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Los desafíos éticos de la democracia en la era digital
Federico Rey Lennon
Federico Rey Lennon
Los desafíos éticos de la democracia en la era digital
The ethical challenges of democracy in the digital age
Revista de Investigación del Departamento de Humanidades y Ciencias Sociales, núm. 27, pp. 43-56, 2025
Universidad Nacional de La Matanza
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Resumen: Este ensayo analiza los desafíos éticos de la democracia en la era digital, poniendo en diálogo las perspectivas de José Tolentino de Mendonça y Byung-Chul Han. El estudio examina cómo la digitalización ha transformado la percepción del tiempo y el espacio, redefiniendo el panorama político, social y cultural. Se explora el concepto de "dataísmo" y sus implicaciones en la política y la sociedad. La metodología se basa en el análisis crítico de las obras de estos autores y otros pensadores relevantes. Los resultados sugieren que la era digital ha llevado a una crisis de confianza e identidad, convirtiendo a los ciudadanos en espectadores pasivos. Desde esta perspectiva, la propuesta que se plantea es que la política del siglo XXI vuelva a centrarse en el ser humano, fortaleciendo una visión holística del individuo y promoviendo la esperanza y el humanismo en el discurso político.

Palabras clave: Democracia digital, Dataísmo, Psicopolítica, Crisis de confianza, Humanismo político.

Abstract: This essay analyzes the ethical challenges of democracy in the digital age, bringing together the perspectives of José Tolentino de Mendonça and Byung-Chul Han. The study examines how digitalization has transformed the perception of time and space, redefining the political, social, and cultural landscape. It explores the concept of "dataism" and its implications for politics and society. The methodology is based on a critical analysis of these authors' works and other relevant thinkers. The results suggest that the digital era has led to a crisis of trust and identity, turning citizens into passive spectators. From this perspective, the proposal is that 21st-century politics should once again focus on the human being, strengthening a holistic view of the individual and promoting hope and humanism in political discourse.

Keywords: Digital democracy, Dataism, Psychopolitics, Crisis of trust, Political humanism..

Carátula del artículo

Relaciones Públicas

Los desafíos éticos de la democracia en la era digital

The ethical challenges of democracy in the digital age

Federico Rey Lennon[1]
Universidad Católica Argentina (UCA), Argentina
Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM), Argentina
Revista de Investigación del Departamento de Humanidades y Ciencias Sociales, núm. 27, pp. 43-56, 2025
Universidad Nacional de La Matanza

Recepción: 11 Diciembre 2024

Aprobación: 08 Mayo 2025

Introducción al concepto de infocracia y digitalización



Sospecho, sin embargo, que no era capaz de pensar.

Fuente: Jorge Luis Borges (1942)

El filósofo Han hace ya un par de años atrás describía así el advenimiento de la Infocracia:

La digitalización del mundo en que vivimos avanza inexorablemente. Somete nuestra percepción, nuestra relación con el mundo y nuestra convivencia a un cambio radical. Nos sentimos aturdidos por el frenesí comunicativo e informativo. El tsunami de información desata fuerzas destructivas (Han, 2022, p. 25).

Apenas un par de años después, parecen palabras viejas. Y es que, evidentemente, la digitalización se ha apoderado de la democracia. En este entorno de infocracia, ciudadanos y políticos se han habituado a convivir con fakes news, infowars, memes, bots, trolls, big data, microtargeting, y quién escribe esto, asume el lugar de agorero, persona que en la antigua Grecia poseía cierta habilidad para interpretar los presagios, y por ello corre el riesgo de compartir la misma suerte de Casandra, quien, aunque poseía el don de la profecía, estaba condenada a no ser creída.

A continuación, se explorarán las consecuencias éticas y políticas de esta digitalización desde distintas perspectivas filosóficas, examinando específicamente conceptos como dataísmo, psicopolítica y fragmentación social.

Diálogo entre perspectivas filosóficas contemporáneas para comprender nuestra época

Este ensayo pone en diálogo a dos filósofos contemporáneos, pero de formación divergente, por una parte, el cardenal católico portugués José Tolentino de Mendonça[2] y, por el otro, el ya citado Byung-Chul Han, un autor que puede considerarse un pos frankfurtiano. Ambos a pesar de sus marcos conceptuales diferentes, confluyen en su mirada del presente.

Una pregunta que ambos autores se hacen es la razón del ¿por qué resulta tan difícil para el ser humano discernir los tiempos actuales en toda su complejidad, divergencias y desafíos? En buena medida, como lo expresa el Papa Francisco con claridad, la dificultad radica en que “se puede decir que hoy no vivimos un tiempo de cambio, sino un tiempo de época” (Francisco, 2019, 21 de diciembre, párr. 7). Es decir que transitamos un momento histórico donde el pasado no termina de pasar y el futuro no termina de llegar.

Seguramente es un lugar común sostener que estamos inmersos en una gran crisis, pero no deja de ser una apreciación certera y ésta no se trata solo de una crisis económica y financiera como advierten tanto Han como Tolentino Mendonça:

No son solo las turbulencias de los mercados. No es solo la precariedad del trabajo en el siglo XXI y el agravamiento de los desequilibrios sociales. No es solo el impacto de las tecnologías y el choque de paradigmas en la era del conocimiento y la información. Es un cambio radical que afecta, ante todo, a la forma en que la humanidad vive su existencia en el mundo (Tolentino de Mendonça, 2024, p.3).

Digitalización, percepción del tiempo y del espacio

Es evidente que esta crisis se agudizó, se aceleró, con el advenimiento de la digitalización. Pero detengámonos en el término digital, sugiere Tolentino de Mendonça (2024), que es la manera genérica con la cual se describe esta época o transición de época. El término deriva del latín digitus, literalmente dedo, pero suele traducirse como numérico (ya que originalmente se contaba con los dedos). Y Tolentino de Mendonça señala que:

El descubrimiento de que cualquier porción de la realidad puede ahora traducirse numéricamente, transformarse en una estructura de datos, en un algoritmo. Esta traducción numérica de la realidad representa, a la vez, una nueva herramienta y una forma de vida diferente: una vida desmaterializada, liberada del peso de las contingencias; una vida increíblemente rápida, accesible a todo el mundo en cualquier momento. (Tolentino de Mendonça, 2024, p. 3).

La era digital ha transformado nuestra percepción del tiempo y el espacio, redefiniendo así el panorama político, social y cultural. La información digitalizada y alojada en Internet trasciende las barreras temporales, persistiendo indefinidamente en el ciberespacio. Simultáneamente, la globalización informativa ha difuminado las fronteras geográficas, permitiendo un flujo de datos sin precedentes a escala mundial.

En cuanto a la modificación perceptual del tiempo, Concheiro (2017) señala que la externalización de la memoria, mediada por el uso intensivo de tecnologías digitales, genera una paradoja contemporánea: aunque permite un significativo ahorro de tiempo, también provoca una progresiva desvinculación respecto a la experiencia emocional y corporal directa de los acontecimientos. De este modo, se limita la interiorización y el compromiso personal, procesos que necesariamente requieren tiempo y una memoria individual activa, aspectos erosionados por la inmediatez tecnológica (Concheiro, 2017; Rodríguez Ayala, 2018).

En este sentido, la aceleración temporal actual no solo afecta la dimensión cotidiana de la vida, sino que impacta directamente en la esfera política y comunicacional. La lógica dominante de velocidad e instantaneidad influye en cómo las personas procesan la información y participan en procesos políticos, generando experiencias superficiales y efímeras (Rodríguez Ayala, 2018). La ausencia de mediación corporal y emocional convierte estas experiencias en algo pasajero, dificultando sustancialmente la formación de compromisos profundos y la construcción de memorias duraderas tanto personales como colectivas (Concheiro, 2017).

Nuevas tecnologías como extensiones cognitivas

Esta nueva realidad ha dejado obsoletas ciertas concepciones tradicionales. Por ejemplo, considerar una computadora como un mero intermediario es ahora un enfoque anticuado. Marshall McLuhan (1985) anticipó esta evolución hacia un mundo computarizado y numérico, y las actuales generaciones Y, Z y Alfa la experimentan de primera mano en su vida cotidiana. En este contexto, la tecnología digital no solo facilita la comunicación, sino que se ha convertido en una extensión de nuestras capacidades cognitivas y sociales. La interacción con dispositivos digitales ya no es una simple mediación, sino una forma integrada de procesar información, relacionarnos y participar en la sociedad.

Esta reconfiguración del entorno informativo y comunicacional tiene profundas implicaciones en la esfera política. Los líderes y las instituciones están obligados a adaptarse a un escenario donde la información fluye libremente y en abundancia, las opiniones se forman y propagan a velocidad vertiginosa, y las comunidades se organizan más allá de las limitaciones físicas. “Las nuevas tecnologías son una extensión de sí mismos; y la inteligencia artificial se convertirá en un dispositivo para que puedan operar su relación no solo con las cosas, sino también consigo mismos” (Tolentino de Mendonça, 2024, p. 3).

Como afirmaba con gran lucidez McLuhan antes de la aparición de la Internet:

Quizás sea más sencillo decir sin vacilar, que el verdadero uso de la computadora no es para reducir personal ni gastos, ni para acelerar o facilitar nada de lo que está en marcha. Su verdadera función consiste en programar y orquestar de modo armónico medios y energías terrestres y galácticas. (McLuhan,1985, pp. 55-56).

McLuhan concebía la programación del medio como una herramienta de gran alcance para moldear la experiencia humana. En su visión, este proceso se asemeja a un complejo panel de control, capaz de ajustar los "termostatos globales" que regulan nuestra percepción sensorial. El objetivo final de esta manipulación, según McLuhan, sería crear un entorno propicio para el bienestar y la satisfacción de la humanidad. Es como si, a través de la programación y orquestación de medios y energías, se pudiera sintonizar la "temperatura" de la experiencia humana, buscando el punto óptimo para el confort y la plenitud. Esta metáfora del "tablero de control" resalta el poder transformador que McLuhan atribuía a la tecnología como arquitecto de nuestra realidad sensorial y emocional (Cfr. McLuhan,1985, pp. 55-56).

La visión anticipatoria de McLuhan se materializa hoy en día con notable precisión, enfatizando la necesidad crítica de repensar nuestro vínculo con la tecnología digital desde una perspectiva ética integral.

Dataísmo y totalitarismo digital según Byung-Chul Han

Y en esta perspectiva del entorno tecnológico digital entendido como numérico, se introduce la noción de dataísmo que propone Han en su texto (2021). Sostiene Han que en esta era que él denomina la “segunda Ilustración” la palabra clave es transparencia porque consideramos que los datos son un medio transparente. El imperativo de esta etapa o segunda ilustración es que todo se convierte en datos e información. “El dataísmo, que pretende superar [y estar al margen de toda ideología] es en sí mismo una ideología”. Según Han (2021, p.88) esto conduce al “totalitarismo digital”, una especie de ilustración digital que en definitiva se convierte en esclavitud.

El totalitarismo digital, desde la perspectiva de Han (2022), no representa una distopía futura, sino una realidad emergente en la cual la tecnología intensifica formas sutiles de control social sobre los individuos. Este análisis cuestiona la aparente neutralidad de las herramientas digitales y propone repensar su influencia en la conformación de las subjetividades contemporáneas. Han sostiene que en la sociedad digital "la prisión digital es una zona de confort; el like excluye toda revolución" (Han, 2022, p. 91). Por consiguiente, superar esta pasividad requiere reivindicar espacios de opacidad, silencio y resistencia frente a la tiranía impuesta por la transparencia absoluta (Han, 2022; Marcone Lo Presti, 2022).

Por otra parte, la tendencia creciente al dataísmo es también empobrecimiento de marcos teóricos y reflexiones. Al respecto, vale esta reflexión lúcida de Chris Anderson (2008),

Adiós a toda teoría del comportamiento humano, desde la lingüística hasta la sociología. Olvida la taxonomía coma la ontología y la psicología. ¿Quién sabe por qué la gente hace lo que hace? La cuestión es que lo hace y que podemos seguirlo y medirlo con una fidelidad sin precedentes con suficientes datos coma los números hablan por sí mismos. (párr. 7)[3]

Esta afirmación de Anderson revela cómo el dataísmo podría estar socavando la capacidad crítica e interpretativa que tradicionalmente ha sustentado el debate democrático.

Big Data, psicopolítica y despersonalización del ciudadano

En una sociedad colmada de incertidumbre, los datos colman el vacío de sentido. Hoy se registra toda actividad que realizamos, y estamos atrapados en una memoria total de tipo digital (Cfr. Han, 2021, p. 81). Big data y data mining parecen ser la panacea de las estrategias de campaña política. La vida privada y la psique de los votantes es la materia prima de la praxis de la microfísica del poder, afirma Han (2021, p. 81), de “una psicopolítica movida por datos”.

En este contexto de culto a lo numérico, se observa como el auge del Big Data tanto en investigación política como de mercado “quizá hace legibles aquellos deseos de los que no somos conscientes de forma expresa” (Han, 2021, p. 83). Y, si el Big Data llegara a proporcionar un acceso al reino inconsciente de las acciones e inclinaciones de los ciudadanos, sería posible pensar “una psicopolítica que interviniera hasta en lo profundo de nuestra psique y la explotara.” (Han, 2021, p. 83). Podemos afirmar que el Big Data, como negocio que capitaliza y comercializa los datos personales, despersonaliza al ser humano transformándolo en mera mercancía (Han, 2021, p.85).

Y, siguiendo con esta línea de despersonalización y mercantilización del ciudadano, Han señala que “estamos frente a una democracia de espectadores” (Han, 2021, p. 23) y que esos habitantes, más que ciudadanos, ceden su libertad “ante la pasividad del consumidor. El votante, en cuanto consumidor, no tiene un interés real por la política.” (Han, 2021, p. 22).

Es por lo que, de manera enfática, En su texto Psicopolítica Han señala que el ciudadano “no está dispuesto ni capacitado para la acción política. Solo reacciona de forma pasiva a la política, refunfuñando y quejándose, igual que el consumidor ante las mercancías y los servicios que le desagradan” (Han, 2021, p.22).

Y concluye, adelantándose quizás a algunos aspectos de las últimas elecciones presidenciales en Argentina (2023) y EE.UU. (2024):

La reivindicación de la transparencia presupone la posición de un espectador que se escandaliza. No es la reivindicación de un ciudadano con iniciativa, sino la de un espectador pasivo. La participación tiene lugar en la forma de reclamación y queja. La sociedad de la transparencia (…), funda una democracia de espectadores (Han, 2021, pp.22-23).

Esta condición de espectador pasivo, potenciada por la psicopolítica digital, tiene implicancias más amplias en la estructura social, conduciendo inevitablemente a fenómenos como la fragmentación y la crisis de confianza.

Sociedad fragmentada y crisis de confianza

Estamos, pues, sostiene Tolentino de Mendonça (2024), “en el ojo del huracán y, como individuos y sociedades, tendremos que encontrar una forma de equilibrarlo” a pesar de que todavía no lo percibimos nítidamente. En este punto, vale la pena recordar junto a Tolentino las preguntas que se hacía el poeta T. S. Eliot (1934):

Pero la cercanía de la muerte no nos acerca a Dios.

¿Dónde está la vida que hemos perdido en vivir?

¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en conocimiento?

¿Dónde el conocimiento que hemos perdido en información? (p. 168)

, claramente, no podemos actuar como si todo siguiera igual que antes.

Una de las características del momento, que lo tornan más complejo, es que nuestras sociedades se han fragmentado. Es “una sociedad fragmentada, donde la política en sentido amplio pasa a ser una más de las actividades del ciudadano y no la más relevante” (Rey Lennon, 2013, p. 18). Esta sociedad se parece más bien, comenta Tolentino de Mendonça (2024), a un antiguo mosaico bizantino ciertamente desparejado, que a la imagen agregada y unitaria de una pintura al óleo.

Y en este sentido, sostuvimos en Homo digitalis. El nuevo paradigma de los medios sociales que:

La sociedad virtual se inserta de una manera absolutamente natural dentro de los cambios que viene experimentando el mundo durante la posmodernidad. Por una parte, su propia sustancia es perfectamente compatible con el proceso de desmaterialización y fragmentación de todos los órdenes de lo social y, por la otra, su aceleración es perfectamente compatible con la del tiempo social en este período de profundos cambios que vive la humanidad. (Rey Lennon, 2013, p. 21).

La fragmentación social y la crisis de confianza constituyen fenómenos centrales en el análisis contemporáneo de la sociedad, especialmente desde la perspectiva del cardenal José Tolentino de Mendonça. El cardenal caracteriza la realidad actual como "un mosaico disparejo", subrayando que la fragmentación y la falta de cohesión social son síntomas de una crisis más profunda: la pérdida de confianza en las instituciones, incluidas las educativas (Tolentino de Mendonça, 2023). Esta desconfianza generalizada se manifiesta en el desencanto de las sociedades democráticas, las cuales, según Tolentino, "no consiguen realizar las aspiraciones fundamentales de los ciudadanos" (Tolentino de Mendonça, 2023).

En sus intervenciones, Tolentino de Mendonça señala que vivimos en tiempos de "gran conflictualidad", fenómeno especialmente visible en las redes sociales, donde se libra "una guerra de 'eus'", es decir, una confrontación de identidades individuales en un contexto donde millones de personas han adquirido la posibilidad de asumirse como sujetos autónomos. Este individualismo exacerbado, advierte el cardenal, ha conducido a "una dramática fragmentación de la experiencia social", debilitando los lazos comunitarios y generando nuevas formas de exclusión y polarización (Tolentino de Mendonça, 2023; 2017).

Pérdida de confianza institucional

La reflexión de Tolentino se inscribe en una preocupación más amplia por la crisis antropológica de nuestro tiempo, en la que la fragmentación social es tanto causa como consecuencia de la pérdida de referentes comunes y de la erosión de la confianza interpersonal e institucional (Tolentino de Mendonça, 2023). En este sentido, el cardenal invita a repensar el pacto comunitario y a recuperar una antropología integral que permita reconstruir los vínculos sociales y fortalecer la esperanza colectiva.

Estamos inmersos en un estado de turbulencia permanente, y es crucial reconocer esta realidad. “Es ante todo una crisis de confianza”, señala Tolentino de Mendonça (2024, p.3) y, asimismo, una crisis de identidad. El teólogo portugués (2024, p.4-y ss.) argumenta que se genera una crisis de confianza cuando diversos actores sociales y políticos no asumen un papel transformador en su entorno. Esta situación se produce cuando:

1. Los medios de comunicación, las redes sociales, la comunicación política y la educación replican sin cuestionamiento las desigualdades existentes en la sociedad, ya sean estas económicas, sociales o de otra índole.

2. Estos mismos actores no se comprometen a mejorar su contexto, por ejemplo, no responden de manera positiva a la promoción de los derechos humanos universales.

3. En lugar de buscar cambios e inclusión, se aferran a un modelo selectivo y elitista.

En esencia, la falta de crítica y acción positiva por parte de las instituciones políticas y los sistemas de comunicación para abordar las asimetrías sociales conduce necesariamente a una pérdida de confianza en la sociedad. Retomando las expresiones del Papa Francisco:

Este trágico y sistémico aumento de las desigualdades entre grupos sociales dentro de un mismo país y entre las poblaciones de los diferentes países tiene también un impacto negativo en el plano económico, político, cultural e inclusive espiritual. Y esto a causa del progresivo desgaste del conjunto de relaciones de fraternidad, amistad social, concordia, confianza, fiabilidad y respeto, que son el alma de toda convivencia civil. (Francisco, 2021, párr.8)

Y esta realidad que desnuda el Papa Francisco plantea una selectividad humana, que en lugar de acercar a los seres humanos, los aleja, y los fragmenta.

¿Una crisis generadora o destructiva?

Argumenta Tolentino de Mendonça (2024, p. 4) que esta crisis es también en su esencia una crisis generadora si somos capaces de preguntamos qué hacer realmente “para responder a los grandes interrogantes humanos y a la verdadera emergencia que vivimos”. Pero, advierte, podemos encontrarnos en dificultades ya que las estructuras políticas se convierten con facilidad “en corporaciones demasiado pesadas y defensivas en relación con la evaluación y la crítica”, y corren el riesgo de operar “con un retraso histórico en relación con los debates de la época más decisivos”. Y en este contexto, la política puede convertirse en “un lugar de auto preservación más que de innovación. Su discurso se centra más en el pasado que en el futuro”.

En este mundo que se ha descripto, fragmentado, cargado de incertidumbre y disgregado, la tarea del discurso político es la de “explicar activamente razones para la esperanza, y transformar nuestro discurso en un discurso humanista”, afirma Tolentino de Mendonça (2024, p. 5). Porque “no cabe duda de que el futuro exige una visión humana e integrada y esperanzada en la que el conocimiento, la educación y la cultura tengan realmente un lugar operativo” dentro de la acción política.

Conclusiones: hacia un humanismo político integral

La propuesta central de este ensayo es la necesidad urgente de que la política del siglo XXI vuelva a centrarse en el ser humano, fomentando una visión holística del individuo y promoviendo activamente la esperanza y el humanismo en el discurso y la acción política. Si bien la crisis actual presenta un potencial destructivo, también puede ser una fuerza generadora si la humanidad es capaz de abordar las preguntas fundamentales del ser humano y la emergencia actual; sin embargo, las estructuras políticas existentes a menudo muestran resistencia al cambio necesario.

Es fundamental fortalecer una visión holística del individuo que lo ubique como eje central de los principales procesos políticos, tecnológicos y de desarrollo de la civilización. La prioridad debe ser invertir en la formación y el desarrollo de cada persona, permitiéndole maximizar su potencial en aspectos cognitivos, creativos, espirituales y éticos. De esta manera, cada individuo podrá hacer una contribución significativa y cualificada al bienestar colectivo de la sociedad (Cfr. Tolentino de Mendonça. 2024).

El mensaje de Tolentino resuena con especial fuerza en un mundo fragmentado: frente a la crisis multidimensional que enfrentamos, la respuesta debe ser igualmente integral, recuperando recursos espirituales y humanos que nos permitan reconstruir el tejido social desde el amor, la compasión y una esperanza activa y transformadora.

Dados los desafíos de la infocracia, las noticias falsas y la despersonalización de los ciudadanos, un área crucial para la investigación futura es examinar la efectividad de las estrategias educativas destinadas a fomentar la alfabetización digital, el pensamiento crítico y la capacidad de discernir información confiable en un entorno digital saturado. Las instituciones educativas y las organizaciones de la sociedad civil deben desarrollar e implementar programas integrales de ciudadanía digital que proporcionen a las personas las habilidades para evaluar críticamente la información en línea, comprender las implicaciones de la Big Data y participar de manera constructiva en el discurso político digital.

Para finalizar, decía el Papa Francisco a los estudiantes universitarios en Cagliari, “el momento histórico que vivimos nos urge a buscar y encontrar caminos de esperanza que abran nuevos horizontes a nuestra sociedad” (Francisco, 2013, párr. 5).

Porque una globalización sin esperanza ni visión está expuesta a los condicionamientos de los intereses económicos, a menudo alejados de una correcta concepción del bien común, y “produce fácilmente tensiones sociales, conflictos económicos y abusos del poder […] tenemos que donar esperanza al mundo globalizado de hoy” (Francisco, 2018, párr. 10).

En definitiva, este enfoque humanista no solo ofrece una respuesta ética a la crisis actual, sino que también propone un camino viable y esperanzador para revitalizar democracias desgastadas por la fragmentación digital.

Material suplementario
Información adicional

redalyc-journal-id: 5819

Referencias bibliográficas
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Notas
Notas
[2] El cardenal José Tolentino de Mendonça, actual prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación del Vaticano, es reconocido como una de las voces más lúcidas del pensamiento católico contemporáneo.
[3] Traducción del autor
Notas de autor
[1] Doctor en Comunicación Pública por la Universidad de Navarra (España) y Licenciado en Publicidad por la Universidad del Salvador. Dirige el Doctorado en Comunicación de la Universidad Católica Argentina (UCA). Profesor titular por concurso e investigador en la Universidad Nacional de La Matanza y profesor ordinario e investigado en la UCA. Profesor de posgrado en las universidades Camilo José Cela, Madrid; en la UNLZ, y en la UES21. Presidente de la Asociación Argentina de Consultores Políticos, ASACOP (2024-2025). Profesionalmente participó y desarrolló numerosas campañas institucionales y políticas a través de su consultora. Es autor de ocho libros sobre comunicación. Correo: frey@unlam.edu.ar. ORCID: https://orcid.org/0000-0001-8230-3539.
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