Secciones
Referencias
Resumen
Servicios
Descargas
HTML
ePub
PDF
Buscar
Fuente


En busca del tiempo perdido o entre el socialismo y la democracia. Las apuestas de Juan Carlos Portantiero en los años 1980
In search of lost time or between socialism and democracy. The bets of Juan Carlos Portantiero in the 1980s
e-l@tina. Revista electrónica de estudios latinoamericanos, vol. 15, núm. 60, pp. 120-122, 2017
Universidad de Buenos Aires

Artículos


Recepción: 20 Mayo 2017

Aprobación: 01 Junio 2017

Resumen: El presente trabajo es una presentación a “Internacionalización de la política y de la ideología en América del Sur”, un texto escrito por Juan Carlos Portantiero. Publicado en 1980, fue editado en el número 2 de la revista mexicana América Latina: Estudios y Perspectivas, publicación que llevaba adelante la Unidad de Investigación Latinoamericana (UILA). El análisis da cuenta de sus condiciones de producción donde el campo intelectual se veía atravesado por las dictaduras militares, la obturación de los procesos revolucionarios de los años 1960 y las consecuencias de la llamada crisis del marxismo.

Palabras clave: Portantiero, México, campo académico, comunidad exiliar, democracia.

Abstract: The present work is a presentation to "Internationalization of politics and ideology in South America", a text written by Juan Carlos Portantiero. Published in 1980, it was edited in issue number 2 of the mexican magazine América Latina: Estudios y Perspectivas, a publication that was carried out by the Latin American Research Unit (UILA). The analysis gives an account of its conditions of production where the intellectual field was crossed by military dictatorships, the shutdown of the revolutionary processes of the 1960s and the consequences of the so-called crisis of Marxism.

Keywords: Portantiero, Mexico, academic field, exile community, democracy.

Cuando Portantiero llegó a México en 1976 producto del primer año de la dictadura argentina autodenominada “Proceso de reorganización nacional”. Seguramente no sabía que allí comenzaría un largo periplo con varias derivas. En efecto, el exilio mexicano de Portantiero como el de tantos otros, fue el momento donde, visto a la distancia, cambiara por entero su mundo intelectual y político. Allí dejaría atrás a los “largos años 60” argentinos y latinoamericanos para en un mismo movimiento, trocar comunismo por socialismo y democracia.

Desde el primer momento de su llegada al país azteca comenzó a afianzar una posición como profesor e investigador universitario. Lejos de Buenos Aires, donde los convulsionados tiempos políticos lo habían dejado muchas veces a la deriva por los vaivenes a la que era sometida la universidad argentina, en el Distrito Federal mexicano, se estableció en la sede de FLACSO y comenzó sus estudios de filosofía y teoría política. Al mismo tiempo, en un clima por demás propicio, impartió clases de teoría social hasta que esa experiencia lo condujo a su primer cargo ejecutivo en 1978 cuando asumió la dirección de la naciente Maestría en Ciencias Sociales. Esa posición lo colocó como un académico que ahora pensaba a la universidad y a la política con otros elementos y mediaciones que no había tenido en el pasado reciente. Nunca escribió tanto como en esos tiempos de exilio, debido a que México le proveyó un marco adecuado para la producción intelectual, es que además de la buena posición como docente e investigador que le dio la universidad, el “Boom del petróleo” que vivía el país y la búsqueda de legitimidad por parte del gobierno luego de la masacre de Tlatelolco, hicieron que el fomento de la cultura y la vida académica estuvieran a la orden del día.

La política, a la que se había acercado con tan solo 17 años cuando ingresó al Partido Comunista seguía siendo, por supuesto, el nervio que marcaba todas sus intervenciones, pero ahora aparecían otras mediaciones en su reflexión que esa vivencia en el exilio hacía posible. Así, se involucró en el debate sobre las experiencias de la guerrilla como lo hacía toda la comunidad exiliar. El escenario para la polémica fue la sede del Comité de Solidaridad con el Pueblo Argentino (COSPA), la organización que los argentinos radicados en México se dieron para resistir en contra de la dictadura, sentirse menos solos, ayudar a los que no tenían trabajo ni lugar para vivir y al mismo tiempo ponerse al día en la reflexión sobre la Argentina. Primero en la mesa de discusión socialista y después en la revista Controversia. Para un análisis de la realidad argentina. Cobró forma el debate sobre los años '60 y en el mismo movimiento la idea de que había que abrazar la democracia. “Crisis del Marxismo” mediante volvió a prestar atención a las reflexiones de los comunistas y socialistas italianos como ya lo hiciera en su época de militancia en el Partido Comunista argentino y en su experiencia de Pasado y Presente. Por esa vía incorporó a Weber en sus reflexiones, emulando a los italianos que creían que el pensador alemán podía cubrir el “hueco” que el marxismo dejaba en el análisis sobre la política y el Estado, se acercó a Norberto Bobbio e hizo suyas muchas de sus reflexiones acerca de la democracia. Reflexionó, inspirado en el italiano, sobre el vínculo de esta con el socialismo. Saldó cuentas con Marx y con todo el marxismo de la II Y III Internacional y volvió a revalorizar a Gramsci, pero ahora poniendo en tela de juicio algunas coordenadas teóricas y políticas del comunista sardo. En ese proceso, cuando buena parte del mundo intelectual latinoamericano descubrió su obra, Portantiero contribuyó de manera decisiva a su difusión al publicar en 1981 Los usos de Gramsci. Un libro que venía a completar con artículos y ponencias inéditos un largo estudio que ya había aparecido como parte de una antología que había editado su compañero y amigo entrañable José Aricó mitad en Buenos Aires, mitad en México.

Ese periplo mexicano también le deparó un encuentro más profundo con el mundo político e intelectual latinoamericano. Así, volvió la mirada sobre el continente como ya lo había hecho en su primer libro Realismo y realidad en la literatura argentina y en Estudiantes y política en América Latina, solo que ahora a esas reflexiones se le sumaban análisis que enfatizaban muchos aspectos que habían sido dejados de lado en sus anteriores acercamientos. Por esa vía volvió a Mariátegui en el que descubrió la síntesis más perfecta de un marxismo latinoamericano. Revisó el papel del Estado en el continente, se acercó a las distintas tradiciones políticas, enumeró los problemas que veía en la soñada unidad latinoamericana y comenzó a pensar las condiciones para toda la región, que debía enfrentar la restauración de la democracia.

El trabajo que aquí presentamos se enmarca en ese telón de fondo colocado desde la tradición de izquierda a la que siempre adhirió y que ahora estaba anclada en un socialismo de cuño democrático. Publicado en 1980, el texto, seguramente poco o nada conocido para el público argentino, fue editado en el número 2 de la revista mexicana América Latina: Estudios y Perspectivas, publicación que llevaba adelante la Unidad de Investigación Latinoamericana (UILA). Este instituto buscaba, en clave desarrollista, fomentar la reflexión teórica acerca de los problemas latinoamericanos y en la primera entrega de la revista había colocado como tema central “La Cuestión de la democracia” replanteándose las consignas del viejo liberalismo en la relación que los movimientos populares del continente trataban de fundar entre democracia y socialismo. En la segunda entrega, y como complemento de la primera, el tema central era el de los “Proyectos de recambio y fuerzas internacionales en los ‘80”.

El texto fue escrito cuando para Portantiero afirmaba que se asistía a un fin de ciclo, el de la fase de expansión del capitalismo, similar al que se había vivido con el crack de 1929. Donde terminaba una etapa y con ella no solo caducaba un régimen de acumulación sino también un patrón de hegemonía; y en ese proceso también las formas de organización de la política de las clases subalternas. Así es como para Portantiero, el populismo aparecía agotado con su modelo de desarrollo hacia adentro y su construcción política “desde arriba”. El marxismo con su “internacionalismo abstracto” que causaba su desarraigo del mundo popular y su impronta revolucionaria, “derrotada” por los golpes militares en la región, era también visualizado como un capítulo cerrado para una futura historia de la izquierda.

El texto contiene así, todos aquellos elementos ideológicos que en la década de 1980 formaran parte de sus apuestas políticas e intelectuales, cuando colocó de manera definitiva a la democracia como horizonte y al socialismo como bandera pero ahora en clave democrática. En efecto, cuando en 1984 El Club de Cultura Socialista abra sus puertas en Buenos Aires, esa nueva institución, inspirada en los clubs políticos franceses que apoyaban a Francoise Miterrad, será uno de los vehículos para llevar adelante un debate que haga posible la idea de un socialismo moderno y de una democracia de avanzada. Y cuando 2 años más tarde La Ciudad Futura gane la calle y también pelee por esas ideas, buscando modernizar al socialismo e inscribirlo en un debate global, la socialdemocracia europea en muchas de sus variantes, estará presente de una manera explícita. A través de entrevistas a intelectuales como Offe, Habermas, Coletti y tantos otros, para conjugar una apuesta por una democracia social y un modelo de desarrollo que buscaba la modernización de la cultura política y con ella la de los partidos, el Estado y la de toda la estructura social. Todo el germen de ese impulso modernizador, con el cual se quería contestar a los proyectos de la derecha que ya asomaban en los países centrales, estará presente en la discusión que coloca el texto que aquí presentamos.



Buscar:
Ir a la Página
IR
Visor de artículos científicos generados a partir de XML-JATS4R por