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El poder de la lectura como herramienta revolucionaria. El caso del anarquismo español de los años treinta
The power of read as a revolutionary learning tool. The case of Spanish anarchism in the 30s
Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, núm. 17, pp. 335-360, 2018
Universidad de Alicante

Estudios



Recepción: 14 Marzo 2018

Aprobación: 06 Mayo 2018

Resumen: El presente trabajo pretende analizar la importancia de la lectura y del libro dentro del anarquismo de los años treinta en España. En un estudio de la historia de la lec tura no puede faltar un análisis de la producción de lo escrito, la forma de acceso a su contenido, los gustos lectores de la militancia y los factores internos que definían a estas publicaciones. El libro es considerado un objeto de culto y admiración porque permite al individuo formarse una cultura libre frente al poder, de ahí que fuera con siderado un instrumento moralmente emancipador del que el trabajador debía valer se para formarse una verdadera conciencia revolucionaria. Los Ateneos libertarios y la prensa ácrata destacaron por ser los principales canales de difusión de todo tipo de obras de distintas temáticas entre sus afiliados y simpatizantes.

Palabras clave: España, Anarquismo, Biblioteca, Libro, Lectura.

Abstract: This paper aims to analyze the importance of reading and of the book in the context of anarchism in the 1930’s in Spain. No study of the history of reading can be complete without an analysis of written productions, the way access was provided to content, the reading tastes of the affiliated members, and the internal issues that defined those publications. The book is considered an object of cult and admiration because it allows individuals to shape a free culture against power. Hence, the book was considered a moral liberator tool that workers had to use to shape a true revolutionary consciousness. The Libertarian Athenaeums and the anarchistic press stood out as the main dissemi nation channels of all types of works dealing with different topics among their affiliates and sympathizers.

Keywords: Spain, Anarchism, Library, Book, Reading.

La extensión de la lectura en el siglo XX fue un proceso de carácter subversi vo y generalizado que revitalizó el mundo cultural del país con la socialización de las prácticas letradas y orales. La importancia de la literatura entre los sec tores revolucionarios se convirtió en una de las herramientas principales en su lucha contra el analfabetismo y el control del Estado de las estructuras educa tivas. Esta difusión consciente y necesaria, iniciada ya desde finales del siglo anterior con el nacimiento de los sistemas educativos nacionales y la expan sión de la lectura, permite pasar de una práctica silenciosa y personal a una “lectura escuchando”, estableciendo así las bases de una oralidad mixta (Mar tínez Martin, 2005: 19, 20; Martínez Rus, 2005: 180, 181; Viñao Frago, 1989: 313315; Mainer, 1977; Guereña; Tiana Ferrer, 2001). Para las organizaciones obreristas, especialmente ácratas y en menor medida socialistas, el proceso acti vo y consciente de leer un libro era uno de los actos ideológicos más impor tantes que podía realizar un militante, trascendiendo la concepción de ocio para representar un ejercicio de consciencia intelectiva. El texto escrito se erige en el instrumento perfecto para acabar con la ignorancia y el analfabetis mo social, diversificando la interpretación de la historia y permitiendo a los obreros en erigirse sujetos activos de su propio discurso. Esta realidad, a pesar de ser manifiestamente revolucionaria, venía propiciada por el régimen de nue vas libertades instaurado en España desde principios de siglo, pero especial mente durante la Segunda República, que llevaría al incremento sustancial de bibliotecas públicas y centros educativos (Martínez Rus, 2003: 10, 2328; De Luis Martín, 2004: 220226; Bernalte Vega, 1991; Mainer, 1977)1.

Este tipo de espacios de difusión cultural iban a proliferar especialmente en el campo ácrata en forma de ateneos libertarios que se erigían en auténti . La promoción de la cultura del libro como un factor de la democratización de la socie dad fue asumido por el gobierno republicano que se ocuparía de la dotación, organización y difusión de las bibliotecas públicas a través del Patronato de Misiones Pedagógicas y de la Junta de Intercambio y Adquisición de Libros, garantizando el acceso libre y gratuito de los ciudadanos a las bibliotecas públicas (Huertas Vázquez, 1988; Escolano Benit, 1992)2



Representaciones de la veneración anarquista por el libro, por su carácter revolucio nario y esencia del cambio social (Arriba: 1. La Revista Blanca, 378, 17041936).

Abajo izquierda: 2. Estudios, Nov1932. Abajo derecha: 3. RELGIS, 1932 cos espacios de sociabilidad insertos en la tradición decimonónica anterior, ligada a la difusión del racionalismo y el liberalismo político. Al igual que los clubes republicanos y los centros de cultura, los ateneos se convierten en difu sores de una enseñanza básica y superior, fomento de la ciencia y de círculos literarioartísticos que insertan al obrero en dinámicas antes exclusivas de la elite burguesa. Esta labor alfabetizadora los convirtió de facto en alternativa a las escuelas estatales, afianzando así su posición vertebradora como centros vivos del mutualismo obrero. Frente a una educación más rígida y tradicional, estos lugares permitían acceder libremente, no sólo a una educación más en con sonancia con las reivindicaciones de estos sectores, sino a un material educati vo que fuera de estas paredes era prohibitivo para muchos de sus miembros dada la escasez económica existente (Villacorta Baños, 2003; Gutiérrez Lloret, 2001; Morales Muñoz, 20012002; Solà, 1989: 394; Solà, 1995: 367, 368; Ealham, 2005: 6470, 151, 152; Navarro Navarro, 2002: 343348; Navarro Navarro, 2008: 227253; Bajatierra, 1930: 912)..

Una muestra de esta realidad es el lema del Ateneo Libertario de la barria da del Clot en Barcelona que refleja ese culto permanente al conocimiento como mecanismo esencial para el mejoramiento intelectual humano: “Saber mucho para amar mejor”3.

Dentro de los ateneos, las secciones de cultura eran las más importantes ya que se dedicaban al mantenimiento, organización y cuidado de las biblio tecas. Éstas solían encontrarse decoradas con simbología ácrata como cuadros o retratos de popes del anarquismo como Mihaíl Bakunin, Anselmo Lorenzo, Ferrer y Guardia o Errico Malatesta. En estos espacios no podían faltar las salas de lectura, como se muestra en las fotografías 4 y 5, atestadas de estanterías de madera con todo tipo de material lector, como libros y periódicos, y una gran mesa de lectura. Ateneos como el del Clot contaba en 1931 con unos ochocientos ejemplares y disponía de un servicio de préstamo denominado “biblioteca circulante”, que consistía en que cualquier miembro podía llevar se a su casa el ejemplar que estuviera leyendo en ese momento. La intención era poner las máximas facilidades posibles para aficionar a más y más afiliados y simpatizantes a unas lecturas que, por falta de tiempo o por cuestiones labo rales no estaban incluidas en su vida diaria4.

Toda esta infraestructura facilitaba el desarrollo de una lectura conscien te, convertida en un proceso revolucionario y de catarsis interna que trans formaba a sus practicantes en individuos socialmente despiertos. Su utilidad y funcionalidad radicaban en ser una herramienta que no necesitaba de acciones propagandísticas que gastasen recursos a la organización, sino que su éxito o fracaso dependía sencillamente de que el individuo quisiera aprender. José For tea, militante de las JJ.LL., recuerda en sus memorias cómo se afilió a la CNT cuando aún militaba en la UGT después de leer Entre campesinos de Malatesta (Fortea Gracia, 2005: 21). En líneas generales, los gustos lectores estaban influidos por el cambio generacional. Hasta los 3540 años el interés se exten






Arriba: 4. Biblioteca de la Asociación Cultural Libertaria Escuela Armonía de Barcelona (¡¡Campo!!, 29, 25091937). Abajo: 5. Biblioteca del Ateneo Libertario de la barriada del Clot de Barcelona (La Revista Blanca, 213, 01041932)

día a obras de cultura general (astronomía, química, historia, pedagogía o sexualidad) que eran preferidas por jóvenes militantes frente a los tradiciona les tratados antiguos sobre teoría anarquista. Los viejos militantes, sin embar go, estaban más apegados a los libros clásicos comunistas y anarquistas, y cen traban sus intereses en asuntos relacionados con la cultura sindical y la lucha obrera. Estos incluían por regla general “los libros de los barbudos” (García Oliver, 1978: 30), con las obras de Bakunin, Marx, Pi y Margall, Anselmo Loren zo y Eliseo Reclus entre otros. La distancia generacional entre jóvenes y mayo res era paliada con lecturas colectivas con sus respectivos comentarios poste riores que convertían a la “lectura pública” en una práctica habitual entre los colectivos iletrados ya desde el siglo XIX. Con esta forma de aprender, aque llas personas que no sabían leer, veían salvadas sus limitaciones con la prác tica de la solidaridad intergrupal, evitándose también las “malas lecturas” o interpretaciones doctrinales incorrectas desde un punto de vista ortodoxo. La moralización de esta práctica es evidente y permitía utilizarla como una herra mienta capital en el fortalecimiento de la cohesión interna a través de la socia lización de las ideas y los discursos (Ruipérez & Pérez Ledesma, 1980: 41; Carrasquer, 1986: 15; Vallina, 2000: 27; Viñao Frago, 1989: 314317; Martínez Martin, 2005: 27)5.

Estas tertulias, que generalmente tenían un carácter más coloquial y menos formal que las conferencias o los mítines, no solían anunciarse en la prensa libertaria debido a que estaban más relacionadas con la autoformación inter na que con la difusión doctrinal. Su temática era variada y abarcaba desde pren sa confederal hasta cualquier libro o folleto que algún miembro del grupo estuviera leyendo y quisiera compartir. Se trataba de actos en los que se poten ciaba la apropiación e interiorización de los contenidos y se criticaba, desde la experiencia personal, la sociedad, además de servir para deliberar sobre ideas comunes, vivencias y dudas doctrinales o formales. Era el medio perfec to para aprender en grupo y la base de la formación posterior de grupos de afinidad, dada la amistad que se generaba entre sus miembros:

“En la tertulia salían cosas del trabajo, de la vida o que pasaban en ese momen to, cómo se trabajaría en colectividad y socialización, se hablaba del amor libre, allí pasaba todo, con mejor o peor discurso” (Fortea Gracia, 2005: 21).

La relevancia de una literatura moralizante superaba el ámbito libertario para extenderse a toda la sociedad gracias, en buena medida, a la labor ejercida tam bién por las bibliotecas públicas del Estado. Por ejemplo, una parte de los libros solicitados para la biblioteca de Bujalance (Córdoba) en 1933 fueron obras de Kropotkin, Anselmo Lorenzo, Mauro Bajatierra o Max Nettlau. Esto explicaría que los canales de acceso a la cultura eran variados y los libertarios no utilizaban exclusivamente los ateneos libertarios para su formación, sino que aprovecharían dichos centros para acceder a libros o autores que por otros medios no podían (Martínez Rus, 2003: 20; Martínez Rus, 2005: 197; Albiña na & Arancibia, 1978: 21; Miró, 1979: 2831; Amorós, 2008: 11).

1. La prensa libertaria y la difusión de la lectura

En este afán por extender la lectura, La Revista Blanca disponía de varias sec ciones, como “Dos libros notables” y “Revista de libros” –esta última firmada por Federica Montseny–, en las que se reseñaban obras tanto de la ideología anarquista como de otras temáticas. Su comentario pretendía abordar exten samente su contenido para ofrecer un resumen compendiado y fácil de enten der y asimilar por parte de sus lectores. Entre los ejemplares analizados esta ban, entre otros, De la crisis mundial a la anarquía de Max Nettlau o Evolución Proletaria de Anselmo Lorenzo, definidos como obras de análisis, crítica y síntesis del pensamiento social y filosófico ácrata. Estas obras representaban la concepción de la revista sobre el anarquismo, de ahí que la mayoría de las obras recomendadas estaban claramente en sintonía con su forma de concebir la ideología. También se analizaban otras obras de denuncia y combate como El crepúsculo de los tratados: Génesis de las guerras futuras de Joaquín Gil sobre antimilitarismo y en defensa del pacifismo, La juif antisémite de Camilo Berneri sobre el antijudaísmo presente, o Enseñanzas: religiosa y laica de A. Orts Ramos sobre anticlericalismo y laicismo (Viñao Frago, 1994: 42)6.

El afán por extender un pensamiento crítico contra los pilares de la sociedad burguesa estaba por encima del color político o la motivación de muchas de estas obras; en este sentido, el fin sí justificaba el medio. Otras cabeceras como La Protesta (Madrid), Mar y Tierra (Altea), El Sembrador (Igualada), Acra cia (Lérida) o Solidaridad Obrera (La Coruña), además de dedicar sus páginas a la edición y venta de libros y folletos, publicaban diaria o semanalmente y por fascículos novelas, obras de teatro o cuentos infantiles. De todas las publi caciones libertarias que utilizaron sus páginas como editoriales improvisadas para la publicación de estos microrelatos, cuentos e historias noveladas destacaba nuevamente La Revista Blanca. Ésta llegaría a divulgar desde 1930 hasta el estallido de la guerra un total de 45 narraciones caracterizadas por su alto contenido moralista y destinadas a influir a sus lectores en la forma de comportarse socialmente. Sin duda, el periodo de mayor profusión sería el comprendido entre 1935 y 1936 cuando se publicaron 27 de las 45 totales (60%) con la inauguración de la sección “El cuento quincenal”. Entre los auto res sobresalían anarquistas contemporáneos vivos –Federico Urales, Mauro Bajatierra, Victoriano Crémer Alonso, Emilio Mistral y León Sutil–, otros ya fallecidos –Anselmo Lorenzo, Secundino Delgado y Bernard Lazare– y tam bién libertarios anónimos o poco conocidos que se iniciaban en la escritura y en un género que bien podría denominarse “moralismo obrerista” –Vicente Carreras, Claudio Fábrega, Arsenio Olcina, Luis Esteve, Acracio Pérez y Joan Pujalte–. Los temas más habituales eran aquellos que, centrándose en persona jes relacionados con el mundo del trabajo, evidencian una crítica al Estado, a la Iglesia y a la moral burguesa a los que se culpa de los problemas que acon tecen a los protagonistas.

Al tratarse de pequeñas historias y microrrelatos abundaban las alegorías y se recurrían a figuras conocidas o destacadas de la sociedad de la época o la cul tura católica para evidenciar con mayor claridad la crítica de fondo. Luis Esteve, en una fábula divina en el que San Pedro, los ángeles y Dios juegan a los dados, critica el dinero; un autor que responde al nombre de C. relata los intentos infructuosos de un rey por separarse de la violencia, mientras ésta, per sonificada en un hombre armado con un hacha y manchado de sangre, le con vencía de la imposibilidad de ello; en “Fuego en el campo”, Victoriano Crémer denuncia la situación de pobreza y abandono de los campesinos y señala como única solución a su situación la revolución; y Adrián del Valle, en “El sueño de Juanito”, narra la venganza de los juguetes de un niño rebelde ante el carácter destructivo del menor, mientras la madre representa la cordura y le señala cuál es el comportamiento correcto7. Mientras, en “La justicia” de Luis Bermejo, dos ratones pobres y hambrientos –que representan a los trabajadores–, ante la imposibilidad de hacer un reparto justo de su botín (un queso de bola), deci den acudir al juez –un mono listo y astuto– para que establezca una división equitativa. Al final, el mono se aprovecha de su posición para comerse todo el producto y dejar a los ratones sin nada. La moraleja intentaba mostrarle al lec tor que dedujera por sí solo que la justicia, que siempre estaría al servicio del Estado, no beneficiaba nunca a la clase obrera: “los ratones se fueron cada cual por su lado, algo tristes, pero muy agradecidos al mono que les había adminis trado justicia gratis...”8. Este carácter instructivo y moralista se evidencia de manera más notoria en los cuentos dirigidos a los niños, en los que la morale ja y la enseñanza de fondo se mostraba de forma más clara.

El estudio de los libros y folletos que las distintas publicaciones ponían a la venta a través de sus páginas sirve para ofrecer una visión aproximada del mate rial de lectura que podría encontrarse en las casas y bibliotecas libertarias. Entre las revistas que alentaban la compra de ejemplares se encontraban: Acracia, Cultura y Acción, Despertad, El Libertario, El Luchador, El Sembrador, En Mar cha, Estudios, Ética, Gerona C.N.T., Hombres Libres, Iniciales, Inquietudes, La Calle, La Revista Blanca, La Verdad, La Voz del Campesino, Mujeres Libres, Nosotros, Nuevo Aragón, Redención, Semáforo, Solidaridad Obrera, Solida ridad Proletaria, Tiempos Nuevos, Trabajo . Vida Nueva. En otros casos se infor ma que los pedidos debían realizarse a alguna persona del sindicato, agrupación o comité local de las JJLL o de la FAI. Otras opciones a disposición del com prador eran contactar directamente con la editorial (en caso de no ser la edito rial del periódico) o comprar el ejemplar en el kiosco o librería que lo vendiese. Como muchas de las compras se realizaban por suscripción o a distancia, para evitar la morosidad, se requería que los pedidos fueran acompañados del importe exacto o se hicieran a contra reembolso. En algunos casos, como sucedía con el libro La sociedad del porvenir. El comunismo anarquista de Isaac Puente, editado por el grupo Amor y Voluntad de Barcelona, se repartía de forma gratuita y únicamente se permitía su venta si se destinaba lo recauda do al comité propresos y al sostenimiento de la escuela racionalista local.

A través de la prensa consultada, se han podido contabilizar un total de 1.212 libros y folletos que eran ofertados a través de las distintas cabeceras. Se trata de un conjunto marcado por su heterogeneidad en el que abundaban, no sólo autores de las corrientes socialista o comunista –Karl Marx, Friedrich Engels, Jean Jaurès, Jules Guesde, Paul Lafargue y Leonid Krasin–, sino, inclu so, de escritores o filósofos ajenos al obrerismo. Este sería el caso de Platón, Miguel de Cervantes, Charles Dickens, John Milton, Herbert Spencer, Guy de Maupassant, José Ingenieros y Max Nordau entre otros, que demuestran ese insistente afán ácrata por divulgar toda obra que sirviera al objetivo de crear una cultura combativa contra el statu quo. La relevancia de estos autores se relacionaba con determinadas temáticas en las que el anarquismo tiene una especial preocupación por ser considerados principios esenciales, así como por ser voces críticas que denunciaban una situación de injusticia. Se trataban de obras indispensables por su carácter pedagógicosocial y contenido crítico que se dividen en: anticlericalismo (Emilio Bossi, George Brandés, John W. Draper y Fco. Suñer y Capdevila), antimilitarismo y pacifismo (Ramón J. Sender, Gus tav Hervé y Bertha Suttner), educación (JeanJacques Rousseau, JeanFrançois


GRÁFICO I.
Distribución por países del número total de autores anarquistas cuyas obras son vendidas en la década de 19309.
Fuente: Elaboración propia

Dentro de la literatura específicamente ácrata abundan las obras publi cadas por militantes extranjeros, destacando especialmente las procedentes del anarquismo francés. Se trata de un total de 27 autores, entre los que se encuen tran Agustín Hamon, Agustin Souchy, André Lorulot, Auguste Vaillant, Charles Malato, Élie Reclus, Élisée Reclus, Émile Armand, Émile Henry, Fernand Pelloutier, Francis Delaisi, G. Hardy, Gaston Leval, Georges Etiévant, Georges Ivetot, Han Ryner, Jean Grave, Jean Marestán, Louise Michel, Manuel Deval dés, Max Nettlau, Paul Robin, Pierre Besnard, Pierre Quiroule, PierreJoseph Proudhon, Ravachol y Sebastian Faure. Esta pujanza está relacionada con la proximidad geográfica que convierte la frontera en una suerte de puertas abier tas por las que se afianza una estrecha relación de ayuda mutua, a lo que con tribuía enormemente la presencia de núcleos de anarquistas exiliados en el país vecino, especialmente durante la dictadura de Primo de Rivera. También se producía el caso contrario, en el que militantes galos como Gaston Leval atra vesaban la frontera española huyendo del servicio militar francés. Esta conexión fronteriza evidencia el enorme peso de la cultura francesa en el mundo cultural del anarquismo español, pero no sólo respecto al conocimiento de autores ideológicamente afines, sino también en relación a otros ámbitos como la li teratura, la filosofía, el periodismo, la ciencia y la política (Voltaire, barón d’Holbach, Rousseau, Renan, Hervé, Zola, Anatole France, Guy de Maupassant, Honoré de Balzac, Berthelot y Mirbeau)10.

En un segundo nivel de influencia se encuentra el anarquismo italiano, lide rado por Errico Malatesta –además de figuras de reconocido prestigio como Camillo Berneri, Carlos Cafiero, Hugo Treni, los hermanos Fabbri, Michele Angiolillo y Pietro Gori–y el eslavo, especialmente influido por la figura omní moda de Piotr Kropotkin –junto a Anatol Gorelik, Emma Goldman, Lev Tóls toi, Mihaíl Bakunin, Néstor Majnó y Piotr Archinoff–, posiblemente el personaje de mayor influencia filosófica del anarquismo en el siglo XX. El naturalista ruso es el anarquista con mayor número de obras publicadas demostrando, además de la relevancia de su pensamiento, la importancia que adquirió su figura como elemento cohesionador de los grupos españoles. Era un autor muy estimado y cuya obra, especialmente El apoyo mutuo . La conquista del pan, eran reverenciadas como obras cumbres del pensamiento ácrata. Sin embargo, de las casi ciento treinta obras escritas por Kropotkin, las traducidas y publica das en los medios españoles se reducen a un total de 19. Su relevancia era espe cialmente notable por delante de clásicos extranjeros, como Proudhon y Baku nin, o nacionales, como Salvochea y Mera (Delgado Fernández & Jiménez Díaz, 2008; Girón, 2010: 1017).

La enorme cantidad y disparidad de autores evidencia un proceso de elec ción y selección consciente de determinadas obras que mejor reflejasen la idea que cada periódico o revista quería transmitir. Había autores especialmente difundidos cuyo pensamiento se encontraba claramente en sintonía con el de la organización cenetista, de ahí que se realizara un mayor esfuerzo por publi car y divulgar sus obras. Este sería el caso de Kropotkin, pero también de Faure, Fabbri o Malatesta, cada uno de ellos reivindicado desde una parcela de la filo sofía ácrata (ciencia, educación, anticlericalismo, revolución, etc.). Por contra, otros escritores, aunque tradicionalmente relacionados con el movimiento anarquista, ven reducida su divulgación en beneficio de los primeros, siendo el caso más destacado el de Proudhon, con apenas cinco obras publicadas. Esta realidad estaría en relación a que durante los años treinta el cooperativismo y el mutualismo del autor habían quedado superados por otras nociones más en boga entonces, como el anarcocomunismo ruso, con la socialización de bienes y servicios defendido por la CNT y la FAI desde la prensa y la tribuna.

La presencia de personalidades procedentes del anarquismo centroeuropeo (especialmente Holanda, Alemania, Austria y Rumanía)11, demuestra el carác ter plural y europeísta del pensamiento ácrata que se extendió por España durante las primeras décadas del siglo XX. En contraposición, una incógnita es la escasa influencia, tanto en número de obras como en relevancia doctrinal, de escritores o propagandistas libertarios sudamericanos dentro del anarquis mo español, a pesar de la facilidad idiomática. La lista se reducía a autores como Carlos Brandt (Venezuela), Ricardo Flores Magón (México) y Juan Lazarte y Alberto Ghiraldo (Argentina). La ausencia de material propagandístico liber tario originado en América es una realidad evidente, a pesar de la relación existente entre el anarquismo español y, especialmente, el argentino. Hay que recordar los casos de Antonio Pellicer i Paraire (anarquista catalán que par ticipa en la función de la F.O.R.A. argentina), Eduardo G. Gilimón (periodista español que formó parte del grupo editorial de La Protesta), Valentín de Pedro (argentino que formó parte del equipo de redacción del portavoz pestañista, El Sindicalista), Rodolfo González Pacheco (primer director de la revista No sotros de Valencia), José Gunfeld (que participa en 1937 como delegado de la sección juvenil Federación anarcocomunista argentina en varios actos en Barcelona) y, sobre todo, Diego Abad de Santillán (Amorós, 2009: 316; Saña, 2010: 230; Cappelletti, 1990)12.

A pesar de la significación y cantidad de los autores extranjeros y sus obras, abundan los anarquistas españoles que se dividen en dos categorías. Por un lado, aquellos que ocupaban una posición pública y eran, por tanto, conoci dos públicamente por la militancia. Y, por otro lado, los propagandistas anóni mos. Se trata de un amplio listado que, entre los primeros, incluía a 8 mujeres y 62 hombres. El desigual porcentaje entre géneros confirma que, a pesar de la reivindicación de la igualdad de sexos, la cultura escrita estaba muy media tizada por el varón. Entre estos 70 autores destacan también las firmas de militantes ya fallecidos pero cuyos escritos seguían teniendo una especial re levancia, como era el caso de Anselmo Lorenzo, Fermín Salvochea, Francisco Ferrer i Guardia, Mateo Morral o Ricardo Mella. Son obras de tradición e interés general dentro del movimiento libertario –El Proletariado militante de Lorenzo, La escuela moderna de Ferrer i Guardia, y Sindicalismo y anarquismo . Ideario de Mella–, unas por su contenido y otras por la significación alcanzada por el personaje en la corta historia del anarquismo español. Abundaban también las obras de autores contemporáneos a los años treinta, demostrándose asó el carácter actual y vivo de su contenido. La presencia de tantos y tan variados autores españoles refleja la enorme presencia que estos tenían en una litera tura básica anarquista, y que abarcaba principalmente lecturas centradas en los fundamentos teóricos del comunismo libertario.

Tabla 1.
Listado de anarquistas españoles cuyas obras son vendidas en la década de 193013

Dentro de la diversidad temática que caracterizaría a un número tan elevado de autores, abundan las obras que tratan desde una perspectiva moralista la sociedad y los comportamientos públicos, así como el análisis de la filosofía ácrata y el papel que debía representar el anarcosindicalismo en el periodo postrevolucionario. También había autores que se especializaban en algunas materias concretas, como fue el caso de Antonia Maymón en pedagogía, Martí Ibáñez en higiene, Mariano Gallardo en sexualidad, Germinal Esgleas en sin dicalismo, Joan Sanxo Farrerons en anticlericalismo o Mariano Viñuales en ciencia. En general, no debe interpretarse el pensamiento de estos autores como esferas cerradas o aisladas de pensamiento, sino que actúan como rea lidades concomitantes y cohesionadas entre sí, cada una de las cuáles es indispensable para la configuración de esa mentalidad revolucionaria tan exi gida desde los órganos de decisión ácratas.

Tabla 2
Listado de las temáticas tratadas por autores anarquistas durante la década de 193014

Tabla 2. Cont
Listado de las temáticas tratadas por autores anarquistas durante la década de 193014

El análisis de la procedencia social de los autores anarquistas, así como acerca de su nivel de estudios, nos permite discernir su grado de formación previo y si éste fue relevante en su disposición para la propaganda o si, por el contrario, fue consecuencia directa de su autoformación en el ideal. Por un lado, estaban los que procedían de familias acomodadas de clase media o alta y que habían tenido acceso a una educación formal, amplia y reglada, que habían complemen tado con mucho autodidactismo. Es el caso de Ada Martí, Alfonso Martínez Rizo, Amparo Poch y Gascón, Antonia Maymón, Federico Urales, Felipe Aláiz, Isaac Puente, Jacinto Toryho, José Peirats, José Riquer Paláu, Máximo Llorca, Rafael Barret, Ricardo Sanz, Soledad Gustavo, Valentín Obac, Vicente Ballester Tinoco y Vicente Galindo Cortés. Por otro lado, aquellos que tenían un origen humilde y en cuyas familias no existía la tradición de seguir las ideas obreris tas, llegando ex novo al ideal ácrata. Su descubrimiento se debe a su formación autodidacta principalmente a través de la asistencia a clases nocturnas para adul tos en escuelas racionalistas o centros libertarios. Entre estos sobresalen Ángel Pestaña, Antonio Rosado, Avelino González Mallada, Emilio López Arango, Higinio Noja Ruiz, Horacio Martínez Prieto, José Sánchez Rosa, Julián Floristán Urrecho, Liberto Callejas, María Pérez Yuste y Ramón Liarte.

Y por último, aquellos que viven en ambientes familiares en los que la lec tura y el cultivo del intelecto es una necesidad y desde pequeños van adqui riendo una cultura básica gracias a la influencia de sus padres, ideológica mente posicionados entre las ideas anarquista, socialista o republicana. Es el caso de Federica Montseny, Félix Carrasquer, Félix Martí Ibáñez, Mercedes Comaposada y Tomás Cano Ruiz. La procedencia social acomodada permiti ría que muchos de estos futuros divulgadores, no sólo accedieran a estudios superiores, sino que tuvieran más facilidades de convertirse en miembros de esa especie “elite” o vanguardia cultural ácrata que va a asumir un papel acti vo en el proceso de difusión del ideal. El listado de anarquistas con estudios superiores y universitarios incluye, entre otros, a: Ada Martí (Psicología); Alcrudo Solórzano, Poch y Gascón, Martí Ibáñez, Isaac Puente, Martínez Nove lla y Gallego Crespo (Medicina); Ángel Samblancat (Derecho); Antonia May món (Magisterio); Benigno Bejarano (periodismo); Jaime Balius (bachiller); Marín Civera (profesor mercantil); y Rafael Barret (ingeniería). En este senti do, a pesar de que el anarquismo dirige su discurso principalmente a la clase obrera, resulta paradójico que muchos de sus más descollantes representantes no fueran, en sentido estricto, obreros. El discurso consiguió trascender el cla sismo para hacer partícipes de la nueva estructuración social a toda clase de individuos desde la pretensión común de cambiar la estructura política y eman cipar a la sociedad en su conjunto (González Fernández, 2003: 111138).

Un estudio sintético de los 1.212 volúmenes que componía la biblioteca anarquista comercializada a través de la prensa del movimiento durante los años treinta permite clasificarlos por materias. Los temas relacionados con la sexua lidad, la higiene, la medicina, la ciencia y la mujer (16%) ocupan un espacio reducido frente al predominio de obras que versan sobre materias más tradi cionales, como la filosofía anarquista, la historia del movimiento obrero o el estudio de la revolución social (30%). El mayor porcentaje de libros y folletos está representado por volúmenes relacionados con una narrativa de signo sociológicomoralista (54%) que se inserta dentro de la corriente por extender una nueva ética conductual.


GRÁFICO II.
Distribución temática de los libros vendidos a través de la prensa libertaria durante la década de 193015

Se trata de una novelística moralizante en la que el tratamiento realista de la realidad pasa a un segundo plano para representar tipos subjetivos marcados por una visión maniquea de la sociedad. Son obras de corta extensión, gene ralmente veinte o treinta páginas, y de precio reducido, entre quince y veinte céntimos, de ahí que se popularizaran especialmente entre la juventud al tra tarse de una lectura amena a la vez que ejemplarizante. Su temática era senci lla, sin grandes complejidades estructurales ni formales, y en las que el prota gonista –hombre o mujer–, sufría un proceso de catarsis interna que le condu cía a modificar su perspectiva de la vida tras experimentar un acontecimiento trágico en su vida. Al tratarse de novelas escritas para todos los estratos socia les tienen un carácter abierto, no demasiado relacionado con el anarquismo, pero contiene las dosis suficientes de moral libertaria para conseguir el fin buscado. Éste no era otro atraer a más y más militantes a las filas libertarias, rea lidad que quedaba demostrado por las opiniones vertidas en los propios con sultorios de las revistas: “Soy soltera, cuento treinta y tres años. Desde que leo

«La Novela Ideal» han cambiado por completo mis ideas”16. Es además un tipo de lectura que, como señalaba José Fortea –miliciano ácrata enrolado con apenas 20 años en la Columna Durruti–, servía para perfeccionar el estilo y aprender a leer deprisa, al carecer de complejidad sintáctica y utilizar un len guaje sencillo y comprensible por todos (Fortea Gracia, 2005: 21). Su didac ticismo servía como introducir a los jóvenes principalmente en dinámicas lectoras que les llevaran a interesarse por obras de mayor calado intelectual; en palabras de Federica Montseny “eran, ante todo, una especie de anzuelo que se les tiraba, picaban, y poco a poco iban llegando más arriba en las lecturas” (Ruipérez, 1979: 26, 27). Su carácter moralista se completaba con un estilo realista y un lenguaje coloquial y sencillo que hacía a estas novelas asequibles por un público muy variado (Siguán Boehmer & Marco, 1981: 1214; Espigado Tocino, 2004: 467484; Maurice, 1995: 222).

La importancia de estas narraciones para el conocimiento de las dinámicas sociales de los años treinta y, en concreto, del pensamiento de muchos liberta rios es de gran riqueza. La novela, como fuente para la historia, permite ahon dar en la acción, los sentimientos, los valores y la realidad de los escritores y de la sociedad para la que escriben. Al tratarse de historias ficticias que son una traslación subjetiva de su realidad entre sus páginas se encuentran per sonajes estereotipados cuya misión principal consiste en que el lector emule o condene su comportamiento. Es precisamente esa falta de objetividad y deliberado subjetivismo lo que permite al historiador convertir la novela en tes timonio histórico de un periodo ya que, como señala Marisa Siguán Boehmer, a nivel literario carecen de gran interés por la simpleza de la construcción argu mental y unos personajes poco realistas. En muchos casos, parece importar más lo que se quiere decir a la forma de decirlo, de ahí que a través de sus per sonajes se puede conocer desde la óptica ácrata cómo se interpreta la sociedad burguesa y la imagen general que existe de los trabajadores, los empresarios, los militares, los clérigos, los hombres y las mujeres (Fuster García, 2011; Mo ginMartin, 2007; Caudet Roca, 2001; Siguán Boehmer & Marco, 1981: 36)17. Las historias de estos personajes sirven para condenar situaciones de repre sión y abuso policial, como le sucede a Julián encarcelado por robar leche para alimentar a su hijo enfermo en la obra El último baluarte de Francisco Caro Crespo. Su protagonista presenta, en el fondo, el prototipo de hombre nuevo, una persona de firmes ideales, masculino, activo y combativo contra las injusti cias (Caro Crespo, 1927: 332).

Son también historias utilizadas para defender un comportamiento ético ejemplar, como hace el personaje masculino de la novela de Mariano Gallardo en Tres prostitutas decentes, Paúl Lavay, que desde su posición de naturista con vencido señala: “Yo aspiro a transformar el hombre. A revolucionarlo. A hacer lo mejor, más perfecto, más decente, menos bruto, menos vengativo, más culto, más perfecto, menos vicioso y menos fanfarrón” (Gallardo, s.d.: 5). Antonia Maymón, a través de El hijo del camino, reivindica el libre ejercicio de la sexualidad individual con una historia sobre una relación extramatrimonial basada en la atracción física. En Luz en las tinieblas, Caro Crespo narra la unión entre una joven hermosa que sufre una violación –a consecuencia de la cual queda embarazada, pero para salvar su honor y el de su familia decide man tenerlo en secreto y abandonar al niño a su suerte– y un obrero pobre y bueno

· que había educado como propio al niño abandonado–. Mientras, la protago nista de Como palomas sin nido, de Mauro Bajatierra, es una mujer que se rebe la contra el “absurdo” de guardar sumisión incondicional a su marido, defen diendo su libertad natural para amar y ser amada. Carlos, en El hombre que huía de las mujeres de V. Roca, es un hombre liberado de la moral tradicional que huye de las mujeres que sólo buscan un marido que las mantenga sin llegar a sentir realmente el amor libre. Y en ¡Huyamos!, Ángel Pestaña defiende la nece sidad de renunciar por amor a todo (riquezas, familia y posesiones) y romper con la tradición y la sociedad burguesa. Son historias que exaltan lo dramático pero que, a pesar de que sus protagonistas padecen tragedias y sinsabores, aca ban siempre con un final feliz que genera en el lector la sensación de que la enseñanza moral transmitida es realizable y positiva (Maymón, S.D.; Caro Cres po, 1927; Roca, 1931; Pestaña, 1935; Bajatierra, 1934: 48).

A partir de estos relatos se desprende una concepción del individuo some tido a unas normas sociales que generan conflictos profundos, exaltándose el sentimentalismo como elemento conductual de estas novelas. Por esta razón, la mujer ocupa un lugar central en el protagonismo de la acción, tanto como modelo de comportamiento correcto como demostración de la conducta a des terrar. Mientras que, por lo general, el hombre ocupa un papel secundario siempre en función del papel representado por la fémina. La relevancia adqui rida por este tipo de obras entre la militancia libertaria hace que se publiquen de forma periódica a través de diversas series que abordaban a partir de una óptica abierta situaciones relacionadas con lo íntimo, la sexualidad, la pareja y el amor. Entre las colecciones más populares destacaban “La Novela Libre”, “La Novela Ideal” y “La Novela del Pueblo”. Las dos primeras eran publicacio nes dependientes de La Revista Blanca, órgano de la familia MontsenyMañé, de ahí que Federico Urales y Federica Montseny fueran sus autores más prolíficos.



Representación de las portadas de “la novela libre”, “la novela ideal” y “la novela del pueblo”, las tres colecciones más representativas de la novelística moralista ácrata durante los años treinta (Izquierda: 6. Gallardo, Mujeres libres..., s.d., portada. Centro: 7. Urales, s.d., portada. Derecha: 8. Pestaña, s.d., portada

Este tipo de novelística libertaria pretendía ser una alternativa real a la literatu ra de consumo burguesa, muy consumidas pero criticadas por su falta de con tenido crítico y denuncia social. Para el anarquismo, era una perversión con vertir el arte de escribir en una profesión lucrativa que únicamente persiguie ra satisfacer el ego personal. Éste debía servir para propagar la moral y la socie dad libertaria en toda su extensión ya que, fuera cual fuese la actividad desem peñada, el anarquismo siempre tenía presente que el fin de su lucha debía ser la instauración de una nueva sociedad (Litvak, 1981: 102108; Navarro Navarro, 1997: 172; Gutiérrez Molina, 2001: 106108)18.

2. Conclusiones

El presente trabajo muestra la importancia que adquirió en el anarquismo espa ñol, concretamente en la década de los años treinta, la lectura como medio fundamental en la educación y la formación de los militantes. Su importancia radica en ser una actividad que trasciende su concepción de ocio para ser con cebida como arma en el proceso de creación de una conciencia colectiva, críti ca y revolucionaria contraria al aparato estatal. Su función principal era crear individuos emancipados de la moral vigente y alineados éticamente con los postulados anarquistas en un idealismo de corte materialista y pragmático que situaba lo cultural en el centro del debate sobre la identidad ácrata. La “lectu ra escuchando” y la “lectura interna” se consagran como instrumentos esen ciales en el proceso intelectivo del militante con la confluencia de viejos mili tantes con jóvenes recién llegados a los círculos libertarios. Esto las convertía en dos herramientas fundamentales para el fortalecimiento de la cohesión interna, gracias a la socialización de los discursos teóricos y la prevención de interpretaciones doctrinales incorrectas.

Los ateneos libertarios, como centros de debate y crítica contra el poder, y sus bibliotecas se erigen en espacios centrales de sociabilidad al promocionar la cultura y permitir a sus militantes acceder al libro. Dichos centros se con virtieron en opción educativa frente a las escuelas estatales, vertebrando desde la infancia a la edad adulta una sociabilidad ácrata obrera fortalecida por la formación de grupos anarquistas y de jóvenes. La figura del barrio adquiere una relevancia especial al erigirse como espacio de cohesión grupal para la prác tica, no sólo de acciones revolucionarias a nivel nacional, sino para la mejo ra directa de la vida cotidiana de sus habitantes. Es una sociabilidad que nace del debate y la lectura común de todo tipo de obras, en una concepción tota lizadora y abiertamente moralista de la cultura para los ácratas. Esta labor, centralizada en torno a las librerías de estos centros culturales pero también de las obras vendidas a través de la prensa ácrata, estaba imbuida de cierto carác ter mesiánico y proselitista según la cual la sociedad, oprimida por el Estado burgués, el sistema capitalista y la moral religiosa dominante debía ser libera da. Liberación que estaba inexorablemente ligada al libro como recipiente del conocimiento universal.

Entre los distintos fondos temáticos divulgados, además de volúmenes cen trados en la crítica del Estado, la religión y la estructura económica capitalis ta, destacan temas relacionados con la sexualidad, la higiene, la medicina, la ciencia y la mujer que, sin embargo, ocupan un espacio reducido frente a la abundancia de esta literatura de signo sociológicomoralista. Entre las que destacarían las novelas de corte sociológico y claramente moralizantes que pre tenden extender entre la militancia la necesidad de modificar la conducta per sonal por medio de una “revolución de las conciencias”, como paso previo para la revolución política. Son obras que, sustituyen el realismo por una visión ideologizada y muy subjetiva de la realidad, todo desde una óptica ácrata, que lleva al lector a deducir que el anarquismo es la solución a todos los males. Dentro de los autores ácratas, destaca el hecho de que muchos de los principales propagandistas de la época, a pesar de que el discurso redentor se dirige a la clase obrera, no pertenecen a ésta por nacimiento, sino que tienen una edu cación de corte “burgués” y universitaria.

La prensa también jugó un papel importante en esta labor apologética de la lectura, ya que además de secciones en las que se intentaban fomentar obras de denuncia social, anticlericalismo, antimilitarismo o afirmación anarquista, se vendían y editaban libros y folletos diversos. En total, se han contabilizado más de mil doscientos volúmenes que demuestran el afán ácrata por fomentar a toda costa entre sus seguidores una cultura heterogénea y diversa, a la par que revolucionaria y subversiva. Sin embargo, la existencia de obras de unos autores y no otros evidencia un claro proceso de selección consciente por parte de las editoriales y los periódicos anarquistas. En el fondo, los libros puestos a la vente acabarían representando las ideas o principios que defendían dichas publicaciones aunque de forma indirecta, y enmascarado tras la defensa de la cultura y la ciencia de forma totalmente ecléctica. Aunque la existencia de una literatura profundamente ideologizada no es exclusiva del mundo libertario, en el movimiento anarquista, dado su carácter antiestatista y opuesto a la exis tencia de líderes, ésta cobraba una mayor importancia y poder.

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Notas

2 La Revista Blanca, 313, 18011935.
3 Solidaridad Obrera, 306, 13111931. Por ejemplo, la escuela del Ateneo Cultural de Defensa Obrera de Barcelona daba clases en abril de 1930 a un total de 400 niños de la barriada y la Escuela Natura del barrio del Clot tenía 250 alumnos. La Revista Blanca, 313, 18011935; Bajatierra, 1930: 912.
4 Acracia, 123, 16121936; Pluma Libre, 11, 20121936; Solidaridad Obrera, 306, 13111931.
5 Pluma Libre, 11, 20121936; Vía Libre, 60, 11121937; Solidaridad Obrera, 1730, 12111937.
6 La Revista Blanca, 245, 01081933; La Revista Blanca, 251, 01111933; La Revista Blanca, 312, 11011935; La Revista Blanca, 317, 15031935.
7 La Revista Blanca, 159, 01011930; El Sembrador, 52, 12121931; Trabajo, 2, 26071931; Solidaridad Obrera, 139, 09091933.
8 Solidaridad Obrera, 163, 23061934.
9 Corpus realizado a partir del análisis de 98 cabeceras de prensa anarquista publicada en España entre 1931 y 1938: 25 División (Híjar), A la Lucha (Figueras), Acción Proletaria (Va lencia), Acracia (Lérida), Adelante (Cuenca), Alba Roja (Premià de Mar), Amanecer (Barce lona), Antorcha (Las Palmas de Gran Canaria), Avance Marino (Guipúzcoa), Bakunin (Barcelo na), Boletín de la Industria Fabril y Textil (Badalona), Brazo y Cerebro (La Coruña), Brazo y Cerebro (Tarrasa), Butlletí Oficial de la Generalitat de Cataluña (Barcelona), Bulletí CNTFAI (Igualada), Campo (Barcelona), Cefa (Málaga), CNT Manchega (Albacete), Comunicaciones Libre (Barcelona), Confederación (Murcia), Crisol (San Sebastián), Cultura Ferroviaria (Madrid), Cultura Libertaria (Barcelona), Cultura Obrera (Palma de Mallorca), Cultura y Acción (Alcañiz), Cultura y Pedagogía (Jaén), Cultura y Porvenir (Seo de Urgel), Despertad (Vigo), El Amigo del Pueblo (Barcelona), El Eco Ferroviario (Málaga), El Frente (Pina de Ebro), El Libertario (Madrid), El Luchador (Barcelona), El Porvenir del Obrero (Alayor), El Productor Libre (Alcázar de Cervantes), El Quijote (Barcelona), El Sembrador (Igualada), En Marcha (Tenerife), Esfuerzo (Barcelona), Espartacus (Madrid), Espectáculo (Barcelona), Estudios (Va lencia), Ética (Valencia), FAI (Barcelona), Faro (Barcelona), Frente Libertario (Madrid), Frente y Retaguardia (Arguis), Germinal (Elche), Gerona CNT (Gerona), Hombres Libres (Guadix/ Baza), Ideas (Barcelona), Ideas Libres (Madrid), Iniciales (Barcelona), Inquietud (Soria), Inquie tudes (Alicante), La Calle (La Coruña), La Colmena Obrera (Badalona), La Protesta (Madrid), La Revista Blanca (Barcelona), La Verdad (Villajoyosa), La Voz de Artes Blancas (Madrid), La Voz del Campesino (Jerez), Letra Confederal (Alcázar), Liberación (Barcelona), Libertad (Cuenca), Línea de Fuego (Puebla de Valverde), Luz y Fuerza (Barcelona/Valencia), Mar y Tierra (Altea), Más Allá (Frente de Huesca), Mi Revista (Barcelona), Mujeres Libres (Bar celona), NosotrosFAI (Valencia), Nosotros (Valencia), Nuevo Aragón (Caspe), Nuevo Rumbo (Elda), Orto (Valencia), Pentalfa (Barcelona), Pluma Libre (Ribas de Freser), Proa (Elda), Rebelión (Barcelona), Redención (Alcoy), Revolución (Madrid), RevoluciónJJLL (Madrid), Elslander y Clémence Jacquinet), sanidad/sexualidad (Luis Kuhne, W. Wasro che, Prowsovski, Gregorio Marañón y Hildegart Rodríguez) y ciencia/evolu cionismo (Charles Darwin, Ludwig Büchner, Ernst Haeckel, Herbert Spencer y Marcellin Berthelot). En el caso de los literatos, sobresalen novelas de autores como Upton Sinclair (¡No pasarán!), Romain Rolland (JeanChristophe), Émile Zola (Germinal) y Panait Istrati (Kyra Semáforo (Valencia), Solidaridad (Gijón y Valencia), Solidaridad Obrera (Barcelona, La Co ruña, Huelva y Valencia), Solidaridad Proletaria (Sevilla), Tiempos Nuevos (Barcelona), Titán (Alcañiz), Trabajo (Soria), UGTCNT (Valencia), Vía Libre (Badalona), Vida (Gandía) y Vida Nueva (Tarrasa).
10 Faltan trabajos que muestren las relaciones y las diferencias contractuales entre el anarquismo español y el anarquismo francés, especialmente en las primeras décadas del siglo XX (Álvarez Junco, 1986: 360). Kyralina), en cuyas obras existe un po sicionamiento ideológico favorable al socialismo y a la clase obrera. Mientras, que el carácter moralista o crítico de las obras de Victor Hugo (Los Misera bles), Miguel de Cervantes (Don Quijote de la Mancha), Joaquín Dicenta (Juan José) y Fiódor Dostoyevski (Crimen y Castigo) las convierte en lectura obliga da para todo buen libertario.
11 Entre estos autores europeos destacan: Christian Cornelissen para el país neerlandés; Etta Federn y Pierre Ramus para Austria; August Spies, Gustav Landauer, Max Stirner y Rudolf Rocker para el caso alemán; y Eugen Relgis del lado rumano
12 Nosotros, 2, 01111937; Vía Libre, 20, 13021937.
13 Véase cita 3.
14 Véase cita 3.
15 Véase cita 3.
16 La Revista Blanca, 255, 07121933.Una síntesis interpretativa sobre el proceso de politización y alfabetización del proletariado a partir del estudio de las colecciones litera rias ácratas, en Navarro Navarro, 1997; Siguán Boehmer & Marco, 1981; Corderot, 2007: 129145.
17 Para un análisis introspectivo y pormenorizado de las características individuales por temática de las novelas publicadas en la colección “La Novela Ideal”, véase Siguán Boehmer & Marco, 1981: 76142.
18 Estudios, 91, Marzo1931.


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