Resumen: El propósito de esta investigación fue determinar los niveles de actividad física observada en los recreos escolares según el sexo, el tipo de ciclo escolar y la modalidad de horario en seis escuelas públicas de la provincia de Heredia. Este estudio descriptivo de corte transversal utilizó el Sistema de Observación del Juego y Tiempo Libre (SOPLAY) en una muestra de 1098 escolares. Para el análisis de los datos, se aplicó un análisis de corte descriptivo y uno no paramétrico de U-Mann Whitney para comparar dos muestras independientes por sexo, ciclos lectivos y tipo de horario escolar, con un criterio estadístico de p <0,05. Los resultados de este estudio muestran que las niñas prefieren ejecutar actividades más sedentarias que los niños. Y que la niñez de centros educativos de horario ampliado es más sedentaria que la que cursa en un horario de doble jornada. En la variable ciclo lectivo, no se encontraron diferencias significativas. En conclusión, los niveles de inactividad física en la niñez, si bien no se han incrementado drásticamente, son hallazgos a los que se debe prestar atención. Además, los recreos continúan siendo un elemento poco contribuyente para promover la práctica de actividad física en el entorno escolar.
Palabras clave:SedentarismoSedentarismo, Niñez Niñez, Escuela Escuela, Movimiento físico Movimiento físico, Recreo Recreo.
Abstract: Different levels of physical activity were observed during recess among students at six public schools in the Costa Rican province of Heredia and recorded according to sex, school semester and schedule. This is a descriptive cross-sectional study was conducted using the System for Observing Play and Leisure Activities (SOPLAY) in a sample group of 1098 schoolchildren. A descriptive and a non-parametric analysis of U-Mann Whitney was also used to compare two independent samples according to sex, school semester and schedule with a statistical criterion of p <0.05. Results show that girls have a preference towards more sedentary activities than boys. Children attending schools with extended school day are more sedentary than children who attend schools with double shift schooling schedules. No significant differences were found with regards to the school semesters. It was concluded that, although childhood physical inactivity levels have not risen dramatically, certain findings warrant attention, particularly when physical activity is not promoted during recess or school activities.
Keywords: Physical Inactivity, Childhood, Schools, Motion, Recreation.
Artículo científico
Nivel de actividad física en el entorno escolar: observación basada en el Sistema de Observación del Juego y Tiempo Libre (SOPLAY)
Physical Activity Levels at School: Use of the System for Observing Play and Leisure Activity in Youth (SOPLAY)

Recepción: 17 Julio 2019
Aprobación: 03 Diciembre 2019
La actividad física es definida por la Organización Mundial de la Salud [OMS] (2019) como todo aquel movimiento del cuerpo que efectúe una persona por medio de sus músculos esqueléticos de tal manera que se produzca una exigencia energética mayor al estado de reposo. Sin embargo, en la actualidad el estilo de vida pasivo que lleva la población en general es bastante alarmante, la disminución en la ejecución de actividades físicas de manera programada ha llevado a los seres humanos a desarrollar un gran número de padecimientos, a perder la funcionalidad y a causar incluso la muerte, lo cual ha repercutido en la salud y el bienestar de la población en general (Ávalos, Reynoso, Colunga, Oropeza, y González, 2014).
En el caso específico de la niñez, el bajo nivel de actividad física como consecuencia de pasar demasiado tiempo delante de los televisores, videojuegos, celulares inteligentes y demás equipos tecnológicos junto con los nuevos métodos de desplazamiento y de una creciente urbanización ha duplicado el riesgo de padecer sobrepeso y obesidad (Centers of Disease Control and Prevention [CDC], 2019).
De acuerdo con Prieto, Correa y Ramírez (2015), la actividad física es indispensable en el desarrollo de la niñez, debido a que permite prevenir el sedentarismo y el padecimiento de enfermedades crónicas no trasmisibles (ECNT) a temprana edad. Además, está asociada con el rendimiento académico en la niñez y la adolescencia.
Ante esta situación, la OMS y demás organizaciones internacionales han recomendado ejecutar cambios en el estilo de vida de las personas, a todo nivel. Sobre todo en edades tempranas que es donde se forjan los estilos de vida saludables para la edad adulta (Herrera, Morera, Araya, Fonseca y Vargas, 2017; Ureña, Araya, Sánchez, Salas y Blanco, 2010; Villagrán, Rodríguez, Novalbos, Martínez y Lechuga, 2010; Rodríguez et al., 2017).
No obstante, para poder promover dichos cambios en los hábitos de vida de la población infantil y en el entorno que los rodea, es necesario conocer el estado inicial de actividad física. Y así poder contrarrestar la incidencia de estos y otros factores en la inactividad física de manera más efectiva.
Por tal motivo, el proyecto Escuelas en Movimiento de la Escuela de Ciencias del Movimiento Humano y Calidad de Vida de la Universidad Nacional junto con el Ministerio de Educación Pública y el Ministerio de Salud ha desarrollado la siguiente investigación con el propósito de determinar los niveles de actividad física observada en los recreos escolares según el género, el tipo de ciclo escolar y la modalidad de horario en seis escuelas públicas de la provincia de Heredia, con el fin de establecer las bases para el desarrollo e implementación de intervenciones que promuevan la práctica de actividad física desde el entorno escolar.
Según la OMS (2019), un 85% de la población infantil a nivel mundial no efectúa la hora diaria mínima de actividad física recomendada para las personas menores entre los cinco y 17 años. Al mismo tiempo, estima que para 2025 habrá 70 millones de menores con sobrepeso en el mundo, como consecuencia de tal inactividad física.
En Costa Rica, aportes recientes como los de Herrera et al. (2019) sobre el análisis de sobrepeso y obesidad, niveles de actividad física y autoestima en la niñez del II ciclo escolar del cantón central de Heredia y los de Herrera et al. (2017) sobre el perfil de estado físico y psicológico en escolares heredianos, reportan porcentajes de sedentarismo de 29,4% en la niñez costarricense herediana evaluada. Esta disminución de los niveles de movimiento en la población infantil presenta una radiografía sobre la problemática del sedentarismo en esta población (Chaves, 2013; Fernández, 2014, Herrera et al., 2019). Asimismo, Álvarez, Villalobos y Vargas (2018) al estudiar los niveles de actividad física y las barreras percibidas para la práctica de actividad física en el ambiente escolar costarricense, encontraron que el principal factor que influye en la inactividad física de la niñez es la falta de organización en los espacios de juego y de actividades durante los espacios de recreo dentro de los centros educativos. Además, hicieron hincapié en la importancia del entorno escolar como el lugar que reúne las mayores características para poder medrar sobre la problemática mencionada.
La actividad física influye significativamente en la valoración de calidad de vida (Gálvez et al., 2015). Esta práctica genera una serie de beneficios durante la niñez que influyen en el crecimiento y desarrollo saludable de todos los sistemas corporales, desde el sistema cardiorrespiratorio, el musculoesquelético, entre otros. Además, le permite mantener al infante un equilibrio calórico y por lo tanto, un peso saludable.
Asimismo, tiene un impacto positivo en el bienestar mental y social del estudiantado. Dentro de sus principales beneficios, se puede mencionar que reduce síntomas de tristeza y ansiedad, síntomas de agresividad o conductas destructivas, la hiperactividad y previene el aislamiento, la impulsividad y la deserción escolar (Nekotxea, 2014).
En el plano cognitivo se ha demostrado que la práctica de actividad física influye positivamente en los procesos intelectuales de la niñez; esta mejora el razonamiento, la resolución de problemas y el procesamiento de la información y, maximiza la atención, la retención y el recuerdo, los cuales son procesos que conducen a un aprendizaje más efectivo (Oros, Manucci y Richaud de Minzi, 2011).
En respuesta del sedentarismo en la niñez costarricense se ha considerado al entorno escolar como el lugar que reúne las mayores características para poder incidir sobre la problemática mencionada, no solo porque es el entorno en la vida de la niñez donde conviven la mayor cantidad de tiempo, sino también, porque ofrece el mayor potencial para ser modificado y obtener una niñez más activa (Álvarez, et al. 2018; Chaves, 2013; Sallis et al., 2012).
Principalmente, es el recreo escolar que ha ofrecido históricamente la posibilidad para que el estudiantado pueda canalizar todo su espíritu creativo y energía física en aras de la salud integral. Sin embargo, esta realidad en el ámbito escolar ha sido modificada por una sociedad que privilegia los estilos de vida sedentarios, ambientes que limitan el movimiento de ellos y un desarrollo tecnológico que propicia conductas inactivas (Ruiz y Castañeda, 2016).
Aquí es donde se potencia la práctica de actividad física [AF] del alumnado, además de servir como un espacio para cumplir las recomendaciones de AF según los organismos internacionales (Frago, Murillo, García, Aibar y Zaragoza, 2017; OMS, 2010). Esfuerzos investigativos a nivel internacional han recalcado que es importante el espacio para el juego, evitando el hacinamiento estudiantes en un campo reducido (Anthamatten et al., 2011; Colabianchi, Maslow y Swayampakala, 2011). De ahí también, la importancia de organizar las zonas de juego y de incluir material deportivo y recreativo, que promuevan el movimiento entre ellos en diversos momentos del día escolar (Barnas, Wunder II y Ball, 2018).
Por otro lado, para poder potenciar el impacto de estos espacios, es de suma importancia determinar la dinámica del estudiantado durante los recreos escolares, sobre todo lo relacionado con la intensidad, el tipo de actividades y los lugares donde desarrollan las actividades, con el fin de estructurar intervenciones que incurran sobre estas variables y directamente sobre los patrones de movimiento del alumnado.
Para ello, autores como Agaronov et al. (2018); Anthamatten et al. (2011); Bocarro et al. (2015); Colabianchi et al. (2011) y Silva, Sousa, Sá, Ribeiro y Mota (2014) señalan que la observación directa es una metodología confiable para determinar los niveles de actividad física y hace un escaneo de las zonas de juego utilizadas.
Este es un estudio descriptivo de corte transversal en el cual se aplicó una única medición de tipo observacional en los recreos escolares de seis centros educativos, seleccionados aleatoriamente del cantón central de Heredia.
Se observaron 1098 escolares de I y II ciclo, pertenecientes a seis escuelas públicas (cuatro con un horario de doble jornada y dos con horario ampliado), las cuales fueron delimitadas al azar mediante la fórmula de randomización de Microsoft Excel utilizando la lista de centros educativos por circuitos escolares del Ministerio de Educación Pública, para la provincia de Heredia. Un 52% (n=575) del estudiantado fueron niños y un 48% (n=523) niñas, de todos los grados (primero a sexto).
Además, para llevar a cabo dicha investigación se tomaron en cuenta como criterios de inclusión que las escuelas participantes contaran con al menos 100 estudiantes matriculados en el cada ciclo lectivo y, como criterio de exclusión que cada estudiante participante presentara al momento de la observación alguna discapacidad física que le impidiera participar de los recreos.
Sistema de Observación del Juego y Tiempo libre (SOPLAY, por siglas en inglés), elaborado por McKenzie, Marshall, Sallis y Conway (2000), es un instrumento diseñado para conseguir mediciones de la cantidad de niños y niñas con sus respectivos niveles de actividad física durante los periodos de descanso. El sistema se basa en un muestreo de tiempo momentáneo. Durante la observación de la actividad física cada sujeto observado es codificado como sedentario (si está de pie, sentado o acostado), actividad física moderada (caminata) o actividad física vigorosa (si está ejecutando actividades más intensas). Los escaneos deben efectuarse de izquierda a derecha separando a los niños de las niñas, en cada uno de los espacios de juego previamente establecidos en un mapa del centro educativo y caracterizados contextualmente por la accesibilidad, usabilidad, supervisión, organización y equipo o material proporcionado. También, se registra el tipo de actividad física predominante en cada área en la cual participan los niños y las niñas utilizando una lista de 14 actividades que describe el protocolo de observación (por ejemplo, baloncesto, fútbol, perseguirse, entre otros). El SOPLAY mostró una validez y confiabilidad de correlaciones altas para las niñas sedentarias (r = .98) y las niñas que caminaban (r = .95), aunque menor para los recuentos de las chicas muy activas (r = .76). Para los niños, las correlaciones fueron altas para sedentarios (r =.98), caminar (r = .98) y comportamiento muy activo (r = .97). Además, en las correlaciones intraclases cumplió con criterios aceptables (IOA = 80%, r = .75).
Tres evaluadores con experiencia en la medición de SOPLAY elaboraron todas las observaciones, pues se requiere que todos los capacitados cumplan con los criterios de evaluación aceptables para dicho protocolo. Las observaciones se efectuaron dos veces en dos días normales de los recesos escolares, con el fin de validar los resultados obtenidos.
Por medio del Ministerio de Educación Pública, en conjunto con el director de cada institución educativa, se dio el aval para efectuar las observaciones en los recreos; seguidamente, se ejecutaron varias visitas a las seis escuelas en horarios diferentes, para establecer las áreas de juego de los escolares, desarrollar las mediciones de los espacios y definir aspectos previos importantes para las observaciones. Con esta información, se procedió a crear mapas de las escuelas con sus respectivas zonas, ya definidas por los observadores, se codificó cada área de juego y el punto de localización de cada observador. Una vez que se tuvieran listos los mapas de las seis escuelas, se visitaron nuevamente las escuelas para efectuar la observación en el recreo más grande, que tiene una duración de 20 minutos. Todas las observaciones estuvieron a cargo de tres personas, debidamente entrenadas en el uso del protocolo de observación SOPLAY.
Al finalizar las observaciones en todos los centros educativos, se procedió a elaborar los cálculos de los niveles de actividad física de los participantes, por medio de una base de datos previamente codificada. Todas las observaciones se desarrollaron en el horario de recreos regular, en presencia del personal docente y en estricta concordancia con los principios éticos para la investigación indicados en la Declaración de Helsinki.
Los datos se tabularon y analizaron por medio del paquete estadístico SPSS 24.0 para Windows. Se aplicó una prueba de Kolmogorov-smirnov (n > 50) para verificar la normalidad, donde se obtuvo un resultado de (p = .04). Se hizo un análisis de corte descriptivo (frecuencias, porcentajes, promedios y desviaciones estándar) con todas las variables de estudio: sexo, ciclo lectivo, tipo de horario y nivel de actividad física observada. Además, al no cumplir con el supuesto de normalidad, se aplicó un análisis no paramétrico de U-Mann Whitney aplicada a dos muestras independientes por sexo, ciclos lectivos y tipo de horario escolar. Para estas pruebas se utilizó un criterio estadístico de p < .05.
La Tabla 1 muestra las frecuencias, porcentajes, promedios y desviaciones estándar a nivel general de la actividad física, obtenidos durante el recreo escolar utilizando el Sistema de Observación del Juego y Tiempo libre (SOPLAY) en las seis escuelas públicas.

Nota: (MVPA): Actividad física moderada-vigorosa intensidad, (M): promedio, (D.E.): desviación estándar.
Fuente: Elaboración propia.

Nota: (MVPA): Actividad física moderada-vigorosa intensidad, (M): promedio, (D.E.): desviación estándar, (Z): razón de z de prueba U de Mann-Whitney, (p): nivel de significancia estadística.
Fuente: Elaboración propia.Por otro lado, al comparar los resultados del nivel de actividad física por sexo, se encontraron diferencias significativas en el nivel de sedentarismo (Z= -2.043; p=0.043), siendo las niñas las que presentaron más bajo nivel de actividad física y en el nivel de actividad física de moderada-vigorosa intensidad (Z= -2.083; p=0.035), donde los niños presentaron mayor nivel de actividad física al practicar más actividades de alta intensidad durante los recreos escolares (ver Tabla 2).

Nota: (MVPA): Actividad física moderada-vigorosa intensidad, (M): promedio, (D.E.): desviación estándar, (Z): razón de z de prueba U de Mann-Whitney, (p): nivel de significancia estadística
Fuente: Elaboración propia.En la Tabla 3 se muestra que, al comparar los resultados de acuerdo con el ciclo lectivo, no se encontraron diferencias estadísticamente significativas en el nivel de actividad física, tanto en el I Ciclo, como en el II Ciclo los niveles de sedentarismo (Z=-0.315; p=0.80) y de moderada a vigorosa actividad física (Z=-0.316; p=0.80) son muy similares. Sin embargo, cabe mencionar los elevados porcentajes de sedentarismo en ambos ciclos.

Nota: (MVPA): Actividad física moderada-vigorosa intensidad, (M): promedio, (D.E.): desviación estándar, (Z): razón de z de prueba U de Mann-Whitney, (p): nivel de significancia estadística.
Fuente: Elaboración propia.En el caso del tipo de horario de los centros educativos, tampoco se encontraron diferencias estadísticamente significativas en cuanto a los niveles de actividad física sedentaria (Z=-0.520; p=0.62), y de moderada-vigorosa intensidad (Z=-0.521; p=0.61), pero si se muestra una tendencia en la niñez de horario ampliado de practicar actividades más sedentarias en un 42,75% a diferencia de los niños de doble jornada (32,1%) (ver Tabla 4).
El propósito de esta investigación fue determinar los niveles de actividad física observados en los recreos escolares según el género, el tipo de ciclo escolar y la modalidad de horario en seis escuelas públicas de la provincia de Heredia. Los hallazgos de este estudio muestran a nivel general que un 34,30% de los escolares practican actividades sedentarias y un 65,90% se mantienen en movimiento con actividades de moderada a vigorosa intensidad durante los recreos escolares.
Estos resultados generales se asemejan a los reportados por Álvarez, Villalobos y Vargas (2018), quienes obtuvieron un 47,98% de sedentarismo en el estudiantado observado y, a los de Arias (2014), quien halló que un 52,7% de los escolares permanecen sedentarios y un 47,3% ejecutan actividad física de intensidad moderada a vigorosa [MVPA] durante el horario de recreo. No obstante, al comparar dichos datos se demuestra que a pesar de la situación de inactividad física que presenta la niñez, no ha habido un incremento significativo de esta condición (Evans, Sánchez, Bonilla y Capitán, 2016; Pérez, 2014; OMS, 2010).
Con respecto al sexo, se encontraron diferencias estadísticamente significativas, tanto en los niveles de sedentarismo como de moderada y vigorosa intensidad, siendo los niños los que practican actividades de mayor intensidad (MVPA), en un 71,70% en comparación con las niñas que arrojaron un 60,10%. De acuerdo con estos porcentajes, otros estudios también afirman que las niñas son más sedentarias que los niños en el contexto escolar (Cady, Lohse, Smith, Nigg, y Cunningham, 2015; Chaparro y Leguizamón, 2015; Salamanca, Sandoval y Páez, 2016), y achacan dichos resultados al proceso puberal y al avance en el proceso educativo que tienden a producir en ellas un mayor disfrute de las actividades pasivas y sociales, contrario a los niños. Por lo que, esto las predispone a presentar mayores factores de riesgo, más baja condición física para el desarrollo de diferentes actividades físicas y una deficiencia en las destrezas motoras básicas que favorecen la inactividad física (Cigarroa, Sarqui y Zapata, 2016; Torres, Carpio, Sánchez y Zagalaz, 2014).
Conjuntamente, Molins (2012) menciona en su estudio de observaciones en el patio de recreo, que las niñas se ven invisibilizadas en este espacio, por lo tanto, se quedan discriminadas de las actividades físicas, pues los principales espacios son acaparados por actividades de juego como fútbol o juegos más competitivos que en su mayoría son realizados por los niños. Aunado a esto Gil, Cachón, Díaz, Valdivia y Zagalaz (2014); Prieto y Delgado, (2017); Silva et al., (2014) y Varela (2015) señalan de acuerdo con las evidencias científicas encontradas que, los niños se inclinan por deportes de conjunto, mientras que las niñas muestran preferencia por juegos de perseguirse y socialización en edades tempranas.
Por otro lado, al comparar estos datos generales y según sexo con las recomendaciones que indican que los recreos deben proveer de un 40% a un 50% de la actividad física diaria en los escolares (Frago et al. 2017), con una frecuencia de una hora diaria a una intensidad de moderada a vigorosa, dadas por la Organización Mundial de la Salud [OMS] (2010), los hallazgos encontrados demuestran que no se están cumpliendo a cabalidad dichas recomendaciones, principalmente en las niñas, quienes presentan un comportamiento más sedentario durante este horario.
A pesar de ello, Agaronov et al. (2018) y Black, Menzel y Bungum (2015) han intentado desarrollar intervenciones ambientales diferenciadas para promover la actividad física en las niñas, sin obtener resultados alentadores. Por lo que, es importante considerar no solo factores ambientales sino también de la organización del espacio, la disposición de equipo para incrementar el involucramiento de la niñas en actividades físicas (Ishii, Shibata, Sato y Koichiro, 2014; Barnas et al., 2018; Méndez, Cecchini, Fernández, Méndez y Prieto, 2017) y estructurar el apoyo social requerido para garantizar la seguridad y un ambiente armonioso que promueva un estilo de vida más activo en ambos sexos (Bocarro, Kanters, Edwards, Casper y McKenzie, 2014; Ward, Saunders y Pate, 2010).
Tratando de explicar esta situación, se debe considerar que los entornos escolares reducidos e inseguros, aunado al uso ilimitado de las tecnologías son contribuyentes de dicha problemática imperante en la niñez femenina (D'Hondt et al., 2013). De especial interés en este estudio es el hecho de que el uso de las tecnologías ha sido asociado a mayores niveles de sedentarismo en los recreos, reportándose como la mayor barrera que esta población enfrenta para ser activos en su tiempo libre y de juego (Pawlowski, Tjørnhøj, Shipperijn y Troelsen, 2014).
En el caso de los datos obtenidos al comparar el I y II Ciclo, si bien no se encontraron diferencias estadísticamente significativas en ambos niveles de actividad física, cabe mencionar que un 32,5% de los niños evaluados del I Ciclo y 31,87% de II Ciclo demostraron practicar actividades sedentarias, mientras que un 67,62% y un 68,00% mostraron ejecutar actividad física de moderada-vigorosa intensidad al ser observados durante los recreos escolares respectivos. Ante esta coyuntura, se debe recordar que el contexto educativo es el entorno en la vida de la niñez en que permanecen mayor cantidad de tiempo, lo cual hace importante poder generar acciones concretas que propicien el movimiento del estudiantado independientemente de la edad o ciclo escolar en el que se encuentre cursando (Salamanca et al., 2016; Pawlowski, et al., 2014).
El ámbito escolar como un elemento indispensable en la vida activa de la niñez (Organización Panamericana de la Salud [OPS], 2010), no solo como un sitio de esparcimiento y socialización (Álvarez, 2016; Chaves, 2013; Soler, 2018), sino también como elemento necesario en la promoción de estilos de vida activos; que apoyen a la reducción de los factores de riesgo de enfermedad coronaria, accidentes cerebrovasculares, diabetes mellitus, hipertensión arterial, cáncer de colon y cáncer de mama y, determinante en el tratamiento de trastornos psicológicos, tales como la depresión y la ansiedad en la niñez (Guillamón, Cantó y Soto, 2018).
Por otra parte, a propósito de la comparación por ciclo escolar vale la pena mencionar que en el I Ciclo se observaron actividades físicas de perseguirse y escondido y, en el II Ciclo de ronda, gimnasia y fútbol. Desde esta perspectiva, Martínez, Aznar y Contreras (2015) indican que en el caso de los niños la práctica de actividad física no se ve afectada por su edad, contrariamente a lo que sucede con las niñas, como se sugiere en los párrafos anteriores.
Por último, a la hora de comparar las escuelas que tienen un horario ampliado (7:00 a.m. a 2:30 p.m.) con las escuelas que van con un horario de doble jornada (7:00 a.m. a 12:10 p.m. y 12:30 p.m. a 5:40 p.m.) no se encontraron diferencias estadísticamente significativas entre el tipo de horario. Sin embargo, se halló una tendencia en los niños de horario ampliado a practicar actividades más sedentarias, con un 42,75%, contrario a los de horario de doble jornada con un 32,18%. Y en relación con la actividad física de moderada-vigorosa intensidad un 68,12% se encontró en el horario de doble jornada y 57% en el horario ampliado.
Esta tendencia es semejante a la encontrada por Álvarez, et al. (2018), quienes hallaron que un 77,4% los escolares de horario ampliado son más sedentarios en comparación con los de horario alterno, con un 38,7%. Asimismo, estos autores atribuyen dicha circunstancia a la cantidad de estudiantes que tienen que compartir las áreas comunes de juego en las escuelas con horario ampliado, que a su vez suscitan a un incremento del maltrato escolar y a una exclusión, especialmente de los estudiantes de menor edad o los más débiles (Pereira, 2014; Uys et al., 2015).
Esta limitación de espacio es una desventaja para gran cantidad de estudiantes, debido a que los pone en condiciones desfavorables para obtener los beneficios cognitivos, sociales, emocionales y físicos asociados a entornos que favorecen el movimiento (American Academy of Pediatrics, 2013). Y si además, se le añade las largas jornada académicas, el estudiantado se siente agobiado, provocando una visión negativa hacia el entorno escolar que puede ocasionar hasta la deserción de estos (Cabrera y Herrera, 2016).
De ahí que, reorganizar la infraestructura escolar con base en las edades de los infantes y la provisión de equipo para ejecutar actividad física, ofrece un gran avance en la participación de los niños y las niñas en la actividad física. Sin embargo, esta reorganización nunca debe dejar de lado que el juego es una herramienta lúdica indispensable para el crecimiento integral de la niñez (Molins, 2012). De modo que, debe venir acompañado de una supervisión adecuada para garantizar no solo el uso apropiado del equipo, sino también para mantener espacios que generen la sana convivencia, que permita el accionar del estudiantado sin que pierda la esencia misma de ellos y su creatividad e iniciativa (Jaramillo, Quilindo y Paz, 2017; Silva et al., 2014; Salamanca et al. 2016).
En conclusión, los recreos continúan siendo un elemento poco contribuyente para promover la práctica de actividad física en el entorno escolar. Los niveles de inactividad física en la niñez, si bien no se han incrementado drásticamente, son hallazgos a los que se debe prestar atención.
En relación con las diferencias por sexo, los niños independientemente del ciclo que esté cursando y el espacio con el que cuenten, presentan mayores y mejores niveles de actividad física, en comparación con las niñas, las cuales tienen mayor interés por las actividades de socialización, como consecuencia de su acercamiento al proceso puberal.
Con respecto al tipo de horario, es importante tomar en consideración aspectos como la organización de los espacios físicos, la supervisión de los momentos de juego y el uso de diferentes materiales o equipos lúdicos, que le permitan al estudiantado efectuar diferentes actividades de su gusto y, que se adapten al espacio con el que el centro educativo cuenta.
Este estudio enfatiza la necesidad de replantearse el papel de las escuelas para que lideren la promoción de la salud física y la prevención de la obesidad. Los recreos escolares deben modificarse como el momento de estímulo esencial para promover la práctica de estilos de vida activos, donde el estudiantado encuentre las condiciones mínimas para disfrutar estos momentos lúdicos y que propicien la libre expresión y creatividad de la niñez, atendiendo con especial énfasis actividades que sean inclusivas para toda la población.
Para futuras investigaciones, se recomienda validar el instrumento al idioma español para aumentar la confiabilidad de los datos. La falta de revisiones recientes sobre el tema de la inactividad física en la niñez costarricense puede servir como una oportunidad para identificar nuevas brechas en la investigación del movimiento humano en la niñez.

Nota: (MVPA): Actividad física moderada-vigorosa intensidad, (M): promedio, (D.E.): desviación estándar.
Fuente: Elaboración propia.
Nota: (MVPA): Actividad física moderada-vigorosa intensidad, (M): promedio, (D.E.): desviación estándar, (Z): razón de z de prueba U de Mann-Whitney, (p): nivel de significancia estadística.
Fuente: Elaboración propia.
Nota: (MVPA): Actividad física moderada-vigorosa intensidad, (M): promedio, (D.E.): desviación estándar, (Z): razón de z de prueba U de Mann-Whitney, (p): nivel de significancia estadística
Fuente: Elaboración propia.
Nota: (MVPA): Actividad física moderada-vigorosa intensidad, (M): promedio, (D.E.): desviación estándar, (Z): razón de z de prueba U de Mann-Whitney, (p): nivel de significancia estadística.
Fuente: Elaboración propia.