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45 años después, el legado de la primera generación de arquitectura de la UMSNH, 1978-1983
45 Years Later: The Legacy of the First Architecture Cohort at UMSNH, 1978-1983
45 ans après, l'héritage de la première promotion d'architecture de l'UMSNH, 1978-1983
45 lat później: Dziedzictwo pierwszego pokolenia architektury na UMSNH, 1978–1983
Debates por la Historia, vol. 14, núm. 1, pp. 133-158, 2026
Universidad Autónoma de Chihuahua

Artículos de investigación

Algunos derechos reservados.

Recepción: 27 Octubre 2025

Aprobación: 12 Enero 2026

Publicación: 30 Enero 2026

DOI: https://doi.org/10.54167/debates-por-la-historia.v14i1.2161

Resumen: El presente trabajo reconstruye la historia y el significado de la primera generación de egresados de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, formada entre 1978 y 1983. A partir de entrevistas, documentos institucionales y análisis contextual, se examina el proceso fundacional de un programa académico que surgió en un momento de expansión educativa y transformación urbana en Michoacán. La generación fundadora enfrentó las particularidades de un proyecto académico aún en construcción. Durante su etapa como estudiantes, los integrantes de esta primera generación vivieron un proceso formativo marcado por la improvisación creativa, la cercanía con sus docentes y el entusiasmo propio de construir algo que aún no existía del todo. La convivencia diaria, los proyectos colectivos y la participación en actividades culturales y universitarias forjaron una identidad estudiantil comprometida con el entorno social y con el desarrollo de una visión crítica sobre la arquitectura y su papel en Michoacán. Su aporte fue determinante para dar respuesta a las necesidades sociales, urbanas y educativas de Michoacán, en dónde se tenía interés de formar arquitectos comprometidos con la transformación del entorno del estado; de ahí la importancia de analizar los desafíos enfrentados por la primera generación y comprender cómo sus experiencias formativas contribuyeron a la consolidación del proyecto académico y a la creación de una identidad profesional de la arquitectura en Michoacán.

Palabras clave: Michoacán, alumnos, escuela de arquitectura, primera generación, memoria institucional.

Abstract: This work reconstructs the history and significance of the first cohort of graduates from the School of Architecture at the Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, trained between 1978 and 1983. Based on interviews, institutional documents, and contextual analysis, it examines the founding process of an academic program that emerged during a time of educational expansion and urban transformation in Michoacán. The founding generation faced the peculiarities of an academic project still under construction. As students, the members of this first cohort experienced a formative process marked by creative improvisation, closeness with their professors, and the enthusiasm inherent in building something that did not yet fully exist. Daily coexistence, collective projects, and participation in cultural and university activities forged a student identity committed to the social environment and the development of a critical vision of architecture and its role in Michoacán. Their contribution was decisive in responding to the social, urban, and educational needs of Michoacan, where there was an interest in training architects committed to transforming the regional environment. Hence the importance of analyzing the challenges faced by this first generation and understanding how their formative experiences contributed to the consolidation of the academic project and the creation of a professional identity for architecture in Michoacán.

Keywords: Michoacán, students, school of architecture, first generation, institutional memory.

Résumé: Ce travail reconstruit l'histoire et la signification de la première promotion de diplômés de l'École d'Architecture de l'Université Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, formée entre 1978 et 1983. À partir d'entretiens, de documents institutionnels et d'une analyse contextuelle, le processus fondateur d'un programme académique né dans un moment d'expansion éducative et de transformation urbaine au Michoacán est examiné. La génération fondatrice a dû faire face aux particularités d'un projet académique encore en construction. Durant leur parcours étudiant, les membres de cette première promotion ont vécu un processus formatif marqué par l'improvisation créative, la proximité avec leurs enseignants et l'enthousiasme propre à la construction de quelque chose qui n'existait pas encore tout à fait. La vie quotidienne, les projets collectifs et la participation aux activités culturelles et universitaires ont forgé une identité étudiante engagée envers l'environnement social et le développement d'une vision critique de l'architecture et de son rôle au Michoacán. Leur contribution a été déterminante pour répondre aux besoins sociaux, urbains et éducatifs de l'État, où l'intérêt était de former des architectes engagés dans la transformation de leur environnement. D'où l'importance d'analyser les défis relevés par cette première promotion pour comprendre comment leurs expériences formatives ont contribué à la consolidation du projet académique et à la création d'une identité professionnelle de l'architecture au Michoacán.

Mots clés: Michoacán, élèves, école d’architecture, première promotion, mémoire institutionnelle.

Streszczenie: Niniejsza praca rekonstruuje historię i znaczenie pierwszego pokolenia absolwentów Szkoły Architektury Uniwersytetu Michoacán im. San Nicolása de Hidalgo (UMSNH), kształcącego się w latach 1978–1983. Na podstawie wywiadów, dokumentów instytucjonalnych oraz analizy kontekstowej zbadano proces zakładania programu akademickiego, który powstał w okresie ekspansji edukacyjnej i transformacji urbanistycznej w stanie Michoacán. Pokolenie założycielskie mierzyło się ze specyfiką projektu akademickiego będącego wciąż w fazie budowy. W okresie studiów członkowie tej pierwszej generacji doświadczyli procesu formacyjnego naznaczonego kreatywną improwizacją, bliską relacją z wykładowcami oraz entuzjazmem wynikającym z tworzenia czegoś, co jeszcze w pełni nie istniało. Codzienne współżycie, projekty zbiorowe oraz udział w działaniach kulturalnych i uniwersyteckich wykuły tożsamość studencką zaangażowaną w otoczenie społeczne oraz rozwój krytycznej wizji architektury i jej roli w Michoacán. Ich wkład był decydujący w odpowiedzi na potrzeby społeczne, urbanistyczne i edukacyjne regionu, gdzie dążono do wykształcenia architektów oddanych transformacji otoczenia stanu. Stąd wynika znaczenie analizy wyzwań, przed którymi stanęło pierwsze pokolenie, oraz zrozumienia, w jaki sposób ich doświadczenia formacyjne przyczyniły się do konsolidacji projektu akademickiego i stworzenia tożsamości zawodowej architekta w Michoacán.

Słowa kluczowe: Michoacán, studenci, szkoła architektury, pierwsze pokolenie, pamięć instytucjonalna.

Introducción

Este trabajo trata de la reconstrucción histórica sobre la primera generación y su formación como arquitectos en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH). La investigación hace posible visibilizar experiencias humanas y académicas que marcaron el nacimiento de una institución y profesión clave para la región. Además, recupera la memoria colectiva[1] de la comunidad universitaria y permite fortalecer su identidad, ofreciendo una referencia histórica para todas las generaciones.

En este sentido, la investigación se sustenta desde el enfoque de la historia de la educación institucional y cuenta con dos pilares metodológicos; el primero es la historia oral y el segundo, pesquisas archivísticas. En este orden de ideas, la historia oral nos dio la oportunidad de la recuperación de experiencias, sentires de la primera generación, considerando que es una historia reciente, no contada —hasta ahora— por sus protagonistas, por ello la valía metodológica de la historia oral para este trabajo.

Ante lo expresado, partimos del supuesto de que el archivo no siempre nos accede a narrar las memorias, emociones de las personas o, en ocasiones, el documento no es suficiente para reconstruir el pasado en el presente; por ello, la historia oral[2] juega un doble papel para la historia de la primera generación de la profesión en Arquitectura. Por un lado, se documentaron las memorias y se crea una narrativa histórica de aquellos años académicos e institucionales de los cuales en la UMSNH no se tenía una historia contada de la fundación de la escuela de Arquitectura; de aquí deriva la importancia de esta propuesta.

Posteriormente, se buscaron los sujetos con posibilidades para entrevistar para definir la muestra y se elaboró el guion de la entrevista, además de solicitar el consentimiento de los entrevistados para utilizar su relato en la publicación. A continuación, se hizo un análisis crítico de las mismas, con la finalidad de exponer el tema con el menor sesgo posible, además de contrastar la entrevista con documentos de la época y elaborar una síntesis final.

En un primer momento se consultaron fuentes oficiales (fotografías, documentación de archivos, diarios, entre otros), también bibliografía con la que se conoció el contexto histórico; lo anterior, para definir los tópicos abordados y desarrollados en esta propuesta histórica.

El surgimiento de las escuelas de arquitectura en México ha sido posible gracias a la evolución histórica del aprendizaje arquitectónico como disciplina. Desde los modelos gremiales medievales hasta las instituciones académicas actuales, la enseñanza de la arquitectura ha reflejado transformaciones culturales, políticas y tecnológicas importantes en la sociedad.

De acuerdo con Terán-Bonilla (2011), durante los siglos XVII y XVIII en la Nueva España, el aprendizaje de la arquitectura se mantuvo de manera gremial y empírica, basado en la práctica de los oficios de la construcción. Esta situación cambió con la llegada de las influencias académicas europeas, principalmente francesas e ilustradas, que buscaron redefinir el perfil del arquitecto hacia un intelectual del espacio, con formación científica y teórica.

Este giro se formalizó con la creación de la Real Academia de las Nobles Artes de San Carlos, fundada en 1781 e inaugurada formalmente en 1785. Esta institución fue la primera escuela de arte en el continente americano y comenzó a impartir instrucción formal en cuatro ramas: Arquitectura, Pintura, Escultura y Grabado. La enseñanza se nutrió constantemente con la incorporación de especialistas europeos que trajeron consigo los modelos neoclásicos y académicos.

La adopción de estos esquemas académicos de matriz europea fue fundamentalmente para la formación de las subsecuentes escuelas de arquitectura en el país. En 1910, con la fundación de la Universidad Nacional de México, la disciplina se integró a su oferta educativa a través de la Escuela de Bellas Artes, respondiendo a la necesidad de formar especialistas capaces de resolver las demandas de espacios de una sociedad en transformación y en la búsqueda de una identidad nacional moderna. En retrospectiva, el desarrollo de las escuelas mexicanas de arquitectura en el siglo XX retomó y adaptó las estructuras curriculares derivadas del modelo académico europeo a las particulares condiciones sociales y culturales de México.

En la Europa de 1919, la fundación de la escuela alemana Bauhaus (escuela de arte, arquitectura y diseño) planteó una ruptura con la tradición clásica, promoviendo un aprendizaje interdisciplinario que integraba arte, técnica y función (Rodríguez, 2022). El cambio anterior se expandió hasta Latinoamérica e influyó en la configuración de los programas académicos de arquitectura.

En el caso de la Escuela de Arquitectura UMSNH, fundada en la década de los setenta, esta contribuyó a la profesionalización de la arquitectura en México y a la consolidación de la profesión como tal. La institucionalización de la arquitectura no se limitó al continente europeo y la influencia cultural de las potencias europeas de finales del siglo XIX y principios del XX llevaron a las primeras escuelas de arquitectura fuera del continente, reproduciendo su modelo Beaux-Arts (Escudero, 2016). Por lo anterior, la creación de la Escuela de Arquitectura de la UMSNH, no fue un hecho aislado, sino una respuesta a las necesidades sociales, urbanas y educativas de Michoacán, en donde se tenía interés de formar arquitectos comprometidos con la transformación del entorno del estado; de ahí la importancia de analizar los desafíos enfrentados por la primera generación de estudiantes de la Escuela de Arquitectura de la UMSNH (1978-1983), y comprender cómo sus experiencias formativas contribuyeron a la consolidación del proyecto académico y a la creación de una identidad profesional de la arquitectura en Michoacán (Figura 1).


Figura 1
Primera generación de arquitectura
Fuente: Fondo fotográfico del Arq. J. Jesús Urtiz Gutiérrez.

Cabe mencionar, que, en vísperas de la apertura de la nueva escuela, se definió el Plan Nacional de Educación Superior impulsado por la Subsecretaría de Educación Superior y la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) lo que impactó en su creación. Dicho plan contemplaba programas como el de financiamiento a las universidades, la superación académica, la investigación científica, el servicio social, la administración universitaria, la normalización jurídica, entre otros aspectos (Solana et al., 2011). Sin embargo, dichas políticas no han sido suficientemente adecuadas, ya que históricamente México se ha encontrado rezagado en materia de cobertura y en su capacidad de ofrecer una educación superior de buena calidad, debido al aumento demográfico de la población entre 19 y 24 años, además de la falta de presupuesto y a que la política educativa no asegura la calidad en los servicios que ofertan las Instituciones de Educación Superior (Ocegueda et al., 2014).

Escuela de Arquitectura de la UMSNH

En la década de los setenta, en la República Mexicana se experimentó un crecimiento demográfico; la población en general incrementó un 47.76 %. En lo que respecta al estado de Michoacán, el aumento fue del 35.45 % (Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática [INEGI], 2002), factor que incentivó la economía y provocó el desarrollo urbano que se reflejó en la creación de espacios para actividades cotidianas.

Lo anterior motivó a un grupo de profesores de la Escuela de Ingeniería Civil de la UMSNH a realizar un proyecto para la creación de la carrera de arquitectura. El Ing. José Guzmán Cedeño, director de esa Escuela, José Alfonso Mier Suárez, Coordinador de Ingenierías, y el Ing. Joaquín Mejía A., integrante de la Junta de Gobierno, fueron algunos de los principales promotores de dicho proyecto, al interior de la Universidad.

La propuesta de la apertura de la carrera de arquitectura fue apoyada por el Colegio de Arquitectos de Michoacán (S. Rodríguez Alvarado, comunicación personal, 2 de mayo, 2014), quienes como colectivo profesional se solidarizaron con los ingenieros de la Escuela para elaborar una primera versión del plan de estudios. De la misma manera, expusieron a las autoridades universitarias la necesidad de la carrera, como un espacio de oportunidad para atraer a jóvenes a esta nueva profesión en Michoacán, con el consecuente beneficio para la sociedad.

El proceso de discusión y elaboración del programa de estudios inició en febrero y culminó en octubre de 1978, ocho meses, en los cuales se llevaron a cabo varias reuniones de trabajo en las que participaron profesionistas de varias universidades del país[3](J. A. Mier Suárez, comunicación personal, 27 de agosto, 2013). Cada uno de ellos contribuyó en el proyecto inicial de la escuela y en la elaboración del primer plan de estudios.

La institución educativa que más influyó fue la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura del Instituto Politécnico Nacional (IPN), organismo que para entonces había formado a un gran número de profesionistas; además, era una de las de mayor predominio y tradición en el país (AHUM, 1978).[4] También se consideró que un alto porcentaje del alumnado de la Escuela de Ingeniería Civil elegía esta carrera como línea de estudio, por ser la más afín a la de arquitectura. Otro factor importante que se sumó a la propuesta, que incluso sirvió de justificación para la elaboración del proyecto, fue la importancia de respetar y preservar el patrimonio que constituía el centro histórico de la ciudad de Morelia (AHUM, 1978).

La elaboración del plan de estudios se concluyó el 11 de julio de 1978, por lo que se puso a consideración del H. Consejo Técnico de la Escuela de Ingeniería Civil, para su discusión y, en su caso, aprobación. De acuerdo con el artículo 18º de la Ley Orgánica de 1966, era en los Consejos Técnicos de las Facultades o Escuelas donde se discutían y aprobaban en primera instancia proyectos de los planes de estudio (Gutiérrez. 2001).[5] El Consejo Universitario aprobó su apertura tres meses después, el 11 de octubre de 1978; la ubicaron en el área de Ciencias Sociales y Humanísticas (AHUM, 1979).

Planta docente, selección de alumnado, infraestructura y bibliografía

La selección de la planta docente de la nueva escuela quedó a cargo del coordinador, quien tres meses después fue nombrado director. El arquitecto Rodríguez era egresado del IPN y consideró conveniente incluir a profesores de la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura de la misma institución, algunos de la Facultad de Ingeniería Civil de la UMSNH y otros de la Universidad de Guadalajara, del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) y de la Escuela Nacional de Arquitectura de la UNAM (S. Rodríguez Alvarado, comunicación personal, 2 de mayo, 2014). En todas estas instituciones la enseñanza de la arquitectura tenía décadas de haberse establecido. Algunos de estos profesionistas se desempeñaban como arquitectos en la ciudad de Morelia.

Así, la planta de docentes quedó conformada por tres ingenieros: Jorge Guzmán Cedeño, Jaime Juárez Pérez y J. Jesús Paredes Villaseñor; cuatro ingenieros-arquitectos: Salvador Rodríguez Alvarado, J. Raimundo Estrada Hernández, Víctor Manuel Ruelas Cardiel y Alejandro Arias Monroy; y por último seis arquitectos: Ernesto Willians Aguilar Méndez, Rolando Cárdenas C., Jorge Eleazar Ojeda Morelos y Héctor Alanís Ugarte. Unos meses después de iniciadas las clases, se sumaron los arquitectos Rubén Darío Hernández Rodríguez, Juan Torres Calderón y José Guadalupe Torres Díaz. Acorde con la formación de dichos profesionistas, la nueva escuela adoptó la corriente del Funcionalismo.

Para la elección del alumnado fue necesario que los aspirantes realizarán un examen de conocimientos y otro psicométrico. De dicho proceso se seleccionaron 47 alumnos (S. Rodríguez Alvarado, comunicación personal, 2 de mayo, 2014), quienes conformaron una sección dividida en dos grupos; sin embargo, después de hacer presión, poco más de una veintena de jóvenes fueron aceptados unos días después de haber iniciado las clases (J. Urtíz Gutiérrez, comunicación personal, 25 de marzo, 2013).

La inauguración de la Escuela se llevó a cabo el viernes 10 de noviembre de 1978, a la que asistió como representante del Rector el doctor Jaime Genovevo Figueroa Zamudio; el licenciado Fernando Juárez Aranda en su papel de secretario general de la Universidad; además de los ingenieros Alfonso Mier Suárez y Fernando Tavera Montiel; y también algunos arquitectos integrantes de la planta de profesores y alumnos de la nueva carrera. La ceremonia se llevó a cabo en el auditorio del edificio R de la Unidad de Ciencias, Ingenierías y Humanidades en la también recién construida Ciudad Universitaria. En el acto inaugural tomó protesta como Coordinador el arquitecto Salvador Rodríguez Alvarado (Figuras 2 y 3). Para amenizar el evento se contó con el Cuarteto de Cuerdas de la Universidad (Figura 4).


Figura 2
Salvador Rodríguez Alvarado, primer director de la Escuela de Arquitectura
Fuente:Archivo Particular de Salvador Rodríguez Alvarado

No es de extrañar que la nueva carrera iniciara clases en infraestructura de la Escuela de Ingeniería Civil, ya que fueron los principales impulsores de su creación; así, los espacios que proporcionaron fueron tres salones y un área en la que se instaló la dirección, en donde el arquitecto Rodríguez atendía asuntos correspondientes a la nueva carrera, teniendo a su servicio únicamente una secretaria (S. Rodríguez Alvarado, comunicación personal, 24 de enero, 2012). Era tan pequeña la nueva dependencia que en ese momento no requería de más personal.


Figura 3
Asistentes a la ceremonia de inauguración de la Escuela
Fuente:Archivo Particular de Salvador Rodríguez Alvarado (1978).


Figura 4
Cuarteto de Cuerdas de la Universidad en la ceremonia de inauguración de la Escuela
Fuente: Archivo Particular de Salvador Rodríguez Alvarado (1978).

Por ser la arquitectura una profesión nueva en todo el estado, no fue fácil conseguir los materiales, instrumentos y mobiliario requerido para trabajar apropiadamente. Para ello, unos días antes de dar inicio a las clases, el Coordinador del programa se desplazó a la Ciudad de México, con un presupuesto otorgado por la tesorería de la Institución, para adquirir el mobiliario apropiado y que los talleres se impartieron adecuadamente. Unos meses después se le asignó más presupuesto para infraestructura, con el que se adquirió un equipo topográfico; sin embargo, el recurso sólo alcanzó para comprar uno de medio uso, a la Universidad de San Antonio, Texas. Asimismo, se compraron en la Ciudad de México libros y revistas para que los alumnos tuvieran material bibliográfico para consultar, el cual fue resguardado en la Biblioteca Central de la Universidad (S. Rodríguez Alvarado, comunicación personal, 24 de enero, 2012).

Con relación a la bibliografía, cabe mencionar que el arquitecto Rodríguez adquirió la que consideró más importante y que se utilizaba en las escuelas que llevaban años funcionando, como la Escuela Nacional de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México y la Escuela de Ingenieros y Arquitectos del IPN; de tal manera que estaba a la vanguardia a nivel nacional e internacional. Entre los textos destacaban: Arte de proyectar en arquitectura de Ernst Neufert, Arquitectura Habitacional del ingeniero arquitecto Alfredo Plazola Cisneros, Costo y tiempo en edificación del ingeniero Carlos Suárez Salazar y del ingeniero Diego Onésimo Becerril: Instalaciones Eléctricas Prácticas, Manual del instalador de gas L. P. y Datos prácticos de instalaciones hidráulicas y sanitarias, en conjunto con algunos libros sobre construcción (G. Sixtos López, comunicación personal, 19 de febrero, 2015).

Con los años y la experiencia que adquirió el arquitecto Rodríguez para que los jóvenes estudiantes tuvieran elementos adicionales de aprendizaje, escribió tres manuales: Gráficas Solares, Dibujo Arquitectónico y Perspectiva y Sombra, las instrucciones expuestas en dichos manuales, las practicó durante años en los talleres y estos vinieron a fortalecer la enseñanza (AGUM, 1977).

Academia, planta docente y alumnado

Las clases de la nueva carrera iniciaron un lunes 13 de noviembre de 1978 (AGUM, 1978). Cabe mencionar que a los estudiantes se les ubicó en una sección, un grupo organizado de jóvenes que pertenecen a un mismo nivel académico, pero que, por razones administrativas, pedagógicas o de capacidad, se divide en dos, y los talleres de Expresión Gráfica y Proyectos se les impartían en diferentes aulas. Las materias teóricas las tomarían en un solo salón las dos secciones; sin embargo, a un mes de iniciadas las clases, fueron aceptados 23 estudiantes más. En virtud de lo anterior, fueron tres grupos los que conformaron la primera generación. Quedaron constituidos de la siguiente manera: 23 integraron el grupo A, 24 el B y 23 el C (AGUM, 1978). En total sumaron 70: 57 hombres y 13 mujeres.

Una gran parte de la planta de profesores ejercía la profesión y la actividad docente era un trabajo extra; de tal forma que, en ocasiones, los horarios de clases se les empataron con los laborales, originando que no cumplieran con la obligación de la docencia, mostrando con ello, poco profesionalismo de su parte. Por este motivo, los alumnos se vieron en la necesidad de buscar los mecanismos para que se llevaran a cabo las clases con más regularidad y solicitar que asistieran los maestros a las aulas a compartir sus conocimientos (J. Urtiz Gutiérrez, comunicación personal, 25 de marzo, 2013).

En ese tiempo se encontraba laborando en la ciudad de Morelia el arquitecto Alfredo Zesati Andrade, a quien los mismos alumnos solicitaron que impartiera alguno de los cursos optativos (G. Sixtos López, comunicación personal, 17 de febrero, 2015); sin embargo, el arquitecto se negó porque dirigía la construcción de fraccionamientos residenciales (Hemeroteca de la Universidad Michoacana “Mariano de Jesús Torres” [HUM], 1979), por tal motivo le fue imposible incorporarse a la planta de profesores; lo que habla de algunos obstáculos que enfrentó esta primera generación, al no contar con profesionales dedicados y comprometidos con la docencia universitaria, en el área de la arquitectura.

Ya iniciadas las clases del primer semestre, la materia que en general se les dificultó a la mayoría de los alumnos fue la de Matemáticas, al igual que la de Estática, que se impartía en segundo semestre. Otra que resultó un tanto compleja para los jóvenes fue la de Materiales y Procedimientos de Construcción, materia seriada que se cursaba durante siete semestres, debido a que en ella se veían los sistemas, procesos y materiales constructivos tradicionales. En este tenor, el alumno más sobresaliente, de acuerdo con los registros de calificaciones, fue Camilo Armando Aguilar Martínez (AGUM, 1978).

La mayoría de los estudiantes habían efectuado sus estudios de bachillerato en la misma ciudad de Morelia (AGUM, 1978); otros provenían de algunos de los municipios de mayor desarrollo económico del estado, como Zamora, Zacapu y Ciudad Lázaro Cárdenas. Así mismo, en esta primera generación, ingresaron algunos jóvenes originarios de otras entidades colindantes con Michoacán como Guanajuato (de los municipios de Moroleón, Celaya y Salamanca). También hubo algunos que venían de otros estados más alejados, como Chiapas, Aguascalientes y del Distrito Federal.

El porcentaje de padres de esta primera generación que contaba con una preparación de licenciatura era muy bajo; entre las distintas profesiones, destacó la de arquitectura, ingeniero agrónomo, médico cirujano y profesor normalista. No era de extrañar que la madre se dedicara únicamente a las labores domésticas, ya que en ese tiempo era común, así que esta no fue la excepción. De tal modo que solo la madre de uno de ellos era profesora, al igual que el padre (AGUM, 1978 a 1980), lo que quiere decir que en el 98.33 % de las familias de estos alumnos, quien aportaba el ingreso familiar en su totalidad era el padre.

Importante es mencionar que algunos de los alumnos ya habían intentado estudiar otra carrera antes de crearse la de arquitectura, entre ellos: Noé Nava Huéramo, que estaba inscrito en la Escuela Superior de Tecnología de la Madera (AGUM, 1976); J. Jesús Urtiz Gutiérrez, quien, además de que ya era profesor normalista, se había inscrito en la de Ingeniería Mecánica, al igual que Flavio Hernández Alba y Salvador Pedraza Vázquez; por su parte, Antonio Granados Camacho estaba en Veterinaria. Estos jóvenes, al ver que se ofertaba la enseñanza de la arquitectura, se decidieron por estudiarla.

Un caso especial fue el de Juan Carlos Aguilera Macías, originario de Cortázar, Guanajuato, que entre 1965 y 1970 había estudiado la carrera de Ingeniería Civil en la UMSNH. Al tener el antecedente de dichos estudios, contó con la posibilidad de solicitar, de acuerdo con los artículos 60, 61, 64 y 67 de la Ley Federal de la Educación y los artículos 3 y 4, fracción 3 de la Ley Orgánica de la Universidad,[6]la revalidación de algunas materias, como fueron: Matemáticas, Topografía, Estática, Resistencia de Materiales, Estructuras y Materiales y Procedimientos de Construcción, en los respectivos semestres. Sin embargo, a partir del sexto semestre, comenzó a tener problemas con algunas materias y, de acuerdo con los documentos encontrados en el Archivo de Concentración, realizó el último semestre de arquitectura en 1993 (AHUM, 1993).

En cuanto a las mujeres, estuvieron Dora María López Gonzáles, quien estudió el primer año de la carrera de Ciencias Química Rufina Tamayo (AHUM, 1975). Laura Vergil, Carmen María Magdalena y Antonio Martín Díaz Baeza, recién habían iniciado clases en Ingeniería Civil, y Azanara Ochoa, en la misma ingeniería cursaba el tercer año. Por su parte, Lucía García Vásquez estaba inscrita en Físico Matemáticas. Cada una de ellas, al darse cuenta de que había sido autorizada la creación de la de arquitectura, decidieron que era lo que realmente deseaban estudiar, motivo por el cual se dieron de baja en la carrera que cursaban, con el objetivo de iniciar en la nueva opción (AGUM, varios).

En aquel tiempo, era común que, en los primeros años de funcionamiento de una carrera recién creada, los estudiantes más adelantados se desempeñaran como docentes de algunas materias impartidas en los grados anteriores; es el caso de J. Jesús Urtiz, quien, como ya se mencionó líneas arriba, ejercía una carrera magisterial. Urtiz fue uno de los alumnos que integraron el grupo C y fungieron como profesores del Taller de Lectura y Redacción y de la materia Economía Urbana (J. Urtiz Gutiérrez, comunicación personal, 25 de marzo, 2013).

Gerardo Sixtos López, durante su etapa como estudiante de arquitectura, fue uno de los más sobresalientes académicamente; posteriormente, conformaría la planta de profesores de la escuela que lo formaría. Oriundo de Celaya, Guanajuato, Camilo Armando Aguilar Martínez fue otro estudiante que se caracterizó por dibujar y entintar muy bien los trabajos que les eran encomendados (J. Urtíz Gutiérrez, comunicación personal, 25 de marzo, 2013). De la Ciudad de México, José Raymundo Estrada Suárez (AGUM, 1976) se caracterizó por destacar en la academia, hijo de un arquitecto e integrante de la planta de profesores de la misma escuela, por lo que contaba con la bibliografía requerida, además del apoyo de un especialista en el área, su papá.

Entre la minoría de mujeres que perteneció a esta primera generación, se encontraba la alumna Lucía García Vásquez, quien, como ya se escribió líneas arriba, cursaba la carrera de Físico Matemáticas y, durante su etapa como estudiante en Arquitectura, se destacó por ser una de las mejores (AGUM, 1976). Cabe señalar que, a partir del tercer semestre, empezó a trabajar en una constructora, en la que laboraba también su compañero, ingeniero Aguilar Macías (L. García Vásquez, comunicación personal, 29 de mayo, 2024). Por su lado, Laura Vergil Guerrero mencionó que “la mayor parte de nuestro tiempo lo dedicábamos a los talleres de proyectos y expresión gráfica y las materias teóricas las dejábamos hasta el final. Siempre había repentinas…” (Comunicación personal, 17 de agosto, 2023).

Laura emigró a la ciudad de Raleigh, Carolina del Norte, Estados Unidos, en donde trabajó durante tres años, ejerciendo sus conocimientos de arquitectura en el departamento de planeación de esa ciudad; sin embargo, se vio en la necesidad de regresar a Michoacán para iniciar con los trámites de titulación. Es importante mencionar que una de las opciones para titularse era por medio de tesina; pese a este recurso, nadie logró hacerlo bajo esa modalidad.

Laura y Rufina montaron un despacho en el que trabajaron juntas por algún tiempo, en donde lograron ejecutar varios proyectos y obras arquitectónicas en la ciudad de Morelia (y en el estado). Laura empezó a hacer su tesis con otros compañeros (Rufina, Rosa María Carmen, María Magdalena) y logró titularse en 1989 (L. Vergil Guerrero, comunicación personal, 17 de agosto, 2023). Se observa que desde el inicio de esta generación existió apoyo y compañerismo, sin importar el género (fuesen hombres o mujeres).

Conformación institucional

Por otro lado, a seis meses de haber iniciado clases, un grupo de jóvenes se organizó y conformó la Sociedad de Alumnos; en dicha reunión fue elegido presidente de esta J. Jesús Urtiz Gutiérrez (J. Urtiz Gutiérrez, comunicación personal, 25 de marzo, 2013),[7]quien a partir de entonces representó a compañeros en las actividades propias de un consejo estudiantil.

En vísperas de cumplirse el primer aniversario de la Escuela, del 2 al 7 de julio, se organizó la “I Semana de Arquitectura 79 UMSNH”. En esos días se llevó a cabo una serie de conferencias, a las que se invitó como ponentes a algunos arquitectos importantes de México, tales como: José Ocejo, Héctor Castanedo Quirarte, Eduardo Lazo, José Manuel Mijares Mijares, Luis Arturo Ramos Ramos, Luis Ortiz Macedo y Eduardo Pareyón Moreno. También se realizó un evento documental llamado “Ópera de Sídney” y uno cultural en el que se contó con la participación del músico moreliano Eduardo Montes y Arroyo, quien ofreció un concierto de piano. Al finalizar las actividades programadas para el evento, se efectuó la clausura en el Hotel de la Soledad.

Unos días antes del primer aniversario, se organizaron eventos académicos y deportivos, a los que, por acuerdo de las autoridades, los alumnos tenían que asistir, sin excepción, a cada una de las actividades, ya fuera como espectadores o como participantes. Llegado el día 10 de noviembre de 1979, se efectuó un acto cívico; concluido, los alumnos desfilaron en la avenida principal de la ciudad, “La Madero”. Para dicho desfile se contrató una banda musical. Finalmente, los jóvenes terminaron en unos cenadores que, a la fecha, se encuentran ubicados en la avenida Camelinas, en donde se efectuó una comida (J. Urtiz Gutiérrez, comunicación personal, 25 de marzo, 2013).

En 1980 quedó al frente de la dirección de la Escuela el arquitecto Jorge Eleazar Ojeda Morelos, originario de la ciudad de Morelia, que tuvo la necesidad de migrar a la Ciudad de México para cursar la carrera de arquitectura en la UNAM. Fue durante su administración que se creó el Consejo Técnico, siendo el presidente (por ser el director de la dependencia) él mismo; por su parte, el arquitecto Rolando Cárdenas Castillo se encargó del área de las Materias Teóricas, Alejandro Arias Monroy de la de Diseño y al ingeniero Carlos Avilés le correspondió la de Materias Técnicas. En cuanto a los alumnos, fueron Armando García Delgado (AGUM, 1971) y José Raymundo Estrada Suárez quienes la conformaron.

Ese mismo año, en vísperas del aniversario, se convocó a un concurso para elegir el logotipo que representaría a la Escuela (Figura 5). El diseño ganador fue el que presentó el alumno Gilberto Vega Magdaleno, el cual consistió en la representación de un restirador en perspectiva, una regla T, la cabeza del dibujante y unos arcos que representan el acueducto de la ciudad de Morelia (J. Urtiz Gutiérrez, comunicación personal, 16 de marzo, 2015).[8]Para celebrar el segundo aniversario, se organizó un acto el 12 de noviembre en el teatro José Rubén Romero, al que asistió el gobernador del estado, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano (Figura 6), quien entregó el reconocimiento al ganador (HUM, 1980).


Figura 5
Fotografía al anillo del Arq. J. Jesús Urtiz Gutiérrez
Fuente: Fotografía de las autoras.

Hacia 1981, se presentó un conflicto entre estudiantes y directivos, que llevó a la toma de las instalaciones por parte de los alumnos por aproximadamente un mes, lo que obligó a las autoridades a dejar la dirección, quedando como nueva autoridad el arquitecto Rolando Cárdenas Castillo. Por otro lado, el primer secretario general seccional que se eligió para representar a los profesores sindicalizados ante el Sindicato de Profesores de la Universidad Michoacana (SPUM); fue Carlos Avilés (J. Urtiz Gutiérrez, comunicación personal, 16 de marzo, 2015).

En noveno y último semestre, únicamente se impartía Taller Integral que, como su nombre lo indica, era una materia en la cual se recapitulaban todos los conocimientos que se habían visto durante los ocho semestres anteriores. En ella se desarrollaba el tema de tesis, lo que ayudaba a los alumnos a adelantar considerablemente los trabajos de investigación, pues uno de los objetivos en el plan de estudios era que, al concluir el noveno semestre, la investigación debería estar adelantada. En general, las materias en las que más problemas presentaron los alumnos durante toda la carrera fueron las relacionadas con las ciencias exactas, en los semestres correspondientes (AHUM, 1980 a 1996).


Figura 6
Gobernador del estado presidiendo el segundo aniversario de la Escuela
Fuente:HUM 1980.

Cabe señalar que también se hicieron viajes de prácticas, de modo que, cuando cursaban el primer semestre, asistieron a una exposición en la Universidad de Celaya, Guanajuato. Los trabajos fueron elaborados por estudiantes de arquitectura de dicha universidad, entre otros, maquetas y proyectos arquitectónicos. La arquitecta Lucía recuerda que también vendían material exclusivo para dicha carrera; muchos de los instrumentos eran desconocidos para ellos en esos momentos, pero que con el paso de los meses los irían identificando.

Otros viajes académicos fueron a Oaxtepec, al que atendieron entre 18 y 20 estudiantes, y a la Ciudad de México, en el que se dedicaron a visitar edificios arquitectónicos emblemáticos (J. Urtiz Gutiérrez, comunicación personal, 25 de marzo, 2013). Algunos de estos viajes tenían el propósito de reforzar el aprendizaje adquirido en las aulas, observando el contexto urbano, las características y materiales constructivos de las edificaciones visitadas, entre otras. Se observó, por medio de las entrevistas, que disfrutaron las actividades extracurriculares y que por momentos además de aprender se divertían.

Poco a poco disminuyó el número de alumnos de esta primera generación, pues de los 70 que iniciaron en primer semestre, en el tercero se inscribieron 54, en quinto 46, en séptimo se enlistaron 36 y, al iniciar el curso de noveno en 1982, en los talleres eran 27 estudiantes (AGUM, 1980 a 1983).

Graduación y primeros titulados

La ceremonia de entrega de cartas de pasante se llevó a cabo el 15 de julio de 1983 en el Auditorio del Planetario de la ciudad. En ese tiempo, la gubernatura continuaba a cargo del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, mientras que el rectorado estaba representado por el licenciado Fernando Juárez Aranda, personalidades que fueron invitadas al evento por el director en turno, el arquitecto Rolando Cárdenas Castillo.

El padrino de esta primera generación fue el arquitecto Rodríguez Alvarado.[9]En cuanto al discurso por parte de los alumnos, lo elaboró el estudiante J. Jesús Urtiz Gutiérrez y fue leído por María Cristina Castillejos Pedrizco, quien concluyó diciendo: “Compañeros, Michoacán es todo nuestro” (J. Urtiz Gutiérrez, comunicación personal, 25 de marzo, 2013). Posterior al acto de entrega de cartas, se llevó a cabo una recepción en el salón “Rebullones”, a la que asistieron los arquitectos Rolando Cárdenas y Salvador Rodríguez, para ser partícipes en la celebración de los nuevos profesionistas.

Los primeros egresados que intentaron titularse después de dos años se encontraron con problemas administrativos, debido a la poca atención y organización que se les dio a sus documentos escolares, pues era la primera vez que se realizaría el trámite; sin embargo, para que les dieran solución, fue necesario que hicieran presión a través de una toma de las instalaciones del Archivo de la Universidad. De este modo, el 1 de marzo de 1985 logró titularse el primer egresado de esta generación, el arquitecto Gilberto Vega Magdaleno (segundo que aparece en el libro de Títulos de la dependencia). Cabe destacar que él fue el que diseñó el logotipo de la Escuela. El título lo obtuvo por unanimidad, cuyo tema es: Central de Autobuses para Zacapu, Michoacán (AGUM, 1985) y su asesor de tesis fue el arquitecto Rodríguez Alvarado.

La primera mujer de esta generación que se tituló fue la tercera en la lista del Libro de Títulos y le correspondió a Refugio Patricia Tamayo Pérez, originaria de Morelia, Michoacán. Fue de los pocos estudiantes que contaron con un padre profesionista, médico cirujano (AGUM, 1976). El 16 de mayo de 1985, presentó su examen recepcional con el tema Pasador Terrestre Carretera Pátzcuaro-Uruapan, siendo el arquitecto Jesús Palafox García su asesor, y aprobada por unanimidad (AGUM, 1985).

De esta primera generación concluyeron 27 estudiantes, el 38.5 % de los 70 que habían ingresado en 1978 y hasta 1996, que es lo que abarca nuestro periodo de estudio. Se habían titulado 19: 14 hombres y cinco mujeres, el 70 % de los 27 que lograron realizarse como profesionistas.

Para finalizar, los nuevos profesionistas se incorporaron al mundo laboral en dos sectores: el público y el privado; en este contexto, hubo quienes su primera experiencia laboral ocurrió en instituciones gubernamentales; realizaron obras como conjuntos habitacionales, escuelas u oficinas. Los del sector privado se dividen en dos: aquellos que se integraron en instituciones/consorcios privados, para los que construyeron la bodega de Bimbo, entre otras edificaciones, y los que establecieron sus propios despachos arquitectónicos para diseñar casas habitación, entre otros tipos de espacios arquitectónicos.

Conclusiones

El análisis de la primera generación de alumnos de la Escuela de Arquitectura de la UMSNH permite comprender que su experiencia no fue únicamente el inicio de un programa académico, sino el punto de partida de un proyecto cultural, social y profesional de trascendencia para Michoacán y para la enseñanza de la arquitectura en México.

En un contexto nacional de expansión universitaria y búsqueda de identidad regional, la creación de la escuela respondió a una necesidad concreta: formar arquitectos capaces de atender los retos urbanos, patrimoniales y sociales de su entorno inmediato. La primera generación enfrentó carencias materiales, limitaciones institucionales y la tarea de construir la infraestructura y la identidad académica de su propia escuela. Sin embargo, esos desafíos se convirtieron en motor de innovación, compromiso y sentido de pertenencia.

Esta primera generación de arquitectos nicolaítas no solo alcanzó el sueño de ser parte de la creación de una escuela, sino que sentó las bases de una tradición académica que continúa transformando la manera de enseñar y practicar la arquitectura en Michoacán. Su legado demuestra que la educación arquitectónica no se mide solo por los edificios que produce, sino por la capacidad de construir comunidad, pensamiento crítico y compromiso con el entorno.

Referencias

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AGUM (1977). Acervo. Morelia, Michoacán.

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AHUM (1978). Acervo. Morelia, Michoacán.

AHUM (1979). Acervo. Morelia, Michoacán.

AHUM (1993). Acervo. Morelia, Michoacán.

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Notas

[1] Este trabajo apela a la recuperación de una memoria colectiva, porque se han reconstruido los orígenes de la Escuela de Arquitectura, a partir de vivencias individuales que atestiguan de manera social-colectiva el sentir de la comunidad de estudiantes de la generación 1978-1983. En este sentido, la memoria individual —de la primera generación— se recuperó a través de las entrevistas y estas en su mayoría regresaron al pasado utilizando recuerdos y emociones compartidas. Como menciona Halbwachs (2004), la memoria individual está mediada y atravesada por la memoria de todos y todas; es decir, no hay memoria individual/personal que no esté permeada por las vivencias y recuerdos de otros; por lo tanto, cuando hablamos de nuestras memorias en un contexto íntimo y personal, al mismo tiempo hablamos de la comunidad, de los grupos sociales en donde hemos estado y compartido.
[2] Entendemos por historia oral no como la forma de “rescatar” la oralidad de los saberes y construir un documento histórico; comprendemos la historia oral.
[3] Entre otros participantes se encontraban Rigoberto Pliego C., Carlos Delgado, Rodolfo de León Rolon, Gustavo Flores M., Luis Javier Hernández P., José Luis Rodríguez G., el Dr. Sandor Von Szalay y el ingeniero Joaquín Ulaje M.
[4] Además, se tomaron en cuenta los planes de estudio de la Universidad de Jalapa, Guadalajara, Guanajuato, Yucatán, Autogobierno, Autónoma de San Luis, UAM, UNAM Campus Aragón, ESIA del IPN.
[5] “Los Consejos Técnicos de las Facultades o Escuelas se integrarán por un representante profesor de cada una de las especialidades que se impartan y por dos representantes de todos los alumnos de cada plantel; las designaciones se harán de la manera que determinen las normas reglamentarias que expida el Consejo Universitario. Dichos Consejos serían presididos por los directores de cada establecimiento, excepto en el caso de la fracción XII del artículo 17 de esta Ley. Los representantes a los Consejos Técnicos, además de los requisitos que establezca el Estatuto, deberán llenar los que determine esta Ley para los representantes al Consejo Universitario. Los representantes profesores durarán en su encargo cuatro años y los de los alumnos solamente dos. El director tendrá derecho a vetar las decisiones del Consejo Técnico, en cuyo caso la cuestión vetada será sometida a la consideración del Consejo Universitario. Haciendo referencia al artículo 19º, cuyo artículo es de suma importancia para nuestro tema, los Consejos Técnicos estudiarán los métodos, planes y programas de enseñanza y los someterán a la consideración de la comisión especializada correspondiente del Consejo Universitario, por conducto del director del plantel”.
[6] Esta fracción dice a la letra que: “Revalidar, para fines académicos, los estudios que se hagan en otros establecimientos educativos nacionales o extranjeros e incorporar, de acuerdo con sus reglamentos, planteles en los cuales se imparta educación preparatoria y profesional. Por lo que se refiere a los alumnos procedentes del ciclo secundario o de estudios equivalentes, invariablemente se les exigirá el certificado expedido con sujeción a lo dispuesto por el artículo 3º Constitucional.”
[7] J. Jesús Urtiz, originario de Zacapu, Michoacán, nació el 18 de agosto de 1941; su padre, como una gran parte de la población se dedicaba a la agricultura. Tanto la primaria como la secundaria los llevó a cabo en Tacámbaro, Mich., la Escuela Primaria Federal “Constitución de 1917” concluyéndola en 1956, y la secundaria en el Colegio Particular “Cristóbal Colón” (1957-1960). Sus estudios de nivel medio superior los realizó en el “Colegio de San Nicolás” de 1962 a 1964, donde estudió el bachillerato de Ingeniería y Arquitectura. Ya desde entonces tenía la inquietud de ser arquitecto, sin embargo debido a que la Universidad Michoacana no contaba con esa carrera, decidió estudiar en la Escuela Normal para Profesores. Al concluir los estudios Normales, comenzó a trabajar como profesor de la SEP. El servicio social lo llevó a cabo en el Sindicato Nacional de Profesores del 17 de febrero al 17 de agosto de 1982, bajo la asesoría del Profesor J. Ascensión Bustos, habiendo concluido este y realizado todos los trámites para poder obtener el título. Jesús Urtiz presentó su examen recepcional el día 5 de septiembre de 1988.
[8] El logo también se plasmó en los anillos de graduación (Figura 5).
[9] Arq. Rolando Cárdenas Castillo, egresado de la Universidad Autónoma de Guadalajara. Para su designación, las autoridades universitarias tomaron en cuenta las opiniones vertidas por la Sociedad de Alumnos de la Escuela; estuvo al frente de la dependencia durante el periodo de 1981 a 1983.

Notas de autor

* Es Doctora en Estudios Interdisciplinarios de Arquitectura y Medio Ambiente por la Universidad Contemporánea de las Américas. Entre sus publicaciones recientes están: “El Amigo de la Infancia, primer periódico dedicado a los niños en Morelia, Michoacán, México, 1875-1876” (2024). Cuenta con reconocimientos del Perfil PRODEP y del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores, Nivel Candidata. Entre sus temas de interés están la historia de la educación, las instituciones y la prensa.
** Es Doctora en Historia. Especializada en Historia de la Educación e Intelectual, vincula sus enfoques con los estudios de Revistas Culturales e Historia Oral-Comunitaria. Pertenece al SNII-SECIHTI. Realiza estancia posdoctoral en el Departamento de Letras Hispánicas, de la UG (SECIHTI, 2025-2027). Entre sus publicaciones recientes se encuentra el artículo “Por una historia receptiva del intelectual y sus textos en contexto” (2024).

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