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Notas sobre las ocho plagas latinoamericanas1
Notes on the eight Latin American plagues
Controversias y Concurrencias Latinoamericanas, vol. 11, núm. 20, pp. 247-261, 2020
Asociación Latinoamericana de Sociología

Artículos



Recepción: 24 Febrero 2020

Aprobación: 03 Marzo 2020

Resumen: Se abordan ocho problemas estructurales que comparten, a pesar de sus diferencias, la mayoría de los países de América Latina, a saber: profundas desigualdades; informalidad laboral y pobreza; reprimarización de las actividades económicas; deterioro del medio ambiente; mayor apertura financiera que comercial; desindustrialización temprana; estancamiento económico y movilidad social; y violencia cada vez más insostenible.

Se concluye señalando siete propuestas: Pensar en el mercado interno en su relación con el mercado externo, a partir de la productividad del trabajo y del mejoramiento del tejido industrial ; aumentar la inversión con una política industrial; invertir en investigación; hacer que la moneda quede depreciada frente al dólar y una reforma fiscal como las que existen en los países avanzados. Finalmente, una política de redistribución a favor de los más vulnerables.

Palabras clave: Problemas estructurales, América Latina, desindustrialización, desigualdad.

Abstract: The present paper addresses eight structural problems common to most Latin American countries despite their differences. These are informal labor market and poverty; the return to the production of primary products in the economy; environmental damage; greater financial than trade openness; early deindustrialization; economic stagnation and social mobility; and untenable levels of violence.

Seven proposals are made in the conclusions: considering de internal market in its relationship with the external market through labor productivity and the improvement of the industrial network; increasing investment with an industrial policy; investing in research; devaluation of the currency against dollar and tax reform like the ones that take place in developed countries; finally, a distribution policy that is more favorable for the most vulnerable sectors.

Keywords: structural problems, Latin America, deindustrialization, inequality.

Desarrollo

Ocho plagas latinoamericanas

1/ Estos países son profundamente desiguales y los que lo eran menos (Argentina, Chile...) lo han llegado a ser en los últimos treinta y cuarenta años.

Las desigualdades son numerosas, las principales son las siguientes: Desigualdades entre los pobres y los ricos, entre los que no tienen bienes y los que los tienen desde el nacimiento, desigualdades en la fiscalidad, desigualdades entre los inmigrantes, sus hijos y otros, desigualdades entre los que van a una buena escuela y los que no tienen más remedio que ir a escuelas menos buenas, las desigualdades entre hombres y mujeres, las desigualdades en materia de despidos, las condiciones de trabajo entre los que trabajan en empresas pequeñas y grandes, las desigualdades entre los que trabajan en el sector informal o en un empleo protegido, las desigualdades según el color de la piel y las desigualdades en materia de ingresos en general. La mayoría de estas desigualdades se superponen.

La distribución de los ingresos es mucho más desigual que en los países avanzados. Peor aún, después de los impuestos directos y las transferencias sociales, mientras que el Gini -un indicador de desigualdad- cae entre diez y quince puntos en una escala de 1 a 100 en los países avanzados, su reducción en América Latina es sólo de dos puntos. Ninguno de los países ha aplicado una reforma fiscal que permita reducir las desigualdades.

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Una regresividad fiscal poco disminuida por las transferencias sociales

Las desigualdades de ingresos tendieron a disminuir en la década de 2000 hasta el advenimiento de la crisis para el 95% de la población. El 5% más rico y especialmente el 1% más rico (Salama, 2015; Medeiros et alii, 2014; Alfonso, 2014; Morgan, 2017; Iguales-Oxfam, 2018) han experimentado, incluso durante la primera década del 2000, un aumento en términos absolutos y relativos de sus ingresos -en contra del discurso oficial- debido principalmente al creciente peso de las finanzas. Con el inicio de la crisis en el segundo semestre de 2010 -que afecta principalmente a Brasil, Argentina, Venezuela- y la desaceleración económica (México...), las desigualdades de ingresos aumentan y la pobreza vuelve a crecer.

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Evolución de las desigualdades de ingresos en Brasil de 1981 a 2018

2/ Informalidad laboral y pobreza demasiado grandes

El empleo informal es muy importante, al igual que las tasas de pobreza absoluta. Por otra parte, el empleo formal -incluido el empleo público- en 2015 suele ser sustancial. Varían desde el 30% del empleo total en Bolivia hasta el 37% en el Perú, el 42% en Colombia, el 53% en el Brasil, el 54% y el 62%, respectivamente, en México y la Argentina (Schteingart, 2018)2. La informalidad y la pobreza absoluta disminuyeron en el decenio de 2000, especialmente en los países con gobiernos progresistas, pero con la crisis reciente, están aumentando de nuevo, especialmente en la Argentina y el Brasil, y en Venezuela, profundamente afectada por una crisis económica sin precedentes. El gasto social (salud, educación, pensiones) ha aumentado más (Argentina, Brasil, Venezuela...) o menos (Colombia, México...) fuertemente, contribuyendo a la disminución estructural de la pobreza y a la virtual desaparición del analfabetismo juvenil.

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¿Quid de la informalidad?

3/ Reprimarización de las actividades económicas

En los últimos decenios la mayoría de las economías semi-industrializadas que anteriormente habían logrado reducir el peso relativo de sus exportaciones de materias primas en favor de las exportaciones de bienes industriales han conocido un proceso de reprimarización de sus actividades. El ejemplo de Brasil, país rico en materias primas, es representativo: en 1997 las exportaciones de materias primas ascendieron al 21,2% de sus exportaciones totales y las de productos de la industria de transformación al 78,8%. En 2019 estos datos son 43,3% y 56,7% respectivamente (IEDI, 2019). Otros, como el Perú, que estaban mucho menos industrializados, han desarrollado fuertemente su especialización en productos primarios. Los que estaban poco o menos dotados de recursos naturales (América Central, México) «exportaron» parte de su fuerza de trabajo a los Estados Unidos.

Con la reprimarización en un caso, los ingresos transferidos por los trabajadores inmigrantes a los Estados Unidos en otro y las entradas de capital netas de la repatriación de los dividendos e intereses pagados, las restricciones externas disminuyeron drásticamente en el decenio de 2000. La exportación de materias primas y las remesas -30.000 millones de dólares para México en 2019- aumentaron considerablemente la cantidad de divisas recibidas por esos países y, si bien han aflojado la restricción externa en la mayoría de los casos, también han fomentado el crecimiento del comportamiento rentista. La tasa de inversión resulta entonces insuficiente para permitir un crecimiento elevado y sostenible que pueda producir una mejora significativa y duradera de la cohesión social.

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Tabla I. Formación bruta de capital fijo como porcentaje del PIB, en dólares de 2010, 2010-2018*

Fuente : CEPAL * Datos provisionales

4/ Desastroso deterioro del medio ambiente

La explotación de las materias primas de origen agrícola y minero se ha llevado a cabo con desprecio por el medio ambiente, con un cuestionamiento de los nuevos derechos obtenidos por las poblaciones indígenas cada vez más devueltas a su condición de subciudadanos de ayer en los países andinos, un deterioro de la salud de los campesinos y los mineros3. Luego es «justificada» por los gobiernos, incluso los progresistas, por los recursos presupuestarios provenientes de la explotación de estas materias primas, que se utilizan, en el mejor de los casos, para financiar un aumento de los gastos sociales (escolaridad, salud) para que el sacrificio de la generación actual pueda ser beneficioso para las generaciones futuras ...

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El conflicto entre el presente y el futuro, generaciones sacrificadas

5/ Mayor apertura financiera que comercial

A diferencia de muchas economías asiáticas, las economías latinoamericanas están relativamente cerradas al comercio internacional, participan poco en la cadena de valor internacional -con la excepción de México y algunos países de América Central- pero en general están muy abiertas a los flujos financieros. Desde el punto de vista comercial, se han abierto al ritmo medio de la apertura mundial, a diferencia de algunos países asiáticos como los dragones (Hong Kong, Singapur, Corea del Sur), los tigres (Filipinas, Tailandia, Malasia, etc.) y China. Los derechos de aduana son particularmente elevados para los bienes de capital y los productos intermedios y están disminuyendo relativamente menos que en Asia. Una apertura financiera más importante que la apertura comercial.

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Una integración internacional más desfavorable

En términos generales, en los diez primeros años de este nuevo milenio, la globalización en América Latina ha tenido efectos positivos: menos deuda externa, más crecimiento, menos inflación, excepto en Argentina, presupuestos mejor controlados, alza de salarios reales y menos pobreza. Sin embargo, al mismo tiempo han tenido efectos «perversos»: fragmentación territorial dentro de las naciones entre regiones que pierden y regiones que ganan, con sus manifestaciones en términos de pérdida de puestos de trabajo, aumento del desempleo y más particularmente del desempleo juvenil4, primero de forma subrepticia y luego abiertamente con la llegada de grandes crisis (Argentina, Brasil) o una desaceleración de la actividad económica.

6/ Desindustrialización temprana vinculada a la baja tasa de inversión y a un esfuerzo de investigación en gran medida insuficiente

Casi todos los países avanzados están experimentando un proceso de desindustrialización relativa de diversos grados. La industria pesa cada vez menos en términos relativos a favor de los servicios cada vez más sofisticados. En contraste con estos países, los países latinoamericanos están experimentando una desindustrialización temprana. Aparece cuando el ingreso per cápita al comienzo de este proceso es la mitad del de los países avanzados cuando comienza su desindustrialización. La desindustrialización da lugar a una caída relativa y absoluta de los empleos industriales, a la destrucción de parte del tejido industrial y a la incapacidad de producir productos de alta y media tecnología de manera sostenible. Es el resultado del auge de las economías rentistas, más precisamente del comportamiento rentista con el aumento de la financiarización y de las actividades primarias destinadas a la exportación. Paradójicamente, cuando el país opta por la exportación de productos manufacturados, como hizo México en el decenio de 1980, la desindustrialización se desarrolla en sectores industriales orientados al mercado interno cuando no se emprende una política industrial para integrar localmente las actividades ascendentes o descendentes.

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Figura I. Sector manufacturero como porcentaje del PIB, mundo y Brasil, en dólares de 2010

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América Latina se está perdiendo la revolución industrial en curso

7/ Tendencia al estancamiento económico y a la movilidad social

El promedio de las tasas de crecimiento per cápita durante un largo período de tiempo de la mayoría de las economías latinoamericanas es de entre el 0 y el 2%. Así pues, en los últimos cuarenta años, su PIB per cápita ha tendido a estancarse, en particular en México, aunque la mayoría de ellos experimentó un ligero repunte en la primera década de la década de los años 2000. Contrariamente a una idea relativamente compartida, estas economías han sido poco o nada emergentes. En consecuencia, han convergido poco o nada hacia el nivel de ingresos per cápita de los países avanzados, a diferencia de muchos países asiáticos. Brasil, un país emblemático tanto por su peso económico, por la influencia de la política llevada a cabo por el Presidente Lula (2003-2011), como por el resultado de las últimas elecciones presidenciales que llevaron al poder a la extrema derecha en 2019, no experimenta esta convergencia. Su PIB per cápita, medido en comparación con el de los Estados Unidos, es aproximadamente el mismo que en 1960, aunque en los años sesenta y setenta y en el primer decenio de 2000 estuvo cerca.

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Tabla II. Crecimiento a largo plazo del PIB/t 1950-2017, 1950 =100

Fuente: OCDE (2019): Nota: Europa occidental incluye aquí: Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Grecia, Irlanda, Italia, Noruega, Países Bajos, Portugal, Reino Unido, Suecia y Suiza; América Latina incluye: Brasil, Chile, Colombia, México y Perú. Según la OCDE (2019), el PIB per cápita de Argentina se duplicó entre 1950 y 2017, mientras que en América Latina se cuadruplicó. Entre 1980 y 2016, el crecimiento medio del PIB per cápita fue del 0,64%, inferior al observado en el conjunto de los demás países latinoamericanos, 1,4% (Coatz, García Díaz, Porta y Schteingart, 2018).

La tendencia al estancamiento a largo plazo no se manifiesta de la misma manera en cada país. Es un promedio y la dispersión en torno a este promedio difiere de un país a otro. La Argentina, por ejemplo, está experimentando una gran volatilidad en su crecimiento, coqueteando con tasas bastante altas durante varios años y luego se hunde en el abismo de la crisis, lo que no es el caso de México o Brasil. A todos ellos les resulta difícil recuperarse después de una crisis.

La relación entre la combinación de reprimarización y desindustrialización y la tendencia al estancamiento es compleja. La reprimarización-desindustrialización puede dar lugar a un ligero aumento de la tasa de crecimiento del PIB, pero también puede ser uno de los factores que a largo plazo explique el bajo crecimiento. La reprimarización sin una desindustrialización significativa debido a la falta de una industria importante puede explicar las tasas de crecimiento del PIB relativamente altas, pero sigue siendo vulnerable porque depende mucho del precio de las materias primas y de las cantidades vendidas sobre las que el país tiene poco control (Perú).

8/ Violencia cada vez más insostenible

La violencia es, a primera vista, difícil de medir. Si bien es posible cuantificar parte de la violencia a partir de las estadísticas publicadas por las autoridades policiales o judiciales de los distintos países, otra parte -con mucho la menos marginal- sigue siendo difícil de evaluar porque las declaraciones dependen de la confianza que se pueda tener en el sistema policial y judicial, y esta confianza no suele ser muy alta en América Latina. Para superar esta dificultad y la relacionada con las diferencias en la calificación o percepción del mismo acto, optamos por considerar sólo los homicidios intencionales y los feminicidios. Por cada 100.000 habitantes, los homicidios y los feminicidios (en aumento) son mucho más elevados que los que se producen en los países europeos avanzados, del orden de 10 a 15 veces más, con la excepción de los países del cono sur como la Argentina.

Los pobres no son per se «una clase peligrosa» o por naturaleza (bajo coeficiente intelectual...), pero las políticas económicas de exclusión pueden hacerlos «peligrosos». A la inversa, una política de gasto social (educación, salud, subsidios diversos), permitiría favorecer la movilidad social y sería un factor de integración que constituiría nuevos códigos de valor que frenarían el estallido de la violencia.

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Hacia Estados porosos, incapaces de controlar todo su territorio

Conclusiones

En una de las charlas que impartí en Buenos Aires al final de 2018 hablé sobre una solución surrealista, hablé de Roberto Arlt, de “Los siete locos”, e hice siete propuestas locas, retomando de una cierta manera lo que que se dijo en Mayo de 1968 en Francia: “Seamos realistas, pidamos lo imposible”.

Para salir de esta situación de crisis profunda hay siete condiciones “locas”, por llamarlas de alguna manera. La primera es pensar en el mercado interno. El crecimiento va a llegar del aumento del poder de compra de la gente, es decir, del mercado interno. Pero no de manera separada del mercado externo, porque eso puede llegar solamente si hay un esfuerzo fuerte sobre la productividad del trabajo y si mejora precisamente el tejido industrial. Es la segunda propuesta “surrealista”.

La tercera es aumentar la inversión con una política industrial; la cuarta, invertir en investigación; la quinta, como lo hicieron los países asiáticos, hacer que la moneda quede depreciada frente al dólar. La sexta, una reforma fiscal como las que existen en los países avanzados. Finalmente, la séptima, una política de redistribución a favor de los más vulnerables. Son condiciones locas pero que se pueden dar si existe movilización.

Referencias Bibliográficas

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Notas

1 Ver Flexor et Dias da Silva (2019). La complejidad de las exportaciones depende del esfuerzo de investigación y desarrollo, y cuanto mayor sea el mismo, mayor será la probabilidad de que la economía sea capaz de producir productos complejos. Las exportaciones tienen dos características: su ubicuidad y su diversificación. La ubicuidad depende de la escasez, que a su vez depende de los recursos naturales que el país tiene o no tiene, o de la capacidad de producir bienes sofisticados que sólo unos pocos países pueden hacer. A fin de aislar esto último y construir un indicador de complejidad, tratamos de utilizar la diversidad de las exportaciones para medir el grado de ubicuidad y, por lo tanto, de complejidad. El grado de complejidad de las exportaciones latinoamericanas es bajo y está disminuyendo, a diferencia de muchos países asiáticos. Ver Hausmann, Hidalgo et allii (2014) e IEDI (2019).
1 La referencia implícita no es la de la Biblia: las siete plagas de Egypto, aunque nací en Egipto, sino de la gran obra de Stavenhagen, R. (1981). «Las siete tesis equivocadas sobre América Latina»¸ ed Nuestro tiempo, 15-84, a modo de homenaje.
2 La literatura sobre los empleos informales es muy abundante, ver también Maurixio y Vásquez (2019).
3 La literatura también es abundante hoy sobre este asunto, ver por ejemplo Svampa, M. (2017) y Buchardt, Dominguez, Larrea, et Peters (2016).
4 Ver OIT (2019). Panorama laboral, América Latina y el Caribe, que muestra que en 2019, la tasa de desempleo juvenil es tres veces mayor que el promedio de la población adulta.


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