Editorial
A México le puede ir mal… Trump go home

Abordamos en esta nota editorial de la revista Debates por la Historia, correspondiente al primer semestre de 2026, los acontecimientos provocados por las oleadas del imperialismo Yanki del siglo XXI, que no son posibles de soslayar. Utilizamos el término inglés Yankee precisamente porque fue apuntalado en la Guerra de Secesión, que ocurrió de los años 1861 a 1865, entre los ejércitos del norte (Yankees) y los del sur (Sureños). Los norteños defendían la liberación de los esclavos del sur, precisamente porque se requería crear las bases de la nación norteamericana en la industrialización, lo que demandaba fuerza de trabajo libre, que pudiera ser contratada por jornadas. El fin era el desarrollo del norte, en tanto que los estados sureños basaban su economía principalmente en la plantación de especies naturales como el algodón, arroz, tabaco, azúcar, entre otros productos agrícolas que exportaban para su procesamiento en la incipiente industria, por lo que requerían de la fuerza de trabajo esclava. Esta provenía de la piratería y el abuso que se hacía de África y de los afrodescendientes.
Sin el afán de la búsqueda victoriosa de Yankees o Sureños, al término de la guerra, en el año de 1865, la visión del país estaba direccionada a la abolición de la esclavitud, lo que dejaba a esa fuerza de trabajo libre para su contratación mediante el salario, apuntalando así un modo de producción para procesar las materias primas en la naciente industrialización. Finalmente se conforma la Unión Americana y con ello surgen los poderosos y ricos estados del norte, que miran al sur como abastecedor de las materias primas necesarias para su industria.
Sirva lo anterior para exponer en este texto la geopolítica global del norte rico y el sur empobrecido, una de las tesis que manejaba en sus enseñanzas un viejo y querido profesor que, aunque siendo químico, se dedicó a la historia. Nos ilustraba con gran claridad acerca de esa distribución geográfica del norte industrializado y la dependencia del sur especializado en materias primas para su transformación en bienes de consumo duradero y no duradero; siempre estableciendo la analogía de los Estados Unidos de América (EUA) y los países dependientes de Latinoamérica.
El sur también proveía la fuerza de trabajo más física que intelectual, lo que geopolíticamente también divide a la fuerza intelectual del norte y la fuerza de trabajo física del sur. Puiggrós (1984) llamó a este fenómeno la teoría de la dependencia, en la cual enfatiza -y aquí debemos considerarlo de manera crítica- oposición a la linealidad de la geopolítica norte-sur. Menciona que la dependencia es propiciada por las élites de las metrópolis que subordinan a las élites de las periferias, las cuales dependerán y harán depender las geografías territoriales y sus recursos naturales, en donde uno de los elementos que juega un papel fundamental es la educación, misma que puede ser conservadora o transformadora de las visiones, afines o no con la dependencia.
Hasta aquí queda clarificada la idea de ese norte y su visión rica e industrializada que ahora aparece nuevamente con la llegada de Trump al poder de los Estados Unidos de América, que después de la invasión a Venezuela, se dirigió a nuestro país con la frase que encabeza el presente editorial: A México le puede ir mal… Una velada amenaza que perturba al gobierno de la Cuarta Transformación, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien ha actuado como defensora de la soberanía, de los principios de la no intervención y de la autodeterminación de los pueblos para elegir sus propias formas de gobierno.
Los principios y valores defendidos por la presidenta de México están presentes y son elogiados por millones de mexicanos de avanzada afines a ellos; no así por quienes han sido llamados “Vende Patrias”, especialmente “Riqui Riquín Canallín”, como bautizó el expresidente Andrés Manuel López Obrador en el segundo debate presidencial de 2018 a Ricardo Anaya Cortés Anaya, ahora senador plurinominal (designación de las élites del partido y no por votación directa) por el Partido Acción Nacional. En la actualidad, Anaya es promocionado en varios memes irónicos con la frase que lo hizo famoso: “El petróleo ya no es opción, es necesario migrar a las energías limpias”. Él hubiera podido convencer a Trump de que no era necesaria la intervención en Venezuela, decirle que está equivocado, que el petróleo añorado ya no tiene valor… ¡Quisiera reír!, pero no puedo hacerlo en un escrito de corte científico.
Parece increíble que en este siglo XXI -habiéndose consumado su primer cuarto- ocurran acontecimientos como la invasión de los EUA a Venezuela, para la extracción quirúrgica del presidente Nicolás Maduro y su esposa, el pasado 3 de enero de 2026. Se les acusó de narcoterrorismo y narcotráfico, sin que hasta el momento se haya demostrado algo, pero la pareja presidencial se encuentra aún en calidad de presos políticos. Lo inverosímil es que se creía que Latinoamérica estaba exenta del colonialismo y de intervenciones por medio de ejércitos, pero al parecer estos acontecimientos marcan de nuevo las pretensiones del imperialismo norteamericano -o mejor dicho de Trump y su camarilla de millonarios neoliberales- para acceder a las materias primas perdidas, en este caso el petróleo pesado (de alta densidad y viscosidad) que abunda en Venezuela.
Pero, ¿por qué invadir y no comprar el petróleo que tanta falta le hace a la industria norteamericana? Precisamente porque inciden otros factores como China y Rusia. El primero se ha convertido en el principal comprador del petróleo venezolano, en socio comercial de gran escala y en proveedor de infraestructura para la producción del energético; además de los contratos económicos y créditos financieros extendidos al país sudamericano. Por otra parte, Rusia es proveedor de armamento militar, estrategias de defensa y respaldo político, en parte debido a la inclinación del populismo o socialismo del régimen de Maduro, sin entrar en muchos detalles, pero que es una tendencia que viene de varios años atrás con el anterior presidente Hugo Chávez.
Estamos ante dos colosos del este del hemisferio que le disputan el orden comercial a los EUA y que de manera general afirman estar brindando apoyo económico a Venezuela, a través de las relaciones comerciales que se ven gratificantes y humanistas, pero en las cuales se debe considerar que nada es gratis y en la supuesta “ayuda” está de por medio el petróleo venezolano, pues hay que recordar que este país tiene una de las mayores reservas del mundo.
El petróleo es el combustible energético del momento y sin este recurso no se mueven las embarcaciones, aviones o vehículos de motor, ni tampoco industrias como la petroquímica o de la construcción. Es por lo anterior que urgía crear cargos a Nicolás Maduro para recuperar a la Venezuela que se había relacionado política, militar y económicamente con regímenes socialistas. Lo importante para EUA es crear un régimen político títere, favorable a sus intereses, y para ello se había contemplado a la Premio Nobel de la Paz 2025, María Corina Machado, quien había movido a las bases sociales de manera no violenta, a los inconformes con lo que denominaban la dictadura de Maduro.
No es posible dejar de lado que el comité noruego que otorga el Premio Nobel fue duramente criticado, e incluso cuestionado, por actuar a las órdenes y presiones del presidente Trump. Pero, como es costumbre en la actitud del presidente norteamericano, a los pocos días del secuestro de Maduro -como él mismo lo considera- mencionó que Corina no sería la presidenta por su debilidad y la poca credibilidad con los venezolanos. El 15 de enero de 2026, Corina Machado asiste a la Casa Blanca y vuelve a ser calificada como no confiable por Trump, al confirmar lo anteriormente externado y al mencionar que prefiere seguir apoyando a Delcy Rodríguez como presidenta, pues constitucionalmente le correspondía el puesto al estar anteriormente en la vicepresidencia. Esta historia no es de archivo, a la manera de Ranke, como historia del pasado, sino una historia del tiempo presente, historia que aún no termina.
De nada sirvió que Machado le haya regalado la medalla del Premio Nobel a Trump, pues de forma interpretativa decimos que no tiene valor intrínseco y es probable que is already in the trash de la Casa Blanca o mucho peor, como lo anuncian algunos medios de comunicación pero ya de manera satírica, “este viernes 16 de enero del 2026 Trump está a la vez regalando la medalla del Premio Nobel a Benjamín Netanyahu, el genocida de la zona de Gaza, por haber terminado con el terrorismo en el Medio Oriente”. Ahora si que el Premio Nobel se convierte en objeto de bromas humillantes que desacreditan el verdadero espíritu que ideó su creador, el sueco Alfredo Nobel.
No es posible dejar de lado al quinto presidente de los EUA, James Monroe, quien gobernó de 1817 a 1825. En 1823 dio a conocer su política exterior, que fue conocida como la Doctrina Monroe, estableciendo “América para los americanos”, pero es bueno conocer el contexto. A manera de ilustración se pueden citar las independencias latinoamericanas que ocurrieron en un largo período que va de los años de 1810 a 1825, cuando se estaban constituyendo nuevas nacionalidades libres de la tutela de los colonizadores. Ahora eran libres para escoger su destino como nuevas naciones e iniciar y definir sus proyectos.
Las pretensiones de los EUA también empezaban a aflorar y querían tener la influencia en los nacientes países, a través de su política exterior. Por supuesto, una nueva forma de colonialismo, pero ahora más sutil, al menos en sus inicios, que dará origen a los países de la esfera de dominio y control estadounidense. En resumen, la Doctrina Monroe establecía que América quedaba comprendida en el área de influencia de los americanos y no se permitía la intervención de los países europeos; así como la no intervención de los americanos en asuntos europeos (Rodríguez, 2007).
La Doctrina Monroe funcionó y por qué no volver a aplicarla como lo está haciendo Trump ante la intervención de las potencias del este (China y Rusia). Se puede interpretar que esta doctrina está resurgiendo a conveniencia de los EUA, pero ahora la intervención no es solo para Latinoamérica sino también para otros países como Somalia, Yemen e Irán, o con la tan traída y llevada compra de Groenlandia al gobierno de Dinamarca, la anunciada intervención en Cuba y claro las despectivas y obscenas declaraciones en contra de México.
En el caso de nuestro país se amenaza con la idea de intervenir en contra de los carteles de las drogas y el tráfico de fentanilo, llegando incluso a mencionar que el país está gobernado por narcoterroristas. Se deja de lado a la presidenta Sheinbaum, quien ha mantenido la “cabeza fría”, la ecuanimidad, la paciencia y la serenidad ante los amagos del encarecimiento hasta del 25% de los aranceles a las exportaciones mexicanas, a la imposición de altas tasas para los envíos de dinero de connacionales a familiares en México y ante las múltiples arbitrariedades de las deportaciones masivas del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés).
Fue un notable mexicano, Genaro Estrada Félix, quien estableció las bases de una política exterior que guía al gobierno de México desde 1930 y que se conoce como Doctrina Estrada. Es el instrumento que la presidenta Claudia Sheinbaum ha seguido ante la incisiva, abusiva e intervencionista política asumida por Trump. Se basa en el principio de no intervenir en asuntos de gobiernos extranjeros, respetando así la soberanía y autodeterminación de los pueblos, así como el establecimiento de relaciones con otros países sin aprobar o desaprobar sus formas de organización social, protegiendo a la vez la soberanía mexicana (Serrano, 2008). La Doctrina Estrada ha sido un instrumento de la política exterior que permite a México posicionarse como un país que busca la paz y el diálogo ante los conflictos que se presentan.
Esperamos que el título del presente editorial sea inspirador para otros intelectuales sociales interesados en lo que está ocurriendo en esta historia del tiempo presente y que despierte el interés para que realicen más interpretaciones de los acontecimientos que se están viviendo en el aquí y ahora, con el fin de hacer sinergias y no permanecer al margen ante esta vorágine conflictiva de difíciles acontecimientos. Esperamos que Trump se equivoque cuando valore la importancia de una interrelación social, económica y política positiva entre los dos países y deseamos que no le vaya mal a México, que se asuma esa frase que ha estado presente desde siglos: Trump go home.
Esperamos la lectura de los artículos que se presentan en este número de la revista científica Debates por la Historia, deseando que sean útiles y apoyen sus trabajos investigativos. Les invitamos a que postulen sus resultados de investigación con fines de publicación y aprovechamos para desear a todas y todos un feliz año 2026. Cualquier comentario para fines de mejoramiento de lo que se publica en este medio, favor de hacerlo llegar al correo de la Dirección Editorial: aperezp@uach.mx.
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