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Autoempleo y el emprendedorismo Sentidos construidos por jóvenes del Gran Resistencia (Chaco, Argentina) en el marco de dos programas sociolaborales entre los años 2016 y 2019
Pablo Andrés Barbetti*
Pablo Andrés Barbetti*
Autoempleo y el emprendedorismo Sentidos construidos por jóvenes del Gran Resistencia (Chaco, Argentina) en el marco de dos programas sociolaborales entre los años 2016 y 2019
Self-employement and Entrepreneurship: value set by young adults of Resistencia City (Chaco, Argentina), in the scope of two socio-labour programs between 2016 and 2019
Trabalho autônomo e empreendedorismo: significados construídos por jovens de Gran Resistencia (Chaco, Argentina) no âmbito de dois programas sócio-laborais entre 2016 y 2019
Revista Latinoamericana de Antropología del Trabajo, vol. 9, núm. 19, pp. 1-25, 2025
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET)
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Resumen: El artículo analiza los sentidos construidos sobre el autoempleo y el emprendedorismo por parte de jóvenes urbanos que participan en dos dispositivos públicos de inserción laboral: el Programa de Promoción del Empleo Independiente (PEI) y el Programa de Fortalecimiento para Emprendedores Chaqueños de base cultural (PFEC). Para la construcción de la información, se recurrió a una estrategia predominantemente cualitativa, incorporando pautas propias de un abordaje socioantropológico. Además de revisión documental y observaciones de campo, se realizó un total de 32 entrevistas a jóvenes vinculados a estos programas entre los años 2016 y 2019. Entre los principales hallazgos de la investigación se destaca la variedad de sentidos que las juventudes construyen sobre estas modalidades de trabajo a partir de su tránsito por estas experiencias, estrechamente vinculados con sus historias y trayectorias sociolaborales, así como la motivación de “ser empresarios/as”, que es sólo uno de los múltiples intereses con los que se acercan y con los que se identifican.

Palabras clave: juventudes, trabajo, emprendedorismo, programas sociolaborales.

Abstract: The article examines ideas expressed about self-employment and entrepreneurship by a group of young adults who have taken part in two public programs of labour insertion: Promotion Program of Independent Work and Strengthening Program for Entrepreneurs of Chaco on cultural basis. Data collected was processed qualitatively, including socio-anthropological guidelines. Besides a documentary review and field observations, 32 interviews to the participants in both programs were carried out between 2016 and 2019. Among the main findings of the research, what stands out is the personal own value each participant gives to the workingexperience and the approaches applied, being those closely related to their personal previous socio-labour experiences. Furthermore, it is their interest to become a “business person”. This is one of the main reasons why the youth joined the programs and how they regard themselves.

Keywords: young adults, youth, work, entrepreneurship, social-labour programs.

Resumo: O artigo analisa os significados construídos sobre autoemprego e empreendedorismo por jovens urbanos que participam de dois dispositivos públicos de inserção laboral: Programa de Promoção de Emprego Independente (PEI) e Programa de Fortalecimento de Empreendedores de Base Cultural do Chaco (PFEC). Para a construção das informações utilizou-se uma estratégia predominantemente qualitativa, incorporando diretrizes típicas de uma abordagem socioantropológica. Além de uma revisão documental e de observações de campo, foram realizadas um total de 32 entrevistas com jovens vinculados a estes programas entre 2016 y 2019(em contexto pré-pandemia). Dentre os principais achados da pesquisa, destaca-se a variedade de significados que os jovens constroem sobre essas modalidades de trabalho a partir da transição por meio dessas experiências e que estão intimamente ligados às suas histórias e trajetórias sociolaborais. Também o interesse em “ser empreendedores”, pois é apenas um dos muitos interesses com os quais se aproximam e com os quais se identificam.

Palavras-chave: juventude, trabalho, empreendedorismo, programas sociolaborais.

Carátula del artículo

Artículos

Autoempleo y el emprendedorismo Sentidos construidos por jóvenes del Gran Resistencia (Chaco, Argentina) en el marco de dos programas sociolaborales entre los años 2016 y 2019

Self-employement and Entrepreneurship: value set by young adults of Resistencia City (Chaco, Argentina), in the scope of two socio-labour programs between 2016 and 2019

Trabalho autônomo e empreendedorismo: significados construídos por jovens de Gran Resistencia (Chaco, Argentina) no âmbito de dois programas sócio-laborais entre 2016 y 2019

Pablo Andrés Barbetti*
Universidad Nacional del Nordeste, Argentina
Revista Latinoamericana de Antropología del Trabajo, vol. 9, núm. 19, pp. 1-25, 2025
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET)

Recepción: 20 Diciembre 2023

Aprobación: 30 Abril 2024

Introducción

En la revisión de la literatura que analiza el alcance de las políticas sociolaborales orientadas a promover el emprendedorismo en la región de América Latina aparecen frecuentemente dos posturas contrapuestas (Barbetti, 2022). Desde un enfoque económico ortodoxo, algunos organismos internacionales especialmente promueven estas experiencias y argumentan que constituyen un recurso estratégico para la innovación y para el crecimiento económico con impacto en la generación de empleo e ingresos. Enmarcados en posturas más críticas, otro enfoque señala en cambio que son parte del proyecto neoliberal de reproducción material y cultural del capitalismo, y que se traducen en modos de colonización de los valores empresariales en muy diversos ámbitos, sin que necesariamente generen trabajo de calidad.

Ahora bien, estos son sólo posicionamientos teóricos que orientan los diseños de las políticas públicas y las lecturas que los analistas hacen de ellas, sin que necesariamente se traduzcan linealmente en los modos de significación de quienes participan en ellas. Shore (2010) explica que el proceso de las políticas públicas es complejo y desordenado, con efectos que sobrepasan los diseños e intenciones de sus autores. Una vez creadas, las políticas entran en una red de relaciones con varios agentes, actores e instituciones; de allí la necesidad de conocer las múltiples y, en ocasiones contradictorias, interpretaciones que les otorgan las personas que intervienen en estos dispositivos.

Este artículo deriva de una investigación que justamente analizó la construcción de algunas políticas públicas que buscaban promover el trabajo independiente y los microemprendimientos en los y las jóvenes en el Gran Resistencia (Chaco) desde las prácticas sociales de los principales actores. Específicamente, este texto presenta algunos hallazgos referidos a los sentidos generados en torno a la relación juventudes-emprendedorismo por parte de los y las jóvenes que participaron de dos dispositivos públicos de inserción laboral.

Para la construcción de la información se utilizó una estrategia predominantemente cualitativa, incorporando pautas propias de un abordaje socioantropológico.[1] Además de una revisión documental y observaciones de campo, se realizó un total de 32 entrevistas a jóvenes vinculados a estos dispositivos en un contexto de prepandemia. Trabajamos con una muestra intencional, tomando como criterios una distribución proporcional de géneros, edades y rubros o sectores de actividad de las ocupaciones. Derivada del análisis elaboramos una propuesta de “tipos ideales” que nos permiten comprender la diversidad de sentidos construidos por ellos y luego presentamos algunos casos que sirven como ejemplificaciones de dichas tipificaciones.

Las políticas sociolaborales y la promoción del emprendedorismo juvenil

Las dificultades para el acceso al mundo del trabajo por parte de las juventudes adquieren visibilidad en el campo de las políticas públicas en nuestra región promediando la década de 1980, momento en que los y las jóvenes se empiezan a constituir como población “objetivo” de algunos programas sociolaborales (Balardini, 2004).

Desde entonces, las políticas orientadas a mejorar los procesos de inserción laboral de este colectivo incluyeron –e incluyen– diversos tipos de intervenciones: cursos de capacitación laboral y/o formación ocupacional, acciones de orientación sociolaboral, pasantías y/o prácticas en espacios de trabajo, programas de primer empleo, de acompañamiento en la terminación de estudios de nivel secundario, y aquellas orientadas a estimular el autoempleo y el desarrollo de microemprendimientos juveniles (Amargós, 2004; Jacinto, 2010). Aunque el campo de estudio sobre estas políticas tiene un vasto desarrollo, varios autores (Rodríguez, 2002; Jaramillo, 2004; Weller, 2007; Jacinto, 2010) han señalado que existen pocas investigaciones centradas en las acciones orientadas al autoempleo y a la promoción de los microemprendimientos juveniles.

En términos teóricos, en el campo de las políticas sociales y de empleo podemos enmarcar estos dispositivos dentro de paradigmas de activación y de individuación, que surgen de la mano del neoliberalismo económico. Las políticas de activación se caracterizan porque establecen las condiciones para el ingreso y contrapartidas por parte de los sujetos para la permanencia en los dispositivos, y porque buscan reinstaurar una concepción de las políticas asistenciales basadas en la centralidad del empleo como mecanismo básico de inclusión social (Gautié, 2004). Merklen (2013), por su parte, considera que las políticas de individuación son un género de las políticas públicas que encuentra su blanco en el individuo mismo y no en las dinámicas sociales. Estas intervenciones se centran en la producción del sujeto individual e intentan comprometer a toda persona para que se asuma como un sujeto, al mismo tiempo “activo” y “responsable”, “empresario de uno mismo”.

Como lo adelantamos, en la revisión de los antecedentes teóricos y empíricos sobre este tema, encontramos dos grandes posturas sobre este tipo de políticas.

Una de ellas, enmarcada en desarrollos provenientes del campo de la teoría económica ortodoxa, realiza una valoración positiva de estas políticas y señala su impacto en el desarrollo social y económicamente sustentable, en la generación de empleo y en el mejoramiento de la calidad de vida de personas en situación de vulnerabilidad económica y social (Kantis, 2017). Similares son los argumentos sostenidos desde algunos organismos internacionales, entre ellos, la Organización Internacional del Trabajo y la Organización Iberoamericana de la Juventud (Barbetti, 2022).

Diferente es la lectura que se hace de estas políticas desde otras disciplinas de las ciencias sociales, como la sociología y la antropología. Así, por ejemplo, desde una posición más crítica, encontramos la hipótesis sostenida por Valencia Aguledo (2012), referida al hecho de que los gobiernos apoyan y fomentan la cultura del emprendimiento ya que posibilita mantener el orden social y la gobernabilidad.

Se cuestiona también al emprendedorismo, ya que se considera que forma parte del proyecto neoliberal de reproducción material y cultural del capitalismo monopólico. En palabras de Santos Ortega (2014), se trataría de un modo de colonización por parte de los valores empresariales capitalistas (competencia, individualismo, meritocracia) en muy diversos ámbitos y de un sostenimiento de los procesos de dominación en las relaciones sociales de producción. En este mismo sentido, Serrano y Martínez (2017) sostienen que, en la actualidad, asistimos a un proceso de extensión de un nuevo referencial cultural con el que pensar el empleo: el paradigma del emprendedor, que se traduce en un debilitamiento de los imaginarios colectivistas con los que históricamente se pensó y actuó frente a la vulnerabilidad. Es decir, aquellos configurados en el marco de las políticas del Estado benefactor que servían como garantes del acceso a ciertos derechos laborales. Gran parte de las medidas propuestas que buscan facilitar y promover tanto la iniciativa privada como la cultura emprendedora tienen como consecuencias directas una mayor flexibilidad y desregularización en el mercado laboral, al tiempo que se ponen mayores facilidades a las empresas para poder desarrollar su actividad (Rodríguez, 2013).

La perspectiva de análisis y algunas características de los dispositivos elegidos

Ahora bien, lo que planteamos en la sección anterior remite a lecturas analíticas desde los marcos teóricos, pero ¿cómo significan estas experiencias los y las jóvenes que participan de estos programas? ¿Los sentidos otorgados a estas intervenciones se ajustan a las concepciones teóricas presentes en sus diseños o los resignifican? Para este análisis retomamos algunos aportes de autores de América Latina (Krauskopf, 2005; Pleniscar, 2010; Vázquez, 2015: 5) que analizan la producción socioestatal de las juventudes desde una perspectiva relacional que pondera el valor de mostrar en qué trama de actores, definiciones y contextos las juventudes son producidas en el presente. Al igual que la juventud, el trabajo y el empleo, y más específicamente el trabajo independiente y el emprendedorismo, tampoco son categorías espontáneas de percepción del mundo social, sino que admiten muchas significaciones y son producidas por distintos actores e instituciones. Consideramos también aquí algunos aportes recientes de la antropología política y los desarrollos elaborados por autores como Shore (2010) y Balbi (2010, 2008), para quienes ni el Estado ni la política pueden ser analizados como conceptos estáticos, uniformes, homogéneos, reificados, con límites claros y estables en el tiempo.

Desde estos marcos, las políticas públicas se comprenden como una construcción histórica y sociocultural, considerando que los “problemas” sobre los que se actúan no están “dados”, sino que son definidos subjetiva e interesadamente por los actores políticos y sociales estratégicos (Grassi, 2005).

Como anticipamos, trabajamos concretamente con jóvenes que participaron en dos programas estatales. Uno de carácter nacional, que se implementaba –y continúa haciéndolo– en el Gran Resistencia, denominado Programa de Promoción del Empleo Independiente (PEI) y diseñado desde el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación, y otro de carácter provincial llamado Programa de Fortalecimiento para Emprendedores Chaqueños de base cultural (PFEC)[2], que, si bien fue diseñado e implementado por un organismo local (Departamento de Industrias Culturales), se enmarca y vincula de manera directa con diversas políticas del Ministerio de Cultura de la Nación Argentina.

Aunque estos dos dispositivos promueven el empleo independiente y la creación de emprendimientos, y poseen algunos otros aspectos comunes, también tienen sus particularidades y diferencias. Entre los aspectos comunes podemos señalar que ninguno de los dos se orienta exclusivamente a las juventudes, es decir que no tienen definido a este grupo como principal “destinatario”. Aun así, convocan mayoritariamente a la población joven en términos etarios. Aquí se produce, de hecho, una suerte de “juvenilización” de estos programas, aunque los perfiles de los y las jóvenes en términos socioeducativos y culturales entre –y en el interior de cada uno de ellos– difieran.

Asimismo, son similares en términos generales los componentes o prestaciones que se ofrecen a los y las jóvenes para estimular la actividad independiente: a) actividades de formación y/o capacitación; b) apoyo en el financiamiento de los proyectos, y c) asesoramiento y acompañamiento en su puesta en marcha.

Sin embargo, una diferencia central es que el PEI supone la transferencia monetaria desde el inicio y durante varios meses, en tanto que en el PFEC el apoyo en dinero sólo se da al momento de efectivizar el proyecto. Esto hace que el primero sea mucho más regulado –tanto en los itinerarios que ofrece como en los controles y las contraprestaciones que pide– frente al esquema más abierto y flexible que propone el segundo.

Otras diferencias centrales entre ambas propuestas se vinculan con a) los organismos responsables de su diseño: uno nacional y otro provincial; b) la masividad de su cobertura (siendo la del PEI mucho más amplia ya que se implementa en todo el país) y, por lo tanto, con diferentes criterios de acceso (en el PEI se utilizan criterios de focalización, mientras que en el PFEC de autofocalización); c) si bien en ambos casos se promueve el trabajo independiente y el emprendedorismo (existiendo incluso objetivos comunes), los objetivos los trascienden.[3]

Por último, un aspecto común es que ambas políticas proponen un esquema de interrelación y construcción multiactoral en su implementación territorial, pero mucho más compleja en el PEI por la cantidad y diversidad de actores que incluye.

Los perfiles de los y las jóvenes

Los y las entrevistados/as residían en el Gran Resistencia (la mayoría en la ciudad de Resistencia) y al momento de la entrevista tenían entre 19 y 30 años de edad, aunque la mayoría se ubicaba en la franja etaria que va de los 24 a los 30 años.[4] Edades en las que, en términos teóricos, deberían haber finalizado sus estudios obligatorios de nivel medio. Efectivamente, esto se verifica en sus perfiles (tabla 1).

Casi la totalidad de los/as jóvenes del PEI lograron finalizar sus estudios secundarios, alguno/as fuera del tiempo institucionalmente establecido. También algunos/as continuaron sus estudios en el nivel superior y si bien -en este nivel- el abandono luego de los primeros años era pronunciado, en ciertos casos continuaban cursando algunos tramos de su formación e incluso algunos/as ya la habían finalizado. Un dato significativo es que casi la totalidad de los casos entrevistados en este grupo son la primera generación dentro de sus familias que accedió a estudios de nivel superior.

Con respecto a los perfiles educativos de las y los jóvenes del pfec, observamos que todos/as completaron sus estudios de nivel medio en el tiempo “teórico” previsto (Terigi, 2007). La mayoría tenía estudios de nivel superior pero, a diferencia del grupo anterior en el que predominan carreras de nivel superior no universitarias, los/as de este grupo optaron por ofertas universitarias. Otra diferencia es que dichas carreras tienen mucha más vinculación con el campo artístico-cultural (diseño gráfico, diseño textil, diseño de imagen, sonido y multimedia, gestión cultural, letras, artes plásticas, teatro, música).


Tabla 1.
Características de los y las jóvenes entrevistados/as
Elaboración propia en base a las entrevistas realizadas entre los años 2015 y 2019 en la Ciudad de Resistencia Chaco

En los/as del PEI identificamos la tendencia a la realización de cursos cortos de capacitación laboral en oficios, comúnmente asociados a la idea de una “salida laboral” más rápida (cocina, cosmetología, auxiliar de enfermería, auxiliar administrativa, peluquería, refrigeración).

En los/as del PFEC, en cambio, la modalidad más frecuentemente elegida son los talleres artísticos (públicos o privados), que consisten en espacios de formación mucho más flexibles en cuanto al cumplimiento de una carga horaria y de las instancias formales de evaluación, vinculados con la disciplina artística que les interesa y/o vienen experimentando (música, teatro, escritura, fotografía, diseño, etc.). En este grupo, más que la certificación y/o los aprendizajes que posibiliten el desarrollo de una actividad productiva, el interés se focaliza en ampliar saberes en un campo que les interese e integrarse a un grupo con el que se identifiquen.

En relación con sus historias laborales, comparativamente en los/as jóvenes del pfec encontramos una tendencia más marcada a postergar el inicio de las primeras experiencias laborales hasta al menos la mitad del cursado de su carrera de nivel superior, haciendo uso efectivo de su “moratoria vital” (Margulis y Urresti, 1998: 4). Aun así, también advertimos que esta postergación parecía ser cada vez menos frecuente o al menos se intercalaba con experiencias de trabajo diversas y de corta duración, tanto de manera dependiente como independiente. Aunque inicialmente tenían poca o ninguna relación con sus estudios, al avanzar en ellos -o al graduarse- accedían a algunos trabajos más próximos a sus carreras.

En el grupo del pei, en cambio, la mayoría tuvo experiencias laborales más tempranas y muy diversas: por ejemplo, en el rubro gastronomía (ayudante de cocina, mozo/a), como empleadas domésticas en casas particulares, como albañiles, en atención comercial y/o al público en comercios pequeños, en tareas administrativas, en ventas de manera particular (ropa, artefactos, comida, suplementos deportivos y demás). Comúnmente, estas inserciones se concretaron en actividades que desarrollaban algunos de los progenitores y obedecían a la necesidad de generar otros aportes de ingresos al núcleo familiar y/o contar con dinero para ciertos gastos particulares.

Ahora bien, aunque se advierte con claridad que los/as del pfec lograban desarrollar actividades laborales un poco más calificadas que los/as del pei, un punto en común en sus trayectorias laborales es que la mayoría de las experiencias se caracterizaban por la informalidad, la inestabilidad y la flexibilidad. Condiciones de trabajo que, como lo señalan varios estudios (Longo, 2011; Busso, 2015; Muñiz Terra y Roberti, 2018), son generalizadas en las juventudes, aunque claramente más pronunciadas en las juventudes de las clases populares.

Otro rasgo común en ambos grupos se vincula con la pluriactividad.[5] Constituye este un aspecto que creemos central. Forma parte de una estrategia de las y los jóvenes para diversificar sus ingresos y un modo de hacer uso de su tiempo productivo.

Los/as entrevistados/as manifestaban que realizaban además otra serie de actividades que, desde una conceptualización amplia del trabajo (Neffa, 2003, 261), habilitan su consideración como “laborales”, entre ellas, las actividades familiares sin remuneración y las tareas domésticas de reproducción y de cuidado.

Los sentidos construidos en relación con la experiencia emprendedora

Siguiendo a algunos autores (Jacinto et al, 2005), entendemos que en la construcción de sentidos que las y los jóvenes realizan sobre estas experiencias laborales intervienen algunas variables relevantes que deben ser consideradas, como los sectores socioeconómicos y culturales de pertenencia, sus trayectorias socioeducativas y laborales, el momento puntual -dentro de sus historias- en el que estas experiencias encuentran las motivaciones iniciales y proyecciones futuras, así como las características objetivas de los proyectos productivos en los que trabajan.

A partir de la reconstrucción de sus historias y los relatos de las entrevistas, logramos identificar cuatro categorías de sentidos referidas al trabajo independiente en las y los jóvenes de los dispositivos estudiados. En la tabla 2 aparecen esquematizadas y luego desarrollamos el contenido de cada una de manera más detenida, ejemplificándolas a partir de algunos casos.


Tabla 2
Sentidos construidos en torno al trabajo independiente

[6] [7]

Elaboración propia a partir de entrevistas realizadas a jóvenes entre los años 2015 y 2019 en la Ciudad de Resistencia, Chaco.

El emprendimiento como una “parada” o “estación”

Se trata de aquellos casos en los que el paso por el dispositivo aparece con sentido transitorio y es vivido como una etapa o episodio de exploración, de prueba, de experimentación. Puede darse en un momento puntual, en la interrupción -o impasse- de las actividades habituales en sus trayectorias: por ejemplo, en los/as de menor edad, cuando terminan el colegio secundario o, en los más grandes, cuando se encuentran desocupados/as.

No hay predominancia de un tipo de perfil de jóvenes en particular; ubicamos dentro de esta categoría a jóvenes de ambos programas.

El rasgo común es que no explicitan expectativas ni proyecciones a mediano y/o largo plazo vinculadas con sus emprendimientos. A su vez, si analizamos las motivaciones iniciales por las que se acercaron a los dispositivos, tampoco hay una única motivación, sino en todo caso varias solapadas. No obstante, entre ellas tiene un mayor peso la “exploración e interés por conocer más sobre los dispositivos”.

Por lo general, los/as integrantes de este grupo tampoco poseen antecedentes formativos o laborales en el rubro/oficio. No forman parte de una estrategia de construcción de alguna trayectoria previamente definida, sino que, en algunos casos, como los que presentamos seguidamente, el acercamiento al dispositivo es en algún punto fortuito o casual.

La transitoriedad de esta experiencia nos parece que puede ser asociada a la imagen de una “estación” (de tren) o “parada” (de ómnibus), como un momento o tiempo de espera para ir hacia “otra parte”, aunque no siempre esté claro dicho destino.

Un ejemplo de este grupo es Lorena.

Lorena (PEI)

Lorena tenía 28 años en el momento de la entrevista. Nació y realizó sus estudios secundarios en una localidad del interior del Chaco y a los 19 años se mudó a Resistencia para iniciar el profesorado de Teatro en un instituto de nivel superior. La actividad teatral fue desde su adolescencia central en su vida.

Desde que se mudó a Resistencia, trabajó en una ong haciendo diversas tareas administrativas mientras cursaba su carrera. Trabajando allí se entera del lanzamiento del pei y su jefa la estimula para que presente un proyecto productivo. Tenía en ese momento 24 años. Armó y presentó un proyecto sobre confección de prendas sustentables, con materiales reciclados porque en ese momento estaba “muy involucrada y sensible con todo el tema ambiental también, además de lo social y artístico”. Accedió al financiamiento y pudo comprar, además de materiales, una máquina de coser. En ese momento no tenía formación en este rubro. Esto hizo que se inscribiera en un curso de capacitación sobre moldería en un centro de formación profesional, mientras empezaba a realizar algunas confecciones y a vender sólo a algunos conocidos.

Algunos meses después se asoció con una prima, que estudió diseño de indumentaria ya que justo se había quedado sin trabajo. Eso fue un impulso para desvincularse de la ong porque, según ella relata, se terminó cansando “porque soy muy, cómo decirte, inquieta. Me tiene que estimular mucho lo que hago y a lo último sentí que era un trabajo como bastante mecánico, y ya necesitaba yo hacer otra cosa”. Al disponer de más tiempo, durante dos años trabaja de manera intensiva en el emprendimiento junto a su socia, incrementando las ventas, exponiendo en ferias y “showrooms”. No obstante, durante toda la entrevista dejó en claro que su pasión y vocación es el teatro, más específicamente la actuación. El emprendimiento, al inicio, fue una posibilidad de conocer un poco más sobre el rubro y ver si podía constituirse en un trabajo estable.

Para ella, la experiencia fue muy buena, considera que le dejó muchos aprendizajes a pesar de la baja rentabilidad.

La experiencia se empieza a “diluir” cuando se recibe de profesora de teatro y empieza a conseguir horas como suplente en algunos establecimientos educativos: “ya cuando empecé a trabajar, nos fuimos desconectando, porque empecé yo con mi ritmo y, bueno, cada vez más y más metida en lo mío”. Un tiempo después logra acceder a un cargo con muchas horas de docencia en un establecimiento de nivel secundario de su localidad y decide regresar.

A pesar de las críticas que manifestó durante la entrevista sobre el trabajo docente en el campo artístico en el sistema educativo formal y sus contradicciones y tensiones, manifiesta que optó por él porque lo evaluó como una buena oportunidad, ya que “está complicado, viste, el tema del trabajo, el ingreso a la docencia y más en los espacios artísticos donde las horas de teatro son pocas”, por los ingresos salariales (“te pagan por zona”), por la estabilidad y porque es un espacio donde “aún hay margen” para la autonomía. También un factor central en esa decisión fue que consiguió que le ubicaran las horas de lunes a jueves, lo que le permite viajar a Resistencia para continuar haciendo teatro: “me vengo nada más algunos fines de semana por esta obra que estoy ensayando o por algún taller, ¡porque no puedo no hacer teatro! (risas)”.

La máquina y el equipamiento del emprendimiento se los dejó a su socia.

El emprendimiento como un “refugio”

Dentro de este grupo ubicamos algunos casos en los que el paso por la actividad laboral independiente también tiene un carácter transitorio y aparece dentro de las trayectorias socioeducativas y laborales de los y las jóvenes asociados a momentos puntuales, con la particularidad de que dichos acontecimientos o hitos en sus historias son vividos con cierto grado de criticidad.

Así, ante ciertas situaciones de casos de crisis laborales, financieras y/o personales, el “proyecto” del emprendimiento se configura como una ayuda o soporte económico-financiero y/o emocional para hacerles frente. Puntualmente, en algunas mujeres con hijos/as constituyó una estrategia para regresar a la actividad laboral luego del embarazo y los primeros años de maternar, que les permite además de intentar generar ingresos, sentirse activas más allá del rol de madres.

También dentro de esta categoría podemos ubicar a varios jóvenes para los que la participación en el dispositivo se asocia a una estrategia de apoyo, protección y/o contención familiar, para colaborar con un proyecto familiar que por algún motivo necesita ser fortalecido y que ellos/as entienden pueden colaborar aportando su fuerza de trabajo y/o herramientas, materiales y/o equipamiento mediante el financiamiento obtenido. Esta categoría incluye a jóvenes de ambos programas, pero hay más predominancia de los/as del pei (de sectores populares).

Al igual que en la categoría anterior (el emprendimiento como “estación”), un rasgo distintivo aquí es que tampoco manifiestan expectativas a mediano y/o largo plazo de continuidad con sus emprendimientos. Incluso surgen otros tipos de proyecciones que, de concretarse, ubicarían a la “actividad emprendedora” como algo subsidiario o directamente como una etapa finalizada.

En sus narrativas tampoco visualizamos una motivación inicial fuerte asociada a la construcción de un perfil emprendedor, sino en todo caso que dicho proyecto es útil, en “ese” momento puntual de sus trayectorias, en algunas esferas de su vida (material o afectiva/emocional).

Pueden tener -o no- antecedentes formativos o laborales en el rubro/oficio, pero en cualquier caso esto no constituye un factor relevante ni determinante en el acercamiento a la experiencia.

La imagen de un “refugio” creemos que sintetiza de un modo claro la transitoriedad de esta experiencia, como un espacio/momento de protección, hasta que pase la “tormenta”. Tal es el caso de Carla.

Carla (pei)

Carla tenía 30 años y una hija de 6 años que vivía con ella cuando realizamos la entrevista. Se separó del papá de su hija al año de su nacimiento.

Trabajaba desde los 18 años, luego de terminar la secundaria. A partir del cobro de una indemnización de su padre Carla puso un ciber, junto a su hermano, en la localidad de Fontana. Luego, amplió ese local e incorporó una heladería, un Pago fácil y un telecentro. Cuando el negocio del ciber dejó de funcionar, anexó la venta de comidas. Ese proyecto se extendió por 7 años y, finalmente, por diferencias y conflictos con su hermano dejan de ser socios. A los pocos meses de ser madre, consigue trabajo en una concesionaria de autos de su tío, hasta que es despedida y surge la posibilidad del emprendimiento.

Su emprendimiento consiste en el sublimado de remeras, “una rama del rubro indumentaria, no es confección textil” que, como ella lo explicaba, consiste en el estampado de remeras. Lo hacía en un taller montado en el comedor de su domicilio y vendía por las redes sociales y grupos de WhatsApp, fundamentalmente. La idea inicial surgió por una amiga en un momento muy particular de su vida, tal como ella lo relató: “la idea salió porque una amiga mía, muy amiga, vendía ropa, en la calle andaba vendiendo ropa, y la vaga se iba a Buenos Aires a comprar, y cada vez que traía, yo veía básicamente que lo que más se vendía era justamente este tipo de remeras. Yo en ese momento me quedo sin trabajo, me echan de la agencia de autos y pienso: ¿Qué voy a hacer ahora? Yo ya vivía sola con mi hija chiquita. ¿De qué me disfrazo?, pensaba. Tenía un montón de cachivaches, de boludeces, cafetera que nunca la había usado, ponéle; la juguera, un montón de pelotudeces y en la desesperación de que me quedo sin un mango, qué mierda hago,empecé a revender, sacaba foto y a vender. Y mi amiga es la que me insiste con que pruebe con lo del sublimado. Como yo conocía a la gente de la agencia por mi otro trabajo en el ministerio, me fui a hablar con N. y ella me dice: Metéle al proyecto, seguro que eso va a salir”.

Además de este proyecto, Carla tenía otras actividades que le generan ingresos, gestionaba los alquileres de un par de locales del padre, hacía reventa de ropas y productos eléctricos y electrónicos que trae del Paraguay o de Buenos Aires. No descartaba continuar con el emprendimiento a futuro, pero sólo si marchaba bien. Manifestaba querer algo un poco más estable, porque los ingresos del emprendimiento eran muy fluctuantes, le insumía tiempo y también “moverse por distintos lugares para vender”. En esta línea señalaba: “. Yo soy media bohemia, pero entiendo que, me guste o no, estoy viviendo dentro del sistema, y ella [por la hija] tiene que estar dentro del sistema, y está todo bien con que el sistema no me gusta, pero va a cumplir 6 años, pero se la rebanca. Imaginate, el año pasado laburaba muchísimo, yo el único día que paraba eran los lunes, y desde martes a domingos era feria acá, feria allá. Es una criatura, se la rebanca, enseguida se hace amiguitas, tiene sueño y duerme en el auto, pero considero que yo no puedo ser tan forra, tiene 6 años. Ya está, yo no quiero que viva en la estructura y en el consumismo, pero tampoco la pavada, ya está, no somos hippies, qué va hacer (risas)”.

El emprendimiento como un “puente”

Dentro de esta tercera categoría incluimos a aquellos casos en los que la experiencia también surge en un “momento” puntual de sus trayectorias, pero a diferencia de las anteriores (“como estación” o “como refugio”) no necesariamente de carácter transitorio. Se lo visualiza como un paso dentro de un recorrido o camino, que puede contribuir a mediano o largo plazo a la construcción o fortalecimiento de una carrera profesional o de una actividad en un oficio, en cualquier caso, de manera independiente. La imagen del puente nos resulta muy útil para graficar justamente este “paso” de un lugar o estado a otro: de la condición de estudiantes a la de trabajadores, de la actividad laboral en relación de dependencia a una independiente (ya sea principal o complementaria), de estar desocupados/as a tener una ocupación. Dentro de esta categoría encontramos jóvenes de ambos dispositivos, pero con predominancia de aquellos/as que participaron en el pfec (sectores medios).

Aunque las motivaciones iniciales por las que se acercan a los dispositivos pueden ser diversas, tienen en común el hecho de que la mayoría lo pensó como una estrategia -más o menos planificada- para incrementar algún tipo de capital (ya sea de recursos materiales, de saberes, de experiencia y/o de vínculos y contactos, etc.) que puede ser de utilidad para concretar algunas aspiraciones vinculadas con sus trayectos formativos o laborales (actuales o futuros).

En sus relatos se explicita el interés de construcción de un camino laboral independiente, pero no necesariamente “empresarial”, sino como trabajadores/as autónomos/as en una carrera u oficio. En todos los casos acreditan saberes previos, cuentan como punto de partida con ese capital.

No obstante, en cierto punto sigue teniendo un carácter de prueba -ya que es algo relativamente nuevo, que están conociendo y, por lo tanto, también es incierto-; un rasgo distintivo es que manifiestan expectativas a largo y mediano plazo de continuar con sus emprendimientos. Las proyecciones son igualmente diversas, ubicando a la “actividad emprendedora” con distintos grados de centralidad en sus vidas laborales. Un ejemplo dentro de este grupo es Nerina.

Nerina (pfec)

En el momento de la entrevista Nerina tenía 27 años. Luego de completar sus estudios secundarios, tuvo un “paso fugaz” por la carrera de Contador Público que duró menos de un año y que le sirvió para darse cuenta que no era “lo que quería”. Luego inició la carrera de Diseño de Indumentaria, que pudo finalizar.

Durante el cursado de su carrera hizo algunos trabajos eventuales, sobre todo en el rubro de la gastronomía (ayudante de cocina, como moza y en la atención de barras en fiestas) y a partir de segundo año empezó a coser a pedido y también a realizar algunos trabajos de decoración. En los últimos años del cursado de su carrera empezó a desarrollar su marca (Azará), luego hizo algunas presentaciones públicas de su colección en la Casa de las Culturas y en un bar con otros compañeros/as que estaban por recibirse. Trabajaba hace un tiempo produciendo y vendiendo, pero, como ella misma lo relataba, recién se estaba animando a desarrollar su trabajo de manera independiente: “yo vengo haciendo esto hace un montón, pero como nunca aposté a lo independiente, porque nunca me sentí segura, realmente ahí hice como una autocrítica que por qué. Y mis viejos siempre me apoyaron los dos y me decían poné un negocio, y yo nunca quería dar ese paso. Tuve mi periodo de bajón también, que fue el año pasado, y no sabía qué hacer, estaba un poco perdida otra vez. Y entre idas y vueltas que me metí a trabajar en el shopping, en una casa de venta de ropas y casi me volví loca también. Y dije: Bueno, no. Yo tengo que hacer lo que me gusta, tengo que buscarle la vuelta; si no doy el paso ahora, ¿cuándo?”.

El dispositivo del pfec, según nos relató, le fue de gran utilidad para “dar ese paso”. Especialmente los distintos espacios de formación, desde las charlas sobre proyectos hasta el trabajo como tallerista, con otras compañeras, para una marca local llamada Chacú.

En el momento de hablar de sus aspiraciones y proyectos futuros, Nerina manifestó un interés claro en continuar avanzando en la construcción de una carrera como trabajadora independiente, pero de manera muy progresiva, sin pensar en armar una empresa.

“Yo siempre trato de pensar en el más corto plazo posible. Viste que para armar una empresa tenés que pensar un plan de negocio de entre 3 y 10 años. Bueno, me choca un poco pensar de acá a 10 años. Entiendo que es para tener una visión de cómo organizar tu tiempo y tu inversión, y todo eso. Pero a mí me gusta más pensar al corto plazo y lo que quiero hacer ahora es acomodarme con el taller, conseguir armar bien el taller, con algunas costureras, por ejemplo, y yo dedicarme al diseño. Obviamente, a coser también, pero de una manera un poquito más para abarcar un poquito más de prendas, digamos, porque ahora es todo demasiado artesanal”.

De cualquier manera, no descartaba la posibilidad de trabajar en relación de dependencia en una empresa o para el Estado si las condiciones que le ofrecieran fueran atractivas.

El emprendimiento como una “escalera”

En esta última categoría incluimos aquellos casos que, previo al paso por el dispositivo, ya tenían experiencia en la actividad emprendedora y en las entrevistas daban cuenta del manejo de ciertas prácticas y estrategias vinculadas con la dinámica empresarial a pequeña escala.

La motivación principal que los/as acercó a los dispositivos -y que además aparece claramente expresada en sus narrativas- fue la de incrementar algunos capitales específicos a partir de algunos componentes de los programas; en particular, el capital financiero (financiamiento para la compra de tecnologías para sus procesos de trabajo) y el capital cultural (conocimientos y saberes, pero vinculados directamente a lo que se conoce técnicamente dentro del campo como “planes de negocios”). Identificamos casos de este tipo en jóvenes de ambos programas, tanto de sectores populares como de sectores medios.

Aunque varios/as de ellos/as desarrollaban además otras ocupaciones, la centralidad dentro de sus proyectos laborales estaba puesta en sus emprendimientos. No sólo proyectaban su continuidad en ellos, sino que expresaban expectativas y metas específicas para potenciar, mejorar y hacer crecer su negocio (incrementar su rentabilidad y ampliar su productividad).

El dispositivo aparece dentro de sus trayectorias como un paso más (con carácter ascendente): de allí la imagen de una escalera hacia el objetivo de ser “empresario/a”. Tal es el caso de Matías.

Matías (pfec)

Matías (27 años) se definía como productor musical y audiovisual. Al presentarse mencionaba: “yo soy independiente, trabajo en las industrias culturales. Y aparte también trabajo de comerciante. Tengo dos trabajos, así que con eso me mantengo”, relataba. El comercio en el que trabajaba, hace muchos años, es un maxikiosco familiar, una pequeña empresa y él se autoidentificaba como autónomo: “siempre tuve este trabajo como autónomo de fondo, con eso pago mi costo de vida, nunca quise ni tuve la necesidad de empezar a tirar currículum”, aclaraba, destacando la importancia que tuvo en su historia la intención de trabajar de manera independiente.

“Siempre fui autónomo porque siempre me gustó tener mi plata”, reiteró en otro segmento de la entrevista y luego comentó que empezó como músico en la secundaria, tocando en algunas bandas de rock. Ahí se empezó a dar cuenta que en ese campo podían generarse buenos negocios: “en un momento, junto con otros amigos, armamos desde abajo una organización no lucrativa, se llama en realidad Unión Under, una agrupación de músicos locales que lo que hace es nuclear a todas las bandas de rock de la región y trata de darle una mano a los músicos que están desorientados en cómo hacer una puesta en escena en mejores condiciones”.

Esa experiencia, inicialmente no rentada, sirvió para que se diera cuenta de que podía ofrecer eso mismo como un servicio, como productor. Creó, entonces, una pequeña empresa que nació como una discográfica (orientada a la grabación de los discos y el diseño del trabajo de marketing a los artistas musicales de la región). Previamente hizo un estudio de mercado, que le indicaba que podía ser un proyecto rentable. Efectivamente funcionó un tiempo, pero luego “bajaron los números”, entonces optó por redireccionar su proyecto y “encarar el negocio desde otra perspectiva”. Decide entonces hacer un “rebranding” (es decir, un cambio de nombre de la empresa) y de la productora discográfica nacen dos empresas con objetivos distintos: “una se llama NEA contenidos, con la que hago eventos, la última fue un recital, Kamikaze, que metimos 150 o 200 personas. El próximo es Señorita Bimbo y Noelia Custodio, que vienen a hacer un show de stand up en Corrientes y Resistencia y, por otro lado, en lo que es la enseñanza de producción musical, tengo un espacio que se llama Academia Sonorizante, desde la que ya vengo organizando como seis cursos para músicos y músicas de la zona”.

Participó en varias actividades de formación organizadas por el pfec y, además, desde la Dirección de Industrias Culturales lo orientaron para presentar un proyecto al Fondo de Capital Semilla, para invertir en ambos negocios, que fue aprobado.

En relación con las proyecciones futuras, en la entrevista expresó algunas metas puntuales, concretas y orientadas al crecimiento de sus emprendimientos: “quiero que Sonorizante crezca muchísimo. Básicamente, que sea la academia de enseñanza más grande del nea, es una plaza que no está explotada y con nea Contenidos mis expectativas tienen que ver con el festival Kamikaze, quiero que llegue a ser cuatro veces más grande que el Taragüí rock. Creo que vamos encaminados, pero hay que hacerlo de a poquito, no tirarse a la pileta demasiado antes de tiempo”.

Comentarios finales

En síntesis, con estas cuatro imágenes que presentamos en las secciones anteriores intentamos mostrar la variedad de sentidos que construyen los y las jóvenes a partir del tránsito por estas experiencias, estrechamente vinculados con sus historias y trayectorias sociolaborales.

Varios estudios nacionales (Jacinto et al., 2005; Longo y Deleo, 2013; Deleo, 2017) han realizado importantes contribuciones en esta línea, mostrando que las valoraciones y sentidos que las juventudes hacen del trabajo en general no son innatas ni estáticas, sino que suelen ser cambiantes, se crean y recrean con el paso del tiempo y por diversas experiencias formativas, laborales, familiares.

Esto mismo hemos constatado en este grupo de jóvenes en relación con el trabajo independiente en particular y la experiencia emprendedora, evidenciando cómo los aspectos subjetivos se articulan también con otros estructurales. En esta línea advertimos, por ejemplo, como la posición social o sector de origen, así como ciertos condicionantes que actualmente presenta el mercado laboral local, tienen una clara vinculación con los intereses y expectativas que los jóvenes expresan en torno al trabajo.

El análisis de sus motivaciones iniciales en el momento de sus trayectorias en el que se produjo el vínculo con los programas, las características de sus proyectos productivos, así como sus proyecciones futuras como aspectos analíticos, nos permitieron reconocer que son múltiples los sentidos que los y las jóvenes atribuyen a estas experiencias.

Al respecto, uno de los principales hallazgos del estudio fue que el interés en “ser empresarios/as” -tal como es pensado mayoritariamente desde la letra de los programas- era sólo uno de los múltiples intereses con los que se acercan, y que la identificación con esta figura (emprendedor) se daba, al menos de manera explícita tanto en relación con sus motivaciones iniciales como con proyecciones futuras, sólo en algunos pocos casos. Como lo mencionábamos al inicio, siguiendo a Shore (2010), debido al carácter complejo que tienen los procesos de construcción de las políticas públicas, los posicionamientos teóricos que orientan sus diseños (e incluso las lecturas que los analistas hacen de las mismas) no necesariamente se traducen linealmente en los modos de significación de quienes participan en ellas.

A su vez, un aspecto que consideramos necesario seguir ampliando en futuros análisis se vincula específicamente con el posicionamiento de los y las jóvenes en torno a los discursos hegemónicos del “emprendedorismo”. En los relatos de los y las jóvenes encontramos algunas “pistas” que nos permiten pensar que no existe una reproducción y asimilación acrítica de la mirada económica ortodoxa tradicional del “emprendedorismo”, sino que en las experiencias surgen prácticas que muestran algunas formas de apropiación, de uso y de re-significación de lo que este tipo de programas ofrecen y de sus objetivos iniciales.

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Notas
Notas
* Doctor en Humanidades y Ciencias Sociales (UNaM), Magister en Desarrollo Social y Licenciado en Relaciones Laborales (UNNE). Docente -Investigador de la Universidad Nacional del Nordeste.
[1] Nos referimos a la particular atención a ciertos “nudos problemáticos” de la tradición etnográfica de la antropología, tales como el interés por el conocimiento de la cotidianeidad social; la recuperación de los sujetos sociales, sus representaciones y construcciones de sentido y en el orden de lo más estrictamente metodológico, la dialéctica entre el trabajo de campo y el trabajo conceptual (Achilli, 2005).
[2] De aquí en adelante usamos las siglas para referirnos a los programas.
[3] El PEI es una línea del programa Jóvenes con más y mejor trabajo (pjmymt)y busca la promoción de la inserción laboral mediante diversas estrategias. El PFEC busca, además, promover la actividad cultural, revalorizar a dicha actividad como trabajo, potenciar a ese sector y visibilizar su aporte a la economía.
[4] La configuración final de la muestra con jóvenes de este intervalo de edades coincide con las listas generales (universo) de ambos dispositivos y con los señalamientos de alguno/as entrevistado/as respecto a quienes logran sostenerse en las experiencias: “Los que llegan hasta el final y concretan los proyectos son los más grandes de edad”. A su vez, recordamos que las entrevistas se concretaron, en promedio, luego de dos años de haber pasado o transitado por los programas, de modo que en su paso por los mismos tenían un poco menos de edad.
[5] Se la define como tal cuando un trabajador está como autónomo y asalariado a la vez. Gras (2004) la define como la combinación de ocupaciones y actividades laborales e incluye una amplia gama de comportamientos tanto formales como informales, independientes de su forma de retribución, estabilidad y otras condiciones de trabajo.
[6] De manera general, entendemos a la motivación como aquellos aspectos que orientan ciertas conductas.
[7] Referidas a dar continuidad al proyecto productivo generado.

Tabla 1.
Características de los y las jóvenes entrevistados/as
Elaboración propia en base a las entrevistas realizadas entre los años 2015 y 2019 en la Ciudad de Resistencia Chaco

Tabla 2
Sentidos construidos en torno al trabajo independiente

[6] [7]

Elaboración propia a partir de entrevistas realizadas a jóvenes entre los años 2015 y 2019 en la Ciudad de Resistencia, Chaco.
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