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El bestiario en los autos de Lope de Vega 1
The Bestiary in Lope de Vega’s Sacramental Plays
Hipogrifo. Revista de literatura y cultura del Siglo de Oro, vol. 5, núm. 1, pp. 169-187, 2017
Instituto de Estudios Auriseculares


Recepción: 26 Marzo 2017

Aprobación: 20 Abril 2017

DOI: https://doi.org/10.13035/H.2017.05.01.12

Resumen: En la bibliografía crítica sobre el auto sacramental de Lope aparece frecuentemente este escritor como un precursor de la grandeza calderoniana. Una buena manera de constatar esta impresión es a través de trabajos parciales como este dedicado al análisis del bestiario en los autos de Lope de Vega. Este artículo analiza el bestiario de Cristo, el del demonio y otra serie de referencias más eclécticas referidas a expresiones metafóricas, estados anímicos o personajes bíblicos. En definitiva, se demuestra la existencia de una estrategia de representación espectacular a través de redes asociativas de significación (que combinan textos bíblicos, patrísticos, emblemáticos, escultura, pintura) marcando así el camino hacia la espectacularidad de Calderón.

Palabras clave: Lope de Vega, autos sacramentales, bestiario, Biblia.

Abstract: In the critical bibliography referred to Lope de Vega, the scholar usually finds the image of this author as a forerunner of Calderón. A good strategy to verify this impression is through partial studies as this devoted to the analysis of the bestiary in the sacramental plays. This article analyses the bestiary assigned to Christ, the devil and others more eclectic references ascribed to metaphorical expressions, or biblical characters. In short, the author proves that there is a strategy of performance through associative nets (that combines biblical text, patristic references, emblems, sculpture and painting) laying down the way to the magnificense of Calderón.

Keywords: Lope de Vega, Sacramental Plays, Bestiary, Bible.

IntroduccIón

Uno de los elementos que más llama la atención en la bibliografía crítica que ha estudiado la figura de Lope de Vega como creador de autos sacramentales es la presentación de este escritor como un antecesor, un puente necesario hacia la perfección calderoniana. En un trabajo anterior con Ignacio Arellano, defendíamos lo siguiente:

Los autos sacramentales de Lope ya van prefigurando algunas característicasde los autos calderonianos: el uso de la música con funciones significativas yno sólo decorativas, la utilización de tramoyas cada vez más espectaculares y eluso de un vestuario y de una kinesia de los actores que caracterizan a los personajesalegóricos y que van acercando al género, como sucederá con los de Tirso,a la espectacularidad de los mejores autos de Calderón2.

Y me parece que esta relación entre estos dos escritores la podemos analizar con más detalle en pequeños estudios, como este del bestiario en los autos de Lope, teniendo en cuenta las conclusiones a las que han llegado trabajos anteriores realizados en el campo calderoniano como los publicados por Alonso Rey, Arellano, Escudero y otros.

Voy a estructurar este artículo en tres partes: en primer lugar, analizaré el bestiario de Cristo; en segundo lugar el del demonio y, por último, un cajón de sastre donde aparecerán observaciones sueltas a diferentes animales con distintos referentes y significados.

Es cierto, y admito, que tenemos un problema de autoría con algunas obras del corpus de autos sacramentales lopianos, formado en principio por unas cuarenta piezas, y que han intentado delimitar y precisar trabajos meritorios como los de Amparo Izquierdo, Agustín de la Granja, María Nogués o Luis María Romeu, pero advierto que no me interesa ahora discutir este tema y parto del conjunto editado por don Marcelino Menéndez Pelayo. El problema de la autoría de cada una de las obras se irá viendo a partir de los progresos que realice el «Proyecto de edición completa de los Autos de Lope de Vega», dirigido por Ignacio Arellano y que GRISO (Grupo de Investigación del Siglo de Oro) ya ha comenzado.

BestIarIo de crIsto en los autos de lope

Una rápida lectura de los autos muestra una simbolización de Cristo en cuatro animales: el león, el cordero, el pelícano y la serpiente (de metal).

El león

Como en los autos sacramentales de Calderón analizados por Alonso Rey (El veneno y la triaca, El valle de la Zarzuela y La segunda esposa y Triunfar muriendo), quien toma sus datos del libro de Charbonneau, la figura del león «es ambivalente. Puede representar tanto el bien como el mal, puede ser la imagen de Cristo o la encarnación del demonio»3. En las culturas precristianas, el león ya era atributo de la divinidad; es bastante conocida la imagen bíblica del león en cuya boca encuentra Sansón un panal de miel (Jueces, 14, 5-9), que es prefiguración desarrollada por la patrística del sacramento de la Eucaristía y en el Apocalipsis (5, 5) se presenta la persona de Jesucristo como el león vencedor de la tribu de Judá.

Esta ambivalencia es muy clara en los autos de Calderón, ya que como símbolo del demonio, lo encontramos en obras sacramentales como El veneno y la triaca . El valle de la Zarzuela, donde el diablo aparece en el escenario con un disfraz de león. Si pasamos a analizar los autos sacramentales de Lope, el león también representa al demonio, siendo la base de esta identificación el texto bíblico de 1 Pedro,5, 8, donde se describe al demonio como un león rugiente. Así aparece en El príncipe de la paz4, La santa Inquisición5, El rosario de Nuestra Señora6, La oveja perdida7, La locura por la honra8 y La venta de la Zarzuela9. Por ejemplo, en El prín cipe de la paz, encontramos, como en el caso de Calderón, la figura del ángel caído que sale al escenario con un disfraz de león:

Sale el Lucero de la noche, vestido de negro, de plata, y la cara negra, conestrellas de plata y una cabeza de león por tocado, y una piel negra pormanto, sembrado de estrellas y el Engaño (443).

El león también representa a Cristo, como en Calderón10, y algunos ejemplos nos pueden ayudar a visualizar este entramado de referencias. En el auto lopiano La isla del sol, se describe a Cristo como león, en lo alto de una cumbre en las acotaciones finales, monte al que sube el delincuente arrepentido y asustado al ver la fiera11. Sin embargo, en la mayoría de estas piezas teatrales, encontramos esta bestia formando ya un binomio con la mansedumbre del cordero. El caso más claro está en El hijo de la Iglesia:




Nos encontramos una serie de apariencias en la que el león se transforma en cordero, y a su vez, este se abre y nos muestra las sagradas especies de la Eucaristía.

Pero observamos también transformaciones contrarias, es decir, del cordero al león, como ocurre en el auto Obras son amores:




Al pasar el tiempo el cordero de Dios se convierte en león para derribaral tirano.

Hay algún ejemplo más: en El nombre de Jesús se enumeran los nombres de Cristo entre los que aparecen los inevitables de león y cordero12, o el Auto famoso del nacimiento en el que Jesús niño es el invencible león de Judá que llora de hambre como tierno cordero haciendo pucheros a su madre13. En El tirano castigado, el Género Humano advierte al demonio que vendrá en su ayuda el león Cristo disfrazado de cordero14.

El cordero

A lo dicho anteriormente debemos añadir que la imagen de este animal (sin compañía del león) es también muy rentable en los autos sacramentales de Lope. El cordero de Dios es el apelativo que le da el Bautista en dos ocasiones a Jesús en Juan, 1, 29 y 36 en la primera ocasión con el añadido de «que quita el pecado del mundo». Según una interpretación tradicional, se representa con esta imagen a Cristo enviado por Dios para ser sacrificado y así limpiar el pecado del mundo, tomando la idea del texto de Isaías, 53, 7, en el que el siervo de Yahvé se entrega voluntariamente como el cordero llevado al sacrificio15. Subyace también en esta imagen la relación con el cordero pascual, sacrificado en el templo por los levitas, por lo que san Pablo ve en esta figura la representación de Cristo en 1 Corintios, 5, 7: «porque nuestra Pascua, Cristo, ya ha sido inmolada»16.

Esta imagen de Cristo como cordero aparece en El heredero del cielo (donde el Judaísmo describe de esa forma al heredero de la viña)17, Los acreedores del Hom bre18, Las aventuras del hombre (en la que Cristo carga con todos los pecados delmundo)19 o Del pan y del palo, en el que encontramos la siguiente acotación:

Con música aparecerá un cordero pequeño encima de la Cruz, e irásubiendo la Esposa hasta llegar donde está el cordero (236).

Relacionado con otro texto, en este caso el Apocalipsis, 5 y 6, en el que se describe el cordero triunfante que es capaz de abrir el libro de los siete sellos y las alabanzas que todos le dirigen, se encuentra una descripción en La oveja perdida, aunque la referencia no sea tan clara en este caso, ya que no encontramos una mención expresa al cordero, sino una descripción del trono donde se sienta el salvador20.

El pelícano

Interesante es la figura de este ave, porque su descubrimiento se produce en las apariencias finales donde se conjugan diferentes artes para impresionar al público y reforzar el mensaje eucarístico del auto. El pelícano era conocido por su capacidad de devolver la vida a sus polluelos con su sangre vivificadora, después de haberlos matado, como explica san Isidoro21. En otras ocasiones, es la serpiente la que mata a los polluelos y el ave los vivifica de la misma manera, como aparece en los Bestiarios medievales. En la simbología cristiana, los paralelismos con este animal son claros:

como los polluelos del pelícano, la raza de los hombres había muerto para lavida espiritual, para la vida del cielo y estaba manchada a causa de los pecadoscon los que había abofeteado a su Dios. El Salvador desde la cruz […] derramósobre ella su sangre, y mediante su sacrificio, la purificó y le devolvió la verdadera vida22.

Alonso Rey analiza la presencia del pelícano en los autos calderonianos La cura y la enfermedad, El laberinto del mundo . Las órdenes militares. En Lope encontramos esta representación en al menos dos ocasiones. El auto Obras son amores presenta la siguiente apariencia final:

Ábranse dos puertas y véase en una mesa un cáliz y el Amor y el Rey delcielo teniendo un pelícano plateado entre los dos, cuya sangre del pechodel pelícano, o sea un listón de seda encarnada, caiga en el cáliz (119)23.

Para reforzar el sentido salvífico de esta visión, aparecerá inmediatamente otra apariencia en la que, esta vez, serán ángeles los que recojan la sangre de las manos, los pies y el costado de un Cristo crucificado24.

Semejante recurso nos muestra el auto La santa Inquisición (vuelvo a advertir que la atribución de esta obra ha causado desencuentros en la crítica), pero en este caso el pelícano se mostrará en el jardín salvífico donde se encuentra la fuente de los siete sacramentos25:

Aquí se descubre un jardín; en medio una fuente con un pelícano que está hiriéndose el pecho, y a su tiempo se abre y aparece en un cáliz una hostia, de la cual sale sangre, que la recoge la Iglesia en otro cáliz que saca en la mano.



Mirad su imagen pura.
entre tanta hermosura
de cándidos jazmines,
de claveles, de púrpura y de lirios
de diversos martirios,
en las fuentes de siete Sacramentos
Un pelícano es Cristo
que rasgando se ha visto,
por nosotros, el pecho; y porque alguno
no dude que ese pan y Cristo es uno
el pelícano abrió su pecho tierno
y el corazón mostró, que es pan eterno
en su cuerpo real transustanciado,
derramando su sangre su costado (472).

La serpiente de metal

Como ocurría con el símbolo del león, la serpiente suele designar al maligno, pero en este caso también simboliza a Cristo a partir del episodio contado en Números, 21, 7-9, en el que Moisés alza la imagen de una serpiente de cobre para curar a aquellos mordidos por los áspides en la travesía del desierto. Como explica Charbonneau26, encontramos en el evangelio de Juan, 3, 14, la identificación de Cristo con la serpiente de metal:

A la manera que Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es preciso quesea levantado el Hijo del hombre, para que todo el que creyera en Él tenga la vidaeterna27.

En Calderón encontramos esta imagen desarrollada en el auto La serpiente de metal, mientras que en Lope aparecerá una mención en Las aventuras del hombre:




EL BESTIARIO DEL DEMONIO EN LOS AUTOS DE LOPE

Al igual que pasaba con Cristo, la figura del demonio, en todas sus diferentes formas, también es identificada con animales. Ya he analizado el caso del león, pero hay más ejemplos. Al demonio se le suele identificar con una serie multiforme de figuras como son el dragón, el lobo, el basilisco, el leviatán, la serpiente del Génesis, la bestia que monta la meretriz del Apocalipsis, la hidra y las arpías, aunque muy indirectamente, y en un caso encuentro una identificación con el pulpo28, tratándose esta vez de una referencia jocosa que le hace la Inocencia. En principio hay tres referencias básicas: el león (ya comentada), la serpiente con todas las referencias y el lobo.

La serpiente

Hay una serie de alusiones que pueden ser integradas dentro de una referencia básica que es la de la serpiente: dragones, el leviatán, la hidra del Apocalipsis o el basilisco. El caso con más ejemplos es el dragón, remitiéndose al texto del Génesis, 3, 15, donde la Virgen aplasta la cabeza de la serpiente. El otro texto básico es el capítulo 12 del Apocalipsis, donde se describe al dragón, capaz de derribar las estrellas del cielo con su cola, mientras espera devorar al hijo de la mujer que da a luz. En los autos de Lope, se ha producido una fusión de los dos pasajes y se mezclan los dos textos bíblicos29. Esta imagen del dragón pisoteado aparece en Las aventuras del hombre, donde se muestra una apariencia con una «Virgen de la Concepción, los pies sobre un dragón, como la pintan» (282); Los hijos de María del Rosario (donde la Virgen quiebra la cabeza del dragón30) o El nombre de Jesús, con referencia muy semejante31; en Obras son amores es la serpiente sobre la que pone el pie cierta mujer32y en La puente del mundo se describe la maldición del pecado: Adán tiene que trabajar (cavar) y el demonio se arrastra por la tierra33.

Encontramos un relación directa en dos autos entre el dragón demoníaco y la herejía. En concreto, en La araucana34, Rengo, el contrario del Caupolicán cristiano, cabalga un dragón que muestra muchas semejanzas con el texto del Apocalipsis citado e invoca a los herejes donatistas:




Sube Rengo en un dragón vertiendo fuego (426).

Y en La adúltera perdonada se muestra a la Iglesia con el dragón de la herejía postrado a sus plantas:




Esta referencia del dragón para designar al demonio es manifiesta en otros autos sacramentales como La oveja perdida35, El hijo de la Iglesia36, El villano despojado (que aparece como el dragón que devora gente)37, El yugo de Cristo38 o El tirano castigado39, donde Luzbel arenga a sus dragones para atacar al Hombre. Identificaciones con la serpiente del Génesis, observamos en La isla del sol40, El rosario de Nuestra Señora41 (donde el demonio es la Noche) o, de nuevo La oveja perdida42.

Una variante de la serpiente es la figura del leviatán43, monstruo marino que en el Antiguo Testamento aparece como personificación de todas las fuerzas de la desgracia. Se representa como un dragón que vive en el mar con varias cabezas, una especie de serpiente marina44. En Lope aparece en La margarita preciosa (como serpiente con referencia a Isaías)45, y como personificación del demonio en Obras son amores (se presenta como un tirano)46, De los cantares (con refe rencia a Miguel como castigador del contrario)47, La puente del mundo (rendido y atado con argolla y cadena)48, La isla del sol (como demonio que tiende trampas y engaños)49, y El príncipe de la paz (con una comparación con el gigante filisteo Goliat)50.

Relacionada también con la serpiente puede estar la bestia que monta la meretriz del Apocalipsis, elemento de gran rentabilidad en las piezas sacramentales de Calderón con la forma de hidra de siete cabezas que ha estudiado Escudero, por su impacto visual y escenográfico, aunque no lo es tanto para las obras de Lope. En El pastor ingrato se describe en una tirada de versos la bestia pintada por Juan51; en El rosario de Nuestra Señora aparece la Noche, representación del mal, como un monstruo de siete cabezas52, y en El yugo de Cristo, donde se hace referencia a la meretriz hechicera Babilonia embaucadora con su dulce vino y montada sobre la bestia53.

Pocas referencias encontramos a las hidras y a las arpías. En El tirano castigado observamos estos seres asociados al demonio como adornos del infierno54. En Las cortes de la muerte el tribunal ante el que comparecen los hombres también está decorado con estas bestias55. La Virgen María insulta al demonio, fiscal del hombre en el juicio, con el nombre de arpía en Los hijos de María del Rosario56. Y en La privanza del hombre, las arpías son encadenadas al infierno57.

Otra bestia maléfica que podemos incluir aquí es la del basilisco, animal legendario que mataba con la mirada, pero con idéntico funcionamiento al de la serpiente o dragón58. Una referencia al basilisco la encontramos en la Biblia en el Salmo 90, 1359. En los autos sacramentales de Lope, esta identificación del demonio con el basilisco la descubrimos en El yugo de Cristo60,La santa Inquisición (con referencia a la Herejía)61 y La oveja perdida62.

El lobo

El lobo ha sido tradicionalmente una imagen maligna por los estragos que puede realizar en los rebaños, como se puede ver en la Biblia (Jeremías, 5, 6; Eclesiástico, 13, 17; Juan, 10, 12). En el Nuevo Testamento los falsos profetas son comparados con los lobos disfrazados de ovejas (Mateo, 7, 15; Hechos, 20, 29); y los discípulos enviados por Jesús serán como ovejas entre lobos (Mateo, 10, 16 y Lucas, 10, 3)63.

En los autos de Lope encontramos dos referencias: la primera aparece en La oveja perdida que afecta a los textos evangélicos citados y como personificación del demonio disfrazado64. La misma imagen del lobo disfrazado de oveja aparece en Los hijos de María del Rosario65.

OTRAS REFERENCIAS EN EL BESTIARIO

Es interesante ver que algunos animales sirven para identificar otros personajes, estados de ánimo, actitudes, acciones. Según Arellano, corresponderían a un bestiario específicamente simbólico o procedente de la tradición emblemática. Las menciones a estos animales «funcionan como expresiones metafóricas de virtudes, vicios, estados anímicos de los personajes o condiciones de la vida humana»66. En El bosque de Amor encontramos una identificación de los animales y los vicios:



hay leones de soberbia,
hay lobos de avaricia,
perros de la hambrienta gula,
sátiros de la lascivia,
camellos de la pereza,
tigres fuertes de la ira,
nacen linces de la invidia (164).

En El hijo pródigo, Damasceno se queja del trato recibido por Deleite después de haberse gastado su hacienda en su casa. La referencia al cocodrilo es significativa:



La mocedad consumí,
y los dineros gasté
en tu deleite, que fue
crocodilo para mí;y ahora que me has llorado,
trágasme vivo (vv. 697-702).

Más rentabilidad presenta la mención a las sirenas. Básicamente vienen a significar la tentación que busca la perdición del hombre, muy relacionado con el pasaje de la Odisea en el que son protagonistas67. Así en La adultera perdonada, el Mundo ordena a los músicos que canten al Alma, esposa de Cristo, para engañarla y gozarla68. En este mismo auto el Deleite es sirena de la Muerte69. En La oveja perdida es la Adulación la que es calificada como sirena70. En El yugo de Cristo son las falsas informaciones las que son identificadas con estos seres mitológicos71. Las sirenas manifiestan más claramente su relación con las tentaciones del demonio en dos autos: El hijo de la Iglesia72 y La isla del sol73. En un solo caso, El rosario de Nuestra Señora, se identifica con el llanto del pecador74.

De nuevo aparecen las serpientes con otros significados: en La locura por lahonra, la Conciencia, nerviosa, expresa su desasosiego como si tuviera áspides: «Muriendo estoy de pesar: / con mil áspides estoy» (218). En otro auto sacramental, El pastor ingrato, el pastor Bueno, Cristo, se queja porque nadie le conoce en el mundo (paráfrasis del pasaje de Juan, 1, 10) y todos tapan sus oídos a sus palabras como el áspid a los encantamientos: «Como áspides son que esconden / a mis voces el oído, / que siempre me escuchan pocos / aunque soy vida y verdad» (128).

Vamos a analizar algunos casos de aves. El Fénix es otro de los animales que encontramos. En El pastor ingrato Dios se manifiesta como creador de todo, incluso del ave Fénix75. Su rareza es encomiada en Las bodas entre el Alma y el Amor divino . La Maya como ejemplo de exquisitez76. Pero creo que la imagen más hermosa se produce en El auto famoso del Nacimiento, donde la virgen María supera en esplendor y belleza al pájaro de Arabia:



soberana Emperatriz,
que goza las aureolas
de Virgen, de digna Madre,
de Mártir, Santa y Doctora,
lustre del empíreo cielo,
en quien sus Santos se gozan,
y de su Arabia celeste
mucho más que fénix sola:
de aromáticos claveles
pensil, de aguas olorosas.
de la inmensa Trinidad
fragante y precioso aroma (26).

Pero no es el único caso en el que la Virgen es identificada con el Fénix. En el Coloquio pastoril en alabanza de la limpia y pura concepción de la Virgen nuestra señora, se señala la singularidad que supone la Virgen María en toda la creación:



¿Hase hallado otra mujer
que virgen haya parido?
Pues si no lo habéis oído,
¿cómo no hemos de creer
que siendo Fénix María
en el parto virginal,
fue en la culpa original
Fénix, pues serlo podía? (95).

María es Fénix por la singularidad de su virginidad y de su Inmaculada concepción77. Sin embargo, en El tirano castigado sirve la referencia para describir la belleza y singularidad del ángel que anuncia a los pastores el nacimiento del Salvador78.

El águila era considerada un ave curiosa, por cuanto podía mirar de frente al sol. En El rosario de Nuestra Señora, solo san José es capaz de soportar la luminosidad de María tras la anunciación79, por lo que se trata de una nueva águila. Otro ave parecida es el azor, comparada con el Ingenio o Pensamiento que se atreve a alcanzar el sagrado empíreo donde habita el mismo Dios, atacada por las águilas demoníacas en La locura por la honra80.

Por último, también encontramos delfines en La isla referencia mitológica a Arión81:



Ni temo correr tormenta,
ni dudo me han de faltar
delfines en este mar
contra su furia violenta (398).

Conclusiones

He repasado algunas de las presencias de animales a lo largo de la poesía desarrollada por los autos sacramentales de Lope de Vega. Básicamente encuentro dos polos que atraen sus referencias: la figura de Cristo a través de la imagen del león, el cordero y el pelícano y, por otro lado, el demonio, basando su caracterización en formas personificadas por la serpiente y el león. En ambos casos, las referencias están justificadas por una rica tradición bíblica, exegética, pictórica, emblemática que ha transmitido y comentado desde antiguo estas relaciones. También estas redes asociativas hacen que encontremos diferentes animales y otras referencias para distintas realidades: como se ha visto la singularidad de la Inmaculada Concepción y la virginidad de María permiten su identificación con el ave Fénix.

En el caso de Lope, es evidente que se desarrolla una estrategia de representación espectacular en la que el bestiario con formas como leones, corderos, pelícanos, serpientes y dragones permiten realzar el mensaje doctrinal del auto sacramental con la aparatosa ostentosidad producida por la combinación con otras artes: la escultura, la pintura y la música. Lope está marcando un camino que Calderón potenciará y desarrollará llevando el género a su máximo esplendor.

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Vega Carpio, Lope de, La isla del sol, en Obras de Lope de Vega. 7, Autos y Coloquios II, ed. Marcelino Menéndez Pelayo, Madrid, Atlas, 1963, pp. 397-415.

Vega Carpio, Lope de, La locura por la honra, en Obras de Lope de Vega. 7, Autos y Coloquios II, ed. Marcelino Menéndez Pelayo, Madrid, Atlas, 1963, pp. 209230.

Vega Carpio, Lope de, La margarita preciosa. Auto sacramental, en Obras de Lope de Vega. 7, Autos y Coloquios II, ed. Marcelino Menéndez Pelayo, Madrid, Atlas, 1963, pp. 155-167

Vega Carpio, Lope de, La Maya. El viaje del Alma, ed. Juan Manuel Escudero Baztán, en Autos sacramentales completos de Lope de Vega, dir. Ignacio Arellano, Kassel, Reichenberger, 2017.

Vega Carpio, Lope de, La oveja perdida, en Obras de Lope de Vega. 7, Autos y Coloquios II, ed. Marcelino Menéndez Pelayo, Madrid, Atlas, 1963, pp. 189-208.

Vega Carpio, Lope de, La privanza del hombre, en Obras de Lope de Vega. 7, Autos y Coloquios II, ed. Marcelino Menéndez Pelayo, Madrid, Atlas, 1963, pp. 169187.

Vega Carpio, Lope de, La puente del mundo (auto sacramental), en Obras de Lope de Vega. 6, Autos y Coloquios I, ed. Marcelino Menéndez Pelayo, Madrid, Atlas, 1963, pp. 399-411.

Vega Carpio, Lope de, La santa Inquisición, en Obras de Lope de Vega. 7, Autos y Coloquios II, ed Marcelino Menéndez Pelayo, Madrid, Atlas, 1963, pp. 459-475.

Vega Carpio, Lope de, La venta de la Zarzuela, en Obras de Lope de Vega. 7, Autos y Coloquios II, ed. Marcelino Menéndez Pelayo, Madrid, Atlas, 1963, pp. 351367.

Vega Carpio, Lope de, Las aventuras del hombre (auto sacramental), en Obras de Lope de Vega. 6, Autos y Coloquios I, ed. Marcelino Menéndez Pelayo, Madrid, Atlas, 1963, pp. 269-286.

Vega Carpio, Lope de, Las bodas entre el Alma y el Amor divino. El hijo pródigo, ed. J. Enrique Duarte, en Autos sacramentales completos de Lope de Vega, dir. Ignacio Arellano, Kassel, Reichenberger, 2017.

Vega Carpio, Lope de, Las cortes de la muerte, en Obras de Lope de Vega. 7, Autos y Coloquios II, ed. Marcelino Menéndez Pelayo, Madrid, Atlas, 1963, pp. 463476.

Vega Carpio, Lope de, Los acreedores del hombre, en Obras de Lope de Vega. 6, Autos y Coloquios I, ed. Marcelino Menéndez Pelayo, Madrid, Atlas, 1963, pp. 199-217.

Vega Carpio, Lope de, Los hijos de María del Rosario, en Obras de Lope de Vega. 7, Autos y Coloquios II, ed. Marcelino Menéndez Pelayo, Madrid, Atlas, 1963, pp. 369-382.

Vega Carpio, Lope de, Obras son amores, en Obras de Lope de Vega. 6, Autos y Coloquios I, ed. Marcelino Menéndez Pelayo, Madrid, Atlas, 1963, pp. 105-121.

Vosters, Simon A., Lope de Vega y la tradición occidental, Madrid, Castalia, 1977, 2 vols.

Wardropper, Bruce W., Introducción al teatro religioso del Siglo de Oro: evolución del auto sacramental antes de Calderón, Salamanca, Anaya, 1967.

Notas

1. Este artículo se inscribe en el Proyecto de Investigación: Autos sacramentales de Lope de Vega. Edi- ción, estudio y contexto histórico-literario (referencia FFI2013-45388-P) financiado por el Programa Estatal de Fomento de la Investigación Científica y Técnica de Excelencia-Ministerio de Economía y Competitividad.
2. Arellano y Duarte, 2003, p. 109. En esta comparación de Lope con Calderón, seguimos una estela de estudiosos que defienden esta relación como González Pedroso, Aicardo, Mariscal de Gante y War- dropper. Para más datos ver Nogués, 2011, pp. 23-41.
3. Alonso Rey, 2007, p. 18
4. Ver El príncipe de la paz, p. 442: «Él anda como león, / rugiendo por los apriscos / del mundo, que, a quien devore / viene buscando atrevido; / por eso, velad, hermanos; / estad con cuidado, amigos; / alma mía, por tu casa / no digas que no te aviso».
5. Este obra es muy problemática, porque la autoría no está nada segura. Lo consideran de Lope: War- dropper, 1967, p. 291; De la Granja, 2000, pp. 91-94 y 106; Nogués, 2011, pp. 340-347; Izquierdo, 2013a, pp. 159-161 (ambas invocando la autoridad de Agustín de la Granja) y Romeu, 2015, p. 229 y p. 244, n. 12 y n. 16. Sin embargo, lo atribuyen a Mira, Flecniakoska, 1961, p. 45 y Correa lo edita en el vol. 7 del Teatro completo de Mira, pp. 239 y ss., explicando esta atribución a partir de los manuscritos conserva- dos (p. 245). Sería muy conveniente realizar un estudio profundo de este auto (con criterios estilísticos, métricos, temáticos…) para descartar definitivamente la autoría lopiana. Comp. La santa Inquisición, p. 459: «El León infernal, que ruge y brama, / como Pedro decía, / buscando, al transmontar del claro día, / a quien devore y trague, / porque el enojo de su amor me pague».
6. El rosario de Nuestra Señora, p. 136: «Pero bramador león / que irritas, ruges y gimes, / te he de rondar hasta que / tus secretos averigüe».
7. La oveja perdida, p. 193: «Pedro, vela del ganado, / de la rapiña y el robo / del león y voraz lobo / que anda por él desvelado».
8. La locura por la honra, p. 217: «Los perros de sus cuidados / mate el famoso león / que primero diz que busca / a quien devore a traición».
9. La venta de la Zarzuela, p. 366: «Yo te defiendo del robo / de aquel león desatado, / y que todo mi cuidado / es que no te lleve el lobo».
10. Ver Alonso Rey, 2007, p. 19, y san Isidoro de Sevilla, Etimologías, l. VII, cap. 2, 43, p. 637, donde enumera los nombres de Cristo: «León, por su poder y su fuerza».
11. Ver La isla del sol, p. 413: «Estará hecha a la parte de este cerro una forma de tela, y para subir a él una cuesta con algunas cruces, y en la última un león […] Delincuente: ¿Eso me dices? pues quiero / ser su verdadero amante: / pero aquí es bien que me espante: / ¡Jesús, qué monstruo tan fiero! / ¡Y qué cuesta tan penosa / en el trato y la apariencia!».
12. El nombre de Jesús, p. 164: «Esto es el propio de Cristo, / que Esposo, Monte, Cordero, / Príncipe de paz, Camino, / Vid, Puerta; Verdad, Luz, Médico, / Sol de justicia, León, / Hostia, Sacerdote eterno, / Padre del siglo futuro, / Palabra, Voz, Pastor bueno, / Rey, Brazo, Pimpollo, Estrella, / y el Ángel del gran consejo, / son atributos no más»
13. Auto famoso del nacimiento, p. 30: «Ya de Judá, aquel león, / el invencible, el matante / ya es Cordero manso y tierno, / ya llora, ya tiene hambre, / ya hace blandos pucheritos, / ya a la Dulcísima Madre / pide con ternura el pecho, / ya muestra alegre semblante».
14. El tirano castigado, p. 36: «Género humano: Y cuando la vanagloria / presuma desvanecerte / con mi ya llorada historia, / puerta que la dio a la muerte, / y causa de tu victoria, / advierte, dragón airado, / que aquel valiente león / en cordero disfrazado, / me sacará de prisión, / dando al infierno un bocado» (36).
15. Ver Haag, Diccionario de la Biblia, p. 376.
16. Ver fray Luis de León, De los nombres, p. 564: «Porque cordero, pasándolo a Cristo, dice tres cosas: mansedumbre de condición, y pureza e inocencia de vida, y satisfacción de sacrificio y ofrenda».
17. El heredero del cielo, p. 183: «Pero a quien más que todos ellos vale, / aunque tesoro entonces en- cubierto, / todo teñido en sangre al campo sale, / y detrás de la viña, en un madero, / que no hay dolor que a su tormento iguale, / manos y pies le clava el pueblo fiero. / Y mudo al sacrificio está postrado, / como a las rojas aras el cordero».
18. Los acreedores del hombre, p. 212: «Príncipe: ¿Pues cómo tanto ruido / para llevar un cordero?».
19. Las aventuras del hombre, p. 283: «Amor: como el Rey Profeta dijo, / en mi juventud a verme / en trabajos, que han de ser / mi imperio, cuando le lleve / en mis hombros. Hombre: ¡Ay, divino / labrador, qué humildemente / vais con mis culpas al hombro / y a las aras de la muerte / mudo, atado y ofrecido/ como cordero inocente!».
20. La oveja perdida, p. 204: «Yo le vi con majestad / sentado en silla labrada / por ángeles, y esmaltada/ con piedras de variedad; / y un arco cuyos reflejos / todo el asiento cercaban, / y que adorándole esta- ban / veinticuatro nobles viejos; / de su trono procedían / voces, truenos y centellas, / y siete lámparas bellas / ante él con bálsamo ardían / y un bello mar de cristal / iba su silla cercando, / y que le estaban cantando / el Santo, Santo Inmortal / […] / y en una ciudad hermosa, / que es Santa Jerusalén, / con más adorno y más bien / que al esposo va la esposa, / baja solo para honrar / la pérdida que hoy encuentra.Murmuración: Ya como le pintas entra; / ni le he de ver ni esperar. / Vase. Aparece Cristo en lo alto con música».
21. San Isidoro, Etimologías, l. XII, cap. 7, 26: «El pelícano es un ave egipcia que habita en las soledades del río Nilo, y de aquellos parajes tomó su nombre, ya que Egipto se denomina canopos. Se dice, y no entramos a discutir si es o no cierto, que mata a sus propios hijos, los llora durante tres días, al cabo de los cuales ella misma se hiere y rociándolos con su sangre vuelve a darles vida».
22. Charbonneau, 1997, vol. 2, p. 560.
23. Ver Granja, 1989, sobre este recurso de las cintas coloradas.
24. Ver Obras son amores, p. 120: «Descúbrase en una cruz el Rey con cuatro ángeles de bulto que cojan la sangre de manos, pies y costado en unos cálices, y el Amor a un lado».
25. Para un análisis del jardín y sus posibilidades escénicas, ver Arellano, 2001, p. 180.
26. Charbonneau, 1997, pp. 782-783.
27. También en san Isidoro de Sevilla, Etimologías, l. VII, cap. 2, 43, p. 637: «Serpiente, por su muerte y su sabiduría».
28. Ver El rosario de Nuestra Señora, p. 137: «Inocencia (al demonio): ¡ah, señor, sol con eclipse! / váyase a ser volteador / sobre mantos de alcrebite, / y puesto que el voltear / es muy propio de arlequines, / y vos, por vuestros pecados, / el primer arlequín fuisteis; / cogió os uñas abajo, / haciendo los matachines / con más fealdades que un pulpo / y con más cava que quince».
29. Ver Vosters, 1977, vol. 1, pp. 92-94: «El simbolismo de las serpientes es muy complejo, pero pode- mos decir que principalmente remonta al Génesis (3, 15) y al Apocalipsis (12, 9 y 20, 2). En el tercer capí- tulo del Génesis, Yahvéh maldice la serpiente que acaba de seducir a la primera pareja humana. […] Los santos Padres han entendido este texto como una profecía mesiánica, llamándolo el protoevangelio o la Buena Nueva Primera. Pues siendo la culebra representante del diablo, aquí debe aludirse a un combate espiritual y moral entre el demonio y sus secuaces (los ángeles caídos y los hombres malos) y la Mujer (la Santísima Virgen) y su prole (Cristo, los ángeles y los hombres buenos), que terminarán por vencer a la serpiente. Esta antítesis también se manifiesta en el Apocalipsis, donde solamente difieren los nom- bres, teniendo el demonio el sobrenombre de […] la serpiente, el dragón y […] la antigua serpiente».
30. Los hijos de María del Rosario, p. 371: «¡Madre con tantos hijos! si ella sola / de mi dragón quebrado ha las cabezas, / ¿con ellos qué no hará? pues acrisola, / con ser ella su Madre, sus proezas».
31. El nombre de Jesús, p. 153: «Fue para Eva el dragón / nuncio de dolor un día».
32. Obras son amores, p. 106: «Prometionos que pondría / sobre su cabeza el pie / cierta mujer aquel día».
33. La puente del mundo, p. 400: «Ande yo de aqueste modo, / y como veis, vuestro dueño, / como quiso hacerse Dios, / lo mismo le dijo a Adán, / y a fe de loco, que están / muy bien medrados los dos; / el uno vuelto serpiente / va por la tierra arrastrando, / y el otro la anda cavando, / porque su vida sustente».
34. Sobre este auto, también existen dudas de su autoría. Lo analiza como propio de Lope Nogués, 2011, p. 92, aunque advierte de las dificultades de su atribución; Izquierdo, 2013a, p. 33, avisa de los recelos que se tienen sobre este texto: «Don Marcelino publicó el auto de La araucana que vamos a incluir en la nómina de atribuidos a tenor de las últimas investigaciones sobre el tema. En una tesis codirigida por Ramón Valdés y Miguel Zugasti y defendida recientemente (8 de julio de 2013) por Rodrigo Faúndez en la Universidad Autónoma de Barcelona se atribuye la autoría del texto a Andrés de Claramonte». En otro artículo de Izquierdo, 2013b, p. 503, se advierte que el profesor Miguel Zugasti duda de la autoría de Lope. Romeu, 2015, p. 228, lo atribuye a Lope sin ninguna otra precaución
35. La oveja perdida, p. 205: «Vendrá en el trono asentado / de marfil de Salomón, / y dirá que del Dragón / estatuas ha derribado».
36. El hijo de la Iglesia, p. 116: «Satán: No te ha de valer, Razón. / Razón: Sí valdrá, fiero dragón».
37. El villano despojado, p. 153: «Te ciega con su amor / la Naturaleza humana, / hazte Nembrot de una torre, / ponla en ella. Villano: ¿Qué teméis, / infames, cuando sabéis / que mi soberbia os socorre / y que soy aquel dragón / que se ha de comer la gente».
38. El yugo de Cristo, p. 70: «Nembrot: Dragón soy. Idolatría: Yo basilisco. / Hombre: Puesto que estas bestias fieras / me tenían engañado».
39. El tirano castigado, p. 35: «Luzbel: Al arma, al arma, dragones, / nuestra soberbia destruya / al hom- bre arrogante y vano; / al arma aquí de mis furias».
40. La isla del sol, p. 414: «pero en mi isla que ves, / como sabes, no has de entrar / hasta que, sin des- cansar, / a tus culpas muerte des; / que son bestias ponzoñosas / que en mi reino no permito».
41. El rosario de Nuestra Señora, p. 128: «Gabriel soy, / deste tálamo custodia, / que guardo este paraíso / de ti, sierpe venenosa».
42. La oveja perdida, p. 206: «Cristo: Calla, / serpiente, no trates de ellos, / que son la luz de mi Iglesia, / y a quien yo guardo respeto. / Vete, mordaz, y no espere / respuesta tu atrevimiento, / pues sabes que mis jüicios / son justos y son secretos. / Vete con tu compañía, / y derrama ese veneno / sobre ti mismo».
43. En Covarrubias, leviatán designa a la serpiente y a la ballena: «Vale un gran dragón o serpiente; tómase por el demonio […]. Comunmente se toma por un pez marino, el mayor que anda en las aguas, cual es la ballena».
44. Ver Haag, 2005, pp. 1092-1093.
45. La margarita preciosa, p. 156: «Bien encarece Isaías / la serpiente Leviatán; / nombre de rayo me dan / desde los primeros días». Ver Isaías, 27, 1: «En aquel día el Señor con su espada cortante y grande y fuerte, tomará residencia a Leviatán, serpiente gruesa; a Leviatán, serpiente tortuosa».
46. Obras son amores, p. 111: «a los montes de Sión / como príncipe de paz, / para que el imperio quite / al tirano Leviatán».
47. De los cantares, p. 379: «Alegría: Pues no compitáis con él, / ni en cielos, celos y amor / si os acordáis de Miguel; / que os pondrá por la mejilla / el freno de Leviatán».
48. La puente del mundo, p. 402: «Mundo: Porque en Job se ve rendido, / y de cierta argolla asido / y con su cadena al pie. / Príncipe: ¿A Leviatán? Mundo: Si era Dios, / el que le ató, ¿qué os espanta?».
49. La isla del sol, p. 411: «Adulación: Temido Señor, no temas, / y pues Leviatán te llamas, / arrójale rabia y llamas / al Sabaoth que blasfemas: / tiende engaños: echa redes, / pues eres tan poderoso».
50. El príncipe de la paz, p. 456: «Hoy le quiebro, / como el pastor de Belén / la del gigante soberbio, / la cabeza a Leviatán».
51. El pastor ingrato, p. 137: «advierte, Mundo, que anda / por tu distrito una bestia / pintada de Juan de Patmos, / isla de la Mar Egea; / dicen que es de Babilonia, / nacida de madre hebrea, / y de aquel tribu de Adán / que Jacob llamó culebra, / tan soberbia, que en el templo / de Dios altiva se sienta, / con diez cuernos espantables / sobre que están diez diademas; / boca tiene de león, / pies de oso y siete cabezas, / con tan grande potestad, / que ya le adora la tierra, / porque dice que a los Santos / ha de vencer y hacer guerra. / Contra Dios y contra ellos / viene diciendo blasfemias, / y con milagros fingidos / engaña la gente ciega; / ya pasa la libre Etiopia, / como Daniel lo cuenta; / ya tiene grandes tesoros / de oro, de plata y de perlas; / ya el león que Joel decía, / sale de su oscura cueva, / mas ya descienden del cielo / aquellos rayos y piedras / del profeta Ezequiel; / ya queda la bestia muerta, / y tu máquina terrestre, / Mundo, del todo deshecha».
52. El rosario de Nuestra Señora, p. 128: «Noche: Monstruo de siete cabezas, / vengo a persuadir discor- dias, / vengo a eclipsar sus venturas, / y vengo a empañar sus glorias, / y en los vecinos halagos / a ser áspid entre rosas. / Si huye mis primeros lazos / la preservada paloma, / quizá caerá en los segundos, / sin que los huya ni rompa».
53. El yugo de Cristo, p. 70: «No importa, que los hechizos / de aquella gran Babilonia / que ha de salir del abismo, / hará que le adoren cuantos / bebieron su dulce vino: / sobre la bestia sentada, / harta de sangre la miro / de mártires de Jesús / y el nombre en la frente escrito».
54. El tirano castigado, p. 34: «Envidia: Deja estas bachillerías, / y a ver a nuestro padre vamos. / Malicia: Ante su salida estamos, / que adornan hidras y arpías».
55. Las cortes de la muerte, p. 472: «puesto que en Cortes hablamos / de la Muerte, en que ahora esta- mos, / que adornan hidras y arpías».
56. Los hijos de María del Rosario, p. 373: «María: Di, arpía, / ¿siempre fiscal has de ser? / Respondo por mi letrado / a tu malicia y maldad».
57. La privanza del hombre, p. 187: «Ligad, Justicia, al momento / a estas hambrientas arpías / con nuevas cadenas frías / al fuego de su tormento».
58. Covarrubias lo define como «una especie de serpiente».
59. Para un estudio de la formación de la imagen del basilisco y las fuentes que pudieron influir en Lope con ejemplos de su utilización en otras obras, ver Vosters, 1977, vol. 1, pp. 267 y ss. Me parece significa- tivo que Vosters titule un capítulo como «El áspid, basilisco, león y dragón del salmo 90, 13».
60. El yugo de Cristo, p. 70: «Nembrot: Dragón soy. Idolatría: Yo basilisco. / Hombre: Puesto que estas bestias fieras / me tenían engañado».
61. La santa Inquisición, p. 461: «porque yo, / que esta Inquisición envidio, / siempre males en la noche, / que es madre de los delitos; / turbaré la fe de Europa, / daré guerra al albedrío, / obstinaré a la herejía, / inventaré nuevos ritos, / miembros cortaré a la Iglesia, / daré a su luz paroxismos, / rugiré como león, / miraré cual basilisco; / seré ruina del hombre, / daré temor infinito / a los ángeles, de quien / fui injustamente vencido».
62. La oveja perdida, p. 190: «y aunque él dice que me pisa, / áspid soy y basilisco: / Tragareme, con mirar, / su rebaño, y aun el mar; / y si por virtudes bellas / hace de él al cielo estrellas, / las volveré a derribar».
63. Ver Haag, 2005, p. 1110.
64. La oveja perdida, p. 191: «Culpa: Venza tu culpa al castigo: / ¿quieres, cual lobo entre engaños, / que a su ganado acometa / con piel de oveja secreta? Luzbel: Que soy y eres lobo creo, / mas dióle aviso un Mateo / en lo del falso profeta».
65. Los hijos de María del Rosario, p. 381: «Digo que cuanto defiendes / es de envidia y con malicia, / y a la suprema justicia, / como vil tirano ofendes. / Desnúdate el traje infiel / y ven a brazos conmigo; / que no es bien parezca amigo / el que es enemigo infiel; / si con piel de oveja intentas / ser lobo vil carnicero, / con estas armas espero / manifestar tus afrentas».
66. Arellano, 2004, p. 57.
67. Odisea, canto XII.
68. La adúltera perdonada, p. 326: «Sirenas que a la memoria / del alma engañáis también, / cantad y la vanagloria / venga a darme el parabién / de tan singular victoria».
69. La adúltera perdonada, p. 328: «Y es sirena / que da cantando la muerte».
70. La oveja perdida, p. 199: «Mira que el desesperarte / esta sirena codicia, / y la gula y la avaricia / tie- nen en su engaño parte: / Huye de ellas, de este y de él, / pues que tu dueño te da / el vestido y el maná / como el pueblo de Israel».
71. El yugo de Cristo, p. 80: «y falsas informaciones / sirenas de los oídos, / llevaré como otro Job / por- que es el mejor arbitrio / valerse de Dios los hombres / cuando se ven afligidos».
72. El hijo de la Iglesia, p. 105: «Satán: Ya previne las cadenas, / amor; Mundo, al jardín vamos / del De- leite: prevengamos / el canto de las sirenas».
73. La isla del sol, p. 398: «Teme el canto de sirenas / en aqueste mar lascivo; / vuelve y mis verdades sigue».
74. El rosario de Nuestra Señora, p. 134: «Clemencia: La Clemencia señala la clemencia, / abogada del hombre, / que al son de la cadena, / de María repite el dulce nombre, / en su llanto, dulcísima sirena; / su abogada me ha hecho».
75. El pastor ingrato, p. 132: «yo crié el oro y la plata, / yo la púrpura real, / yo el gusano artificial / que el ave fénix retrata».
76. Las bodas entre el Alma y el Amor divino, vv. 569-570: «Apetito, si me ayudas / fénix te daré a comer»; La Maya, vv. 485-486: «Una fénix por lo menos / quiere que viva te comas».
77. Más adelante se llega al siguiente estribillo: «Canten os la gala, / divina Fénix, / concebida sin man- cha / dichosamente» (Coloquio pastoril, p. 96).
78. El tirano castigado, p. 55: «Tras de aquello, al punto / un ave más bella / que la Fénix sola / cuando se renueva / […] / vi romper los aires».
79. El rosario de Nuestra Señora, p. 135: «El sol, ¡oh, toda hermosa! / es luz vulgar a tantos resplandores; / águila, pruebo en vano / a resistir candores».
80. La locura por la honra, p. 217: «las águilas de rapiña / maten el querido azor / de su altivo pensamien- to, / que vuela en alta región, / no en la tierra ni en el aire, / ni donde Pablo llegó, / sino al mismo cielo empíreo, / en alta contemplación, / donde está, el divino Teos».
81. Ver Grimal, 1989, p. 52.


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