Artículos
Recepción: 22 Octubre 2013
Aprobación: 31 Marzo 2014
Resumen: Este texto es una reflexión general en torno a la investigación social hoy. Una reflexión sobre los nuevos paradigmas, metodologías y técnicas de investigación. Una reflexión sobre lo oportuno y lo posible de las nuevas metodologías, así como las dificultades y complejidades de su práctica.
Palabras clave: Investigación social, Metodología, Humanidad.
Abstract: This is a general reflection on Social Sciences research. A reflection on the new paradigms, methodologies and research techniques. A reflection also about new methodologies, as well as the difficulties and complexities of their practice today.
Keywords: Social Research, Methodology, Humanity.
Nuevas perspectivas en la investigación social hoy: anhelos, dificultades y posibilidades
“Cuando el ser humano tiene un cierto grado de Presencia, de atención y alerta en sus percepciones, puede sentir la esencia divina de la vida, la conciencia interior o el espíritu de todas las criaturas y de todas las formas de vida, y reconocer que es uno con esa esencia y amarla como a sí mismo. Sin embargo, hasta tanto esto sucede, la mayoría de los seres humanos perciben solamente las formas exteriores sin tomar conciencia de su esencia interior, de la misma manera que no reconocen su propia esencia y se limitan a identificarse solamente con su propia física y psicología”
Inicio
En la actualidad nos encontramos en una suerte de frontera o bisagra en la investigación social, con un pie en el viejo paradigma y con el otro en las nuevas epistemologías y metodologías. Sin despreciar por ello las antiguas formas de investigar (Fernández Poncela, 2009) y considerando la proximidad de un cambio en las mismas en un horizonte no muy lejano, una transformación en paralelo a la que el planeta y la humanidad parece que vamos a dar. En especial estamos en una etapa de inteligencia colectiva, una era socionómica con la revolución de las TIC para el aprendizaje aumentado y también, por supuesto, para la investigación en ciencias sociales (Reig Hernández, 2012). Sin embargo, usualmente olvidamos los saberes místicos que siempre han existido y que hoy encajan y se hermanan con algunos descubrimientos y discursos científicos de vanguardia e intuiciones conscientes colectivas.
Todos somos uno y del vacío surge la creación, dos cuestiones directamente relacionadas con la investigación: interrelación y conocimiento. Según la cuántica el observador modifica lo observado e incluso lo crea, y si eso es física ¿qué no harán los humanos sujetos de estudio en la investigación social al ser observados? ¿qué no le pasará al observador también observando y siendo observado? ¿quién observa a quién? La ingenuidad, la inseguridad, la vacuidad, caminar sin mucho equipaje para sentir, curiosear, oír, ver y reflexionar es clave a la hora de la investigación afirman las epistemologías contemporáneas. Vaciarse para llenarse, no pensar para sentir, no sentir para ser. Porque si estamos llenas lo nuevo visto lo encajaremos en los viejos moldes, paradigmas científicos, discursos políticos, creencias religiosas, los antiguos conceptos atraparán y opacarán las infinitas posibilidades de la vida y del universo.
Sin pretender desviarnos, al contrario tomando un atajo, como dice Butler (2007) de la cultura no nos podemos salir, o como decía De Beauvoir (1980), no nacemos, nos hacemos o llegamos a serlo, o como dice Prem Dayal canalizando a Pancho López, lo que tú piensas no son tus ideas (2012), así que la gestalt y Perls, entre otros, se quedaron cortos cuando explicaron el modo de relación de la introyección. En resumen, y dicho clara y coloquialmente “Cuando miras a la vida, haciéndola antepasar por la lente coloreada de tu mente, no puedes verdaderamente vivir en función de tu inteligencia, sino de tu cultura. No puedes ya ver las cosas por lo que son, sino interpretarlas a través de los criterios que enseñanzas arbitrarias te han inculcado. De hecho, Adán y Eva, comiendo del árbol del conocimiento, no fueron expulsados del Jardín del Edén, perdieron simplemente la capacidad de verlo” (Dayal, 2012:105). A todo esto además hay que sumar las intenciones de ciertos sectores de poderosos conocidos de sectores financieros, empresas y gobiernos, o desconocidos en la oscuridad, los medios de comunicación, la educación formal o la red de redes en su faceta de la sombra, etc. Así que a nuestra mente y emociones que nublan el entendimiento, a nuestra educación y cultura que nos reprime y censura, se unen los intereses y poderes que para su sobrevivencia precisan también hacerlo.
¿Significa esto que dejemos de conocer e investigar? Debemos recordar que de la cultura aparentemente no nos podemos salir; sin embargo, quizás nuevas miradas colaboren a que nos podamos asomar por la ventana mientras la puerta permanezca cerrada o entreabierta. Y desde esta posición reconocer la importancia de la inocencia y la intuición, frente a la acumulación de conocimiento, esto es, la importancia de vivir en función de lo que somos y no de lo que supuesta y aparentemente sabemos, que la cultura y la mente no nos controlen, que las creencias no impidan el desarrollo de la inteligencia, que el pasado y futuro no nos molesten y vivamos la experiencia del presente.
En efecto, en el corazón mismo de la nueva conciencia está la trascendencia del pensamiento, la habilidad recién descubierta de elevarse por encima de los pensamientos, de reconocer al interior del ser una dimensión infinitamente más basta que el pensamiento […] Es inmensa la sensación de liberación al saber que no somos esa “voz que llevamos en la cabeza”. ¿Quién soy entonces? Aquel que observa esa realidad. La conciencia que precede al pensamiento, el espacio en el cual sucede el pensamiento, o la emoción o la percepción (Tolle, 2006:19).
Intermedio
Partimos de cuestiones, como anunciamos, que la mística de siempre y la física cuántica de nueva data ya resolvieron hace mucho o poco tiempo. Pero que los y las humanas sin conocerlas y mucho menos dominarlas, no logramos llevar a la investigación todavía de forma cabal ni siquiera cercana en sus ideas e intenciones. Ya sabemos que la separación entre objeto dado y realidad preexistente al observador para ser conocido y sujeto que conoce no es correcta. Pero la ciencia que nació contra el dogmatismo sagrado ahora es más dogmática que el Papa, y además ignorante de la vida se cree objetiva, racional, separada, desapegada y por encima del bien y del mal. Al respecto ya nos han ilustrado Feyerabend (1987), Morin (1999a, 1999b, 2007), Maffesoli (1997, 2005), entre otros. Sin embargo, en la actualidad nuevas voces y miradas varias amplían y profundizan en dicho sentido, y aterrizan el discurso de la ciencia sin sentido en prácticas de investigación concretas.
Braudrillard (2002) señala la ilusión radical del mundo, ya no es física (sentidos), metafísica (mente), sino patafísica o la “ciencia de las soluciones imaginarias”. Ibáñez ironiza con la creencia de que existe una realidad y además la consideración de que existe un modo de acceso privilegiado a la misma: el objetivismo, por supuesto creencias que marcan nuestra cultura (2001). Así hay varios “mitos”, el que el conocimiento representa-conecta de manera fiable con la realidad, el objeto como elemento constitutivo del mundo, la realidad como entidad independiente y la verdad como criterio decisorio.
Somos seres sociales, humanos y biológicos, relacionados con otras personas, y es que no existe lo humano fuera de la sociedad, afirman. La realidad es una explicación en el acto mismo de observar, esto es, observar implica explicar, pero observar también es una experiencia, ambas cuestiones no son en modo alguno indisociables. Dentro de la experiencia de observar es que se da el momento de reflexionar, explicar o hablar que señala Maturana (2009), aquí añadiríamos también comprender (Morin, 1999b). Según el anterior autor se remarca la importancia del lenguaje sin el cual no podemos referirnos a nosotros/as mismas, la intervención emocional, así como las conversaciones al ser seres humanos interactuantes y con lenguaje. Según el último pensador el conocimiento depende de condicionantes físico-bio-antropo-social-culturo-históricos de producción y también de condiciones sistémico-lingüístico-paradigmáticas de organización.
Por otra parte, si ya intuimos o sabemos que la neutralidad y objetividad no existen (Feyerabend, 1974), la verdad es una mentira (Vattimo, 2010) y la racionalidad se convierte en racionalización (Morin, 2007), todavía estamos lejos de poder investigar desde las nuevas propuestas paradigmáticas, epistemológicas y metodológicas, por la simple razón de que fuimos educados/as en los viejos discursos y prácticas y el cambio duele, atemoriza, da pereza y para estar enraizado y ser duradero es más lento de lo que se desearía. Y es que no se trata simplemente de un cambio de paradigma (Kuhn, 1986), más bien hay que apuntar a una transformación de raíz que esté ligada con la vida misma, donde no sea tan fácil dejarse caer en las trampas de la mente, dejarse atrapar por los discursos de creencias y mentiras que nos cuentan y nos contamos, o huir de las vivencias que nos conectan con lo intangible e interdimensional y que nos inquietan y asustan. Pero de poder se puede, mejor dicho, podemos.
Hay que situarse poco a poco sobre la nueva piel o vestido, de cordero o de lobo, para reconocer lo subjetivo, el conocimiento situado y encarnado, las emociones y necesidades de quien investiga, entre otras cosas, para ver como aun vestidos estamos desnudos/as. Para ello el lenguaje colabora, pero no en aclarar, más bien en empañar y nublar como informan los especialistas desde la lingüística (Pierce, 2007, Saussure, 1980, Benveniste, 1984), se nombra y se crea más que se refleja, se reproduce y produce al hablar (Fernández Poncela, 2012a). Así el lenguaje materia de pensamiento y elemento de comunicación sin cuya intervención la sociedad parece que no existe, sustituye y construye, etiqueta y encajona, más que ser fiel al mundo y a las cosas “reales”, si es que la realidad existe (Watzlawick, 2003) y no es una construcción social (Berger y Luckmann, 1986) pero no de la humanidad sino de un geniecillo maligno que nos obnubila los sentidos, esto es los laberintos de la mente, lo semiótico (afectos) y lo simbólico (lenguajes). Así imaginarios y representaciones sociales y mentales de la cultura se cuelan por la lente de quien investiga, experiencias y memorias transitan su cerebro, deseos y expectativas se materializan en discursos, y se presentan como ciencia. De la cultura no nos podemos salir, de las emociones y de la mente no podemos escaparnos u ocultarnos. Lo que sí podemos es correr los velos de los ojos y las cortinas de las ventanas y mirar la vida como se dijo, primero adentro, luego afuera. Sin embargo, sí podemos observar los pensamientos y las emociones desde la conciencia, pero ésa es ya otra historia.
Eso sí creemos que pensar es pensarse, hablar es hablarse y por lo tanto investigar no puede ser otra cosa que investigarse, los otros/as, el mundo, los objetos y las cosas, son sólo excusas burdas o refinadas, pues como ya empezamos a sospechar, el problema de investigación no nos necesita, somos nosotras/os quienes lo necesitamos (Haber, 2011). ¿Nunca lo han pensado? Pues ahora tienen la oportunidad de hacerlo. Así el sujeto que habla o investiga es tanto destinatario como destinador de lo propio (Kristeva, 2004), pues obviamente sería un sin sentido emitir un mensaje que nosotros/as fuéramos incapaces de decodificar ni entender. El orden simbólico nos estructura (Kristeva, 2006) por lo que emisor-receptor están configurados en el lenguaje. Sujeto-objeto, yo-otro, ambos somos internos al sistema de significante y al lenguaje. Sujeto y objeto es una ficción como la separación cuerpo-mente según Nietzsche (Vázquez Roca, 2007), entre otras polaridades más. Al pensar nos hablamos y al hablarnos a veces pensamos, claro que hay quien habla sin pensar y así le va en la vida, quizás mejor que quienes se muerden la lengua o se bloquean, autocensuran, retienen, y acaban expulsando la emoción a través de la enfermedad de un órgano (Kristeva, 1986), como dice el enfoque de los síntomas de la gestalt, la metafísica de las emociones defiende o cualquier conocedor/a de la sanación ancestral o alternativa sabe.
Volviendo a nuestro tema, la aparente objetividad y el pensamiento científico encajan la supuesta realidad en categorías, violentando al otro/a, nombrándolo al mismo tiempo que eclipsándolo, se trata de la violencia epistémica llamada colonial por algunos autores (Sousa Santos, 2009). Violencia que puede estar presente en cualquier relación de poder, de subordinación –sexo, clase, étnica– (Butler, 2009). Violencia que no sólo provoca sufrimiento sino que desvirtua la existencia toda, que nos mantiene en el sueño o ilusión, dormidos, sin conciencia ni memoria, enjaulados en nuestra mente. La conciencia del pensamiento no es el pensamiento, si sólo tuviéramos pensamientos no sabríamos que pensamos (Tolle, 2006).
Hoy, creo, estamos, desorientados/as entre dos perspectivas, como se apuntó. Prisioneros de juicios de quien sí sabe desde la tradicional mirada y de señalamientos de los/as nuevos apóstoles de los paradigmas emergentes (Sousa Santos, 2009), Pero también anhelamos nuevos enfoques y posibilidades, acercándonos a una visión diferente y fresca no sólo de la investigación sino de la vida misma, e intentando aunar lo mejor de dos mundos, el pasado conocido e imaginario y el futuro imaginado y desconocido, en un presente inasible, invisible, inaudible pero existente. ¿Existente? Sí, en el aquí y ahora, en lo que “somos”, no en lo que “creemos o nos han dicho que somos”, en el darse cuenta, no en la historia que los otros y la mente te cuentan. ¿Qué seríamos sin nuestra historia? (Katie, 2006). Nuestra historia personal es un saco de emociones y pensamientos que cargamos con apego y a los cuales nos aferramos e identificamos. Y es que sólo desde la inocencia, desnudez y curiosidad, como si observáramos y escucháramos al mundo por primera vez es que podemos aproximarnos a la vida tal cual es, y acercarnos a una investigación de la forma más honesta, abierta y flexible posible.
En todo caso y a la hora de investigar conviene situarse –lo cual podría ser extensivo para otras cosas o todo en la vida, por supuesto. ¿Quién soy? ¿Qué busco? ¿Qué quiero encontrar? ¿Desde dónde miro? ¿Qué ideología o teoría comparto? ¿Dónde estoy en este momento? ¿Qué quiero? ¿Qué pienso? ¿Qué siento? ¿Qué necesito? ¿Qué memorias, deseos, imaginarios e intereses poseo? etc. En especial conocer y si es posible compartir mis creencias y prácticas culturales, o en todo caso mis intenciones en ese momento. Lo que dicen las autoras “situarme” (Harding 1998), la llamada “racionalidad posicionada” (Haraway 1995). Claro que muchas veces no sé lo que quiero o por qué o para qué lo anhelo –de nuevo sirve para la vida en general– cuando me pongo a investigar un tema o me acerco a un concepto o me relaciono con voces y miradas y sentires. Luego convendría, si es posible, tener conciencia que lo quiera o no, lo sepa o no, siempre voy a ejercer algún tipo y en algún grado la violencia epistémica por el sólo hecho de nombrar, no digamos si ya acompaño esto con percepciones personales y representaciones sociales, estereotipos, prejuicios o estigmas (Goffman, 2003). Es bueno recordar la intención de no prejuzgar en todos los sentidos -simpatías y antipatías o indiferencias incluidas-. Finalmente, observar y admitir como señala Carlos Figari (2012), el abrirse al otro, al entre, a la relación, a la conversación y dejarse con-mover, curioso como el vocablo emoción en latín significa precisamente eso –mover y movimiento (Fernández Poncela, 2011). Y no se trata de dar “voz a los otros” o “presentar sus miradas”, como inconsciente y erróneamente he creído en varias investigaciones, aunque hay algo de eso también, y de nuevo Figari nos recuerda que ello es una presunción (2012), yo añadiría falta de respeto, prepotencia y omnipotencia, ya que forzamos a los otros/as a que se “representen” o interpretamos que nuestras interpretaciones son las mejores y definitivas, aunque no sean ni lo uno ni lo otro. Tendríamos que mirar más allá hacia una sociedad y una investigación decente y empática (Margalit, 2010; Rifkin, 2010).
Por lo tanto hay que ser conscientes y confesar y confesarnos que la investigación es una versión, o como varios autores señalan, construcción (Berger y Luckmann, 1986), con autoría (Geertz, 1989), interpretación (Geertz, 1995), conquista o descubrimiento (Bachelard, 1980), traducción (Morin, 1999a). Hay que ir al encuentro del otro, los/as otras, lo otro, sin prejuicios (Goffman, 2003), abiertos en la conversación, observadores del entre, cercanos afectivamente, ingenuos cognitivamente y dispuestos a movernos y conmovernos. El conocimiento como la terapia es una co-construcción, me gusta más este concepto de la Frontera de contacto de la gestalt que la del análisis psicoanalítico de la que por supuesto nació aquella. Así co-construimos versiones, que entrelazan algo de nosotros/as situados y algo de las otras/os, lo que nos recuerda a Bajtin (1982) y a Buber (2008), por lo dialógico y el yo-tú. También es aconsejable deshacernos de los ropajes teóricos y atuendos epistemológicos, incluso algún que otro adorno metodológico, eso sí para dejarlos hay que haberlos tenido, y es que como la pintura abstracta, hay que ser un magnífico artista realista para poderla desarrollar con creatividad y brillantez, ya que si no corremos el riesgo de perdernos, enredarnos, engañarnos, autoengañarnos (Goleman, 2013). Y es que la teoría ya tiene respuesta, la interpretación se basa en categorías, nuestra mente está colonizada por la cultura, las emociones y los métodos y técnicas de investigación. Hoy en día tenemos las respuestas a un click, por lo que al parecer lo importante es saber pensar y aplicar bien las preguntas, o también estar abiertas a la sensación y a la intuición y abrir los interrogantes. Así para no encontrar lo que buscamos, no preguntar lo que queremos oír, escuchar lo que podemos comprender, ver lo que nos es posible mirar, hay que partir de la racionalidad situada y encarnada (Haraway 1995), trabajar con el otro/a para producir saberes parciales y fragmentados, acercamientos mutuos, intercambios afectivos, pensamientos reflexivos. Dejarse habitar por el otro/a o ser-en-la-conversación, no convirtiéndose en el otro sino más bien en el entre y lo que hiere o entusiasma, en el flujo de la conversación, estar-con-el-otro y ser-con-el-otro (Haber, 2011), que el/la otro/a conmueva mis posiciones y lo que sostengo incluso sobre mi ser yo, negociar siempre (Bhabha, 2002), conmovernos ambos, todo esto claro está si es que se puede y se quiere. Desde la “doble hermenéutica” (Giddens, 1993), esto es, explicamos y comprendemos lo que las y los actores nos explican y comprenden y desde la “interpretación conversacional” o “versiones del mundo real” (Haraway, 1995). Hay quien habla de la “objetividad dinámica” (Fox Keller, 1991), la búsqueda del conocimiento a través de la experiencia subjetiva, una posición amorosa, centrada en los otros, “alocéntrica” frente a la “autocéntrica”, compartir, gozar y sufrir con los otros/as, como nos recuerda Figari (2012).
Además y en contra de lo que creíamos –creía– correcto y según consejos de Umberto Eco (2000) de no enamorarnos de nuestro sujeto de estudio, ahora resulta que desde los nuevas perspectivas y miradas renovadas para la investigación es algo que existe y se hace (Kristeva, 1986) e incluso se reconoce y recomienda. Por supuesto, en el sentido de desarrollo de afectos, de inversión libidinal y reconocimiento de sentimientos –por cosas, por personas, por causas-. Investigar y escribir puede ser incluso considerado un acto de amor en este sentido. Y no sólo la literatura lo es, también y al parecer las investigaciones sociales pueden llegar a serlo o lo son. Investigar obviamente –por tiempo, espacio, energía invertida, hasta por humanidad– constituye un involucramiento afectivo, de carácter satisfactorio si es elegido y nos gusta, o disfuncional y sufrido si se nos obliga o nuestro sujeto de estudio no es del todo agradable a nuestra mirada, pero del amor al odio no hay ni un sólo paso, son las dos caras de la misma moneda, dicen. El involucramiento afectivo es pues inevitable, ya nos los advirtió Maffesoli (1997), eso sí, los métodos y empleos de técnicas de investigación y todas sus recomendaciones, intentan que no pase, o que se oculte, o se soslaye, pero como sabemos el sol no puede taparse con un dedo. Ya está claro que las emociones están porque las necesitamos (Damasio, 2006), esto es, nos son funcionales, otra cosa es que nos desborden o que nos duelan a veces (Fernández Poncela 2011). Somos seres emocionales y hoy día la investigación social de las emociones está de moda, lo mismo que investigar conscientes de los sentimientos. Hay quien propone evitar antagonismos (Camps, 2012) entre racionalidad pura y emociones, pero yo cada vez tengo más dudas de la existencia de ese, digamos, camino medio, las emociones orientadoras –o desorientadoras- se pueden negar, disfrazar u ocultar, pero ahí están. Obviamente, igual que no hay que ser esclavos de la mente, tampoco quedarnos abrazados a las emociones, fluir con la existencia sintonizados con la madre tierra y el universo.
Llegados a este punto de la reflexión hay que confesar algunas dudas y preguntas. Los nuevos paradigmas se escuchan bonitos, las renovadas metodologías también, pero en la práctica eso de la descolonización y la horizontalidad a mí se me dificulta un poco y tampoco encuentro estudios de caso que me convenzan al respecto. Tal vez tengo que ser más flexible y darme cuenta que una cosa es la propuesta y su intención y otra la plena implementación. Tal vez tengo que ser más humilde y seguir mi intuición en las prácticas y dejarme ir. Esto es, la teoría linda, la praxis compleja, conflictiva o inexistente. Todo debido a que la desigualdad y las relaciones de poder y la autoridad existen y permanecen, si bien pueden ser disimuladas no quiere decir que se borren, se desdibujan, se sigue la dictadura de lo políticamente correcto, en el discurso y la acción, pero no es posible hacerlo desde el corazón. Lo anterior se reconoce y se justifica, se matiza, pero persiste. Y es que “Nada es realmente más inhumano que las relaciones humanas basadas en la moral […] No ve realmente a la otra persona” (Watts, 2007:132).
Por otra parte, creo que la investigación es siempre nuestra, sólo nos podemos abrir a compartirla con quien investigamos. Pero pocas veces los otros la piden –sería lo óptimo–, la iniciativa es personal o colectiva pero desde la academia, centro de investigación, organización o institución. Considero que no podemos obligar al prójimo a investigarse, integrarse a la investigación, a ser socios. Siempre intervenimos y si lo hacemos más al convencer u obligar a la participación la intervención se multiplica, de hecho es violencia, y la responsabilidad mayor, pues puede haber cambios y quiebres en las personas y colectivos que cooperan. No parece del todo posible que las nuevas metodologías de investigación sean totalmente horizontales y participativas, a mí no me lo parecen. Lo que sí es que son intentos del ser, de acercarnos a nuestra propia humanidad, despojarnos de viejos paradigmas y ortodoxias varias y renovarnos con mensajes más cálidos y seguir experimentando sobre la investigación y la vida, desde la vida misma y no tanto desde el dictado de lo supuestamente científico, verdadero y académico. Las propuestas loables como “Entre voces” de Corona (2012) que pretende tener todas las voces presentes en un contexto de horizontalidad enunciativa, en un intento de incorporar miradas y voces, ajenas y propias en reciprocidad, la “construcción del conocimiento sobre el otro y sobre la propia cultura a partir de lo que cada quien desea expresar” (p. 109), se topa con el tema de tener que sortear el dar la voz al saber “auténtico” de los otros, sabiendo que al fin y al cabo quien investiga elige objeto y métodos. Y es que la persona investigadora sabe, en principio, lo que quiere, las y los investigados ¿qué quieren? ¿quieren algo? Como señala Corona ¿quién nombra al otro? y ¿cuál es la participación de la otra/o en la construcción de su propio nombre? Así la reciprocidad y horizontalidad de los estudios participativos y colaborativos intenta, y subrayamos esto último, no reproducir del todo las relaciones de dominación en la investigación y tener siempre presente la posibilidad de construir oportunidades de igualdad discursiva. Teniendo en cuenta también y previniendo el paternalismo o el ansia de rescate de quién sabe qué tradición o saber ancestral de los que la propia cultura ni recuerda ni quiere hablar, ante el riesgo latente de la invención de tradiciones (Hobsbwan, 1987), de caer en la ventriloquía, y arrojar al otro fuera de la historia (Rufer, 2012) –hablar del otro o para el otro-, ya que los sujetos se construyen permanentemente y en interacción con las otras personas y el mundo.
Lo que sí podemos es mirarnos, observarnos, darnos cuenta, reconocer, situarnos, contextualizar y confesar. Lo que sí podemos es mantener la humanidad, el respeto (Sennet, 2009), la dignidad (Moore, 1985; Hessell, 2011), la decencia (Margalit, 2010), la empatía (Rifkin, 2010), y es que como dice Sousa Santos (2013:48) “no es posible una justicia social global sin una justicia cognitiva global” y el conocimiento-como-intervención-en-la realidad, no como una-representación-de-la-realidad. Y esta intervención, según yo, quizás no siempre para solucionar grandes y graves problemas sociales, instaurar o derrocar determinada política, sino a veces, creo, hasta como una suerte de intervención terapéutica a través de la relación en la investigación (Fernández Poncela, 2013), así como la siembra de inquietudes y la reflexión conjunta (Fernández Poncela, 2014). Como, por ejemplo, la aplicación de entrevistas, con el despliegue humano y emocional que a veces obviamos –nos sentimos-, así como ético y político –nos reconocemos– y cognitivo-reflexivo –reflexividad en doble aspecto: mi implicación y la relación–, sin obviar el contacto y su abanico de posibilidades en la vida y en la relación de investigación (Robine, 2005), y no olvidando cómo éste propaga reflexiones, afectos, movimientos y el darse cuenta.
Hacemos un breve paréntesis para exponer el caso concreto de la aplicación de entrevistas según un estudio que reflexiona sobre su uso en investigación y su relación con la terapia y defiende que “La aplicación de la entrevista en investigación social es más que una técnica para la obtención de información, es una forma de relación y comunicación, incluso se podría decir que sino una suerte de terapia sí una intervención terapéutica” (Fernández Poncela, 2013), e incluso algo más. Y esto vale para ambas partes, quien diseña, aplica, transcribe y analiza la entrevista, así como la persona a la cual le es aplicada. Ambos seres se encuentran, interrelacionan e influyen. Sobre sus hallazgos, y entre otras cosas, se muestra cómo en la aplicación de esta técnica hay:
Si bien, y por supuesto, todo esto no es el objetivo inicial de la aplicación de la entrevista qué duda cabe que tiene lugar, que es importante, que lo soslayamos o desconocemos, y que ya es hora de investigar al investigador/a y sobre todo el proceso de investigación, la construcción del conocimiento desde el lado más humano, la responsabilidad y la conciencia de la intervención.
Lo que sí se puede también es visibilizar el encuentro, no sólo exponer la voz de los otros, o la nuestra, fijarnos en el nosotros, en el entre, en la co creación (Delacroix, s.f.; Robine, 2005). Considerar el diálogo como espacio de reflexión donde aparece el conocimiento de sí, del otro, de la relación, donde hay un encuentro afectivo y corporal, además de verbal. Hablar-con-el-otro-intercambio-horizontal-recíproco. Sin llegar a la equidad pero pretendiéndolo, sabiendo que la producción de conocimiento es un acto ético no sólo cognitivo y político. Democratizando, o intentándolo, las maneras de adquirir conocimiento, buscando posibilidades y creando condiciones, desde la doble crítica con la habilidad de pensar en las dos tradiciones –investigador e investigado- y a la vez de ninguna (Mignolo, 2003). Reconocer que tras el diálogo ninguna de las partes regresa al mismo lugar (Bajtin, 1982), nunca somos las/os mismos/as, la relación nos transforma, poco o mucho. En fin, el humanismo ético, la co creación comunicativa en la interrelación y la terapia o intervención pseudoterapéutica y humana a la hora de estar aplicando las técnicas de investigación, sin olvidar el poder de intervención y el mover y conmover en ambos lados de la conversación.
Según Figari (2012) el deseo, la afectividad, metáforas e imaginación crearán una investigación estética, esto es, crear mundos-otros, versiones; o la investigación militante, vivir y trabajar con los otros, para modificar situaciones. Este mismo autor señala la conveniencia de estar abiertos a la afectividad, estar con el otro, y revisar qué hacer con el cúmulo de impresiones, negociaciones, idas y vueltas. En especial pone énfasis en algo que no todo mundo parece tener claro y que ya apuntamos con anterioridad: nuestras intervenciones aunque sean sólo interpretaciones ya son acciones políticas con efectos, queridos o no. No podemos hablar desde otro lugar que no sea el cuerpo y todo pronunciamiento es político, como las feministas apuntaron hace tiempo. Por lo que no queda de otra que asumir la responsabilidad como investigadores e investigadoras de nuestros actos, de nuestras limitaciones, de nuestras emociones, de nuestro contexto espacio-temporal y socio-cultural, de todo. Asumir la sabiduría de la inseguridad (Watts, 2007) y la conciencia sin límites (Wilber, 2004). En fin, concluimos con el deseo que el acto de investigar y la investigación sirva para la crítica y la proposición también, para esbozar y construir mundos posibles, mundos mejores, mundos sino felices, sí más humanos en la medida de lo posible, para todos y para todas.
Finalización
Cuanto más grande es un científico, más le impresiona su ignorancia de la realidad y más se da cuenta de que sus leyes y etiquetas, descripciones y definiciones, son los productos de su propio pensamiento. Le ayudan a usar el mundo para sus propios fines, a imaginarlo, más que a comprenderlo y explicarlo. Cuanto más analiza el universo, llegando a divisiones infinitesimales, más cosas encuentra para clasificar y más percibe la relatividad de toda clasificación. Lo que no sabe parece aumentar en proporción geométrica con lo que sabe. Se aproxima más y más al punto en el que lo desconocido no es un mero espacio en blanco en una red de palabras, sino una ventana en la mente, una ventana cuyo nombre no es ignorancia sino maravilla (Watts, 2007: 147)
Estamos hoy en una época de disolución de certezas, del fin del materialismo, el cuestionamiento de la realidad, cuando el sujeto se desvanece y la verdad desaparece (Roche Cárcel, 2009; Vattimo, 2012; Tart, 2013). Es más, la realidad se desrealiza, desmaterializa, se culturaliza, teatraliza, se espectaculariza, virtualiza y conceptualiza (Braudrillard, 1978; Lipovetsky 1990; Balandier, 1994; Bauman, 2006).
La investigación, puede ser o, es parte de una percepcíon, si bien por supuesto es más que eso. La percepción es una forma de pensamiento, depende de creencias y condicionamientos, tiende a corroborar creencias, lo que inconscientemente creemos es lo que percibimos muchas veces, a veces incluso sólo lo conocido podemos ver, olvidando nuestro poder creativo, y eso sirve también para los experimentos científicos, no sólo para los estudios sociales o la vida cotidiana. El sesgo de la percepción no sólo afecta la observación sino y también la emoción (Tart, 2013). De hecho, afecta a todo un continuum: sensación, percepción, pensamiento, emoción, sentimiento, necesidad, deseo y acción –no siempre todo ni en ese orden-. Observamos como observadores lo observado, siendo observados, y observando que observamos y nos observan. No obstante, nos identificamos con el ego y la forma y nos perdemos en la mente y las emociones, incapaces de tocar nuestra esencia y la del otro/a observado/a, nuestro ser desde la conciencia. De ahí que la ciencia como una forma de conocer y creer –hay varias-, sea o pueda llegar a ser un mecanismo neurótico de defensa y existan hasta patologías de la cognición (Maslow, 1979). Y es que además percibir es seleccionar, por no seguir aquí con las reflexiones en torno al autoengaño que inician hoy día una futura moda (Goleman, 2013; Trivers, 2013).
Viktor Frankl (2003) se pregunta ¿qué quiere la vida de nosotros? Y puesto que la vida va a seguir sin nosotros, sin mí ¿qué voy a dejar? Propugnamos aquí una investigación con corazón (Fernández Poncela, 2014) en un nuevo clima (Fernández-Savater, 2013), porque como afirma la medicina tradicional china, el corazón rige al cerebro, si se enferma el primero lo hace el segundo, y éste no es en modo alguno independiente de aquél. La investigación social es mucho más de lo que creemos, de lo que nos han dicho, de lo que pensamos o sentimos, la investigación no es arte ni ciencia es una aventura (Fernández Poncela, 2012b). Y la aventura consiste –como decimos– en investigar desde la conciencia y desde el corazón. Abrirse a nuevos enfoques, pero y también, a nuevos temas desde miradas nuevas. Y es que “La cultura, las cosas que sabes, son informaciones con las cuales nutres la biocomputadora que es tu mente. Estas informaciones son útiles cuando tú estás a cargo de tu mente, pero son peligrosas… si tú éstas a la merced de la tiranía de ella. Porque, mientras más información guarda tu mente, más instrumentos tiene para controlarte y para sofocar tu espontaneidad. Y eso se vuelve un grave obstáculo a tu inteligencia porque, en lugar de vivir en función de lo que eres, empiezas a vivir en función de lo que sabes” (Dayal, 2012:196). Y si eso acontece en algo tan importante como nuestro paso y nuestra vida en el planeta tierra ¿qué no ocurrirá en nuestro acercamiento laboral, pasional o sensible en la investigación social?
Pero, como se ha sostenido en estas páginas, nuevas epistemologías y metodologías avanzan en el seno de las ciencias sociales, así como novedosas explicaciones y comprensiones de lo que somos como seres humanos y sobre lo que podemos llegar a ser con el corazón, la sensibilidad abierta y la conciencia despierta.
La mente tímida cierra esta ventana con estrépito y permanece silenciosa e irreflexiva acerca de lo que no conoce, a fin de poder charlar más sobre lo que cree conocer. Llena los espacios sin cartografiar con la mera repetición de lo que ya se ha explorado. Pero la mente abierta sabe que los territorios explorados con más minuciosidad, en realidad no se han conocido bien en absoluto, sino que sólo se han señalado y medido mil veces. Y el misterio fascinante de qué es eso que señalamos y medimos debe al fin “importunarnos hasta que dejemos de pensar”, hasta que la mente se olvide de trazar círculos y siga sus propios procesos, siendo consciente de que ser en este momento es un puro milagro (Watts, 2007:147).
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Notas de autor