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Estudios de literatura colombiana, no. 54, pp. 13-16, 2024
Universidad de Antioquia

Iniciamos esta editorial con un agradecimiento a la labor realizada por el profesor Andrés Vergara Aguirre, quien dirigió la revista durante los últimos seis años, en los cuales alcanzó su ubicación en categoría A1 en Publindex y cuartil Q1 en SJR. Serán inolvidables las editoriales escritas por el profesor Vergara, pues se apartaron del texto de presentación acostumbrado en una revista académica y se centraron en reflexionar profunda y críticamente sobre sucesos y aspectos de la literatura actual; asimismo, Vergara fortaleció la sección de Entrevistas y la de Conferencias, estableciendo un diálogo muy fructífero con creadoras y creadores, investigadoras e investigadores de las literaturas colombianas.

Bajo esta nueva fase de la revista, el equipo editorial (Christian Benavides Martínez, Isabella Ospino y Paula Andrea Marín) quiere mantener la calidad académica y editorial que ha caracterizado la publicación, continuar trabajando por divulgar los resultados de investigación sobre las literaturas colombianas y seguir siendo un referente para los y las investigadoras y docentes. Paralelamente, el equipo también aunará esfuerzos para que los contenidos de la revista puedan llegar a audiencias menos especializadas, con el objetivo de que cada vez más personas conozcan los más recientes hallazgos de las investigaciones que se vienen realizando dentro y fuera de Colombia sobre las literaturas del país.

El primer número de este año 2024 contiene ocho artículos derivados de investigaciones, una conferencia, dos entrevistas y seis reseñas. La sección de los artículos, presenta un recorrido por autoras, autores y obras de diversos momentos de la tradición literaria colombiana, así como por diversas perspectivas teóricas, críticas e históricas. En primer lugar, Héctor Luis Pineda Cupa se propone describir y analizar uno de los manuscritos menos estudiados de Sor Josefa del Castillo: su devocionario. Pineda logra problematizar conclusiones de investigadores anteriores, especialmente, en su idea de que el manuscrito “no contiene pieza ni escrito alguno original de la autora”. Para ello, se centra en el análisis del traslado y la reelaboración de los Ofrecimientos para el Santo Rosario de quince misterios que se ha de rezar el día de los Dolores de Nuestra Señora la Virgen María, de sor Juana Inés de la Cruz, hallados en el libro de oraciones de la escritora tunjana. El traslado configura “reterritorializaciones”, particularmente con el conocimiento mariano y las figuras femeninas presentes en los textos.

En el siguiente artículo, Carlos Alberto Valderrama “expone los aspectos que hacen de Helcías Martán Góngora un intelectual comprometido. A partir de acciones políticas y literarias, el escritor defendió la cultura y la inteligencia negra/afrocolombiana”. Reconstruyendo la trayectoria de Martán Góngora, el autor de este artículo contextualiza las luchas por el reconocimiento de la identidad afro en Colombia a mediados del siglo xx. Una de las conclusiones del artículo es cómo el poeta no diferenció entre los autores cuyo tema fue la cultura afro, ya fueran blanco-mestizos como Jorge Isaacs y Bernardo Arias Trujillo (“reconocidos por su literatura racista”) o afrocolombianos tales como Candelario Obeso, Juan Zapata Olivella, Natanael Díaz, Hugo Salazar Valdés o Miguel A. Caicedo.

En el tercer artículo, Guillermo Molina Morales presenta un aporte teórico y crítico a la poesía colombiana, en tanto propone la “poesía de viajes” como parte importante de la literatura de viajes (dentro de la que la poesía poco se ha tenido en cuenta) y aporta al estudio de la obra de tres poetas colombianos poco abordados por la crítica literaria: Eduardo García Aguilar, Juan Gustavo Cobo Borda y Henry Luque Muñoz. Variando entre una descripción objetiva y subjetiva de los lugares, y una reflexión sobre el viaje mismo como metáfora de la vida, se encuentran los poemas de los autores analizados, escritos luego de sus periplos por México, Grecia y Rusia, respectivamente.

Desde el contexto de la reflexión poshumanista y de lo que se ha denominado como el “giro animal”, una perspectiva crítica “que resalta la igualdad inherente entre todas las formas de vida”, el artículo de Gleiber Sepulveda presenta un marco teórico para abordar la representación de lo animal en la literatura. La justificación es que no ha sido “evidente si el arte ha realmente vindicado a lo animal o si ha contribuido a perpetuar la hegemonía de lo humano en un mundo que compartimos con otras formas de vida”. El autor analiza la forma que adquiere la representación de los animales en diversas obras literarias.

El quinto artículo es el de Diana Paola Guzmán. En él, la autora se centra en la publicación periódica antioqueña de inicios del siglo xx, La Buena Lectura, revista quincenal subsidiada por la Fundación San Vicente de Paul. El objetivo de la Fundación era recaudar fondos para las obreras del sector gráfico, para su alfabetización y capacitación en oficios tipográficos. El principal fin de la publicación era orientar a las y los católicos acerca de la diferencia entre las buenas y las malas lecturas.

En el sexto artículo, de Augusto Wong Campos, el autor, aprovechando la publicación del libro Las cartas del Boom (de quien es uno de sus editores y cuya publicación celebramos en esta revista como un hito editorial, histórico y literario), examina parte de la correspondencia (inédita y publicada) de Gabriel García Márquez: sus cartas con Plinio Apuleyo Mendoza, con Álvaro Cepeda Samudio y con Germán Vargas. A través de este análisis documental, el autor logra desmitificar tres aspectos de la trayectoria de García Márquez relacionados con, primero, su situación económica y escritural, antes de la publicación de Cien años de soledad; segundo, con el lugar que ocupa esta novela dentro del Boom y dentro de los libros del autor publicados hasta 1967; y por último con su pretendido antiintelectualismo.

En el siguiente artículo, Santiago Alarcón se centra en las columnas de crítica de cine escritas por GGM para El Espectador, que habían tenido muy poca atención por parte de la academia. Alarcón concluye que “García Márquez escribía sobre cine pensando en literatura”. De allí que los elementos a los que más le prestaba atención eran la historia, los diálogos, y la “humanidad” de los personajes (elementos que privilegió en el trabajo sobre sus obras literarias). García Márquez quería contribuir a formar público, un “espectador moderno” que fuera crítico frente a la industria hollywoodense, que supiera distinguir una buena de una mala película. Llama la atención -para nosotros que ya no estamos acostumbrados a que una crítica estimule el debate público- cómo Alarcón evidencia que las críticas de GGM eran leídas por los empresarios, que las veían como una amenaza para el éxito de sus exhibiciones.

El último artículo de investigación, de Edwin Carvajal, presenta algunas anotaciones a lo que fue el proceso de elaboración de la edición crítica de las obras completas de Pedro Gómez Valderrama. Carvajal repasa lo que se debe tener en cuenta en el nivel teórico, en el momento de llevar a cabo un proyecto de edición crítica. Para ello, se concentra en el proceso filológico de la crítica textual, que busca el restablecimiento de las obras, y en el análisis narratológico, que constituye el aporte a la crítica sobre el autor.

La conferencia de este número es un lujo: un bellísimo homenaje a Álvaro Mutis para celebrar los cien años de su nacimiento (a 2023), escrito por Consuelo Hernández, autora de Álvaro Mutis: una estética del deterioro, quizás una de las mayores conocedoras de la obra de este autor colombiano y quien tuvo la suerte de que él acompañara su proceso escritural. Por otra parte, publicamos también dos entrevistas con una escritora y un escritor muy relevantes en la literatura colombiana: Albalucía Ángel y Jorge Franco. Agradecemos profundamente a Margarita Valencia y a Andrés Vergara-Aguirre por concedernos el privilegio de publicar estos dos documentos tan valiosos, que permitirán reflexionar sobre las trayectorias de estos dos personajes tan notables en nuestra escena literaria. Finalmente, tenemos seis reseñas críticas de una altísima calidad que abordan cuatro novelas (Vista desde una acera, Este aire impuro, Del agua al desierto y La perra), un libro sobre escritura poética (La sal en la taza de café) y la Colección Biblioteca de Autoras Colombianas.

Por último, queremos agradecer, a las autoras y autores que confiaron en nosotros para publicar sus resultados de investigación y, especialmente, a las evaluadoras y evaluadores que han hecho posible la publicación de los artículos que hoy presentamos. Su contribución es un trabajo de responsabilidad académica no remunerado que, junto con el cuidado del proceso editorial, es el que asegura la calidad de los textos que tienen ahora las lectoras y lectores entre sus ojos y sus manos. Quisiéramos que esta labor fuera mayormente reconocida, pues se trata de un acto de generosidad profesional, académica y pedagógica; un diálogo, pues, entre colegas, entre pares, que es el único que nutre y ayuda a crecer nuestras comunidades literarias. Por esta razón, a partir de esta edición publicaremos una relación de las evaluadoras y los evaluadores que aceptaron nuestra invitación a ser los pares de las autoras y autores que aparecen en este número. Si bien sabemos que es un reconocimiento mínimo por la labor realizada, esperamos que alcance a demostrar un poco nuestro enorme agradecimiento.

Agradecemos, además, a la Facultad de Comunicaciones y Filología, de la Universidad de Antioquia, por el apoyo para el sostenimiento y crecimiento de Estudios de Literatura Colombiana, la única revista en el país dedicada a la difusión de las investigaciones sobre nuestras literaturas.

Sean todas y todos bienvenidos a estas nuevas lecturas.

Directora



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