Resumen: En un entorno altamente competitivo, las universidades buscan estrategias innovadoras para fortalecer su posicionamiento institucional y responder a las demandas de la sociedad. En este contexto, el presente artículo analizó la Vinculación con la Sociedad como una estrategia para mejorar el posicionamiento competitivo de las universidades, identificando prácticas exitosas, desafíos y oportunidades. La metodología Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses fue utilizada, esta ofrece un enfoque riguroso y estructurado. Los resultados indican que la Vinculación con la Sociedad potencia el posicionamiento competitivo universitario al fortalecer la reputación institucional, atraer y retener talento, desarrollar alianzas estratégicas, enriquecer la calidad académica, generar recursos adicionales, y expandir su impacto tanto regional como global de la universidad. La investigación concluye que es fundamental abordar los desafíos relacionados y aprovechar las oportunidades para maximizar los beneficios de esta estrategia en el contexto académico universitario.
Palabras clave: Vinculación con la sociedad, posicionamiento competitivo, universidad.
Abstract: In a highly competitive environment, universities are seeking innovative strategies to strengthen their institutional positioning and respond to societal demands. In this context, this article aims to analyze Community Engagement as a strategy to improve the competitive positioning of universities, identifying successful practices, challenges, and opportunities. The Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses methodology was used, which offers a rigorous and structured approach. The results indicate that Community Engagement can enhance university competitive positioning by strengthening institutional reputation, attracting and retaining talent, developing strategic alliances, enhancing academic quality, generating additional resources, and expanding the university's regional and global impact. The research concludes that it is essential to address the related challenges and seize the opportunities to maximize the benefits of this strategy in the university academic context.
Keywords: Link with the society, competitive positioning, university.
Artículos de Revisión
Vinculación con la sociedad en el posicionamiento competitivo de las universidades: revisión y perspectivas
Community engagement in the competitive positioning of universities: review and perspectives

Recepción: 06/10/2024
Revisado: 08/04/2025
Aprobación: 28/04/2025
Publicación: 01/07/2025
La vinculación con la sociedad, en lo sucesivo VCS, es una de las funciones sustantivas esenciales de las Instituciones de Educación Superior (IES) que permite el intercambio de conocimientos y el desarrollo de capacidades para enfrentar los retos y necesidades del entorno.
Este proceso mejora la relevancia educativa, contribuyendo a la calidad de vida, al medio ambiente, al desarrollo económico y a la preservación y difusión cultural. Se realiza mediante la planificación y ejecución de proyectos e iniciativas de interés público, como el servicio comunitario y la educación continua, que favorecen la democratización del conocimiento y fomentan la innovación social.
Además, la VCS complementa la enseñanza al conectar la teoría con la práctica y se integra con la investigación al ayudar a identificar necesidades y promover la aplicación del conocimiento científico (Consejo de Educación Superior, 2022). Es el proceso en que universidades e instituciones académicas colaboran activamente con la comunidad y entidades del entorno social, tanto públicas como privadas.
En la actualidad, la VCS se ha convertido en un componente esencial para que las IES no solo cumplan su misión formativa, sino también contribuyan activamente al desarrollo social y económico. Al integrar la VCS en sus estrategias institucionales, las universidades pueden enriquecer la experiencia educativa, fortalecer su reputación, atraer recursos y mejorar su posicionamiento competitivo, todo ello mientras responde de manera efectiva a las necesidades y desafíos de la sociedad. En esta línea, este estudio ofrece una perspectiva original al analizar comparativamente la VCS en universidades de distintas regiones del mundo, integrando evidencias empíricas con un marco teórico multidimensional poco explorado en la literatura regional.
En paralelo, el entorno actual se caracteriza por ser altamente competitivo. Jamás en el pasado, el ámbito profesional había enfrentado desafíos tan complejos y cambiantes (Semchuk, 2022), y la educación superior no es ajena a esta realidad. En efecto, un estudio de Cohen (2022)basado en veinte universidades a nivel global, señala que la ausencia o debilidad de mecanismos de reconocimiento académico constituye uno de los principales obstáculos para el desarrollo de las actividades públicas en las universidades.
Frente a este panorama, las IES deben adaptarse a las demandas dinámicas del mercado laboral, la globalización y las crecientes expectativas de estudiantes y empleadores. Este contexto desafiante exige que las universidades no solo ofrezcan educación de alta calidad, sino que también diseñen estrategias de posicionamiento competitivo para atraer y retener talento, asegurar financiamiento y establecer alianzas estratégicas que les permitan distinguirse en un mercado educativo cada vez más exigente.
La competencia interuniversitaria se manifiesta en múltiples dimensiones: la captación de estudiantes, la incorporación de profesores con altos niveles de experiencia y conocimiento, la producción científica, la construcción de redes estratégicas y la consolidación de una reputación institucional sostenida en el tiempo. En consecuencia, las IES necesitan competir para asegurar un lugar destacado en los ámbitos locales, nacionales e internacionales.
Además, estos mercados se han vuelto progresivamente más complejos debido a la influencia de los rankings universitarios, los cuales se han posicionado como indicadores clave de calidad. Su impacto en la percepción pública y en la toma de decisiones por parte de los distintos grupos de interés es cada vez más evidente (Chapleo, 2007; Bowman y Bastedo, 2011; Drydakis, 2016; Wolf y Jenkins, 2018, como se cita en Amado y Juarez, 2022).
Este estudio analiza la VCS como una estrategia para mejorar el posicionamiento competitivo de las universidades en un entorno global dinámico, evidenciando su potencial como ventaja estratégica en la educación superior y su capacidad para generar insumos valiosos para la comunidad académica y los responsables de la gestión universitaria.
En este escenario, se identifican prácticas exitosas, así como desafíos y oportunidades, considerando su impacto en la competitividad institucional. También se delimita el problema de estudio, se revisan antecedentes relevantes y se emplea la metodología PRISMA para realizar una revisión sistemática de la literatura y un análisis crítico, con el propósito de comprender el rol que desarrolla la VCS en este proceso de posicionamiento.
Este artículo no solo recopila literatura actualizada sobre la VCS, sino que también ofrece un análisis comparativo y crítico que permite identificar tendencias, brechas y posibles líneas de investigación futura.
La investigación se llevó a cabo mediante un enfoque cualitativo, empleando un metaanálisis guiado por las directrices PRISMA, adaptadas de The PRISMA 2020 statement de Page et al. (2021). Esta metodología permitió asegurar la claridad y la replicabilidad en la revisión sistemática sobre VCS y su impacto en el posicionamiento competitivo de las universidades. El estudio se estructuró en torno a la siguiente pregunta: ¿Cómo puede la VCS servir como estrategia para mejorar el posicionamiento competitivo de las universidades y qué prácticas exitosas, desafíos y oportunidades se asocian con su implementación?
Aunque el foco principal del análisis comparativo fue el SCImago Institutions Rankings (SIR), se consideraron también criterios del Times Higher Education World University Rankings (THE) como referencia complementaria. Esta integración permitió enriquecer la interpretación de los datos, al contrastar distintos enfoques de medición del desempeño universitario, especialmente en lo relacionado con indicadores de impacto social, investigación y proyección internacional.
Para responder esta cuestión, se establecieron criterios de inclusión y exclusión que posibilitaron una selección rigurosa de estudios y revisión estructurada de la literatura más relevante.
En este marco, se analizaron dos rankings internacionales. El SIR entre 2016 y 2023 permitió observar la evolución de las 100 universidades mejor posicionadas del mundo, en términos de investigación, innovación e impacto social. Para el caso ecuatoriano, se recurrió al THE, que considera indicadores como enseñanza, investigación e internacionalización. La integración de estos rankings facilitó la identificación de prácticas exitosas, desafíos y oportunidades, proporcionando un marco comparativo útil para el análisis estratégico de la competitividad universitaria.
Para analizar la evolución del SIR de las 100 mejores universidades del mundo entre 2016 y 2023 Se empleó una tabla condicional en Excel, herramienta que permitió detectar patrones y tendencias mediante una escala cromática que clasifica automáticamente a las universidades según su posicionamiento. El color verde oscuro representa las posiciones más destacadas, seguida por verde claro, amarillo y naranja, hasta llegar al rojo, que indica el desempeño más bajo, lo que facilitó una interpretación ágil y clara de los cambios en la clasificación.
En relación a los criterios de inclusión, la revisión consideró: (a) publicaciones relevantes sobre la VCS en educación superior; (b) estudios publicados en los últimos 10 años; (c) ámbito geográfico, investigaciones de diversas regiones del mundo, con énfasis en comparaciones regionales; (d) tipos de instituciones, estudios sobre universidades públicas, privadas y técnicas; (e) investigaciones cualitativas, cuantitativas o mixtas sobre prácticas, desafíos y oportunidades de la VCS; (f) trabajos que reflejen perspectivas de académicos, administradores, estudiantes y comunidad; (g) estudios que analicen el impacto de la VCS en el posicionamiento competitivo de las universidades, incluidos rankings y métricas reconocidas; y, (h) publicaciones en inglés y español. Estos criterios garantizan una revisión integral de la literatura sobre la VCS y su influencia en el posicionamiento competitivo.
En cuanto a los criterios de exclusión, se descartaron documentos que no sean académicos, sin revisión por pares, publicados antes del año 2000, —excepto los textos clásicos—, que estuvieran escritos en idiomas distintos al inglés o al español, así como aquellos que fueran duplicados o no estuvieran indexados en las bases de datos seleccionadas.
La universidad contemporánea enfrenta el reto de articular de forma efectiva la docencia, la investigación y la vinculación con la sociedad como ejes integrados de su función transformadora. Esta concepción implica asumir una responsabilidad directa en el desarrollo local y nacional, superando modelos fragmentados que limitan su impacto.
En este sentido, se comparte plenamente la perspectiva de Rueda et al. (2020), quienes argumentan que las universidades no solo tienen la misión de generar conocimiento, sino también la responsabilidad de transferirlo activamente a la sociedad. Una forma eficaz de cumplir con este compromiso es a través de la VCS.
Según Romero (2022), la VCS implica alinear a la universidad con la vida comunitaria, otorgando voz a la comunidad y priorizando sus intereses de trascendencia. Este proceso se entiende como un sistema integral que abarca diversos elementos: procesos, instancias, delegaciones, herramientas, tecnologías, comunicaciones, inversiones, programaciones, metodologías, normas y disposiciones. Dicho sistema facilita la interacción con unidades académicas, programas académicos, actores, organizaciones e instituciones tanto públicas como privadas, con el fin de organizar la investigación y planificar el desarrollo territorial e institucional, alineado con los procesos de planificación a nivel nacional, local y regional (Medina et al., 2022).
La VCS se fundamenta en la teoría del capital social, entendida como el conjunto de redes sociales que facilitan la cooperación y el acceso a recursos. Según Galaso et al., (2024), el capital social estructura redes que permiten acceder a recursos presentes o futuros, lo cual resulta esencial para que las universidades generen un impacto significativo en su entorno. No obstante, es importante destacar la relevancia de la adaptabilidad y contextualización de esta teoría en la implementación de la VCS. Aunque las ideas propuestas por estos autores ofrecen un marco teórico contemporáneo, su efectividad dependerá de cómo se adecuen a las realidades y necesidades específicas de cada comunidad y universidad.
En esta misma línea crítica, Koekkoek et al. (2021), señalan que aún existen varias brechas en la literatura sobre la VCS. Estas incluyen la escasa investigación sobre percepciones sociales, falta de un enfoque global, escasa representación de las voces comunitarias y comprensión limitada del impacto de la colaboración universidad – comunidad. Además, estos autores subrayan que gran parte de la literatura es descriptiva y normativa, careciendo de una perspectiva crítica, lo que resalta aún más la necesidad de un enfoque adaptativo y contextualizado para lograr una VCS verdaderamente efectiva.
Otra de las teorías que fundamentan la VCS es la Responsabilidad Social Universitaria (RSU), la cual se ha emergido como un paradigma transformador dentro de la educación superior, consolidándose como un modelo de gestión y comprensión que involucra y requiere la participación de todos los miembros de la comunidad educativa (Sarmiento-Peralta et al., 2024). Para Morante (2022), la gestión de la RSU demanda una mayor implicación y compromiso de los stakeholders o grupos de interés, en función del impacto y la influencia que esta tiene sobre ellos.
Desde una perspectiva teórica, la teoría de la RSU se deriva de la teoría de la Responsabilidad Social (RSE). La RSU adapta los principios de la RSE al contexto académico, enfocándose en la responsabilidad que tienen las universidades no solo en la generación de conocimiento, sino también en su transferencia y aplicación para el beneficio de la sociedad. Esta teoría se enmarca en el compromiso de las instituciones educativas con el desarrollo social, económico, cultural y ambiental de las comunidades en las que operan.
Otra de las perspectivas teóricas que contribuyen a la comprensión de la VCS en el ámbito universitario es la teoría de los stakeholders. Esta teoría sostiene que las organizaciones deben identificar, considerar y responder a los intereses de todos los grupos que se ven afectados por su accionar, más allá de los beneficiarios tradicionales. En el contexto de la educación superior, esta mirada implica reconocer a los estudiantes, docentes, investigadores, comunidades locales, empresas, gobiernos y organizaciones de la sociedad civil como actores clave en el diseño e implementación de estrategias de vinculación.
La literatura reciente enfatiza que el compromiso universidad-comunidad debe construirse desde una interacción recíproca con estos grupos, enmarcándose en procesos colaborativos que fortalezcan la pertinencia y el impacto social de la universidad (Koekkoek et al. 2021). En el ámbito universitario, estas ideas han sido aplicadas para demostrar cómo la gestión efectiva de las relaciones con la comunidad puede fortalecer tanto la percepción pública como la competitividad institucional.
Otro enfoque teórico relevante para este estudio es el de la Triple Hélice (universidad-industria-gobierno), que resalta la interacción y colaboración entre universidades, industrias y gobiernos para generar conocimiento, impulsar la innovación y fomentar el crecimiento económico (Etzkowitz & Zhou, 2017; Santos et. al., 2023).
En la Tabla 1 se sintetiza el aporte específico de cada una de estas teorías a la VCS, lo que permite evidenciar su complementariedad y utilidad en el diseño de estrategias universitarias.

Estas teorías, aunque diversas en su enfoque, convergen en un punto común: la necesidad de fortalecer las relaciones entre la universidad y su entorno. La teoría del capital social aporta el marco relacional que permite construir redes colaborativas; la RSU plantea una responsabilidad institucional con el desarrollo sostenible; la teoría de los stakeholders amplía el espectro de actores involucrados; y el modelo de la triple hélice enfatiza la articulación con el Estado y el sector productivo. En conjunto, estas perspectivas ofrecen una base teórica robusta para comprender la VCS como una estrategia transversal que impulsa la pertinencia, sostenibilidad e innovación en la educación superior.
Asimismo, es crucial considerar modelos de vinculación universidad-comunidad que integren de forma explícita la participación comunitaria en los procesos de investigación, enseñanza y servicio público. Este enfoque reconoce la necesidad de construir relaciones genuinas entre las instituciones académicas y las comunidades, superando desafíos vinculados a la institucionalización de estas iniciativas. Un campus verdaderamente comprometido es aquel que incorpora activamente a la comunidad en todas sus funciones sustantivas, generando beneficios recíprocos y sostenibles para ambas partes, donde la autenticidad en la relación se convierte en un factor de éxito.
Por su parte, Mohale (2023) sostiene el concepto de la universidad comprometida, que a nivel global se centra en la responsabilidad que tienen las IES de involucrarse activamente en las problemáticas sociales y comunitarias. Las universidades desempeñan un papel crucial en la promoción del bienestar social y económico a través de su participación cívica y comunitaria.
Los autores mencionan aspectos clave como: perspectiva global, integración del compromiso cívico, desafíos y oportunidades, y modelos de participación que las universidades pueden adoptar para involucrarse con sus comunidades, tales como la investigación aplicada y colaborativa, aprendizaje-servicio, asociaciones para el desarrollo comunitario y voluntariado estudiantil. Este enfoque integral promueve que el compromiso cívico sea un componente esencial en la misión de las universidades, asegurando que contribuya de manera efectiva al bienestar social.
En este contexto, resulta imprescindible que las universidades desarrollen estrategias institucionales claras, orientadas a consolidar su rol social con una visión innovadora y flexible. Según Cialowicz (2024), una gestión comprometida, consistente y adaptable permite incorporar nuevas perspectivas y fortalecer la capacidad de respuesta ante las transformaciones del entorno, evitando enfoques de corto plazo o exclusivamente operativos.
Así, la universidad, como institución social, se posiciona como actor clave en los procesos de transformación profunda de una nación. Estos marcos explicativos sustentan las prácticas observadas en las universidades analizadas.
A continuación, se presentan prácticas exitosas de VCS, organizadas por sectores geográficos: internacional, regional y nacional. Esta estructura facilita una comprensión secuencial y comparativa de las estrategias aplicadas en diferentes contextos.
En Europa, un caso emblemático es el modelo de gobernanza de la Corporación Mondragón, impulsado por la Universidad de Mondragón, que aplica la teoría del capital social. Este enfoque cooperativo resalta la participación de los trabajadores y su sólida vinculación con la comunidad, demostrando cómo la colaboración social potencia tanto el desarrollo como el posicionamiento competitivo (Rodríguez-Aceves et al., 2024).
En España, la Universidad de Deusto, impulsa iniciativas que integra la RSU en la investigación y la docencia, con énfasis en la inclusión social, la equidad y la sostenibilidad. Estas acciones se desarrollan en colaboración con organizaciones locales y gobiernos para abordar desafíos sociales, fortaleciendo la responsabilidad ética y social de los estudiantes. Según Moreno et al., (2021), como parte de estas estrategias se publican los Cuadernos Deusto Social Lab, dirigidos a agentes económicos y sociales para compartir buenas prácticas y guías de transformación social.
Por su parte, la Universidad de Barcelona desarrolla el programa UB Solidaria, que promueve la participación estudiantil y del personal universitario en proyectos de cooperación internacional, voluntariado y servicio comunitario. Ha implementado iniciativas en América Latina y África, enfocadas en acceso a la educación, salud y sostenibilidad.
También destaca el proyecto europeo STEAMigPOWER (STEAM approaches at higher education for mIGrants, refugees and asylum seekers’ emPOWERment), que busca empoderar a migrantes, refugiados, y solicitantes de asilo mediante el acceso a educación formal, a través de disciplinas STEAM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Arte y Matemáticas), brindándoles herramientas para alcanzar sus aspiraciones académicas y profesionales, además de contribuir al desarrollo social y económico (Solidaritat UB, 2024).
En Asia, la Universidad de Kerala (India) fortalece la VCS mediante iniciativas orientadas al desarrollo sostenible. Uno de sus programas emblemáticos es la Kerala University Community Radio, que empodera a las comunidades locales a través de contenidos de programas educativos, culturales y de concientización social (Muahmmed et al., 2024). Además, realiza campañas de alfabetización, clínicas médicas móviles y proyectos de desarrollo rural con participación activa de estudiantes y docentes. Según Barranquero y Candón-Mena (2021), esta radio comunitaria atiende a las necesidades, y contextos frecuentemente ignorados por medios tradicionales.
En África Subsahariana, destacan proyectos de cooperación interinstitucional para combatir la pobreza y mejorar la salud pública. Iniciativas como la Alianza África Avanza entre España y Senegal buscan promover el crecimiento sostenible y aumentar las oportunidades para la juventud (Ministerio de Economía, Comercio y Empresa, 2024).
En Norteamérica, el Centro de Innovación Social de Stanford (CSI) se distingue por su enfoque colaborativo y por crear redes que generan impacto en áreas como salud, educación y sostenibilidad. Su trabajo se basa en investigación aplicada, liderazgo social y soluciones concretas a problemas complejos. El CSI promueve la cooperación entre la universidad, ONG, gobiernos y el sector privado, aplicando los principios de la RSU y el capital social para lograr transformaciones sostenibles tanto a nivel local como global (Stanford Graduate School of Business, 2024).
Complementariamente, en el ámbito de la tecnología e innovación, a nivel mundial, se destacan ejemplos exitosos del modelo Triple Hélice, como Silicon Valley, Route 128 en Boston, el Research Triangle en Carolina del Norte, Horizonte 2020 de la Unión Europea y la iniciativa “Made in China 2025”, ampliamente reconocidos por su articulación entre universidad, industria y gobierno (Etzkowitz & Zhou, 2017).
A diferencia de los enfoques internacionales centrados en la institucionalización avanzada y la articulación global, en América Latina las prácticas de VCS se orientan fuertemente hacia la transformación social, la inclusión y el desarrollo territorial, integrando activamente a estudiantes y comunidades. Esta perspectiva distintiva cobra relevancia al observar cómo, en el contexto regional, se han desarrollado estrategias concretas que vinculan la formación académica con el compromiso social.
A nivel regional, en América Latina, diversas experiencias de VCS se han consolidado como estrategias para integrar la formación académica con el compromiso social. Una de las prácticas más relevantes es el Aprendizaje-Servicio (ApS), ampliamente aplicado en el ámbito educativo. González-Alonso et al. (2022) analizan su implementación en universidades de España y México, destacando su alineación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), y su capacidad para combinar teoría y práctica en proyectos dirigidos a sectores vulnerables. Dunbar y Yadav (2022) subrayan que el ApS fortalece el aprendizaje académico, los valores prosociales y el compromiso ciudadano a través de la participación activa en iniciativas comunitarias.
En Argentina, el ApS se ha vinculado con la teoría del capital social, promoviendo la colaboración entre universidades, escuelas y comunidades. Esta estrategia no solo contribuye al desarrollo social, sino que también fortalece redes de apoyo local mediante proyectos que involucran activamente a estudiantes y docentes (Li, et al., 2024). Este enfoque se ha replicado en otras universidades latinoamericanas, como se evidencia en los datos de Quacquarelli Symonds (2024), que reflejan cómo las IES con mejores resultados en VCS también se destacan por su posicionamiento académico (Figura 1).

Entre las universidades líderes en este ámbito se encuentran la Universidad de São Paulo (USP), la Pontificia Universidad Católica de Chile (UC) y la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp), con programas como Proyecta Redes, el Centro de Políticas Públicas UC y diversas iniciativas de extensión universitaria. La Universidad de los Andes (Colombia) también ha desarrollado modelos innovadores de VCS junto a sectores gubernamentales y empresariales, consolidándose como referente regional. Estas experiencias evidencian que la inversión en investigación aplicada, colaboración interinstitucional y extensión universitaria refuerza tanto la reputación institucional como su impacto social.
Además, en el ámbito de la RSU, destacan experiencias como el proyecto Ayni de la Pontificia Universidad Católica del Perú, que trabaja junto a comunidades rurales en áreas como infraestructura, salud y educación. Esta iniciativa fomenta la equidad social y la formación ética de los participantes, mediante proyectos sostenibles como la construcción de ecoviviendas como la Solar Decathlon (Amaral et al, 2021).
Por otro lado, un caso exitoso es el Programa de Vinculación Social de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), en México, que integra la RSU en sus actividades con comunidades locales. Los estudiantes participan en proyectos de servicio comunitario que mejoran la calidad de vida y promueven el desarrollo socioeconómico, impactando positivamente en comunidades vulnerables al mejorar el acceso a servicios básicos y fortalecer las capacidades locales (Universidad Autónoma de Nuevo León, 2024).
En América Latina se han consolidado diversas experiencias que integran la ciencia, la tecnología y la innovación como herramientas de transformación social. Algunos ejemplos representativos incluyen parques tecnológicos y centros de innovación que han sido impulsados desde las universidades en articulación con el sector público y privado. Iniciativas como el Parque Tecnológico de Itaipú en Brasil, Tecnópolis en Argentina, Ruta N en Medellín, el Parque Científico y Tecnológico de Yucatán en México, y el Centro de Innovación UC Anacleto Angelini en Chile evidencian cómo la colaboración interinstitucional puede generar impacto positivo en las comunidades, mediante el desarrollo de soluciones tecnológicas orientadas al bienestar colectivo.
Si bien en América Latina se ha avanzado significativamente en la consolidación de modelos participativos de VCS, el caso ecuatoriano merece una mención especial por su enfoque progresivo en sostenibilidad, transferencia tecnológica y articulación con políticas públicas.
En este apartado, la figura 2 presenta una síntesis visual de proyectos exitosos de VCS impulsados por universidades ecuatorianas, enfocadas en áreas estratégicas para el desarrollo social y económico del país, de acuerdo con el Times Higher Education World University Rankins 2024.

Entre las iniciativas identificadas, la Universidad de Especialidades Espíritu Santo (UESS), ubicada en el rango 601-800, lidera un programa de capacitación de emprendimiento dirigido a mujeres en Samborondón, fomentando negocios sostenibles.
La Universidad San Francisco de Quito (USFQ), en el rango 1201-1500, ofrece servicios veterinarios para mejorar la salud animal en comunidades desatendidas.
Por su parte, la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), clasificada en el rango 1501+, desarrolla un proyecto de turismo sostenible en Pichincha y Mindo, promoviendo la conservación ambiental y el desarrollo económico.
La Universidad de Cuenca ejecuta programas de empleabilidad, apoyando a graduados y grupos prioritarios en su inserción laboral.
La Escuela Politécnica Nacional (EPN), en el rango 1501+, ha implementado proyectos de energía solar en comunidades rurales, reduciendo la dependencia de combustibles fósiles y optimizando el acceso a electricidad (Escuela Politécnica Nacional, 2019; 2024).
La Universidad Técnica Particular de Loja (2023), igualmente en el rango 1501+, ha desarrollado el proyecto “El aprendizaje–servicio como metodología en la formación de valores de instituciones educativas del Ecuador”, en el cual los estudiantes lideran proyectos sociales en instituciones educativas, promoviendo el ApS como herramienta pedagógica.
La Escuela Politécnica del Litoral (ESPOL), también en el rango 1501+, gestiona el Bosque Protector “La Prosperina” en Guayaquil, un espacio que articula prácticas de RSU y gestión ambiental para conservar y potenciar la biodiversidad del bosque seco tropical, integrando la participación de estudiantes, docentes y personal administrativo. El programa se organiza en cinco proyectos multidisciplinarios que incluyen estaciones de energía renovable, sensores acústicos, plataformas digitales y una aplicación interactiva de educación ambiental. El enfoque es técnico, participativo e inclusivo, con énfasis en la educación ambiental y la investigación (Pino & Sornoza, 2020).
Complementariamente, la ESPOL ha desarrollado iniciativas orientadas a fortalecer la educación ambiental en niños de primaria mediante entornos virtuales interactivos. Entre ellas, destaca la implementación de un bosque virtual en 3D que promueve el aprendizaje sobre reciclaje y conservación del medio ambiente. Esta propuesta integra tecnologías de la información y comunicación, al tiempo que fomenta habilidades blandas como el trabajo en equipo, la creatividad y la conciencia ecológica desde una edad temprana.
En el campo de la gestión de recursos hídricos, la Universidad de Cuenca lideró en marzo 2024 un programa en la Cuenca del Río Machángara, en alianza con ESPOL, EPN, Universidad Técnica del Norte, KU Leuven y Vrije Universiteit Brussel. Fueron incluidos dos programas de posgrados: la Maestría en Red IUPWARE, y la Maestría en Ciencias de la Ingeniería para la Gestión de Recursos Hídricos. El enfoque principal fue el manejo sostenible del agua, aplicando herramientas como sensores remotos, Sistema de Información Geográfica y modelación hidrológica SWAT para el estudio de ecosistemas y estructuras hidráulicas (Universidad de Cuenca, 2022).
Otras prácticas destacadas incluyen los consultorios jurídicos gratuitos de la Universidad Politécnica Salesiana y la Universidad Central del Ecuador (2023), y los programas de capacitación en tecnológica de la Universidad de las Fuerzas Armadas (2024), que brinda formación a jóvenes de sectores vulnerables.
En el ámbito de la tecnología e innovación, Ecuador ha adoptado el modelo de la Triple Hélice, promoviendo la articulación entre universidad, empresa y gobierno. Casos emblemáticos de esta estrategia se observan en iniciativas como Yachay, el Parque Tecnológico del Litoral Centro, el Clúster de Cacao en Manabí, los proyectos de energía renovable impulsados por la Universidad de Cuenca, y las experiencias de innovación agroindustrial en Tungurahua. En este contexto, los proyectos de VCS se han consolidado como un mecanismo para fomentar la colaboración entre IES, sector productivo, administración pública y comunidades locales (Pérez, 2024). Estos esfuerzos reflejan una interacción efectiva que impulsa el desarrollo sostenible y fortalece los vínculos entre conocimiento, innovación y transformación social.
En sí, estas experiencias demuestran que los proyectos de VCS en Ecuador no solo responden a necesidades locales, sino que también consolidan la RSU como eje del desarrollo sostenible. La participación de estudiantes, docentes y comunidades fortalece el compromiso social universitario y fomenta la transferencia de conocimiento hacia la solución de problemáticas reales. Así, se avanza hacia un modelo adaptable de vinculación universidad-sociedad, con impacto tangible y alineado con estándares internacionales.
En conjunto, el análisis comparativo de prácticas internacionales, regionales y nacionales permite evidenciar que, aunque las estrategias de VCS varían según el contexto geográfico, comparten principios fundamentales: compromiso institucional, participación de los actores involucrados y orientación hacia el desarrollo sostenible. Mientras que en Europa y Norteamérica predominan modelos estructurados y basados en innovación y gobernanza colaborativa, en América Latina —y particularmente en Ecuador— se observa un enfoque más comunitario, incluso y adaptativo, con fuerte énfasis en el aprendizaje-servicio, la equidad social y la articulación con sectores públicos y privados. Esta diversidad de experiencias ofrece valiosos aprendizajes que pueden ser transferidos y adaptados para fortalecer la competitividad de las IES en contextos distintos, sin perder de vista sus realidades locales.
El desafío actual de las universidades es integrar de manera efectiva sus procesos sustantivos —docencia, investigación y VCS— superando la fragmentación institucional que limita su impacto. Aunque existen marcos teóricos y estructuras de gestión favorables, en muchos contextos la investigación científica y la acción social siguen gestionándose por separado, lo que afecta la percepción estudiantil (Comas, 2024; Hohl et al., 2024).
En consecuencia, esta situación es común en diversas regiones del mundo y pone en evidencia la necesidad de revisar los modelos de gestión en la educación superior. Además, las transformaciones sociales constantes exigen que las universidades adapten sus respuestas al presente, sin perder de vista los desafíos del futuro. Desde esta perspectiva, cobra relevancia la integración estratégica entre disciplinas teóricas y prácticas, así como la fusión operativa entre enseñanza, investigación y proyección social como base del quehacer académico (Stahl et al.,2024).
Por otro lado, en el análisis de la literatura revisada, se evidencia que la falta de incentivos y reconocimiento institucional limita el compromiso del cuerpo docente en actividades de VCS, lo que a su vez puede afectar la proyección estratégica de la universidad (Suazo et al., 2024).
A esto se añade un escaso involucramiento de los estudiantes. Aunque se les brinda la oportunidad de participar en proyectos de vinculación, su entusiasmo es, en algunos casos, limitado. Esto responde a una concepción errónea de la vinculación como una actividad secundaria o poco trascendente, lo que reduce su nivel de empoderamiento y afecta el desarrollo de competencias y habilidades relevantes para su formación profesional (Cano & Flores, 2023).
En la misma línea, se observa una marcada tendencia en las universidades a centrarse de forma prioritaria en la enseñanza formal, dejando en segundo plano la vinculación y la investigación. Esta desproporción, según Alfonso et al. (2022), genera una formación predominantemente teórica, con escasas oportunidades para que los estudiantes enfrenten problemáticas reales en contextos comunitarios o profesionales. Esta falta de equilibrio limita el potencial de los futuros profesionales para responder a los desafíos complejos que plantea el entorno actual.
Finalmente, la escasa formación metodológica para integrar las funciones sustantivas —docencia, investigación y vinculación— impide su articulación efectiva. Esta fragmentación obliga a las IES a buscar mecanismos que equilibren estos tres pilares, con el fin de aumentar su impacto en la sociedad y consolidarse como agentes de cambio mediante soluciones innovadoras a problemas complejos (Mesa et al., 2022).
En este contexto, los desafíos identificados, lejos de ser obstáculos permanentes, representan áreas estratégicas de intervención para fortalecer la VCS. En síntesis, la persistencia de estos desafíos compromete la eficacia institucional en su relación con el entorno, debilitando así su proyección estratégica y competitividad global.
En el apartado anterior se destacaron diversas circunstancias que requieren atención y solución; no obstante, también se identificaron contextos positivos considerados que representan oportunidades estratégicas para fortalecer las acciones de VCS en las universidades.
Una de las primeras acciones consiste en mejorar los sistemas de investigación y la correspondiente difusión de conocimientos, de modo que la transferencia de saberes por parte de las IES trascienda hacia la comunidad mediante una comunicación activa y significativa de los hallazgos científicos, con énfasis en su impacto social (Sibhensana & Maistry, 2023). En consecuencia, las IES deben movilizar esfuerzos interdisciplinares que tributen a la relevancia social de sus investigaciones, posicionándolas como agentes de cambio en sus entornos.
Asimismo, es necesario fortalecer las capacidades del talento humano, tanto en habilidades técnicas como en competencias blandas. Sobre estas últimas, resulta fundamental fomentar la cultura de colaboración y trabajo en equipo, entre la comunidad y actores universitarios. Este ambiente propicia la creación de redes de cooperación entre los actores de los sectores sociales, productivos y académico, facilitando un intercambio de saberes más fluido y enriquecedor (Mtawa & Wangenge, 2022).
De igual forma, las estrategias de comunicación institucional deben enfocarse en abrir canales de diálogo que favorezcan el flujo bidireccional de información. Según Kumar et al. (2020), la sociedad tiene la responsabilidad de visibilizar sus problemáticas, mientras que la academia debe proyectar sus resultados de investigación hacia el bien común. Este proceso no solo evita que el conocimiento se mantenga confinado a las aulas, sino que también fortalece la imagen institucional al posicionarla como un actor socialmente comprometido.
En esta línea, la innovación tecnológica se presenta como eje transversal, en la interacción entre universidad y comunidad. Su adecuada aplicación permite el diseño de soluciones sostenibles que respondan a problemáticas locales desde un enfoque inclusivo y participativo de los actores participantes, lo cual fortalece el sentido de pertenencia y responsabilidad de los actores involucrados (Kumar et al., 2020).
Asimismo, este proceso de colaboración debe darse en un entorno estructurado que articule esfuerzos entre el ámbito académico y social. Esto requiere la creación de redes de trabajo colaborativo y una adecuada asignación presupuestaria, acompañada de marcos normativos claros que garanticen el apoyo del Estado a la integración de los distintos sectores sociales (Stahl et al., 2024).
Por último, a nivel institucional, cada universidad tiene la oportunidad de revisar y de actualizar las normativas internas que rigen el trabajo comunitario. Esto permitiría aumentar la motivación del cuerpo docente al reconocer ampliamente su contribución a la sociedad, lo cual podría traducirse en incentivos a través de los procesos de promoción, cuando los profesores demuestren el impacto de sus trabajos. Asimismo, la motivación estudiantil podría potenciarse mediante la oferta de becas para investigaciones aplicadas, lo que a su vez estimularía la generación de nuevos conocimientos derivados de experiencias en vinculación (Mtawa & Wangenge, 2022). A continuación, en la Tabla 2, se sintetizan las oportunidades para consolidar la VCS como eje estratégico en la gestión universitaria.

En síntesis, estas oportunidades representan ejes de acción fundamentales para avanzar hacia modelos de vinculación más integrados, sostenibles y socialmente comprometidos. Su aprovechamiento estratégico no solo permitirá fortalecer el vínculo entre universidad y comunidad, sino también potenciará la proyección institucional a nivel nacional e internacional.
La identificación de estas oportunidades permite orientar futuras acciones de política universitaria, integrando la VCS como componente del desarrollo sostenible y la competitividad académica.
Seguidamente, se examina cómo estos procesos de vinculación se reflejan en los sistemas de evaluación institucional y su incidencia en el posicionamiento competitivo de las universidades.
El éxito de las iniciativas de vinculación entre la universidad y la comunidad puede evaluarse a través de diversos indicadores, tanto cualitativos como cuantitativos, incluidos los rankings. En este sentido, el SCImago (SIR), publica anualmente una lista de las universidades mejor posicionadas, basada en métricas que reflejan la calidad académica, la productividad científica y el desempeño institucional.
La Tabla 3 presenta una clasificación detallada de las 100 universidades mejor posicionadas en el SIR entre 2016 y 2023. La tabla muestra tendencias ascendentes, descendentes o estables en función del cambio en posición entre 2016 y 2023. El criterio de selección fue representatividad entre países. La organización alfabética por países facilita una revisión sistemática y neutral de las instituciones, permitiendo identificar fácilmente la evolución de cada universidad sin introducir jerarquías regionales. Esta estructura detallada sienta las bases para el análisis comparativo agregado donde las instituciones se agrupan por región geográfica a fin de identificar patrones comunes y divergencias contextuales. Además, la escala cromática empleada facilita la interpretación visual de tendencias, permitiendo distinguir con claridad los avances o retrocesos en el posicionamiento institucional.

A partir de los datos presentados, se analizan a continuación los casos más representativos por país, considerando su evolución en el ranking y las estrategias institucionales que podrían explicar su posicionamiento.
En el caso de Australia, las universidades mejor posicionadas en los últimos ocho años han sido la Universidad de Sídney y la Universidad de Melbourne, que en 2023 ocuparon los puestos 15 y 16, respectivamente, según el SIR. Ambas instituciones han mostrado una mejora progresiva en su posicionamiento a lo largo del periodo analizado.
Por su parte, Bélgica ha mantenido una presencia relevante en el ranking, destacando la Universidad Católica de Lovaina y la Universidad de Gante, que en 2023 alcanzaron los puestos 63 y 86 respectivamente. Aunque ambas han mejorado sus posiciones con el tiempo, su evolución ha sido irregular, lo que indica que aún poseen margen para seguir escalando.
En América Latina, la USP se consolida como la institución brasileña mejor posicionada en los últimos ocho años, ubicándose en el puesto 20 en 2023. A pesar de haber sufrido una caída significativa en 2017, logró una recuperación sostenida, reafirmando su liderazgo en la región.
En cuanto a Canadá, destacan la Universidad de Toronto y la Universidad de Columbia Británica, ubicadas en los puestos 8 y 27 en 2023, respectivamente. La primera ha mejorado de forma constante, mientras que la segunda ha registrado fluctuaciones en su clasificación a lo largo del tiempo.
Respecto a Suiza, la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (ETH Zúrich) y la Universidad de Zúrich han mantenido posiciones destacadas, situándose en los puestos 56 y 84 en 2023. Ambas han mostrado una evolución positiva y relativamente estable dentro del ranking.
En el caso de China, sobresalen la Universidad de la Academia China de Ciencias (UCAS) y la Universidad de Pekín, que en 2023 alcanzaron los puestos 10 y 24, respectivamente. La UCAS ha registrado un ascenso sostenido desde su ingreso al ranking en 2020, mientras que la Universidad de Pekín ha mantenido una trayectoria más estable, con mejoras graduales.
Alemania por su parte, ha sido representada principalmente por la Universidad Técnica de Múnich, que ocupó el puesto 92 en 2023. Sin embargo, desde 2021, ha mostrado un descenso en su clasificación.
En Dinamarca, la Universidad de Copenhague y la Universidad de Aarhus han ocupado los puestos 41 y 73 en 2023, respectivamente. Aunque ambas han mejorado su posición general, sus trayectorias han estado marcadas por ciertas oscilaciones.
En el caso de España, la Universidad de Barcelona ha sido la mejor clasificada durante el periodo analizado, ubicándose en el puesto 77 en 2023. No obstante, su evolución ha mostrado variaciones, con algunos descensos en años específicos.
En Finlandia, la Universidad de Helsinki ha liderado el ranking nacional, logró el puesto 82 en 2023. A pesar de su visibilidad, su posición ha presentado una tendencia general a la baja.
En lo que respecta a Francia destacan la Universidad de Sorbonne y la Universidad de Paris Cité, posicionadas en 2023 en los puestos 23 y 47, respectivamente. La primera ha mejorado de manera constante desde su ingreso al ranking en 2019, mientras que la segunda debutó recién en 2023.
En el Reino Unido, la Universidad de Oxford y el University College London, situadas en los puestos 5 y 6 en 2023. Ambas instituciones han mantenido una evolución positiva, consolidando su prestigio internacional.
En Italia, la Universidad de Roma “La Sapienza” y la Universidad de Milán, alcanzaron en 2023 los puestos 75 y 81, respectivamente. Aunque han mejorado su posición, la evolución de ambas ha sido irregular, con avances y retrocesos.
Japón está representado principalmente por la Universidad de Tokio y la Universidad de Kioto, ubicadas en los puestos 31 y 74, respectivamente. Mientras la primera ha mostrado una tendencia ascendente, la segunda ha experimentado variaciones a lo largo de los años.
En la República de Corea, la Universidad Nacional de Seúl, alcanzó el puesto 80 en 2023. Su evolución ha sido fluctuante, con algunos descensos en años recientes.
México, por su parte destaca con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), que se ubicó en el puesto 87 en 2023. Su trayectoria ha sido variable, reflejando altibajos en su posicionamiento global.
En Países Bajos, sobresalen la Universidad de Ámsterdam y la Universidad de Utrecht, que en 2023 ocuparon los puestos 30 y 48 respectivamente. La primera ha mostrado una evolución ascendente sostenida, mientras que la segunda, ha tenido una trayectoria menos constante.
En Noruega, la Universidad de Oslo ha sido la mejor posicionada, ubicándose en el puesto 95 en 2023. Sin embargo, su evolución ha sido inestable, con variaciones notables entre años.
Singapur está representado por la Universidad Nacional de Singapur, que se ubicó en el puesto 53 en 2023. Su clasificación ha mostrado una tendencia general positiva, aunque con algunas fluctuaciones.
Por otro lado, el Instituto Karolinska de Suecia ha tenido un desempeño variable, con un descenso notable en 2017, seguido de una recuperación progresiva que le permitió alcanzar el puesto 60 en 2023.
Finamente, el panorama en Estados Unidos se caracteriza por una intensa competencia interna. La Universidad de Harvard ha mantenido el primer lugar desde 2019, con la excepción de 2017, cuando descendió sorpresivamente al puesto 391. Otras instituciones han mostrado ascensos notables, como la Universidad de Johns Hopkins, (del puesto 54 en 2016 al 3º en 2023) y la Universidad de Stanford, que ocupó el cuarto lugar en 2023. Asimismo, las universidades como Michigan (Ann Arbor) y Washington han logrado mantenerse dentro de las diez mejores universidades del país. Por el contrario, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) ha tenido una evolución más irregular, al pasar del primer lugar en 2018 al puesto 18 en 2023. Otras universidades, Virginia (puesto 99) y Princeton (puesto 100) en 2023 han registrado desempeños menos favorables.
Estos resultados reflejan cómo factores como la producción científica, el impacto académico y los cambios metodológicos pueden influir significativamente en las posiciones dentro del ranking. Sin embargo, más allá de los indicadores técnicos, las universidades que han logrado un ascenso sostenido comparten estrategias institucionales orientadas a la integración entre investigación, innovación y responsabilidad social. La articulación efectiva de estos elementos, junto con políticas de internacionalización y vinculación con actores externos, se consolida como un factor crucial para el fortalecimiento competitivo a nivel global.
Con base a los resultados previos, se procedió a agrupar las universidades por región para identificar patrones comunes en la esfera del fortalecimiento institucional, la inversión en ciencia y la VCS. La Tabla 4 sintetiza esta información, permitiendo observar tendencias regionales que reflejan avances diferenciales en la competitividad global durante el periodo estudiado. La tabla muestra tendencias ascendentes, descendentes o estables en función del cambio en posición entre 2016 y 2023. El criterio de selección fue representatividad regional.
Tabla 4. Evolución del posicionamiento de universidades seleccionadas por región en el ranking SCImago (2016 – 2023).

El análisis revela una tendencia general de mejora en instituciones ubicadas en América del Norte, Europa y Asia, con casos destacados como la Universidad de Toronto, que ascendió del puesto 417 al 8, y Harvard, que alcanzó el primer lugar en 2023. En Europa, las universidades de Oxford y Cambridge también muestran mejoras sostenidas, reflejando un fortalecimiento en sus indicadores de investigación, innovación e impacto social.
En contraste, las universidades de América Latina y África evidencian una presencia más limitada en los primeros puestos, aunque algunas instituciones, como la USP y la Universidad de Ciudad del Cabo han experimentado mejoras leves. Esta disparidad en el posicionamiento global pone de relieve la necesidad de fortalecer políticas de inversión en ciencia y tecnología, así como de fomentar la internacionalización académica en regiones en desarrollo.
Este comportamiento se aprecia con mayor claridad en la figura 3, que presenta un mapa de distribución geográfica donde se destacan los países con universidades dentro del top 100 del ranking SCImago. Se evidencia una alta concentración en América del Norte, Europa Occidental y Asia Oriental, lo que refuerza las diferencias regionales en cuanto a producción científica y reconocimiento internacional.

En este contexto, entre las instituciones destacadas se encuentran Harvard, Stanford, Toronto, Oxford, University College London, Washington y la Academia China de Ciencias, todas ellas reconocidas por su excelencia investigativa y su impacto global.
En conjunto, estas experiencias revelan la importancia de una gestión universitaria alineada con las demandas sociales, capaz de incorporar prácticas sostenibles y medir su impacto.
Estos resultados confirman que la evolución positiva en los rankings no depende exclusivamente de la producción científica, sino también de la capacidad institucional para articular estrategias de VCS que generen impacto real, posicionamiento internacional y valor público. Este recorrido temático permite extraer aprendizajes relevantes que se sintetizan en las siguientes conclusiones.
El presente estudio confirma que la VCS es una estrategia fundamental para fortalecer el posicionamiento competitivo de las universidades en un entorno global cada vez más dinámico y exigente.
A partir del metaanálisis realizado bajo la metodología PRISMA, se evidencia que la integración efectiva de la VCS en la gestión universitaria permite mejorar la reputación institucional, atraer y retener talento, generar alianzas estratégicas, enriquecer la calidad académica y expandir el impacto regional y global de las universidades.
El análisis de prácticas exitosas a nivel internacional evidencia cómo diversas universidades han logrado consolidar su presencia en la sociedad a través de iniciativas innovadoras de vinculación. Entre los casos más representativos destaca el modelo cooperativo desarrollado por la Universidad de Mondragón (España), los proyectos de ApS en Argentina y la radio comunitaria de la Universidad de Kerala (India). En el contexto ecuatoriano, la ESPOL ha desarrollado programas en áreas estratégicas como la conservación ambiental y la educación comunitaria, evidenciando el potencial de la VCS para fortalecer tanto el impacto social como la competitividad institucional.
No obstante, también se identifican desafíos significativos en la implementación de la VCS. Entre los principales obstáculos se encuentran la falta de integración entre la vinculación, la docencia y la investigación; la escasez de incentivos para docentes y estudiantes; la limitada disponibilidad de recursos financieros; y una percepción reducida sobre su relevancia en la formación profesional. Estas limitaciones dificultan el desarrollo de modelos sostenibles y eficaces de vinculación. Esto invita a reflexionar sobre la necesidad urgente de repensar los modelos de gobernanza universitaria, incentivando sinergias reales entre las funciones sustantivas universitarias.
A pesar de ello, existen oportunidades relevantes para potenciar la VCS. La incorporación de estrategias de comunicación más efectivas, el uso de herramientas tecnológicas para facilitar la interacción con la comunidad y la creación de redes interinstitucionales de colaboración pueden contribuir a su fortalecimiento. Asimismo, alinear las actividades de VCS con los ODS y con las políticas públicas nacionales ofrece un marco favorable para su consolidación.
El análisis de la clasificación SCImago entre 2016 y 2023 revela una evolución dinámica y heterogénea en el posicionamiento de las universidades a nivel mundial. Mientras algunas instituciones han mantenido o mejorado consistentemente sus posiciones —como Harvard, Toronto, Oxford, o São Paulo—, otras han experimentado variaciones significativas por factores internos y ajustes metodológicos. Destaca el ascenso de instituciones en Asia y América Latina, que refleja la creciente diversificación del ecosistema global de investigación. Sin embargo, los primeros lugares siguen dominados por universidades con fuerte inversión en ciencia, innovación y visibilidad internacional. Estas dinámicas evidencian la urgencia de implementar políticas que fortalezcan la investigación, la cooperación internacional y el impacto social para mejorar la competitividad académica.
Los datos extraídos de rankings internacionales, como el SIR y el THE, respaldan el vínculo entre una estrategia de Visibilidad, Compromiso y Sostenibilidad bien estructurada, y el fortalecimiento del posicionamiento institucional. Universidades como Harvard, Stanford y la USP destacan no solo por sus logros académicos, sino también por su compromiso con la sociedad y su capacidad de transferir conocimiento de manera efectiva. En Ecuador, instituciones como la UESS, la USFQ, la ESPOL y la PUCE han impulsado iniciativas relevantes en esta línea, aunque persiste el desafío de incrementar su visibilidad internacional y consolidar su presencia en dichos rankings. Esto demanda una visión institucional comprometida con la transformación social, donde la VCS sea reconocida como un eje transversal y no complementario.
En síntesis, la VCS constituye un eje estratégico para potenciar la proyección académica, el compromiso social y el posicionamiento competitivo de las universidades. Para maximizar su alcance, es crucial avanzar hacia modelos integrados que articulen la vinculación con la docencia y la investigación, así como promover estrategias innovadoras de financiamiento y colaboración. Solo así será posible consolidar una estrategia de vinculación sólida y sostenible, que impulse el desarrollo académico, social y competitivo de las IES en el contexto global contemporáneo.
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