Reportes de investigación

Dimensión personal y autonomía en historias de vida colectivas: significados otorgados por mujeres adultas ante el empoderamiento educativo

Personal dimension and autonomy in collective life stories: Meanings given by adult women in the face of educational empowerment

Joel Iglesias Marrero *
Universidad Anáhuac, México, México
Norma Angélica Ocampo García **
Gobierno del Estado de México, México
Fernando Olaya Castro ***
Instituto Universitario UNIEM, Estado de México, México

Dimensión personal y autonomía en historias de vida colectivas: significados otorgados por mujeres adultas ante el empoderamiento educativo

IE Revista de Investigación Educativa de la REDIECH, vol. 16, e2457, 2025

Red de Investigadores Educativos Chihuahua A. C.

Algunos derechos reservados.

Recepción: 05 Diciembre 2024

Aprobación: 14 Noviembre 2025

Publicación: 09 Diciembre 2025

Resumen: El presente estudio tuvo como objetivo comprender el significado que le confiere un grupo de mujeres adultas a las experiencias personales en el proceso de empoderamiento educativo, dando paso a la identificación de factores que favorecen y entorpecen su autonomía. Bajo el paradigma cualitativo, se usó la entrevista en profundidad y la técnica de redes semánticas naturales. Participaron siete mujeres adultas que estudian en una universidad privada del Estado de México; a través de sus historias de vida colectivas, construidas y analizadas en la etapa de la adultez, se identificaron factores impulsores e inhibidores de la autonomía. Se concluye que el nivel educativo y los conocimientos adquiridos en la universidad capacitan a las mujeres para asumir roles significativos, mejorar su desempeño en la sociedad y optimizar su situación económica. La educación ofrece oportunidades para el empoderamiento, la reivindicación de género y el crecimiento personal. La autoestima, la autonomía, la habilidad para expresar ideas y opiniones, así como la participación e influencia en nuevos espacios y la capacidad de tomar decisiones propias, son elementos que refuerzan el empoderamiento femenino. En contraste, factores vividos como la opresión internalizada, la dependencia económica, el machismo y la violencia verbal pueden socavarlo.

Palabras clave: autonomización, memoria colectiva, historia oral, educación de la mujer, estudiante adulto.

Abstract: The objective of this study was to understand the meaning that a group of adult women give to personal experiences in the process of educational empowerment, when pursuing bachelor’s degrees, giving way to the identification of the factors that favor and hinder their autonomy. Under the qualitative paradigm, in-depth interviews and the natural semantic networks technique were used, enabling the exploration of the personal dimension. Seven adult women who study at a private university in the State of Mexico participated; through their collective life stories, constructed and analyzed in the stage of adulthood, driving and inhibiting factors of autonomy were identified. It is concluded that the educational level and knowledge acquired at the university enable women to assume significant roles, improve their performance in society and optimize their economic situation. Education offers opportunities for empowerment, gender assertion and personal growth. Self-esteem, autonomy, the ability to express ideas and opinions, as well as participation and influence in new spaces and the ability to make one’s own decisions, are elements that reinforce female empowerment. In contrast, experienced factors such as internalized oppression, economic dependence, machismo and verbal violence can undermine it.

Keywords: empowerment, collective memory, oral history, women’s education, adult students.

Introducción

Los conflictos de género son tan antiguos como la propia humanidad, pero la conciencia social sobre los mismos cobra un especial significado en el contexto de la modernidad, ante las exigencias al derecho ciudadano y la especificidad en los documentos legales y políticos.

La reconceptualización sobre identidad de género, considerando su relación con el empoderamiento femenino, ha tenido fuertes cambios en las décadas recientes, basándose en la evolución de las nociones de resistencia, emprendimiento, desplazamiento, legalidad, perspectiva, discriminación y desigualdades (Aldana, 2005; Cañedo-Cázarez y Mendoza-Guerrero, 2017; Finke et al., 2021; Navas et al., 2021).

Sin embargo, el sistema que representa la unidad y lucha de contrarios entre sexo y género va conformando una estructura social con bastante desequilibrio entre los sexos. Aquí es en donde el factor empoderamiento de las mujeres puede considerarse como una sólida estrategia para confrontar la desigualdad, otorgando a lo femenino la posibilidad de decidir en las cuestiones individuales, colectivas y trascendentales (Urzelai, 2014; Verzosi y Carvajal, 2023).

Tomando en consideración las duras y persistentes realidades de las mujeres en la segunda década del siglo XXI, se resumen algunos de los puntos neurálgicos al afrontar la temática de la mujer, la empresa, el trabajo y el derecho (Banco Mundial, 2024; Hanna et al., 2023):

  1. • La pobreza es más palpable en las mujeres, tienen menos ingresos y oportunidades en casi todos los asuntos de la sociedad que los hombres.

    • Los problemas de exclusión y ausencia de empoderamiento son más visibles en la actuación social femenina, aunque se reconoce un relativo avance global en dichas cuestiones.

    • En muchos países las mujeres siguen padeciendo el efecto de diversas problemáticas sociales, como la exclusión en términos de empleabilidad, así como la disposición de su cuerpo y su rol comunitario, sin que opere un sistema legal a la altura de la segunda década del siglo XXI.

    • En el contexto caribeño y latinoamericano sigue prevaleciendo el trabajo femenino no remunerado y la limitación al sector educativo; se perpetua un bajo desarrollo profesional y laboral.

    • Las mujeres solo ocupan un bajo porcentaje de los puestos parlamentarios en la región y continúa la desigualdad para la conformación de grupos legisladores y altos funcionarios.

    • En la región las mujeres sufren numerosas agresiones físicas y psicológicas.

    • Los sistemas educativos no han avanzado lo suficiente para atender dignamente a las minorías étnicas y otros grupos desfavorecidos en todo sentido.

    • Los marcos jurídicos se han ido modificando pero queda mucho camino por recorrer en términos de equidad y género.

En México, uno de los ámbitos en donde la mujer se encuentra muy desfavorecida es la educación; “solo una de cada tres mujeres concluye la educación básica, con una participación decreciente en los niveles medios, en tanto que el porcentaje que llega a la educación superior es mínimo” (Nava y López, 2010, p. 48). El rezago escolar, las desigualdades de género en este ámbito, la condición de analfabetas o de estudios de primaria inconclusos, la obligación de trabajar de manera doméstica sin remuneración y no asistir a la escuela, siguen siendo realidades que exigen la aproximación científica y propuestas de soluciones inmediatas, siempre y cuando se comprenda el fenómeno. En la presente investigación se hace referencia al rezago y las desigualdades que atentan contra las oportunidades de las mujeres en contextos rurales o provenientes de familias obrero-campesinas (21.1% del total de las mujeres en México), pues su promedio de escolaridad es de 7.3 años y el de mujeres en contextos urbanos es de 10.2 años (INEGI [Instituto Nacional de Estadística y Geografía] e Instituto Nacional de las Mujeres [Inmujeres], 2021).

Ante este panorama que se describe a modo de introducción, digno de ser estudiado a profundidad en los distintos contextos y regiones, se estableció como objetivo de la presente investigación comprender el significado que le confiere un grupo de mujeres adultas a las experiencias personales en el proceso de empoderamiento educativo, al realizar estudios de licenciatura, para identificar los factores que favorecen y entorpecen su autonomía.

Revisión de literatura

El empoderamiento femenino puede entenderse como el proceso a través del cual las mujeres acrecientan la capacidad para reestructurar sus propias vidas y transformar en positivo su contexto. Por lo tanto, involucra una toma de conciencia sobre sí mismas, sobre su condición socioeconómica y su eficaz potencial relacional (Aguayo y Lamelas, 2012).

Desde esta idea se hace un llamado de atención sobre los procesos sociocognitivos, psicoeducativos y económicos que conducen al empoderamiento. Entonces se asume el imperativo de reconocimiento del derecho de la mujer y las condiciones sociales, políticas, económicas, en fin, culturales en las que puede desarrollarse pero también obstaculizarse. Los cambios exigen una acción reflexiva desde una mirada amplia, si de verdad se quiere transformar la realidad (Hernández y García, 2008).

El empoderamiento exige operar un sistema de procesos que se enfoca en potenciar la confianza en sí mismo, la autoestima, el sentido de eficacia individual o colectiva para hacer valer la dignidad como un derecho, es decir, mecanismos para recuperar el protagonismo social (López y Fernández, 2018; Postigo et al., 2024; Riaño y Okali, 2008).

También se puede definir el empoderamiento como proceso que involucra una transición que va desde la devaluación internalizada y el acceso limitado a herramientas hasta la creación de formas independientes, dirigidas a la obtención de metas, recursos y a los medios para alcanzarlas a través de una conciencia crítica de la opresión (Coelho et al., 2024). En este sentido, el empoderamiento implica experiencias autopercibidas o reales adecuadas, el control de los recursos y una transformación hacia metas autodeterminadas (Ruiz et al., 2016; Vega y Bermúdez, 2019).

Por lo tanto, el empoderamiento femenino es entendido como el proceso a través del cual las mujeres se reorganizan en lo familio-escolar-laboral, para aumentar su autonomía, para defender su derecho de pertenencia y para tomar decisiones fundamentadas y reflexivas sobre la propia subordinación (Aldana, 2005).

Entonces, esa actividad individual que se materializa en la personalización, dicho de otro modo, en un desarrollo personal que implica la formación de conceptos propios y de los suficientes argumentos para tomar decisiones fundamentadas, desplegando la capacidad de autonomía y autodeterminación, es llamada empoderamiento.

La valoración que una persona tiene sobre sí misma, incluyendo los aspectos de desenvolvimiento en un entorno seguro, se relaciona directa y positivamente con el empoderamiento. Se ha observado que hay una reducción del acto de empoderarse, dando lugar a procesos de desindividualización, en los momentos en que las personas persiguen una identidad grupal específica (Urzelai, 2014).

Las definiciones anteriores ponen el acento en diferentes factores, como procesos cognitivos, psicológicos y económicos, obstáculos mentales, reflexión crítica, confianza, autoestima, capacidad individual y grupal, cambio, dignidad, independencia, metas autodeterminadas, autonomía, toma de decisiones, subordinación, individuación, identidad y control de recursos, entre otros, lo cual da cuenta de la complejidad del concepto de empoderamiento.

Las relaciones entre mujeres y hombres son fundamentales socialmente hablando, puesto que exigen un ágil intercambio intergeneracional para la formación en valores, la transformación de normas y las prácticas socioculturales de cada contexto. Por ello, la sexuación de los humanos produce un intercambio simbólico en cada cultura y momento histórico, repercutiendo en el imaginario colectivo. Ahora bien, sin importar distinción por sexo, es un hecho esencial el que dicta que el otro es básicamente el otro sexo, teniendo implicaciones en un aparente malestar ante los significados de igualdad y desigualdad (Aguilera, 2023; Lamas, 2004; Saettele, 2011).

En este contexto, los medios de comunicación y las imponentes redes sociales se transforman en herramientas para perpetuar los roles y sus pilares en cada estereotipo cultural; al insistir en la división sexual de las tareas que ofrecen una plataforma propicia para un trato específico respecto a hombres y mujeres (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia [UNICEF], 2017). Pero también en estos mismos medios y en la forma de usar las nuevas tecnologías se encuentran las soluciones estratégicas para el empoderamiento femenino (Postigo et al., 2024; Rodríguez y Gutiérrez, 2017).

La explicación del género se centra fundamentalmente en la cultura. Este concepto ha evolucionado más allá de su origen antropológico, convirtiéndose en una de las herramientas más utilizadas para entender la condición humana en el ámbito de las ciencias sociales. En la actualidad se reconoce que la esencia de la cultura radica en su naturaleza simbólica, que entrelaza un conocimiento implícito. Sin este entendimiento no podría existir una interacción social ordenada y habitual, en la cual las personas comparten significados que no siempre son expresados de manera verbal o explícita, pero que son aceptados como verdades evidentes (Lamas, 2004).

La cultura surge de la interacción entre las personas y se ve influenciada por diversos factores, como el origen social y el capital educativo. Para entender las dinámicas de relación entre los miembros de una comunidad humana es fundamental considerar los rasgos epistemológicos, axiológicos y ontológicos de cada persona. Estos elementos no solo ayudan a comprender las interacciones vigentes sino que también revelan las potencialidades de transformación que posee esa cultura (Podestá, 2006).

Cuando se aborda el concepto de cultura se hace referencia a un fenómeno complejo en el que convergen elementos naturales y sociales. En este fenómeno tiene un lugar importante la totalidad heterogénea, que incluye una amplia variedad de productos materiales, manifestaciones intangibles y espirituales, que se desarrollan al nivel de la abstracción. Además, es importante destacar la naturaleza multifacética que tiene el poder de influir y transformar tanto la vida social como la natural (Ruby, 2002).

El término “cultura” resulta apropiado para englobar todas las manifestaciones distintivas de los seres humanos. Este concepto abarca una amplia gama de elementos, incluyendo las formas de desarrollo idiomático, científico-tecnológico, artístico, legal, moral y religioso, entre los principales aspectos. También incluye los instrumentos materiales o artefactos que concretan estas realizaciones culturales, ya que a través de ellos se materializan y ponen en práctica los aspectos intelectuales que caracterizan a la cultura (Altieri, 2001).

El uso original del término “género” se refiere exclusivamente a la distinción entre sexos. Sin embargo, en el ámbito de la teoría feminista se ha reinterpretado este concepto para enfocarse en las dimensiones culturales, diferenciándolo así de los aspectos biológicos. Esta nueva interpretación ha comenzado a ser adoptada en los estudios sociales, aunque presenta diversos retos. La confusión surge al utilizar un término tradicional con un significado renovado, lo que se complica aún más al emplear género como una categoría analítica y como un objeto de estudio empírico (Lamas, 2004).

La afirmación de que “no se nace mujer sino que se llega a serlo” subraya la construcción social del género femenino. La identidad de la mujer no está determinada por un destino biológico, psíquico o económico predefinido. En lugar de ello, es el contexto cultural, educativo y social el que moldea y define lo que significa ser mujer. Este proceso implica una serie de interacciones y aprendizajes que permiten a las mujeres adoptar roles y características que son valorados y reconocidos en su entorno (Pickard, 2023).

Así, la figura femenina emerge como un producto de la civilización, resultado de normas, expectativas y prácticas sociales que trascienden las diferencias biológicas. Además, la idea de que exclusivamente la mediación de otro puede constituir a un individuo como otro, resalta la importancia de las relaciones interpersonales en la formación de la identidad (Martínez-Bascuñán, 2015).

La construcción del ser femenino no ocurre en un vacío, requiere del reconocimiento y la interacción con los otros. A través de estas mediaciones las mujeres se ven reflejadas en los demás y encuentran su espacio en la sociedad. Esta dinámica no solo resalta la interdependencia entre individuos, sino que también pone de manifiesto cómo las identidades son el resultado de un proceso social continuo, en el cual cada persona juega un papel crucial en la definición del otro (Beauvoir, 2013).

En este plano, Lamas (2004) establece que el género se define como un conjunto de ideas, representaciones y prácticas que una cultura desarrolla a partir de las diferencias anatómicas entre hombres y mujeres. Estas construcciones culturales, además de simbolizar, también determinan lo que se considera propio de cada sexo, estableciendo así lo masculino y lo femenino en el contexto social.

Este enfoque permite entender cómo las sociedades interpretan y asignan significados a las características de cada género. A través de este marco, el género se convierte en un sistema que organiza y regula las relaciones entre los sexos. Las expectativas sociales y las normas culturales influyen en la manera en que hombres y mujeres se comportan, interactúan y son percibidos por los demás. Por ello el género no es simplemente una cuestión de biología, sino un constructo social que afecta profundamente la vida cotidiana de las personas.

Las construcciones socioculturales del género también juegan un papel crucial en la configuración de roles y estatus dentro de la sociedad. Estos roles pueden variar significativamente entre las diferentes culturas y los contextos históricos, reflejando las dinámicas de poder y privilegio que existen entre los géneros.

Así, los estereotipos asociados a lo masculino y lo femenino pueden limitar las oportunidades y experiencias de las personas en función de su género. Comprender el género como una construcción social permite reconocer la diversidad de experiencias humanas más allá de las diferencias biológicas. Al analizar cómo se configuran los roles, percepciones y estatus en una sociedad, se puede cuestionar y desafiar las normas establecidas, promoviendo una mayor equidad y justicia social para todos (Sánchez-Bayón, 2023).

La creación de normas culturales que regulan el comportamiento de hombres y mujeres es una función fundamental de la autoridad social. Esta producción cultural no ocurre de manera aislada, está influenciada por una compleja interacción entre diversas instituciones económicas, educativas, sociales, políticas y religiosas. Cada una de estas instituciones desempeña un papel crucial en la reconfiguración de las expectativas y roles de género, contribuyendo a la construcción de identidades que son aceptadas y perpetuadas dentro de la sociedad.

Esta dinámica resalta cómo las normas de género son el resultado de un proceso colectivo que se manifiesta a través de múltiples canales. Las instituciones no solo transmiten valores y creencias, dado que también actúan como agentes de cambio o resistencia ante nuevas ideas sobre el género. Se puede decir que la forma en que se construyen y se imponen estas normas culturales puede tener un impacto significativo en la vida cotidiana de las personas, afectando sus oportunidades, relaciones y el acceso a recursos en función de su género, siendo elementos distintivos del empoderamiento.

En este orden de ideas las fronteras de género se trazan para servir a una gran variedad de funciones de distinta naturaleza. Dichas fronteras son movibles, negociables y se vinculan con las normas de género que no siempre están explicitadas. Frecuentemente se transmiten a través del lenguaje e influyen en la forma en cómo se piensan y se dicen las cosas. Esto se manifiesta en el estilo en que han sido moldeadas las experiencias de las mujeres en relación con las de los hombres y la manera en que se han marcado las jerarquías sexuales y las inequidades del poder. Se deja ver la ambigüedad de los papeles de género (Lamas, 2013).

Empoderamiento educativo

Uno de los grandes problemas que ha enfrentado la educación a nivel mundial y en particular en México es la discriminación de género; las tradiciones y la cultura han influido en dicha problemática, de ahí que se han desarrollado objetivos a nivel internacional y nacional para promover la igualdad entre los sexos y la autonomía de la mujer (Lechuga et al., 2018).

De todos los tipos de empoderamiento que puede lograr una mujer, definitivamente el inicial tendría que ser el educativo, porque, como ya se ha puntualizado, no puede existir el proceso de empoderamiento si no existe previamente un proceso de concientización de la opresión o de la posición de desventaja ante una situación particular (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura [UNESCO], 2019).

Pero, ¿qué relación existe entre la educación de las mujeres y su empoderamiento para lograr su autonomía? ¿Habrá cambios a nivel nacional y mundial si las mujeres logran un empoderamiento educativo?

Es mediante el proceso educativo que las mujeres pueden reflexionar su cultura histórica, política y social que las mantiene en opresión. Incluso es mediante esta reflexión educativa, ya sea educación formal o informal (no necesariamente alfabetizadora), que logran expresar su malestar, escuchar sus propias necesidades psicológicas, de salud, económicas y entender a los especialistas de las diferentes áreas. La educación, por tanto, juega un rol de reconocimiento de derechos educativos, laborales, políticos, sociales, de salud y culturales (Ballarín e Iglesias, 2018).

La cultura que oprime a la mujer no puede empoderarla ni desarrollar positivamente a una comunidad o un país (Jiménez y Torres, 2023). Diversos estudios han relacionado el factor o nivel educativo de las personas con la economía, la salud, el desarrollo económico y el bienestar, concluyendo que a mayor nivel educativo mayores ventajas se reflejan en la sociedad, por lo que la inserción de las mujeres en la educación es un elemento importante a tomar en cuenta si se desea un desarrollo individual y colectivo (Organización de Estados Iberoamericanos [OEI], 2025; Ullah et al., 2025). También se ha estudiado qué factores generan deserción escolar en una sociedad particular, siendo estos factores generalmente económicos, de inclusión y por las tradiciones y cultura del núcleo familiar del educando (Leyva y Cárdenas, 2002).

Aunado a la problemática económica, regionalización y accesibilidad a las tecnologías de información de la sociedad se encuentra el problema de la calidad educativa, su evaluación y actualización. De acuerdo con Moreira (2012), la calidad educativa sigue siendo difícil de medir. Si bien existen pruebas internacionales como la prueba PISA (Programme for International Student Assessment), también existen investigaciones de corte social y educativo que refieren que estas pruebas no miden realmente los beneficios que una cultura de educación bancaria pueda tener en una sociedad como la de México, donde la diversidad cultural es tan heterogénea.

En México se está desarrollando actualmente un cambio educativo llamado “Nueva Escuela Mexicana”, que tiene como objetivos principales promover el desarrollo integral de los estudiantes, mejorar la calidad de la enseñanza y la formación docente, fomentar la participación de la comunidad educativa, mejorar los resultados educativos, promover la implicación del estudiantado, reforzar la formación del profesorado y garantizar la inclusión educativa (Villarruel y Villarruel, 2023); se espera que a través de sus principios fundamentales se logre equidad de género y una cultura de paz entre las diferentes culturas de México.

Las escuelas e instituciones de educación superior en México y el mundo no son los únicos lugares que se limitan a educar a su población, también los medios de comunicación, el medio artístico, las religiones, por citar ejemplos, logran mermar en los núcleos familiares. Así en su población, decidiendo los temas de interés y creando espacios de diálogo, la educación puede ser un factor de empoderamiento o de sometimiento a un dominio en particular, en este caso del patriarcado.

Existen programas políticos y talleres que buscan el empoderamiento de las mujeres de tipo económico y este también debe pasar inicialmente por un proceso de empoderamiento educativo, de forma que las mujeres logren entrenarse en temas de acceso al capital económico y la regulación del mismo. Cabe señalar el caso de que las mujeres en su biología tendrán que hacer una pausa que los hombres no necesariamente harán, por ejemplo en la maternidad de una mujer científica, dado que una pausa así puede cambiar por completo su carrera profesional. O como mencionan Cerros y Flores (2023), ser madre puede causar tensiones en el trabajo, en el estudio y la crianza, lo que fuerza a la mujer a renunciar a su carrera profesional y, por tanto, elimina su empoderamiento económico y educativo, lo que la deja en estado de vulnerabilidad.

En este mismo sentido, Goldin (2024) sostiene que dentro del ámbito laboral la mujer se enfrenta a diferentes problemas como la discriminación sexual, los prejuicios de género, el techo de cristal y la brecha profesional. Más aun, tener un trabajo y una familia representa para la mujer negociar problemas temporales y tomar decisiones complicadas además de tener mayor responsabilidad en el cuidado de la familia.

Metodología

La investigación se desarrolló desde el paradigma cualitativo, destacando la relevancia del contexto y la experiencia vivida por las mujeres en el ámbito educativo y social. Se optó por el enfoque de historias de vida dentro de un marco biográfico-narrativo, que permite dar voz a las experiencias individuales y resaltar la complejidad de las realidades sociales.

El método de las narrativas personales facilitó una comprensión más profunda de cómo algunas mujeres de San Antonio Acahualco viven y perciben sus circunstancias. La selección de participantes se realizó mediante un muestreo por conveniencia, eligiendo a siete mujeres de entre 32 y 40 años que cumplían criterios específicos, como ser mujer, haber terminado la preparatoria, vivir en la localidad de San Antonio Acahualco y estar inscritas en un programa local universitario con una beca aceptada.

También estas siete mujeres cuentan con al menos una computadora en casa, manifestaron poder tener gastos de esparcimiento de al menos $5,000 trimestrales, tener un ingreso promedio mensual en el hogar de $19,000 (en ocasiones obtenido en su totalidad por la misma mujer), tener acceso a internet y pagar servicio de Netflix, además de tener una vivienda propia o en proceso de pago. Toda esta información requerida para la selección de los sujetos participantes es representativa de un estilo de vida de clase media, en población rural mexicana, de acuerdo con datos de Abundis y León (2022) y del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2021).

Para la recolección de datos se implementaron dos técnicas principales: entrevistas en profundidad y redes semánticas naturales. Se garantizó el anonimato mediante claves asignadas a cada informante. Las sesiones se llevaron a cabo en entornos que respetaban la privacidad de las participantes, quienes también firmaron un consentimiento informado, asegurando así la ética en el proceso investigativo.

Resultados

La información materializada en las historias de vida y manejadas a un nivel colectivo, durante el trayecto de vida adulta y el análisis de la dimensión personal, permite llegar a los resultados que se enuncian a continuación.

Tabla 1
Datos generales de las mujeres participantes en el estudio
InformanteEdad en añosLugar de nacimientoOcupaciónNúmero de hijosAño de nacimiento
SF140AcahualcoEmpleada41982
SF232AcahualcoEmpleada21990
SF333AcahualcoEmpleada31989
SF438AcahualcoEstudiante31984
SF539AcahualcoEmpleada31983
SF640AcahualcoEmpleada21982
SF738AcahualcoEmpleada21984
Fuente: Elaboración propia.

Adultez

Su vida adulta era favorable, por un lado, y por otro complicada.

Buena, tengo una vida afortunada, y me gusta lo que estoy viviendo [SF1].

Muy agradable y pacífica, fue una etapa muy diferente a todas las demás, ya que tenía mucha más madurez para realizar acciones [SF2].

Favorable y la estoy viviendo plenamente, me gusta aprender de cada experiencia que me han pasado durante estos años [SF4].

Complicada, ya que es una etapa en la que las cosas cambian y en mi experiencia fue algo difícil de enfrentar [SF7].

La vida adulta plena o favorable considera la madurez, el equilibrio, los aprendizajes significativos, la adaptación y nuevas oportunidades para seguir creciendo, siempre y cuando se disponga de los recursos psicológicos y socioeconómicos apropiados (Torres et al., 2020).

Su vida familiar oscilaba entre sana y complicada.

Muy sana, aunque ya soy adulta mi familia y yo tenemos la misma conexión y una convivencia muy buena [SF1].

Complicada pero no es mala [SF4].

Difícil, ya era una etapa con varias dificultades y obstáculos [SF5].

No es fácil, me di cuenta que tiene complicaciones y obstáculos [SF7].

La vida familiar suele volverse complicada y llena de retos por razones de tiempo, desempleo, bajos ingresos económicos o problemas con los hijos, familiares y la pareja (Ceballos y Rodríguez, 2014), derivado de una sobrecarga de los roles femeninos y con repercusiones en la salud física y emocional de las mujeres (Aguiar y Gutiérrez, 2022; Ramos y Ramos, 2024). En muchos hogares la mujer trabaja para aportar dinero con la intención de apoyar en los gastos que se generan en la manutención de la familia; empero, sus condiciones laborales suelen estar permeadas por diferencias salariales, inestabilidad e inequidad económica. Esto repercute en la dificultad de pagar bienes y servicios inherentes a la subsistencia cotidiana; aunado a ello, las diferencias con los hijos y pareja, propias de la convivencia, limitan su autonomía y desarrollo integral (Juárez y Robles, 2017; Maldonado et al., 2024).

Todas vivieron en Acahualco en esa etapa de su vida, en un barrio cuya vida era buena para algunas y para otras difícil.

Buena, en ocasiones me preocupa [SF3].

En ocasiones es difícil [SF4].

Buena, era más tranquilo y pacífico [SF5].

Un poco insegura, ya existía mucho más la delincuencia [SF7].

Los barrios suelen experimentar un conjunto de problemáticas que atentan contra la calidad de vida de la comunidad, volviéndola frágil (Tapia, 2013).

Lograban advertir problemas sociales como la inseguridad y la pobreza.

Un poco de inseguridad, delincuencia, contaminación, desempleo [SF2].

Podría decir que pobreza en algunos lugares [SF4].

Pobreza, falta de apoyo, discriminación [SF5].

Mucha inseguridad, pobreza, delincuencia, falta a los derechos humanos [SF7].

La inseguridad y pobreza son problemas que se viven actualmente con mucha frecuencia dentro de las comunidades, lo cual ha alejado a los ciudadanos del transporte, las calles y espacios públicos en donde ahora ya no se divierten los niños y niñas, no se juntan los vecinos ni se recrea la población (Carvajal y Rivera, 2001).

Respecto a los problemas económicos, observaban desempleo y falta de recursos económicos.

Inflación, problemas económicos, falta de empleo [SF2].

Falta de recursos y empleos en mi comunidad [SF4].

Falta de empleo [SF5].

Falta de recursos, y falta de oportunidades en todas las comunidades [SF7].

El desempleo y subempleo son problemas que viven los mexicanos, con tasas del 2.9% y 7.1% respectivamente. Esto se refleja en cuestiones de género y nivel de estudios, según se reafirma en la Encuesta Nacional de Población y Empleo correspondiente a septiembre del 2025, con indicadores de la tasa de desocupación (en la población económicamente activa) de un 3.1% para las mujeres en comparación con un 2.8% para los hombres (INEGI, 2025), además de que la demanda de empleo es mayor al número de empleos disponibles (Hernández, 2020).

En cuanto a los problemas educativos, se percataban de la falta de apoyo a las escuelas y a los estudiantes.

Falta de apoyo a las instituciones [SF1].

No hay mucho apoyo para los que estudian, así como falta de oportunidades para estudiantes [SF2].

Casi ninguno, solamente no hay mucho apoyo a las escuelas con la infraestructura [SF3].

Muy poco interés y apoyo hacía las personas que no pueden estudiar por falta de recursos [SF7].

Las universidades públicas no han podido satisfacer la demanda de ingreso, además de que los apoyos a través de becas han sido insuficientes (López, 2019). La crisis del financiamiento público a las instituciones de educación superior mantiene un escenario de limitaciones para revertir la realidad actual del acceso y permanencia de las mujeres que quieren realizar estudios profesionales (Estrada, 2022).

A pesar de los intentos por ampliar la cobertura de los servicios de educación superior en todos los estados de la república mexicana, las brechas sociales y territoriales también se siguieron ampliando. En los últimos veinte años las brechas de la tasa bruta de cobertura de educación superior, respecto a la media nacional, se ampliaron en 17 estados, en cinco de ellos de manera preocupante (Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Michoacán y Tlaxcala), por lo cual en México el acceso a la educación superior continúa siendo un reto de gran magnitud por superar (Secretaría de Educación Pública [SEP], 2023). El Censo de Población y Vivienda 2020 realizado en México revela que solo dos de cada diez personas con 25 y más años cuentan con estudios de tipo superior, y solo tres de cada diez jóvenes de 18 a 22 años cursan una carrera profesional (INEGI, 2020).

Entre las experiencias trascendentes que tuvieron destacan asistir a la universidad, formar una familia, ser madre y relacionarse con personas.

Mi etapa universitaria [SF1].

Formar mi familia, fue una etapa única para mí ya que maduré demasiado [SF2].

Relacionarme con más personas de diferentes edades [SF4].

Ser madre y formar mi familia (SF6).

La experiencia de ser madre y formar una familia suele tener gran simbolismo para una mujer y representa también enfrentarse a una serie de retos en distintos ámbitos (Orozco y Mercado, 2019), como el familiar, el laboral, el educativo y el político-económico.

Un día ordinario en su vida adulta consistía en asistir al trabajo y atender las actividades domésticas.

Casa-trabajo [SF1].

Trabajar, atender mi casa [SF3].

Estar en casa, ir al trabajo, atender necesidades personales y llegar a la casa de nuevo [SF4].

Trabajar, atender mi casa y a mis hijos [SF6].

La situación de la mujer consistente en trabajar y atender las actividades del hogar es una lucha cotidiana que tiene que satisfacer las demandas de ambos aspectos de su vida, lo cual resulta complicado (Jiménez y Gómez, 2015).

Como mujeres adultas eran tratadas bien, con respeto.

Bien, con respeto, así como yo daba el mismo respeto [SF2].

Bien [SF3].

Bien [SF4].

Muy bien, con mucho respeto [SF7].

El respeto implica la consideración y cortesía con la que se trata a una persona en función de su dignidad como ser humano (Oliveros, 2018).

También tuvieron momentos críticos, como los problemas familiares.

Lo normal, pues, problemas con la pareja [SF3].

Problemas con mi familia, hijos [SF4].

Problemas familiares, económicos [SF6].

Problemas familiares, eran más consecuentes [SF7].

En la vida adulta las mujeres presentan problemas de tipo económico, de pareja y con los hijos, los cuales tienen que ver con los bajos ingresos, precariedad económica, desempleo, desigualdad económica, diferencias entre los miembros de las familias, vulnerabilidad social y desigualdad de género (Aguiar y Gutiérrez, 2022; Saavedra y Camarena, 2021).

Las relaciones que tuvieron con sus amigos y conocidos fueron sanas y buenas.

Sanas [SF1].

Buenas, seguía siendo una convivencia sana [SF2].

Buenas [SF3].

Buenas, en particular trataba de llevar una relación sana [SF7].

Las buenas relaciones entre los amigos están basadas en la cordialidad, el entendimiento y compartir espacios, ideas y proyectos en un ambiente de armonía (Rojas-Marcos, 2021).

Todas asistieron a la universidad. Su experiencia en ella fue buena y agradable.

Muy agradable y muy pacífica, una etapa muy inolvidable [SF2].

Fue buena, aprendí cosas nuevas y aprendí cosas interesantes e importantes [SF4].

Buena, a pesar de los problemas, me gustaba la escuela [SF5].

Muy agradable, me gustó esta etapa ya que me hizo madurar mucho más [SF7].

La experiencia en la universidad resulta nueva y agradable porque ingresar a la universidad genera una serie de emociones relacionadas con alcanzar expectativas personales, familiares, sociales y profesionales (Juárez y Silva, 2019).

Refieren que cuentan con pocas fotografías de esa etapa de su vida.

Pocas, no siguen un orden en concreto [SF3].

No tantas [SF4].

No muchas [SF6].

Pocas, pero sí [SF7].

Sobre ellas opinan que son significativas.

Agradables [SF1].

Son significativas [SF3].

Que son significativas [SF6].

Son momentos muy significativos plasmados en retratos [SF7].

Las fotografías suelen ser un recurso que evoca emociones agradables en muchos casos para las personas, en determinados años en el tiempo (Martínez, 2016).

Socializaban básicamente con la familia y vecinos.

Familia cercana y pocos amigos, no era muy sociable, solo convivía con la gente necesaria [SF2].

Vecinos, familiares [SF3].

Solo con mi familia [SF5].

Familia y vecinos [SF7].

La socialización en la familia y con otros actores implica relaciones fundadas en los valores, el respeto, igualdad, justicia, solidaridad, diálogo y comprensión, lo que refleja la cordialidad entre los participantes en la interacción (Tolino y Hernández, 2011).

Observaban que a algunas mujeres las trataban bien y a otras mal.

Algunas bien, existía la violencia hacia la mujer y los feminicidios aumentaban [SF2].

Algunas bien y otras mal [SF5].

Bien, no todas [SF6].

Casi todas, bien [SF7].

El maltrato hacia las mujeres impacta en diversas áreas de su vida: la salud, economía, vida sexual y reproductiva; además de que representa una fuente de sufrimiento y angustia en lo físico y psicológico. En contraste, el respeto hacia su persona favorece su desarrollo integral (Rodríguez, 2015).

Con la religión tenían un acercamiento de regular a mucho.

Sigo muy apegada a la religión [SF2].

No mucho, pero sí soy católica [SF3].

Mucho, soy muy allegada [SF4].

No tan apegado (SF6).

La religión constituye un pilar importante de la vida para algunas personas, aunque para otras no, que suele asociarse con la gratitud, el sentido, la esperanza, la humanidad y la justicia (Urchaga et al., 2019).

Su vida afectiva era buena.

Buena, mi madurez y capacidad era cada vez más grande, me siento orgullosa [de] lograr una vida afectiva [SF1].

Buena, me gustaba como iba manejando mi vida hasta ese momento [SF2].

Buena, en la vida adulta es mucho más madurez [SF4].

Buena, me siento querida y rodeada de amor [SF7].

Entre las características de la vida afectiva madura se encuentran ser procreativo, productivo, creativo y un clima de amor, respeto, cuidado y crecimiento (Bordignon, 2005).

Entre los deseos que tenían respecto a la familia, lo económico, lo social, lo educativo y lo político destaca el de mejorar económicamente y en la vida.

Mejorar económicamente, tener buena posición [SF4].

Seguir luchando por conseguir una mejor vida, tener más aspiraciones [SF5].

Tener una familia buena, seguir creciendo económicamente y poder terminar mis estudios [SF6].

Mejorar mi vida económica, tener una mejor familia y superarme personalmente [SF7].

Una de las aspiraciones de las mujeres consiste en mejorar económicamente, lo que está ligado también con terminar los estudios y formar una familia. Esto se puede lograr en la medida en que sean más productivas, que tengan un trabajo bien remunerado y estable, para lo cual tiene que haber igualdad de oportunidades y evitar la discriminación (Del Castillo, 2023).

Todas pertenecían a la clase media. Las personas que pertenecen a la clase media tienen determinados beneficios, como estabilidad laboral, ingresos por encima del promedio poblacional que permiten vivir sin apuros amenazantes, desean mejorar su condición económica y pueden darse algunas comodidades (Gastelum, 2011).

Discusión

En la dimensión personal, la autoconfianza, la autoestima, la capacidad generadora de cambio, el sentido de ser mujer y la dignidad estuvieron influidas por la educación recibida en la universidad, la familia, la independencia económica, el ahorro, el buen trato, los hijos y la autovaloración. Por el contrario, dudar de las propias capacidades, la interacción con personas irrespetuosas, los comentarios inadecuados, la incomprensión de sí mismas, los malos pensamientos, la desigualdad laboral, la falta de tiempo, no saber manejar el cambio, el machismo, la manipulación, los estereotipos, el miedo, la inequidad y la inseguridad económica las limitaron.

A partir de lo anterior es posible advertir que son varios los elementos que impulsaron el empoderamiento de las mujeres en el ámbito educativo. Por ejemplo, las mujeres adultas que asisten a la universidad son personas que retoman sus estudios superiores a una edad atípica, por lo cual tienen que afrontar distintas adversidades en dicha institución, en la familia y en el trabajo.

A pesar de ello toman el control de su proceso formativo y construyen su conocimiento teniendo como apoyo las clases, los libros, el internet y las asesorías. Este esfuerzo se ve recompensado cuando ellas se desarrollan como personas en los distintos ámbitos de su vida y logran tener mayor control sobre esta, tomando decisiones como resultado de sus aprendizajes (Vargas, 2017).

En el núcleo familiar, contar con una pareja e hijos las motiva a seguir adelante. Empero, enfrentan grandes exigencias en lo que respecta a la ejecución de tareas económicas y reproductivas. Asumen la responsabilidad de labores que son centrales en la organización de la vida familiar como hacer la comida, cuidar y educar a los hijos y el esparcimiento, entre otras (Aguiar y Gutiérrez, 2022).

Si a lo anterior se le suma rodearse de personas positivas, que sean buenos ejemplos de superación, su desarrollo comienza a mejorar. Roa (2013) considera que la mejor forma de desarrollar la autoestima, como parte esencial del empoderamiento, es mediante la construcción de un clima de relaciones en el cual, en este caso la mujer, experimente seguridad, respeto, libertad, aceptación, comprensión y apoyo de los demás. En este contexto, García et al. (2022) llegaron a la conclusión de que el espacio personal y el ambiente cercano influyen en gran medida en el proceso de empoderamiento.

Por otro lado, desde el punto de vista de los factores que inhibieron el empoderamiento educativo en las mujeres se pueden identificar varios tópicos preocupantes, como por ejemplo los malos tratos hacia ellas ya que son diversos y complejos, con el potencial de lesionar sus derechos fundamentales; los tabúes, la desigualdad social, las faltas de respeto, la inequidad, los estereotipos, la desigualdad laboral, la manipulación, el machismo, los comentarios inadecuados y tratar con personas irrespetuosas. Al respecto, Rodríguez (2023) sostiene que una gran cantidad de mujeres son objeto de graves acciones que atentan contra su dignidad y que tienen fuertes raíces históricas, sociales, económicas y culturales.

La problemática económica está ligada a la insuficiencia de recursos pecuniarios. García et al. (2022) encontraron que los bajos salarios, el trabajo invisible, el subempleo y el desempleo inhiben de manera importante el empoderamiento de las mujeres porque impactan de manera sustancial su vida personal y familiar al limitar la satisfacción de sus necesidades básicas de subsistencia y desarrollo.

Un elemento más a considerar es la autoestima en las mujeres. El grado de autoestima se relaciona con la valoración que una persona tiene acerca de sus capacidades. En este caso, cuando la mujer tiene baja autoestima posee poca confianza en sí misma, tiene dificultades para aplicar ideas y desarrollar proyectos, es tímida, tiene miedo de no estar a la altura de las circunstancias, es indecisa, evita asumir riesgos, duda de sus capacidades, etcétera. Este conjunto de rasgos afecta seriamente el empoderamiento educativo de las mujeres (Alomaliza y Flores, 2023). Aquí se puede constastar con lo que en teoría se ha planteado al respecto del potencial del empoderamiento (López y Fernández, 2018; Postigo et al., 2024; Riaño y Okali, 2008), ya que de manera contextualizada existen factores limitantes al convivir en una cultura que obstaculiza la construcción de relaciones con base en el respeto, la libertad y la aceptación (Roa, 2013).

Otro factor que pone en desventaja a las mujeres en cuanto a su empoderamiento educativo tiene que ver con la falta de información. En muchas ocasiones no cuentan con información confiable para tomar decisiones razonables. Esta ignorancia las coloca también en una relación asimétrica respecto al poder que ejercen sobre ellas determinadas personas (Barbier et al., 2021).

La desorganización en diferentes contextos y actividades también afecta la vida personal, profesional y social de las mujeres en su camino hacia la autonomía. Esto puede llevar a no alcanzar los objetivos que se proponen, distorsionar hechos o provocar conflictos.

La falta de oportunidades y apoyo es otra adversidad que padecen las mujeres en México. Esta desigualdad de oportunidades es recurrente en todo el orbe. Hanna et al. (2023) son contundentes al afirmar que la desigualdad, aparte de restringir el desarrollo socioeconómico, contrae la disminución de la pobreza y echa por los suelos el sentido de realización y autoestima de las mujeres.

Finalmente, la lejanía de la familia que padecen mujeres en esa etapa de la vida es un elemento importante a considerar en las limitaciones al empoderamiento. Por contraer matrimonio, formar un hogar o tener diferencias interpersonales ellas llegan a tener cierta lejanía psicológica o espacial de la familia parental. Es una situación que les genera melancolía y estrés. Además debilita sus vínculos afectivos y en determinado momento disminuyen sus apoyos cuando tienen alguna necesidad importante (Sornoza-Macías y Román-Cao, 2022).

Conclusiones

En el periodo de la vida adulta de las mujeres participantes en el estudio el contexto familiar se caracterizó por varias particularidades interconectadas con la buena convivencia, vivir en barrios tranquilos, pero también una situación compleja al ser madres de familia, asistir al trabajo y tener problemas familiares.

En lo socioeconómico había inseguridad, pobreza, desempleo, maltrato y acercamiento a la religión. En el ámbito escolar, aunque observaban falta de apoyo a las escuelas tenían experiencias agradables en la universidad. En este escenario se incorporaron elementos que hicieron más compleja su vida, lo cual repercutió en una forma de vivir el empoderamiento.

En la dimensión personal, la educación universitaria, la familia, la independencia económica, los hijos y la autovaloración influyeron positivamente. Por el contrario, las personas irrespetuosas, la incomprensión, la desigualdad laboral, el machismo, la manipulación, los estereotipos, el miedo, la inequidad y la inseguridad económica actuaron de manera negativa.

Se puede concluir que la percepción de las mujeres apunta a que el nivel educativo y los conocimientos obtenidos en la universidad le permiten a la mujer ocupar puestos relevantes, un mejor desenvolvimiento en la sociedad y mejorar su economía. La escuela propicia oportunidades de empoderamiento, vindicación de género y superación personal. La autoestima, la autonomía, la facilidad para expresar ideas y opiniones, la participación e influencia en nuevos espacios y tomar decisiones propias fortalecen el empoderamiento femenino; por el contrario, la opresión internalizada, la dependencia económica, el machismo y la violencia verbal lo debilitan.

Implicaciones

La investigación basada en las historias de vida tiene un valor teórico y práctico fundamental, ya que permite explorar la relación dialéctica y la negociación diaria entre aspiraciones y posibilidades, así como entre crecimiento y aceptación. El enfoque biográfico-narrativo se nutre de la vida cotidiana y del sentido común, a través de las explicaciones y reconstrucciones que cada persona realiza para afrontar su existencia y sobrevivir día a día. Se trata de una manera innovadora de abordar el fenómeno social desde la perspectiva de las involucradas. También considera el significado emocional que tienen los objetos, las situaciones, las experiencias y las relaciones que impactan a las personas. Investigar desde esta perspectiva es esencial para comprender el factor humano en las mujeres, reconociendo su fuente interna de empoderamiento y su conexión con el ámbito comunitario.

Los resultados de esta investigación contribuyen a comprender los factores impulsores del empoderamiento en el contexto en que viven las mujeres participantes. Otros estudios, como los cuantitativos, son insuficientes para identificar la complejidad de los procesos sociales y personales porque no se vive el empoderamiento de la misma manera en todos los contextos. La información obtenida es relevante porque se convierte en un insumo para políticas públicas que pretendan atender a futuro casos similares en este tipo de comunidades.

Por lo tanto, se sugieren como líneas futuras de investigación: el empoderamiento educativo de la mujer desde la integridad de saberes; el fortalecimiento de la autoestima, derechos humanos y asertividad; el empoderamiento educativo de la mujer desde la perspectiva de Michel Foucault. Estas líneas son ejes fundamentales para que las autoridades educativas puedan utilizar investigaciones como la presente para abrir espacios educativos a nivel superior, que les permitan a las mujeres estudiar una licenciatura, tomando en cuenta las condiciones propias y reales en las que viven.

Referencias

Abundis, F., y León, L. (2022). La clase media como identidad política en México: análisis de las elecciones de 2021. Revista Mexicana de Opinión Pública, (32), 33-55. https://doi.org/10.22201/fcpys.24484911e.2022.32.80697

Aguayo, E., y Lamelas, N. (2012). Midiendo el empoderamiento femenino en Latinoamérica. Regional and Sectoral Economic Studies, 12(2), 123-132. https://www.usc.es/economet/reviews/eers12213.pdf

Aguiar, M. E., y Gutiérrez, H. (2022). Desigualdad de género y cambios sociodemográficos en México. Nóesis. Revista de Ciencias Sociales y Humanidades, 26(51), 2-19. https://doi.org/10.20983/noesis.2017.1.1

Aguilera, R. (2023). Pasaje de la sexualidad a la sexuación: del mito a la ontología negativa. Affectio Societatis, 20(38), 1-32. https://doi.org/10.17533/udea.affs.v20n38a05

Aldana, A. V. (2005). Empoderamiento femenino: alternativa ética del conflicto entre sexismo e identidad de género: una oferta equitativa en las grietas económicas del sistema. CIELAC/IDEHU/UPOLI. https://biblioteca.clacso.edu.ar/Nicaragua/cielac-upoli/20120806030204/aldana21.pdf

Alomaliza, C. E., y Flores, V. F. (2023). Autoestima y resiliencia en mujeres. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, 4(1), 392-405. https://doi.org/10.56712/latam.v4i1.252

Altieri, A. (2001). ¿Qué es la cultura? La Lámpara de Diógenes, 2(4), 15-20. https://es.scribd.com/document/360152377/que-es-la-cultura-pdf

Ballarín, P., e Iglesias, A. (2018). Feminismo y educación. Recorrido de un camino común. Historia de la Educación, (37), 37-67. https://doi.org/10.14201/hedu2018373767

Banco Mundial (2024). Resumen ejecutivo. La mujer, la empresa y el derecho 2024. Banco Mundial, Washington, DC. https://openknowledge.worldbank.org/server/api/core/bitstreams/2682c448-558b-44a2-974c-239eea51218e/content

Barbier, L., Boudia, S., Goumri, M., y Moizard-Lanvin, J. (2021). Ignorancia(s). Ampliar el enfoque. Revue d’Antropologie des Connaissances, 15-4. https://journals.openedition.org/rac/25545

Beauvoir, S. (2013). El segundo sexo. Debolsillo.

Bordignon, N. A. (2005). El desarrollo psicosocial de Erik Erikson. El diagrama epigenético del adulto. Revista Lasallista de Investigación, 2(2), 50-63. https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=69520210

Cañedo-Cázarez, S., y Mendoza-Guerrero, J. M. (2017). Desplazamiento forzado y empoderamiento femenino: el caso de la presa picachos en el sur de Sinaloa, México. El Ágora USB, 17(2), 370-386. https://doi.org/10.21500/16578031.3279

Carvajal, G., y Rivera, D. (2001). Informe sobre violencia y criminalidad urbana en la ciudad de San José. Un estudio exploratorio. Diálogos Revista Electrónica de Historia, 2(3), 1-38. https://doi.org/10.15517/dre.v2i3.6321

Ceballos, E., y Rodríguez, J. (2014). Usos del tiempo y conflicto familiar. International Journal of Developmental and Educational Psychology, 6(1), 77-84. https://www.redalyc.org/pdf/3498/349851790007.pdf

Cerros, E., y Flores, A. L. (2023). Maternidades universitarias: tensiones entre trabajo, estudio y crianza. Ixaya. Revista Universitaria de Desarrollo Social, 13(25), 11-27. https://revistaixaya.cucsh.udg.mx/index.php/ixa/article/view/7748

Coelho, C. T., de Faria, V., da Silva, J., Schulter, I. T., Heidemann, B., Kuntz, M., Soares, K., Gomes, S., y Paes, S. E. (2024). Empoderamento e autonomia na perspectiva de Paulo Freire. Saúde em Redes, 10(sup.2). https://doi.org/10.18310/2446-48132024v10nsup2

Del Castillo, M. (2023). La distribución del ingreso y la riqueza. Nuevas aproximaciones conceptuales y metodológicas. CEPAL. https://repositorio.cepal.org/server/api/core/bitstreams/137bcd3c-aa23-460e-89e0-d96a543b83c9/content

Estrada, M. Á. (2022). La crisis de las universidades públicas estatales de México: análisis del instrumento de la política de financiamiento federal 2013-2018 y tendencias a 2024-2030. INAP. https://inap.mx/wp-content/uploads/2022/08/1er-Premio-INAP_2021-PAG.-WEB.pdf

Finke, J., Osorio-Tinoco, F., y Pereira, F. (2021). Empoderamiento femenino, emprendimiento y pobreza. El caso colombiano. Cuadernos de Administración, 34. https://doi.org/10.11144/Javeriana.cao34.efepcc

García, V. F., Cruz, E., y Mejía, C. (2022). Factores que impulsan e inhiben el empoderamiento femenino: una revisión de literatura. Revista Reflexiones, 101(1). https://doi.org/10.15517/rr.v101i1.43649

Gastelum, J. (2011). Clase media. Razón y Palabra, (78). https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=199524192031

Goldin, C. (2024). Carrera y familia: el largo viaje de las mujeres hacia la igualdad. Taurus.

Hanna, T., Meisel, C., Moyer, J., Azcona, G., Bhatt, A., y Duerto, S. (2023). Forecasting time spent in unpaid care and domestic work: Technical brief. UN Women. https://www.unwomen.org/sites/default/files/2023-10/technical-brief-forecasting-time-spent-in-unpaid-care-and-domestic-work-en.pdf

Hernández, J. (2020). Desempleo en México por características sociodemográficas, 2005-2018. Economía UNAM, 17(50), 166-181. https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1665-952X2020000200166

Hernández, J. E., y García, R. (2008). Instrumento para medir el empoderamiento de la mujer. Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. https://archivos.ujat.mx/2011/difusion/libros/10.pdf

INEGI [Instituto Nacional de Estadística y Geografía] (2020). Censo de Población y Vivienda (CPV) 2020. https://www.inegi.org.mx/programas/ccpv/2020/#tabulados

INEGI (2021, nov.). Cuantificando la clase media en México 2010-2020. https://www.inegi.org.mx/contenidos/investigacion/cmedia/doc/cm_desarrollo.pdf

INEGI (2025, sep. 29). Sumó 61.3 millones de personas la población económicamente activa, en agosto de 2025: 274 mil menos que en agosto de 2024 [Boletín de indicador 537/25]. https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2025/iooe/IOE2025_09.pdf

INEGI, e Inmujeres [Instituto Nacional de las Mujeres] (2021). Mujeres y hombres en México 2020. INEGI. http://cedoc.inmujeres.gob.mx/documentos_download/mujeresyhombresenmexico2020_101353.pdf

Jiménez, A., y Gómez, V. (2015). Conciliando trabajo-familia; análisis desde la perspectiva de género. Revista Diversitas. Perspectivas en Psicología, 11(2), 289-302. www.scielo.org.co/pdf/dpp/v11n2/v11n2a10.pdf

Jiménez, R., y Torres, G. A. (2023). Empoderamiento colectivo de la mujer desde la economía social solidaria en el Centro de Desarrollo Comunitario Centéotl, Oaxaca, México. Cooperativismo & Desarrollo, 31(126). https://doi.org/10.16925/2382-4220.2023.02.02

Juárez, A., y Silva, C. (2019). La experiencia de ser universitario. CPU-e. Revista de Investigación Educativa, (28). https://doi.org/10.25009/cpue.v0i28.2597

Juárez, M. A., y Robles, E. (2017). Tareas de crianza y los conflictos de pareja: la importancia del proceso terapéutico. Revista de Psicología de la Universidad Autónoma del Estado de México, 6(11), 43-60. https://revistapsicologia.uaemex.mx/article/view/13350/10333

Lamas, M. (2004). Diferencias de sexo, género y diferencia sexual. Cuicuilco, 7(18), 95-118. https://revistas.inah.gob.mx/index.php/cuicuilco/article/view/360

Lamas, M. (comp.) (2013). El género. La construcción cultural de la diferencia sexual. Porrúa/PUEG.

Lechuga, J., Ramírez, G., y Guerrero, M. (2018). Educación y género. El largo trayecto de la mujer hacia la modernidad en México. Economía UNAM, 15(43), 110-139. https://www.scielo.org.mx/pdf/eunam/v15n43/1665-952X-eunam-15-43-110.pdf

Leyva, S., y Cárdenas, A. (2002). Economía de la educación: capital humano y rendimiento educativo. Análisis Económico, 17(36), 79-106. https://www.redalyc.org/pdf/413/41303603.pdf

López, M. (2019). La desigualdad en educación superior en México a través del estudio de las trayectorias escolares. Revista CoPaLa. Construyendo Paz Latinoamericana, (7), 175-187. https://www.redalyc.org/pdf/6681/668170994011.pdf

López, M., y Fernández, A. (2018). Museos en femenino: un proyecto sobre igualdad, empoderamiento femenino y educación. Storia delle Donne, 14(1), 103-124. https://doi.org/10.13128/SDD-25661

Maldonado, E. J., González-Argote, D., Eslava-Zapata, R., y Pérez-Gamboa, A. J. (2024). Las brechas laborales que afectan a las mujeres desde la perspectiva de las ciencias económicas: un análisis de la producción científica en la base de datos Scopus. Suma de Negocios, 15(33), 167-181. https://doi.org/10.14349/sumneg/2024.V15.N33.A9

Martínez-Bascuñán, M. (2015). Simone de Beauvoir y la teoría feminista contemporánea: una visión y crítica. RJUAM, (31), 331-348. https://revistas.uam.es/revistajuridica/article/view/6472/8018

Martínez, Ó. (2016). La fotografía como instrumento terapéutico en salud mental. Átopos. Salud mental, comunidad y cultura, (17), 66-83. https://www.atopos.es/images/atopos17/la_fotografia_como_instrumento_terapeutico.pdf

Moreira, M. A. (2012). La teoría del aprendizaje significativo crítico: un referente para organizar la enseñanza contemporánea. Unión - Revista Iberoamericana de Educación Matemática, 8(31). https://revistaunion.org/index.php/UNION/article/view/835

Nava, D. C., y López, M. G. (2010). Educación y discriminación de género. El sexismo en la escuela primaria. Un estudio de caso en Ciudad Juárez. El Cotidiano, (164), 47-52. https://www.redalyc.org/pdf/325/32515894007.pdf

Navas, H. C., Malpartida, A. B., y Carranza, R. F. (2021). Identidad de género y empoderamiento femenino en las habitantes de la asociación de vecinos Quinta Elena, 2020. Apuntes Universitarios, 11(3), 331-347. https://doi.org/10.17162/au.v11i3.709

OEI [Organización de Estados Iberoamericanos] (2025). Hacia una nueva educación: ideas fuerza para guiar la transformación. https://oei.int/wp-content/uploads/2025/06/transf-educ-ideas-fuerza-web.pdf

Oliveros, M. (2018). El respeto. Revista Médica Basadrina, 12(2), 39-40. https://doi.org/10.33326/26176068.2018.2.642

Orozco, A. E., y Mercado, M. (2019). Factores de riesgo y protección asociados a la experiencia de ser madre: un estudio comparativo entre México y los Estados Unidos. Diversitas. Perspectivas en Psicología, 15 (1), 39-50. www.scielo.org.co/pdf/dpp/v15n1/1794-99-98-dpp-15-01-73-87.pdf

Pickard, S. (2023). Beauvoir or Butler? Comparing ‘Becoming a woman’ with ‘Performing gender’ through the life course. Analyse & Kritik, 45(2), 215-241. https://doi.org/10.1515/auk-2023-2010

Podestá, P. (2006). Un acercamiento al concepto de cultura. Journal of Economics, Finance and Administrative Science, 11(21), 25-39. https://www.redalyc.org/pdf/3607/360733601002.pdf

Postigo, I., Linares, M., y García, L. (2024). Hacia la igualdad de géneros: comunicación para el empoderamiento femenino. UOC.

Ramos, A. M., y Ramos, V. M. (2024). Realidad social y económica de las mujeres desempleadas en la provincia Valverde, República Dominicana. Revista Espacios, 45(6), 12-22. https://doi.org/10.48082/espacios-a24v45n06p02

Riaño, R., y Okali, C. (2008). Empoderamiento de las mujeres a través de su participación en proyectos productivos: experiencias no exitosas. Convergencia. Revista de Ciencias Sociales, 15(46), 119-141. https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=10504606

Roa, A. (2013). La educación emocional, el autoconcepto, la autoestima y su importancia en la infancia. Edetania, (44), 241-257. https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4596298.pdf

Rodríguez, A. S. (2023). Presentación. En M. Lamas y A. S. Rodríguez, Lo personal es político. UNAM/CIEG/Penguin Random House.

Rodríguez, J. R. (2015). El respeto de la dignidad de la persona humana y el proceso de formación integral de los estudiantes de la Facultad de Educación y Humanidades de la Universidad Católica Los Ángeles de Chimbote. [Tesis de doctorado, Universidad Nacional de Educación a Distancia]. https://hdl.handle.net/20.500.14468/18749

Rodríguez, M. P., y Gutiérrez, M. (2017). Femvertising: female empowering strategies in recent Spanish commercials. Investigaciones Feministas, 8(2), 337-351. https://doi.org/10.5209/INFE.54867

Rojas-Marcos, L. (2021). 2021 Retos vitales para una nueva era. Convivir saludablemente: el arte de cultivar nuestras relaciones. McGraw-Hill/Real Academia Europea de Doctores/Fundación RAED. https://fundacionraed.org/documentos/2021-retos-vitales/laura-rojas-marcos-convivir-saludablemente-el-arte-de-cultivar-nuestras-relaciones.pdf

Ruby, C. (2002). La cultura: ¿modelo, formación, ejercicio? Nómadas, (5). https://www.redalyc.org/pdf/181/18100514.pdf

Ruiz, A. P., Turnbull, B. E. y Cruz, C. (2016). Construcción del concepto de empoderamiento en el hogar en un grupo de mujeres del Estado de México (México). Enseñanza e Investigación en Psicología, 21(2), 153-160. https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=29248181005

Saavedra, M. L., y Camarena, M. E. (2021). Las brechas de género y el empoderamiento femenino en México. GénEroos, 27(28), 219-246. https://revistasacademicas.ucol.mx/index.php/generos/article/view/71

Saettele, H. (2011). Los dilemas del sexo: (a-) sexuación, (in-) diferencia, (des-)igualdad. La Ventana, 4(33), 8-41. https://www.scielo.org.mx/pdf/laven/v4n33/v4n33a3.pdf

Sánchez-Bayón, A. (2023). Análisis neoinstitucional de la cuestión de género: paradoja y efectos indeseados. Dixi, 26(1). https://doi.org/10.16925/2357-5891.2024.01.01

SEP [Secretaría de Educación Pública] (2023). Programa Nacional de Educación Superior 2023-2024. https://educacionsuperior.sep.gob.mx/sites/default/files/2025-01/22.pdf

Sornoza-Macías, A. S., y Román-Cao, E. (2022). Influencia del distanciamiento social en la relación intrafamiliar con los adultos mayores. Revista Científica en Investigación de la Salud Gestar, 5(9), 14-31. https://doi.org/10.46296/gt.v5i9edespab.0062

Tapia, V. (2013). El concepto de barrio y el problema de su delimitación: aportes de una aproximación cualitativa y etnográfica. Bifurcaciones, (12). https://www.bifurcaciones.cl/wp-content/uploads/2013/03/bifurcaciones_012_Tapia.pdf

Tolino, A. C., y Hernández, M. Á. (2011). Luces y sombras de la convivencia familiar. International Journal of Developmental and Educational Psychology: INFAD Revista de Psicología, 2(1), 541-552. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5482736

Torres, F., Zacarés, J. J., y García, Ó. F. (2020). Convertirse en adulto hoy: la “transición interminable”. En E. Sandoval, E. Serra y Ó. F. García (eds.), Nuevas miradas en psicología del ciclo vital (pp. 121-152). RIL. https://www.researchgate.net/publication/344538682_Convertirse_en_adulto_hoy_la_transicion_interminable

Ullah, S., Gul, A., Shah, S. M., Uzair, M., Khan, K., Ismail, M., y Amjad, M. J. (2025). Impact of female education on the economic growth: A case study of Pakistan. Journal of Asian Development Studies, 14(1), 205-217. https://doi.org/10.62345/jads.2025.14.1.16

UNESCO [Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura] (2019). Del acceso al empoderamiento. Estrategia de la UNESCO para la igualdad de género en y a través de la educación 2019-2025. Perfiles Educativos, 42(167), 198-218. https://doi.org/10.22201/iisue.24486167e.2019.167.59695

UNICEF [Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia] (2017). Comunicación, infancia y adolescencia: Guías para periodistas. Perspectiva de género. https://www.unicef.org/argentina/sites/unicef.org.argentina/files/2018-04/COM-1_PerspectivaGenero_WEB.pdf

Urchaga, J. D., Morán, C., y Fínez-Silva, M. J. (2019). La religiosidad como fortaleza humana. International Journal of Developmental and Educational Psychology, 1(1). https://www.redalyc.org/journal/3498/349859739032/349859739032.pdf

Urzelai, R. (2014). El empoderamiento de las mujeres. La ruta para una vida equitativa y segura [Trabajo de grado, Universitat Jaume I]. https://repositori.uji.es/server/api/core/bitstreams/591eb103-9f95-4287-a532-bd63b2ab471f/content

Vargas, R. (2017). Las mujeres adultas en la educación superior: un estudio realizado en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, plantel Cuautepec [Tesis de licenciatura, Universidad Autónoma de la Ciudad de México]. https://www.repositorioinstitucionaluacm.mx/jspui/handle/123456789/617

Vega, C., y Bermúdez, H. F. (2019). Informalidad, emprendimiento y empoderamiento femenino. Economía popular y paradojas de la venta directa en el sur de Quito (Ecuador). Revista de Antropología Social, 28(2), 345-370. https://doi.org/10.5209/raso.65618

Verzosi, C. V., y Carvajal, R. V. (2023). La economía popular y solidaria en el Ecuador. El empoderamiento femenino. CIRIEC-España, (107), 71-100. https://doi.org/10.7203/CIRIEC-E.107.17063

Villarruel, M., y Villarruel, M. d. L. (2023). La educación superior y la nueva escuela mexicana: sus desafíos y posibilidades. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, 4(1), 1088-1100. https://doi.org/10.56712/latam.v4i1.320

Notas de autor

* Profesor Investigador de la Facultad de Educación y Humanidades de la Universidad Anáhuac, México. Es coordinador del Centro Anáhuac de Investigación Educativa (CAIE). Doctor en Educación, Maestro en Pedagogía y Licenciado en Educación con especialidad Mecánica. Entre los principales temas que trabaja están: formación y profesionalización docente; intervención y evaluación educativa, y trayectorias vitales de estudiantes y docentes. Autor de libros El pedagogo sistémico: perfil y guía para el autoconocimiento (2012) y La investigación universitaria, una simbiosis social (2017). Es miembro de la Asociación de Pedagogos de Cuba.
** Docente en el subsistema estatal del Gobierno del Estado de México. Es Doctora en Educación, Maestra en Educación y Licenciada en Educación en el área de Psicología Educativa. Entre las temáticas que trabaja se encuentran: adolescencia, autoestima, empoderamiento, salud emocional y sororidad. Participante en cursos en Centro de Maestros así como sinodal de exámenes recepcionales para obtención de grado.
*** Docente en el Instituto Universitario UNIEM, Estado de México. Es Doctor en Educación, Maestro en Educación y Licenciado en Educación Media en el área de Psicología Educativa. Entre los principales temas que trabaja están: autoestima docente, evaluación educativa y liderazgo directivo. Coautor del capítulo “Cuestionario de habilidades digitales en docentes y estudiantes de educación superior”, publicado en el libro Rol de la investigación educativa contemporánea desde diferentes perspectivas de construcción. Es miembro de la Academia Internacional de Estudios Histórico Culturales.

Información adicional

redalyc-journal-id: 5216

HTML generado a partir de XML-JATS por