Reseñas
| . Cuando los pájaros no cantaban: historias del conflicto armado en Colombia. 2022. Bogotá. Comisión de la Verdad. 680pp. |
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Received: 25 March 2024
Accepted: 16 April 2024
Published: 31 July 2024
“Otro reto de nuestra sociedad es aprender a escuchar la naturaleza”. Comisión de la Verdad (2022, p. 184).
El tomo número 6 del Informe Final de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición (en adelante CEV), Cuando los pájaros no cantaban: historias del conflicto armado en Colombia, entregado en 2022, presenta una colección de testimonios, recopilados a partir de la metodología de la escucha de diferentes sujetos participantes en el conflicto armado colombiano, entre ellos, la naturaleza. Esto marca una perspectiva diferente para hablar de conflicto y víctimas, pues implica reconocer a la naturaleza como un sujeto de dolor, al igual que lo son las personas. Esto se evidencia fuertemente en el Libro de las devastaciones y la vida, específicamente, en el cuaderno I Diálogos con la naturaleza. En él confluyen testimonios de pueblos indígenas, campesinos y comunidades afrodescendientes, quienes cuentan cómo escuchan la naturaleza y la ubican en el centro de la discusión y la búsqueda de la paz. Así, estos testimonios presentan a la naturaleza como una víctima, como una testimoniante e invitan a escucharla para hallar la paz y restitución verdadera.
Kanev1, en su artículo “Paisaje y espacio en la literatura”, reconoce al lugar y al paisaje como el escenario en el cual se mueven los personajes y como las posibles interpretaciones subjetivas de los escenarios naturales, respectivamente. Dentro del informe de la CEV mencionan que “un lugar es donde las personas han creado relaciones de identidad y arraigo, que a su vez configuraron la vida social en dichos territorios” (p. 183) y que “el paisaje implica la manera integrada como los seres humanos perciben con sus sentidos el mundo que los rodea” (p. 191). Desde estas concepciones similares se realiza un reconocimiento cimental a la naturaleza para la existencia de una vida, una experiencia y un testimonio. Se resalta el papel del testimonio dado que es la voz de esas relaciones perdidas y bifurcadas por causa de la violencia. Así, se deja por sentado que sin la naturaleza no podrían existir dichos testimonios ni su análisis.
En ese escuchar se utilizan diferentes elementos cortos, mediados por la escritura, que permiten comprender las sonoridades de la naturaleza en cuanto víctima del conflicto. Uno de ellos es el uso constante de las onomatopeyas. Estas dejan reconocer cómo los sonidos de la guerra alteran la naturaleza: “cuando las bombas entraban, sacudían la tierra y los animales ¡rump! Impresionante, yo nunca había visto eso” (p. 192); o cómo los sonidos de la misma naturaleza cambian y transmiten nuevos significados: “cuando el manglar estaba tupido, el sonido era distinto, más apretado: quiquiriri. Ahora su sonido es desesperante; su brisa es como fuuuuu” (p. 197). Otro elemento es la transcripción directa de las voces testimoniantes. En otros apartados del volumen testimonial se realiza una reescritura de estos, pero en Diálogos con la naturaleza se plasman esas voces. Esto hace posible conocer la voz de los mamos, campesinos y afrodescendientes, y saber qué tienen para decir, en tanto transmisores de los sonidos, las voces, los dolores y las experiencias de la naturaleza. Lo anterior es plausible gracias a que dichos sujetos han sabido escuchar de una mejor manera a la naturaleza de lo que lo ha hecho la mayoría de Colombia.
Se puede reconocer en sus relatos a la naturaleza como víctima y testimoniante de esos hechos violentos. La CEV menciona que “cuando se habla de naturaleza, esas transformaciones implican cicatrices, a veces incluso imperceptibles, ya que se normalizan en la vida cotidiana” (p. 191). Esas cicatrices se pueden evidenciar en las huellas perceptibles con la vista, el oído, la comunicación ancestral, los cambios drásticos a los que ha sido sometida, incluso, los que se dieron luego del acuerdo de paz. Las cicatrices de la tierra se evidencian en las modificaciones de bombas, minas y balas: “el cráter fue grande. Yo quedé enterrado” (p. 193). Las del agua se pueden ver en el abandono de ríos y manglares, los cuales dejan de ser fuente de vida para ser fosas: “el río, que era vida, lo convirtieron en un cementerio.” (p. 199), “eso nunca había hecho parte de ningún paisaje. Pero en ese pedazo, en ese barrio, en ese pedazo del manglar, estaba la ropa colgando” (p. 196), por dar algunos ejemplos.
Para las comunidades que hablan por la naturaleza en estos testimonios no es posible hablar de paz cuando la naturaleza aún no ha sido escuchada, reparada, cuando no se le ha pedido perdón. Como lo menciona el mamo Evangelino, la “violencia es el reflejo de la desconexión del ser humano con la naturaleza” (p. 185) y “la paz es completa cuando se siente que la Madre Tierra está sana donde tú vives” (p. 187). Por ende, para que se pueda hablar de paz hay que escuchar a la naturaleza, establecer un diálogo con ella, aprender y aprehender su voz para poner en marcha el cambio. Este es el mensaje que dejan dichas comunidades.
Así las cosas, la invitación para los colombianos es a leer estos testimonios escuchando la voz de la naturaleza en ellos y a su alrededor. Para los escritores y críticos de la literatura, es una invitación a leerlos desde una reconfiguración del sujeto testimoniante y a entender que la naturaleza también tiene mucho que decir. Si bien hasta ahora se hace desde lo que las comunidades indígenas y afrodescendientes han sabido escuchar en ella, a medida que se avance, se podrá recalibrar el oído, ―como propone Alejandro Castillejos, comisionado encargado de la edición final del volumen testimonial― en las sonoridades y mensajes de la naturaleza. Solo así se puede avanzar en el reconocimiento de todas las víctimas, humanas y no humanas, del conflicto armado, en la restauración de los territorios y la búsqueda de la paz verdadera, esa que solo se logra “cuando el hombre se pone en paz con la Madre Tierra” (p. 187), cuando logramos escucharnos y escuchar a los otros y a lo otro.
Notes