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Recepción: 20 Abril 2020
Aprobación: 12 Abril 2021
Resumen: A pesar de las enormes problemáticas globales vinculadas no solo al ámbito ecológico, sino también a las dimensiones ambiental, política, económica, social y cultural, la humanidad sigue considerando que el discurso de lasustentabilidad guarda una estrecha y única relación con la naturaleza. No es así. Este texto se propone hacer una reflexión más profunda en torno al contexto histórico, los intereses y las relaciones de poder que se derivan al considerar a la sustentabilidad como un modelo alternativo de desarrollo. Porque, más que un discurso neutral, la sustentabilidad debe aterrizarse siempre en un contexto histórico y espacial específico, que le permita adaptarse y, entonces, quizá volverse más operativo y funcional. La hipótesis central coloca a los medios de comunicación como interlocutores simplistas y, en ocasiones, parciales; definitivamente no neutrales, de dicho discurso, lo que impide al individuo comprender la dinámica compleja del planeta y las posibles soluciones a los problemas actuales. Porque, no sólo es el hecho de que los medios de comunicación definen qué es la sustentabilidad, sino, además, reflexionar en torno a cómo y para qué lo hacen.
Palabras clave: Sustentabilidad, Discurso, Medios de comunicación.
Abstract: Despite the enormous global problems linked not only to the ecological sphere, but also to the environmental, political, economic, social and cultural dimensions, humanity continues to consider that the discourse of sustainability has a close and unique relationship with nature. It is not like this. This text aims to make a deeper reflection on the historical context, interests and power relations that derive from considering sustainability as an alternative development model. Because, more than a neutral discourse, sustainability must always land in a specific historical and spatial context, which allows it to adapt and, then, perhaps become more operational and functional. The central hypothesis places the media as simplistic and, at times, partial interlocutors; definitely not neutral, of said discourse, which prevents the individual from understanding the complex dynamics of the planet and the possible solutions to current problems. Because, it is not only the fact that the media define what sustainability is, but also reflect on how and why they do it.
Keywords: Sustentaibility, Discourse, Mass Media.
Dedicación especial para el
Dr. José Luis de Santiago Sánchez.
In Memoriam
A inicios del siglo XXI el “desarrollo sustentable” está más que escuchado en todo el mundo. Es usado tanto por empresas, universidades, gobiernos y también por amas de casa al ir de compras; sin embargo, en el ámbito académico-científico, este discurso ha recibido innumerables críticas no solo porque en la práctica no ha podido superar sus contradicciones y antagonismos, sino porque todavía no llega a su fin. Desafortunadamente, la problemática ambiental, social y económica siguen presentando indicadores de desarrollo muy alejados de las aspiraciones de este discurso(Véase: PNUD, 2021).
Por eso me interesa sabe: ¿cuál es la problemática que existe en las relaciones sociales de quienes viven o desean vivir la sustentabilidad, pero no han podido crear un balance en su relación con el entorno natural del que son completamente dependientes?
Pretendo analizar la sustentabilidad como un discurso político producto de su contexto histórico, de intereses y relaciones de poder, pero, más que una guía o manual de uso práctico, me parece que la sustentabilidad debe ser planteada en función de un contexto específico que le permita tomar forma, moldearse, ajustarse y entonces, quizá, volverse operativo y funcional.
La hipótesis de la que parto es que, en esta perspectiva, hay un intermediario que presenta un rostro simplista y reduccionista de la sustentabilidad: los medios de comunicación muestran una visión parcial a sus auditorios, que impide comprender la compleja dinámica biológica del planeta y localizar las causas y consecuencias de los problemas más graves que han impactado a las comunidades humanas.
Este texto se divide en tres apartados, en el primero analizo el contexto histórico destacando aspectos que, desde mi análisis, han generado coyunturas o pautas culturales que han desencadenado algunos de los problemas a los que nos enfrentamos ahora como sociedad. En el segundo apartado abordo algunas características generales de la complejidad, que me permitirán mostrar que no sólo la dinámica biológica del planeta, sino también el individuo y la sociedad, son difíciles de analizar con una visión simplista o reduccionista y que esta miopía repercute en la recepción del discurso a largo plazo; finalmente, en la tercera parte, me enfoco en dos perspectivas en torno a la mediación sobre el discurso, estas son los medios de comunicación y el discurso académico en torno a la sustentabilidad. pues no sólo es el hecho de que estos lo definen, sino cómo y para qué lo hacen.
Los enfoques que me ayudan metodológicamente están orientados por la hermenéutica y la fenomenología, retomados también por los estudios culturales (EC) y el análisis crítico del discurso (ACD). En ese sentido, para Turner (1990), los EC son un campo interdisciplinario donde convergen diferentes intereses y métodos. “La utilidad de esta concurrencia nos permite entender fenómenos y relaciones que, con las otras disciplinas existentes no era posible” (Ibidem:3). El enfoque de los EC conlleva además un concepto de cultura más amplio, antropológico y, a la vez, restringido y humanista (Ibid.). Postulados que coinciden con las ciencias de la sustentabilidad, pues ostentan un enfoque multidisciplinario para entender la complejidad.
Para el ACD, un discurso tiene vastas formas de interpretarse. Están los discursos filosóficos, científicos, políticos, culturales, religiosos, estéticos, literarios, poéticos, cinematográficos, cotidianos, periodísticos, entre muchos otros. Para Salgado, “este concepto incluye no sólo palabras, sino todo aquello con lo cual podemos construir sentido: imágenes, fijas o en movimiento, gestos, miradas y, en forma amplia, cualquier acción encaminada a decir algo a alguien.” (5). Todos los acontecimientos diarios, cotidianos o coyunturales se desarrollan invariablemente en un marco de circunstancias, actores y acciones que determinan que un hecho suceda tal y como lo hace. Eso es un discurso.
Realizo mi análisis a partir de un corpus obtenido con dos tipos de materiales especializados:
a) En torno a complejidad, modernidad y discurso para analizar elcampo cultural, sus características y condiciones discursivas; y
b) Sobre comunicar la sustentabilidad, por recomendación de losestudios culturales en torno a la recepción del discurso.
El análisis del corpus no se realiza de manera lineal, sino a través de diversos factores que permitan integrar los resultados con un fin descriptivo y comprensivo, más que explicativo de la realidad.
No pretendo hacer un recuento de las catástrofes ambientales que, entre otras cosas, detonaron el surgimiento de este modelo de desarrollo en 1987, sino reflexionar que, de acuerdo con el consenso internacional en torno a tales catástrofes, la crisis de los paradigmas de desarrollo de hoy día, suponen que ésta se refiere al agotamiento de un estilo de vida ambientalmente depredador, socialmente injusto, políticamente perverso, culturalmente homogeneizado y éticamente manipulado. De ahí que, más que describir las consecuencias de la falta de comprensión social sobre la dinámica biológica del planeta, me enfocaré en analizar las causas que han detonado que ahora mismo nuestra especie encuentre riesgosa la consecución de su forma de vida. En todo caso, estoy de acuerdo con Guimarães, cuando menciona que “lo que está en juego es la superación de los paradigmas de la modernidad que han estado definiendo la orientación del proceso de desarrollo” (citado en Elizalde, 2003;3).
Percibo la discusión sobre la sustentabilidad como resultado de procesos comunicativos derivados de la importancia de los problemas socioambientales reconocidos desde la década de 1970. Sin embargo, las múltiples quejas con relación al compromiso social en estos temas derivan en que hace falta difundir más esta problemática. Al respecto, Niklas Luhmann (1986), sostuvo que “se pueden morir peces u hombres, el baño en mares y ríos puede producir enfermedades, puede que no haya más petróleo en las bencineras y que la temperatura promedio pueda bajar o subir, pero si esto no es comunicado, no tiene ningún efecto social”(Luhmann 1986:63). El discurso de la sustentabilidad tiene, en su vertiente más popular, esta finalidad.
Es necesario superar los paradigmas de la modernidad (individualismo racionalidad y felicidad, otros), porque han venido definiendo hacia dónde nos estamos orientando como civilización y como especie y, de acuerdo con la realidad evaluada desde las ciencias sociales, culturales, políticas y, sobre todo, naturales (tal vez otras más), nuestra evolución como especie en este planeta no incluirá los principales beneficiosbiológicos que hemos dispuesto hasta hoy, tales como respirar aire y tomar agua suficiente y de calidad.
Estudios culturalesy sustentabilidad
Identifiqué los Estudios Culturales (EC en adelante), debido a que su análisis emergió en la misma época del discurso de la sustentabilidad y además lo hizo acompañado del pronunciamiento de los movimientos sociales revolucionarios de los años 70. Aunque fue hasta una década después cuando los EC se afirmaron como propuesta para comprender el papel de los medios, la cultura popular y su relación con el proceso de constitución de identidades, las fuerzas de globalización y desterritorialización.
Para Durham y Kellner (2001), la mirada de los EC está marcada por su origen en Gran Bretaña de mediados de los años 50 del siglo XX. Surgieron como producto de rebeliones sociales y políticas durante la década de 1960. En América Latina, era distinto. Dos décadas después, la cultura era considerada puramente ideología, ello generó un fenómeno de reproducción ideológica de la cultura hegemónica, transmitida a través de los medios de comunicación como principales exponentes.
Martín-Barbero (1995:149, citado en Escosteguy, 2002) argumenta que, en esas épocas, en América Latina, estudiar procesos de comunicación era estudiar procesos de reproducción, porque era difícil identificar expresiones culturales propias que no estuvieran influenciadas por las que llegaban del exterior a través de los medios de comunicación. Esta influencia de la globalización me permite comprender el papel que tenían los medios de comunicación y la cultura popular en la construcción y homogeneización de identidades, al fomentar la reproducción de la ideología dominante (entonces y ahora) en la que el mercado es el centro de la discusión y decisiones.
Para Bauman (1999:2-3, citado en Thomas, 2012:50), con la globalización es inevitable el binomio incluidos/excluidos. Este autor alemán introdujo la idea de ricos globalizados/pobres localizados y une a ello la fragmentación del espacio público, la disgregación de la comunidad urbana, la separación y extraterritorialidad de la nueva élite respecto de la territorialidad forzada del resto. De ahí que, la reproducción que hacen los medios de una cultura en particular, no expresa todas sus posibilidades, por lo que más que comunicar estamos hablando de manipular.
Para este filósofo de la posmodernidad (1999:15, citado en Fernández, 2007:3), la globalización promueve un nuevo reparto de privilegios junto a una ausencia de derechos, de posibilidades de triunfo e impotencia, falta de expectativas, de poder y de libertad para los que menos tienen. Y, considerando que el discurso de la sustentabilidad mantiene desde sus orígenes la aspiración de reivindicar la justicia social, es importante la visión de los EC para mantener el foco en esa realidad.
García-Canclini (Idem:7), señala que otro de los intereses de los EC es estudiar la crisis sociocultural de la modernidad y sus varias manifestaciones. Una de ellas es el ritmo de crecimiento y las contradicciones económicas que sobrepasan la capacidad de las grandes ciudades para hacerles frente. Esto tiene amplia relación con los postulados de la sustentabilidad, pues resalta la necesidad de reflexionar el impacto que tiene este modelo por considerarlo depredador e injusto social, económica y ambientalmente depredador.
Uno de los principales objetivos de los EC es “comprender la especificación que se debía hacer de la cultura (producción social del sentido y la conciencia) en sí misma y con relación a la economía (la producción) y la política (las relaciones sociales)” (Wolf:121), relaciones que, sin duda, tienen un fuerte vínculo con las causas que detonaron la sustentabilidad, por lo que este enfoque me permite también definir el estudio de la cultura desde un terreno conceptualmente más complejo.
Tanto los EC como el discurso de la sustentabilidad, se preguntan en torno a las desigualdades y prácticas culturales, pero los primeros se enfocan más en las relaciones sociales y sus expresiones culturales, mientras que el segundo se orienta por la relación del ser humano con su entorno natural.
Para fines de análisis de este texto, concibo a la cultura como “el conjunto de las formas de la actividad humana que se manifiestan en el interior de todas las actividades sociales y en sus recíprocas relaciones” (Grandi, 1995:95). Lo cual me permite ver a la sociedad como una red de antagonismos donde los medios de comunicación (entre otros actores), ejercen una especie de control ideológico. En todo esto, los productos simbólicos relacionados con la sustentabilidad son percibidos como un “campo de batalla” donde los diferentes grupos sociales disputan la hegemonía sobre sus significados.
Para Stuart Hall (2006), los EC son “discursos múltiples, historias numerosas y diferentes, un conjunto amplio de opciones, varios tipos de actividades, personas que tenían y tienen distintas trayectorias, un gran número de metodologías y de posiciones teóricas diferentes” (94); esto me permite analizar el discurso desde la complejidad, con la diversidad de sus orígenes, causas o consecuencias, así como identificar actores que impactan directa o indirectamente en los mensajes y en la recepción del discurso.
Para mí, la cultura no es sólo la práctica o suma descriptiva de hábitos o costumbres sociales, sino que está vinculada a todas las prácticas sociales y a su vez, como la suma de sus interrelaciones. Hall la define también como “el estudio de las relaciones entre elementos en una forma total de vida” (2006:63). Por ello, la cultura es también un buen ejemplo de sistema complejo, pues el todo resulta ser más que la suma de sus partes.
Definiciones, discursosy modelos de sustentabilidad
Por el rompimiento de fondo que pretende ante el modelo de sociedad capitalista consumista y depredador que domina en el lado occidental del mundo, el discurso de la sustentabilidad es considerado un nuevo paradigma. Su significado ha sido objeto de controversias intensas y prolongadas y ha suscitado profundas divergencias o bien grandes coincidencias. Sin embargo, a pesar de haberse suscrito formalmente en la Declaración de Cocoyoc, México en 1974, el concepto fue vetado por representantes del gobierno norteamericano quedando excluido de la Declaración Oficial por resultar un concepto provocador1(Naredo, 1996:3). Años más tarde, en 1987, el concepto aceptado fue conocido como Desarrollo Sustentable.
En México, cuando se habla de sustentabilidad la pregunta recurrente no es solo qué significa, sino cuál es la diferencia hay entre sustentable y sostenible o bien, qué diferencia este concepto de su discurso. Al respecto, hay variantes interesantes que mencionar. Por un lado, el Informe Nuestro Futuro Común (1987), promovido por la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y Desarrollo, propone una definición concluyente pero inacabada: “el desarrollo sustentable es la satisfacción de las necesidades de las generaciones presentes, sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer sus propias necesidades”. Pero ¿acaso se ha vuelto este concepto sólo parte de un discurso retórico o tiene realmente un arraigo social? ¿Qué sentido tiene hablar de sustentabilidad hoy en día?
Hace algunos años, este era un concepto comparable con otros que también fueron polémicos, tales como la democracia. En la década de 1970, el concepto Ecodesarrollo le llevaba cierta ventaja al, todavía no naciente, desarrollo sustentable, el cual fue formulado por primera vez por Maurice Strong en junio de 1973 como parte del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
Aunque el concepto pueda ser considerado ambiguo, su evolución histórica ha llegado a sugerir cambios de fondo y algunas preguntas interesantes, por ejemplo: ¿Cuáles serán las necesidades de las futuras generaciones? ¿Cuáles son las necesidades de ahora que debemos seguir satisfaciendo y aquellas que le imponen un límite al espacio físico en que vivimos? ¿Quiénes se hacen responsables de los criterios para satisfacer nuestras necesidades? ¿Desde cuándo nos comprometeremos con las generaciones futuras?
Riechman (1995) arguye que la sustentabilidad es un concepto que debe incluir en sus procedimientos aspectos sociopolíticos y económicos que permitan satisfacer las necesidades y aspiraciones humanas, distinguiendo dos tipos de condiciones: por un lado, ecológicas, porque existen límites en nuestro planeta; pero, además, una condición moral, porque entre sus fines están no perjudicar a las generaciones futuras. Sin embargo, para todo eso se requiere que quienes suscriban este paradigma, tengan las mismas condiciones socioeconómicas y una consciencia marcada por el uso racional y responsable de los recursos naturales, aspectos que no se discuten en el concepto oficial, pero recordemos que todo discurso y toda cultura evoluciona.
El escenario donde la palabra discurso resulta con mayor movimiento es en el ámbito político. En él un discurso se expresa verbalmente por una persona con poder cuyas acciones tienen relación con la política y la sociedad. Sin embargo, el concepto discurso va más allá de la política, es un concepto polisémico. Para Eva Salgado, un discurso representa al lenguaje puesto en acción. Con él
las personas y los grupos interactúan entre sí, valoran, construyen, perciben, se representan o preservan la realidad y las experiencias colectivas; construyen identidades o establecen relaciones de poder (2019:14).
Portelli (2004, citado en Cuevas, s/f), dice que siempre nos preguntamos en torno a discursos: qué ha ocurrido, cómo ha ocurrido o qué se discute, etc., sin embargo, estas preguntas no son suficientes para analizar y comprender un discurso. ¿Qué hace falta? Teun van Dijk (2001:70-72), fundador del Análisis Crítico del Discurso, argumenta que para comprender un discurso es necesario tener un intermediario que nos permita entender dos cosas:
• Cómo piensa la persona con la que nos comunicamos(su estructura de pensamiento y valores); y,
• Cómo representa lo que piensa, lo que sucede.
Más allá de lo que nosotros pensamos, debemos preguntarnos cómo lo piensan y comunican los demás, cuáles son las relaciones sociales que enmarcan la realidad y sus discursos. Aunque para Jäger,
no es el individuo quien hace el discurso. El discurso es supraindividual. Pese a que todo el mundo aporta su grano de arena a la producción del “tejido” discursivo, ningún individuo, ni ningún grupo específico determina el discurso o se ha propuesto lograr exactamente aquello que acaba convirtiéndose en el resultado final(Jäger, 2008:67, citado en: Salgado, 2019:16-17).
También Bolívar (2007: 22) abona en ese sentido, diciendo que el discurso,
es interacción social, porque los significados se crean, se retan, se transforman, mueren y renacen en sociedad y no en compartimientos aislados fuera de contexto […]. Segundo, el discurso es cognición porque las personas construyen su conocimiento del mundo y adaptan sus representaciones a los contextos en los que viven […]. Tercero, el discurso es historia porque para interpretar los significados del presente es necesario conocer la dinámica en que se crearon […] Cuarto, y sobre todo, el discurso es diálogo porque para que existan las interacciones se necesita un yo, un tú, un nosotros, y un otros.
Egüez (2003: 155) considera un discurso como “la práctica a través de la cual una ideología puede ser transmitida”. A través del lenguaje y la comunicación, la ideología se manifiesta explícitamente. La ideología también puede ser discurso, mientras que el lenguaje y la comunicación son los medios que toma esta para renacer. En este sentido es que los EC y el ACD coinciden.
Para Fairclough (1995:54-56), el discurso es “el uso del lenguaje como una forma particular de la práctica social.” Por lo que la sustentabilidad tiene sus propios discursos que oscilan entre acontecimientos coyunturales, fenómenos ambientales globales/locales y movimientos sociales que le dan forma y lo mantienen vivo, aunque no deja de ser cuestionado, ya que,
los grupos dominantes ya no mantienen su posición por la fuerza, ni aún con amenazas […] sino por complejos sistemas de discurso e ideologías que hacen que (la mayoría de los miembros de) los grupos dominados crean o acepten que la dominación está justificada (como en los sistemas democráticos), es natural (como en la dominación de género y raza) o es inevitable (como en los fundamentos socioeconómicos y la ‘lógica’ del mercado (van Dijk,1998:211-212, citado en: Egüez, 2003:156).
Analizar la sustentabilidad como un discurso me permite analizar las estructuras y variables que lo conforman, el momento histórico que lo acompaña y los vacíos que saltan a la vista al profundizar en sus acciones discursivas, así como las expresiones culturales que lo proyectan. Sin embargo, para Johnstone (2002, citada en Soage, 2006: 4), analizar un discurso es necesario cumplir ciertos criterios, a saber:
La noción de que un discurso es determinado por el mundo, y éste a su vez, determina el mundo; es determinado por la lengua, y éste determina la lengua; es determinado por los participantes, y éste determina también a los participantes; es determinado por el discurso previo, y éste determina a su vez las posibilidades del discurso futuro; es determinado por su medio, y el discurso determina las también las posibilidades de su medio; es determinado por el propósito, y éste determina futuros propósitos.
Por eso un discurso impacta directamente en el contexto y a su vez es influenciado por él en un ciclo iterativo, utilizando una interpretación para reinterpretar un determinado discurso. El mundo, la lengua2, los participantes, los discursos previos, el medio y el propósito construyen todo un proceso de análisis discursivo. De ahí que yo entiendo al discurso como la práctica o el uso del lenguaje (individual o colectivo), para crear estructuras ideológicas, es decir, cultura.
Por su parte, fue en el año 1983 cuando la Organización de las Naciones Unidas convocó a la creación de la Comisión Mundial de Ambiente y Desarrollo (WCED, por sus siglas en inglés), y Gro Harlem Brundtland, entonces primera ministra de Noruega, presidió la comisión. Como resultado de sus estudios se emitió el primer informe en el que se identificaban por primera vez la necesidad de evaluar las acciones o iniciativas de todos los gobiernos desde tres enfoques: económico, social y ambiental. El producto más importante de esta Comisión fue el Informe conocido como Nuestro Futuro Común, que enuncia por primera vez la definición oficial más reconocida a nivel mundial del Sustainable Development (con traducción de la ONU).3
El desarrollo sostenible es el desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas. (Informe Brundtland, 1987).
Una vez aterrizado el concepto, el discurso echó a andar. Sin embargo, el Informe Brundtland, como se le conoció, no hizo mención alguna a la operatividad de este concepto, ni a los elementos que lo integraban, ni tampoco a cómo podría evaluarse su avance, por lo que el discurso aprendió a caminar sin un andamiaje que lo sustentara.
Hoy día la sustentabilidad sigue siendo un concepto discutible, pero ha podido lograr un consenso global. La definición oficial ha mantenido hasta hoy una idea central: ayudar a que los países con una economía en desarrollo puedan llegar a ser desarrollados, aunque esto tiene sus implicaciones. Para Harris (2002:3), esta discusión se da, en la mayoría de los casos, al margen de los países en desarrollo, y la historia se repite, los del norte versus los del sur; los subdesarrollados versus los desarrollados; los sustentables versus los no sustentables. Y al final, la evaluación sobre los avances se genera solo con un lado del problema, el de los países desarrollados.
Vamos a profundizar un poco en el sentido que se le da ahora a un proceso sostenible. Por un lado, una definición aceptada desde la biología o ecología es que un “proceso sostenible ha desarrollado la capacidad para producir indefinidamente a un ritmo en el cual no agota los recursos que utiliza y que necesita para funcionar y no produce más contaminantes de los que puede absorber su entorno” (Calvente, 2007). Una palabra clave en esta definición es el concepto de ritmo, pues representa un indicador clave para notar el aumento cuantitativo de sus componentes, es decir, qué capacidad puede tener este sistema para producir indefinidamente y seguir funcionando. Este fenómeno se conoce como crecimiento exponencial y es una de las mayores discusiones en el ámbito de la sustentabilidad, pues, en términos de población, este tipo de crecimiento es el que ha generado la preocupación por la limitante que tiene el planeta para producir suficiente y de calidad para todos. Calvante (2007), retoma este argumento diciendo que, cuando las condiciones ambientales son óptimas e ideales (baja resistencia ambiental), el crecimiento de las poblaciones tenderá a ser exponencial.
Este tipo de crecimiento tiene la característica de duplicarse en intervalos de tiempo regulares, llegando a un punto donde el proceso no puede crecer más. Este momento se debe a que agotó todos los recursos que necesita para seguir creciendo, y por ende tiene una caída abrupta o desplome.
A este tipo de fenómeno se le considera insostenible. Su preocupación radica en que, a pesar de saber cuál será el resultado, no es posible prever cuándo ocurrirá y cuáles serán sus efectos, así como sus consecuencias directas e indirectas.
Otro de los componentes del concepto sustentabilidad es el que se refiere a la capacidad de carga, considerada como “la actividad máxima que puede mantener un sistema sin degradarse en el largo plazo” (Calvante, 2017:12). Al respecto, Suiza, el país más sustentable del mundo, define la sustentabilidad de una forma más holística como: “Un nuevo marco universal que se esfuerza por promover la prosperidad humana y el desarrollo económico sostenible y proteger el medio ambiente tanto en el país como en todo el mundo”4 (Staudenmann, E. y Schmassmann, J.Ñ2005).
A pesar de las muchas contradicciones que pudiera tener la sustentabilidad, sigue persistiendo la búsqueda por un equilibrio entre la sociedad, el medio ambiente y la economía como la base del concepto original. Sin embargo, es necesario también hablar de los cómos. Es decir, la sustentabilidad deberá avanzar hacia una relación equilibrada entre estas dimensiones, considerando lo que cada sociedad requiere para su bienestar, es decir, buscará cómo satisfacer sus necesidades.
Una forma de ejemplificar lo anterior es por medio de modelos de sustentabilidad que muestran la forma en que se visualiza el establecimiento de este llamado equilibro. Los modelos, dice Hacking (1983), son representaciones gráficas o visuales de ciertos fenómenos, sistemas o procesos para ayudarnos a describir, explicar o simular la realidad que nos interesa. Un modelo es una construcción imaginaria de un objeto o proceso que parte de una teoría, ley o hipótesis.
El siguiente modelo para visualizar la sustentabilidad y sus aspiraciones proviene del sector institucional, el Informe Brundtland (1987), y propone condicionantes del desarrollo sustentable basadas en determinados sistemas, pero no distingue una prioridad en ellas. Este es el único modelo que da valor a temas como la tecnología, la administración, el sector productivo y el factor internacional.

Organismos internacionales oficiales como el PNUMA y la ONU, ostentan un modelo mucho más complejo de la sustentabilidad para promover la campaña de los 17 objetivos del desarrollo sostenible, los cuales se representan con el siguiente modelo:

El sector empresarial también ha desarrollado sus propios modelos. El siguiente es de CEMEX, empresa multinacional mexicana dedicada a la industria de la construcción, ofrece productos y servicio a clientes y comunidades en más de 50 países en el mundo (CEMEX, 2021). En este modelo no se distinguen dimensiones de sustentabilidad, sino componentes que caracterizan su visión con relación al futuro de la empresa.

El gobierno mexicano tiene también su propio esquema para comprender la sustentabilidad. En él quedan explícitas sus prioridades con relación a los 17 objetivos del desarrollo sostenible (ODS). Este modelo se expresa de la siguiente forma.

No obstante, el sector que más modelos ha planteado para operar o ejemplificar este discurso ha sido el académico. Raskin (et al., 2005:39), plantea un análisis de escenarios globales con una perspectiva histórica. En este modelo se destacan las tres dimensiones, pero, además, cada una de ellas tiene también atributos que presentan el concepto con más detalle y profundizan en sus aspiraciones.

Es importante conocer la forma en que se visualiza el modelo de sustentabilidad, pero es más importante aún comprender que estos esquemas no son estáticos o inertes, sino que forman parte y son consecuencia de otros sistemas complejos que interactúan entre sí y afectan o se ven afectados por ellos. ¿Qué es lo que define que el concepto, su definición, los modelos o el discurso sean definidos como complejos? Los problemas que intentan comprender o resolver.
La siguiente Figura, elaborada por Nieto Caraveo (2007), refleja la complejidad y flexibilidad con que transitan en el discurso científico los atributos entre cada una de las dimensiones de la sustentabilidad, así como su traslape, lo que facilita comprender de forma básica algunos de sus conflictos.

Para los teóricos y académicos de la sustentabilidad el discurso debe reflejar aspiraciones no sólo ambientales, sino también sociales, políticas, económicas y culturales en un corto, mediano y largo plazo, con ciertas condiciones, tales como las siguientes dimensiones:
• Política, que reflexione sobre los conceptos relativos a políticas públicas horizontales, gobiernos democráticos, participación ciudadana y gobernanza.
• Social, con aspectos relativos a la justicia social, equidad, transparencia y acceso a la información.
• Ambiental, que se enfoque a la conservación de los sistemasecológicos, así como a su manejo y restauración.
• Económica, que comprenda conceptos como la valorización o monetización de los recursos, la economía solidaria, el comercio justo, una distribución justa de la riqueza; y
• Cultural, que analice los impactos del mundo global/local en las formas de expresión y costumbres locales, la diversidad cultural, los diferentes tipos de conocimiento, entre otras variables.
En México existen más de 500 conflictos ambientales provocados por la proliferación de megaproyectos relacionados con la minería, la producción de hidrocarburos, el gas y el fracking, los cuales han generado desequilibrios locales y regionales (Animal Político, 2019). Detener la deforestación, impulsar el manejo forestal comunitario, hacer frente al cambio climático, cambiar el rumbo energético, conservación de la biodiversidad en comunión con el bienestar de las poblaciones, analizar las concesiones de minería y fracking y fomentar una mayor conciencia ambiental, son algunos de los retos de este complejo discurso.
La perspectiva de la historia
Imposible fijar un punto en la historia donde pueda decirse que el Hombre inició su camino para convertirse en lo que ahora es. Desde su paso por el nomadismo y la búsqueda por el control del fuego, el reconocimiento de la agricultura como medio de subsistencia y estabilidad, así como la noción del futuro y, con ello, del tiempo.
Hace diez mil años, la agricultura le permitió al Homo Sapiens aprender en comunidad, valerse de su trabajo en equipo para demostrar supremacía frente a otras especies con más cualidades físicas e intelectuales. La agricultura le dio al Hombre noción del tiempo y el espacio. A partir de esa relación con la naturaleza fue necesitando crear estrategias grupales para proteger las tierras que les daban de comer. Mientras más territorio defendían, más comida obtendrían y más población podrían mantener para ayudar a trabajar la tierra. Círculo vicioso que termina por liberar al Hombre de caminar de un lado a otro, a costa de su libertad para caminar de un lado a otro.
La agricultura esclavizó al Hombre, pero también le mostró la dinámica cíclica de la naturaleza y comenzó a reconocer sus patrones de supervivencia. Ver crecer una planta, comer de sus frutos, cubrirse con sus hojas, construir sus techos con ramas, vestirse con sus materiales, entre muchos otros usos que el ser humano ha creado, para sobrevivir dependiente de la naturaleza. La satisfacción de las necesidades ha sido siempre el tema central. La economía,5 ciencia social que estudia la forma de administrar los recursos disponibles para satisfacer las necesidades humanas, ha sido considerada desde entonces como la dimensión más importante paratodas las poblaciones humanas en todos los rincones del planeta.
Desde que los primeros hombres comenzaron a planificar cómo alimentar a sus grupos, fue necesario empezar a crear reglas para organizarse, y desde entonces han surgido varias propuestas para lograr este fin. Los primeros en proponer teorías económicas modernas fueron los jesuitas, defendiendo los beneficios de la propiedad privada (Arias, 2015). Mencionaré dos grandes y un poco más modernas clasificaciones atendiendo a si existe o no propiedad privada.
Está la economía capitalista, por un lado. Se le conoce también como economía libre o de mercado. En ella, “los individuos y las empresas llevan a cabo la producción y el intercambio de bienes y servicios mediante transacciones en las que intervienen precios y mercados” (Arias, 2015). También está la economía socialista, que defiende la intervención del Estado en la economía. Sustituye la propiedad privada por la colectiva en los medios de producción, cambio y distribución, pide la distribución igualitaria de la riqueza y la eliminación de las clases sociales (Idem). Hasta ahora, ninguna de las dos ha mantenido una forma pura de decidir su economía política, es decir, no hay reglas para decidir la relación que se da entre el gobierno y la distribución de los recursos de un país.
En sus inicios la economía política postulaba que los países eran más ricos conforme acumulaban la mayor cantidad de piedras preciosas (mercantilismo). La riqueza estaba en la naturaleza y el territorio, de ahí nació la fisiocracia a finales del siglo XVII, que afirmaba que el hábitat (la agricultura), era la verdadera fuente de la riqueza.
Cuando apareció Adam Smith, centró el interés en el trabajo humano como fuente de riqueza. “El trabajo es el padre y principio activo de la riqueza y la tierra es la madre” decía William Petty. A partir de esta concepción, el Estado empezó a dejar que sus súbditos buscaran de manera individual su propio beneficio económico.
A finales del siglo XVIII, la economía empieza a ser considerada una ciencia gracias a la publicación de la obra An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, mejor conocida como La riqueza de las naciones, de Adam Smith (1764). El texto señala que la riqueza de una nación deriva de su trabajo, “el producto anual del trabajo y la tierra del país” (Smith, 1776), es decir, el Producto Interno Bruto. Para Smith “la riqueza que cuenta es la que está repartida entre los habitantes de un país”, es decir, lo que hoy se denomina la renta o el PIB per cápita (Ibidem).
Contemporáneos de Smith como Thomas Malthus, en su An Essay on the Princicle of Population, publicado en 1798, o David Ricardo con sus teorías sobre la ventaja comparativa, la ley de los rendimientos decrecientes y teoría sobre la distribución de la renta, fueron conformando poco a poco el discurso de la sustentabilidad, pues lo que indicaban era que la naturaleza es la base de la riqueza de toda nación; que el crecimiento exponencial de la población terminaría por agotar los recursos del planeta; que la eficiencia de recursos es la mejor manera de sacar provecho de lo que se tiene(Teorías sobre la ventaja comparativa); que un recurso natural que se extrae sin ningún control o eficiencia, tiene a desaparecer y aumentar la dificultad para su extracción (Ley de los rendimientos decrecientes); que la distribución equitativa de la riqueza de un país, es la base para la equidad y justicia social(Teoría sobre la distribución de la renta).6
Sin duda, estas aportaciones sientan las bases para los teóricos de la sustentabilidad hoy en día, pues plantean la necesidad de transformar el sistema, modificarlo o definitivamente eliminarlo, en función de las evidencias del deterioro. Además, han motivado establecer sistemas de organización cada vez más complejos.
El nacimiento de la economía política acompaña la transición de las sociedades feudales al nacimiento del capitalismo en Europa Occidental (Míguez, 2009). Pero fueron algunos siglos antes, en el siglo XV, cuando el Humanismo, aspecto filosófico y literario del Renacimiento (Biescas, 2018), le otorgó valor el Hombre frente a la visión teológica y, con ello, se empezó a construir una visión antropocentrista en la que el deseo de fama, gloria, prestigio y poder se volvieron aspiraciones legítimas que mejoraban al Hombre. Maquiavelo, con su obra El Príncipe (1531) desplaza la fe de Dios al hombre y la razón humana adquiere valor supremo (Bullock, 1985). El conocimiento empezó a dar poder a las personas, brindándoles felicidad y libertad.
La moderna economía capitalista es reconocida desde la segunda mitad del siglo XV, como una época de vínculo con el Renacimiento europeo, sin embargo, este paradigma ha sido un proceso global y mundial cuya complejidad ha durado siglos reconfigurándose. Procede de unaetapa histórica a partir de la cual las transformaciones sociales se volvieron más complejas,
lo económico, lo social, lo político y lo cultural se interrelacionan, se interrelacionan, avanzan a ritmos desiguales hasta configurar la moderna sociedad burguesa, el capitalismo y una nueva forma de organización política, el Estado-Nación (Revueltas, 1990:120).
Sin embargo, estas características y patrones occidentales no necesariamente representaron una única y auténtica modernidad global (Beriain, 2002, 33), pues
todos estos desarrollos y tendencias constituyen aspectos de una reinterpretación continua y de una reconstrucción del programa cultural de la modernidad; de la construcción de modernidades múltiples; de los intentos de varios grupos y movimientos para reapropiarse la modernidad y redefinir el discurso de la modernidad en sus propios términos. Más que un choque de civilizaciones, a lo que asistimos [en la modernidad] es a encuentros, a contactos, a difusiones culturales entre civilizaciones (34).
A partir de Beriain (Ibidem), identifiqué el término modernidades múltiples, el cual analiza la modernidad occidental no como un concepto único y onmiabarcante del que se han sacado copias en todo el mundo, sino como una propuesta de programa cultural y político impulsado desde distintas civilizaciones y con diversas características. Para Beriain, estas modernidades múltiples manifiestan la existencia de distintas posibilidades ideológicas e institucionales (Ibid.).
Ciertamente, la historia humana ha tenido distintas explicaciones que han dado forma y reconfigurado nuestra comprensión del mundo, así es que cuando se habla de una ideología predominante es porque esta ha logrado imponerse en gran parte de las sociedades, sin embargo, esto no necesariamente invisibiliza o desaparece al resto de expresiones, por el contrario, muchas veces ocurren sincretismos que dan forma a nuevas explicaciones del mundo o a cambios de paradigma.
Para Giddens (1994:46), en la modernidad “las prácticas sociales son examinadas constantemente y reformadas a la luz de nueva información, que de esa manera altera su carácter constituyente”. Esto explica que en esta etapa encontremos paradigmas constituidos totalmente desde el conocimiento y la información, sin embargo, tampoco sabemos qué tan confiable y duradero será dicho conocimiento.
La modernidad y su elenco de posibilidades emergen “sólo cuando aquello que había sido visto como un cosmos inmutable deja de ser dado por supuesto” (Beriain, 2002:35-37). Por ejemplo, la creencia en un planeta plano o en la Tierra como el centro del Universo, etc. No obstante, el que haya ocurrido un cambio con ciertos paradigmas, no implica que los anteriores hayan desaparecido, más bien, en muchos casos se combinan y esta combinación, es lo que da lugar a modernidades múltiples o multimodernidades.
Para Giddens (1994), cuatro factores han influido para la creación de la modernidad como etapa histórica y preámbulo discursivo de la sustentabilidad.
• El poder hace diferencias. En la modernidad, la apropiación del conocimiento no es homogénea sino aprovechable por quienes están en posiciones de poder que pueden colocarlo al servicio de ciertos intereses.
• El papel que desempeñan los valores. Los cambios en nuestros valores no son independientes de los intereses para crear nuevas formas de aprendizaje. Es decir, los valores también se negocian.
• El impacto de consecuencias no previstas. Ningún conocimiento acumulado podría abarcar todas sus circunstancias.
• La vida social moderna no reduce consecuencias indeseadas. Es decir, no existe un mundo social estable para ser conocido, sino que el conocimiento de ese mundo promueve su carácter cambiante e inestable.
Producto de algunos de estos mecanismos de regulación, la sociedad moderna reivindica del Renacimiento tres discursos que considero importante describir, pues motivan la reflexión sobre los principios de la sustentabilidad, estos son: el individualismo, el racionalismo y la felicidad. Veamos un poco sobre ellos.
El individualismo se destaca en todas las formas de expresión de la modernidad. Según Dumont (1987, citado en: Mejía, 1998:180), “es la ideología de la civilización moderna, son las representaciones, ideas y valores comunes de la sociedad.” Para Norbert (1987, citado en: Mejía, 1998:182), el “individualismo y el racionalismo son dos procesos centrales en el desarrollo de la modernidad”. De ahí el postulado de Berman (1988, citado en Mejía, 1998:183), que señala que,
con las transformaciones sociales ocurridas en los siglos XVII y XVIII, el sujeto se encuentra sumido en el mundo en un grado sin precedentes y el individualismo se transforma en el valor cardinal de las sociedades modernas.
Recordemos que el siglo XVIII ha sido llamado el “siglo de las luces” por el nacimiento del movimiento intelectual llamado Ilustración. Muchos de los acontecimientos políticos, económicos, sociales, culturales e intelectuales de entonces han llegado hasta la actualidad ofreciendo pautas de comportamiento y organización social, que no necesariamente han dado respuesta a las interrogantes de hoy en día.
Aunque exaltar la razón y al individuo permitieron al Hombre posicionarse frente a la teología, todo discurso evoluciona y, aunque la Ilustración y el Humanismo hayan liberado al Hombre permitiéndole valerse de su propia inteligencia sin la guía de otros, estos otros no excluyen las propias comunidades humanas, ¡por lo que el lema de la Ilustración:Sapere aude! (Kant, 2009), ¡Ten el valor de servirte de tu propia razón! no debería quedar entendida solo a nivel individual, sino reconocer el valor del conocimiento obtenido a partir de las comunidades.
El Racionalismo también tiene como base las ideas y la razón. Revueltas analiza que,
en todos los dominios, ya se trate de la ciencia, de las creencias, de la moral o de la organización política y social, el principio de la razón va a sustituir a los principios que regían hasta ese momento, a saber, los de autoridad y tradición fundamentados religiosamente. El individuo quiere servirse de la razón en todo, desea examinar y conocer por medio de la razón.
Sólo a través de la razón, recupera Revueltas, el ser humano puede descubrir verdades universales. Este también es un argumento de la sociedad del conocimiento y la información y la adquisición de tecnología entra en esta visión. El impulso a este discurso proviene de un interés económico por distinguir al conocimiento como una fuente comercial. “Para actuar y obtener ganancia, el comercio y la industria necesitan de la razón y de la racionalidad” (Revueltas, Ibidem:123).
Frente a estos dos discursos, Jacques (2003), analiza que el modelo sociocultural individualista está orientado hacia la dependencia, refiriéndose a una parte dominadora y otra dominada. Esto quiere decir que hay una relación de sumisión de un sujeto pasivo frente a otro activo. En el discurso individualista no existen dos sujetos independientes, sino que uno de ellos se impone. A este modelo cultural Jacques lo llama el modelo del Tú. Se define como patrón cultural por “la instalación de una cultura individualista que privilegia la acción del uno como única referencia de comportamiento, mientras que el otro aparece excluido del ámbito decisorio” (3).
La cultura de la afirmación del Yo no requiere del otro para construir la decisión “me basto a mí mismo”, “No te necesito”, es la frase poética del encuentro de amor instalada en los 70 y que hoy se aplica con mayor fuerza de “yo estoy en este mundo para satisfacer mis necesidades, tengo mi camino, mis expectativas y mis sueños. Tú estás en este mundo para satisfacer tus necesidades, tienes tú camino, tus expectativas y tus sueños, si nos encontramos es maravilloso, si no, nada podrá hacerse.
En el modelo de la cultura de la independencia se proclama el Yo, el individualismo como única referencia de saber. Es una cultura que fragmenta los saberes, que busca imponer una verdad, la de cada uno de nosotros. Jacques lo argumenta claramente:
El saber social, sencillo de la gente no es tomado en cuenta. Es un saber que está fuera, existe, pero no tiene visibilidad, no se muestra. Es la cultura de la apropiación. Se apropia quien tiene el control. Junto a la cultura del Yo surge la cultura del control. Así, desde este modelo se instala una cultura de vigilancia, panóptica. Es la cultura de la desconfianza y por lo tanto, tengo que vigilar que el otro reproduzca mi saber, lo controlo, lo corrijo y lo castigo. Es, al decir de Michel Foucault, la cultura de la sociedad disciplinaria, del control social, de la cultura en que el que tiene el poder, tiene el saber y lo controla.
Desde el discurso de la sustentabilidad y bajo un lente culturalista, el autor resalta la importancia de lo local-territorial como el nivel más apropiado para estimular el desarrollo de la organización y “para ejecutar proceso de planificación y ejecución de planes y proyectos acordes a la realidad social y a la necesidad comunitaria” (7).
Finalmente está el discurso de la felicidad, el cual también ha tenido transformaciones en función del paradigma dentro del cual se define. Para la filosofía antigua y medieval, “la felicidad no es un estado subjetivo de satisfacción, sino más bien una forma de vida basada en la realización del fin propio, del télos inscrito en la esencia humana” (Lizaga, 2010). Sin embargo, el Renacimiento debilitó también la creencia de que el Universo está regido por un orden de fines preconcebidos, y no por una sucesión de causas y efectos, como se concibe por la ciencia moderna. De ahí que la búsqueda de la felicidad se volvió susceptible de un tratamiento racional. Locke (1992, 249, citado en Lizaga, 2010), lo expresó de la siguiente forma:
La mente tiene gustos diversos, del mismo modo que el paladar, y tan inútilmente se intentaría agradar a todos los hombres con la riqueza o con la fama (cosas en las que algunos hombres ponen su felicidad), como inútil sería tratar de satisfacer el apetito de todos los hombres con queso o langosta [...].
Para Rousseau (citado en Waksman, 2013), la clave de la unidad del hombre necesaria para la felicidad estaba dada por su capacidad para expandir el amor de sí, lo que equivale a una acción virtuosa, aunque esta expansión estaba pensada en la conformación de la voluntad general y, por ende, en la libertad. De ahí que Rousseau pone al individuo y a sus intereses como condiciones de la libertad y de la felicidad públicas.
Abandonar esta concepción de búsqueda de fines preconcebidos del ser humano, propició también un cambio en torno a la noción de felicidad y, desde entonces, se identifica esta, con la alegría y el placer (Lizaga, 2010). Sin embargo, ya desde antes, Kant la definió como “la conciencia que tiene un ser racional del agrado de la vida que sin interrupción acompaña toda su existencia” (Kant, 1995: 39, citado en Lizaga, 2010). Como respuesta, imperan las preferencias personales para definir la felicidad y el resultado, es que cada individuo es influenciado de diferente forma por su medio para conseguirla.
En la época moderna, la felicidad fomenta en el individuo una búsqueda de mitos que lo mantienen en una persecución imparable que alienta a una búsqueda emocional orientada por la razón. Eliade (2000), brinda ejemplos de algunos mitos que se promueven para provocar reacciones en la sociedad y en sus formas de vida, es decir, en su cultura. Por ejemplo, el mito del hombre moderno, frustrado, limitado que sueña con rebelarse como un personaje excepcional, como un héroe (Eliade 2006); el mito del éxito, que “traduce el oscuro deseo de trascender los límites de la condición humana” […] (Op Cit), en busca del hombre exitoso, rico y poderoso; también están los mitos de la élite o del status, que se cristalizan en torno a la creación artística y su repercusión cultural y social. Bourdieu lo denomina capital simbólico. Es con estos mitos que se obtiene “una felicidad inmaculada, que reniega de la infelicidad y que, en la modernidad, supuestamente, puede y debe ser conseguida mediante un trabajo individual y activo”7 (Nandy, 2009:291). ¿qué tanto ha impactado este discurso hoy en día? ¿qué formas ha adquirido y cómo ha evolucionado? ¿sigue siendo la felicidad una aspiración social o acaso es solo la zanahoria que nos mantiene caminando sin fin?
A partir de la industrialización la relación del Hombre con la naturaleza cambió, “al descubrir que ya no coexiste –dentro– de ella, sino que ahora puede existir – sobre ella (Rosales, 2006:218). Rosales argumenta dos manifestaciones de la relación entre el ser humano y la naturaleza en la multimodernidad (2006:218-219).
Por un lado, la difusión del industrialismo ha creado un mundo más amenazante en donde existen cambios ecológicos reales y potenciales nefastos que afectan a todos los habitantes del planeta. El deseo de conocer y controlar la naturaleza ha sido sobrepasado por la racionalidad económica que dirige la explotación de los recursos en búsqueda del incremento del capital. Por otra parte, la explotación irracional de los recursos naturales también ha condicionado decisivamente nuestra conciencia de vivir en un solo mundo, situación que cuestiona la racionalidad económica predominante y que pretende buscar diferentes opciones de interrelación con la naturaleza, sin regresar a las concepciones esencialistas sobre la misma.
La modernidad es una etapa histórica que acentúa la rapidez de las transformaciones tecnológicas y sociales. Se le menciona como un discurso objetivo e intocable por emociones y sensibilidades, pero al mismo tiempo carece de responsabilidad sobre la relación hombre-naturaleza. Coincido con Beriain al reconocer que “nuestros mayores errores han sido identificar «modernización» con el crecimiento de un cierto tipo de uniformidad y asociar la modernidad con prosperidad” (37). Este es el contexto en el cual surge el discurso de la sustentabilidad.
Analizar la organización social así como su concepción del tiempo y el espacio me resulta fundamental, para comprender su proceso de construcción cultural, su razón de ser, así como el surgimiento de las problemáticas que atiende, que finalmente son consecuencia de las acciones humanas con relación a su entorno. En todo ello, la preocupación por el espacio (entorno natural) y el tiempo (las generaciones futuras), son asuntos clave.
Hace años dejamos atrás el inicio del siglo XXI, pero seguimos encontrando algunos destellos de modos de vida y formas de organización social que difieren de las instituciones modernas. Manuel Castells (2000), argumenta que el Internet y el comercio electrónico comenzaron a desplazar otros comercios como el de las materias primas. El intercambio virtual ha reducido costos de transacción, abierto oportunidades a millones de inversores particulares y ha influido en el movimiento de capital. ¿Estamos frente a nuevas formas de organización económica?
Según Zygmunt Bauman (2002), las nuevas concepciones de espacio y tiempo han ayudado a trascender la modernidad como etapa histórica. El pensador polaco comparó la idea de una sociedad post-moderna con las características de un fluido: adaptable, soluble, flexible; y, sobre todo, opuesta a los elementos sólidos que se representan como: pesados, inertes y resistentes. En la modernidad, el espacio-territorio es sólido, pesado, inerte; mientras que el poder ahora, en la postmodernidad, es como un fluido, extraterritorial, no atado o rodeado por la resistencia que impone el espacio. Un ejemplo de esto son los teléfonos celulares que nos hacen independientes de un espacio particular; las transacciones financieras electrónicas son otro ejemplo, pues pueden hacerse desde cualquier lugar del planeta con dispositivos de seguridad. Los dueños del poder en la modernidad líquida, como los llama Bauman, están fuera de alcance en todo momento, son invisibles, e incluso el concepto de hacer la guerra cambió, ahora se trata de atacar sin ser vistos.
En la modernidad líquida o posmodernidad, el compromiso activo con la vida de las poblaciones subordinadas ya no es necesario e incluso se le evita por ser costoso y poco efectivo. Lo que da ganancias es la velocidad de circulación, reciclado, envejecimiento, descarte y remplazo, no la durabilidad, ni la confiabilidad del producto, valores importantes en la modernidad. Los poderosos de hoy rechazan y evitan lo durable, celebran lo efímero, “mientras los que ocupan el lugar más bajo luchan desesperadamente para lograr que sus frágiles, vulnerables y efímeras posesiones duren más y les brinden servicios duraderos” (Bauman, 2002:19).
Los problemas que enfrenta el discurso de la sustentabilidad en la actualidad obedecen a esta noción de progreso postmoderno, a la creencia en el binomio úselo-tírelo. La desintegración de la trama social, dice Bauman, se justifica como un “efecto colateral”, mientras que esta desintegración también es resultado de una nueva técnica de poder que emplea la falta de compromiso y el arte de la huida en todo momento.
Todos estos contextos construyen un escenario cultural donde, por un lado, sobreviven discursos premodernos; las condiciones de producción y consumo de materias primas no son homogéneas, ni masivas, las grandes corporaciones no han podido cambiar las costumbres y saberes de algunos pueblos y los medios de comunicación no han logrado imponer su realidad; por otro lado, también encontramos discursos modernos, donde el Estado y las leyes tienen la única palabra y donde la razón se impone ante todo; y emergen también discursos postmodernos, se inicia la aceleración en las comunicaciones y grandes demostraciones de poder corporativo global, donde la tecnología juega un papel muy importante.
Estas multimodernidades son una condición de la complejidad que se refleja en el escenario del discurso de la sustentabilidad, pero ¿cómo se transforma la cultura en estas etapas históricas en las que emerge este discurso?
La cultura de la complejidado la complejidad en la cultura
Un análisis social desde un estudio cultural tiene el riesgo de resultar parcial, no solo por la miopía con la que los investigadores miramos el mundo, producto de nuestra propia formación y cultura, sino porque el espectro que se forma de dicho análisis nunca logra abarcar todas las consecuencias previstas, precisamente porque la cultura es un sistema complejo.
Un fenómeno puede estudiarse desde diferentes puntos de vista, dos ejemplos son: el enfoque holístico y el reduccionista. El primero entiende al todo de una forma compleja, el segundo, se enfoca al estudio de sus partes. Tomaré como ejemplo al planeta Tierra, que puede ser visto como un sistema complejo conformado por infinidad de sistemas simples, entre ellos la gravedad, los flujos termodinámicos y la humanidad; se les denominan simples, porque todavía se desconocen gran parte de sus interacciones y evoluciones. Otros ejemplos de sistemas complejos son los ecosistemas, el comportamiento social y la conciencia individual, estos no pueden analizarse de forma reduccionista, aunque, en principio, todos los sistemas complejos comienzan estudiándose con leyes simples o reduccionistas.
Para Edgar Morín (1990), un problema complicado se atiende parte por parte, separándolas y atendiendo a cada una en lo específico; algo que, en los sistemas complejos, no puede realizarse, pues cada vez que se aísla algún apartado de un problema complejo, sus componentes o subsistemas se mueven o afectan a otros, limitando su solución y, en ocasiones, incluso su comprensión. La realidad contemporánea, vista desde los EC y el ACD, es compleja y debe explicarse atendiendo esta cualidad. Por eso, para describir y comprender la realidad compleja de la sustentabilidad es necesario comprender también que,
• Admite incertidumbre. En toda complejidad existe la presencia de incertidumbres, sean empíricas o sean teóricas, y más frecuentemente, al mismo tiempo empíricas y teóricas(Morin, et al., citado en de Almeida, 2008:24).
• No se puede prever. Están en juego causas múltiples, elementos que interactúan entre sí y que tienen aptitud para modificarse en función de eventos externos;
• No es determinista, ni lineal o estable. Es caracterizado por la inestabilidad, por la variación imprevista, por eso no puedenregirse por leyes universales e inmutables;
• Se auto organiza, se autoconstruye. Esta es una propiedad por la cual algunos sistemas manejan internamente su información,regenerándola, modificándola y generando nuevos patrones. Los fenómenos complejos son sistemas abiertos, por lo quedependen del medio y con éste intercambian información;
• Está marcado por lo inacabado. Se encuentra siempreen evolución, mutación, transformación. Tiene habilidad para transformarse, crear nuevos patrones de organización;
• Acarrea, supone o manifiesta emergencias. Como todo lo queresulta de acontecimientos nuevos y no previsibles, la emergencia es una noción crucial para comprender la complejidad;
• En lo complejo no hay equilibrio.
Estas características de la complejidad se identifican en todas y cada una de las sociedades humanas, evolucionan acompañadas por la ciencia y la tecnología, por un lado; y por un inevitable crecimiento exponencial de la población, impactando todas las formas de vida del planeta. Vivimos en una sociedad saturada de sistemas complejos y somos incapaces de definir una realidad simple e inacabada.
De acuerdo con esta realidad compleja, los aportes teóricos para comprender la sustentabilidad siempre serán incompletos, están basados en axiomas a su vez complejos e incluso insuficientes; sin embargo, hay una estrategia para asumir fenómenos complejos que Morin recomienda, “una toma de conciencia radical” (1990:27), lo cual implica aceptar que nos equivocamos todo el tiempo, no tenemos certezas y variables constantes más allá de la ignorancia y la incertidumbre, la razón no es la única forma de resolver los problemas complejos y la mayor amenaza que enfrenta la humanidad es su propia ceguera desmedida por el conocimiento.
La sociedad es compleja, pero ello parece ir en aumento desde que apareció la moderna economía capitalista mencionada en el apartado anterior, donde el planeta es producto y funciona, en gran medida, por procesos asociados al uso de tecnologías y avances científicos.
Ahora bien, la multimodernidad y la complejidad han sido condiciones precursoras del discurso de la sustentabilidad. Lo provocan (atendiendo a sus causas), lo desarrollan (determinando a sus beneficiados), lo continúan (a pesar de sus consecuencias) y lo perpetúan (ignorando sus perjudicados). ¿Qué elementos componen este discurso que tanta controversia suscita? ¿A qué intereses obedece? ¿Quiénes lo fomentan?
Cultura mediáticade la sustentabilidad
Uno de los campos donde se observa contundentemente la complejidad de la vida actual es en y a través de los medios de comunicación. Todo ese caos, ambigüedad e incertidumbre que describe Morin (1990), se manifiesta diariamente en las noticias, reportajes, entrevistas, fotografías o videos que aparecen tal cual verdades o, en el mejor de los casos, como información relevante.
Para Luhmann (2000) comunicar algo requiere intermediarios, signos y/o códigos entre quienes se comunican o, de lo contrario, no podrán hacerlo. Para apoyar esta idea, Luhmann (1986), reflexiona sobre el papel de los sistemas sociales (las escuelas, gobiernos e instituciones públicas) y su relación con la cultura. El autor alemán dice que estos “sistemas sociales no están conformados por hombres, ni por acciones, sino por comunicaciones […].” Y, si la comunicación se produce por un intercambio de estos símbolos o códigos generalizados, esto indica que también pueden ser usados como piezas clave para entender de dónde salió, cómo se formó y cómo se entiende o entenderá en el futuro cierto discurso.
Pero, mientras Luhmann enfatiza el proceso comunicativo per se, las teorías críticas marxistas acentúan el papel de los medios de comunicación como una herramienta para la reproducción del status quo discursivo. Marx (citado en Griffin, 1997:30), decía que “las ideas de la clase dominante son, en todas las épocas, las ideas dominantes” y, reflexionando en ello, la pregunta tendría que ser entonces ¿quiénes son los que mejor pagan la transmisión de una noticia?
Esta condición que hace la crítica marxista es un punto de partida para explicar el papel trascendental de los medios de comunicación en su afán por ir más allá de la transmisión de la información, lo cual podría llevarnos hacia “una subordinación de los demás sectores sociales a los intereses de la clase dominante” (Griffin, 1997:30). Por eso, la información es poder.
Con respecto al control del discurso de la sustentabilidad, concuerdo con Luhmann en que la comunicación necesita compartir códigos, también coincido con la postura marxista en que el poder mediático promueve y orienta políticas públicas desde y hacia ciertos intereses, volviendo públicos u ocultando problemas particulares, enfocando la atención o desapareciendo matices de realidades que son o no convenientes para algunos. En este y en todos los discursos públicos, los medios ostentan la continuidad del poder.
Para Griffin (1997:25-26), los medios de comunicación están mostrando a la sociedad una versión simple y reduccionista de la realidad que solo sirve para subordinar las audiencias al poder. Por eso “es posible ver en los mensajes mediáticos, una interpretación irreal del mundo, de tal forma que, actuando como instrumento de manipulación, los medios ayudan a las masas a sobrevivir en condiciones difíciles”.
Esta es la compleja realidad actual, la mediática, la que impone temas de conversación basados en los encabezados de prensa (impresa o digital), en videos o plataformas digitales que voltean la realidad a ciertos temas y esconden y olvidan otros, donde la prioridad se establece a partir del que la paga y/o del que hace uso de un gran despliegue tecnológico.
Sin embargo, la comunicación de masas no sólo consiste en transmitir códigos, sino, y más aún, en “descubrir los mecanismos para que la sociedad capitalista controle la producción, distribución, el consumo y la ideología, sin necesidad de recurrir al poder coactivo del Estado” (Luhmann, 1986). Los medios ayudan a la reproducción del poder dominante, aunque este, hoy en día, no necesariamente lo ostente el Estado.
García Canclini (2001:40), argumenta que “es necesario crear nuevas formas de plantear las reivindicaciones entre la cultura y el poder, entre la lógica del mercado y la producción simbólica, entre la modernización y la democratización”, pues de ello depende que las ausencias de un discurso se visibilicen, que los modelos alternativos sean creados e impulsados por aquellos a quienes el modelo vigente y la sustentabilidad aún no han considerado.
Para Alberto Athié (Aristegui Noticias, 16 de abril, 2020), vivimos en una sociedad mediática, porque estamos rodeados de medios de comunicación con posturas tan diversas como controversiales; pero también vivimos en una sociedad mediatizada, porque aparentemente dependemos de los medios de comunicación para conocer el mundo; empero, la crisis actual es una crisis de civilización y, al parecer, ni los medios de comunicación podrán evitarla.
En un estudio realizado por Thomas (2018), en el que se analizaban las notas de prensa publicadas por cuatro periódicos de circulación nacional (Excélsior, Reforma, La Jornada y El Universal), en torno a sustentabilidad, se encontró que mientras en 1972, fecha de la primera cumbre de desarrollo humano en Estocolmo, se publicaron 40 notas de prensa relacionadas a sustentabilidad, principalmente columnas, sección internacional y portadas, con géneros como entrevista, fotografías, noticias y reportajes; para la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro en 1992, el total de notas ascendió a 228, destacándose secciones de ciencia, editoriales, cartones, comunicados, entre otras; en la tercera cumbre de Johannesburgo en 2002, considerada por muchos como una reunión gris, el número de notas disminuyó a 100; y, para el año 2012, la Conferencia de las Partes (COP 16), realizada en Cancún, logró atraer mayor atención mediática, publicando 262 notas de prensa (85). En total se obtuvieron en esta investigación 630 notas sobre sustentabilidad publicadas en cuarenta años de discurso mediático impreso.
El tema más destacado de este análisis fue el de procesos de negociación, además de contaminación y problemáticas ambientales en general, pero también se discutió en torno al desarrollo mismo, alternativas sustentables, reforma eléctrica y PEMEX, acuerdos internacionales y problemática económica.
Hoy en día, una primera búsqueda sobre el tema en los medios de comunicación virtuales arroja cerca de 18’900,000 resultados en tan solo 0.56 segundos. La sustentabilidad ya no es solo de interés para medios impresos, ahora se encuentran otro tipo de accesos a la información, tales como blogs, páginas web de organizaciones sociales, empresas, gobiernos, instituciones educativas, iniciativas personales, productos, organismos internacionales, revistas digitales y muchas otras opciones más para acercarse al tema.
Por un lado, encontramos en los mismos periódicos digitales, ahora secciones completas dedicadas al tema, como La Jornada Ecológica, la sección Noticias sobre Desarrollo Sustentable en el periódico El Economista o la sección Noticias sobre Sustentabilidad en el periódico Milenio. Entre los temas más populares ahora están la vacunación y ganancias para farmacéuticas, reformas sustentables para el sector financiero y aspectos relacionados con la brecha entre géneros, auditorías de desempeño con enfoque sostenible, inversiones en bonos verdes alejados por pandemia COVID, eventos para promover el reciclaje ciudadano, manejo sostenible del agua en gobierno, análisis sobre impacto minero en el medio ambiente, entre muchos otros. La diversidad en temas ahora es indiscutible. Todo ello, sin contar con las noticias que se difunden desde las redes sociales, cuyos grupos especializados en el tema llegan a ser miles.
Sin embargo, pese a todo el interés, enfatizar el concepto de sustentabilidad no es suficiente para movilizar el comportamiento ciudadano. Diversos estudios sobre psicología ambiental demuestran que el contexto también es un elemento importante para adquirir saber y relevancia sobre el hacer (Kollmuss y Agyeman, 202). El saber debe tener un valor de uso, por lo tanto, dice Michelsen (2003),
el conocimiento objetivo solo no alcanza, debe ser establecido como un sistema de saber, es decir debe estar vinculado a relaciones, funciones, procesos. Pero la capacidad de acción existe sólo cuando se sabe cómo se puede hacer uso de ese saber.
Esto quiere decir que la capacidad para hacer resonar un saber es importante, saber cómo poner a funcionar lo que sabemos es la verdadera cuestión. Todo lo que se difunde sobre sustentabilidad debe tener relación con la generación de valores, orientaciones éticas de la relación hombre naturaleza, con experiencias directas, emocionalidad y sensualidad (Michelsen, 2003:6). Ser capaces de enlazar las nuevas experiencias con las previas, conectarlo con nuestros valores y actuales experiencias de vida, ahí es donde se harán notorias las diferencias culturales e históricas de puntos de vista (Schüssler y Bauerdieck 1997; Siebert 1999, citados en Michelsen, 2003:18).
Es en esa relación entre lo que sabíamos y lo que aprendemos, que se destaca el trato con la complejidad y la apertura en la discusión sobre sustentabilidad. Si las aspiraciones de la sustentabilidad están enfocadas a la acción, a hacer una crítica a la realidad, dependemos de poder reconocer y reflejar la perspectiva de nuestra percepción en la de los demás (Michelsen, 2003). Habrá que preguntarnos cómo podemos descifrar las complejas circunstancias que, para cada individuo, pueden ser relevantes percibiendo y analizando los problemas ambientales y orientarlas hacia acciones sustentables. Recordemos, del apartado sobre discurso, la opinión de Bolívar (2007) quien señala que “el discurso es diálogo, porque para que existan las interacciones se necesita un yo, un tú, un nosotros, y un otros” (22).
Aun cuando los medios de comunicación estén teniendo cada vez más interés y espacios para hablar de sustentabilidad, la comunicación sobre temas ambientales y sustentabilidad será exitosa cuando estos temas sean también institucionalizados apropiadamente. La información y los conocimientos o saberes, la ideas o las alternativas para actuar deben también tener una estructura de apoyo institucional para que se produzca la difusión. Pues, como varios estudios han señalado desde hace tiempo, la información por sí sola no genera la acción (Kollmuss y Agyeman, 2002). Porque “la idea de que las informaciones podrían adaptarse más o menos automáticamente en el saber, opiniones y comportamientos, es refutada mediante diferentes investigaciones (Matthies y Homburg 2001; Huber 2001; de Haan y Kuckartz 1996).
Al respecto, bien cabe aquí la afirmación de Enrique Leff, quien señala:
En la sociedad del riesgo y la inseguridad en que vivimos podemos afirmar que el imaginario del terror está más concentrado en la realidad de la guerra y la violencia generalizada que en el peligro inminente de un colapso ecológico. Pareciera que el holocausto y los genocidios a lo largo de la historia humana no hubieran sido capaces de anteponer una ética de la vida a los intereses del poder; menos aún una conciencia que responda efectivamente al riesgo ecológico o con un imaginario colectivo que reconduzca sus acciones hacia la construcción de sociedades sustentables.
Todo eso sin tener en cuenta el escenario del año 2021 respecto a la pandemia por COVID-19, en que las notas periodísticas y mediáticas en general, hacen alusión al tema diariamente, varias veces al día, pues la rapidez de la información no solo lo permite, sino que la avidez de la sociedad por conocer los pormenores de los avances médicos y también las prescripciones del gobierno, hacen necesario mantenerse informados.
Los verdaderosindicadores del discurso
Luego de tanta información respecto a un posible colapso ambiental próximo, en la práctica diaria sigue siendo común la falta de comunicación e incluso el enfrentamiento entre diferentes planteamientos que aun dudan de los datos y la evidencia científica que busca enlazar la reflexión económico-ambiental desde disciplinas diferentes. Naredo (2002), lo explica argumentando que, tras la fachada de racionalidad científica, “se esconde un conflicto ausente entre ideologías y valores preconcebidos que usan este discurso como un arma arrojadiza (9). Y dice aun más al respecto: “tan habituados estamos a magnificar la función racionalizadora de la economía que solemos perder de vista la importancia que cobra su función ideológica” (Ibidem). Esto quiere decir que el sistema económico pocas veces suele ser confrontado con sus consecuencias dentro de un planeta limitado. Le forma de operar de este sistema tiene no solo reglas que lo hacen funcionar, sino todo un aparato ideológico que acompaña la creación de valores y conductas acordes a su mantenimiento.
Este sería el verdadero reto del discurso de la sustentabilidad si es que aspira a convertirse en un modelo que considere las formas de vida futuras con un mínimo de condiciones propicias para la sobrevivencia humana. Porque, Naredo (Op. Cit.), lo plantea de una forma tajante “¿qué pasaría si su racionalismo [del sistema económico], fuera cada vez más vacío y alejado de los principales conflictos del presente y sirviera para desviar la atención sobre ellos y para divulgar una ideología conservadora del statu quo que los genera? (10).
La realidad es que la amenaza más común contra las poblaciones que cada vez decrecen más es la pérdida y la degradación del hábitat. El Informe Planeta Vivo del año 2016 indica que la base de los límites planetarios está siendo rebasada.

En la Imagen 7, se ejemplifica la alteración de los ciclos biogeoquímicos, los cuales, independientemente de dónde nos encontremos geográficamente, pone en riesgo la provisión de los llamados servicios ecosistémicos, es decir, los recursos o servicios que aprovechamos de la naturaleza para satisfacer nuestras necesidades tales como agua potable, alimentos, regulación del clima, regulación de eventos meteorológicos, entre otros. Cierto es que, al lado de la acidificación de la pérdida de biodiversidad (integridad de la biosfera) y alteración de los ciclos biogeoquímicos, el cambio climático aparece casi inofensivo.
Lovett y otros (2009), distinguieron como ejemplos de las consecuencias de ciclos de azufre y nitrógeno alterados en ecosistemas acuáticos, la contaminación el aire, que ocasiona o contribuye a acidificar el agua y los procesos de eutrofización. Al respecto, la acidificación es uno de los grandes riesgos para la continuidad de las pesquerías de salmón en Noruega (Forseth et al., 2017) o el cultivo de mejillones en zonas de España.
En ecosistemas terrestres, la contaminación del aire afecta también al buen funcionamiento del ciclo del nitrógeno, carbono, azufre, agua y oxígeno, ocasionando, por ejemplo, lluvia ácida en pastizales, zonas alpinas o humedales. Así como evidencias del impacto que ocasiona el ozono troposférico sobre la función de fotosíntesis de las plantas, limitando el crecimiento de plantas y cultivos.
Todo lo anterior, sin contar con el impacto económico de tales consecuencias. Francia, por ejemplo, destinó en el año 2000 cerca de 2,400 millones de euros para reparar los daños considerados en el estudio External Costs of Transport Accident, Environmental and Congestion Costs in Western Europe (2000), de la Universidad de Karlsruhe. De acuerdo con la revista Lancet, el coste económico calculado de la contaminación sobre el medio ambiente, supera los 4,6 billones de dólares al año. Sin contar con que esa misma contaminación en sus diversas formas (agua, aire, suelo, petroquímica), mata al año a nueve millones de personas (2015) y es responsable del 16% de las muertes que ocurren en el planeta(Grarcía V., 2018).
El mundo muestra un sistema fallido porque fracasa a la hora de vincular desarrollo económico, sostenibilidad y justicia social. Casi el ٩٢٪ de las muertes relacionadas con la contaminación suceden en países con bajos niveles de ingresos y en todos los países del mundo, las enfermedades se concentran en círculos de pobreza, grupos minoritarios y vulnerables (Ibidem).
A esto se añade la problemática de la desigualdad social y de la diversidad de los estilos de vida. Los medios de comunicación se han encargado de masificar la idea de que los estilos de vida son tan diversos como seres humanos hay en el planeta. A esto ha ayudado la creciente individualización, la diferenciación de las situaciones económicas, la educación tan diferenciada, la diversificación del transporte, entre otros. Por lo que, sería poco probable encontrar una única manera de anclar el concepto de sustentabilidad con un solo sentido.
Al concepto de estilos de vida, dice Huber (2001) y Reusswig (1999), se unen tanto recursos, modos de comportamiento, orientaciones valóricas como modelos de conductas en la vida.
Para Beck (citado en: Michelsen, 2002:5),
la conformación de diferentes estilos de vida es visto como una respuesta a la individualización de la sociedad. Los estilos de vida no son por lo tanto algo así como proyectos de vida emancipatorios, sino que tipos de modelos de vida, que hoy se diferencian particularmente, por medio del tipo de orientación en el consumo.
Bajo estas preocupaciones, la ecología política se ubica en los límites del medio ambiente y el espacio de la economía. La valorización de los recursos naturales y los servicios ambientales. Se maneja en ella el conflicto para homologar valores y procesos de la naturaleza (simbólicos, ecológicos, epistemológicos y políticos), que son realmente inconmensurables de asignar un valor de mercado. Así es que ahí es donde entra el verdadero conflicto, porque la sociedad deberá jugar un papel protagónico para entrar en ese juego de distribución de beneficios económicos derivados de asignarle un precio a la naturaleza.
¿La sustentabilidad se negocia? ¿De qué manera establecen todos los sectores sus propios intereses frente al mercado global? ¿En qué coinciden los intereses de gobiernos, empresas, ciudadanos, organismos internacionales, ambientalistas, mediáticos? ¿La ciencia, en este caso, podría ser el mejor mediador o es que también tiene intereses en juego?¿Cuál es su verdadero interés?
Reflexionesfinales
Vivimos la crisis de un modelo que no reconoce ni la finitud del planeta, ni la ausencia de sus fronteras, pero privilegia un modo de producción inagotable y un estilo de vida depredador. Sin embargo, cuando la tecnología, la ciencia, la política, cultura o la sociedad no tienen las condiciones adecuadas para ofrecer alternativas a la ciudadanía para decidir libremente sobre sus estilos de vida, lo único que queda es un cambio en el ethos, en la manera de hacer o adquirir las cosas, las costumbres, hábitos, construir una forma de pensar alternativa con sociedades más justas, con mayor participación, menos marginación y, entonces, posiblemente, con una distancia más corta entre lo anhelado y lo posible.
¿Cuáles son los paradigmas que están en crisis y cuáles están debatiéndose? Luego de un recorrido por las condiciones históricas previas al discurso de la sustentabilidad, de conocer este concepto en continua evolución, analizar varios modelos de desarrollo con fines tan disímiles, es posible comprender mejor las circunstancias que lo originan, lasinstituciones que lo impulsan, los motivos de su construcción, así como algunas teorías que abonan a su comprensión y lo nutren. Sin embargo, los intereses a los que obedecen estos discursos siguen estando ocultos y no porque no se reconozca quiénes son las clases dominantes, sino porque, como buena condición de la complejidad, incluso ellas son temporales.
Sin duda, al mirar desde una perspectiva histórica la evolución de la sustentabilidad, seremos testigos de nuevos modelos de desarrollo igual o más paradigmáticos que prometerán terminar con los problemas más graves de la humanidad, son embargo, al pasar 50 años de discursos hemos podido comprobar que los problemas más apremiantes sí han cambiado, algunos parecieran haberse erradicado completamente y otros se ven ya lejos de discutirse como algo presente. Aun así, el Individualismo sigue siendo el centro de la atención, el Racionalismo la mirada predominante y la Felicidad una utópica zanahoria. Pero algo cambió, la coyuntura que miramos a lo lejos al surgir en el siglo XVI el Renacimiento y la Ilustración ahora parece ser cuestionada por miradas más empáticas y solidarias que racionales. La felicidad sigue siendo una necesidad principal del Hombre, su ansiado télos aristotélico, parte de sus fines, pero para ello se requiere más compañía que la razón, para ello se requiere emoción, espiritualidad y sobre todo compasión.
No obstante, “un gran proyecto social como el de la sustentabilidad, [...] sin la motivante y orientadora fuerza de la acción de los sentimientos no (puede) ser exitoso” (Döring-Seipel y Lantermann, citados en: Michelsen, 2003:27). Pero no de cualquier tipo de sentimientos. En comunicación del medio ambiente y sustentabilidad, deberían evitarse los conceptos que apuestan a mezclar el peligro, la culpa y el apocalipsis tan recurrente en los medios de comunicación hoy en día, ya que estos provocan miedos, desamparo, obstinación o bien, resignación. Nunca plantear la unilateralidad del sentimiento y no perder de vista la interacción de la percepción, el sentir, la memoria y el pensamiento.
El éxito para comunicar la sustentabilidad deberá traducirse en mejorar la percepción humana sobre los posibles efectos y consecuencias de sus acciones, transmitir conceptos de acción socio-emotivos que transformen la información ambiental abstracta en objetos concretos para imaginar el mundo (Michelsen, 2003). Lo que realmente está en juego no es resolver un problema de salud, de vivienda, de contaminación, sino cambiar nuestra mirada del mundo y desde donde queremos actuar frente a él. Eso es lo que Jacques (2002) denomina una crisis de percepción de paradigmas.
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