Editorial
Transformaciones urbanas y sostenibilidad territorial en la Pan-Amazonía
Urban configurations and territorial sustainability in Pan-Amazon region
Configurações urbanas e sustentabilidade territorial na Pan-Amazônia
Transformations urbaines et durabilité territoriale dans la Pan-Amazonie
Recepción: 12 Noviembre 2024
Aprobación: 12 Noviembre 2024
En el marco de la convocatoria “Crisis ecosistémicas y contestaciones en la configuración territorial y urbana de la Pan-Amazonía” de la Revista Bitácora Urbano-Territorial, se analiza una de las regiones más mega diversas del planeta, con casi 7.5 millones de km² distribuidos en nueve países. Su territorio desempeña un papel estratégico en el equilibrio ecológico global y enfrenta transformaciones significativas debido a procesos urbanos que generan una ‘armonía fragmentada’, reflejando un mosaico de piezas que reconfiguran el territorio bajo las dinámicas de la globalización (Bayón & Torres, 2019). Este documento explora la urbanización amazónica como un campo en desarrollo, abordando las tensiones socioambientales, disputas sobre el uso del suelo y las contestaciones locales frente a crisis ecosistémicas; asimismo, presenta los siete casos recibidos en este número.
El punto de partida es la definición de la Pan-Amazonía como una red sudamericana selvática-hidrográfica que incluye várzea y manglar, organizada en torno al río Amazonas y sus 1,000 tributarios (SINCHI, 2024). Este bioma heterogéneo (Mantilla, 2022) combina regiones interconectadas con distribuciones espaciales y clasificaciones administrativo-geográficas disímiles (Salazar & Riaño, 2016; Gutiérrez et al., 2004). La Pan-Amazonía se extiende en nueve países: Brasil (64%), Perú (9.7%), Bolivia (7%), Colombia (6.6%), Venezuela (5.9%), Ecuador (1.6%), Guyana (2%), Guayana Francesa (0.8%) y Surinam (1.9%), con una población de 38 millones de habitantes (Durán, 2024; Gutiérrez et al., 2004; RAISG, 2020; Repam, 2021; Toscano et al., 2023). Se clasifica en tres subregiones (Guhl & Riaño, 2022): el ‘anillo de poblamiento’, asociado a infraestructura extractiva y ciclos de bonanza; el ‘centro selvático’, con poblados dispersos y economías de subsistencia, y los asentamientos conectados por la ‘red fluvial’ (Staeck, 2022)[1].


Se reconoce que las ciudades amazónicas acumulan capas históricas que datan de al menos 2500 años (Rostain et al., 2024). Sin embargo, el debate sobre su territorio como objeto de intervención se centra desde la conquista ibérica y la colonia, basado en las narrativas de abundancia y disponibilidad de recursos naturales (Guhl & Riaño, 2022). Bayllón & Durán (2023) identifican ciclos clave de la integración amazónica al mercado global con la fundación de poblados, el auge de la hacienda, el enclave cauchero del siglo XIX y la llegada de empresas transnacionales en el siglo XX (Wagley, 1953; Wilson & Bayón, 2017a;). Conceptos como la ‘foresta urbana’ (Becker, 2004; Riberio et al., 2022) y la ‘selva humanizada’ (Arcila & Salazar, 2011) denuncian la invisibilización de casi 420 pueblos nativos (SINCHI, 2024) para legitimar la expropiación y el despojo (Begert & Durán-Calisto, 2020; Sandoval, 2022).
En la modernidad tardía, los intereses del Estado-Nación consolidaron la infraestructura estatal sin lograr una ‘cohesión territorial inclusiva’ (Martínez & Rubiños, 2021), lo que reforzó un dualismo entre regiones céntricas (andinas y portuarias) y otras aisladas del centro selvático (Naranjo, 2016). En este contexto, se promovió un ‘monopolio de la fuerza’ (Ramírez, 2016) y ‘colonizaciones urbanas’ (Fajardo, 2011; Domínguez, 2005) que asegurara soberanía territorial y condiciones favorables al modelo productivo dominante (Durán & Bayllón, 2022). Estas medidas consolidaron redes locales de poder económico y político (Vieco, 2000), subordinando a las poblaciones locales frente a actores delegados (Mongua, 2023).
En el último siglo, la Amazonía vio expandirse la frontera agrícola con monocultivos (Celi et al., 2009; Sawyer, 1987), bonanzas de recursos (Arcila, 2011) y políticas agrarias que ocuparon tierras baldías, generando conflictos con pueblos nativos y acelerando la deforestación (Campaña, 2021; Herrera, 2007). Este modelo favoreció una ‘apropiación capitalista’ que redefine el valor del espacio amazónico y desafía las lógicas de autodeterminación comunitaria (Wilson & Bayllón, 2017).
Se desarrollaron ciudades ‘híbridas y periféricas’ y se establecieron jerarquías entre metrópolis y núcleos menores orientados al comercio fluvial (Browder & Godfrey, 1996; Vicentini, 2004). Este proceso fortaleció la urbanización, pero cuestionó la capacidad de los sistemas para satisfacer las crecientes demandas de infraestructura y sostenibilidad (Wood et al., 2023), su dependencia de economías externas y los retos del ‘neodesarrollismo’ (Tapia, 2018; Schuber, 2019).
El crecimiento demográfico Panamazónico también es otro factor clave pues se pasó de 12 millones de personas en los años 70 a 43 millones en 2024 (Killen, 2024; Pulecio, 2022). Aunque la tasa de crecimiento del 2.4% a 3.5% de los años 80 cayó al 1% recientemente (RAISG, 2020; Killen, 2024), la población actual crece casi en un millón de personas por año, proyectándose 60 millones para el año 2050 (Wood et al., 2023; Killen, 2024). Cerca del 70% vive en áreas urbanas (Durán, 2024), con un 80% de inmigrantes o sus descendientes, y solo un 5% de pueblos indígenas (Killen, 2024, Matos-Pereira et al, 2023). Esto refleja una presión creciente sobre los ecosistemas y dinámicas socioculturales (Durán & Bayllón, 2023), donde la urbanización avanza de la periferia hacia el centro, articulada por economías de mercado multiescalares (Arcila, 2011).
Así, las lógicas de desarrollo estatal (Uribe, 2022) sustentan el crecimiento urbano, marcado por la autoconstrucción, la dependencia de redes extractivas (Durán, 2024), el centralismo y las fuerzas del mercado que subordinan alternativas de desarrollo de las ciudades amazónicas. La conexión periférica impulsa obras de infraestructura que facilitan el acceso a recursos para producción energética y agroindustrial, generando una ‘urbanización no planificada’, centrípeta, condicionada por la proximidad a centros de extracción y fomentando la ocupación de áreas aledañas (Guhl & Riaño, 2022). Lo que deriva en contradicciones como jerarquías urbanas bajas (Guedes et al., 2009) y el debilitamiento de competencias locales; esto exige nuevas interpretaciones de los ‘polos de desarrollo’ y redes basadas en arreglos institucionales (Schor & Oliviera, 2011).
Se cuestiona la visión de ‘frontera extractiva amazónica’, ya que el avance urbano no se limita a la expansión económica, sino que redefine las relaciones entre el Estado, el capital global y las comunidades (Herrera et al., 2020). Esta modernización territorial (Ramírez, 2016) refleja mecanismos estatales que excluyen a la Amazonía del desarrollo (Uribe, 2022), subordinando el territorio (Mantilla, 2022; Durán & Bayllón, 2022; Begert & Durán-Calisto, 2020) mediante la deforestación masiva que no fortalece la economía campesina, la cesión del dominio estatal ante actores privados e internacionales que impulsan monocultivos (Herrera, 2007) y un ‘capitalismo lumpen’ (Figueroa, 2023), justificando el control de tierras y recursos (Almerida, 2012).
El modelo de ‘urbanización residual’ (Bayllón, 2021; Bayllón & Durán, 2022) condiciona a las ciudades amazónicas bajo la lógica extractivista y la ‘urbanización extendida’ (Monte-Mor, 1994; Bayllón & Durán, 2023; Tavera-Medina, 2023). Este esquema incorpora infraestructuras ambiguas que materializan poderes extraterritoriales (Uribe, 2022), accesibilidad que determina la articulación regional (Tourinho, 2011) y mecanismos de ‘fuerza material’ para planificar la ‘geografía real’, vinculada a tratados soberanos (García-Linera, 2012).
La configuración urbana emplea nodos en cadenas de suministro (Bayllón & Durán, 2023), fomentando asentamientos no planificados (Toscano et al., 2023) y fragmentos de ciudad formal e informal que impactan el suelo rural y sobrecargan el urbano (Torres-Tovar & López-Franco, 2014). En cuanto a la ‘residualidad’, se deben complementar enfoques sobre diferencias político-corporales en la teoría de urbanización extendida (Brenner & Schmid, 2016, 2017; Monte-Mor, 1994) y la integración de dimensiones geopolíticas y corporales (Buckley & Strauss, 2016), desde lo urbano-periférico-amazónico (Castriota & Tonucci, 2018).
En el trasfondo, surge una escala de ‘urbanización planetaria’ (Bayllón & Durán, 2023; Brenner & Schmid, 2016), donde espacios interconectados responden a demandas globales de commodities, transformando territorios considerados vacíos o salvajes (Uribe & Guzmán, 2022) mediante intervenciones estratégicas. Factores como las migraciones forzadas por conflictos (Fajardo, 2011; Naranjo, 2016; Molina, 2024; Sánchez-S., 2012) y las economías ilícitas, como la minería ilegal y el narcotráfico (Cancimance, 2014; Vizcarra, 2022), agravan esta dinámica.
Por otro lado, el crecimiento urbano genera impactos ambientales significativos (Lapola et al., 2021; Molina, 2020), con presiones intensas sobre los ecosistemas amazónicos debido a la deforestación y degradación del suelo (Lyons, 2020), pérdida de biodiversidad por falta de preservación de bosques (CALAS, 2024) y expansión urbana descontrolada (Bayllón, 2019). Además, la ausencia de estrategias efectivas contra el cambio climático y de modelos sostenibles, como la bioeconomía y la economía circular, pone en riesgo la protección de estos ecosistemas (Mantilla, 2022; Cepal, 2023).
Se identifican desafíos para la cohesión social y gobernanza territorial, como la fragmentación de asentamientos, la dispersión de redes de transporte (Guzmán & Uribe), los altos costos del crecimiento disperso y la baja densidad en centros poblados (Durán, 2024; Observatorio Urbanización Amazónica, 2023). En ciudades transfronterizas y puntos estratégicos de intercambio (Vergel, 2008; Zárate, 2012; Zárate & Aponte, 2020), surgen retos de sostenibilidad en entornos frágiles sin infraestructura adecuada, alterando cursos de agua y causando degradación ambiental (Lapola et al., 2021).
La perspectiva estructural analiza las afectaciones desde las poblaciones más vulnerables (Buitrago et al., 2021), enfocándose en los pueblos nativos y residentes urbanos amazónicos. Estas comunidades desarrollan estrategias de arraigo territorial (Cancimance, 2013; Buitrago, 2021; Molina, 2012), enfrentando múltiples violencias: ambiental por contaminación, espacial por especulación y desigualdad institucional en servicios (CALAS, 2024; Bayllón & Durán, 2023; Durán, 2024). Allí se consolidan identidades subregionales con una ciudadanía entre la informalidad y la ilegalidad (Ramírez, 2016), desdibujando límites entre ciudad y campo dentro de la fuerza de la ‘urbanización planetaria’ (Brenner & Schmidt, 2016).
La transformación territorial amazónica se conecta con la “salida del push rural más que del pull urbano” (Castells, 2001, citado en Arcila, 2011) que profundiza la injusticia espacial (Durán, 2024), generando centros urbanos que actúan como un ejército de reserva poblacional ‘explotable’ (Torres-Tovar, 2010) y ‘humanidad excedente’ (Berger & Durán, 2020), perpetuando experiencias de exclusión vinculadas al colonialismo extractivo (Cancimance, 2013).
La urbanización amazónica requiere entonces de políticas de ordenamiento que respeten la estructura socio-espacial del territorio (Salazar & Riaño, 2016), enfrentando intereses extractivos, dinámicas de neocolonización y buscando la conservación de biodiversidad mediante modelos de ‘sociodiversidad’ (Almeida, 2012). Se incluye la garantía de derechos territoriales con mecanismos como la consulta previa, promoción del diálogo intercultural para superar el etnocentrismo del desarrollo y la articulación de intereses comunitarios, estatales y privados (Torres-Tovar & López-Franco, 2014).
La planificación territorial amazónica debe considerar también las áreas inundables (Vergel, 2008; Bedoya, 2023) y la ‘planificación anfibia’ (Lyons, 2019), con conflictos entre planificación, demarcaciones legales y prácticas tradicionales (Becker, 1995; Steinman, 2005, citado en Vergel, 2008). Es esencial superar zonificaciones rígidas y fomentar sistemas de vida diversos que integren relaciones humanas y no humanas (Lyons, 2020).
Se debe fortalecer la ‘autoconciencia cultural’ para visibilizar sus dinámicas territoriales (Almeida, 2012; Schor, 2013), cuestionar las políticas centralistas ligadas a proyectos extractivistas, y promover la autonomía y preservación de tradiciones locales (Escobar, 2015). Propuestas como las ‘biodiverciudades’ (Mantilla, 2022) y ‘urbanociudades’ (Trindade-Junior, 2010) buscan convivencias armónicas entre desarrollo urbano y particularidades ambientales mediante políticas integradoras. Comunidades indígenas, quilombolas y ribereñas proponen el manejo sostenible del territorio y defensa de sus tierras (Begert & Durán-Calisto, 2020; Campion, 2018), combinadas con conocimientos tradicionales y avances científicos para diseñar ciudades adaptadas a la Amazonía (Lapola et al., 2021) que superen visiones de despoblamiento de la selva y reconozcan la heterogeneidad urbana que incluye resguardos indígenas y municipios con diversas funciones (Domínguez, 2001; Uribe & Guzmán-Rocha, 2022) entre formalidad e informalidad (Aponte, 2018; Zárate, 2012).
La urbanización, crucial para la regulación climática, debe trascender modelos externos enfocados en intereses ajenos, priorizando la sostenibilidad. Es vital evaluar la ‘capacidad de acogida’ (Montoya et al., 2019) y la resiliencia territorial ante impactos acumulativos, superando visiones duales sobre urbanización en y de la Amazonía (Wood et al., 2023), que perpetúan ocupaciones exógenas desconectadas de prácticas tradicionales y que desestabilizan sus ecosistemas (Wood et al., 2023).
Entre los debates sobre la teorización de la urbanización amazónica destaca la discusión sobre las ‘Global/global Cities’ (Lake, 2003, 2008), que muestra cómo la globalización no hegemónica (Macedo et al., 2011) transforma territorios amazónicos mediante la explotación de recursos naturales, sin concentrar capital financiero ni conectividad internacional (Sassen, 2016), sino que los ubica como territorios ‘hostiles o extremos’ (Brenner & Ibáñez) en dependencia de la distribución global de recursos.
Desde la ecología política, se cuestionan narrativas dominantes de crecimiento urbano con el enfoque del ‘metabolismo urbano’ (Cabrera-Barona et al., 2023) y de ‘bioma estratégico’ (Mantilla, 2022). La ‘urbanización extendida’ (Monte-Mor, 1994) amplía la revisión de los límites urbanos hacia regiones frágiles, integrando territorios operativos al metabolismo logístico del capital global (Castriota, 2018). Esto genera una ‘urbanización regional’, orientada al suministro de recursos, en dualidades como la metrópoli-periferia (Brenner & Schmidt, 2016). La urbanización abarca regiones interdependientes de centros urbanos y territorios de apoyo (Observatorio de Urbanización Amazónica & Flacso, 2024), superando la eficiencia interna urbana para abordar las relaciones entre ciudades y sistemas circundantes (Durán, 2024), con mayor sostenibilidad y sin legitimar el extractivismo como subsunción formal, avanzando hacia una ‘subsunción real’ (Wilson & Bayllón, 2017b).
La ‘gubernamentalidad verde’ (Luke, 2009) se vincula a esta perspectiva, ya que convierte la naturaleza en recurso contable para expandir el capitalismo bajo una retórica de sostenibilidad, expresando que la urbanización no es solo física, sino que incluye un ensamblaje discursivo y material que legitima prácticas extractivas (Wilson & Bayllón, 2017b). Marcos como la ‘urbanización planetaria’ revelan la subordinación de ciclos de vida a la economía global acumulativa, orientada al consumo y producción internacional (Wilson & Bayllón, 2017). Asimismo, la urbanización amazónica integra tejidos fundamentales reorganizados en la ‘telaraña global’ (Brenner & Schmid, 2015), en los que dinámicas como el ‘shipping’ (Jacobs et al., 2013) y el ‘megaproyecto interoceánico’ (Uribe, 2022) ejemplifican desarrollos urbanos derivados de esta ‘situacionalidad’ (Hesse, 2010 en Jacobs et al., 2013).
La planificación debe priorizar el valor de uso en nodos logísticos, superando externalidades negativas que afectan a las ciudades amazónicas (Jacobs et al., 2013), con polos de crecimiento impulsados por factores exógenos y la dependencia de ‘acoplamientos estratégicos’ en redes globales de valor (Coe et al., 2004 en Jacobs et al., 2013) que refuerzan las desigualdades concentrando los costos en las localidades y beneficiando la ‘espacialización especializada’ de centros ganadores. Para su corrección, las ciudades requieren una visión más allá de ciclos extractivistas y articulaciones-desarticulaciones asociadas a la ‘endogeneidad regional’ (Browder & Godfrey, 1996; Arcila, 2011; Carrión, 2000).
El camino hacia una teoría urbana no debe limitarse a estudios fragmentados sobre ciudades grandes, nodos logísticos o tensiones entre el anillo poblacional y el centro selvático. Se espera comprender la complejidad de los enfoques demográficos que integran cuestiones de los asentamientos dispersos, heterogéneos y no especializados, los efectos escalares de la globalización residual y las formas autóctonas de ocupación, abordando la morfología urbana diversa desde enfoques específicos de sostenibilidad y equidad.
Para facilitar una revisión interdisciplinaria (Durán, 2024) de la Pan-Amazonía se identifican las mejoras en sostenibilidad y equidad en ciudades que por su crecimiento reciente, aún son modificables (Schuber, 2019). Esto debe comprender la urbanización en áreas de alta biodiversidad (Cabrera-Barona et al., 2020), la restauración de áreas degradadas, nuevas relaciones sostenibles y de protección del patrimonio común amazónico. También se necesita el financiamiento sólido contra el cambio climático para evitar un colapso irreversible (Lapola, 2021) y contrarrestar incentivos vinculados a la expansión agrícola y mercados inmobiliarios (Cepal & Patrimonio Natural, 2013), acompañado de investigaciones lideradas localmente sobre el financiamiento municipal, gobernanza climática y la expansión agrícola (Penumanka et al., 2024).
Asimismo se esperan nuevas formas de abordar las dinámicas urbanas amazónicas que combinen formas tradicionales de ocupación con procesos de modernización en contextos de informalidad de propiedad y dominio público en ecosistemas vulnerables (Becker, 2004). Estas ciudades son así una suerte de laboratorios donde coexisten intervenciones modernas y prácticas tradicionales, que generan entornos urbanos en transformación constante (Becker, 2004; Cardoso et al., 2020), y adoptan una morfología urbana diversa para diseños específicos de sostenibilidad y equidad en la región (Tourinho, 2011; Durán, 2023), adaptada a la Amazonía, facilitando estrategias de planificación sostenible y mitigación de conflictos por la tenencia de la tierra y los problemas socioambientales vinculados a la urbanización indiscriminada (Observatorio de la Urbanización Amazónica, 2023; Rodrigues, 2015; Cardoso et al., 2020).
Por último, se presentan siete casos seleccionados en la convocatoria, resultado de una revisión de expertos de nueve países, el equipo editorial de la Revista y la evaluación de cerca de treinta propuestas. Las investigaciones abordan desafíos y oportunidades de la urbanización en la Amazonía, cuestionando modelos tradicionales de sostenibilidad y gestión territorial.
En “GeoSelva, una herramienta para la gobernanza ambiental amazónica”, Sebastián Cotes-Ontibón y Simón Uribe (2024) proponen un visor geográfico que ofrece datos accesibles para comunidades en la Amazonía colombiana. GeoSelva combina un enfoque técnico con plataformas como ArcGIS y Google Earth Engine, adaptado mediante talleres participativos que integraron temas como áreas protegidas y territorios indígenas. A diferencia de plataformas estatales, GeoSelva permite el acceso contextualizado a datos, mejorando la gobernanza territorial y facilitando el uso en zonas con conectividad limitada. Sin embargo, enfrenta retos como su mantenimiento en áreas remotas y la necesidad de tecnología combinada con participación comunitaria para abordar deforestación y tenencia de la tierra.
“Planeación y gestión del suelo: asentamientos espontáneos en la Amazonía ecuatoriana”, de Katia Barros y William Aldeán (2024), analiza 37 Planes de Uso y Gestión del Suelo (PUGS) en contextos de informalidad territorial en Ecuador. Solo el 35% incluye zonas de regularización prioritaria para asentamientos en riesgo, limitándose a títulos de propiedad sin garantizar servicios básicos. Esto debate sobre la insuficiencia estructural de gobiernos locales para materializar los derechos constitucionales, dejando la gestión del suelo relegada a actores con recursos limitados.
En “Estrategias pasivas para el confort térmico en ciudades amazónicas: El caso del malecón del Tena”, Simbaña, Rocchio, Alvarado y Chérrez (2024) abordan las islas de calor urbanas en la Amazonía ecuatoriana. Mediante simulaciones climáticas y herramientas paramétricas, evalúan un escenario actual y otro con mayor densidad edificatoria y vegetación nativa. Los resultados muestran que estrategias pasivas, como orientación de edificios y uso de vegetación, mejoran el confort térmico, fomentan cohesión social y hacen del malecón del Tena un modelo replicable en la Amazonía.
“Género, Amazonía y Territorio: El caso del reasentamiento de la Nueva Ciudad de Belén en Iquitos”, de Daniela Milagros (2024), examina las implicaciones de género en el reasentamiento del proyecto Nueva Ciudad de Belén en Perú. El traslado de población afectó redes sociales y económicas, especialmente de las organizaciones de mujeres al separarlas del mercado tradicional lo que influyó en el aumento de su carga doméstica. Este estudio evidencia que las políticas de reasentamiento pueden profundizar desigualdades de género si no consideran los roles locales ni los contextos específicos.
“Gestión de territorio plural en la Pan-Amazonía: Traslape entre Parque Natural Nacional La Paya y resguardos indígenas Murui-Muina”, de Martínez y Pimiento (2024), evalúa la coadministración territorial en la Amazonía colombiana. Basado en el Acuerdo Político de Voluntades (2015), el modelo fortaleció derechos indígenas y gestión ambiental. Se analizan, también, desafíos como el financiamiento insuficiente y las tensiones entre visiones estatales e indígenas de conservación.
En “Enseñar a pescar en la Amazonía: Diseño participativo para el fortalecimiento de la gobernanza ambiental comunitaria”, De Los Ríos et al. (2024) presentan la Escuela de Pesca de la Organización de Pescadores Artesanales, La Tika. Este proyecto aborda crisis ecosistémicas en el sistema lagunar Yahuarcaca, integrando conocimientos locales y estrategias de educación itinerante para fortalecer la resiliencia comunitaria.
“A Questão Urbana Brasileira: uma discussão em linha do tempo, 1875-2015”, de Paulo Nascimento Neto y Clovis Ultramari (2024), analiza la evolución urbana en Brasil a partir de la cobertura histórica de artículos de prensa. El estudio destaca la evolución de la urbanización brasileña hacia un enfoque transdisciplinario de las resistencias para reconocer la diversidad de actores en la configuración urbana.
Finalmente, este número quiere fomentar un análisis integral y crítico sobre la urbanización en la Amazonía, repensando los modelos tradicionales de sostenibilidad y planificación territorial, la revisión de los factores que impulsan la expansión urbana y su impacto en comunidades locales y territorios. Queda abierta así la discusión sobre los modelos colaborativos que integren las particularidades de la Amazonía frente a sus desafíos ambientales y promuevan el diálogo entre teoría y práctica, incorporando saberes locales y ancestrales en el diseño de ciudades amazónicas sostenibles (Van Sluys et al., 2024) que respeten cada vez más su biodiversidad e identidades culturales.
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