Reseñas
Resumen: En el texto que reseño encontré un listado de referentes que me permitirán reflexionar en estas líneas sobre la vida del boxeador; pero también, en torno al contexto social y político de nuestro país en las primeras décadas del siglo XX.
El relámpago de Whittier1
Reconozco que no soy fanática del box: no es un deporte que disfrute mucho; pero sí soy una apasionada de la historia. Por lo tanto, leer la vida del boxeador Epifanio Romero, conocido entre el público boxístico de los años veinte como Bert Colima, fue realmente un gozo. Un personaje en un primer momento desconocido, página a página se me convirtió en alguien tan cercano que resultaba un verdadero sufrimiento cuando en alguna pelea resultaba vencido. En el texto que reseño encontré un listado de referentes que me permitirán reflexionar en estas líneas sobre la vida del boxeador; pero también, en torno al contexto social y político de nuestro país en las primeras décadas del siglo XX.
La pasión
Cuando hablamos en el salón de clase sobre la importancia de elegir el tema de investigación, siempre concluimos que debe ser el que nos apasione; el que nos mueva, el que nos llene, y este tema puede llegarnos por diferentes vías. Para Servando Ortoll, Bert Colima –de padres mexicanos y oriundo de un pueblecito californiano, cercano a Los Ángeles– llegó por causalidad, pues lo encontró en el estado de Arizona, al momento de revisar periódicos californianos en la Internet, en busca de datos sobre el estado de Colima. Epifanio Romero –o Bert Colima, para el momento en que Ortoll lo descubrió– era un boxeador del que nunca había escuchado, a pesar de que coincidía con el nombre del estado en el que nuestro autor vivió por más de 15 años. Su interés en el personaje lo motivó a viajar a Los Ángeles, California, en busca de más información. El resultado es el libro que menciono.
Las fuentes
El libro Bert Colima, sin proponérselo el autor, es un atractivo referente de acervos hemerográficos. Ortoll revisó extensamente periódicos de la época: tanto nacionales, como extranjeros. Como parte de su obra, el autor evidencia la postura de los reporteros que siguen las peleas de Colima: algunos son serios, otros cómicos y otros más, amarillistas. Ortoll también resalta la importancia de acceder a documentos personales del protagonista, como fotografías, álbumes de recortes, notas autobiográficas de Colima y hasta un cinturón que lo acredita como vencedor de campeonato. Todo a través del acertado acercamiento de Ortoll con sus familiares, principalmente con su hijo Bert W. Colima.
El contexto
El libro Bert Colima: relámpago de Whittier, nos permite reconocer la situación que vivía el mundo del box en las primeras décadas del siglo XX. En el texto, el autor explica que en México el box aún no era considerado un deporte de masas, pues otros espectáculos tenían más seguidores, como los toros, por ejemplo. En Estados Unidos, principalmente en California, era distinto. Las peleas tenían su propio espacio y los empresarios tenían el éxito garantizado en la mayoría de ellas. Sin embargo, las arenas no se encontraban en las mejores condiciones: Los que “tenemos la mala suerte de asistir a las peleas que se efectúan en el estadio de la Legión de Hollywood”, informó un periodista a sus lectores, “el edificio es sumamente pequeño [y] los empresarios han metido [más gente y] sillas de las que debiera haber [...] los aficionados están sumamente incómodos, codeándose continuamente y obstruyéndose la vista”. No había en el edificio suficiente ventilación y el humo de puros y cigarros hacía que ardieran los ojos del reportero (16).
El boxeador
La afición en Epifanio Romero por este deporte nació a partir de unos guantes de box que le regaló su padre. Entrenó siendo aún muy joven y a partir de entonces decidió dedicarse al box de manera profesional. Por ello cambió su nombre de Epifanio Romero al de Bert Colima, en honor a su abuela, originaria de este estado. El apodo era una especie de código secreto entre los habitantes de California de origen mexicano y el propio boxeador, pues muy pocos estadounidenses conocían la existencia del estado de Colima. El “Bert”, lo adquirió a partir del mote que le otorgaron las personas que lo conocieron desde joven por la palabra en inglés “bird” o pájaro en español, porque era común que Epifanio caminara silbando como pajarito.
El personaje mediático
Gran parte de la popularidad de Bert Colima en México se dio por la gran publicidad que le brindaron los medios impresos: muchos periodistas seguían su carrera y aprovechaban sus espacios para reseñar sus combates. En nuestro país su visita tomó tintes políticos, pues el presidente Plutarco Elías Calles utilizó su figura para distraer la atención de los mexicanos en momentos tan difíciles como la guerra cristera:
La llegada de Colima, en términos políticos, representó una bendición para el régimen: al impulsar artificialmente el gusto por el box y difundirlo en la capital, el gobierno esperaba difuminar el malestar general de la población. No fue coincidencia la enorme y sin precedentes campaña publicitaria que recibió [Bert] Colima, [...] porque hasta entonces y para los mexicanos en su país, el boxeador californiano era prácticamente un desconocido (84).
Supersticiones
El texto sobre el que escribo nos permite entender las supersticiones de un deportista. Por ejemplo, los martes Bert Colima no emprendía nada relevante, salvo sus peleas. Siempre se persignaba antes de saltar al cuadrilátero. Si perdía una pelea, por ejemplo, su explicación era que esto no se debía a que ese día era martes; más bien a que traía algún problema dental que no se había atendido previamente. Colima iba con el estómago vacío a cada encuentro.

Amor de madre
Es sabido que a muchas mujeres no nos agradan las peleas de box. Sufrimos cuando los hombres en el ring se golpean. La mamá de Epifanio Romero no se opuso a su carrera en el mundo de los guantes, pero temía que lo lastimaran. Ella definía al box como “un desagradable juego”. Por eso deseaba que el tiempo y las prácticas lo desanimaran. El libro de Servando Ortoll se convierte así en una historia de vida: en la historia personal y profesional de un boxeador que unió a los mexicanos que vivían en California durante los años veinte. De manera inconsciente, Bert Colima se convirtió en un símbolo para sus seguidores, quienes añoraban las raíces de su cultura que, a veces, la sentían tan lejana.
Referencias
Servando Ortoll (2013). Bert Colima: relámpago de Whittier. México:La Dulce Ciencia/CONACULTA, 143 pp. ISBN 978-607-516-473-1.