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Enfrentando peligros y experimentando la emoción del miedo en pescadores de Armería, Colima1
Amaury Fernández Reyes
Amaury Fernández Reyes
Enfrentando peligros y experimentando la emoción del miedo en pescadores de Armería, Colima1
Estudios sobre las Culturas Contemporáneas, vol. XXIII, 4, pp. 101-122, 2017
Universidad de Colima
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Resumen: El objetivo de este trabajo es exponer la emoción del miedo ante un esquema cultural denominado: de riesgo y peligro, que funciona en pescadores de Armería, Colima. Se refiere, por un lado, a la precaución y el cuidado requerido para pescar y, por el otro, a la valentía, las destrezas, el conocimiento, el arrojo y el orgullo que les significa ser pescadores. Lo anterior les hace aprender a sobrevivir y desarrollar un sentido de supervivencia en el mar, por medio del cual crean un espacio de socialización y reconocimiento al surgir de las condiciones naturales y manufacturadas en que se lleva a cabo la pesca artesanal en este municipio. El origen de este esquema cultural denota la emoción del miedo como una emoción con reacciones físicas, pero también construida socialmente y que forma parte de la propia cultura de los pescadores artesanales como podremos observar en el contenido del presente texto. Se estudian las interpretaciones y significados que presenta dicha emoción.

Palabras clave:PescadoresPescadores,Esquema cultural de riesgo–peligroEsquema cultural de riesgo–peligro,Emociones y miedoEmociones y miedo.

Abstract: Facing Dangers and Experiencing the Emotion of Fear in Fishermen from Armería, Colima

The aim of this paper is to present the emotion of fear of a so-called cultural scheme: risk and danger, which operates fishermen of Armeria, Colima and refers, on the one hand, caution and required to fish care and, on the other, to the courage, skills, knowledge, courage and pride that means them to be fishermen. What makes them learn to survive and develop a sense of survival at sea, through which manage to create a space for socialization and appreciation to arise from the natural conditions and manufactured that takes place artisanal fisheries in this county. The origin of this cultural scheme, denoting the emotion of fear as a physical emotion but also socially constructed and part of the culture of the fisherfolk as we can see in the content of this text. Interpretations and meanings having such emotion are studied.

Keywords: Fishermen, Cultural Scheme of Risk – Danger, Emotions and Fear.

Carátula del artículo

Artículos

Enfrentando peligros y experimentando la emoción del miedo en pescadores de Armería, Colima1

Amaury Fernández Reyes*
Universidad de Colima, México
Estudios sobre las Culturas Contemporáneas, vol. XXIII, 4, pp. 101-122, 2017
Universidad de Colima

Recepción: 22 Abril 2016

Aprobación: 13 Julio 2016

Enfrentando peligros y experimentando la emoción del miedo en pescadores de Armería, Colima1

El presente trabajo aborda un esquema cultural (EC) denominado «de riesgo y peligro», que surge de las condiciones en que se lleva a cabo la pesca, tal vez similares a muchas otras partes del mundo donde trabajan pescadores, y que se relaciona directamente con la emoción del miedo. Es el resultado de una investigación concluida con pescadores artesanales y que forma parte de mi tesis doctoral2, la cual consistió en un trabajo de campo (entrevistas y observación participante), desarrollada entre los meses de agosto de 2010 y junio de 2011, en la localidad de El Paraíso, el pueblo de Cuyutlán y la ciudad de Armería, en el estado de Colima, México.

La perspectiva teórica en este trabajo es interdisciplinaria y va desde la sociología de las emociones, en específico del miedo, expuesta por Rogelio Luna (2005; 2007), a las teorías del riesgo de Ulrich Beck (1998) y Niklas Luhmann (2010), así como la construcción social del riesgo de Mary Douglas (1996), en sintonía con la lingüística cultural de Gary B. Palmer (2000) y los esquemas culturales de Naomi Quinn (2005). Estas miradas ayudan a ubicar emociones, ya que el riesgo y las emociones, especialmente desde la categoría básica del miedo, se presentan como una construcción sociocultural que se complementan con la propia experiencia vital.

El origen de este esquema cultural refiere a la pesca como una actividad riesgosa porque el mar es peligroso. Responde al ámbito de los riesgos naturales, ocasionados por amenazas ambientales, aunadas a la vulnerabilidad propiciada por la estancia en el mar; pero también por situaciones antropogénicas, como podremos observar en el contenido de la presente investigación.

El riesgo resulta de la presencia conjunta de la amenaza con la vulnerabilidad; dentro del mar se presentan diversas amenazas (desde una tormenta hasta un tiburón) y a esto se agrega la condición básicamente indefensa en que se encuentran los pescadores al internarse en el mar, ya que por más que se protejan se hallan impotentes ante su fuerza natural; por tanto, se encuentran en permanente riesgo, es decir en situación vulnerable.

Por peligro se entiende la amenaza, es decir el “evento físico, potencialmente perjudicial, fenómeno y/o actividad humana que puede causar la muerte o lesiones, daños materiales, interrupción de la actividad social y económica o degradación ambiental” (EIRD, 2013). Por tanto, el mar con su oleaje, la fauna marina, las tormentas, igual que los descuidos o el exceso de confianza de los pescadores, constituyen peligros.

Se parte de la idea de que el peligro y el riesgo forman parte de la vida cotidiana de los pescadores. Todo lo anterior se relacionará con emociones, especialmente desde la categoría básica del miedo; se presentará como una construcción sociocultural y de supervivencia que se complementa con la propia experiencia laboral.

El origen del esquema cultural de riesgo-peligro

Los esquemas culturales se reconstruyen metodológicamente, según Naomi Quinn (2005), de tres unidades lingüísticas a partir de la ubicación dentro del discurso: palabras clave: las que más se repiten aunque no sean metafóricas, metáforas: (tropos) que sirven para describir una cosa como si fuera otra y razonamientos: explicaciones y reflexiones que las personas nos proporcionan sobre un tema determinado, a través de la interpretación que se obtiene por medio del análisis cultural del discurso, como también lo propone González (2013),3 y funcionan como herramientas conceptuales que permiten conocer los significados y las emociones que se presentan en la pesca, desde un enfoque de la construcción de la realidad.

Este paradigma se enmarca dentro del estudio de la cultura interiorizada que, en términos de Gilberto Giménez (2007), se entiende como el cúmulo de estructuras mentales incorporadas subjetivamente por los sujetos. Puede unirse con la cultura objetivada; es decir, con la realización de prácticas, acciones, rituales u objetos, y con los símbolos objetivados.

Al preguntar a 19 pescadores acerca de sus experiencias enfrentadas en su trabajo, éstos reconocieron la existencia del riesgo en su actividad laboral.

Algunos de los peligros comunes que suelen presentarse en la práctica de la pesca son, a juicio de los informantes: el generado por el mar; el causado por la presencia de tormentas y huracanes; los asociados al desconocimiento marítimo y al hecho de no saber nadar; el antropogénico, asociado a la industrialización de la región, principalmente, con la reciente construcción de una regasificadora y un gasoducto; el relacionado con la presencia de algunas especies de animales: cocodrilos, rayas (mantarrayas), tiburones, culebras, entre otros, y el originado por la noche.

A decir verdad, la presencia emocional del miedo en la pesca artesanal se mitiga con destrezas y valor, además de los conocimientos, lo que influye en las actitudes que los pescadores tienen hacia el mar o la laguna, ya sea de respeto o precaución, por sus propias experiencias con el espacio donde trabajan o por ser un ámbito natural, en ocasiones peligroso.

Al respecto, la sociología y la antropología de las emociones nos pueden ayudar a aclarar ciertas dudas en torno a expresiones que contienen la emoción del miedo. De acuerdo con Anna María Fernández, desde un enfoque construccionista, las emociones “son de carácter sociocultural. La conciencia de la experiencia sentida, psicológica y subjetivamente, combinan una evaluación de la situación, cambios en cuanto a las sensaciones fisiológicas, inhibición o liberación de gestos expresivos y sobre todo, un cierto desarrollo cultural” (2011:10).

En este orden de ideas, dice Rogelio Luna que: “La antropología ve las experiencias emocionales como un asunto cultural desde que los individuos definen sus realidades emocionales individuales en relación con los esquemas de la cultura local” (2007: 9). Para ello, habría que considerar la perspectiva de la sociología de las emociones, ya que “parte de un proceso constructivo, mostrando que la esfera emocional está permanentemente atravesada por una enorme racionalidad que es «activada» no sólo por el individuo como actor social, sino por los grandes aparatos donde descansa el orden social” (Luna, 2007: 9).

De esta manera, dice Fernández respecto a la postura de Luna, que las emociones se ubican dentro de ciertas creencias, normas sociales, además de “costumbres y tradiciones, ideologías y prácticas culturales, en contextos sociales específicos. Se trata de operaciones que ordenan, seleccionan e interpretan situaciones y acontecimientos. La subjetividad individual y la realidad psicosocial se encuentran entrelazadas” (2011:11).

La emoción, para la perspectiva construccionista, podría definirse como la conciencia de la experiencia sentida, psicológica, subjetiva, que típicamente y de manera simultánea combina los cuatro elementos mencionados por Fernández (2011). Por lo tanto, el miedo, ante los riesgos y peligros que presenta la pesca artesanal, es una emoción que se nutre de la experiencia del pescador en relación con su comunidad y su contexto geográfico y social.

Desde la sociología del miedo, de acuerdo con Luna (2005), la emoción –más que una serie de factores genéticos e innatos y de carácter universal– es un mecanismo de supervivencia. Es un producto sociocultural construido que responde a normas y patrones culturales particulares (valores y prescripciones sociales), en este caso de los pescadores armeritenses, desde el marco de la cultura emocional Gordon (1990).

Esta perspectiva de la cultura concibe a las emociones como construcciones también intersubjetivas que se nutren de las interacciones sociales y el bagaje de las personas; elementos que responden a normas de regulación que permiten expresarlas o controlarlas de acuerdo al contexto en que se encuentran o en el que se desenvuelven.

El mar es peligroso

Cuando se habla de que el mar es peligroso, desde la perspectiva teórica y metodológica de los esquemas culturales, nos referimos a que el grupo metafórico es una construcción cognitiva que se deduce de las metáforas lingüísticas, como lo han propuesto Lakoff y Johnson (1980), y que aparecen en el habla cotidiana de los pescadores, proporcionando datos empíricos.

En el análisis metafórico, la metáfora involucra dos dominios conceptuales —conjuntos de conocimientos enmarcados en una expresión— de acuerdo con Lakoff y Johnson (1980): fuente (de origen) y meta (de destino). El primero es un elemento concreto y real; el segundo es más abstracto y complejo, contiene experiencia subjetiva, de acuerdo con Taylor (2002). El dominio «fuente» se emplea metafóricamente para hablar o escribir acerca de un tópico en particular, mientras que el dominio «meta» representa aquello de lo que se habla o escribe.

Por ejemplo, respecto a la metaforización del mar, los informantes llegaron a emplear el dominio fuente, de origen o vehículo metafórico: “ser humano”, en relación con el dominio meta o destino: “el mar”. Así, dentro de este esquema, los informantes piensan que EL MAR ES UN SER HUMANO, derivado de varias metáforas que conforman finalmente el tema metafórico y la interacción correspondiente al mar y relativa al ser humano. De esta manera, el dominio fuente que se refiere al ámbito más concreto, se usa para explicar cuestiones más abstractas que se expresan dentro del dominio meta o destino. Esto se deduce por los atributos que le confieren los pescadores al mar: “es gente”, “vive”, “es mujer”, “se calma”; o en el caso EL MAR ES PELIGROSO, este grupo de trabajadores del mar le atribuyen las siguientes cualidades: “se enaltera”, “tumba”, “mata”, “es fuerte”, “avienta”.

Los tres tipos de peligros relacionados con este grupo metafórico y de acuerdo con la propuesta del análisis metafórico del lenguaje en Lakoff y Johnson (1980) reconocidos en la investigación fueron: a) El generado por el mar, b) El causado por la presencia de tormentas y huracanes y c) Los asociados al desconocimiento marítimo y al hecho de no saber nadar.

Respecto al peligro generado por el mar se pudo observar que los malos tiempos incluyen huracanes, ciclones o tormentas.

El mar es muy peligroso […] todos lo respetan (Cuyutlán, 70 años, tercer año de primaria).

En temporadas de lluvias sale el pescado pero es más arriesgoso, por el clima (El Paraíso, 23 años, secundaria).

Además, aparecen las corrientes marinas que representan peligros dentro del mar, como podemos observar en los siguientes fragmentos:

Te jalan por abajo, te jalan por adentro, la corriente. Porque es más fuerte la corriente por abajo, y te va jalando, te va jalando y te pierde por la corriente (Cuyutlán, 50 años, sin escolaridad).

Las corrientadas son corrientes, son remolinos, eso es adentro del mar, ei, son corrientadas que empiezan desde la orilla y te jalan y ya adentro se hace un remolino (El Paraíso, 22 años, bachillerato).

La siguiente expresión se relaciona con el tema de la muerte:

Te puedes enredar con la soga, una red, y amaneces, se‘oga uno, y bien muerto (El Paraíso, 47 años, sin escolaridad).

En este orden de ideas, la muerte resulta familiar para ellos, debido al caso cercano de otras personas que han fallecido en el mar, al grado de que algunos asumen un vínculo simbólico entre la vida, la muerte y el mar; han llegado incluso a desear que sus cenizas sean arrojadas en él.

En cuanto al peligro asociado a la presencia de tormentas y huracanes, el mar de las costas del Pacífico mexicano es influido por las temperaturas y los vientos que en ciertas temporadas del año presentan un aumento, manifestándose en tormentas tropicales, algunas de ellas convertidas en huracanes, incluso históricamente se han registrado tsunamis en Armería.4 Situaciones que a los propios pescadores les preocupa, pero con las que han tenido que aprender a vivir:

Sí está peligroso, cuando te metes en las lanchas pos sí, que te voltiés, que está el mar feo, que te agarre una tormenta adentro (El Paraíso, 22 años, bachillerato).

Cuando se pone feo, que hay marejadas feas, ha llegado [el mar] hasta la casa (El Paraíso, 40 años, cuarto año de primaria).

Además, la metáfora “está el mar feo” o “cuando se pone feo”, hace referencia al peligro que presenta el mar por las condiciones adversas para pescar. Y el que “te agarre una tormenta adentro” es encontrarse en la zona de trabajo donde se pueden presentar cambios naturales como: tempestades, ciclones5, trombas marinas (tornado que se origina en el mar), huracanes (tipo de tormenta tropical localizada en el sur del Océano Pacífico y tiene vientos máximos en superficie mayores a 116 Km/h), marea alta, marea roja (aparición de moluscos transportadores de toxinas que alteran la cadena trófica) y peligros marítimos.

Antes cada ratito que ciclones y que esto, ya asestaba en el mar, y ya asestaban las ramadas y ya no entraban los pescadores a pescar y así pues, se les dificultaban más antes y orita es más tranquilo, ya no pegan tanto los huracanes pa’estos rumbos (El Paraíso, 22 años, bachillerato).

Sin embargo, semanas después de finalizar el trabajo de campo, es decir, cuatro meses posteriores a la aplicación de la entrevista a este joven pescador de Cuyutlán, fechada el 5 de junio de 2011, aparecieron las siguientes metáforas en los encabezados de algunos medios locales y nacionales: “Jova ataca Jalisco y Colima” (Mural Sonorense, 2011, 12 de octubre), “Jova deja a su paso por Colima Muerte y Destrucción” (Quadratín Colima, 2011, 13 de octubre) entre otras.

Esta situación les preocupa a los pescadores periódicamente, quienes han tenido que aprender a vivir con los cambios abruptos de la naturaleza año con año. Por ejemplo, en 2011 se presentaron varios huracanes: Dora (categoría 3), Beatriz (categoría 2), Jimena (categoría 4), todos en la escala de intensidad Saffir-Simpson, lo que ha ocasionado también altos oleajes en la zona.

En 2016 el huracán Patricia, considerado como el más intenso de la historia según opiniones de especialistas y mensajes difundidos en medio nacionales y extranjeros, devastó la localidad de El Paraíso, la zona geográfica más afectada en el estado de Colima, e incluso el Presidente de México visitó dicho pueblo pesquero para evaluar los daños sufridos (La Jornada, 2015, 24 de octubre).

Entonces, la posibilidad de enfrentar un daño provocado de manera externa, se atribuye al efecto de fenómenos naturales, causados por tormentas tropicales que originan mareas de tormenta, mar de fondo, oleajes, vientos e inundaciones.

El concepto de peligro, siguiendo a Luhmann (2010), se relaciona con la posibilidad de sufrir un daño provocado de manera externa; para ser precisos, es la incertidumbre atribuida a la posibilidad de generarse desastres provocados por el entorno natural y el medio ambiente, y no a consecuencia de las decisiones de los pescadores, “en este caso hablamos de peligro” (2010:37). Para Mary Douglas (1996) éstos son riesgos naturales y Colima, por su ubicación geográfica, representa un espacio amenazado por diversos fenómenos naturales.

Al respecto, es necesario mencionar que históricamente el estado de Colima ha sido proclive a diversos fenómenos naturales: temblores y erupciones volcánicas de gran magnitud (González, 2013; Bretón, 2012); y particularmente en la zona costera del estado de Colima: maremotos, huracanes, ciclones, tifones, entre otros. Estos últimos eventos naturales por lo general, afectan más directamente a la población de la zona costera del estado de Colima; por lo menos así se ha registrado desde hace varios siglos (Oseguera, 1967).

Los signos físicos del huracán o del terremoto aparecen primero como pequeños puntos en el horizonte y su interpretación está llena de incertidumbre. Cuando se aproximan, la percepción errónea se intensifica y la catástrofe final llega como sorpresa, prevista estadísticamente por el experto, pero no por las víctimas (Douglas, 1996:89).

Con relación a los peligros asociados al desconocimiento marítimo y al hecho de no saber nadar, tenemos el conocimiento del medio ambiente natural, de las zonas de pesca, de los cambios climatológicos y su impacto en la localidad, de las especies locales. Todo ello forma parte del bagaje de conocimientos:

Una comunidad utiliza su acumulada experiencia compartida para determinar qué pérdidas previsibles son más probables, qué probables pérdidas serán más perjudiciales y qué daños se pueden prevenir […] y su escala de valores por la que diferentes consecuencias son consideradas graves o triviales (Douglas, 1996:110).

La pesca requiere entonces de conocimientos particulares para su práctica: saber tarrayar,6 nadar, conocer la zona, realizar artes de pesca, e incluso tener valor para “entrar al mar” o a la laguna, ya que también la consideran una actividad riesgosa.

Tienes que saber conocer las olas y la marea, porque si te metes nomás así, una ola que agarres mal te puede voltear, y se quebra la lancha y te puede hasta matar […] adentro del mar en lo seco, pega la lancha y te llega la que viene atrás más honda y te tapa de agua, y luego en la noche como van a veces así lejos, hay, este, veces que no ves ni la tierra, ves pura agua alrededor ¡ei! (Ciudad de Armería,18 años, estudiante de carrera técnica).

Ser un pescador es una persona que conoce algo de mar, algo de nadar, te defiendes nadando, el que no sabe nadar, no sabe pescar, como que no sabe nada (El Paraíso, 47 años, sin escolaridad).

El riesgo en el trabajo aumenta con la falta de conocimiento para “meterse al mar” debido a que se requiere “conocer las olas y la marea” y saber manejar la lancha para no volcarse dentro del mar.

Cuidarse uno cuando te vas a meter al mar, que no te voltee la ola, que el motor no se apague, si el motor se apaga, tienes que bajarte rápido, poner la lancha pa’ que la ola no te la vaya a voltear, porque si te la voltea, te vas, se ‘oga uno (El Paraíso, 47 años, sin escolaridad).

Pero además para meterse a mar abierto, a pescar, es necesario para los pescadores artesanales:

[...] entrar con tus cinco sentidos a la vez (El Paraíso, 23 años, secundaria).

También digo, hay que conocer, se basan con las estrellas, o con la marea, con el viento también, porque si no, nomás te metes, te pierdes también, tienes que saber todo eso para saber meterte… (Ciudad de Armería, 18 años, estudiante de carrera técnica).

Son muchas cosas que debes saber tú del mar, también para meterte así nadando tienes que saber muchas cosas, cómo está la corriente y los cantiles,7 también si vas adentro a pescar (Ciudad de Armería, 18 años, estudiante de carrera técnica).

Extraviarse en el mar es otro miedo que se localizó en los discursos de los informantes, por la falla del motor en su embarcación, por quedarse sin combustible dentro del mar o chocar con la zona de rocas en la costa. Con respecto a lo anterior, algunos han comenzado a utilizar el Sistema de Posicionamiento Global (GPS), aunque resulta muy costoso.

Luhmann (2010) sostiene que no existe una absoluta seguridad frente a los riesgos y peligros, pero sí podemos considerar el binomio que él denomina de riesgo-seguridad como una posibilidad de prevención.

Podemos calcular a nuestro arbitrio y llegar en muchos casos a resultados claros. Pero todo ello no es otra cosa que auxiliares de la decisión, y no significan, en forma alguna, que podamos evitar los riesgos cuando de alguna manera decidimos (2010:41).

Si bien Beck (1998) registra el fenómeno de la sociedad del riesgo, Niklas Luhmann (2010) por su parte, reconoce la presencia del esquema riesgo y peligro en las sociedades contemporáneas, en el marco de su teoría de sistemas, descrito en su libro Sociología del riesgo, donde plantea el surgimiento de la incertidumbre frente a daños futuros, pero “se presentan dos posibilidades. Puede considerarse que el posible daño es una consecuencia de la decisión. O bien se juzga que el posible daño es provocado externamente, es decir, se le atribuye al medio ambiente; y en este caso hablamos de peligro” (Luhmann, 2010:37).

Es necesario reconocer, al respecto, la diferencia entre riesgo y peligro, ya que “Riesgo no es igual a amenaza o peligro. El riesgo se refiere a peligros que se analizan activamente en relación a posibilidades futuras” (Giddens, 2007:35). Aunque ambos autores no prestan suficiente atención a las disposiciones culturales en su consideración, éstas son medulares, “porque las nociones de riesgo se comparten al interior de las culturas y comunidades” (González, 2013:40), posición teórica que va unida a la de la antropóloga cultural Mary Douglas (1996) para la que el riesgo es una cuestión básicamente compartida, intersubjetiva, sociocultural y simbólica.

Por otra parte, a los tripulantes extraviados no siempre se localizan, y cuando éstos son rescatados por personal de sanidad naval, muchas veces ya presentan cuadros de deshidratación, desnutrición, quemaduras provocadas por los rayos del sol o cualquier otro efecto del percance.8

La información acerca de las mareas y de la temperatura interna del mar es regularmente producto de un conocimiento compartido, centrado en costumbres y creencias de la comunidad de pescadores, fundamentado en prenociones e ideas aceptadas por ellos; es un pensamiento que domina ideas admitidas, pero no tan cuestionadas, es el sentido común (Bauman, 1994; Geertz, 2003). Mary Douglas (1996) recuerda que:

De las conversaciones cotidianas, de las precauciones tomadas, de las excusas presentadas hay que extraer el criterio de riesgo que está basado en el sentido común […] La codificación cultural de la responsabilidad es también la codificación de percibir riesgos (Douglas, 1996:114).

Al realizar el trabajo de campo se pudo constatar que los pescadores difunden información respecto a los peligros o riesgos vividos por ellos o por personas conocidas, lo que puede construir una sensibilización hacia el cuidado en la práctica laboral.

Los pescadores también se informan a través de los medios de comunicación, como ejemplo por medio de periódicos de la región y la radio local, ya que las tormentas tropicales son difundidas por el Sistema Meteorológico Nacional (SMN) a través de los distintos medios, por medio de este organismo federal que alerta de la temporada de ciclones y ubica su localización, categoría, así como sus vientos máximos sostenidos y rachas en kilómetros por hora.

La pesca es una actividad riesgosa

Los tres tipos de peligros que se encontraron relacionados con este tema metafórico fueron: El antropogénico, asociado a la industrialización de la región, principalmente con la reciente construcción de la regasificadora y el gasoducto; el relacionado con la presencia de algunas especies de animales: cocodrilos, rayas o mantarrayas, tiburones, culebras, entre otros, y el generado por la noche.

Para Giddens (2007), el discurso de los pescadores estaría relacionado en un primer nivel con los riesgos externos (naturales), todos enmarcados en posibles complicaciones que pueden llegar a provocar temores o algún accidente. Para Luhmann, estos daños provocados externamente, serían atribuidos más bien “al medio ambiente; y en este caso hablamos de peligro” (2010:37); en un segundo nivel, al riesgo manufacturado, es decir, al riesgo antropogénico, provocado por la mano del hombre y asociado a la industrialización de la región como se mencionó líneas arriba.

Con relación al primero de ellos, Giddens lo denominaría riesgo manufacturado (2007:39). Respecto de los otros dos, serían de tipo externo: “El riesgo externo es el riesgo que se experimenta como viniendo del exterior, de las sujeciones de la tradición o de la naturaleza” (2007:38). Ambos tipos de riesgos se relacionan con dicho grupo metafórico.

En cuanto al peligro asociado a la construcción de la regasificadora y el gasoducto, es claro que existe una rápida industrialización en la región desde hace varias décadas, y de acuerdo con las voces de los informantes, un cambio climático latente. Los pescadores están conscientes del peligro que representa pescar en la laguna debido a los gasoductos que se han construido por gestión de la Comisión Federal de Electricidad (CFE); además, refieren que no están informados acerca de los peligros que pudieran presentarse en caso de alguna catástrofe; y mucho menos cuentan con planes de prevención.

De la regasificadora, pos nomás de que va a pasar los tubos del gas por ahí por la laguna, es todo lo que he oído de eso. Pos de que si se llegaran a reventar, pos de que nos va a tocar, un día que andemos pescando ahí nos vaya a tocar un flamazo es todo, quién sabe, vienen flameables esos líquidos que llevan los tubos esos…(El Paraíso, 22 años de edad, bachillerato).

Están metiendo creo [que] tubos por la laguna, nos afectaría… [que] tuviera una afectación, por el riesgo que implica […] Que haga una explosión, así como creo que es gas natural, no tiene olor, o sea, [sería] identificar cuando aiga una fuga o algo pos sí (El Paraíso, 23 años de edad, secundaria).

Éstos razonamientos muestran un panorama incierto y desinformado de lo que conlleva una construcción de tal magnitud. De acuerdo con Giddens (2007), la incertidumbre se presenta frente a la posibilidad de daños futuros provocados de manera externa, en este caso, que se le atribuye a la industria regional, por lo que hablamos de un peligro. Con lo anterior, no se pretende tomar una postura catastrofista, aunque sí reflexiva respecto a la realidad del riesgo que se puede generar con la industrialización. En palabras de Beck: “el proletariado de la sociedad mundial del riesgo vive bajo las chimeneas, junto a refinerías y las fábricas químicas en los centros industriales del Tercer Mundo” (1998:47). Pareciera que es un destino que no pueden evitar los pescadores:

Es como una bomba y pues qué más hacemos nosotros, qué más podemos hacer nosotros, qué más puedo hacer yo, nada más que aguantarnos (El Paraíso, 40 años, cuarto año de primaria).

Este punto es realmente alarmante, ya que, si bien no existe una imperceptibilidad del riesgo por parte de este pescador, sí se presenta una noción vaga del riesgo que implica esta industrialización.

La conciencia del riesgo tiene un significado antropológico: las amenazas de la civilización hacen surgir una especie de nuevo «reino de las sombras», comparable a los dioses y los demonios de la antigüedad, el cual se esconde detrás del mundo visible y pone en peligro la vida humana en esta tierra. Hoy ya no estamos en contacto con los «espíritus» que hay en las cosas, sino que estamos expuestos a «radiaciones», tragamos «toxinas» y nos vemos perseguidos hasta en sueño por el miedo del «holocausto atómico». En lugar de una interpretación antropológica de la naturaleza y del medio ambiente ha aparecido la conciencia moderna y civilizatoria del riesgo con su causalidad latente, no perceptible y sin embargo, presente por doquier (Beck, 1998:81).

De esta manera el riesgo laboral de la pesca se presenta en percepciones de los participantes, algunas no dejan de ser imaginarias, pero les ayudan a advertir peligros potenciales; aunque la “ceguera del riesgo” diría Beck, está presente en este tipo de casos. Esta modernización no depara seguridades incuestionables.

Para estos seres humanos, las complejas instalaciones de las fábricas químicas, con sus imponentes tubos y contenedores, son los símbolos del éxito. Frente a ello, queda invisible la amenaza de muerte que estas instalaciones contienen (Beck,1998:48).

Otro significado del riesgo vinculado al mar es el posible ataque de algún animal, como rayas o mantarrayas, tiburones y cocodrilos. Aquí aparece la experiencia de miedo, que se traduce como una emoción preventiva ante algún peligro latente:

De animales, así como rayas y eso, el piquete te mueres… (Armería, 12 años de edad, primaria).

[...] una vez sacó una raya mi hermano, aunque son muy peligrosas […] (Cuyutlán, 70 años, tercero de primaria).

Aunque en este último aspecto, el ser atacado por una mantarraya no signifique la muerte en sí misma, el joven pescador enfatiza el miedo como emoción.

También es conocida la presencia de tiburones en las costas de Armería, y resulta necesario recordar que el litoral colimense es una importante zona de producción de esta especie; por lo que se requiere tomar precauciones especiales, ya que estos animales pueden atacar al ser humano.

Como cuando aquí hace, está el agua fría, te da miedo porque hay tiburones, se arriman tiburones aquí... (El Paraíso, 12 años, primaria).9

La pesca de tiburones llega a formar parte del orgullo, sobre todo en la captura de cazones adultos.

De esta manera, “El miedo consiste en una perturbación emocional producida por la amenaza de un peligro inminente” (Gutiérrez, 1992:193), por lo que se requiere que los pescadores no pierdan el control, ya que esto puede desencadenar una tragedia. La valentía les ayuda a enfrentar los peligros y a tener control, a pesar del miedo, como menciona uno de los informantes:

Pues me decía mi mamá, valor y saber nadar (El Paraíso, 47 años, sin escolaridad).

Respecto del peligro ante la presencia de cocodrilos, los pescadores10 afirman que son un riesgo latente durante la jornada laboral:

Cada vez hay más y se acercan cada vez más a la orilla (El Paraíso, 25 años, secundaria).

Pasan los cabrones como si nada, pero animalones, como de cuatro metros… (Cuyutlán, 25 años, secundaria).

Era un cocodrilo que agarró la bolsa [...] sentía que me hacía la lancha así, que me la ladeaban así… (Armería, 73 años, sin estudios).

Se ha constatado también la presencia cercana de saurios en sus enramadas y en el estero local denominado Palo Verde, los cuales son principalmente de dos tipos: el Crocodylus Acutus y el Crocodrylus Moreletii, que los pobladores confunden comúnmente con caimanes, lo que se atribuye a los cambios sufridos por el crecimiento de sus poblaciones naturales, pero debido también al crecimiento urbano.

Se está volviendo peligroso pues, por los animales (El Paraíso, 12 años, primaria).

Ya son como más bravos los caimanes... (Armería, 18 años, estudiante de escuela técnica).

El peligro originado por pescar cuando cae la noche aumenta por la escasez de luz, porque los pescadores quedan expuestos a amenazas difícilmente controlables, como por ejemplo el ser embestidos por otra lancha, o ante la presencia de una tormenta nocturna que pudiera complicar la navegación y volcarlos. Tal como apunta el sociólogo Rogelio Luna con relación a los miedos frente a la noche: “La noche nos envuelve en una atmósfera que nos recuerda permanentemente nuestra invalidez como seres humanos, evidenciando nuestras limitaciones” (2005:147). Ante estas limitaciones, los pescadores necesitan “estar alertas” y emplear sus “cinco sentidos”, lo que les demanda mayor atención:

En veces que se tiene que salir en la noche, que no hay iluminación en la playa y te arriesgas a golpear otra lancha o que te caiga otra ola encima y sí tienen sus complicaciones (El Paraíso, 25 años, secundaria).

En este tiempo de lluvias tomamos medidas, ir a pescar sólo de día, porque de noche no porque nos puede agarrar un mal tiempo… (El Paraíso, 23 años, secundaria).

Históricamente, la noche ha sido parte de mitos, leyendas, cuentos y situaciones que forman parte de la imaginería universal. Según Rogelio Luna: “La noche también nos acerca a diversos miedos potenciales, pero también imaginarios, nos somete a la tiranía de diversas fuentes amenazantes, tantas como nuestra imaginación pueda crear: son miedos indiferenciados, puros y múltiples” (2005:147). Este tipo de temor ocasionado por la obscuridad no los inhabilita del todo para poder pescar, pero sí los limita en ocasiones física y/o psicológicamente. Al respecto, considero importante recordar que en la Europa medieval:

[...] la noche era considerada el dominio de todos los peligros: el reino del diablo, los demonios, las brujas y hombres lobo y las bestias monstruosas. También había miedo de los fenómenos naturales que se veían alterar el orden de las cosas, como de cometas, frío extraordinario, terremotos, inundaciones (Muchembled 1985; en Lupton, 2006:2).

En conexión con lo anterior, existe una leyenda originaria de la región occidental. En “El Gentil”, a un hombre de aspecto similar a Poseidón (grande, de cabello largo, alumbrado, lleno de fósforo y barbado); este personaje sale del mar durante las noches y atrapa a la gente de la costa sin que se vuelva a saber nada de ellos (Oseguera, 1972).

Los pescadores también tienen la creencia de “Las vueltas de Cuyutlán”, ojo del mar donde verbera el agua y se cree que le da vida al mar.

Historias en el imaginario acerca de piratas y tesoros, así como la presencia de las canoas fantasmas en la laguna de Cuyutlán. Además de la creencia en la suerte, abundan mitos y leyendas de un mundo fantástico que forma parte de las anécdotas, y que se originaron incluso desde la época colonial. Todo ello forma parte de un rico imaginario colectivo, digno de ser abordado en otro estudio.

En esta investigación se logra reconocer que “Las emociones pueden ser conceptualizadas como esquemas aprendidos, reinterpretados, negociados y funcionalizados o refuncionalizados a contextos socioculturales estructurados y estructurantes” (Luna, 2005:29). Estos esquemas son culturales, es decir, colectivos, pues ayudan a enfrentar los riesgos y a conocer los peligros que reflejan la emoción del miedo.

En este sentido, entiendo a la cultura en sintonía con la propuesta de Gilberto Giménez como la:

[...] organización social de significados interiorizados de modo relativamente estable por los sujetos en forma de esquemas [culturales] o de representaciones compartidas, y objetivados en formas simbólicas, todo ello en contextos históricos específicos y socialmente estructurados (2007:49).

De esta manera, la cultura de los pescadores está conformada por elementos del territorio, como también por la existencia de la cooperativa local a la que pertenecen. Además de los elementos culturales compartidos entre ellos, destacan las festividades, las amistades, los parentescos, los compadrazgos, los códigos culturales, una cultura técnica de trabajo, los mitos, historias y leyendas, así como el lenguaje común de donde fluyen los propios esquemas culturales prevalecientes que dan lugar a dicha cultura de pescadores de Armería.

Es en la propia interacción social del día a día donde se genera la cultura que produce el sentido de pertenencia a esta comunidad a partir de una endoculturación, de un capital cultural común, nutrido por socializaciones y en general, por relaciones sociales comunes que se transmiten de generación en generación.

Dentro de este esquema se presentaron las palabras clave: riesgo, peligro y miedo, que son las que más se repitieron en el discurso y ayudaron a comprender las metáforas y la estructura del esquema de riesgo-peligro. Éstas se complementan con los razonamientos para la reconstrucción del esquema cultural.

Si te da miedillo por los animales, sí porque una correntada así te mete pa’dentro, y te mete, te mete, y ya nomás te zambute, y de animales así como rayas y eso, el piquete te mueres, también […] también te da miedo a veces. Como cuando aquí hace, está el agua fría, te da miedo porque hay tiburones, se arriman tiburones aquí... (El Paraíso, 12 años, primaria).

En este caso la palabra “miedillo” es una modalización lingüística que presenta cierta minimización de asumir una emoción de manera total. Por otra parte, aunque con menor nivel de ocurrencia, se encuentra el siguiente razonamiento que da cuenta del peligro que también presenta el trabajar en la laguna de Cuyutlán.

Cambió mucho el agua [en la laguna], no había tanto cocodrilo así, luego estaba más honda, está muy bajita ya, y, antes no había tantos así, animales, así como las culebras y todo eso, de todos modos, se está volviendo peligroso pues, por los animales (El Paraíso, 12 años, primaria).

Con la reconstrucción del esquema cultural de riesgo-peligro existe la posibilidad de reconocer que la pesca se relaciona con el ámbito de los riesgos naturales ocasionados por fenómenos medioambientales, pero también de origen antropogénico, con lo que se demuestra su presencia en el discurso de los informantes y su relación con la categoría básica de la emoción del miedo.

Reflexiones finales

El esquema cultural de riesgo-peligro muestra que la pesca es una actividad peligrosa y ayuda a ubicar e interpretar la emoción del miedo en el discurso de los pescadores. Los riesgos asociados al trabajo de la pesca influyen en la presencia de dicha emoción. Los pescadores categorizan, desde la estructura social, el mundo físico y se adaptan a la probabilidad de presenciar situaciones de peligro en jornadas laborales inciertas. Sin embargo, realizan esta actividad porque les gusta, porque siguen una tradición o en algunos casos porque no hay otras opciones laborales.

El riesgo natural, por lo tanto, se presenta en consecuencia como un riesgo laboral, pero los pescadores se han adaptado por medio del conocimiento y las disposiciones de valentía o temor y actitudes de astucia frente al trabajo, lo que afianza sus identidades sociales. El vivir una experiencia de peligro es aceptar el riesgo ante la probabilidad o incertidumbre de su presencia, en ocasiones incluso como un placer o descarga de adrenalina.

Esta emoción se relaciona con fenómenos de la naturaleza o de origen antropogénico y su conciencia potencializa dicho esquema al hacerlos menos vulnerables, a pesar de las situaciones peligrosas. Este esquema es aprendido por medio de experiencias y cogniciones; más allá de la presencia de las manifestaciones neurofisiológicas del miedo, la presente propuesta va en sintonía con la postura de la sociología del miedo de Rogelio Luna (2005) y la antropología de las emociones con Anna María Fernández (2011).

El miedo, entonces, se interpreta en este trabajo como algo positivo de preservación vital al otorgar un sentido de seguridad/inseguridad ante daños físicos, es decir, que se localiza una fuerte presencia del Esquema Cultural de Riesgo y Peligro en los pescadores, tal como lo ha propuesto Niklas Luhmann (2010), y se demuestra empíricamente con los resultados aquí mostrados.

Este Esquema Cultural influye en que continúen trabajando en la pesca pese a la complejidad de situaciones que presenta el oficio. El Esquema Cultural les otorga a los pescadores el desarrollo de un sentido de supervivencia en el mar debido a que la pesca es una actividad riesgosa porque el mar es peligroso, lo que se une a la percepción de distintos tipos de riesgos.

Se demuestra entonces cómo los Esquemas Culturales son útiles para conocer las emociones de los pescadores; además de exhibir parte de la cosmovisión de esta comunidad de trabajadores del mar, centrada en las emociones que les proporcionan, el sentido de supervivencia y estilos de vida.

Por lo tanto, este Esquema Cultural ha ayudado a comprender ciertos mecanismos y condiciones de los pescadores artesanales, y es una de las ventanas principales de observación de su realidad, debido a que ponen por encima de otros referentes su mundo laboral y su situación ante el riesgo, pero valoran el conocimiento acerca de la presencia de peligros y actúan desde allí. Además, que les sirve para comprender la pesca, para razonar y compartir conocimientos, creencias y actitudes colectivas de acuerdo con la propuesta teórica de Mary Douglas (1996).

Vemos entonces, de acuerdo con Gordon (2010), una cultura emocional de socialización particular, tanto racional como irracional y emocional. Los Esquemas Culturales permiten dar sentido a la pesca, aunque esto presente riesgos y peligros. Así, la emoción para la perspectiva construccionista podría definirse como la consciencia de la experiencia. Es decir, una experiencia emocional del miedo encontrada a partir de distintas expresiones metafóricas sobre dicha emoción.

La emoción del miedo responderá entonces a determinadas causas, como se pudo observar en los grupos metafóricos que muestran que EL MAR ES PELIGROSO; LA PESCA ES UNA ACTIVIDAD RIESGOSA e incluso que EL MAR ES UN SER HUMANO, al momento de otorgarle atributos con capacidades humanas, como ya lo había encontrado González (2013) en el caso del Volcán de Fuego de Colima. Lo anterior, aunado a palabras clave como: Riesgo, Peligro y Miedo; y a razonamientos que ejemplifican las metaforizaciones construidas por medio del lenguaje figurado Palmer (2000), donde se une lenguaje, cultura e imaginario.

De esta manera, a partir del análisis cultural del discurso Quinn (2005) se pudo reconstruir dicho Esquema Cultural, lo cual ayudó a ubicar ciertos significados culturales relacionados con el peligro y el riesgo que implica el dedicarse a la pesca artesanal, como por ejemplo: el generado por el mar; el causado por la presencia de tormentas y huracanes; los asociados al desconocimiento marítimo y al hecho de no saber nadar; el antropogénico, asociado a la industrialización de la región; el relacionado con la presencia de algunas especies de animales: cocodrilos, rayas (mantarrayas), tiburones, culebras, entre otros, y el originado por la noche.

Estrategia metodológica que además ayudó a ubicar emociones, como en el caso de la categoría básica del miedo en la comunidad de pescadores.

Finalmente, este esquema cultural les ha servido para controlar sus miedos, superarlos psicológicamente y habituarse a este trabajo colectivo en un sentido de supervivencia humana.

Material suplementario
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Notas
Notas
1. A partir de la ponencia denominada “Enfrentando peligros y experimentando emociones. El esquema de riesgo y peligro en pescadores de Armería, Colima, México”, presentada en el XXX Congreso Latinoamericano de Sociología ALAS (2015), se retoma este trabajo y se amplía como artículo de manera especial para la revista Estudios sobre las Culturas Contemporáneas.
2. Fernández, A. (2014). Jóvenes de arena. Construcción identitaria de jóvenes pescadores ante los cambios laborales, socioculturales y medioambientales de su entorno. Tesis de Doctorado en Ciencia Sociales, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Universidad de Colima, enero de 2014.
3. Agradezco a la Dra. Gabriela del Carmen González por mostrarme la importancia que toma el lenguaje en el análisis social y los esquemas culturales en grupos sociales.
4. Durante el siglo XX, se registraron 10 tsunamis de gran intensidad en México, uno de ellos fue el ocurrido el 22 de junio de 1932, que algunos denominaron maremoto; devastó la población de Cuyutlán, Armería. “La ola de 10 metros de altura destruyó 400 casas y provocó la muerte de 75 personas y heridas en 100 más”. Veamos la nota de Excélsior: “Las aguas del mar se recogieron en forma violenta, hasta formar la apariencia de un muro monumental, no con el aspecto de una ola, sino de un frente vertical. Esta avalancha se retiró de 300 a 400 metros mar adentro y de pronto avanzó con violencia inusitada en dirección del pueblo. La dantesca avalancha avanzó destrozando y arrasando cuanto hallaba a su paso, derribando hoteles, casas, muros, bodegas, palmas”, de acuerdo con el periódico Excélsior, del 22 de junio de 1932 (El Universal, 24 de julio de 2005).
5. De acuerdo con la Coordinación General de Prevención de Desastres adscrita a la Coordinación General de protección Civil, de la Secretaría de Gobernación se define un ciclón como: “una concentración anormal de nubes que gira en torno a un centro de baja presión atmosférica, cuyos vientos convergentes rotan en sentido contrario a las manecillas del reloj a grandes velocidades. Sus daños principales son por descarga de lluvia, viento, oleaje y marea de tormenta. Se clasifican de tres modos de acuerdo con la fuerza de sus vientos: Depresión Tropical, Tormenta Tropical y Huracán, el cual tiene cinco categorías.”, en: Desastres. Guía de Protección Guía de Prevención. Secretaría de Gobernación. [En Red]. Disponible en:http://dcb.fi-c.unam.mx/Emergencias/Guia.pdf
6. Se refiere al saber trabajar con atarraya: arte de pesca que consiste en una red de forma circular o cónica, que la opera una sola persona, sea desde una embarcación o desde tierra; su tamaño y peso varía de acuerdo a la habilidad y necesidad del pescador.
7. Los cantiles son grandes escalones que forman el terreno en la costa o en el fondo del mar, también se refiere a los bordes de un despeñadero (precipicio o lugar escarpado), terreno abrupto o accidentado.
8. Además, se registra un caso extraordinario, en el cual tres pescadores de nombre Salvador Ordoñez, Jesús Vidana y Lucio Rendón, originarios de San Blas, Nayarit, sobrevivieron durante nueve meses y fueron rescatados cerca de las islas Marshall, al noroeste de Australia, comiendo gaviotas crudas, patos y peces, y bebiendo agua de lluvia (BBCMUNDO.com, 16 de agosto de 2006).
9. En el Archipiélago de las Islas Revillagigedo, por ejemplo, dos pescadores fueron atacados y mordidos por tiburones en distintos momentos mientras realizaban sus actividades de pesca (El Universal, 4 de febrero de 2011).
10. Por ejemplo, se presenta el caso de Pedro Alencastro Figueroa, de 38 años de edad y originario de la comunidad de Coalatilla, Armería, quien sufrió graves heridas en el brazo, tórax y otras partes del cuerpo al ser atacado por un cocodrilo cuando pescaba en la zona que se conoce como la Compuerta, ubicada dentro de la laguna de Cuyutlán (El Comentario, 17 de mayo de 2012).
Notas de autor
* Amaury Fernández Reyes. Mexicano. Licenciado en Sociología y Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Colima. Se desempeña como Profesor-Investigador de Tiempo Completo adscrito a la Facultad de Letras y Comunicación de la Universidad de Colima. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores. Entre sus publicaciones destacan: Los esquemas culturales: una propuesta teórico metodológica para el estudio de la identidad en jóvenes pescadores de Armería, Colima (2015). Es coordinador de los libros: Disertaciones. Aproximaciones al conocimiento de la juventud (2006) con Miguel Vizcarra y Ciencias Sociales y Humanidades. Aproximaciones hermenéuticas (2016) con Gloria Vergara y su libro más reciente: Identidades creativas frente al volcán de fuego. Jóvenes y trabajo creativo en Colima, México. Su línea de investigación es: Estudios sobre las Culturas Contemporáneas, y su interés académico versa sobre temáticas relacionadas con Jóvenes e identidades; Comunicación y vida cotidiana; Tendencias, impactos y perspectivas del trabajo en jóvenes y culturas juveniles. Correo electrónico: amaury_fernandez@ucol.mx
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