonizadas las encuestas, eliminando casos no válidos, se alcanzó la cifra de 1.079 personas que respondieron al cuestionario dirigido a migrantes valencianos que viven en Cataluña y 620 al de sus descendientes. En relación con este último, si bien no se alcanzó el objetivo previsto, más de la mitad de los individuos que respondieron aportaron datos sobre 2 o más antepasados valencianos que migraron a Cataluña, disponiendo de la información sobre antepasados para unas 1.100 personas, de las cuales 564 son hombres y 528 mujeres. Cabe mencionar que de esos 620 individuos la inmensa mayoría nacieron en Cataluña, ya que solo 13 manifestaron que lo hicieron en el resto de España y 6 en el extranjero.
La primera aportación específica del abordaje a través de la CC ha sido evidenciar que una proporción importante de las personas que respondieron el cuestionario, alrededor del 42%, vivían pero no estaban empadronadas en Cataluña. Tal como se observa en el Gráfico 2, entre los adultos más jóvenes más del 80% se encontraban en esa situación, reflejo de movimientos migratorios asociados a los estudios y/o el primer empleo que en muchos casos no conllevan su empadronamiento en Cataluña, o como mínimo no en un primer momento. Dicha situación no es, sin embargo, nada novedosa y viene a confirmar la importancia de aquello que se ha dado en llamar “empadronamientos atípicos”, sobre todo para un importante sector de la población con estudios universitarios situado entre los 20 y 24 años (Sabater y Ajenjo, 2005). A partir de los 45 años ese porcentaje se sitúa por debajo del 10%, observándose un ligero repunte en la población de 75 y más años que estaría relacionado con fenómenos de doble residencia por razones familiares o de salud en las que estas personas deciden por motivos sentimentales y/o económicos fijar o mantener su residencia legal en la Comunitat Valenciana.

La captación de ese colectivo no empadronado en Cataluña, que presenta características sociodemográficas muy concretas, dificulta la comparación o testeo de los resultados con los proporcionados por otras fuentes, como el padrón o el censo. Además, la población que respondió al cuestionario presenta un claro sesgo, con una fuerte preponderancia de la población adulta-joven debido al mayor uso de las redes sociales, que propició el conocimiento del proyecto, y a la facilidad de acceso a las TIC a la hora de responder el cuestionario (Gráfico 3). Según el Padrón Continuo de 2015 el 8% de los residentes en Cataluña nacidos en el País Valenciano tenía menos de 30 años y los mayores de 64 años representaban el 42% de ese colectivo, mientras que entre los que respondieron el cuestionario los primeros representaban el 36% y los segundos tan solo el 5%. Si consideramos solamente aquellos que respondieron el cuestionario y estaban empadronados en Cataluña el peso de los más jóvenes se reduce hasta el 14%, cifra más similar a la del padrón, y el de los más mayores aumenta al 9%, valor todavía claramente alejado del padronal. En relación con la estructura por sexos, el 55% de los que respondieron el cuestionario eran mujeres, lo que representa un porcentaje de feminización similar al del Padrón Continuo. No obstante, aunque ese porcentaje total sea el mismo, la distribución por edades es muy diferente, ya que entre los encuestados se produce una alta feminización en las edades adultas jóvenes mientras que en el padrón se da en las edades maduras y avanzadas.

El nivel educativo y el área profesional son dos de las características sociodemográficas básicas en las que se detecta una clara divergencia entre los resultados de la encuesta y el registro padronal, sin embargo, en otra variable se ha observado una equivalencia entre nuestros resultados y los datos oficiales estadísticos. De esta manera, en los niveles educativos se evidencia un fuerte sesgo ya que un 89% declaró que tenía estudios universitarios, mientras que el colectivo con estudios primarios o inferiores solo representan el 2%. Esta sobrerrepresentación de los universitarios se explica por el hecho de que un tercio de los encuestados indicó que el motivo de su migración a Cataluña es el estudio, aumentando ese porcentaje hasta el 55% si nos ceñimos al colectivo de los no empadronados, es decir jóvenes que viven en Cataluña para realizar o ampliar estudios superiores pero que mantienen la residencia legal en el municipio de origen. Igualmente, dentro del área profesional predominan profesiones vinculadas con la educación y la investigación, como también sucede con el censo del 2011, pero con una mayor prevalencia. Con un 40% predomina el sector que calificamos de “Profesionales o técnicos de la enseñanza y educación” seguido por el de “Profesionales de la universidad, de las CCSS, científicos e investigadores” con un 12%. No obstante, en cuanto a la relación con la actividad, un 64% de los encuestados señaló que estaba trabajando, porcentaje idéntico al que representaba la población ocupada dentro del conjunto de la población activa valenciana censada en Cataluña en el 2011 (36 mil personas en edad activa donde un 64,7% señalaron estar ocupadas, un 17,6% en paro y un 17,7% inactivas).
Las disparidades descubiertas en la observación del proceso migratorio se acentúan en el empadronamiento por un lado y en la intensidad por el otro, aunque el perfil por edad sea similar. El 77% de los participantes en el cuestionario llegaron después del año 2000, aunque si contamos solo aquellos que están empadronados en Cataluña ese porcentaje se reduce hasta el 58%, lo que todavía resulta un porcentaje muy elevado. La mayor parte de esos movimientos declarados se habrían dado entre los 18 y los 29 años, un 74% del total, debido en gran medida a la presencia de un importante pico a la edad 18 entre los no empadronados ligado al acceso a universidades ubicadas en Cataluña, de mayor relevancia en las mujeres. Esa moda en la edad 18 también es visible en la Estadística de Variaciones Residenciales, aunque en esa fuente se constata también la relevancia que tienen las migraciones laborales y familiares entre los 25 y los 30 años, que no han sido captadas con tanta intensidad en nuestro proyecto (Gráfico 4).

Nota: en la EVR solo se consideran aquellos movimientos protagonizados por nacionales españoles
Elaboración propia a partir de la explotación de Veus Valencianes y de la EVR 1988-2013 (INE)En cuanto a la cobertura de la distribución geográfica del origen de los migrantes una vez más la distorsión de la estructura por edad de la mayoría de los que respondieron hace que desaparezca o se rebaje la presencia de los municipios más pequeños que protagonizaron el éxodo rural de los años veinte y entre los cuarenta y sesenta del pasado siglo. Como veremos más adelante esa infrarrepresentación contrasta con su presencia en las encuestas de los descendientes cuando se refieren al origen de sus antepasados. Así, en la encuesta de los inmigrados se encuentran presentes 208 municipios 8 de origen de un total de 542 actuales de todo el territorio valenciano, encabezados por Valencia capital, con un 20% del total, seguida por Castellón de la Plana con un 7%, y por algunos de los municipios más densamente poblados de las comarcas centrales (Alcoi, Xàtiva, Gandía, Ontinyent y la Vila Joiosa), Benicarló, Vinaròs, Alacant y Elx, todos en torno a un 2-4% cada uno (Mapa 1). Se trata de localidades que tradicionalmente han tenido un peso importante como emisoras de población hacia Cataluña, en especial a Barcelona (Oyón, Griful y Maldonado 2001), aunque otras zonas históricamente expulsoras de población hacia el principado, como el interior de las provincias de Valencia y de Castellón –esta última pionera en los flujos hacia Cataluña (Mirri, 1996)–, se encuentran escasamente representadas. Esto se observa por ejemplo en las escasas respuestas provenientes de las comarcas del Alto Mijares, el Rincón de Ademuz o de los Serranos, aunque también se explica por su estructura actual de población, claramente envejecida, y por su escaso número de población, que disminuye las probabilidades de aumentar las respuestas en el estudio.
En relación con los municipios de residencia resulta difícil diferenciar entre el efecto de haber tenido un cierto éxito en la difusión del proyecto de Veus Valencianes en Barcelona y alrededores y la agrupación real de la población valenciana en esta área. De este modo, se da una fuerte concentración en el Área Metropolitana de Barcelona, y en especial de la ciudad de Barcelona donde viven casi la mitad de los participantes en Veus Valencianes (un 49%). El peso que ejerce Barcelona, sin embargo, es mucho mayor en nuestros datos que en el padrón, donde los valencianos que viven en esta ciudad representan un 31% del total que viven en el Principado. Los municipios de Cerdanyola y Sabadell le siguen en importancia a Barcelona con un 8% y 5% respectivamente, mientras que los siguientes disminuyen a porcentajes de un 1% o 2% (municipios metropolitanos como Terrassa y Sant Cugat del Vallès, y ciudades como Manresa, Girona y Tarragona). Igualmente, se observa una escasa representación de las zonas del interior de Cataluña y de los municipios colindantes con el rio Ebro, esta última caracterizada por ser un área de fuerte presencia de población valenciana en Cataluña (Domingo y Pitarch, 2015).

Pese a los referidos sesgos, la utilización de la CC nos ha permitido percibir otras características de los procesos migratorios que no pueden captarse en las fuentes tradicionales. Es el caso de las motivaciones, el realizar el movimiento solo o acompañado, o los sitios previos en los que se residió, además del lugar de nacimiento (si es que los hubo). Tal como se puede apreciar en la Tabla 3 un 30% de los encuestados responde haber realizado una única migración entre el municipio de origen y el de residencia en Cataluña, siendo ese porcentaje claramente superior para los no empadronados –al tratarse básicamente de estudiantes– con un 36%, patrón que según las entrevistas en profundidad realizadas difiere notablemente de las pautas residenciales y de movilidad observadas entre los inmigrados durante los años cincuenta y sesenta. Destaca también que una de cada cinco personas que respondieron presenta un ciclo migratorio con algún periodo de residencia en el extranjero.

Conocido el patrón por sexo y edad en el momento de llegada o algunas pautas residenciales y de movilidad, una originalidad de nuestra propuesta consistía en incidir sobre determinadas pautas sociológicas que probablemente correspondan a un importante sector de la población valenciana que vive en Cataluña. En Veus Valencianes un 29% de los participantes se identificó indistintamente como valenciano y castellanohablante de lenguas maternas frente a una inmensa mayoría del 50% que se identificó únicamente como valencianohablante de lengua materna, lo que también podría interpretarse como un sesgo de selección o quizás como una realidad de la población valenciana que vive en el principado. Sin duda, el conocimiento del catalán ha sido un factor decisivo a la hora de seleccionar como destino Cataluña por lo que estos datos parece que se adecuan a la realidad de la migración valenciana en Cataluña, más teniendo en cuenta que un 76% de la población valenciana afirmó que lo sabía hablar y un 82% leer (según el censo del 2011).
Otras cuestiones de interés planteadas fueron el origen geográfico de la pareja o el número de hijos. De esta manera, 298 indicaron que tenían 1 o más hijos y un 43% que su pareja había nacido en Cataluña, este último dato similar al aparecido en el censo de 2011, donde se sitúa en un 47%. Sin embargo la endogamia entre valencianos es mucho mayor en nuestros datos, con un 37%, que en el censo, con un 20%. Estos datos se pueden conocer por los censos que se hacen cada 10 años, pero no los que hacen referencia a las motivaciones y planteamientos iniciales de la migración (temporal o definitiva), el mantenimiento de familiares y propiedades en la Comunitat Valenciana, la frecuencia de los viajes a este o la participación en alguna asociación (valenciana o no) en el Principado. Una de las originalidades de este proyecto ha consistido en captar información de este tipo, la cual nos ayudará a conocer más a una comunidad que, según qué casos, está invisibilizada en las fuentes estadísticas. Ahora bien, esto último también ha de tenerse en cuenta a la hora de realizar una interpretación fidedigna de los comportamientos de este sector de población, ya que lógicamente algunos aspectos diferirán entre el colectivo empadronado y el que no. Por ejemplo, el de la vinculación, contacto o intenciones de regreso al País Valenciano, más grande lógicamente entre los no empadronados que los empadronados. En términos generales y sin distinguir los perfiles ahora mismo podemos decir que las opiniones están divididas ya que un 32% tiene o tenía intención de regresar al País Valenciano, un 34% manifestó que no y el otro tercio no tenía una opinión formada. Eso sí, un 94% indicó que, con diversa frecuencia y duración, pasa temporadas en el País Valenciano. En referencia a su participación en algún tipo de asociación valenciana en Cataluña solo un 6% respondieron que están integrados en alguna, la mayoría en Espai País Valencià o Casa Valencia. Sin embargo, un tercio de los valencianos que están empadronados forman parte de algún otro tipo de asociación, partido político, cooperativa o banda de música.
El cuestionario sobre descendientes fue contestado por 620 personas, de las cuales el 53% eran mujeres, con una estructura por edad más homogénea que la observada en el cuestionario de nacidos. Así, el 27% de los que respondieron tenían de 15 a 29 años, el 22% de 30 a 44 años, el 35% de 45 a 59 años, y el 16% restante 60 o más años. Esto significa que, además de un menor sesgo, se tiene información referente a las corrientes migratorias más recientes, aportada por la población más joven, y sobre las más antiguas, gracias a la población adulta-madura y anciana. Efectivamente al comprobar los años de llegada de los antepasados de los participantes se reflejan perfectamente las dos oleadas más antiguas del siglo XX (Gráfico 5): una primera en torno a los años 20, al final de cuya década los valencianos llegaron a representar su máximo del siglo en Cataluña, y una segunda en torno a los años 50, en un contexto de reinicio de las grandes migraciones interiores tras la posguerra (Rodríguez, 2010), agravadas a su vez por una ola de frío polar que en febrero de 1956 afectó con especial virulencia a algunas zonas del interior valenciano (Núñez, Muedra y Aupí, 2006).

La información que los participantes declararon sobre sus antepasados estaba bastante repartida entre los padres y abuelos con porcentajes de entre el 11 y 16% en el conjunto de los 1.100 casos. Sin embargo, si tomamos como referencia al primer antepasado declarado en la encuesta –recordemos que más de la mitad de los que respondieron aportaron datos sobre 2 o más antepasados valencianos– para calcular el número de generaciones transcurridos desde ese primer migrante tenemos registrados un 40% de los casos como primeras generaciones nacidas en Cataluña, un 48% segundas y el resto, un 11%, terceras. Tanto las segundas, pero sobre todo las terceras, son las que sin duda nos han aportado información sobre los migrantes más antiguos y por lo tanto los más difíciles de rastrear. Se ha de tener en cuenta que hasta un 38% de los antepasados declarados llegaron antes de 1930. Es más, el pico de llegadas de todos ellos lo tenemos justo localizado en esa década inmediata. Un dato significativo que nos puede hablar de una cierta representatividad de estos datos es la distribución entre sexos, muy dividida, ya que un 52% de estos 1.100 casos eran hombres y un 48% mujeres.
En el caso del patrón de movimientos por edades de los antepasados hay que tener en cuenta la limitación que el filtro de la memoria, convertido en narrativa familiar, puede ejercer sobre los resultados. Es decir, que muy probablemente lo que se recuerda o lo que se manifieste sobre las trayectorias migratorias de los antepasados tienda a señalar solo los hitos que relacionan acontecimientos vitales en la movilidad. De esta manera, se destaca únicamente un máximo en edades jóvenes en torno a los 20-24 años (Gráfico 6). Asimismo, al ser una encuesta que hace referencia a los antepasados, independientemente de su edad, también se tienen reflejados los movimientos producidos en las edades infantiles y juveniles. La cuestión, no obstante, es si los movimientos producidos en la adolescencia reflejan migraciones de arrastre protagonizadas por familias o bien responden a personas que en edades jóvenes vinieron a trabajar a Cataluña. El plantear una pregunta con respuesta voluntaria sobre la ocupación desempeñada por el antepasado antes de llegar a Cataluña y una vez establecido hubiese ayudado a conocer este aspecto. Además, hubiera enriquecido nuestros datos de manera considerable y no hubiese supuesto un esfuerzo extra para el participante, al no obligarle a responder para continuar con el cuestionario.

La geografía de la emigración de los antepasados es diferente según el año de llegada a Cataluña, de manera que si discriminamos entre la emigración de la primera y de la segunda oleada tendríamos un peso más específico de zonas del interior del País Valenciano en la primera oleada. Sin hacer esa distinción sobre el periodo de llegada, ya sobresalen entre los 10 primeros orígenes una serie de municipios que no tienen un protagonismo tan específico en la actualidad pero que sí lo tuvieron en las primeras décadas del siglo XX. Se hallan representados municipios que hoy se encontrarían también entre las primeras procedencias como Valencia, Vinaròs, Castelló de la Plana o Alicante, pero también otros del interior como Morella, Enguera o Albocàsser. Incluso entre los 10 siguientes municipios en importancia destacan núcleos rurales actualmente escasamente poblados como Puebla de Arenoso o Herbers, afectados como otras zonas interiores de la Comunitat Valenciana por un éxodo rural ya iniciado a principios del siglo XX e intensificado en los 50 años posteriores (Hernández, 2004). Es más, incluso algunos participantes no sabían exactamente de dónde provenían sus antepasados, como es el caso de 38, 36 y 9 antepasados señalados como provenientes de las provincias de Castellón, Valencia y Alicante respectivamente. No habría de sorprender que la provincia de Castellón sea la que más antepasados con un origen desconocido agrupa, ya en la década de 1981-1991 hasta el 80% de sus municipios arrastraban una tasa de crecimiento natural negativo iniciada años atrás (Gozálvez, 1993).
Respecto de los lugares de residencia a los que fueron los antepasados hay una gran preeminencia del Área Metropolitana de Barcelona, aglutinando la ciudad de Barcelona el 56% de los casos, seguida de municipios como l’Hospitalet, Sabadell y Terrassa con un 4-5%. Una vez más resulta difícil distinguir entre la concentración real de la población valenciana en esta área y el efecto del límite de la difusión del propio proyecto de CC en dicha zona. Lo cierto es que Barcelona agrupó en el pasado gran parte de la población valenciana de todo el país, de hecho en 1930 el 70% de los valencianos censados que vivían en Cataluña lo hacían en la ciudad de Barcelona, mientras que 50 años más tarde, en 1981, el porcentaje había bajado hasta un 45%. Sea como sea la importancia de Barcelona como foco de atracción de población se hace evidente en nuestros datos.
En relación con los descendientes, ya se ha comentado la mayor representatividad de todos los grupos de edad. Aunque no sucede lo mismo en términos de sus lugares de residencia, con un claro predominio de la ciudad de Barcelona, donde viven cuatro de cada diez personas que respondieron al cuestionario, seguida de una serie de municipios del entorno metropolitano como Sant Cugat del Vallès, Cerdanyola del Vallès, Sabadell y Terrassa, mientras que hay una escasa representación de residentes en otras provincias de Cataluña. Esta distribución, aunque se encuentra muy concentrada en la ciudad de Barcelona, también es un reflejo mismo de la distribución de la población en Cataluña, ya que solo el Área Metropolitana de Barcelona agrupa a un 43% de la población catalana.

Igual que con el anterior cuestionario, se ha dado una selección en las respuestas de los participantes. De esta manera, el porcentaje de personas con estudios universitarios ha bajado hasta el 78%, un valor claramente sesgado aunque no tanto como en el cuestionario anterior. Por el contrario, la representación de determinados sectores está más repartida ya que un 23% de los participantes que trabajaba estaba clasificado en el sector de “Especialistas en organización y gestión (RRHH) de las empresas y comercialización” y un 16% tanto para “Profesionales o técnicos de la enseñanza y educación” como para “Profesionales de la universidad, de las CCSS, científicos e investigadores”.
Es de destacar que siete de cada diez participantes declarasen que tenían pareja en el momento de realizar la encuesta, aspecto que se explica por la distribución tan heterogénea en la participación, recordemos que el 22% de los participantes tenía entre 30 y 44 años y el 35% entre 45 y 59 años. La elección de una pareja valenciana entre estos es algo completamente trivial, ya que solo un 2% declaró tener una pareja valenciana; por el contrario, hay una gran endogamia ya que una gran mayoría (81%) afirmó tener una pareja nacida en Cataluña.
El mero hecho de haber participado activamente en un estudio de este tipo revela ya de por sí un interés por la tierra de los ancestros, con lo cual no se perseguía tanto saber el grado de proximidad o apoyo que presentan los descendientes con la tierra de sus antepasados, sino las razones y los modos que adopta esa selección cuando se manifiesta. Con este fin se introdujeron preguntas que hacían referencia al grado de conocimiento y valoración del País Valenciano por parte de los propios entrevistados y sus hijos, así como otras que hacían referencia al mantenimiento de contacto, propiedades o frecuencia y motivo de los viajes –si es que se dan– al País Valenciano. Todas estas cuestiones arrojan datos interesantes sobre la vinculación de una parte de la sociedad catalana con la Comunitat Valenciana, teniendo en cuenta que además en algunos casos se trata de segundas generaciones nacidas en Cataluña (48% de los casos) y terceras (11%). Así, pese a que la puntuación media en relación con el conocimiento sobre el País Valenciano fue de 3,0 sobre 5, un 64% indicó que conservaba algún familiar y un 20% algún tipo de propiedad. Además, independientemente de que algunos conserven propiedades o familiares, un 35% expusieron que viajan al Comunitat Valenciana, aunque con diferente frecuencia.
El haber llegado a constituir el primer contingente de población migrante del resto del estado en las primeras décadas del siglo XX en Cataluña se tradujo, entre otras cosas, en la creación de diversas casas regionales valencianas durante estos años: el Centro Cultural Vinarocense de Barcelona, en 1920; la Casa Valencia de Barcelona, en 1923; el Ateneo Castellonense de Barcelona, en 1927; o la Casa Valencia de Gavá, en 1930, entre otras. Incluso algunos autores documentaron grupos de carácter político en Barcelona como Actuació Valencianista d’Esquerra (González, 2007) o el Centro Instructivo Republicano Radical Castellonense (Gallardo y Oyón, 2004). Sin embargo, el asociacionismo regional tuvo poca representación en nuestros datos, tanto en los antepasados de los participantes como en los propios participantes. Solo un 2% del conjunto contestó que sus ascendientes participaron en alguna de las diversas asociaciones regionales que aún subsisten y con las que el equipo colaboró: la mayoría de Casa Valencia aunque también se mencionaron otras como la Colonia d’Albocàsser, la dels Jordiencs Absents y la de Ayorinos Residentes en Barcelona. Un 17% contestó que lo desconocía. También fueron preguntados los encuestados por su pertenencia a alguna asociación de carácter estrictamente valenciano, a lo que el 99% respondió que no. Esto no ocurrió cuando se les preguntó por si formaban parte de alguna asociación ya que la mitad respondió que sí. Es decir, según sus conocimientos sus antepasados no formaban parte de ningún tipo de asociación de carácter valenciano, aunque ellos sí que han optado por participar, en la mitad de los casos, en algún tipo de asociación.
Veus Valencianes ha servido para captar datos complementarios de un colectivo –el valenciano– detectable en las datos estadísticos, pero también para dar a conocer otro muy difícil de localizar, el de sus descendientes. Sin embargo, a lo largo de todo el proyecto han surgido una serie de limitaciones. En primer lugar, la dificultad de acceso a las nuevas tecnologías ha impuesto un sesgo de edad en contra de los mayores, que ha actuado de efecto domino sobre el acceso a las características de la migración valenciana más antigua del siglo XX. Se debería haber incidido más en acciones que potenciasen la colaboración intergeneracional de posibles participantes o que movilizasen al propio grupo investigador del proyecto para motivar y facilitar la participación de este importante sector de edad.
En segundo lugar, este sesgo también ha afectado a la cobertura geográfica del fenómeno migratorio por parte de los nacidos. Ahora bien, el menor reflejo de las zonas de origen del interior del País Valenciano por parte de los nacidos es ni más ni menos que el resultado de la actual estructura de edad de estos territorios. Precisamente, esta subrepresentatividad de algunas zonas de origen por parte de los nacidos se ha visto complementada con los datos aportados por los descendientes. El ejemplo más claro se puede observar al comparar los dos mapas de origen. Igualmente, otro sesgo, el temporal, se ha podido completar con las aportaciones de estos últimos, de manera que aunque estén subrepresentadas las oleadas históricas de los años 20 y 60 por parte de los nacidos como era de esperar, se han visto reflejadas de manera satisfactoria por parte de sus descendientes.
En tercer lugar, el sesgo tan marcado del nivel educativo ha sido directamente provocado por la mayor implicación de este sector de población. Como se dijo en líneas anteriores se realizó un envío a casi un millar de instituciones de todo tipo, por tanto, que hayan respondido personas con un nivel educativo tan elevado es muestra de un mayor interés y acceso a las TIC por parte de este público, que no dudó en implicarse en detrimento del resto de potenciales participantes.
En cuarto lugar, una posible limitación a las que no nos hemos enfrentado directamente pero si indirectamente es la de la fiabilidad de las respuestas de los descendientes. La memoria juega otro filtro muy importante, sobre todo en el caso de los descendientes. Por eso mismo se trató de incluir preguntas no muy cerradas y por eso las respuestas referentes al lugar de origen, año de nacimiento y de llegada han estado en algunos casos aproximadas. No obstante, los resultados sobre estos campos han sido más que satisfactorios y permitirán reconstruir trayectorias de origen y llegada en futuros estudios.
Y en quinto y último lugar, no hay que olvidar todos los aspectos referidos al diseño y elaboración del cuestionario, incluso los que hacen referencia al vocabulario empleado. Se ha intentado evitar que la utilización de determinados vocablos referidos a la lengua o el territorio influyesen en un menor grado de participación, sin embargo, otros aspectos pueden haber influido a la hora de captar posibles participantes. Tal es el caso del término “migrar” o “migraciones”, los cuales pueden tener connotaciones negativas para ciertas personas, como así nos lo indicaron en el apartado “observaciones”, donde algunos participantes apuntaron que sus antepasados “no migraron”, sino que “vinieron por otros motivos”9. Esto podría significar que haya habido gente que no haya contestado a ninguno de los dos cuestionarios, pese a entrar en el perfil, porque no se consideraban migrantes ni ellos ni sus antepasados. Igualmente, hay una serie de preguntas que se hubieran podido incluir como optativas para obtener unos resultados más completos sobre movilidad socio-ocupacional o geográfica, por ejemplo.
Pese a estos inconvenientes se han conseguido conocer muchos aspectos de los valencianos que viven en Cataluña, con los cuales se podrá investigar más adelante. En la medida en que la mayoría de los datos recogidos se ajustan a las tipologías analizadas a partir de los datos estadísticos una vez detectado el sesgo por edad, los resultados siguen siendo de interés. Tal es el caso del patrón por edad de los movimientos realizados a Cataluña o del área ocupacional en la que se enmarcan muchos valencianos. Sabemos que perspectivas tenían los valencianos cuando llegaron, si conservan familiares o propiedades en el País Valenciano, con quien están casados, o el contacto y la frecuencia con que visitan el País Valenciano. Pero además, todo esto también lo sabemos de algunos hijos, nietos o bisnietos de valencianos que han migrado desde finales del siglo XIX.
Gracias a este proyecto nos hemos podido acercar a un importante sector de la población joven valenciana que actualmente vive en Cataluña y que según las fuentes estadísticas se encuentra subestimado. Por tanto, tenemos una imagen inédita del subempadronamiento de parte de algunos valencianos que viven en Cataluña, la cual a su vez nos habla de una gran intensidad de los empadronamientos atípicos en los jóvenes valencianos. Además, conocemos algunos aspectos de difícil estudio que nos hablan de su comportamiento o participación en la sociedad catalana. Por poner algunos ejemplos: la mitad se identificó únicamente como valencianohablante y hasta un tercio de los empadronados forma parte de alguna asociación de ámbito catalán. Estos y otros aspectos sin duda demuestran un arraigo en Cataluña –por no hablar de los casi 300 que indicaron que tenían uno o más hijos. Ahora bien, este arraigo a Cataluña no equivale a un desarraigo al País Valenciano ya que un 94% pasa temporadas más o menos largas en el mismo.
Uno de los puntos fuertes analizados es la trayectoria migratoria de muchos participantes. Se ha detectado una gran movilidad entre los encuestados ya que hasta 768 personas previamente residieron en algún otro lugar del que lo hacen actualmente, siendo una de las cosas más significativas que hasta 88 personas solo habían migrado al extranjero antes de acabar en Cataluña, ¿se trata de este nuevo tipo de migración cualificada que al acabar los estudios optó por buscar trabajo directamente en el extranjero y ven al Principado como un paso intermedio para volver a la Comunitat Valenciana?
Mediante las aportaciones de los descendientes hemos podido reconstruir las dos primeras oleadas migratorias del siglo XX y acercarnos a localidades afectadas por un largo proceso de despoblamiento y éxodo rural que con el cuestionario de los nacidos no habrían sido captadas. Este cuestionario se ha descubierto de gran valor, al ayudarnos a profundizar más en la migración valenciana de principios de siglo. Otro gran mérito supone el haber podido localizar a un colectivo indetectable estadísticamente, el de los descendientes. Se tratan de personas con una mayor heterogeneidad que los actuales valencianos, tanto por los grupos de edad que contestaron, como por las áreas profesionales representadas. Sí que parece haber una mayor concentración de estos en el AMB, pero eso es también fruto de la actual distribución de la población en Cataluña. Llegados a este punto ¿qué tipo de relación existe actualmente entre los descendientes y el País Valenciano?
Nuestra valoración final, de lo que consideramos un primer experimento de la aplicación de la CC a las ciencias sociales, es positiva. Y eso pese a limitaciones, algunas de las cuales podrían haberse previsto con anterioridad. Como hemos señalado en la introducción, la investigación presente no acababa de cumplir con todos los requisitos de la CC, al no incluir a los participantes en el proceso de análisis de los datos, tan solo en el de captación y producción de información para el análisis (con la implicación de individuos y asociaciones en la difusión). Además, la dificultad de acceso a las TIC y la mejor cobertura territorial del fenómeno estudiado se hubieran podido solventar con más recursos, no solo dirigidos a la motivación y captación de personas mayores, sino a una mayor presencia fuera de la AMB. Este ha sido un primer paso en la aplicación de la CC a un proyecto de investigación en ciencias sociales, el cual esperemos que sirva de ejemplo para aplicar y perfeccionar más estudios de esta materia con esta nueva metodología. Por el momento, gracias a la CC hemos podido captar datos que con las fuentes tradicionales serían imposibles de detectar y con los que trabajaremos próximamente.
Formato de citación: Pitarch Calero,
K.; Domingo Valls, A.; Blanes Llorens, A. (2017). “Migraciones de
valencianos y sus descendientes en Cataluña. Un ejemplo de ciencia
ciudadana”. Aposta. Revista de Ciencias Sociales, 75, 35-73, http://apostadigital.com/revistav3/hemeroteca/pitarch1.pdf









Nota: en la EVR solo se consideran aquellos movimientos protagonizados por nacionales españoles
Elaboración propia a partir de la explotación de Veus Valencianes y de la EVR 1988-2013 (INE)



