Reseña
Received: 07 August 2023
Accepted: 20 December 2023
Published: 31 January 2024
La lectura del libro Vista desde una acera de Fernando Molano Vargas es posible gracias al “impulso de archivo” (en términos de Hal Foster) que llevó a su amiga Ana Cox a encontrar el manuscrito entre los documentos de la Biblioteca Luis Ángel Arango, en Bogotá. Cuenta la leyenda que Molano ganó el Primer Concurso Literario de la Cámara de Comercio de Medellín en 1992 con su novela Un beso de Dick, escrita luego de que su pareja muriera de sida y mientras cuidaba a su madre moribunda. Gracias al éxito del libro, en 1995 recibió una beca de creación de Colcultura (actual Ministerio de Cultura de Colombia) para terminar la novela en la que estaba trabajando. Molano era portador de vih y, en aquel entonces (todavía lejos del cóctail de antirretrovirales que convertiría al virus en una enfermedad crónica y no en una sentencia de muerte) sabía que tenía los días contados. En 1997, poco antes de morir el 10 de abril de 1998 y para cumplir con los requisitos de la beca, entregó un borrador corregido del libro. Esos papeles permanecieron en el Ministerio hasta 2004, cuando fueron enviados a la Biblioteca Luis Ángel Arango, donde Cox encontró el manuscrito y se puso manos a la obra para que la novela fuera dada a conocer. Antes de ver la luz en 2012, el texto de Molano fue corregido y establecido por David Jiménez, su antiguo profesor y amigo.
Si bien fácilmente la publicación de Vista desde una acera puede ser valorada por su carácter de hallazgo y completista de la obra de un autor de culto, también sirve para poner en abismo su producción literaria. En su estatus de “borrador”, el proyecto escapa a cualquier ilusión finalista o teleológica y se mantiene como una literatura potencial, un punto de cruce de temporalidades (el tiempo de la escritura, pero también el de su edición o su lectura) e imaginarios (el del propio texto, pero también el de Un beso de Dick). En términos del intelectual argentino-brasileño Raúl Antelo, Vista desde una acera vendría a ser el futuro del pasado de la obra de Molano, lo que todavía no sucedió y queda, en virtud de un pasado que no cierra, abierto al porvenir. Como afirmó Borges en “Las versiones homéricas”: “no puede haber sino borradores. El concepto de texto definitivo no corresponde sino a la religión o al cansancio”.
Tal como Molano la plantea formalmente, Vista desde una acera es una novela que se sostiene sobre dos temporalidades intercaladas y diferenciadas estilísticamente. Por un lado, el relato del pasado, sobre las experiencias de formación del narrador y su pareja, que corren en paralelo hasta unirse cuando se conocen. Por el otro, lo que podría considerarse un tiempo “presente”, el registro en la forma de diario (llamado “escenas para un diario” y dispuesto en cursiva) en el que el narrador da cuenta del derrotero de ambos protagonistas a partir de la hospitalización de uno de ellos y su diagnóstico de vih positivo. Esta estructura en paralelo se sostiene durante las dos primeras partes del libro, y la tercera y última actúan como punto de convergencia, dando por terminado el relato en el mismo momento en que empieza, como una serpiente que se come la cola.
Vista sobre una acera es una novela sobre la escritura de una novela. El relato abunda en referencias constantes al libro que vendrá (¿el que se está leyendo?). Este efecto cobra fuerza con la historia del texto, su archivación y posterior salida a la luz gracias a un trabajo de exhumación y establecimiento. El porvenir está siempre postergado o puesto en suspenso y solo puede recuperarse con una mirada en retrospectiva. En su propio mito de origen, desarrollado en las páginas de este libro, Molano presenta desde temprano su interés por la literatura y el deseo de ser escritor. Una voluntad que podría ubicarse en referencia a su primera novela, a ese beso de Dick a Oliver Twist que precisamente pone en suspenso el desarrollo de una historia que en el libro de Dickens nunca llega. Es la voluntad de recuperar ese tesoro escamoteado por la historia de la literatura la que alimenta su deseo de escribir. En este sentido, se puede pensar también su modo de considerar lo literario, aquello que normalmente (en términos de norma) puede ingresar a ese orden y lo que no, la historia de amor de Oliver y Dick, pero también su propia historia, la de dos chicos que se enamoran. Esa tensión entre lo que “debe” y lo que “puede” ser una novela se resuelve en la propia temporalidad de la escritura, en los efectos de la llamada posmodernidad en la literatura y sus clásicas sentencias sobre el fin de los grandes relatos y la valorización de lo menor.
Vista desde una acera se presta a ser leída en clave de novela de formación o aprendizaje. Las historias de Fernando y Adrián se nos cuentan desde su temprana infancia, llena de todo tipo de obstáculos que deben sortear a fin de finalmente encontrarse y, en esa misma reunión, abrazar lo que parece ser su destino. En ambos casos el ingreso a la sexualidad marca (más temprano que tarde y en contra de su propia voluntad) un momento de transición fundamental, que tiene que ver con la propia identidad y el sentido de la vergüenza. Tal como afirma Foucault en su Historia de la sexualidad, contrario a la hipótesis represiva que silenciaría cualquier discusión sobre el sexo, su discurso prolifera y se instituye desde los dispositivos de poder, como es la escuela. Allí la lección que se imparte es la heterosexualidad obligatoria y el placer como algo vergonzoso, algo que choca no solo con el sentido de sí del narrador, sino también con su propia idea de novela y lo que puede ingresar al orden literario. Allí radica la subversión de Molano. Por un lado, al imaginar y escribir un libro que invierta esos valores. Por el otro, al minar el modelo tradicional de bildungsroman, en tanto el desarrollo de los dos personajes queda truncado por el sida.
La atención puesta por los estados modernos sobre la vida de sus ciudadanos marcó lo que Foucault llamó el nacimiento de la biopolítica, siendo el control de la sexualidad uno de sus ejemplos más claros. El concepto fue luego desarrollado por otros filósofos, entre los que se cuenta el italiano Giorgio Agamben. En su caso, la biopolítica es la que determina qué vidas merecen ser vividas, tal como ocurrió durante el Holocausto. La crisis del sida, que cobró fuerza a partir del rápido desarrollo de la globalización durante las dos últimas décadas del siglo xx, puso a los gobiernos y a la sociedad en una instancia de biopoder, tal como puede leerse en Vista desde una acera. En su novela Molano da cuenta de cómo la vida de Adrián, una vez que es hospitalizado, se convierte en lo que Agamben llama “nuda vida”, una vida desprovista de toda cualificación y humanidad, para la cual ya no vale la pena hacer nada.
Ser portador de vih en Vista desde una acera se convierte en un problema ontológico en tanto otorga un sentido de la identidad a sus protagonistas que va de la mano con su homosexualidad. Al respecto el libro incluye profusas reflexiones, en tanto la búsqueda de la propia identidad es una pieza esencial de toda novela de aprendizaje. Dejando de lado la experiencia de Adrián, a la hora de pensarse a sí mismo, el narrador tensiona su personalidad a partir del triángulo que forman su sexualidad, su consciencia de clase y su voluntad de ser escritor. Con respecto al sexo, es interesante pensar la figura de Molano como un enlace generacional entre las concepciones más clásicas (y locales) de homosexualidad, que pueden ser pensadas a partir del término “marica”, y el concepto más moderno, extranjero y globalizado de “gay”. Signo de este cambio de paradigma puede ser la propia forma en que el narrador plantea la diferencia entre ser homosexual y tener relaciones homosexuales.
En relación directa con la sexualidad y el deseo de ser escritor, aparece en el discurso del narrador su conciencia de clase. La humildad y los bajos recursos sientan al mismo tiempo un precedente y un obstáculo (en los términos en que los plantea toda novela de formación) para el desarrollo de los dos protagonistas de Vista desde una acera. Para el narrador la cruda e injusta realidad no plantea otra alternativa más que la de huir por la izquierda. Sin embargo, como tantos otros homosexuales seducidos por la Revolución cubana, allí se encuentra con los mismos prejuicios conservadores de los que venía escapando.
Vista desde una acera presenta un testimonio importante sobre la experiencia del sida en América Latina. Escrita entre los años 1995 y 1997, enlazando en el tiempo la muerte de su pareja en 1987 y la suya propia, la novela de Molano da cuenta de lo poco que cambió la situación para las personas seropositivas durante más de una década. Sus protagonistas se vuelven estandartes de la enorme generación perdida en manos del sida y de la negligencia de los estados para hacer frente a la pandemia.
Notes