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“Cambios y continuidades en las mujeres, una lectura desde América Latina”. Título: Cambios y continuidades en las mujeres. Un análisis sociológico, Autor: Alcañiz Moscardó, Mercedes Edición: Icaria Editorial ISNB: 978-84-9888-286-5 Núm. de páginas: 192, Año: 2010
Espacios Públicos, vol. 19, núm. 45, pp. 185-190, 2016
Universidad Autónoma del Estado de México

Reseña


Alcañiz Moscardó Mercedes. Cambios y continuidades en las mujeres. Un análisis sociológico. 2010. Icaria Editorial. 192pp.. 978-84-9888-286-5

Recepción: 13 Enero 2015

Aprobación: 26 Enero 2015

Una de las más relevantes transformaciones de la estructura social durante el siglo xx en la mayoría de los países de América Latina ha sido el de la emergencia de la mujer en los mercados de trabajo, lo cual ha supuesto una movilidad social, así como una independencia respecto al ámbito del hogar. Situación que ha implicado un cambio en los valores y estilos de vida, sobre todo en las ciudades. Así por ejemplo, en la sociedad brasileña y mexicana es notoria la incorporación de la mujer a los mercados de trabajo, así como a la educación superior ( De Oliveira: 2010 ). La movilidad social experimentada en sociedades como la argentina, chilena y brasileña durante las últimas décadas tiene una explicación en la emergencia de la mujer como sujeto social activo. Es innegable que la mujer destaca en todos los campos del saber, la creación artística. Hoy en día, la mujer ocupa cargos legislativos y de gobierno en caso todos los países del continente, sin olvidar que hay varias jefas de gobierno.

No obstante todo ello, por ejemplo, en México y centro América una proporción importante de mujeres vive en la pobreza, así como el porcentaje de niñas en situación de pobreza y hambre es mayor al de los niños, así las oportunidades educativas de las niñas siguen siendo menores que las de los niños. [1] La violencia de género es una constante en buena parte de los países de América Latina, aunque también es cierto que en la última década la mayoría de los gobiernos han implementado políticas públicas y ha construido instituciones encargadas de la protección contra esa violencia.

El libro Cambios y continuidades en las mujeres. Un análisis sociológico (2010, Icaria- Antrazyt, España) de Mercedes Alcañiz Moscardó, Profesora Titular de Sociología en el Departamento de Filosofía y Sociología de la Universitat Jaume i de Castellón, España, inicia su recorrido anunciado esta contradicción:

Ya no hay impedimentos legales para trabajar en el mercado laboral, ni para estudiar en la universidad ni para ejercer de juezas o políticas: afortunadamente se han eliminado esas barreras que nos constreñían en el ámbito doméstico y nos hacían dependientes. Ahora bien, ¿supone esta apertura de las mujeres a la sociedad (masculina) que las mujeres y los hombres somos iguales? […] La respuesta es que no (11).

De esta forma, a pesar de los logros que la mujer ha alcanzado, sobre todo en los países donde el crecimiento de las clases medias ha sido relevante, implica una postura crítica frente a los enormes desafíos existentes para alcanzar una equidad de género. Cambios y continuidades en las mujeres. Un análisis sociológico es un libro que nos presenta una visión crítica de los logros que las mujeres han tenido en las últimas décadas, así como de los pendientes. Se trata de una obra que realiza un recorrido en torno a la problemática de la mujer, desde una perspectiva amplia que permite conocer tres aspectos fundamentales para actuar a favor de la equidad de género: el conjunto de ideas sociológicas que han desbrozado el camino dentro, y a pesar de, un pensamiento androcéntrico en occidente, la historia de las ideas políticas e ideológicas de los diversos movimientos feministas, así como una serie de datos y hechos políticos que nos permiten calibrar las zonas sensibles de la equidad de género a nivel mundial. Todo esto nos indica de la importancia de este libro como herramienta crítica frente a las culturas, imaginarios y formas de socialidad marcadas por el patriarcalismo como status quo .

El libro se encuentra integrado por seis capítulos: I. Sociología de las mujeres, las mujeres en la sociología, II. Mujeres, estructura social y proceso histórico, III. El discurso feminista. Repaso histórico y analítico, IV. El movimiento social feminista como agente de cambio social en las mujeres, V. Las actuaciones políticas internacionales como impulsoras del cambio, VI. Cambio en las mujeres, permanencias de las desigualdades. Una característica del libro es que se trata de un planteamiento de género realizado desde la sociología, es decir, hay un énfasis en la producción de las ideas de la mujer como sujeto social y político activo, esto es como sujeto decisivo en los procesos de transformación de las sociedades modernas y contemporáneas.

En lo particular quiero subrayar el contenido del capítulo I. “Sociología de las mujeres”, sobre todo por su enorme potencial aún por descubrir en las aulas donde se enseña sociología, más todavía en América Latina. Ahí es destacable el rescate que hace a las “madres fundadoras” de la sociología, entre otras Harriet Martineau (1802-1876), Charlotte Perkins Gilma (1860-1935), Jane Addams (1860-1935) y Marianne Weber (esposa de Max Weber), quienes produjeron una primera oleada de pensamiento a favor de la mujer, en un momento en el cual el pensamiento sociológico clásico había obviado a la mujer como sujeto social, así como objeto de la sociología. Al respecto nos dice Alcañiz:

Las elaboraciones teóricas de los primeros sociólogos sirvieron como justificación ideológica para someter a las mujeres, constituyéndose así la sociología en ideología del género al considerar las relaciones de género desiguales como un hecho natural y universal y consecuentemente incuestionable e incambiable. La ideología patriarcal en sociología se ha presentado como universal y ha sido posible por la exclusión de las mujeres de posiciones de poder y de la producción de conocimiento (29).

Luego de esta primera ola de pensamiento sociológico, se mencionan las ideas de Elisabeth Beck-Gernshein (1946) y de Arlie Hochschild. La primera hace una reflexión sobre la familia en donde la mujer ha cambiado sus roles debido a su incorporación al trabajo, con lo cual plantea la hipótesis del desmembramiento de la familia patriarcal. La segunda plantea el concepto de “cadenas globales de cuidado” (37), el cual explica cómo existen vínculos personales entre personas del planeta basado en el trabajo reproductivo, estas cadenas comienzan en países pobres y terminan en un país rico o inician en una zona rural pobre para dirigirse a una zona urbana. Para terminar este capítulo se mencionan las ideas de Janet Saltzman, quien señala que si bien la incorporación al mercado laboral de la mujer desencadena una pérdida de poder de los hombres en los hogares, los hombres continúan manteniendo el micro-poder en el ámbito doméstico, así como el macro-poder en la sociedad. Todas estas aportaciones, vistas en perspectiva histórica son de importancia tanto analítica como política y son la base de una sociología, una inteligencia y subjetividad sobre el orden social, distinta a la de los padres fundadores de la disciplina.

En el capítulo II. “Mujeres, estructura social y proceso histórico”, Alcañiz realiza un recorrido en torno a la lucha de las mujeres a favor de sus derechos políticos. Inicia recordando que la Revolución Francesa significó un cuestionamiento de las relaciones entre los sexos, sobre todo porque se cuestiona el sistema patriarcal; aunque esto no fue sino gracias a que Olimpe de Gouges, quien en 1793 escribe la Declaración de los Derechos de la Mujer, esta autora señaló al matrimonio como el lugar donde se manifestaba la desigualdad y la explotación de las mujeres. Tema importante, pues durante el siglo xix se consolida el patriarcado como sistema de dominación social y cultural de los géneros, el cual, jurídicamente se impuso y suponía la sumisión de la mujer al hombre jefe de familia a la vez que situaba a la mujer en el hogar. Con la industrialización y consecuente división sexual del trabajo, el patriarcado, continúo legitimando la exclusión de la mujer del mundo laboral. El discurso que legitimaba esto fue el de la domesticidad, el cual, nos dice Alcañiz, “se convirtió en un mecanismo de control social para limitar a las mujeres al ámbito privado” (59), ideología inculcada por la escuela burguesa de la época. No es hasta la Segunda Guerra Mundial cuando la incorporación necesaria de la mujer a la industria fue el momento en que se comienza a romper esta ideología, hecho que es reforzado con la concesión al derecho al voto a la mujer en Estados Unidos y Gran Bretaña, así como con el nacimiento de las Naciones Unidas y la consecuente aprobación de la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948). Si bien esto ha significado una igualdad jurídica de la mujer, en términos reales los hombres continúan teniendo “el poder de microdefinición” (Janet Saltzman) en el interior de los hogares, a la vez que continúan manteniendo los recursos de macro-poder, lo que explica el por qué los puestos jerárquicos siguen ocupados por hombres. La era global no ha cambiado en mucho la balanza, incluso, para algunos países, el deterioro del salario y la constante precarización del trabajo son tendencias que precarizan a las mujeres, esto sobre todo en América Latina; de tal forma que, citando a Sendón de León, “la era global es la última y furibunda fase del patriarcado” (69).

Si bien, una parte de la sociología ha dicho ser crítica de la sociedad moderna, pensamos que desde hace mucho esta capacidad supuesta capacidad crítica no es algo destacado, por ello brilla la capacidad radical que el pensamiento feminista imprime a las ciencias sociales.

La teoría feminista (las teorías feministas), como reflexión sobre la situación de las mujeres en la sociedad, se construyó desde su origen en teoría crítica, ya que además de visibilizar la situación, desigualdad y discriminación de las mujeres, propone soluciones de cambio para una situación que considera injusta, de ahí que siempre haya estado vinculada al activismo político (75).

Alcañiz muestra los principales aportes de las teorías feministas (corpus teórico del discurso feminista), agrupadas en tres etapas temáticas y de pensamiento: la igualdad, la diferencia y la identidad. Por su agudeza política vale la pena conocer los alcances en esta dirección. De esta manera van apareciendo los aportes del denominado feminismo liberal, que apuesta por la igualdad de derechos de la mujer, así como se opone a los prejuicios y a la discriminación hacia la mujer. En esta corriente de pensamiento destaca Mary Wollstonecraft (1759-1797), quien a través de su obra reivindica una educación similar para hombres y para mujeres, “una educación para la independencia y acabar con las diferencias en la construcción social de mujeres y varones desde la infancia a través de la educación y la socialización” (79).

El feminismo socialista, el cual consideraba que las mujeres obreras estaban sometidas a una doble opresión, por parte del capitalismo y del patriarcado. Destacan en este caso la obra de Flora Tristán (1803-1844), Clara Zetkin (1857- 1933) y Alejandra Kollontai (1872-1945), esta última quien pensaba en la necesidad de una revolución de la vida cotidiana, así como en la necesidad de una mujer nueva cuya finalidad en la vida sería su individualidad.

En torno al discurso a favor de una igualdad real de la mujer se desarrolla, por parte de las teorías feministas, el tema de la identidad y definición de la mujer, así como el de su ubicación frente a las formas de opresión y explotación. En esta línea se encuentra la obra de Simone de Beauvoir (1908-1986), conocida como El segundo sexo ; esta autora, nos dice Alcañiz, “es clave para el desarrollo posterior de la teoría feminista por su toma de conciencia de la opresión de las mujeres por los hombres y su intento por encontrar las causa, así como por su reivindicación de reconocer a las mujeres como seres independientes” (85). La idea de la hetero-designación de la mujer desarrollada por de Beauvoir también es desarrollada por Betty Friedman (1821-2006), por lo que para esta última era de vital importancia la incorporación de la mujer al mercado de trabajo y a la educación. Desde el marxismo, el libro de Alcañiz, menciona la obra de Heidi Hartmann, quien acuña el concepto de Modo de Producción Doméstica y el de Sistema de Producción Emocional, ambos tratan de expresar la doble explotación de la mujer en un doble sistema, es decir, en donde la explotación, sexual y de clase es producto de un modelo social en donde capitalismo y patriarcado son una misma cosa (Teoría del Doble Sistema).

El feminismo radical es otra teoría feminista crítica que ha centrado su análisis en el concepto de patriarcado, entendido como sistema de dominación masculina, como autoras importantes de esta corriente se mencionan a Kate Miller (1934) y Shulamith Firestone (1944). Esta perspectiva propone un cambio en el sistema de géneros, sin el cual no es posible una equidad de género, nos dice Alcañiz, “junto al concepto de patriarcado, comienza a adquirir presencia el concepto de género como construcción social, el análisis de la sexualidad, la denuncia de la violencia patriarcal y de la sociedad del conocimiento dominada totalmente por el androcentrismo en todos los ámbitos” (89). En cuanto a la denominada perspectiva de género , comprendida como una construcción teórica y metodológica destaca la obra de la mexicana Marcela Lagarde.

El feminismo de la diferencia parte de la idea de que el género femenino es una construcción social, pero que posee otras características que establecen una diferencia con los varones, sobre todo en términos de la sexualidad y la reproducción. Entre sus principales exponentes se mencionan a las francesas Annie Leclerc, Héléne Cixous y Luce Irigaray. En Italia los diversos grupos feministas, como el grupo filosófico Diótima (Universidad de Verona 1884), trabajan sobre las ideas que tratan de vincular a las mujeres entre las mujeres: affidamento , “como relación política privilegiada y vinculante entre dos mujeres” (94). Mientras que en los Estados Unidos aparece el feminismo cultural, Alice Echols, esta teoría ensalza la maternidad y el cuidado como características propias de las mujeres. Por su parte el ecofeminismo, Vandana Shiva y Maria Mies, produce una serie de ideas en donde se revaloriza la cultura femenina, la cual está más próxima a la naturaleza y a la conservación de la vida, en oposición a la cultura masculina obsesionada con el poder, la guerra y la destrucción del planeta. El ecofeminismo plantea una dura crítica al desarrollo, “el cual consideran destructivo, consumista e individualista, por lo que se oponen a la economía actual, basada en la explotación de la naturaleza y de las tareas domésticas de las mujeres” (96).

Además de estas teorías se mencionan el feminismo negro, lesbiano, el feminismo poscolonial y la teoría Queer . Todas estas corrientes de pensamiento son radicales, pues realizan un descentramiento del pensamiento occidental, incluso el feminista anterior a ellas, al cual lo ven como homogeneizante, colonialista y racista. Así como hacen una crítica radical a la sexualidad y las ideas en torno a la identidad sexual (proponen la autodesignación de la identidad), en este sentido, para Judith Butler “el género se define en cada acto” (99).

Como es posible ver las teorías feministas en su conjunto constituyen un pensamiento poderoso, complejo, profundamente crítico de la modernidad y sus tendencias culturales y económicas. Han sido por ello inspiradoras de un prolífico movimiento político e ideológico a favor de la equidad de la mujer a nivel mundial. Llama la atención el desconocimiento de este conjunto de autoras en muchas de las escuelas de ciencias sociales.

El libro continúa con un capítulo en donde se realiza una crónica del movimiento feminista mundial, desde el sufragismo del siglo xix, hasta la Marcha Mundial de las Mujeres, conformada por 5 500 movimientos de mujeres de 163 países los cuales trabajan en ámbitos como la pobreza, la educación y la violencia. Este movimiento aprobó en 2004 la Carta Mundial de las Mujeres para la Humanidad, la cual busca la igualdad, la libertad, la fraternidad, la justicia y la paz. Como complemento del movimiento feminista, el texto hace un repaso a los movimientos antifeministas. El libro termina dando un panorama de lo que hace falta, de los enormes retos para lograr una duradera y verdadera igualdad de género.

Cambios y continuidades en las mujeres. Un análisis sociológico de Mercedes Alcañiz Moscardó es un texto en torno a las ideas, prácticas políticas e ideológicas, formas y contextos de exclusión de la mujer en el mundo actual, por lo que es un libro completo que puede ser una útil herramienta en el aula, así como una invitación para los no iniciados en el tema para conocer más y profundizar en tan importante tema. Herramienta intelectual que, por lo menos, todo estudiante de ciencias sociales debería leer.

Referencias

1. CONEVAL-UNICEF (2012), Pobreza y derechos de niñas, niños y adolescentes en México, 2008-2010, México, CONEVAL-UNICEF.

2. De Oliveira, Faviana (2010), “Movilidad social y económica en Brasil: ¿Una nueva clase media?”, en Franco, Rolando et al. (coords.), Las clases medias en América Latina, México, CEPAL-Siglo Veintiuno Editores.

Notas

[1] Considerando los datos de pobreza del CONEVAL para el 2010 más de 5 millones de niñas y niños y adolescentes en México vivían en hogares donde el ingreso per cápita era inferior a la línea de bienestar mínimo y sufrían tres o más carencias sociales ( CONEVAL-UNICEF, 2012: 33 ).


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