Análisis de actualidad
Recepción: 17 Septiembre 2020
Aprobación: 03 Febrero 2021
DOI: https://doi.org/10.22201/cisan.24487228e.2021.1.449
Resumen: En este artículo nos preguntamos: ¿cuál fue la capacidad explicativa de la desigualdad y la pobreza en el ámbito estatal en las elecciones presidenciales de Estados Unido en 2012 y 2016? ¿Cuál fue el balance estatal en las elecciones presidenciales en Estados Unidos? Y exploramos a nivel individual, utilizando la American National Election Studies Survey, ¿qué variables nos ayudan a entender el voto en favor de los candidatos presidenciales republicanos en 2012 y 2016? Así, para contestar nuestras preguntas, realizamos dos análisis: uno en el ámbito estatal, y el otro, a partir de los votantes, con el fin de explicar los resultados contrastantes de 2012 y 2016.
Palabras clave: Estados Unidos, elecciones, voto republicano, desigualdad, pobreza.
Abstract: In this article, the authors ask themselves to what degree inequality and poverty on a state level can explain the results of the U.S. presidential elections in 2012 and 2016, and what the state- level balance sheet in the U.S. presidential elections was? They also explore on an individual level what variables help us understand the vote for Republican presidential candidates in 2012 and 2016 by looking at the American National Election Studies Survey. To answer their questions, they carried out two analyses: one at a state level and the other, based on voters’ responses, to explain the contrasting results of 2012 and 2016.
Key words: United States, elections, Republican vote, inequality, poverty.
INTRODUCCIÓN
La polarización del sistema político estadounidense ha estado presente durante los últimos veinte años. Dicha polarización se ha explicado utilizando distintos argumentos y la evidencia se ha interpretado de distintas formas. En este artículo analizaremos los efectos de la creciente desigualdad y polarización en el ámbito estatal en Estados Unidos sobre las elecciones presidenciales. En las últimas décadas, los estados ricos han votado a favor del Partido Demócrata y los estados más pobres, a favor del Partido Republicano; sin embargo, como Andrew Gelman ha demostrado, la razón no es que los votantes más ricos ahora voten por los demócratas. Como Gelman demostró, los votantes más pobres han mantenido su identidad partidista demócrata y votan mayoritariamente por ese partido, mientras que los votantes más ricos siguen votando por el Partido Republicano. El propósito de este artículo es analizar si esa situación prevaleciente hasta 2008 se mantuvo en las elecciones presidenciales de 2012 y 2016.
Esas elecciones tuvieron resultados muy distintos, mientras que en 2012 el candidato Barack Obama fue capaz de ganar su reelección; por el contrario, en 2016, incluso cuando la economía se estaba recuperando, Hillary Clinton, la candidata del Partido Demócrata, no fue capaz de ganar la elección. Donald Trump, utilizando un discurso nacionalista y xenófobo ganó estados clave y cambió el balance de poder en el ámbito estatal, capturando la mayoría del Colegio Electoral y ganando la elección, a pesar de no haber obtenido la mayoría del voto popular que favoreció a Hillary Clinton. Las preguntas de investigación en este artículo son ¿cuál es la capacidad explicativa de la desigualdad y la pobreza en el ámbito estatal en las elecciones de 2012 y 2016? ¿Cuál es el nuevo balance estatal en las elecciones presidenciales en Estados Unidos? Y explorar en el plano individual, utilizando la “Electoral Studies Survey”, ¿qué variables nos ayudan a entender el voto en favor de los candidatos presidencia- les republicanos en 2012 y 2016?
ANTECEDENTES
En términos teóricos, existen al menos dos corrientes antitéticas sobre la importancia de las elecciones en el sistema político estadounidense: por una parte, están los politólogos como Gerald E. Pomper y Susan Lederman, quienes consideran que las elecciones, efectivamente son ejercicios políticos fundamentales y significativos, los cuales, gracias al sistema de partidos estadounidense, permiten que los ciudadanos ejerzan influencia sobre el sistema político:
los dos partidos compiten de manera libre y la competencia ocurre en los estados, los candidatos tienen acceso a los votantes y ningún partido o administración puede controlar los medios de comunicación. El sufragio es virtualmente universal, y los votantes tienen opciones claras para los distintos puestos públicos. En la inmensa mayoría de los casos, las votaciones se llevan adelante de manera honesta [...] (Pomper y Lederman, 1980: 223-225).
Por otra parte, hay politólogos como Howard L. Reiter, que sostienen que
la mayoría de los problemas en la historia de Estados Unidos se han resuelto no por las elecciones, sino por otras fuerzas históricas [...]; las elecciones no son una muy buena manera de expresar los puntos de vista de la gente que vota. Las elecciones son incluso menos eficaces como medio para llevar adelante las visiones políticas de todos los ciudadanos [...] (Reiter, 1987: 1-3).1
En este artículo, consideramos que las elecciones sí son relevantes y tienen efectos en las políticas seguidas por las distintas administraciones, sin embargo, somos conscientes de que no todas las decisiones políticas clave pasan por los procesos electorales.
La literatura sobre el comportamiento electoral en las elecciones presidenciales en Estados Unidos es muy amplia (Lazarsfeld et al., 1944; Key, 1966; Campbell et al., 1960; Pomper y Lederman, 1980; Fiorina, 1981; Fiorina et al., 2005; Bartels, 2000; 2008; Converse, 2006; Gelman, 2008; Weinschenk, 2013; Abramowitz, 2014). En este artículo, si bien no buscamos presentar una nueva teoría, sí ponemos a prueba hipótesis tanto sobre la distribución geográfica de los apoyos partidistas en Estados Unidos (para ello realizamos nuestro análisis de los patrones de votación en los estados), así como de algunas de las variables más utilizadas en la explicación sobre elecciones presidenciales: las características sociodemográficas de los votantes, la continua relevancia del partidismo y la importancia de ciertos temas puntuales que fueron “explotados por el candidato republicano Donald Trump, en particular el tema de la migración y el discurso xenófobo en la elección de 2016 (ahí es donde entra el análisis de los votantes individuales), por ello hemos incluido en este trabajo ambos niveles de análisis: el estatal y el individual.
En su análisis sobre las elecciones presidenciales en una época de polarización, Alan I. Abramowitz argumentó que cuatro características de las elecciones presidenciales entre el año 2000 y 2012 fueron un balance muy estrecho entre los dos principales partidos, un electorado fuertemente partidista, un alto grado de estabilidad en las preferencias de los votantes y en los resultados de las elecciones en el ámbito nacional y estatal y, finalmente, una creciente ventaja tanto en el voto popular como en el Colegio Electoral por parte de los demócratas (Abramowitz, 2014: 289). Como sabemos, tres de esas características se mantuvieron en la elección del 2016, sin embargo, no fue Hillary Clinton, sino Donald Trump, quien ganaría las elecciones en el Colegio Electoral.
En el presente trabajo buscamos comparar las elecciones de 2012, en las que Barack Obama logró su reelección con las elecciones de 2016, con las que el candidato republicano Donald Trump logró alzarse con la victoria, asimismo analizaremos en qué medida las variables de desigualdad y pobreza en los estados tuvieron algún efecto. Para ello construimos dos modelos estadísticos, en los que incluimos las variables PIB per cápita estatal, índice de Gini estatal, población urbana estatal, minorías y porcentaje de población estatal que vive por debajo de la línea de pobreza.
En el modelo para 2012, encontramos que se ha mantenido una relación negativa entre el ingreso per cápita estatal y el voto republicano, es decir, que fueron los estados más ricos los que tendieron a votar por Barack Obama, lo mismo que los estados más desiguales fueron los que tendieron a votar por Obama; por el contrario, los estados con mayor porcentaje de pobres tendieron a votar por el candidato republicano Mitt Romney. Como mostró Andrew Gelman (2008), esto no significa que los pobres voten por el Partido Republicano, sino que las personas con mayores ingresos en los estados más pobres tienden a votar por los republicanos en mayor proporción que en los estados ricos. Gelman distingue entre estados ricos como California, de ingreso medio, como Ohio, y pobres, como Mississippi.
En los estados sureños republicanos, como Oklahoma, Texas y Mississippi, los condados más ricos apoyaron a los republicanos y los más pobres a los demócratas. En contraste, en los estados localizados cerca de los medios de comunicación masiva, por ejemplo, Nueva York, Maryland, Virginia y California, los condados más ricos, era más probable que votaran mayoritariamente por los demócratas:
Un patrón similar ocurre cuando comparamos los votos de la gente rica y pobre dentro de los distritos del Congreso, en lugar de en los estados o en el país como un todo [...] dentro de cualquier distrito, los votantes tienden a alinearse políticamente entre ingresos altos contra ingresos bajos, lo que motiva a los candidatos demócratas y republicanos a tomar posiciones igualmente contrastantes (Gelman, 2008: 71).
Obama logró el triunfo tanto en el voto popular al obtener 65 915 795 votos que representaron el 51.06 por ciento del voto popular, cuanto en el Colegio Electoral al obtener 332 votos. Por su parte, el candidato republicano Mitt Romney obtuvo 60 933 504 votos, es decir, el 47.2 por ciento de los votos y 206 votos del Colegio Electoral. En términos de participación electoral en 2012 votó el 54 por ciento, un porcentaje menor al de 2008, cuando votó más del 58 por ciento. En relación con los estados, Barack Obama ganó en veintiséis estados y la capital Washington, D.C., es decir, en comparación con 2008, perdió dos estados: Indiana y Carolina del Norte, que esta vez votaron a favor del candidato republicano, quien ganó en 24 estados.
En cambio, en 2016, Trump no ganó el voto popular, ya que sólo obtuvo 62 984 828, es decir, el 46.09 por ciento de los votos, frente a 65 853 514 que obtuvo Hillary Clinton, es decir, el 48 por ciento. Sin embargo, Trump ganó en treinta estados, obteniendo 304 votos del Colegio Electoral, frente a los veinte estados más Washington, D. C., que ganó Hillary Clinton obteniendo sólo 227 votos del Colegio Electoral. Los estados clave que perdió Clinton fueron Wisconsin, Michigan, Pensilvania y Florida, que en 2012 votaron a favor de Obama.
A continuación, nos aproximaremos al estudio de las elecciones presidenciales estadounidenses desde dos ángulos: el ámbito estatal y la escala de los votantes. En ambas aproximaciones, contrastaremos los resultados electorales del 2016 con los del 2012.
ANÁLISIS A ESCALA ESTATAL
En este apartado buscaremos responder las preguntas: ¿cuál es el nuevo balance estatal en las elecciones presidenciales en Estados Unidos y qué capacidad explicativa tuvieron la desigualdad y la pobreza a nivel estatal en los resultados electorales de 2012 y 2016?
Un antecedente de nuestro análisis es el estudio realizado por Gelman (2008: 51), cuyos resultados corresponden a 2004 y 2008, ahí el autor muestra una relación inversa entre el ingreso medio de los estados y el voto republicano, es decir, a mayor ingreso medio, menor voto republicano; a diferencia de lo que ocurría en los años setenta. Para analizar esa relación, en este documento decidimos utilizar el PIB per cápita, con la finalidad de controlar la situación económica de los estados por el tamaño de la población.
En 2012, las entidades políticas que votaron a favor del candidato demócrata con más de un 60 por ciento fueron la capital Washington, D.C., Hawai, Vermont, Nueva York, Rhode Island, Maryland, California, Massachusetts y Delaware, estados que en su mayoría tienen un PIB per cápita mayor a cincuenta mil dólares (gráfica 1). Esta situación se repitió en 2016 en los siguientes estados: Hawai, Maryland, California, Massachusetts y Nueva York. En contraste, en los estados con un PIB per cápita menor, el voto a favor de los candidatos republicanos fue mayor en los estados de Utah, Oklahoma, Idaho, West Virginia, Arkansas, Kentucky, Tennessee y Kansas. En 2016, a estos estados se agregó Alabama (gráfica 2).


De acuerdo con los datos del Censo de Estados Unidos, más de cuarenta y seis millones de estadounidenses (incluyendo dieciséis millones de niños) que representan un quinto de los jóvenes de Estados Unidos vivían en la pobreza en 2012. La desigualdad también se encuentra en niveles históricamente altos. Quienes se encuentran en la cúspide de la pirámide económica (los que están en el 1 por ciento) han aumentado sus ingresos en un 150 por ciento en las última tres décadas, mientras que los estadounidenses que se encuentran al final de la pirámide sólo han aumentado el ingreso 15 por ciento en el mismo periodo (Odekon, 2012: 1106).
En términos de la relación entre desigualdad de los ingresos y el voto republicano, tenemos un patrón similar entre 2012 y 2016 (gráficas 3 y 4). Las desigualdades más bajas y las más altas agrupan a pocos estados, con la característica de que los estados más ricos (pero también más desiguales) presentan porcentajes muy bajos del voto republicano, por ejemplo, Nueva York, Connecticut y Washington, D.C. Por el contrario, Wyoming y Utah superaron en 2012 el 65 por ciento del voto republicano, pero en 2016 Utah modificó su porcentaje de voto republicano, al punto que sólo alcanzó el 45.5 por ciento. Si bien Trump ganó el estado, lo hizo por un porcentaje muy inferior al de 2012, cuando Mitt Romney obtuvo la victoria con más del 65 por ciento frente a Obama. En buena medida, este distanciamiento del electorado de Utah frente al Partido Republicano se debe a las posiciones agresivas de Trump contra ciertos grupos religiosos, como los musulmanes, o la comunidad mormona (mayoritaria en Utah), que no confiaba en Trump ni estaba de acuerdo con sus políticas antiinmigrantes e intolerantes frente a minorías religiosas (Rappeport, 2016) (gráfica 4).


Hasta este punto, hemos hecho un análisis descriptivo; sin embargo, para con- firmar las relaciones antes señaladas conviene controlar un conjunto de variables adicionales. Con ese propósito, a partir de la información de los cincuenta estados, más Washington, D.C., construimos un modelo de regresión múltiple que, además de incluir el logaritmo del PIB per cápita y la desigualdad medida a partir del Gini,2 incorpora variables como la proporción de población urbana, el porcentaje de población de minorías étnicas, el porcentaje de pobreza y el cambio del voto entre 2008 y 2012, o entre 2012 y 2016.
En primer lugar, realizamos un análisis del voto republicano en 2012 y 2016, a partir de indicadores como el PIB per cápita y el Gini (desigualdad de los ingresos), además, incluimos otras variables: el porcentaje de población de origen étnico y el porcentaje de población que vive por debajo de la línea de pobreza en cada estado.
De acuerdo con la literatura, las minorías, tanto la afroamericana como la hispana, tienden a votar a favor del Partido Demócrata. En el caso de la elección del 2012, el voto hispano favoreció a
Barack Obama, quien superó a Mitt Romney por un margen del 75 por ciento contra el 25 por ciento, que fue el porcentaje más alto de apoyo a un candidato demócrata por parte de los latinos en la historia [...]. Mientras que la participación electoral de la población total a nivel nacional disminuyó, entre 2008 y 2012, un 2 por ciento, entre los latinos, la participación aumentó en un 28 por ciento al pasar de 9.7 a 12.5 millones, y Obama aumentó la proporción de su voto en 2012 comparado con 2008 (Collingwood et al., 2014: 632).
Como afirman Collingwood y colegas, hasta cierto punto, esta situación es una anomalía, si pensamos que durante la administración de Obama la tasa de desempleo entre la población latina fue muy alta, y que durante la primera administración de dicho presidente hubo un número récord de deportaciones de trabajadores indocumentados.
En el 2016, nuevamente los latinos votaron masivamente a favor de la candidata demócrata Hillary Clinton, de acuerdo con The Washington Post, la participación total de los latinos representó entre el 13.1 y 14.7 por ciento, y esta vez votaron a favor de Clinton un 78 por ciento frente al 18 por ciento, que favorecieron a Trump.
Ahora bien, en el caso del voto afroamericano, como sostiene Martin Kilson, éste fue fundamental para el triunfo de Obama en 2008 y también en 2012. Kilson nos habla de un bloque de votantes negros que, mediante diversos agentes políticos de la sociedad civil negra, crearon una “mística del voto pro Obama”, la sociedad civil negra está formada por “instituciones como los clubes de mujeres afroamericanas, asociaciones de ayuda mutua, asociaciones religiosas, iglesias, asociaciones de maestros y grupos de intelectuales, fraternidades, asociaciones profesionales y de negocios, entre otras [...]” (Kilson, 2011: 47). Estos grupos fueron decisivos en la campaña en favor de Obama, tanto en 2008, como en 2012.
Siguiendo el mismo argumento, Elgie C. McFayden sostiene que “ningún candidato demócrata ha sido capaz de ganar la presidencia de Estados Unidos sin asegurar la mayoría del voto afroamericano. Tanto en 2008, como en 2012, el número de afroamericanos registrados para votar y la tasa de participación aumentó [...]” (McFayden, 2013: 9). Sin embargo, al parecer, esto no pasó en la elección de 2016, en la que la participación de los votantes afroamericanos no aumentó, en parte por la campaña negativa contra Hillary, que buscó y logró desmovilizar a votantes afroamericanos.
Como sostiene McFayden, “en elecciones cerradas en estados clave, el voto de los afroamericanos puede ser y siempre es el factor decisivo […]. En cada uno de los estados examinados en este estudio (que incluye California, Nueva York, Texas, Florida, Pensilvania, Illinois, Ohio, Michigan, Virginia y Georgia) Barack Obama obtuvo más del 90 por ciento de los votos emitidos por los afroamericanos en el 2008 y en el 2012” (McFayden, 2013: 14).
Si bien el voto de los afroamericanos también fue favorable a Hillary, la campaña de desmovilización del voto de Trump fue eficaz para que menos votantes afroamericanos ejercieran su voto, en particular en estados clave como Pensilvania, Michigan, Texas y Florida.
En comparación con 2012, si bien la candidata demócrata logró que una mayoría de votantes hispanos y afroamericano votaran por ella, su ventaja fue menor que la de Obama; mientras que Obama obtuvo el 93 por ciento del voto afroamericano, Clinton sólo obtuvo el 88 por ciento, en una elección cerrada como la de 2016, esos votos fueron cruciales (Tyson y Maniam, 2016).
Ahora bien, nuestros modelos confirman (con coeficientes negativos) que las minorías en 2012 y 2016 votaron más a favor de los candidatos demócratas Obama y Clinton, que de los republicanos Romney y Trump. Un incremento porcentual de minoría étnica reduce en 0.25 el voto republicano, tanto en 2012 como en 2016; por el contrario, un incremento en el porcentaje de pobres estatales aumenta en 0.019 el voto republicano (cuadro 1).3 En relación con la variable desigualdad, utilizamos el Gini estatal, tanto en 2012, como en 2016, los resultados van en sentido contrario a la pobreza; es decir, un aumento en la desigualdad reduce el voto republicano (-2.322).4 Cabe mencionar que el poder explicativo de ambos modelos supera el 50 por ciento, más adelante encontraremos una explicación de estos resultados a partir del análisis del voto por persona.

ANÁLISIS A ESCALA DE LOS INDIVIDUOS
Con el fin de buscar una explicación de la votación del 2012 y del 2016, desarrollamos una segunda mirada a partir de las características individuales de los votantes. El indicador base en esta sección es una variable dicotómica (si votó o no por el candidato del Partido Republicano, Mitt Romney, en 2012; Donald Trump, en 2016). Por ello, en este apartado utilizamos como herramienta estadística una regresión logística y exploramos los factores explicativos del voto individual a favor del candidato presidencial del Partido Republicano.
El resultado del modelo para la elección del 2012 nos indica que hay tres grupos de factores para entender el voto republicano: un primer grupo se refiere a los aspectos sociodemográficos, los votantes entre 30 y 59 años inciden negativamente en el voto republicano (reduciendo en un 32.5 por ciento dicho voto), mientras que el considerarse blanco tiene un efecto contrario, multiplicando por 2.6 la propensión a votar a favor de los republicanos. Un segundo grupo de factores explicativos tiene que ver con la situación económica de los votantes, aquellos que tiene ingresos menores a cincuenta mil dólares anuales tienden a no votar por el Partido Republicano (reduciendo 64 por ciento el voto). Lo cual coincide con el señalamiento de Gelman (2008), a pesar de que a nivel estatal la condición de pobreza incide en un voto a favor de los republicanos, a escala individual los votantes más pobres van por los demócratas.
Nuestro análisis coincide con el argumento de Gary Jacobson, quien sostiene que en los últimos años se han formado dos coaliciones partidistas con diferencias
afectivas, psicológicas y con actitudes políticas divergentes entre demócratas y republicanos. La coalición demócrata tiene una proporción mayor de jóvenes, solteros, mujeres, laicos, población urbana, minorías étnicas, población LGTB, votantes no armados y altamente educados, que es más débil en el sur. La coalición republicana, por su parte, es mayoritariamente blanca, con adultos mayores, religiosos practicantes, hombres, con educación media, que viven en comunidades rurales y suburbanas, posedores de armas y sureños (CNN 2012; PRC, 2014; Gallup, 2016). Así, la coalición demócrata se compone de segmentos de la población demográficamente creciente, incluyendo latinos, mientras que la coalición republicana se forma por grupos que están disminuyendo demográficamente (Jacobson, 2016: 228).
Al tomar la variable percepción económica, observamos que para los votantes que consideraron que la economía había mejorado, se redujo en un 62 por ciento la probabilidad de votar por el candidato republicano. El tercer grupo de factores se refiere a la identidad partidista y a la aprobación presidencial, como esperábamos, los votantes que se identificaban como republicanos votaron por ese partido (se multiplicó la propensión de voto en 4.12 veces), mientras para quienes aprobaron al presidente Obama se redujo la probabilidad de voto en un 73 por ciento. Finalmente, en términos de ideología, quienes se definen como conservadores multiplican su propensión de voto 2.36 veces).

Dado el resultado de la prueba F, podemos señalar que las variables consideradas en el modelo nos han permitido incluir los principales factores explicativos del voto republicano (Prob >F=0.0).
El modelo para la elección del año 2016 también incorpora los tres grupos de factores en la explicación del voto republicano. Al igual que en 2012, el ubicarse en el grupo de edad entre 30 y 59 años incide negativamente en dicho voto en un 30 por ciento; mientras que el considerarse blanco tiene un efecto contrario (multiplica en 3.3 la propensión del voto republicano). A diferencia del 2012, la educación, la religión y la migración fueron factores explicativos del voto republicano: las personas con menor educación votaron por Trump (duplicando la propensión de voto); por el contrario, las minorías religiosas (judíos, protestantes negros, etc.) su propensión a votar por los republicanos se reduce en un 50 por ciento, y las variables relacionadas con la migración fueron significativas, en especial para quienes asociaron la migración con la delincuencia se multiplicó 14 veces su propensión a votar por Trump; en parte, esto se explicaría porque en 2016 el candidato republicano convirtió el tema de la migración en un instrumento para la movilización política, insistiendo en la necesidad del control de las fronteras.
Como ya lo señalamos, en 2012, un segundo grupo de factores explicativos tiene que ver con la situación económica. En 2016, quienes consideraban que la desigualdad en Estados Unidos había aumentado, votaron en contra de Trump (reduciendo en un 40 por ciento la votación), y muy probablemente a favor de Hillary, a diferencia del voto emitido en 2012. Al tomar la variable percepción económica, observamos que los votantes que consideraron que la economía había empeorado duplicaron su propensión a votar a favor de Trump y, por el contrario, quienes consideraron que la economía había mejorado, se redujo su probabilidad de voto en un 48 por ciento.
Por último, en términos de las variables políticas, la identidad partidista y la aprobación presidencial volvieron a tener los efectos esperados, es decir, quienes se identificaron con el Partido Republicano tendieron a votar por Trump (multiplicando en 3.99 la propensión); por el contrario, quienes aprobaron a Obama, rechazaron a Trump (con un coeficiente negativo de 0.8251).

CONCLUSIONES
Al comparar la elección presidencial de 2012 con la de 2016, encontramos continuidades y cambios importantes. En términos del voto en el ámbito estatal, los estados más ricos mantuvieron su tendencia a votar en favor de los candidatos demócratas Obama y Clinton; mientras que los estados más pobres tendieron a votar por los candidatos republicanos Romney y Trump. Sin embargo, al analizar el voto a nivel individual, encontramos que los votantes de menores ingresos se han mantenido mayoritariamente a favor de los demócratas.
Ahora bien, entonces ¿cómo explicamos el triunfo de Trump? A diferencia de 2012, esta vez otras variables (como las percepciones sobre la migración) fueron significativas para explicar el voto a favor del candidato republicano. Trump utilizó un discurso xenófobo y nacionalista para activar el voto del electorado blanco y menos educado que, en estados clave como Wisconsin, Michigan, Pensilvania y Florida, le darían el triunfo en el Colegio Electoral. Además, esta vez podemos deducir, al igual que Tyson y Maniam (2016), que hay elementos para afirmar que los afroamericanos, si bien votaron a favor de Clinton, no lo hicieron con la misma fuerza que en 2012 a favor de Obama; en ese sentido, la campaña de desmovilización de las minorías fue fundamental.
Finalmente, las identidades partidistas siguen siendo centrales para explicar el voto en Estados Unidos, los partidos políticos continúan dando las pautas principales para el voto estadounidense; en ese sentido, nuestro análisis apoya el trabajo teórico y empírico de Bartels (2000, 2008) y Weinschenk (2013), quienes mostraron en las elecciones presidenciales previas (1952-2008) la persistente relevancia del partidismo. Si bien Trump era un outsider, una vez que se hizo con la candidatura republicana, los votantes republicanos lo arroparon y votaron en consecuencia. Las elecciones de 2012 y 2016 nos muestran la importancia de la movilización o desmovilización de electorados clave. Como sostuvo Jacobson:
Trump dominó en 2016 el campo político movilizando y explotando los sentimientos antimexicanos, antimusulmanes, antiObama y antiglobalización en sectores sustantitvos de los republicanos y de no pocos independientes. Su retórica vulgar y bravucona, su hablar hiperbólico contra sus detractores y los medios, sacó partido de la vena populista de la derecha contra las elites culturales, corporativas y políticas. Sin importar que lo que dijera fuera contradictorio, carente de información o completamente falso, y que sus promesas fueran irrealizables, todo lo cual no desconcertó a sus seguidores (Jacobson, 2016: 234).
Ciertas variables estructurales permanecen, pero las elecciones son momentos políticos en los que los agentes (los candidatos) son fundamentales para explicar el resultado. Las hendiduras políticas están ahí, pero son activadas o desactivadas por los políticos. Ya se observó cómo se desenvuelvió la campaña presidencial más reciente, que sin duda trajo muchas sorpresas.
En este artículo no analizamos la más reciente elección presidencial del 2020, pero, por la evidencia que tenemos, podemos confirmar que la división entre estados ricos y pobres se mantuvo. La novedad ha sido la capacidad del candidato presidencial demócrata Joe Biden de recuperar los estados norteños de Wisconsin, Michigan y Pensilvania, y de avanzar en el sur ganando los estados de Arizona y Georgia. En total, Biden ganó en 25 estados, la capital y el segundo distrito de Nebraska, con lo que obtuvo 306 votos del Colegio Electoral y 81 283 563 votos, el 51.3 por ciento del voto popular, frente a los 232 votos del Colegio Electoral y los 74 223 433 votos (el 46.8 por ciento) que obtuvo Donald Trump. En términos de los votantes, la división y polarización entre demócratas y republicanos se mantuvo.
Para el triunfo de Biden fueron fundamentales la movilización de quienes se identifican con el Partido Demócrata, las mujeres, el voto de las minorías, en particular los afroamericanos y los latinos, pero será necesario un análisis completo sobre la elección de 2020 para comprender a cabalidad la derrota de Donald Trump.
Fuentes
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Anexo metodológico
A lo largo del proceso de investigación, se realizaron cuatro modelos de regresión lineal y logística para conocer la influencia de variables clave en el voto republicano de la población estadounidense.
En principio, se realizaron dos modelos de regresión lineal multivariada para 2012 y 2016, respectivamente. Este tipo de regresiones se emplean para medir la relación causal cuando existen varios factores que afectan a la variable dependiente. En ambos modelos, la unidad de observación fueron los estados, y por ello se creó una base de datos en la que se incluyeron indicadores clave a nivel de estado y que tendrían un efecto en el voto republicano, de acuerdo con el objetivo de esta investigación. Las variables consideradas fueron las siguientes:

Posteriormente, se realizaron dos modelos adicionales para centrar el análisis a escala de los individuos. En estos modelos, se buscó analizar la influencia de las características individuales de los votantes en si votó o no por el candidato del Partido Republicano en las elecciones de 2012 y 2016. Por ello, dado que la variable dependiente es dicotómica (uno si votó por el Partido Republicano y cero en caso contrario), se recurrió a realizar regresiones logísticas que indican la mayor o menor propensión a votar por el candidato republicano, de acuerdo con las características de cada persona. El principio de este tipo de regresión es de máxima verosimilitud.
La fuente de datos en la segunda parte del análisis fueron los estudios de series de tiempo de 2012 y 2016 de la American National Election Studies (ANES), conocidos previamente como National Election Studies (NES). Estos estudios entrevistan a las personas mayores de 18 años cumplidos al día de la elección, durante los dos meses previos a las elecciones presidenciales en noviembre de cada año estudiado (entrevista preelección) y son reentrevistados durante los dos meses siguientes a la elección (entrevista poselección). En esta investigación, únicamente se consideraron las entrevistas preelección. Los ANES son un estudio con un diseño de modelo dual que combina las entrevistas cara a cara, con una muestra separada entrevistada en la Internet. Ambas muestras son independientes, por lo que una persona entrevistada cara a cara no podrá ser entrevistada por Internet y viceversa.
En la base de datos existen tres variables que funcionan como ponderadores de la muestra: hay un ponderador únicamente para las observaciones que provienen de entrevistas cara a cara, uno para las que corresponden a Internet y otro para los análisis de las muestras combinadas. Este último fue el considerado en esta investigación para realizar los modelos de regresión logística ponderados por la muestra. El tamaño de la muestra en 2012 ascendió a 5 916 observaciones en 2012 y a 4 270 en 2016.
Las preguntas tomadas como base para la construcción de las variables para los modelos fueron las siguientes en ambas emisiones, es decir, 2012 y 2016. Cabe destacar que sobre algunos temas se realizan diversas preguntas, pero la base de ANES condensa la información, por lo cual en varias ocasiones se hizo uso de ellas. Esto se verá indicado como summary.



Notas