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Etnografía del bautizo de la “t´anta huahua” en Juliaca: la fiesta como práctica de las reglas sociales entre los jóvenes
Ethnography christening “t’antahuahua” in Juliaca: the party as social practicing rule between youth
Horizonte de la Ciencia, vol. 5, núm. 8, pp. 31-37, 2015
Universidad Nacional del Centro del Perú

Investigación en Humanidades



Recepción: 13 Marzo 2014

Aprobación: 17 Mayo 2014

DOI: https://doi.org/10.26490/uncp.horizonteciencia.2015.8.118

Resumen: Las sociedades tienen instituciones o mecanismos para mantener el Fiesta costumbrista. orden social. La fiesta es una de ellas, en la cual los individuos practi- Relaciones sociales. can las reglas sociales. Participan desde los más niños hasta los viejos. Se cumplen papeles ficticios, los niños y jóvenes se comportan como tales y el trato es como si fueran adultos. Son relaciones que perduran para siempre y sirven para crear, afianzar las alianzas y estatus.

Palabras clave: Fiesta costumbrista. , Relaciones sociales..

Abstract: Societies have institutions or mechanisms to maintain social order. Folklore festival. The party is one of them, in which individuals practice social rules. In- Social relationships. volved from the children to the old. Fictitious roles are met, children and young people behave as such and the treatment is as if they were adults. They are relationships that last forever and serve to create, strengthen alliances and status.

Keywords: Folklore festival., Social relationships.

Introducción

Una de las funciones más importantes de la antropología es la de ayudarnos a hacer consciente la ideología implícita que rige nuestras ideas. Ante la ausencia de ejemplos contrastables, cada sociedad considera su propia ideología como la única cosmovisión posible. La historia es capaz de mostrarnos los cambios que han ocurrido en nuestra propia tradición, pero a menudo nos deja en ignorancia en cuanto a las transiciones. La antropología, con su amplia gama, en el tiempo y en el espacio, puede enseñarnos, mediante comparaciones intensivas, lo que es universal y lo que es particular, local o arbitrario; y, al mismo tiempo, nos ayuda a comprender cómo interactúan la ideología, la tecnología, la lengua y la estructura social para producir una cultura viva y cambiante.

La fiesta, los jóvenes, la comida, el papel o rol que cumplen, las obligaciones que se realizarán en el futuro, serán algunos de los temas a tratar. A pesar del tiempo esta fiesta-tradición del bautizo de la “t’anta huahua” (niño de pan) se sigue dando en muchos pueblos del altiplano puneño y que en el futuro de los participantes ayudará en sus relaciones con otros individuos. Nuestro problema es el continuo rompimiento de las normas al interior de la sociedad es preocupante, tanto los adultos como las instituciones no están cumpliendo su papel en la transmisión y práctica de las normas y la socialización, es por eso la difícil inserción de los jóvenes a la dinámica social y los constantes problemas de violencia, rupturas de familias, comportamientos marginales y delincuencia.

El primero de noviembre de cada año, en todo el territorio peruano se revive una costumbre ancestral, las ofrendas a los muertos. Las familias van a los cementerios a honrar a unos de sus integrantes fallecidos. Les llevan música, bebida y comida y pasan un día entero con su finadito tratándolo como si estuviera vivo. Comen, beben y bailan juntos. Es día de llevar alegría al fallecido.

Dentro de esta tradicional costumbre se destaca el t’anta huahua que es una de las ofrendas más bellas y dulces que se le puede hacer al difunto, sobre todo si es un niño o una niña. La t’anta huahua es un pan dulce y delicioso. Al pan o bizcocho le dan la forma de una muñeca o muñeco, incluso otras formas como la de los animales, y le agregan dulces como menudos confites polícromos, pasas, etc. Lo hacen en varios tamaños, incluso con caretas de yeso.

Cuando un niño o niña muere, siendo la prenda más querida de una familia, el dolor es inmenso, muere el futuro, muere las esperanzas de la familia. Y, cuando llega el mes de noviembre los padres le llevan sus juguetes, su ropita, los potajes que más le gustaba y entre ellos la t’anta huahua que es una delicia para el paladar. Así surge esta costumbre, aunque no se sabe cuándo surgió en su versión actual. Pero la t’anta huahua se extendió más allá, porque ya no solo es una ofrenda al niño o niña fallecida, sino a todo familiar querido que falleció, incluso es consumido por toda la familia: niños, adultos y ancianos, y por supuesto, uno de los más ricos está reservado para el fallecido.

Al respecto, una anécdota:

Yo vivía, entonces, en Juliaca, recuerdo que era aún un niño… mi madre había llegado de Desaguadero trayendo varias canastas, dijo que era para poner su mesa, no entendí a qué se refería, -llegarán a las doce- decía, mientras de una canasta sacaba chirimoyas, plátanos, manzanas, galletas de agua, naranjas y las colocaba sobre la mesa; cada vez que ponía una, decía para mi papá, para mi hijita, para mi suegro y los mismo pasó cuando trajo platos servidos con caldo de cordero, huarjata (es un segundo a base de cabeza de chancho, papa, tunta o chuño blanco, encebollado colorado o aguadito, repollo, zanahoria), caldo de menestrón, y otros deliciosos platillos, siguió llenando la mesa con gaseosa, agua, y hasta una jara de chicha puso diciendo –para mi tío Jinchulihui (nariz larga); yo pensaba que vendría a visitarnos; llegó el momento de poner el ”api” (maíz morado molido), el olor a leche era lo mejor, puso mazamorra de harina, de sémola, de chancaca ¡qué delicia!; yo probaba con el dedo; algo indescriptible sucedió cuando sacó de la canasta los panes con figuras de llamas, de perros, de guaguas (recién nacidos), las acariciaba a todas, pero cuando sacó una hermosa muñeca con pelo y todo, vi a mi hermana, la quise tener en brazos, pero mi mamá dijo, para “mi gringa”, lloraba mientras colocaba la muñeca de pan al centro de la mesa, me abracé a ella para consolarla, un dulce beso fue la respuesta, ordenó que saliera, desde afuera vi como esparcía azúcar en el piso desde la mesa hasta la puerta, salió y cerró con candado. Al día siguiente, a las doce del mediodía, abrió la puerta, en presencia de primos, sobrinos, compadres, ahijados, varias personas, mi papá también se hallaba presente, -todos han llegado, dijo- habían huellas, sobre la azúcar, unas entraban, otras salían y sobre la muñeca bonita, una mariposa que sobrevoló la mesa y después de posarse en el hombro de mi mamá, salió rauda…recuerdo que todos se persignaron, mi madre dijo,-mi hijita ha venido- ese día comprendí que los muertos llegaban en “Todos los santos”, once meses atrás, mi hermanita había fallecido.

En todo el mes de noviembre en el departamento de Puno, se celebra la fiesta del “bautizo de huahua”. Juliaca es un distrito de la provincia de San Román, del departamento de Puno, que está ubicado en el altiplano puneño a 3,800 m.s.n.m. aproximadamente, de un clima muy seco, poca vegetación, de heladas duras durante los meses de mayo hasta mediados de julio, fuertes vientos a partir de fines de julio, principios de agosto hasta mediados de septiembre, y las lluvias desde octubre hasta abril. Fuertes nevadas que se pueden presentar ocasionalmente durante el año. Muy poco ganado ovino y vacuno, los camélidos sudamericanos tienen regular presencia, en la agricultura los productos son la cebada, quinua, papa, trigo y cañihua. La principal actividad de los pobladores es el comercio (contrabando) de todo tipo de bienes que pueden ofrecer en el mercado, luego el ser agricultor y empleado público. Juliaca, es el centro comercial por excelencia del departamento de Puno, por su ubicación estratégica, cuenta con un aeropuerto internacional, terminal ferroviario y terrestre y una buena red de vías de comunicaciones. Es a partir de esta ubicación que se enlaza con los departamentos de Cuzco, Arequipa, Moquegua, Tacna y Madre de Dios, internacionalmente con Bolivia, Chile y Brasil.

Su población tradicionalmente procede de las poblaciones colindantes a ella (ayllus, marcas, haciendas, parcialidades, distritos, provincias). De acuerdo a su ubicación geográfica, ésta localidad pertenece a la población quechua históricamente, pero en la actualidad está compuesta por aymaras y mestizos, y por su característica principalmente económica se habla el castellano, quechua y aymara. No se podría hablar de una población nativa, ya que Juliaca empieza a desarrollarse a partir de una estación de parada del Ferrocarril Sur Andino (El sistema de transporte ferroviario tuvo más de un siglo de apogeo (1871), que permitió la comunicación entre la costa y la sierra a diferentes niveles de progreso y expansión de los centros poblados ubicados a su paso. El sistema estuvo constituido por las líneas: Cuzco-Puno-Arequipa-Mollendo. Revistió de gran importancia estratégica dentro de un sistema de comunicación multimodal en la macro región sur; ya que fue el medio más eficaz y económico para el transporte de carga pesada a grandes distancias.), allá por los años de 1920, por la presencia de las haciendas y el comercio en el sur andino. En Juliaca existe, durante el año festivo, más de una fiesta que opacaría a la que vamos a describir y que congregan a toda la población. No debemos de olvidar que el departamento de Puno es conocida como la “capital folklórica del Perú”.

El bautizo es un sacramento que se estila en el Perú desde la imposición del catolicismo, con la invasión europea. Cabe la siguiente pregunta: ¿y había acaso bautizo entre los incas? Claro que sí, obviamente vinculado a una teología referida al creador Pachacámak (Dios). Al respecto el cronista tito Cusi Yupanqui hijo de Manco Inca, refiere que el bautizo andino (o su equivalente) , más allá del infantil “tucto rutuchin” (corte de pelo y padrinazgo) aún vigente en muchos poblados andinos, se confirmaba en la adultez (como los anabaptistas) lo cual se efectuaba a veces colectivamente tal y conforme lo describe en aquel último bautizo masivo dirigido por el clero incaico acaecido en 1535 en el Cuzco a orillas del río Huatanay y donde asistió el propio Manco Inca (en pleno cerco a los españoles de Gonzalo Pizarro). Entre los miles de bautizados en aquel día –agrega Cusi Yupanqui- hubieron muchos “rebautizados” que habían sido por la fuerza, bautizados por los españoles bajo el “estilo” descrito por Blas Valera.

Etnografía

Esta es una fiesta que involucra solamente a jóvenes de ambos sexos, entre los 11 y 20 años aproximadamente y que generalmente están estudiando la secundaria. Un mes antes se reúnen y conversan sobre la posibilidad de realizar un bautizo de huahua (el origen de esta costumbre puede estar en los carnavales del mes de febrero, ya que el resultado es la “fiesta huahua”, el “hijo del pueblo” o el “hijo de todos” por el desenfreno festivo, el incumplimiento de las normas y el exceso consumo de licor. El primero y el segundo día de noviembre como es tradicional se celebra el día de los muertos y que paradójicamente se recuerda el término de una vida y empieza otra.), para ello convocan amigos del barrio, parientes, compañeros del colegio, del círculo de catequesis, del club de deportes, etc. Pero, principalmente jóvenes, con estrecha amistad y con intereses comunes propios de su edad.

Si se pusieron de acuerdo, fijan la fecha que generalmente es un sábado en la casa de uno de los integrantes, el grupo lo componen entre 8 y 15 jóvenes, ellos hacen un listado de los invitados posibles, de los gastos en la compra de la huahua, las gaseosas, el licor, las tarjetas de invitación, el equipo de sonido y la música a bailar, el arreglo de la casa y el acceso a cierta utilería que se requerirá en la ceremonia principal. También se debe escoger las personas que deben cumplir cierto papel: los padres de la huahua, los padrinos, los testigos, el cura y el monaguillo.

Sobre las responsabilidades de cada uno de los actores

Los padres son una pareja de jóvenes (soy natural de Juliaca y he participado de esta costumbre como organizador, invitado, testigo, padrino y padre. Hasta la actualidad cuando visito mi tierra, nos reconocemos como “compadres” con la gente que en esa época compartimos esos momentos. Cuando migré a la ciudad de Arequipa, encontré que mis paisanos jóvenes reproducían estas reuniones con jóvenes de esa ciudad) que son enamorados o desean serlo y ésta es una buena ocasión para concretarlo o son voluntarios. Sus responsabilidades son comprar o mandar hacer la huahua de pan, bien adornada, con su máscara de yeso de un bebe ya sea varón o mujer, de unos 80 centímetros de largo aproximadamente por un ancho de cuarenta y cinco centímetros y entre uno y dos kilos. Pueden obsequiar licor ocasionalmente.

1. Los padrinos corren con las mismas características y su responsabilidad es la compra de las tarjetas de bautizo, que son las mismas que se utilizan en una ceremonia formal de adultos, pero tiene la particularidad siguiente: en la tarjeta se consignan los nombres de forma graciosa como del santo por ejemplo, San Padito; de los padres, Pedro Toro; de la madre, Yola Vaca de Toro; de la huahua (si es barón o mujer), Jacinto o Margarita Toro Vaca, en la parte de la tarjeta que se hace la invitación la bautizada pone la frase: “Yo Margarita Vaca de Toro, te invito a mi bautizo a realizarse el día…, vine al mundo en una noche estrellada, donde los gallos mugían, las vacas cacareaban…”. El nombre de los padrinos no sufren ningún cambio y obsequian generalmente el licor y es bien vista la cerveza.

2. Los testigos tienen que ser dos jóvenes (de ambos sexos), con mucha correa amplia y graciosos a la hora de participar en la ceremonia, cuando el cura y el monaguillo intervengan con preguntas sobre el porqué, cómo, cuándo, dónde y que vieron sus respuestas deben generar hilaridad. Contribuyen también con el licor.

3. El cura y el monaguillo cumplen el papel de los personajes reales, pero de forma graciosa, haciendo preguntas de doble sentido, haciendo bromas sobre los participantes en general

y de la huahua, visten los mismos trajes de los personajes reales, cambian la agua bendita por la cerveza, un jarro viejo o un bacín remplazando a la campanilla y todas las travesuras posibles. Ellos son bien tratados y atendidos por los organizadores.

La fiesta empieza cuando el número de invitados ya están presentes (pueden los invitados estar acompañados de otros jóvenes que formalmente no estuvieron invitados), bailan un buen rato, luego llaman a guardar silencio por que la ceremonia va empezar.

La ceremonia tiene una duración más o menos de unos treinta minutos, tanto los padres, los padrinos y los testigos visten elegantemente, las características de la ceremonia están descritas en los numerales arriba mencionados, la culminación del ritual termina con el bautizo de la huahua de pan, la careta de la huahua es para los padrinos y se empieza a partir y servir la huahua a los presentes y se reparte recuerdos que consisten en capillos y se pasa nuevamente al baile. En todo este proceso los adultos que están presentes no tienen ninguna participación, solamente observan y son unos invitados más.

Todo hasta aquí no pasa más de una fiesta juvenil y que es graciosa. Lo trascendente empieza cuando los jóvenes aceptan los papeles de padres, padrinos y testigos, ya que la aceptación acarrea deberes y derechos, responsabilidades, posturas y prestigio para toda la vida. Al aceptar algún papel, los jóvenes indagan y preguntan a los adultos el comportamiento y la responsabilidad de dicho papel. Tal es así que días después de la fiesta se encuentran los jóvenes que cumplieron el papel de padres, padrinos o testigos y mutuamente se tratan de “compadres”, con todo el respeto que trae esta posición. A sus amistades los presentan como sus “compadres”, se ayudan, se invitan, comparten los momentos más importantes de sus vidas. A partir de una reunión aparentemente intrascendente (el bautizo de la huahua), el cumplimiento de un papel que en la ceremonia es objeto de burla, gracia y humor (¿padres, padrinos y testigos a esa edad?), el organizarse para realizar la fiesta y afrontar los gastos económicos, el proceso y culminación de la reunión conlleva a un entrenamiento para la vida de adulto. De este tipo de relaciones han surgido alianzas, redes y pactos en todo los ordenas de la vida de estos individuos. De igual forma los jóvenes que participan (principalmente los padres, padrinos y testigos) en estas reuniones, lo hacen a sabiendas, para ganar prestigio, poder, acrecentar su red de amistades, fortalecer los lazos de enamorados, encontrar y concretar amistades, y en gran medida reproduciendo la conducta y comportamiento de sus progenitores.

Conclusiones.

a. La fiesta tiene la función de reunir a los individuos para relacionarse, buscar o conseguir beneficios.

b. Estos comportamientos son transmitidos de generación en generación.

c. La fiesta existe como parte integral de la vida de la comunidad y generalmente se asocian a ocasiones específicas o grupos concretos de personas.

d. Los acontecimientos de la vida de las personas, como el nacimiento, la iniciación, el matrimonio, el acceso a un cargo o la muerte, constituyen la otra gran categoría de eventos que se suelen celebrar con las fiestas.

e. Los más jóvenes tienen un espacio para practicar el papel que deberán cumplir en el futuro.

f. Asegurar el fortalecimiento de la comunidad.

Referencias

Castro Tito Cusi Yupanqui, Diego de (1916), (1570) Relación de la Conquista del Perú y hechos del Inca Manco II. Lima: Impr. y librería San Martín.

Guido, R. (1999) “Danza, mito y ritual una narrativa posible del devenir humano”. Cuadernos de Cátedra. Buenos Aires: UBA, Facultad de Filosofía y Letras, Carrera de Artes.

Harris, M. (1998) El desarrollo de la teoría antropológica. Una historia de las teorías de la cultura. Madrid: Siglo XXI.

Sahagún, B. (1979) Historia general de las cosas de la Nueva España. México: Editorial Porrúa.

Valera, B. (1945) Las Costumbres Antiguas de Perú y "La Historia de los Incas". Lima: Editado por Francisco A. Loayza.

Notas de autor

Datos del autor Nacido en Juliaca, Puno. Bachiller y Licenciado en Antropología egresado de la Universidad Nacional San Agustín de Arequipa. Maestría en Antropología en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Docente de la Universidad Nacional del Centro del Perú. Conferencista en temas antropológicos, urbanos y etnográficos. Algunas de sus publicaciones: “Reconociendo y revalorando las cocinas regionales del Perú: Junín saborear y cantar en el valle del Mantaro”. Lima: Fondo Editorial USMP (2013). “Transformaciones y heterogeneidades: la etnografía de José María Arguedas en el valle del Mantaro”. Lima: Fondo Editorial PUCP, (2013).


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